Fantasía con mi alumna

Buenas dejo mi primer relato; narrado desde mi perspectiva y mas abajo voy a dejar el mismo encuentro desde el punto de vista de ella, aclaro que el de ella puede contener errores de ortografia o de términos pero asi lo esribio y no quise editarlo ya que es 100% de ella...


Antes de comenzar, no sabiendo si hablar de relato, fantasía cumplida, pecado o aventura prohibida... debo aclarar que ni siquiera sabría decir con exactitud en qué momento comenzó todo...
Cuando mi compañera me dijo que no sea tan simpático, cuando comencé las observaciones y la vi llorar causándome ternura.. o quizás cuando la profe me dijo que se dio cuenta que varias alumnas me miraban...
O quizás, cuando comencé a dar clases y entablar contacto visual directo, en definitiva... sea cual sea el origen todo estalló aquella noche... en el baile de egresados...

Ay… Recuerdo el baile, llegué sin esperar nada, o tal vez si… Vestido para la ocasión, de gala, corte de cabello y afeitado al ras.
Entre una cosa y la otra la vi, de 1,68 de altua aproximadamente, cabello negro y largo, delgada con pechos pequeños pero una cola hermosa, la vi con aquel vestido del que no se me escapó ningún detalle; fue una de las sorpresas más gratas de la noche, acostumbrado a verla con el uniforme del colegio y de repente verla así, más linda, más sexy, con un cuerpo que aumentaba más aun la fantasía profesor-alumna.

Las miradas comenzaron a cruzarse y se me hacía inevitable ceder a los impulsos que siempre afloraban en mí desde hacía años. Me decidí por el alcohol, en la barra pensé que pasaría toda la noche mientras observaba a los alumnos divertirse.

No fue así, termine en medio de la pista bailando con todos, de manera grupal, tranquilo pero con el pasar de los minutos el alcohol comenzaría a jugar sus cartas frente a mi compostura.
Rato después vino y me sacó ella, nos pusimos a bailar y no sé sí estuvo tomando o me fui demasiado sexy, por lo tanto supongo que fue el alcohol quien actuó sobre ella; y, entre risas y bailes comenzamos a bailar más cerca, cuando ella desprendió mi camisa no hubo vuelta atrás, supe que la quería hacer mía esa misma noche, pero no ahí, no quería que nadie nos viera.

Los días pasaron, las charlas iban y venían, el aliento de géminis mantenía encendida la llama de leo y fue así que llego el día.
Casi impertinentemente por unas fotos me decidí, poniendo en riesgo mi trabajo por no asistir la invite a juntarnos; mi idea era una, nada de charlas, nada de caminatas, quería llevarla a un hotel y apreciar en persona esa figura que tanto me provocaba a través de una pantalla.
Llegué al lugar acordado y estaba ella, se veía tan tierna, dulce, y hasta inocente, nos saludamos y comenzamos a caminar unas cuadras.

Cuando llegamos al hotel, entramos a la habitación número dos, ella se notaba nerviosa, yo estaba ansioso. “¿Sabes que nos faltó?” le dije y comencé a besarla, aquí, allá, contra la puerta.
Entre besos y caricias llegamos a la cama, un vórtice de fuego afloraba de nosotros, de aquella compatibilidad que se daba a la perfección entre ambos.

Los besos aumentaron su intensidad, comencé a quitarle la ropa y lo que vi me fascinó, estaba estrenando un conjunto sexy, y junto a la suavidad de su piel y al peligro de sus curvas era demasiada la sensualidad.

Los besos se transformaron en una melodía de nunca acabar, por mi cabeza atravesaban mil pensamientos, pero el más fuerte era sin dudas el estar con una alumna, por una parte venían a mí recuerdos de las clases, miradas y sonrisas entrelazadas, y por otra verla ahí, sin ropa y disponible para mí… era lo más prohibido que jamás experimente en mi vida.

Pero aún faltaba mucho por hacer, le prometí y me prometí a mí mismo que haría cosas que jamás nadie le hubiera hecho, la di vuelta acostándola boca abajo y mis besos recorrieron su cuello, sus hombros, los besos se vieron acompañados por mordidas, suaves, firmes, invitando a un salvajismos que podría darse luego o en algún próximo encuentro, dependería de que tan bien la hiciera pasar.

Podía sentir su excitación, estaba mojada por completo, su sabor era único, sabor a prohibida. Sus gritos eran mi canción favorita, y más cuándo me decía “profe”, era como esa canción que uno nunca se cansa de escuchar.
En un momento se puso sobre mí, me quitó la ropa y comenzó a besarme, comenzando por el cuello, bajando al pecho, y continuando el descenso hasta frenar en mi entrepierna, allí se quedó devorando con suavidad, ternura, hambre y deseo; yo quería que se quedé ahí toda la tarde, quería sentirla chupando por horas y horas deseaba que continuara hasta acabar y llenar toda su boca.

Pero aguanté, supe que no podía acabar sin antes hacerla mía, penetrarle con todas las ganas que tenía de hacerlo, quería cogerla de mil formas distintas.
En un momento nos encontramos desnudos los dos, comencé a jugar con mi miembro en la “entrada” de su sexo sintiendo toda su humedad, su excitación, busque protección y me dispuse a entrar en ella.

De a ratos encima de ella, luego ella sobre mí, de pie, de espaldas hasta que pude verla en cuatro a mi merced, ese momento fue culmine para saber que quería cogerla hasta el cansancio.
Así estuvimos hasta que finalmente si, acabe adentro suyo, cerrando los ojos e imaginando que mi esencia inundaba sus entrañas, imaginando que se iría chorreando todo de camino a su casa, aumentando más todavía el morbo.
Allí estábamos los dos, ella se puso mi remera y quedamos tendidos en la cama, mi sonrisa siempre presente mirando a mi alumna.
Y pensando, si habrá disfrutado, si ese sería el único encuentro o si habría otro más adelante.


Ahora narrado por ella

Entramos a esa habitación, la número dos… yo tan tímida y nerviosa no sabía cómo iniciar, quería hablar, pero mi profesor me quito las palabras de la boca cuando dijo “sabes que nos falto hacer en la fiesta”, y me beso contra la puerta. Después de uno segundos casi minutos, nos sentamos en esa cama, y el comenzó a besarme, a sentirme como yo quería, como yo esperaba días para este momento, hasta estrene aquella prenda sexy que me gustaba cuando la compré, en mi mente decía "esto lo voy a usar para un momento especial"; y así fue, se lo confesé a mi profesor, y pude ver una sonrisa en su rostro, me preguntó si "esto" era un momento especial, y le dije que si…

Aquellos besos fueron eternos, su cuerpo arriba mío, sentir que mi profesor estaba ahí conmigo era inevitable, era fantástico, era algo que nadie se lo podía imaginar... era como comerse la manzana prohibida, aquella tentación que tuvo Eva, la tuve yo desde casi seis meses cuando mi profesor se presentó en mi colegio como pasante.. Su cuerpo vestido con ropa pegado al mío, sus manos se movían lentamente, y jugábamos quien tocaba más, mi boca saboreaba su cuello, besaba y mordía su oreja, estaba tan excitada que quería más, pero no podía hacer nada, mi profesor era más fuerte que yo, el tuvo la iniciativa de todo, me levanto me alzo, me tiro a la cama, me dio vuelta, recorrió su boca desde mi espalda hasta abajo, mordía.. wow esas mordidas, únicas y dolorosas, me enloqueció, sentía cada yema de sus dedos recorriendo por mi cuerpo... cerraba mis ojos para sentir más.

No puedo explicar el sabor, el dolor, la excitación y lo mojada que sentía cuando el metía sus dedos en mi, nunca me tocaron así en mi vida, sus manos de verdad fueron mágicas dentro de mí, sentí tanto, que gritaba, gemía, mi mente se ponía en blanco, lo único que recuerdo, fue cuando le decía "profe pare, pare", obviamente que quería más, pero era tanto para mí que no podía explicárselo en ese momento...

Recuerdo y sigo sintiendo su perfume, ese aroma de mi profesor me gustó tanto, que podría estar besando su pecho todo el día, besar su cuello, su pecho, su espalda, ¡inevitable esa espalda!, ese tatuaje, que recorría con las yemas de mis dedos, quería estar más tiempo haciéndolo, pero aquel profesor pervertido, provocativo e irresistible, uso sus fuerzas para volver a levantarme.. y jugar un poco..

Pero ahora haciendo memoria, en un momento inicie yo el juego cuando me subí arriba de él, besándolo, y diciéndole al odio que quería darle lección oral, me gustaba mucho ser su alumna, me excitaba más que nada ser su primera y única alumna. Empecé a pasar mi lengua por su cuerpo, a morderlo, hasta que le quite el bóxer.. Ese miembro lo esperaba ansiosa, use mis manos, mi boca, mi lengua.. Pero no pude hacerlo como quería, además que mi profesor no dejaba sus manos quietas, quería hacerlo bien, quería que terminara y me acabara en la boca, pero no pude.. Creo que fue una disolución para mi, y más para él.
Pero no todo terminó ahí, seguíamos con esa previa, jugando yo como su alumna y él como mi profesor...

Llego el momento de sentir su miembro , dentro de mí, dentro de su alumna, dentro de mi ser.. Mientras él jugaba con su miembro en mí sexo, yo quería que terminara su juego, no aguantaba más... después de su jueguito castigando a "su alumna", yo me subí arriba de él, sentía como entraba cada centímetro de el dentro mío, lo hacía lento, no quería hacerlo fuerte ni rápido.. La mirada de él me provocaba mucho y se lo confesé, siempre el sonriendo, algo que siempre me gustó de él desde que lo conocí..

Cambiamos posición, los gemidos salían de mi boca, después de que me pusiera en cuatro, una de mis posiciones favoritas, sentí tanto, gritaba cada vez más, no me acuerdo si yo le dije que me acabará en la cola o el me lo pidió, sinceramente tenía mi cabeza en otro lado, no sé que dije en ese momento, no me acuerdo las palabras que decía, pero tuve tres orgasmos en esa penetración, más los otros en la previa.. Inevitable..
Mi profesor, aquel hombre que daba calor, acabó dentro mío, parece que no aguantó ni llego a lo pedido anteriormente.. Pero igual me gustó.
Se que después de ahí terminamos tirados en la cama, yo avergonzada un poco pero tan feliz por ese momento, hablábamos mientras cada palabra que salía de su boca y de la mía había un silencio, una pausa, un suspiro..

Después de eso supe que rompí las reglas, y me gustó.. Aquél profesor era mi manzana, mi fruto más prohibido, delicioso y tentador...
Ahora un día como cualquiera, pienso en mi profesor, en aquel hombre que me sedució en esa fiesta, en cada fantasía que tuve durante meses, en esas historias hot que imaginábamos juntos por las mañanas, tardes y noches... Deseo con todo mi ser tener mi segunda oportunidad, y experiencia con él.. Poder seguir escribiendo sobre mi profesor, porque aquel hombre que me regalaba notas y me enseñó, me dio el motivo de seguir sonriendo.



"Hay algo que siempre voy a llevar en mi mente, su sonrisa que mas allá de que me vuelve loca, es una sonrisa hermosa que produce muchas sensaciones, sus ojos que me llevan más allá de lo normal, sus manos tibias y suaves, y la fantasía de ser su única alumna y ser él mi único profesor".


Escrito por su alumna favorita tímida, dulce y callada.

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