Antes que nada, quiero presentarme. No soy nuevo en esta comunidad, pero tampoco nunca tuve el valor de relatar, ni postear nada. Eso sí, soy un fiel seguidor de la página, principalmente de la sección Relatos.

La historia que voy a relatar es completamente real, sin ninguna modificación, ni siquiera he cambiado los nombres de los protagonistas. A mi entender, eso suma más (mucho mas) morbo a la historia.
Los principales protagonistas de esta historia somos: yo, Sebastian, 25 años, 1,80 de altura, toda mi vida jugué al basket (aunque sin darle mucha importancia al gimnasio) asi que de físico normal, trabajado por el deporte, y nada más; soy de piel bronceada, y morocho de cabello, aunque mi look desde hace varios años es pelado completo. Mi hermana del medio, Fabiana, 27 años, la mas alta de la familia; una morocha que en palabras de mis amigos, lisa y llanamente parte la tierra; aunque no tenga mucho pecho, tiene un culo que llama poderosamente la atención, y como buena zorra, le encanta mostrar y destacar; tiene una nariz algo puntiaguda, pero eso le da un aspecto más de trola todavía; una ricura monumental. Mi hermana mayor, Antonella, 30 años; a diferencia de Fabi, ella tiene unas tetas de otro planeta, y para rematarlas, cuando usa vestimenta escotada, se le adivina el comienzo de un tatuaje, que invita a imaginar como termina; no tiene el físico de Fabi, pero no está absolutamente nada mal, esas tetas vuelven loco a cualquiera e igual que mi hermana menor, es morocha y un poco mas negra de piel. La ultima protagonista es Vanesa, de 26 años, amiga del grupo de Fabiana; una morochita que en mi humilde opinión, era la mina que mejor estaba de la Ciudad, un verdadero camión; de cara era preciosa, piel morena, y unos ojos turquesa que hipnotizaban; ¿las tetas?, de lo mejor que vi en mi vida, con la redondez perfecta, bien duras, y unos pezones rosados que se ponían duros con una facilidad asombrosa; ¿el culo?, una verdadera obra de arte, bien parado, como si estuviese hecho a mano, muy redondo, e increíblemente firme. Según el comentario del barrio, Vane no tenia nada que envidarle a las vedettes del país.
La historia sucede en Córdoba capital, hace 4 meses, cuando arrancaban los primeros calorcitos y todas las mujeres se desesperan por tomar sol, para adquirir un poco de color y el verano no las agarre pálidas. Como si su vida dependiese de ello.
Yo terminaba la jordana en la facultad y me dirigía a mi casa, a la 1 de la tarde. Curso en la universidad pública, y como la mayoría sabe, las comodidades de la misma no son las óptimas. Para esa época, el calor ya era agobiante, más a esa hora del día, como si fuese un presagio del verano que estaba al caer.
Al llegar a mi casa, veo que mis hermanas y Vane se estaban por sentar a almorzar, algo liviano, ya que tampoco querían arruinar su figura. Me invitan, pero digo que no, ya que mi cansancio, sumado el calor que tenía, lo único que quería era dormir una siesta en la habitación de mis viejos, que era la única que, además de tener televisor, tenían aire acondicionado(ellos trabajan todo el día).
Al rato que me duermo, siento el ruido de una música que me despierta (la habitación de mis viejos da al patio, comunicándolo con una ventana con persianas). Un poco molesto, porque seguía cansado, me asomo para ver que era ese alboroto, y lo que vi me quitó el aliento, me sacó todo el agotamiento que tenía. Mis hermanas y Vane tomando sol, no en bikini, si no en ropa interior. Fabiana vestía un conjunto de algodón blanco, que en su parte de arriba cubría sus tetas, pero en la parte de abajo era de estilo hilo dental, ver ese culo solo cubierto por un hilito me puso a mil. Anto, con un conjunto de encaje negro, la parte de arriba parecía que se mantenía en su lugar como por arte de magia; sostener ese par de tetas no era tarea sencilla para ese pedacito de tela; su parte de abajo era un poco más grande que la de Fabi, no mucho, una tanga, bien clavada. Pero mis ojos se quedaron abiertos como platos cuando vi a Vane. Esa visión no la voy a poder olvidar en mida. Ella tenía un conjunto de algodón, como Fabi, pero negro, como Anto. Estaba acostada boca abajo, y con la tira del corpiño desabrochada, para que no le queden marcas. Desde mi posición se podía apreciar el costado de esas enormes tetas. Y su culo, también cubierto, como el de mi hermana Fabi, con un hilo dental, solo que rematado por un corazón en la zona donde se unen los hilitos. Una verdadera maravilla.
Las chicas estaban en su mundo, relajadas, haciendo chistes entre ellas, pasándose bronceador una a la otra, tomando mates. De vez en cuando, se tiraban en la pileta para refrescarse y poder seguir su tarea, bajo el sol, totalmente ajenas a mi, que no quería ni pestañear para no perderme semejante espectáculo.
Completamente ido, y con una erección monumental, empecé a pajearme sin perder detalle de lo sucedido en el patio, separado solamente por la persiana, pero con la seguridad de no poder ser visto por ninguna de ellas. No me fue mucho para acabar, y largar varios chorros de semen, que después tuve que limpiar. Fue una de las mejores pajas de mi vida! Terminada mi labor, me acomodó en la cama de mis padres para seguir descansando un rato mas, pero como a la hora, mi curiosidad, el morbo y la calentura que tenía, me llevaron a espiar nuevamente al trio de diosas que estaban en el patio. Para mi sorpresa, las 3 estaban de pie, y se dirigían al pequeño baño que tenemos en el patio, y al instante se escucha el inconfundible ruido de la lluvia que se escucha cuando se enciende una ducha.
Yo no lo podía creer, ¡se estaban duchando las 3 juntas!. Sinceramente ignoro lo que sucedía en ese baño, pero en mi mente se generó una película digna de ganar un premio a la mejor película pornográfica. Todo esto llevó a que me haga una nueva paja, que si bien no acabé la misma cantidad de leche que antes, el placer fue mucho mayor.
Al rato las chicas salen del baño, totalmente cambiadas, como si nada hubiese ocurrido. Y yo me apuro para volver al comedor, para poder ver y despedir a Vane, que justo se estaba yendo.
Los días siguientes transcurrieron similar a este. Yo, acusando cansancio, me iba al cuarto de mis viejos a continuar con la labor de espionaje. Sinceramente no podía creer. Tener a semejantes bestias en ropa interior, a escasos metros. Cualquier hombre de toda Córdoba, hubiese pagado por ver el espectáculo.
A mediados de diciembre, y cuando yo por fin había terminado de cursar y de rendir finales, disponía de todo el tiempo libre, pero no podía dejar de espiar a las chicas. A esta altura, yo creo que algo sospechaban, porque sus juegos eran cada vez menos inocentes, y su ropa interior, mas chica y provocativa. De todos modos, el trato conmigo seguía siendo el mismo.
Uno de los últimos días del año, y con el mismo ritual de siempre (ellas tomando sol, yo espiando) Vane anuncia que va al baño, y para mi sorpresa, cuando se dirige hacia allí, no deja de mirar a la ventana. Señal inequívoca de que mi presencia ya no le era ajena. Yo francamente pensé que mi juego estaba terminado, pero me vi nuevamente sorprendido, al ver que ella ensayó una sonrisa que le ocupaba todo el rostro.
Al volver con mis hermanas, pude ver que les dijo algo en voz baja; las 3 rieron y miraron para mi ventana, y en ese momento, Fabi le desató las tiras del corpiño a Vane, quedando en tetas, sin cubrirse. Mi juego no había terminado, había cambiado. Ellas ahora estaban jugando conmigo.
Las tetas de Vane como ya dije son un monumento, pero al verlas así, libres al sol, por primera vez, me paralizó. Mis hermanas empezaron a desparramarle aceite bronceador por todo el cuerpo, sobándole las tetas, dejándole muy duros esos pezones. Yo lo único que quería era entrar al patio y cogerme a las 3, de todos modos ellas no siguieron avanzando y me tuve que contemplar con una buena paja.
¡Igual yo ya estaba decidido, me tenía que voltear a esas hembras como sea!

A la semana de lo ocurrido, y después que tocaran varios días de lluvia en los que mi juego de espionaje se vio interrumpido, me llega un whatsapp de un número que no tenia agendado:
“Sebi, soy Vane, disculpa que te joda pero no me puedo comunicar con tus hermanas, les podes decir que esta tarde voy a tomar sol? ” (eso era una provocación mas que directa)
“Vane, como estas? No te hagas problema que yo les digo. Igual, traten de no hacer tanto ruido en mis horas de siesta jaja”
“Sebi, me parece a mi que no dormís seguido. O me vas a decir que no te gusta el espectáculo?”
A todo esto, mi verga ya estaba totalmente empalmada. La putita esta me había enganchado espiando y me seguía el juego
“No se de que hablas Vane. Igual venite para casa esta tarde que mis hermanas ya están avisadas”
“Gracias Sebi, nos vemos esta tarde, por la ventana!
Yo no podía creer mi situación. Iba a disfrutar de estas 3 bellezas, pero esta vez ellas iban a esta totalmente conscientes de que yo las iba a estar espiando.
Cuando Vane llega a casa, yo estaba ya instalado en mi lugar estratégico. Mientras iban al patio, yo no paraba de maquinar. Al asomarme a la persiana, lo que vi me dejó con la boca abierta. Las chicas estaban completamente en bolas, tocándose, y besándose. Jugando para mí. Mis hermanas tenían la concha con una matita de pelo, una fina línea que me hizo perder la cabeza. Fabi con esa maravilla de culo, con una raya hermosa, separándole esos cachetes perfectos que tenía. Anto y su tatuaje en su melón derecho, por Dios! No veía la hora de pasar la lengua por ahí. Y Vane, su concha totalmente depilada, bien rosada; sus tetas enormes que ya había visto, y el ojete que se notaba que pedía una pinchila urgente.
No pasaron ni 10 minutos y las chicas se pusieron a coger entre ellas, yo lo único que hacía era ver ese show de conchas, tetas, lenguas, culos y dedos sin poder siquiera respirar. A la hora, las chicas habían acabado todas, igual que yo, y se ponían a descansar, extenuadas por sus orgasmos, igual que yo.
Como a las 2 horas, me despierta el ruido de la puerta de la pieza y veo entrar a Vane, desnuda como antes y me dice “estoy segura que disfrutaste el espectáculo de antes, pero por las dudas, te vengo a dar un show privado”, y de una me bajó el bóxer y se metió mi verga (que ya estaba dura de nuevo) de una en la boca. Qué manera de chupar la poronga esta mujer! El mejor pete de mi vida, por lejos. Bajaba, subía, me chupaba los huevos, la cabeza. Me pasaba la lengua por todo el tronco. No dejaba lugar sin recorrer. En eso se acomoda arriba mío y nos pusimos a hacer un 69 de novela. Yo mientras chupaba esa conchita deliciosa, sin un pelo, aprovechaba y jugaba con mis dedos en el agujerito de su cola, un asterisco perfecto. Ella no paraba de gemir y jadear, y se mandaba mi verga cada vez más adentro.
En un momento dado, estando en la misma posición, siento un par de lenguas más en mi pinchila, y veo, totalmente sorprendido, que mis hermanas se habían unido a la fiesta. Una locura total, 3 lenguas para mi pija sola. Aunque de vez en cuando, alguna de ellas se deslizaba a mi culo, cosa que me encantaba.
Cuando termino de chuparle esa tremenda concha a Vane, les pido a mis hermas que se acuesten una encima de la otra, y con Vane las empezamos a chupar todas, concha y culo, mientras ellas se besaban como nunca vi besarse a 2 mujeres. Y eran mis hermanas. Asi llegaron al primer orgasmo de la tarde. Entre gritos de placer.
La primera que tuvo la suerte de que le meta la pija fue a Fabi, estando ella en 4. La visión de ese culo en esta posición, solo era superado por ver a Fabi comiendo le concha a Vane, y ella a Anto. Estuvimos cogiendo un rato más así, hasta que Fabi acabó y Anto dijo que le tocaba a ella. Esta vez, ella se acomodó arriba mío, y así, yo pude disfrutar de sus hermosas tetas que me las devoraba como un animal, a su vez que mi dedito jugaba en la puerta de su cola, entrando y saliendo. Como a los 15 minutos, Anto también acabó, y era el turno de Vane, que se acercó y con una terrible voz de puta me dijo “yo quiero que me hagas la cola, Sebi”.
A sus órdenes. Le chupé el orto un rato para lubricar, y le metí la cabeza despacito, pero en un minuto, ya le había entrado entera, y le estaba dando bomba como desesperado.
Cuando estuve por acabar, la saqué de ese glorioso agujero y las 3 chicas me empezaron a chupar la verga nuevamente hasta acabar. Nunca en mi vida acabe tanto como esta tarde, pero ellas se encargaron de no desparramar ni una gota de leche. Yo veía como se besaban con sus bocas llena de mi lechita calentita, y eso me puso al palo de nuevo. Hubo una segunda vuelta, y esta vez, todos terminamos muertos, al borde del desmayo. Fue una tarde increíble. El olor a sexo que había en la pieza entraba por los poros.

Los días siguieron transcurriendo, y es hasta el día de hoy, que con mis hermanas y Vane, nos pegamos flor de cogidas, usando todos los rincones de la casa. Incluida la pileta