De chiquita fui calentona, muy puta según mis amigas, me gusta saber que todos los hombres me siguen con la mirada, me dicen de todo tipo de cosas, y me gusta el desafío de que me quieran levantar, así me levanté a casi todos los que me propuse, a muchos también dije no, y algunos igualmente se negaron. Mi primera vez fue a una edad aceptable, mis 14 años, aunque debo reconocer que tenía muchas ganas y nada de saber, pero eso fue reparado con el paso del tiempo. Mi más atrevida performance fue tener sexo con 3 hombres diferentes, no todos a la vez, el mismo día (aunque eso queda hoy como cosas de Hermanas de Convento), fue una época de mi vida de estudiante universitaria que estaba con la libido altísima. No tengo tabúes en materia de relaciones carnales, el sexo anal fue una bendición desde casi mis inicios. Siempre tuve una obsesión por conocer el tamaño del pene del hombre con el que me iba a acostar antes de tenerlo desnudo. Quien fue el dueño de mi primera vez (oral, vaginal y anal) tenía un pene pequeño, o mejor dicho, tenía la pija chiquita (vamos a escribir las cosas por su nombre, en esta página las mojigaterías no son bienvenidas), hoy veo que fue algo favorable para iniciarme, porque si me hubieran hecho perder la virginidad mi esposo o el hombre del encuentro que es motivo de este relato, la hubiera pasado bastante mal. Aprendí a saborear el semen y beberlo con gran gozo. También descubrí el placer de permitir que terminen dentro de mi cola, de sentir el calor de la leche dentro de mí, de conocer los instantes previos a la eyaculación y hacer entrar hasta donde pueda la pija para que mi hombre acabe lo más adentro posible. Tengo buena retención, es un placer ir de compras después de haber sido culeada y andar con leche dentro de mí, me da más ganas de coger de nuevo. Incursioné en las relaciones lésbicas: me dejé seducir y amar por la jefa de mucamas de nuestra casa paterna (vengo de una familia con muy buen pasar económico y excelente status social): yo tenía 20 años y ella unos 35 muy bien llevados, era soltera, sin novio, tampoco hombres que la rondaran o fueran a buscar, solamente tenía algunas amigas. Un día entré a su habitación y sin querer la vi desnuda cambiándose, era hermosa la yegua, estatura mediana, unos pechos grandes que admiré muchísimo y disfruté durante varios años, una cadera, cola y piernas dignas de una mulata rioplatense. Cuando la vi me quedé sin saber qué decir, recuerdo que tenía mis manos extendidas hacia sus tetas, y me preguntó si deseaba tocárselas, le dije que sí, y ella me llevó desde ese momento en adelante a una relación lésbica que disfruté mucho, y en la cual aprendí mucho también. Todo concluyó abruptamente una tarde que Silvana (ese era su nombre, en realidad su segundo nombre) estaba atendiendo mi concha con su lengua como solamente ella sabía hacerlo, y juro que sentí ruido en su puerta. Se me dibujó la idea de que mi madre había querido entrar, nunca toqué el tema, nunca se habló de eso, pero a los pocos días Silvana fue despedida y jamás supe la causa. Recuerdo que con 23 años conocí un médico que tenía 35, era casado con hijos, pero estaba para comerlo; que si, que no, hasta que acepté: fui su amante durante 3 años, fui su perra, su puta, su acompañante a eventos fuera de la provincia, me enseñó un montón de secretos y virtudes del sexo. Todos los lunes, miércoles y viernes me pasaba a buscar a la salida de la Universidad Católica (donde fui) y me llevaba a un Telo, ahí mi boca, mi concha y mi culo eran suyos a su completo antojo. Tenía una pija de muy buen tamaño, gorda, carnosa, brillante, la más grande que conocí hasta ese momento. Siempre me decía que estaba fascinado con mi cola, que mi culo era su Banco de Esperma, y cada vez que cogíamos, tenía que dejarme su depósito ahí. Yo: feliz, estaba bien cogida, bien culeada, andaba para todos lados como su novia, y eso nos trajo problemas. Yo me había puesto de novia con un flaco muy lindo, muy fachero, de buena familia, me daba todos los gustos, era divino, el típico pibe para presentarlo en familia, pero el sexo con él era de baja calidad, la tenía pequeña, me atendía una vez y había que trabajar mucho; y encima yo venía de comerme la gran pija siempre con la misma frecuencia, por lo tanto pocas ganas tenía de trabajar para levantarlo. El problema más grande se me daba los viernes, yo regresaba con la cola llena de leche, toda colorada por las nalgadas que me daba mi amante, muy dilatada por recibir esa hermosa verga durante un turno de Telo (la mayoría del turno me la daba por la cola, era lento para acabar, yo acababa varias veces hasta que él explotaba; yo llegaba a mi casa e iba al baño y me miraba en el espejo y estaba abierta todavía, era genial), y esa noche mi novio quería tener sexo conmigo, me las tenía que ingeniar para zafar airosa: nada de ir a un Telo, se podía volver loquito y darse cuenta que su novia le metía flor de cuernos, por lo tanto tomé la costumbre, cada vez que yo venía de coger y él quería cogerme, hacerme la más caliente con su pija, propinarle una maravillosa chupada, y tomarme toda la leche que le sacaba mientras le dejaba la pijita hermosamente limpia como si no hubiera pasado nada. Con eso zafaba por unos días. Todo iba bien hasta que una noche mi médico amante me llevaba a mi casa y, luego de haber cogido y culeado demasiado bien, yo venía haciéndole un hermoso PT ya que se iba de viaje con su familia y no podría verlo por varios días. De repente al llegar cerca de mi casa venía llegando mi novio y me vio subir la cara y sentarme bien de acompañante, yo tenía la cara llena de saliva y esperma, estaba despeinada, en aquella época los autos no estaban polarizados, todo mal. Me increpó, me dijo de todo, me preguntó de todo, me trató mal, yo negué todo, obvio, pero ahí terminó nuestro noviazgo.
Cuando conocí a quien hoy es mi marido me enamoré a primera vista, me volvió loca, hice lo imposible porque me diera bola rápidamente, me mojaba toda, lo quería para padre de mis hijos, me súper calentaba; con él el sexo fue, es, y supongo que será un vicio, cogemos todos los días, una o dos veces por día, buscamos los momentos, vamos a hoteles, nos producimos, nos disfrazamos, tenemos varios juguetes (no al sadismo), usamos mucho la imaginación, ampliamos los límites, proponemos y nos contamos fantasías, nos hablamos mucho, todo vale. Lo disfrutamos mucho siempre. Y por supuesto dentro de las fantasías recurrentes está la de incorporar una o más personas de cualquier sexo, orgías, fiestas de todo tipo. Y siempre nos calentamos mucho con ese tema, pero mucho. Hemos hecho doble penetración con un hermoso vibrador de buen tamaño (20 x 5) que él me regaló hace un par de aniversarios, siempre ambientando con que es otro hombre que nos levantamos para que me atiendan. Me gusta calentarlo, me gusta mamar su pija gruesa, larga y dura, me gusta el sabor de su líquido pre seminal, eso me erotiza de una forma indescriptible, enloquezco. Él siempre me dice que mamar una verga es mi mejor incentivo, la mejor preparación que puedo tener para coger, más que si me prodigan un buen juego sexual previo; chupando su pija me pongo como loca, estoy para cualquier cosa. Disfruto de su semen, tiene huevos grandes, larga leche en mucha cantidad, las primeras gotas siempre me llegan a la garganta, y tengo que tragar rápido para que no me desborde, a veces me he ahogado, luego el resto viene más tranqui, ahí puedo saborearla y disfrutarla, generalmente vuelvo a tragar antes que lleguen las últimas gotas, y como frutilla de la torta, la dejo limpia, seca y brillante, lista para metérmela por donde quiera (Qué rico que es chupar la pija!!!).
Una de las tantas veces de hablarnos cosas en la cama, de repente nos encontramos tratando el tema del tamaño de la pija de los hombres, y él sabe que me gustan grandes, llamativas, proporcionadas, elegantes, no como a veces leo, y también he visto en videos, esas cosas grandes pero desgarbadas, feas, torpes. Me hizo muchas preguntas concretas acerca de un tercer hombre en nuestra supuesta fiesta, preguntas a las cuales contesté y él no tuvo dudas respecto de mis fantasías. Le pregunté cómo se sentiría ver que se estaban cogiendo, culeando, a su mujer frente a sus ojos, que su mujer estaría mamando una verga que debería ser más grande que la de él (requisito indispensable), y en manos de un hombre que me tendría como una verdadera puta a su antojo y yo lo disfrutaría a full. Le pregunté eso y muchas cosas más. Realmente dijo que estaba de acuerdo, que si a mí me gustaba, él haría todo lo posible y lo imposible por darme placer, directa e indirectamente (textual). Esa noche me cogió con furia, estaba muy caliente, yo también; en resumen, gozamos mucho más que lo normal, fueron 2 polvos espectaculares (suyos, yo acabé muchas veces), y yo seguía caliente, tenía en la cabeza la idea de un macho extra para darme placer mientras mi marido me miraba coger. La pija de mi marido dijo basta pero mi calentura no bajaba, traje el vibrador y me dediqué a darme placer, imaginé que era la verga de mi macho desconocido, y delante de mi esposo, mientras chupaba su fláccida pija y le hablaba de todo lo que pensaba hacerle con demostración incluida, me prodigué la mejor partida de sexo unilateral que tuve en toda mi vida, me provoqué una catarata de orgasmos, me introduje el consolador en todos mis agujeros, lo gocé a más no poder; era de madrugada cuando mis ratones comenzaron a calmarse producto del cansancio, pero mi cabeza seguía pensando en mi hombre anónimo y pijudo, tanto que al entrar al baño a ducharme e higienizarme, no pude menos que usar mis deditos y masturbarme una vez más.
Los días pasaron, y se hicieron meses, y una noche me trajo un regalo; un dildo con vibrador, uno más de mi colección que siempre quiero ampliar, sumamente natural, símil piel, lo pellizco y cede, mide 25cm x 7cm. Me dijo que era para irme acostumbrando a coger con una verga más grande que la suya hasta encontrar a otro hombre que cumpliera con los requisitos. Eso me calentó muchísimo. Esa noche tuvimos sexo muy pasional, temperamental, ardiente, mucha locura, él estaba como loco, no se medía, me hizo vomitar cuando me la puso en la boca y presionó hacia adentro haciéndome ventosa en la garganta, no me dejaba respirar ni tragar saliva hasta que en un momento me ganaron las arcadas y vomité sobre su verga y sus huevos. Fuimos a la ducha y ahí seguimos, me montó en su verga como en las películas, me la sacó y la metió en mi culo sin dilatarlo y de un solo envión, casi no aguantaba el dolor, mis ojos se llenaron de lágrimas, no sentía mis piernas, estaba como adormecida; la pija de mi esposo es la más grande que había visto, tiene 20cm x 5 cm y es muy dura, y yo la tenía toda adentro de mi cola y él seguía empujando como poseído, la sacaba, golpeaba mis nalgas y la volvía a meter muy fuerte, yo no tenía reacción alguna, en un momento olvidé que estaba bajo el agua de la ducha, sólo atinaba a decirle que me lo hiciera más despacio pero sin detenerse, que no la sacara, que me culeara, que quería toda la pija adentro, que quería más y más. Cuando mis esfínteres se acomodaron a su verga empecé a acabar, volvimos a la cama y me puso en posición de perrito, me untó gel y acomodó la cabeza del nuevo chiche en el agujerito de mi cola ya totalmente abierto; empujó y el vibrador comenzó a abrirse paso hacia adentro. De verdad era más grande que su pija, más duro y más tosco, me dolía, me ardía, y mucho. Entró la cabeza pero el dolor era muy fuerte, le imploré que lo sacara. Me puse de espaldas, con mis tobillos apoyados en sus hombros, y acomodé mi juguete en mi concha que lo devoró gustosa hasta el tronco, lo encendí a su máxima velocidad, y le dije a mi esposo que me metiera toda su pija por el culo, que quería sentir a 2 machos de pijas bien grandes como me atendían. Sentí que toda la zona se dilataba, se estiraba, que me iba a abrir al medio, pero lo estaba disfrutando mucho. El chiche vibraba y me volvía loca, yo empujaba con los músculos de mi concha para sacarlo, porque mi esposo lo empujaba con su bajo vientre al meter y sacar su verga de mi culo. Lo agarré de su cadera y lo atraía lo mejor que me daba la fuerza de mis brazos, tenía todo adentro mío y estaba acabando frenéticamente una y otra y otra vez, hasta que recibí toda la leche divina en mi ano, bien al fondo. Cuando se ablandó la pija de mi marido y me la sacó, lo besé, le hice mimos, puse mi mejor cara de nena puta insatisfecha y le dije al oído: ?¿te gusta que sea así de puta? Esto me encanta, pero quiero una pija de verdad, de carne, para llenar de saliva y mamar y besar y oler y coger y culear y ser doble penetrada y quedar llena de leche y pedir más y sentirme puta, muy puta? ¿querés darme el gusto? ¿Podés darme el gusto??. Me contestó que sí, que la iba a tener, que tenía permiso para buscarla, pero que tenía que coger delante de él (por seguridad, y porque a él lo calentaba mucho la idea de verme mientras otro me culeaba); me dijo todo esto mientras me ordenaba que le chupara la verga hasta ponerla dura? así lo hice, ya sabía lo que se venía, la chupé muy suavemente, muy dulcemente, bebiendo ese hermoso líquido pre seminal que siempre le sale, hasta el punto que se puso dura como una roca, yo misma la golpeaba contra mi cara y le preguntaba si así estaba bien de dura o quería que la chupara más, me dijo que estaba bien, me dio vuelta en cuatro y me la clavó por atrás hasta que sus bolas se apretaron en mis nalgas, la sacó un par de veces y la metió de nuevo, yo recaliente, empecé a decirle: ?¡Sí mi amor, así, toda adentro, bien dura y grande, con los huevos duros llenos de leche! ¡Así me voy a comer delante tuyo la pija de otro macho, que me reviente y me haga la boca, la concha, y me llene la cola de leche espesa! ¡Así quiero pija, así!? Y seguí hablándole para que me siguiera dando fuerte (¡Qué buena culeada!) hasta que acabó y me dejó la leche de nuevo en el fondo de mi culo? Quedé hecha una sedita? Feliz con la culeada y con la promesa de él de que íbamos a buscar un macho que tenga una pija bien grande y sea de mi agrado.
Pasó el tiempo (lo que sigue fue a mediados de octubre del año pasado), y una tarde me llama diciendo que esa noche iba a llevar a un empresario a cenar, que estaba en San Juan por negocios con la empresa exportadora de mi marido, y que prefería cenar en casa antes que salir a comer por ahí, que preparase algo rico y acorde a las circunstancias, y me pusiera lo más sexy que tuviera, y agregó algo que me puso los ratones a mil por hora: ?y no te vas a arrepentir?, dijo. En ese momento me pregunté: ¿cocinar o estar elegante y sexy? Levanté el teléfono y pedí la cena para un horario prudencial, y me dediqué a estar tal cual me pidió mi marido. Un vestido ultra mini exclusivo de seda satén, dibujado al cuerpo, como me gusta, color negro con un pronunciado escote y espalda al descubierto, una tanga less color piel, sandalias clásicas color negro taco aguja 15 cm signé RS, maquillaje tonos pastel como corresponde a una señora de buena cuna, pero labios color rojo cereza (¡bien yegua!). Cuando escuché su auto llegar fui a recibirlos. Como sospeché que iban a entrar por el escritorio privado me apresuré a abrir la entrada principal y esperarlos en la puerta en una pose igual a las mujeres de los canales porno. Disfruté mucho viendo la cara de asombro de mi marido que no conocía ese vestido, pero más me gustó la cara de nuestro invitado, mezcla de cara de baboso y desconcierto por la situación, como queriendo decir ?-¡Qué buena está la yegua ésta, pero que pinta de puta?! -¡Cómo lo debe gorrear al boludo éste?!? En mi primera impresión vi a un tipo lindo, alto, de buen porte, pinta de concurrir al gimnasio, cabello semi largo, sonrisa seductora y compradora, bien vestido de look casual, excelente perfume importado amaderado con esencias frescas frutales, de unos 45 años muy bien llevados, que me apretó con delicadeza pero con mano firme a la hora de saludarme con un beso (uno solo, aquí saludamos con dos, así que le di el otro). Como buena anfitriona, me adelanté indicando el camino, y mi andar era súper provocativo, movía mis caderas a derecha e izquierda lo más pronunciado que podía, sabiendo que me iban a mirar, cosa que pude corroborar en un espejo del estar principal: la mirada de los dos machos estaba clavada sin disimulo en el movimiento de mi culo y mis piernas, yo feliz, más me movía. Eso me dio seguridad en el trato y en el manejo de la situación. La cena fue amena pero trivial y de negocios, sin ningún desvío hacia temas de sexo, ni siquiera picarescos. Cuando el tiempo hubo transcurrido, habíamos cenado, hecho conversación de sobremesa, hablado de temas varios, familias, vacaciones, el tiempo, etc., y fue hora de llevar a nuestro invitado a su hotel, yo recordaba las palabras de mi marido acerca de que no me iba a arrepentir, pero ¿de qué? Me había hecho una película digna del Oscar XXX, y nada? Cuando me disponía a acompañar a mi marido a llevar a su casi socio, me cortó el rostro, me dijo que él lo llevaba, que le prepare el jacuzzi, que no se iba a demorar. Nuestro amigo se dio cuenta de la situación, me tomó de la cintura, me dio dos besos al mismo tiempo que me apoyaba su bulto (ya notable en ese momento) en mi bajo vientre, y me dijo que estaba encantado de conocerme, y a mi marido que lo felicitaba por la mujer tan hermosa y sexy que tenía. Yo respondí a su apoyo y esbocé una sonrisa tímida (¡Qué bien me sale ese papel!) Se fueron, me quedé enojada y desconcertada, me tranquilicé pensando que tal vez eran solamente mis ratones quienes habían pensado que ese hombre debía ser mi regalo sexual. Preparé todo lo que dijo mi marido y lo esperé para cogerlo con toda la calentura que tenía encima. Volvió como a las dos horas, con una sonrisa enigmática. Cuando le pregunté acerca de su demora, y mientras íbamos al jacuzzi de nuestro dormitorio, me dijo: ?si me haces la mejor chupada de tu vida, te cuento algo que te va a gustar?. Ni bien terminó de hablar ya la tenía dentro de mi boca esmerándome para ser la más cumplidora de sus deseos, recuerden que la curiosidad mató al gato.
Comenzó a contarme que su invitado le preguntó qué posibilidad cabía de hacer una joda con unas minas, que cuando mi marido fuera a visitarlo a Bahía Blanca lo iba a agasajar como se merecía, que no había querido tocar el tema antes por respeto a mí, pero que, de ser posible, las minas fueran por lo menos parecidas a lo que es mi lomo. Yo: ancha de orgullo, con mi ego bien alto, le dije que se notaba que le había gustado porque vi como me seguía con la mirada cada vez que yo me levantaba de la mesa. Mientras tanto, yo lo hacía retorcer de placer mamando su bella pija. Habían coincidido que las cosas debían ser con total discreción ya que dos empresarios de su nivel y siendo personas que provienen de buena cuna no podían exponerse a un problema de mujeres prostitutas. Hasta que dice que de tantas vueltas que dio la conversación, tocaron el tema de mi lomo, de nuestro sexo, de lo buena que yo debería ser en la cama, y dice mi marido que se animó a contarle de nuestra secreta fantasía, de la fiesta con un tercer hombre mientras él miraba, etc., etc., etc. -?O sea que yo tenía razón?, le dije, ?era mi regalo sexual?. ??No?, me contestó secamente, -?todo se arregló en la conversación de recién, pero ya está todo arreglado. Mañana vamos a alquilar una cabaña o un departamento en un Apart, vamos a almorzar juntos, y vas a tener rienda suelta de cumplir tu sueño de cogerte a otro tipo delante de mí, ya que me dijo que la tiene grande y todo. Tenés toda la mañana para buscar, alquilar, comprar comida, bebida, y tener todo listo. Tiene que ser mañana por la tarde, porque pasado mañana toma el avión, y seguro que mañana por la noche le llama la mujer, es mañana o esperar por lo menos un mes?. Me quedé helada, una cosa es esperar cumplir una fantasía, un sueño, y otra muy distinta, que de repente, suceda. ??y ahora seguí con tu tarea porque me gusta mucho?? y lo hice acabar maravillosamente en mi boca tomando toda su leche.
Esa noche casi no dormí, estaba intranquila, nerviosa, ansiosa, asustada, casi arrepentida. Pero me dije que si lo deseaba desde hace tanto tiempo y ahora tenía la posibilidad, no la iba a desaprovechar. Elegí una cabaña a pocos km del centro, es un complejo con pileta, asador, parque, mucha sombra, muy discreto, que me lo había recomendado una amiga que lo usa con un amante de otra ciudad. Me puse un solero playero ultra corto, y había decidido no llevar ropa interior, solamente un espectacular perfume CH de colección. Me ocupé de todos los detalles, y al mediodía los estuve esperando puntual con todo listo. Ambos llegaron muy elegantes de su trabajo, yo tenía la ducha lista y les recomendé que se pusieran cómodos (tenían todo organizado, hasta bermudas de baño habían llevado), puse música suave y romántica de fondo, luego nos sentamos a almorzar comida comprada con un excelente vino blanco bien helado que nos ayudó a crear un clima muy distendido, clima que se prolongó a los postres y sobremesa; yo tenía unos nervios terribles, mi estado era bipolar, quería fiesta con nuestro invitado, pero tenía un miedo tremendo, a todo, al qué dirán, a la reacción posterior de mi marido, a mi reacción posterior, a un montón de cosas que se me cruzaban por la mente en ese momento. Pero como el vino hace efecto rápidamente, todo comenzó con sonrisas tímidas y luego, las risas alegres y las caras felices invadieron el lugar, el clima estaba creado, no había vuelta atrás, sólo que alguien debía dar el primer paso.
Me levanté de la mesa copa en mano, subí un poco el volumen de la música (ni sé qué tema era), me dirigí a mi marido, le di un beso impresionante en la boca y le dije: -?Amor, perdóname, pero hoy me voy a dar el gran gusto de mi vida? ??¿Bailas?? Le dije a nuestro invitado al tiempo que me lo comía con la mirada y le extendía la mano. Nos abrazamos al ritmo de la música, nos apretamos un poco más, yo pensando en lo que podía encontrar bajo su bragueta, decidí avanzar de una buena vez. Me colgué de su cuello y comencé a besarlo muy despacio, muy suave, y cada vez más fuerte hasta que nuestras lenguas se juntaron y su abrazo era muy varonil. Se hizo dueño de mi espalda, su pene estaba duro y grande debajo de su pantalón, sus manos llegaron a mis nalgas, las agarró y las separó, y pasó sus dedos por la raya de mi cola, deteniéndose en el agujerito. Yo seguía abrazada a él y no dejaba de besarlo y comerlo con mi lengua, quería que no se desanimara por nada del mundo, quería demostrarle que tenía vía libre para hacer lo que quisiera conmigo, por eso le respondía apasionadamente a todos sus intentos de tocarme. Fuimos a la cama matrimonial, y mientras me besaba el cuello, las orejas, la nuca, los hombros, me sacó el vestido, se sacó la chomba, y se tomó su tiempo para besarme toda, para pasarme la lengua por todo el cuerpo, puso especial atención en mis pechos que tenían los pezones durísimos, a punto de explotar. Mi corazón se quería salir del pecho, mi concha estaba completamente mojada, quería ver y tocar YA su pija. Me lamió el abdomen, las costillas, los muslos, me separó las piernas y fue a mi vagina; fue un verdadero placer sentir su lengua haciéndome un cunnilingus, me mató con la pasmosa tranquilidad con que se fue acercando a mi clítoris, empezando por la parte interna de mis muslos, hasta que llegó el momento que lo agarré de los pelos y comencé a frotar mi concha en su boca y mentón, sintiendo que su nariz acariciaba mi clítoris, mientras que con mis manos buscaba desesperadamente llegar hasta su pija. Cuando se quitó la bermuda pude ver su pija dar un salto hacia arriba porque estaba muy dura y muy parada (eso creía yo), me senté en la cama, le agarré la pija con las dos manos y la puse a la altura de mi boca: era grande, gruesa, sus huevos eran grandes, la vena inferior era respetable, tenía poco vello y rubio, era sorprendentemente recta, derecha. Según el tamaño de mis manos, el largo era mayor al de la de mi marido en mas de la longitud de la cabeza, la circunferencia de la cabeza era muy parecida a la pija de mi marido, pero el diámetro del tronco, del cuerpo de la pija, era más grande, y la diferencia era notable, con una mano cerrada no la abarcaba, necesitaba mis dos manos. Extasiada, la acaricié, la miré desde todos lados, la besé, la llené de saliva, corrí su corto prepucio hacia atrás, y empecé a chupar la cabeza (era lo único que me entraba en la boca, yo hacía una fuerza extrema con mis maxilares para mantener la boca abierta al máximo) mientras movía mis dos manos hacia atrás y hacia adelante. Se acostó en la cama boca arriba y me agarró de la cintura para darme vuelta y ponerme en 69: fue maravilloso, le hice de todo con mi lengua, dejé un charco de saliva en la cama, besé a más no poder su cabeza, la chupé con toda mi calentura, lamí todo ese majestuoso tronco, me hice una fiesta con sus huevos en mi boca chupándolos de a uno por vez, seguí bajando aún más buscando el nacimiento de su pija que es la parte más dura y donde más disfrutan todos los hombres, todo eso al mismo tiempo que no dejaba de mover su tronco con mis manos. La pija se puso aún más dura, gruesa y brillante que nunca (ahí pude verla en todo su esplendor: era majestuosamente grande, era maravillosa. Pero mis sentidos estaban dependiendo de lo que él me hacía con sus dedos y lengua: chupaba mi clítoris con una tremenda dulzura, lamía la zona que separa la concha del ano, y metía su lengua en el agujerito de mi culo, mientras con sus manos me tenía fuertemente de las caderas, apretándome hacia su boca para meter bien adentro su lengua, luego pasaba la lengua en círculos por mi culito que para ese momento ya estaba listo para ser entregado, aunque debo reconocer que tenía miedo del tamaño de la pija, pero la calentura era mayor: quería que me cogiera por todos lados.
Después me di cuenta que, según se fueron sucediendo los hechos, en ningún momento reparé en lo que podía estar haciendo mi marido, si me miraba o no, si le gustaba o desagradaba lo que yo hacía, si estaba ahí, nada, yo estaba absorta con nuestro invitado y su pija maravillosa.
Ese ritual de hacerme de todo rítmicamente y una cosa tras otra con sus dedos y lengua en mi concha y culo casi me lleva al orgasmo; nunca pude acabar o conseguir que me hicieran acabar con la lengua (muchas veces lo intenté, intenté dejarme hacer de todo exclusivamente con la lengua: llego a un punto donde se concentra toda la calentura, es tanta que no aguanto un instante más sin tener la pija adentro, pero no puedo acabar, me relajo, me dejo hacer, me entrego sin reparos, y nada). No daba más, le pedí, le exigí que me cogiera, que me metiera su pija, que se acostara que me sentaba encima, que se ubicara de cualquier forma, como quisiera él, pero que me la metiera. Se acostó boca arriba, y muy agrandado me dijo: -?toda tuya?, lo monté, con movimientos pélvicos acomodé la cabeza de su pija en la entrada de mi concha (tenía que estirar mis piernas por el largo de la pija), y sin dejar de moverme nunca, comencé a meterla dentro mío lentamente; no hubo ninguna resistencia, yo estaba demasiado lubricada y la pija demasiado dura, la conjunción era perfecta: me apoyé con mis manos en su pecho y presioné para que entrara hasta el fondo y hasta donde pudiera llegar, no sentía el mínimo dolor, sentía que mi concha se estiraba, sus paredes estaban tirantes, pero estaba feliz porque me estaba comiendo lo que yo quería, era mi sueño. Al mismo tiempo que me entraba toda o casi toda la pija, comencé con una serie de orgasmos, de los cuales sólo recuerdo con exactitud la tremenda intensidad del primero; sé que luego de ése vinieron otros, y otros, fueron varios (soy multiorgásmica por naturaleza, y hay momentos que me hacen acabar de inmediato, por ejemplo el sentir que mi hombre me está acabando adentro, el calor de su leche me hace acabar al instante), sé que perdí la noción de mis actos por un momento, hay cosas que no las tengo claras, y hay otras que me vienen a la memoria a medida que pasa el tiempo. En un determinado momento estábamos cogiendo en uno de los sillones del living de la cabaña, él sentado y yo encima de él con su pija metida toda dentro de mí, mis nalgas apretando sus huevos contra mis muslos (es una sensación mágica); de pronto miro hacia todos lados buscando a mi esposo, y lo veo con un vaso en la mano y la pija totalmente parada, a punta de reventar su pantalón, ahí terminaron todos mis posibles fantasmas, por lo tanto le di un beso con toda mi lengua a mi amante, y le dije: -?¿Tenés ganas de acabar? No quiero que acabes todavía, que falta la mejor parte?? y tomándole su mano, la guié hasta el agujerito de mi cola, su primer dedo entró con total naturalidad, el segundo también. Sentí su pija latir más fuerte. Bajé los decibeles del momento (no quería que acabara todavía) moviéndome lentamente y apretando sus huevos con mi mano, estirándolos, buscando el agujero de su cola y tratando de introducir un dedo, a lo cual él respondió con una contracción por reflejo, y en definitiva, se retrasaba el momento de su eyaculación. Lo llevé a la cama de nuevo, me puse en posición perrito (en esa posición de cuatro patas mi culo se entrega maravillosamente, tengo un video filmado por mi marido, y sin vanagloriarme, soy dueña de un culo muy bueno), le mostré mi cola abierta separando mis nalgas con mis manos, e inmediatamente agarré su pija y la llevé a mi boca haciéndole un baño de saliva que la dejó lista para entrar. Me llenó el agujero de saliva y le hizo un masaje de lengua en forma circular que me hizo relajar profundamente y desear ser culeada en ese mismo instante sin ninguna demora. ??Despacio? le dije, -?es muy grande?. ??No te preocupes, sé lo que hago, déjame hacer?. Apoyó la cabeza en la entrada y presionó suavemente, se movía muy despacio, yo sentía la cabeza de su pija abrir mi esfínter externo, sentía su dilatación, y sentía que entraba más rápido que lo que dilataba, empezaba a dolerme, y era sólo la cabeza (y pensaba en el tronco que era más grueso, eso me ponía nerviosa). ??Despacito, por favor, despacito, despacito?? Él seguía moviéndose, yo no quería que se detuviera, porque después iba a ser peor el dolor, pero tampoco quería que la metiera más, porque no la aguantaba, me dolía bastante, y yo no quería ser la causante de que se frustrara todo. Él le ponía saliva como podía, yo la desparramaba con mis dedos en toda la circunferencia de la cabeza de su pija, él se seguía moviendo, mientras yo notaba que iba entrando, que no se detenía, hasta que noté que había entrado la parte dolorosa, ya tenía la cabeza adentro. Respiré profundo y empecé a relajarme, me sentía más tranquila. ??Ya entró?, le dije, -?sí, ya entró la cabeza, el resto va a ser más fácil?, me contestó, y siguió dándome cada centímetro de su enorme y hermosa pija. Me siguió doliendo, cada empujón me dolía más, algunas lágrimas cayeron de mí, pero estaba gozando mucho, estaba feliz, mi concha estaba mojada y caliente, mi clítoris latía desenfrenadamente. Como él me agarraba de las caderas, metí mi mano en la concha y disfruté de esa súper culeada que estaba recibiendo. ??Tócate el culo?, me dijo mi macho culeador. En realidad no hacía falta que me lo tocara, ya sentía sus huevos apoyándose en mis nalgas cuando él empujaba toda su pija hasta adentro, pero le hice caso y me toqué, y pude sentir su vello púbico en la puerta de mi agujerito de placer, mientras acariciaba sus bolas, y él me apretaba contra su vientre para meter su pija aún hasta donde no se podía. ??¡Sí, rico! La tengo toda adentro, toda, toda, como yo la quería. ¡Gracias por darme tu pija hasta el fondo! Ahora culeame como quieras y no pares hasta dejarme adentro toda la leche que te salga, la quiero toda?. Comenzó a moverse como un caballero, sumamente despacio, creo que salía la mitad y la volvía a meter toda, hasta hacerme sentir su apretón. Ya no me dolía, yo giraba mi cabeza para poder ver la cara de gozo que él tenía, y le hablaba, le pedía más, le decía lo bien que la estaba pasando, lo mucho que me gustaba, que se yo, un montón de cosas que no me acuerdo. Hasta que se fue soltando, cada vez me agarraba con más fuerza, cada vez la sacaba más y la metía más al fondo, cada vez lo hacía más rápido y más fuerte, y empezó a decirme cosas, como qué buen culo que tenía, qué buena mina era en la cama, qué caliente lo había puesto, cómo se notaba lo que me gustaba la pija, que quería que me comiera toda la pija, que quería que me tomara su leche (a eso le dije que no, que quería su leche en el culo, lo más adentro posible), que era la mina soñada por todos, hermosa, rica y puta. Yo estaba en la nubes, no tengo la más mínima idea de cuántas veces acabé, fueron varias, algunas más intensas, otras más suaves, luego más intensas de nuevo, no sé de verdad, lo único que sé es que estaba en la gloria, estaba feliz. De repente su pija se empezó a hinchar aún más, él se movía a mil empujando más y más, y apretándome con todas sus fuerzas de la cadera, se arqueó hacia atrás y me entró su pija como nunca me había entrado, me relajé y esperé: instantáneamente sentí los latidos de su pija; con sus espasmos, sentía las gotas calientes de su semen en mi recto, algo que me hizo acabar en una serie de espasmos tremendos. Yo seguía acabando mientras él seguía largando las últimas gotas de su eyaculación, perdía la fuerza de sus brazos, respiraba agitadamente, denotando que había acabado en forma magnífica. Su gran pija seguía dentro mío aunque no con la dureza anterior, y cuando estuvo totalmente fláccida, la retiró y se recostó a mi lado. Lo abracé y lo besé en la boca de forma muy tierna, dándole apasionadas gracias por la manera excelente que me había hecho gozar. Abrazados nos quedamos unos minutos más.
Fue mi marido quien nos sacó de ese momento de éxtasis al levantarse de su silla, y con dos copas en sus manos, nos ofreció una a cada uno, felicitándonos por el gran ménage à trois del que fue partícipe. Separó con sus manos mis nalgas, y mostrándole a mi amante el agujero de mi culo le dijo: -?¡Mirá, mirá cómo le quedó! Redondito y dilatado, era lo que ella quería, ¡te felicito de verdad!?. Y a mí me miró a los ojos y me dijo: -?¡Sos una diosa de verdad! Me hiciste pasar un excelente momento. ¡Mirá cómo tengo la pija!? su pija abultaba debajo del pantalón, y yo la adivinaba queriendo salir y saltar a mi boca. ??A ver, Papi, mostrame, vení que la miro, quiero ver, traela?? Le bajé el pantalón y se la agarré ??Mi amor, está durísima, no podés andar así, dejá que tu puta te va a ayudar? Me coloqué de espaldas en la cama con mi cabeza colgando de la cama y acomodada entre sus piernas, de esa manera tenía su pija sobre mi cara, empecé a besar su pija y a tocar sus huevos y a lamer toda la zona genital de mi marido, mientras le decía: -?¡Qué lindo, Papi, esto me está gustando cada vez más, dejo una pija dura y agarro otra más dura todavía!? Nuestro invitado se levantó discretamente diciendo que iba al baño por su higiene, y nos dejó iniciar nuestro juego sexual en total tranquilidad, dejando en claro haber entendido su rol de tercero en la fiesta, un tercero que había sido actor principal hasta ese momento; pero tanto a mi marido como a mí nos gustó mucho que haya mantenido su lugar, respetando nuestro matrimonio. Jugué con la pija de mi marido durante unos minutos que me parecieron eternos, tenía dentro de mi cerebro el temor de cómo podía ser la reacción de mi esposo con el pasar del tiempo, al haber presenciado tan tremenda cogida que habíamos brindado con nuestro invitado. Él mismo se encargó de alejar mis miedos diciendo que la chupada que yo le hacía era una de las miles de razones por las cuales me elegía día a día (o algo parecido), pero me sonó tan bien y me sentí comprendida y contenida por la persona que amo, que eso desató mis ratones auténticos. Cerca de nosotros se encontraba nuestro invitado que ya había vuelto del baño, mirándonos vaso de vino blanco en mano. Nos invitó de su vaso, bebimos y retorné a mi posición. Le dije que se sume, se colocó al lado de mi esposo, yo con mi cabeza pendiendo entre las piernas de ellos, pudiendo disfrutar de la vista de las dos magníficas pijas que me tenían loca: empecé desaforadamente a chupar las dos, primero una, y luego la otra, y luego repetía con la anterior, una gruesa, la otra más gruesa, una larga, la otra más larga, pero las dos igual de duras y calientes, y las dos enteras para mí. Esos cuatro huevos entraban y salían de mi boca, yo tenía mi cara bañada en mi propia saliva. Las dos pijas estaban ideales para comenzar a coger de nuevo, las quería lo más duras posible, se me estaba formando una idea fija en mi cabeza, desde luego que la idea fija en mi cerebro era la fiesta que se aproximaba, un trío genial que ya me tenía súper caliente, algo que no habíamos hablado ni con mi marido ni con mi amante, pero que todos sabíamos que se aproximaba inexorablemente. Cuando me caliento, y estoy acostada boca arriba, comienzo a levantar las rodillas y juntarlas, y empiezo a frotar las partes internas de los muslos, como andando en bicicleta, de manera tal que se aprieten los labios exteriores de mi vagina, la cual se empieza a mojar, y comienza a endurecerse mi clítoris. En forma automática hago esos movimientos, es como un cosquilleo constante y en permanente aumento en mi vagina, es algo que no puedo controlar, y comienzo a gemir, y a respirar de forma alterada. Por supuesto que mi marido lo notó, y le dijo a mi amante que me cogiera, que me la metiera, que eso era lo que yo estaba anunciando con esas señales. Inmediatamente mi amante se arrodilló en la cama y me separó las piernas, levantando mis tobillos sobre de sus hombros, y sentí su pija apoyarse en el agujero de mi culo. ??¡Por el culo no! ¡Por el culo no! ¡Metémela por la concha! ¡Metémela toda por la concha, por favor!? Y me hizo caso? la recibí de un solo empujón hasta el fondo de mi vagina; sentí mi carne abrirse y darle lugar a ese gran pene, me sentí llena de nuevo, totalmente estirada, sentí algo de dolor, muy poco, y solté la pija de mi marido con las manos, y me aferré a la cama, mientras con la boca aumentaba la chupada que le daba a la cabeza de la pija de mi esposo. Me tuve que agarrar muy fuerte de la cama para soportar las estocadas de la gran pija de mi amante. Sentía que todo mi aparato reproductor subía y bajaba con cada embestida de mi amante. ??¡Qué buena pija! ¡Qué buena fiesta! ¡Quiero que me llenen los dos! ¡Quiero las dos pijas juntas!? atiné a decir. Y dicho esto, le pedí a mi amante que se siente en el borde de la cama y en esa posición se acueste boca arriba de forma tal que apoye sus pies en el piso. Yo me subí encima de frente a él y me metí toda su pija en mi concha. Comencé a besarlo lentamente por el cuello, seguí acercándome a su boca esperando su reacción, y luego lo abracé tierna pero fuertemente mientras nuestras lenguas se entrelazaban y me seguía moviendo cogiendo su pija. ??Abrazame por la cintura, abrazame, metémela hasta el fondo y no te muevas más? le dije al oído, mientras con mis manos separaba mis nalgas y tocando el agujerito de mi culo le decía a mi marido: -?Papi, vení por atrás y metémela en el culo que no doy más, y por favor, metémela hasta el fondo. Dale, no me hagas desear. Dale.? Y mi marido no se hizo rogar, apoyó su pija -su gran pija, la pija de mis amores, la pija que me hizo tres hijos, la pija que me gusta comer todas y cada una de las noches- en la entrada de mi cola y comenzó a presionar mientras con sus manos agarraba mis caderas. Su presión era suave pero sostenida, le ponía saliva y seguía empujando. No hacía movimientos de entrar y salir, solamente empujaba lentamente pero con fuerza. Y así como empujaba, lentamente, yo sentía que su pija se iba abriendo paso a través de mis esfínteres, sentía como las dos pijas se rozaban a través de mi piel, esa delgada piel que separa la vagina del ano. Yo estaba muy dilatada, mi cola estaba muy ensanchada, mi concha totalmente expandida, pensaba que en cualquier momento me iba a desgarrar, pero al mismo tiempo era una sensación nueva, diferente, sentir las dos pijas apretadas entre sí llenando todos mis espacios. Aún no me había entrado toda la pija de mi marido y yo sentía una extrema tirantez en toda la zona pélvica. Me ardía, su movimiento me provocaba ardor, quería tener las dos pijas hasta el fondo dentro mío para comenzar a gozar; hasta ahí no estaba totalmente relajada. Cuando sentí que mi marido tocó fondo comenzaron a llegar mis espasmos de gozo: mi cerebro había entendido que estaba siendo cogida y culeada como realmente quería: por dos hermosos machos de pijas grandes y duras, y me estaban haciendo sentir placer como nunca lo había sentido. No me importaba ser puta, ser mal vista, ser desgarrada, nada; en ese momento no me importó nada. Solamente quería ser la hembra de los dos. Quería que me cogieran, y mucho. Mis acabadas se sucedían una tras otra. El que se movía era mi marido, mi amante me tenía con la pija hasta el fondo (creo) y abrazada a él, y mi marido entraba y salía cada vez más fuerte, y cada vez más fuerte rebotaba en mis nalgas. Mis piernas abiertas estaban totalmente relajadas, me movían a su entero gusto. Mi marido estaba a punto de acabar, su pija se hinchaba de una manera conocida por mí, era sabido que en cualquier momento me dejaba su leche en mi cola, y esa leche se iba a mezclar con la que antes me había dado mi amante. ??Dame la leche, dame toda la leche, acabame en el culo, bien adentro, no te imaginas cómo siento tu cabeza hinchada? le dije a mi marido, mientras lamiendo la boca de mi amante le decía: -?vos no acabés todavía, por favor, que también quiero tu leche en mi culo después de que él acabe?. Dicho esto, mi marido comenzó a dejar su semen en el fondo de mi culo, y me apretaba contra suyo con todas sus fuerzas mientras acababa. Es hermoso sentir la leche caliente salir de la pija y caer dentro de mi recto, eso me hace acabar una vez más siempre. ??¡Qué buen culo, Yegua!? me decía mi marido, con los últimos estertores de su eyaculación. -?¡Qué buena leche, Potro, la quiero toda, ni una gota afuera!? le contesté. ??¡Ya te dejé toda la leche, toda!? me dijo con un hilo de voz, propio de la buena acabada que me había dado y sacando la pija de mi culo. ??Despacio, Papi, no quiero que me salga ni una gota, ¡quiero toda la leche adentro!? -?¡Te quiero acabar, no aguanto más!? me dijo mi amante. -¡Sí, mi amor!? le respondí, y salí de encima de él colocándome en cuatro patas al borde de la cama y ofreciéndole mi abierto culo: -?¡Tomá mi culo! ¡Dame toda tu leche, toda la leche adentro! ¡Metémela de una sola vez hasta el fondo y acabame! ¡Llename, que te quiero vaciar la pija, te la quiero secar!? Y de un solo envión la metió hasta que sus huevos hicieron tope con mi culo, no entraba más, la tenía toda adentro. ¡Qué felicidad! Creo que su pija me hizo llorar de tan fuerte que entró. ??¡Sííí, acabame, acabame mucho, quiero leche, dámela, toda, toda!? (O algo así dije, sé que estaba desbordada, y decía de todo). Me movió un par de veces con furia y resoplando, emitiendo gemidos, y en ese momento sentí como se agrandaba su pija, se arqueó hacia atrás y enterrándomela toda (¡Por Dios! ¡Qué dolor! ¡Qué placer!) Me acabó de nuevo, tal vez no la cantidad de leche de la primera vez, pero sí con las mismas ganas. Mi acabada me hizo morder la sábana y gritar sordamente, hasta quedar tiritando acostada en la cama boca abajo con las piernas separadas y el corazón latiendo al límite, a punto de salirse de mi pecho. Mi amante se quedó tendido encima mío durante unos minutos que fueron divinos, besaba mis hombros, mi cuello y parte de mi espalda, comía mis orejas y mi boca. Yo no tenía reacción, estaba adormilada, estaba como dopada, no tenía fuerzas para moverme, no podía pensar, estaba entregada. Sentía que mi cola estaba abierta por demás, que tenía una especie de embudo, algo que no iba a cerrarse, mis nalgas habían perdido la reacción al tacto, esa zona no la sentía, no la podía manejar. Mis piernas no respondían, mis manos tampoco. Y adentro mío tenía la sensación de que era una coctelera, de que todo se movía en cualquier sentido, me sentía inflada como un globo, llena de líquido y gas, una mezcla rara que se movía en todas direcciones; estaba inflamada, a punto de explotar. No me sentía bien, tenía acidez estomacal, mi cabeza daba vueltas, y tenía ganas de vomitar, pocas, pero ganas de vomitar. No era lo que yo había imaginado como corolario para una excelente fiesta del mejor sexo. No sé que hicieron mis dos hombres en ese momento, me levanté y fui al baño, me duché y ya compuesta salí envuelta en un toallón. Ellos aún estaban completamente desnudos, tomando vino y charlando animada y amenamente. Me quise sentar con ellos: ahí comprendí que no podía; mi cola y mi vagina estaban intratables, no las podía apoyar en la silla. Tenía un gran ardor, una gran inflamación, y pensaba lo que iba a ser al día siguiente, seguramente empeoraría. Pero estaba contenta, feliz: me habían cogido, culeado como yo quería, estaba llena de leche, había acabado incontable cantidad de veces. ¡Estaba feliz! Rato después, estaba llegando la noche, nuestro socio argumentó tener que retirarse a su hotel, y mi marido lo llevó. Me quedé sola, en ese momento me invadió una terrible angustia por lo que había sucedido. Pensaba cómo iba a reaccionar mi marido después de haber vivido esa situación, cómo iba a mirar a nuestro socio en adelante, con qué cara iba a entrar a la empresa (tal vez de alguna forma se iban a enterar todos). Me sentí mal, creo que fue uno de los peores momentos de mi vida. Comencé a llorar cuando estaba en el baño tratando de eliminar lo que me habían dejado en mi cola. En parte lloraba por el dolor y el ardor, y también por la sensación de vacío interior que tenía en ese instante. Me reconfortó sentir el olor de la leche que me salía de mi cola, la cantidad, y saber que era una mezcla de leche de dos hombres distintos. Instintivamente traté de meter mis dedos en mi concha porque estaba calentándome de nuevo, cuando sentí la llave de la puerta de la cabaña, era mi marido que regresaba. Me duché nuevamente (me sentía sucia, sentía que tenía que bañarme una y varias veces más), y salí; él había comprado comida, y yo arreglé la mesa para la cena. Mi cara debe de haber mostrado los signos de mi malestar emocional, porque mi marido me preguntó si me sentía bien, si me dolía algo, si la había pasado bien, etc. Sin poder contener las lágrimas le conté todo lo que me pasaba, todo lo que sentía, y lloré desconsoladamente en sus brazos, buscando la contención que él siempre me brinda. Hablamos mucho, me contuvo, me explicó que él también tenía cierto temor por el futuro, por el qué dirán, etc. Que él pensaba si habíamos hecho bien en avanzar los pasos que habíamos dado, y justo con su socio, pero que en el camino su socio le había dado palabras de aliento, y le había explicado cuán a gusto se había sentido, y que en adelante esto formaba parte de un gran secreto que debían mantener entre dos hombres de palabra y socios de negocios. Y un montón de cosas más que me hicieron cambiar de parecer respecto a cómo me había sentido hasta ese momento. Lo que más me conmovió fue que, mientras hablábamos y yo estaba sentada en sus piernas, a mi marido se le había puesto la pija dura como una piedra, y me abrazaba tocándome las tetas y besándome el cuello. Yo estaba entregada (una vez más llegué a la conclusión que, cuando quiero, soy muy fácil, soy muy puta; sólo que cuando yo quiero, y con el hombre que yo quiero). Abrazada me llevó de nuevo a la cama y me quitó el vestido y la ropa interior (solamente la tanga, porque estaba sin corpiño), le pregunté si antes no podíamos comer, porque tenía hambre; y me contestó que no, que primero me iba a comer la pija de él, y luego íbamos a cenar tranquilos, que él también tenía hambre, pero tenía más ganas de cogerme que de comer. Chupé su pija de piedra a mi antojo, mucho, suave, fuerte, con mucha saliva, con mucho amor, con muchísimo sentimiento: es la pija del hombre que me hace feliz, y que me da todos los gustos en todo sentido, por lo tanto se merece que le haga la mejor chupada del mundo todos los días. Me senté en su pija, y con esfuerzo me la metí hasta el fondo, sentía la inflamación de mi concha, sentía mi concha latir y arder, todo en uno, y sentía la pija entrar, quería gozar y me ardía, me molestaba, pero disfrutaba igual. Sacó su pija de mi concha y la apuntó a la puerta de mi cola estando yo encima. Me acomodé mejor para hacerla entrar, y me senté en la pija con fuerza, para que entre de una sola vez. Grité muy fuerte de dolor, era terrible, parecía que tenía una gran lastimadura, una gran inflamación, como si me hubiera picado una abeja (no lo puedo definir realmente). Me agarró de la cintura y empujó hacia arriba bajándome con sus manos para que entrara toda, y entró toda. Como si eso fuera poco, agarró mis pies y los jaló hacia adelante para que no me sirvieran de apoyo: literalmente me sentó en sus huevos con toda su pija enterrada en mi culo. Con mis nalgas cubría sus bolas que golpeaban la puerta de mi culo. Él empujaba y con su empujón me levantaba haciendo que su pija entre y salga de mi ya muy abierto culo. Junto con el gozo y las sensaciones placenteras que sentía al estar siendo culeada, también percibía una sensación de incomodidad debido a la gran actividad de ese día. Pero mi espíritu de puta, de yegua alzada, pudo más. Acabé, acabé tan bien como si fuera la primera vez después de mucho tiempo sin probar una pija. ¡Qué buena acabada! Quería más y más pija, quería coger toda la noche. Cuando de repente advertí una catarata de leche que se derramaba en mi recto, y volví a acabar, como siempre que siento la leche adentro mío. Agarré a mi marido como pude, mientras estaba acabando, lo tomé con las manos de su cintura, le rasguñé el pecho, le arañé las piernas, le apreté la pija para estrujarla con mi cola. Fueron muy buenos momentos de placer. Como su pija no se bajaba yo no me salía de encima de él, comenzamos a besarnos tiernamente, dulcemente, con mucho amor, con mucha pasión, a disfrutar del sexo verdadero. Me dijo que verme cogiendo con otro lo calentaba mucho, lo hacía sentir muy macho; el saber que yo era de su propiedad y podía prestarme a su antojo y con mi consentimiento para que me cogieran como yo quisiera. Dijo que para él era un placer saber que yo siempre iba a hacer las cosas necesarias para hacerlo sentir bien a él y nunca lo iba a defraudar. Le dije que yo soy suya por completo, que me gustaba coger, y que ese día me había gustado muchísimo haber disfrutado a dos hombres, y que no tenía ningún problema en repetir la experiencia. Me preguntó cuánto me gustaba ser puta, ser su puta, ser la puta que él pudiera ofrecer cuando la situación valga la pena; le dije que me gustaba mucho hacer el papel de puta, y comerme todas las pijas que él me pidiera. ??¡Ahora te vas a comer mi pija, la de tu dueño!? ??¡Dámela toda, con mucha leche, quiero toda la pija, quiero que disfrutes cómo me la como, metémela toda, hasta el fondo, soy tu puta, soy la puta que vos quieres que sea!? Y me puso en posición perrito al borde de la cama y me volvió a meter la pija, esa pija que me vuelve loca de amor y de erotismo. La metía toda, la sacaba toda, y demostrando ser bien macho, golpeaba mis nalgas con su pija, y la volvía a meter hasta el fondo. Así lo hizo varias veces más, mientras yo le decía que me gustaba, que siguiera, que lo hiciera de nuevo, que me la diera toda. En un momento comenzó a meterla y sacarla con un ritmo fuertísimo, sin detenerse jamás, estuvo así un buen tiempo, cosa que me hacía ver las estrellas, hasta que comenzó a acabar. La etapa previa a la eyaculación le demoró más que en otras oportunidades, signo que estaba satisfecho con cogerme de la manera que lo hizo, y eso me demostraba que mi macho, mi hombre estaba a gusto con mi sexo. Me acabó, yo acabé, y nos quedamos disfrutando de esos polvos bien echados en nuestra intimidad. Yo había recuperado la tranquilidad de saber que lo hecho ese día había sido una excelente experiencia, y había tenido resultados positivos, tanto en mí misma como en mi marido, y también en mi amante (o debo decir en nuestro amante?). Ahora bien, mi cola estuvo en terapia intensiva durante un par de días. Tuve que tomar analgésicos y antiinflamatorios porque estaba dolorida, estaba llena de gases, estaba hecha un desastre. Pero andaba por el mundo muy feliz con mi dolor. Lamentablemente no lo podía contar, por eso decidí escribir esto, espero no aburrir a nadie. Ahora espero que se repita esa experiencia.
Luego mi amante vino a San Juan un par de oportunidades más, y en una de ellas llegó con su mujer: acusa unos 40 años bien llevados, una rubia tipo alemana, alta de ojos celestes casi transparentes, piel muy blanca, de tetas grandísimas, con caderas prominentes y piernas rellenas; un hembrón, como diría mi hermano, pero un tanto recatada, tímida, tal vez anticuada. No me atreví a nada, pero nada con ella. Íntimamente me gustaría que él la charle primero, no sé, no me animo a generar un problema entre socios por una rubia, por ás ganas que le tenga. Y deseo que el trío fiestero se repita lo antes posible.

autor: CarinaBiSex

fuente: contactossex