You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

relato : Las escondidas

relato : Las escondidas


Desde pibe supe que era culón. Mis amigos, digamos para no meterme en lios en el relato, que tenia 21-10, no se cansaban de remarcármelo:
“¡Mirá qué culo grande tenés, Emi!” "No te sientes en mi silla que me lo vas a romper" "Que olor a culo, ah, es Emi"

relato




Se mataban de risa y me daban palmadas “de joda” que duraban un segundo de más, apretando un poco, probando. Mi vieja, con esa cara de preocupación eterna, me repetía como advertencia desde que recuerdo:
“Que nadie te toque la cola, Emi, ¿eh? Cuidate, hijo.
Pero esa prohibición era gasolina pura: cada vez que lo decía, sentía un cosquilleo caliente abajo del ombligo, como si me estuviera dando permiso para imaginar exactamente lo contrario.
El juego de las escondidas en el barrio era donde todo se ponía serio, sobre todo al caer la tarde y oscurecer.
pasivo culon
Yo salía cada tanto que me dejaban —me cuidaban como cristal—, y era lo peor hacerme ver tiernito para los varones que tenían más calle.
Todo empezó esa noche que me dejaron hasta mas tarde.
Los más jodones, Adrián y el Lucho. Siempre se turnaban para “escoltarme” al escondite: una casa en construcción, oscura, apenas iluminada por los resplandores de los agujeros de las ventanas tapadas, olor a cemento fresco y polvo.

primera vez


Me metían primero; me ponía contra una ventana mirando la calle medio agachado y el otro se ponía atrás mío a espiar también.
mientras el otro afuera hacía campana para avisar si venía alguien o el que estaba contando.En cada ronda se cambiaban: primero Adrián, después Lucho, Adrián lo hacia mas seguido, Lucho como que tenia miedo o vergüenza y así. Yo sentía todo ahí, el calor que salía de sus pitos duros a través del pantalón, presionando justo entre mis cachetes. El roce no era para nada accidental. Me ponía colorado como un tomate, el corazón latiéndome en la garganta, pero no me movía. No podía. Me encantaba esa presión firme, cómo sus pitos se acomodaban naturalmente en el surco de mi culo grande,
caliente


como si estuviera hecho para eso. A veces Adrián se movía apenas —un vaivén casi imperceptible— y yo lo sentía rico, el roce de la tela y eso durito contra mi raya del culo me volvía loco. Sentía cómo se ponían más duros con cada segundo que pasaba.


Adrián fue el más atrevido. Un anochecer,
gay argentina
después de perder varias rondas porque “nos escondíamos en otros lados”, Me invitó a escondernos en la casa en construcción, fuimos y ahí, el atrás mío apoyándome en la oscuridad y en silencio. se animó a más. Me susurró al oído con voz picaro caliente: “¿Te puedo bajar el pantalón Emi, no le digo a nadie, te juro?”. De los nervios no podía decir nada y me insistía: “Dale, va a ser más rico a piel, anímate, va a ser nuestro secreto”. Eso me puso a mil sin saberlo. Sabía que estaba cruzando un límite, pero me gustaba; quería sentirlo más fuerte, más cerca. Casi sin voz, de pura vergüenza, le dije: “Pero no le digas a nadie, por favor”.


“Te juro que no. Nadie se va a enterar que te la dejaste meter”.
Me bajó mi pantaloncito corto hasta la mitad del muslo. Me manoseó fuerte los cachetes, abriéndolos un poco.
“Mirá qué cachetón… qué rico”, murmuró.
De reojo vi que él también se bajó el short. Su pito durito, blanquito, con la cabeza rosadita apenas asomando y un poco de pelitos.

relato : Las escondidas
Se me hizo agua la boca sin saber por qué.
Después sentí su mano caliente abriendo un poco mis cachetes grandecitos,
relato


y de golpe… piel con piel..
Su pito calentito, suave como terciopelo pero tieso como piedra, se deslizó directo entre mis nalgas. La cabeza rosada se apoyó justo contra mi agujerito, presionando sin entrar, frotando en círculos lentos.

Era un placer tan intenso, que en ese momento no sabia, hoy puedo decirlo sin vueltas: me quemaba de rico. Yo temblaba entero, las piernas flojas, los cachetes de mi culo apretando involuntariamente alrededor de esa pija que no paraba de latir contra mí. Nos quedábamos así eternos segundos, jurándonos en susurros entrecortados: “No le digas a nadie, eh… es nuestro secreto”.


Desde afuera, el Lucho espiaba por el agujero de la ventana tapada y se reía bajito:
“Uh, te fuiste al carajo, Adrián. ¿Se la metiste al culón ya?”.
Adrián, sin separarse de mi culo, contestó:
“Callate, boludo, me lo estoy cojiendo al Emi al fin”.
“¿Pero le estás metiendo la pija en el culo? ¿Se dejó? jaja”, insistió Lucho.
“No hagas ruido, pelotudo, deja de reirte que nos van a descubrir”, le retó Adrián.
Y Lucho, más ansioso:
“En la otra ronda me toca a mí, apurá boludo que yo también quiero probar ese culo grande”.
Adrián, pegado a mí, moviéndose más rápido:
“Sí, salí de ahí… hace tiempo… está rico cómo aprietan los cachetes, boludo… le acabo y te toca a vos”.
“¿Le vas a acabar adentro? no, que después me toca a mi, no seas así, no quiero con tu leche.”.; Le dijo Lucho
“Todavía no… pero casi…mmm cómo me aprieta la pija el culo de Emi, que rico”.
Se escucho el grito de otro amigo, “Salvo lucho, Adrián y Emi en la casa en construcción!!!”.
Adrián la quito de entre mis nalgas y se subió el shorcito rápido y me dijo, ”.quédate acá”. salió gritando “¡¡Emi no esta acá, somos nosotros dos nomas!!!”., yo quede ahí
Yo estaba rojo de vergüenza pura, la cara ardiendo porque sentí que me vieron desde afuera. Aunque disfrutaba cada segundo de esa situación prohibida. Mi pichoncito explotaba de calentura.
Adrian y Lucho disfrutaban de mi culo grande prohibido, de que yo me dejara, de que no dijera que no.

Hoy, años después, cada vez que paso ya por esa casa terminada, lo recuerdo y me pongo durísimo. Ese morbo enfermo de ser el “culón” del barrio, el que todos querían esconderse conmigo “para joder”.que se dejaba manosear, se dejaba meter la pija entre las nalgas sin decir que no, y después se iba a casa con el culo todavía caliente y pegajoso, jurando que nunca más… pero sabiendo que al otro día, si me dejaban salir, iba a volver a esconderme con ellos.

pasivo culon


Si les gustó después sigo con lo que pasó después.


1 comentarios - relato : Las escondidas