Así me tiene el popular de la escuela. Para que me deje entrar al VIP con él, tengo que terminar la noche así: agachada en el estacionamiento del boliche, con la minifalda subida y las rodillas rozando el asfalto. Mientras se la chupo con desesperación, me tengo que tocar ahí abajo para que él vea cuánto me calienta ser su servidora nocturna. No soy su novia, soy la que le baja la calentura antes de volver a casa.

En esto me convertí por el popular de la escuela. Me obliga a esperarlo en su cuarto así, con un bikini que es un hilo y que apenas me tapa los pezones. Dice que si quiero que me vean con él en la piscina el finde, tengo que acostumbrarme a que todos vean casi todo. Soy su trofeo de exposición, su adorno de cama.

Así me tiene el popular de la escuela. En medio de la fiesta, frente a todos sus amigos, me tengo que subir a su falda y cabalgarlo. Él me agarra las tetas con fuerza, mostrándoselas a todos como diciendo "miren lo que me como". Siento las miradas de envidia y de asco, pero sigo moviéndome porque mi único valor es cuánto lo excito en público.

En esto me convertí desde que el popular me usa. No le alcanza con garcharme; me abre las piernas de par en par mientras estoy arriba de él para que todos vean cómo su verga entra y sale de mi vagina. Mi intimidad no existe, soy el entretenimiento de la noche para la "gente bien" de la escuela.
Así me tiene el popular de la escuela. Me agarra en cualquier pasillo, me levanta el vestido y me saca las tetas afuera para garcharme contra la pared. No hay besos, solo embestidas brutales que me hacen golpear contra el ladrillo. Soy su descarga rápida entre clase y clase.

En esto me convertí por el popular. Me pone en cuatro y me da con un ritmo animal. Me obliga a mirar cómo mis tetas golpean una contra la otra por la fuerza de sus embestidas. Se ríe de cómo reboto, recordándome que soy solo carne dispuesta para su placer.

Así me tiene el popular de la escuela. Me hizo comprar este vestido de red que no tapa nada. Me ordena que me golpee los pezones yo misma frente a él mientras saco la lengua como una perra sedienta. Es humillante, pero es el precio de que me deje caminar a su lado por los pasillos.

En esto me convertí desde que el popular me domina. Mientras un nerd me explica algo en la computadora, mi dueño me levanta la pollera y me empieza a garchar. Tengo que quedarme ahí, mordiéndome los dedos para no gritar, fingiendo que estudio mientras siento cómo él me usa por detrás.

Así me tiene el popular de la escuela. Me deja las piernas apuntando al techo y se corre una catarata adentro. Cuando saca su verga, el semen empieza a desbordar y yo, desesperada, trato de cerrarme con las manos para que su marca se quede adentro mío. Quiero que su semilla sea lo único que me llene.

En esto me convertí por el popular. Mi mañana empieza así: arrodillada en su cocina antes de ir a la escuela. Con las tetas al aire, le chupo la verga mientras él toma café. Dice que es su desayuno favorito y que para eso sirvo, para empezar su día con leche en mi garganta.

En esto me convertí por el popular. Me obliga a que me saque un video mientras se la chupo parado. Con una mano me junto las tetas para que salgan bien en el cuadro y con la otra sostengo el celular. Sé que ese video va a terminar en el grupo de sus amigos, pero ya no me importa. Soy la puta del popular y el mundo tiene que verlo.

Así me tiene el popular de la escuela. Después de usarme como quiso, me deja tirada en el piso, apoyada contra la cama. Tengo la cara manchada, el pelo un desastre y no puedo ni respirar de lo agitada que estoy. Él ya se está vistiendo y yo sigo ahí, derrotada y vacía.

Así me tiene el popular de la escuela. Me pone en cuatro y deja caer todo su peso sobre mi espalda mientras me penetra. Siento que me aplasta, que me deja sin aire, pero mis gemidos y gritos son su música. Soy su alfombra, su juguete, su todo.

En esto me convertí desde que el popular me usa sin parar. Mis piernas están abiertas y mi vagina es un desastre de semen que se escapa, pero él no para. Miro hacia abajo y veo cómo su verga entra y sale bañada en su propia leche, empujándola más adentro. Es una imagen sucia que me confirma que soy su puta oficial.

Así me tiene el popular de la escuela. Para divertir a sus amigos, puso su verga en un pan de pancho y me obligó a chuparlo como si fuera comida frente a otro pibe. Es lo más humillante que hice, pero ver cómo se ríen y saber que soy su centro de atención me hace sentir que, de una forma enferma, por fin soy popular.

En esto me convertí por el popular de la escuela. Me obliga a esperarlo en su cuarto así, con un bikini que es un hilo y que apenas me tapa los pezones. Dice que si quiero que me vean con él en la piscina el finde, tengo que acostumbrarme a que todos vean casi todo. Soy su trofeo de exposición, su adorno de cama.

Así me tiene el popular de la escuela. En medio de la fiesta, frente a todos sus amigos, me tengo que subir a su falda y cabalgarlo. Él me agarra las tetas con fuerza, mostrándoselas a todos como diciendo "miren lo que me como". Siento las miradas de envidia y de asco, pero sigo moviéndome porque mi único valor es cuánto lo excito en público.

En esto me convertí desde que el popular me usa. No le alcanza con garcharme; me abre las piernas de par en par mientras estoy arriba de él para que todos vean cómo su verga entra y sale de mi vagina. Mi intimidad no existe, soy el entretenimiento de la noche para la "gente bien" de la escuela.

Así me tiene el popular de la escuela. Me agarra en cualquier pasillo, me levanta el vestido y me saca las tetas afuera para garcharme contra la pared. No hay besos, solo embestidas brutales que me hacen golpear contra el ladrillo. Soy su descarga rápida entre clase y clase.

En esto me convertí por el popular. Me pone en cuatro y me da con un ritmo animal. Me obliga a mirar cómo mis tetas golpean una contra la otra por la fuerza de sus embestidas. Se ríe de cómo reboto, recordándome que soy solo carne dispuesta para su placer.

Así me tiene el popular de la escuela. Me hizo comprar este vestido de red que no tapa nada. Me ordena que me golpee los pezones yo misma frente a él mientras saco la lengua como una perra sedienta. Es humillante, pero es el precio de que me deje caminar a su lado por los pasillos.

En esto me convertí desde que el popular me domina. Mientras un nerd me explica algo en la computadora, mi dueño me levanta la pollera y me empieza a garchar. Tengo que quedarme ahí, mordiéndome los dedos para no gritar, fingiendo que estudio mientras siento cómo él me usa por detrás.

Así me tiene el popular de la escuela. Me deja las piernas apuntando al techo y se corre una catarata adentro. Cuando saca su verga, el semen empieza a desbordar y yo, desesperada, trato de cerrarme con las manos para que su marca se quede adentro mío. Quiero que su semilla sea lo único que me llene.

En esto me convertí por el popular. Mi mañana empieza así: arrodillada en su cocina antes de ir a la escuela. Con las tetas al aire, le chupo la verga mientras él toma café. Dice que es su desayuno favorito y que para eso sirvo, para empezar su día con leche en mi garganta.

En esto me convertí por el popular. Me obliga a que me saque un video mientras se la chupo parado. Con una mano me junto las tetas para que salgan bien en el cuadro y con la otra sostengo el celular. Sé que ese video va a terminar en el grupo de sus amigos, pero ya no me importa. Soy la puta del popular y el mundo tiene que verlo.

Así me tiene el popular de la escuela. Después de usarme como quiso, me deja tirada en el piso, apoyada contra la cama. Tengo la cara manchada, el pelo un desastre y no puedo ni respirar de lo agitada que estoy. Él ya se está vistiendo y yo sigo ahí, derrotada y vacía.

Así me tiene el popular de la escuela. Me pone en cuatro y deja caer todo su peso sobre mi espalda mientras me penetra. Siento que me aplasta, que me deja sin aire, pero mis gemidos y gritos son su música. Soy su alfombra, su juguete, su todo.

En esto me convertí desde que el popular me usa sin parar. Mis piernas están abiertas y mi vagina es un desastre de semen que se escapa, pero él no para. Miro hacia abajo y veo cómo su verga entra y sale bañada en su propia leche, empujándola más adentro. Es una imagen sucia que me confirma que soy su puta oficial.

Así me tiene el popular de la escuela. Para divertir a sus amigos, puso su verga en un pan de pancho y me obligó a chuparlo como si fuera comida frente a otro pibe. Es lo más humillante que hice, pero ver cómo se ríen y saber que soy su centro de atención me hace sentir que, de una forma enferma, por fin soy popular.
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