Testigo involuntaria

Algo está pasando en el ambiente, que todas están enloquecido de golpe. ¿Será la primavera? ¿Será noviembre? En el posteo anterior, una joven atrevida irrumpió subrepticiamente en mi oficina, me comió la pija, se tomó hasta la última gota de leche, se acomodó la ropa y se fue. Creíamos que estábamos solos, pero no, no. No estábamos solos. Detrás de la puerta estaba @Lomorocha, escuchando todo lo que ocurría en el interior de mi oficina. Y como si fuera poco, nos dejó este relato:



Testigo involuntaria




Quería llegar a tiempo a su oficina para convencerlo de que me firme la documentación que necesitaba presentar el lunes a primera hora. No estaba dispuesta a correr el lunes a la mañana, y rogar que se dignara a firmar en horas donde la gente normal, sólo está desayunando. Y menos un lunes!



Me resultó raro no encontrar a su secretaria, fiel cancerbero, custodiando la entrada. Me divertía ver cómo cubría a su jefe en todo momento y ocasión, no sólo con sus clientes y colegas. Llegué a notar que también manejaba la agenda de visitas femeninas. 


Yo no podía entender qué podía atraer a tantas mujeres, para que cayeran como moscas, como hipnotizadas. No era alto, no era delgado, no era pintón. En ocasiones era hosco y malhumorado. En el tribunal, era implacable.


Quizás hubiera algo en él que yo desconocía, pero no estaba interesada en descubrirlo. Sólo veía en él a un colega que hacía muy bien su trabajo, y en que se podía confiar.


Dudé, pero había algo que no estaba bien. No estaba la secretaria pero estaba la puerta abierta, así que el Dr. A. debía estar en su despacho. Decidí pasar directamente a su oficina, pero un sonido me paralizó.


No fue una conversación, ni estaba siendo testigo de un secreto peligroso. Eran unos sonidos guturales, casi inhumanos. Decididamente animales.


Mi curiosidad pudo más.


Me acerqué para escuchar mejor, y si fuera acaso posible, ver qué es lo que estaba pasando en la oficina, y que ya podía imaginar.


Viernes, última hora de la semana, no había lugar a dudas de que una de sus amiguitas le estaba haciendo compañía. 


Con mucho cuidado, me acerqué a la cortina americana. Por suerte no estaba  cerrada, y entre las rendijas vi la escena completa, del mejor modo en que uno puede ver una trampa: ver sin ser vista.


¿Cuál era la escena? 


Debí imaginarlo antes de entrar. Mi colega, el inaccesible Dr. A., el mismísimo abogado del diablo, estaba desparramado en su sillón, con cara de éxtasis. Bajo el escritorio, la causante de sus gemidos. Una mujer con una abultada cabellera negra.


Me quedé en un detalle. El renegrido pelo de la mujer que el Dr. A. tenía entre sus piernas, no era de tintura. Era bien natural. ¡Qué lindo pelo negro tenía esa mujer! Pero a decir verdad, no era cierto que él la tuviera entre sus piernas: ella era su dueña, y lo manejaba con su boca.


Habían empezado fuerte el fin de semana. Muy relajados todos, por lo que se ve. 


Ella subía y bajaba su cabeza, y como si fuera un juguete, con el movimiento de la boca, le arrancaba sonidos desde lo más profundo de su cuerpo.


No tardó mucho en que la situación me excitara. Mi rol de voyeur, la calentura de mi colega, el empeño de la mujer, hasta aquí nada que no pudiera manejar.


Pero cuando él dijo, y lo oí claramente decir “Nena! Frená o te lleno de leche la boca”, fue como un detonante, la orden de largada.


Un deseo descontrolado se apoderó de mí, que sin pensarlo, metí mi mano bajo mi pollera y sobre mi tanga, y comencé a masajear mi clítoris.


No hay nada que me pueda más que los sonidos de un hombre acabando. Siempre fueron un potente afrodisíaco para mí. No pude evitarlo, pero tampoco quise evitarlo. Me dejé llevar... 


Podía ver en sus gestos que ese preciado momento se acercaba. Su cuerpo tenso, sus ojos que miraban sin ver. Su respiración agitada y profunda. La pequeña muerte llegaba, intensa, atravesándole todo el cuerpo.



pendeja


Afortunadamente, nuestro hombre emitió un gemido intenso, que disimuló mis  propios suspiros. Una corriente eléctrica había recorrido mi cuerpo en el preciso, exacto momento en el que él había dejado su néctar en los labios de esa mujer. Ambos, sin saberlo, me habían hecho estremecer.


¿Terminaría la faena allí? ¿Empezarían todo de nuevo? En cualquier caso, decidí emprolijar mi ropa, por las dudas de que salgan de la oficina. Me encontrarían con toda una Lady sentada en los sillones de la sala de espera.


No tardaron demasiado en abrir la puerta de la oficina, y tal mi sorpresa al ver salir de allí a una chica. No era la mujer que yo había imaginado. Era una joven estudiante universitaria, que atravesaba el pasillo del estudio con una sonrisa victoriosa dibujada en su cara.


No pude reprimir morderme el labio, imaginando el sabor que llevaba en los suyos. Por suerte, sí pude reprimir el deseo de besar los labios de la pendeja, y de escudriñar el sabor de las entrañas de mi colega.


Como si nada hubiera ocurrido, el Dr. A. despidió a su ¿alumna? y parado frente a mí, me preguntó 


- Buenas tardes doctora, en que la puedo ayudar?


Mi mirada hacia él cambió totalmente y me propuse firmemente oír sus gemidos en mi oído…


Lo que ocurrió después, quizás sea parte del próximo relato…

8 comentarios - Testigo involuntaria

Lomorocha +2
Está mal que yo misma otorgue puntos? Creo que no, ya que tu edición los merece!!
VoyeaurXVII +2
me encantó "editar" tu relato
sos muy buena con la pluma!
kramalo +1
muy bueno...!! una mina me dijo: "no hay peor cosa que una mina que la dejan con las ganas...." será..?
VoyeaurXVII
ya ni se que es lo que pretenden de mí..
jajajaja!
horrotika +1
Ufff, que bueno!!! felicitaciones a @Lomorocha y a @VoyeaurXVII por esta construccion, queremos la segunda parte!!!!!!! saludos
VoyeaurXVII +1
lo tendrá, lo tendrá
Pervberto +1
Una colaboración espectacular. Gracias a ambos por tan explosiva creación.
VoyeaurXVII +1
Me encanta que le guste, Pervberto!
real-visceral +1
Excelente que comunion, genios !
VoyeaurXVII +1
deberiamos tener mas comunion, no?
real-visceral
yo creo que si , sin dudas 😀