


Ya han pasado dos meses desde nuestra boda, mi marido Roger y yo estamos viviendo en un nuevo apartamento. Se trata de un apartamento de un dormitorio en las afueras de la ciudad. Hemos decidido vivir en un apartamento por un año, porque de ese modo podrĂamos ahorrar dinero para conseguir una casa propia.
Somos un matrimonio joven y nos conocimos en la universidad, yo era muy popular y fui una animadora de los equipos de deportes de mi universidad, segĂşn mi popularidad me dicen que soy bella, tengo un cuerpo atlĂ©tico con las siguientes medidas: 97 (copa C38)– 61 – 98, soy rubia con ojos azules, mi culo es redondo y bien paradito, los muchachos de la universidad me perseguĂan para conseguirme pero yo estaba enamorada del que es mi marido que fue mariscal del equipo de futbol americano.
Mi esposo sĂłlo estado aquĂ un par de dĂas y su trabajo lo está enviando fuera de la ciudad en un viaje de negocios por cuatro dĂas. Yo no querĂa que se fuera, pero me prometĂ que le ayudarĂa a conseguir que surja en su profesiĂłn, por lo que hizo este viaje. Roger trabaja para una empresa de marketing que le obligaba a viajar mucho, asĂ que solĂa muy poco estar con Ă©l, salĂa muy poco a la calle. Yo estaba actualmente sin trabajo, por lo que iba a ser mi estar muy aburrida con mi marido lejos de mĂ.
Lleve a Roger al aeropuerto por la mañana y regresĂ© a casa para terminar de desempacar. Era cerca del mediodĂa cuando me decidĂ a ir a la tienda a comprar algunas provisiones. Al salir del apartamento me di cuenta de que el tipo de mantenimiento de edificios me estaba mirándo mientras caminaba por el pasillo con direcciĂłn hacia Ă©l.
Él estaba en una escalera cambiando una bombilla. Mientras me acercaba, él bajo de la escalera y me tendió la mano para que se la estrechara. No me esperaba esto, pero yo no quiero ser grosera, asà que extendà mi mano hacia él.
“Hola señorita, mi nombre es Leroy, Bienvenido a mi edificio.”
“Hola, mi nombre es Sarah, mi marido y yo acabamos de mudarnos al apartamento 302.”
Era un hombre enorme, por lo menos de 1.93metros de alto, de 90 kilos y era negro como el carbĂłn con rasgos finos y muy viriles.
“Bueno, si hay algo que usted necesite, usted acaba de conocer a Leroy, para lo que se le ofrezca, ya sabe.”
Tal como él dijo eso, él me dio un guiño y me soltó la mano. Eso fue sin duda incómodo, pensé para mà mismo mientras caminaba por el pasillo.
Cuando llegué a mi departamento de la tienda y deshacer las compras, me vestà en mi equipo de la gimnasia para bajar a probar el gimnasio que estaba en el edificio. Después de mi entrenamiento pasé por el costado de Leroy nuevo. Esta vez me dio una rápida sonrisa al pasar. Cuando regresé a mi apartamento, estaba a punto de saltar en la ducha, cuando oà a alguien llamar a mi puerta. Rápidamente me puse una camiseta y pantalones cortos de sudor, y abrió la puerta. Estaba Leroy allà de pie con una sonrisa maliciosa y me dijo:
“Perdone que la moleste señora, sólo tengo que cambiar el filtro de aire en el horno.”
“Claro que vamos, entre por favor”: le conteste
PodĂa sentir cĂłmo me miraba en mi suelta camiseta. Él me siguiĂł y yo sabĂa que estaba revisando mi culo en mis pantalones cortos con sudor. Él abriĂł el armario de servicios y tuvo que sentarse en el suelo para cambiar el filtro. Estaba a punto de marcharse cuando Ă©l me llamĂł de nuevo para que me acerque a Ă©l.
“Te voy a enseñar cómo abrir este aparato y cambiar el filtro”, dijo.
VolvĂ a Ă©l que estaba tendido en el suelo. Se volviĂł para mirarme y tenĂa una vista perfecta de mi entrepierna. TratĂ© de permanecer lejos de Ă©l todo lo que pude, pero el armario era pequeño.
Él me mostró cómo cambiar el filtro de aire. Durante todo el tiempo me estaba mirando el culo estando de pie encima de él. Empecé a sentirme muy incómoda y traté de correr para terminar y salir. Pero él estaba tomando su tiempo lento y dulce. ¿Cuánto tiempo va a tomar, para cambiar un filtro de maldición?, pensé.
Fue entonces cuando me di cuenta de un enorme bulto en sus pantalones. Eso no puede ser lo que yo creo que es. ParecĂa que colgaba hasta sus rodillas.
“Si te gusta lo que ves,” me dijo.
Estaba tan avergonzada que me pillĂł mirando su gran bulto.
“¿De quĂ© estás hablando?”, le dije, fingiendo como si yo no lo sabĂa.
“¿Alguna vez antes has visto una polla enorme negra?”
“¿QuĂ©?,” Yo estaba tan sorprendida por lo que me dijo eso. Tal vez lo habĂa escuchado mal.
“¿Qué has dicho?”
“Le dije, ¿Si alguna vez has visto una polla enorme negra?”
Se puso de pie y comenzĂł a desabrochar sus pantalones.
“¡Salga de aquĂ ahora!”, le gritĂ©. “Soy una mujer felizmente casada y nunca engañarĂa a mi marido, menos con un negro.”
Retrocedà para salir del armario antes de que él pudiera ponerse de pie. Pero dio la vuelta de la esquina en la habitación donde yo estaba.
Yo me empecĂ© a asustarme. Yo no sabĂa lo que iba a hacerme. Luego procediĂł a extraer lentamente la polla de sus pantalones.
Mierda, no hay forma de que pudiera ser real. Esa fue la primera polla que no es de mi esposo que haya visto nunca. Yo no podĂa creer lo que veĂa. TenĂa que ser por lo menos de 28 centĂmetros de largo y tan grueso como la base de una lata de refresco. TratĂ© de contener cualquier expresiĂłn de asombro en la cara. Pero mis ojos estaban muy abiertos y fijos en su polla. Hice mi mejor esfuerzo para mirar hacia otro lado.
“Tienes que irte ahora”, le dije.
CaminĂł lentamente hacia mĂ. Mis rodillas temblaban, estaba tan asustada.
“Por favor, vayase ahora, mi marido estará en casa en cualquier momento.”
“Tienes que tocar mi pene antes de irme,” me dijo.
“¡Qué!”, le conteste.
Yo no sabĂa quĂ© hacer, sĂłlo querĂa que todo esto fuera el final.
“Si yo la toco, ¿me prometes que te vas?.”
“SÍ,” dijo con una sonrisa maligna.
AsĂ que mi brazo se extendiĂł lentamente y mi mano agarrĂł la cabeza de su pene. Mi mano temblaba, estaba muy nerviosa.
“Eso es chica, tire un poco.” Él me dijo con excitación
Hice lo que me dijo. Lo sentĂa cada vez más grande en mi mano. Mi cuerpo estaba tan caliente, no podĂa creer lo que estaba haciendo. Nunca antes he sentido otra polla de hombre. TenĂa que ser por lo menos cuatro veces más grande que la de mĂ marido. Él me mirĂł mientras me acariciaba en su virilidad masiva.
“Tú sabes que lo quieres, chica. Esto es un verdadero pene de hombre. Te voy a arrancar tu pequeño coño caliente con esta polla.”
Cuanto más sucio hablaba, estaba sintiendo más ondas calientes que recorrian mi cuerpo. TenĂa hirviendo mi sangre y mi corazĂłn latĂa muy rápido.
“Muy bien, ya he tocado su polla lo suficiente, ahora tienes que irte.”
Sorprendentemente, guarda la polla en sus pantalones y comenzó a dirigirse hacia la puerta. Pero antes de irse, se volvió hacia mà y dijo: “¿Sabes que siempre fueron a buscarme después de sentir mà polla?… Usted no puede decir que no está lista para llamarme de nuevo.” Él me dejó su número de teléfono y se fue.
Cerré la puerta detrás de él y me fui y me senté en el sofá antes de desmayarme.
¿Qué acabo de hacer? Sólo he estado casada durante dos meses y aquà estaba acariciando otra polla de un hombre negro. Fue entonces cuando me di cuenta que mi coño estaba muy mojado. ¿Por qué estaba actuando como una puta con él? ¿Por qué me siento tan jodidamente caliente?
Me dirigĂ directamente a la ducha para limpiar mĂ cuerpo y conciencia. Yo no podĂa obtener la imagen de su polla fuera de mi cabeza. Era tan grande y caliente con grandes venas que corrĂan a lo largo de ella. EmpecĂ© a sentirme realmente mojado mi coño de nuevo, pensando en la polla de Leroy. No pude controlarme.
Cuando salĂ de la ducha, me acostĂ© en la cama y tratĂ© de pensar en mi amado esposo. Pero mi mente seguĂa imaginando que estaba acariciando la enorme polla de Leroy. EmpecĂ© a frotar mi coño mojado. Por alguna razĂłn tan mala, querĂa probar su polla de nuevo. SentĂ pensamientos tan traviesos con otro hombre que no es mi marido. Pero mis pensamientos hicieron que mi coño se sienta tan bien. Tocándome me masturbe en un orgasmo increĂble mientras que pensaba que estaba chupando la gran polla negra.
A la mañana siguiente, descubrĂ que el aire acondicionado en mi apartamento no estaba funcionando. Lo primero que pensĂ© fue que de alguna manera Leroy tenĂa algo que ver con esto, por lo que tendrĂa una razĂłn para volver.
Yo no sabĂa quĂ© hacer. LlamĂ© a mi marido y me dijo que para eso estaba el encargado de mantenimiento del edificio y tendrĂan que enviar a alguien para arreglarlo. Pero yo sabĂa que eso serĂa. No tenĂa otra opciĂłn, asĂ que llamĂ© al encargado del edificio y me dijo que iba a enviar a alguien para tener una mirada la falla. TambiĂ©n me dijo que puede ser que sea algo fácil, porque estaba ocupado en este momento y me dijo que irĂa más tarde en el dĂa. AsĂ que ahĂ estaba yo, en el medio del verano, sin aire acondicionado, aburrida en mi apartamento.
Me dije que no iba a dejar que nada se salga de control, y no me gustarĂa repetir lo que pasĂł ayer. Unas horas más tarde alguien llamĂł a mi puerta. Efectivamente n fue Leroy parado allĂ con sus herramientas en la mano y con una amplia sonrisa en su rostro.
“Escúchame bien, te he llamado aquà para que repares mi aire acondicionado. Trabaja solamente en eso, no pienses por un segundo que te he llamado aquà para otra cosa, ¿me entiendes?”, le dije.
Él sólo sonrió y dijo: “No sé de qué estás hablando.”
Él se dio cuenta de que estaba nerviosa cuando yo lo dejĂ© entrar al armario de utilidad para hacer su trabajo. Unos minutos más tarde tenĂa mi aire acondicionado de nuevo en marcha. Yo estaba sentada en el sofá esperando a que terminara su trabajo. Luego entra a la habitaciĂłn y se sienta a mi lado en el sofá.
“¿Qué crees que estás haciendo?”, le dije en un tono muy nerviosa.
“Tengo que asegurarme que la corriente alterna no se corte de nuevo.”, me contesto.
“¿Tiene que sentarse a mi lado?”, le dije.
“¿Qué, no te sientes cómoda sentada al lado del grande de Leroy?”, dijo mientras miraba a su entrepierna.
No pude dejar de notar el enorme bulto en sus pantalones. Una vez que empecĂ© a entrar en mucho calor y el corazĂłn me latĂa con más fuerza. Yo sabĂa que Ă©l podĂa decir el efecto que tenĂa sobre mĂ.
“Probablemente deberĂa irme”, me dijo.
Luego se puso de pie, ahora su polla estaba al nivel de mis ojos, que parecĂa que iba a reventar sus pantalones a travĂ©s de la cremallera . Yo estaba tratando con todas mis fuerzas no mirarlo.
Él se quedĂł allĂ y empezĂł a frotar la longitud del pene. Mi boca empezĂł hacer agua cuando recordaba el orgasmo increĂble que me habĂa imaginado chupando la hermosa polla negra. Leroy sabĂa lo que estaba sucediendo en mĂ. Luego poco a poco comenzĂł a desabrochar sus pantalones. Todo mi cuerpo temblaba mucho.
“Por favor, no hagas esto”, le supliqué.
Pero mi cuerpo me estaba traicionando. PodĂa sentir mi coño totalmente hĂşmedo. Se sacĂł lentamente sus pantalones hacia abajo hasta que su polla saltĂł libre en frente de mi cara. Se veĂa como un monstruo de un solo ojo mirando directamente hacia mĂ y me ordeno:
“Chupa mi polla, puta de mierda.”
Le dije: “No voy a hacer eso, yo soy una mujer casada”
Su pene estaba cada vez más cerca y más cerca de mi boca. Mi cuerpo no se movĂa, lentamente su polla encontrĂł su camino hacia mis labios.
PodĂa sentir mi coño ardiendo mientras cerraba los ojos y bese la cabeza de su pene. Yo sabĂa lo que estaba haciendo era tan malo, pero yo no podĂa controlar más mi deseo carnal. Poco a poco comencĂ© a lamer la cabeza de su pene.
Entonces abrĂ mi boca y dejĂ© entrar la cabeza. Le oĂa gemir de placer mientras chupaba su enorme polla negra y sentĂa un placer Ăşnico. La chupaba más y más duro, mi lengua estaba lamiendo el hueco de su polla. PodĂa saborear el lĂquido dulce pre seminal. Yo lo mirĂ© con mis grandes ojos azules cuando yo le hacĂa una brutal mamada.
“SabĂa que eras un poco puta y muy caliente, sigue chupando mi polla, perra,” Ă©l me dijo sintiendo que yo ya era de su propiedad, su esclava.
Sus palabras degradantes me estaban haciendo más caliente. Yo era una puta, una zorra. Deslice mi mano por mi pantalón y comencé a frotar mi coño empapado. Yo estaba chupando la polla como una puta barata de mierda. Yo mismo estaba llegando a un orgasmo con mi propia mano.
“Mmmmm, tu puta polla es tan grande y caliente”, le dije.
Luego me levantó del sofá. Sus manos fueron debajo de mi camiseta y estaba tocando mi vientre desnudo. Él comenzó a frotar mis tetas debajo de mi camisa. Mis pezones estaban completamente erectos y duros como rocas. Luego tiró de mi camiseta por encima de mi cabeza. Rápidamente me desabrochó el sujetador. Intenté cubrir mi pecho con los brazos.
“Por favor, déjame, yo no quiero engañar a mi marido”, le dije.
Me agarrĂł por la cintura y me atrajo hacia Ă©l. SentĂ su dura vara contra mi coño caliente. Mis pantalones cortos de chándal fino y las bragas eran lo Ăşnico que tenĂa en mĂ cuerpo. Su polla dura rectificado en mi coño lo sentĂa tan bien. Sus manos estaban magreando en mis pechos expuestos. TratĂ© suplicando de que me dejara ir, pero mi resistencia se desvanecĂa.
InclinĂł la cabeza y comenzĂł a besarme con calor en mi cuello. Luego me mirĂł a los ojos y nuestros labios se encontraron. AbrĂ la boca y mi lengua choco con su lengua en una batalla de poder. PodĂa sentir mi coño palpitante contra la roca sĂłlida de su polla hermosa.
Luego me levantó del suelo y me llevó a la cama. La misma cama en la que hice el amor a mi marido hace dos noches. Se quitó la camisa y estaba allà de pie completamente desnudo al final de la cama. Poco a poco me quité los pantalones y las bragas, exponiendo completamente mi desnudez a este extraño hombre negro que acababa de conocer.
AbrĂ mis piernas invitándolo a mi cuerpo. Él empezĂł a lamer el interior de las piernas, poco a poco haciendo su camino a mi coño mojado. Yo gemĂa en voz alta mientras su lengua encontrĂł mi raja hĂşmeda.
“Te sientes tan bien, lame mi coño de mierda”, le dije, acomodándome a su lenguaje.
A continuaciĂłn, inserto sus grandes dedos en mi coño. Yo estaba tronzado atrás mientras Ă©l me tocĂł a un orgasmo increĂble. Su lengua lamiĂł lentamente su camino hasta mi cuerpo. Me chupĂł los pezones duros. PodĂa sentir su polla enorme en la entrada del goteado coño.
Me miró a los ojos y dijo: “Voy a follarte tan duro que nunca vas a querer que tu marido con su diminuto pene de nuevo te folle.”
AgarrĂ© la parte posterior de mi cabeza y tirĂł de su boca a la mĂa, en otra lucha feroz de lenguas e intercambiando nuestras salivas.
PodĂa sentir la cabeza de su polla con unos centĂmetros en su camino a mi coño. La sensaciĂłn fue increĂble. Lentamente empujĂł más de su polla dentro de mĂ. Yo no creo que serĂa capaz de hacer frente a toda su polla en mi pequeño coñito.
“Es taaaannn grande, creo que no puedo hacerlo todo”, le dije.
Pero Ă©l siguiĂł empujando cada vez más en mĂ. Mi coño se estaba haciendo tan extendido. Él me cogiĂł lentamente al principio, luego empezĂł a mecerse más rápido y más duro. El dolor disminuyĂł rápidamente y sentĂa el más grande orgasmo de mi vida por llegar.
“¡OOOOHHHH SIIIIIIIIII….. FOLLAMMMMEEEE!, gritĂ© como una poseĂda de placer.
Me corrĂ tan duro en su polla. Ahora me estaba follando muy duro y rápido. Su verga estaba tan profundamente en mi interior, me sentĂa como si estuviera tocando mi vientre. Mi cuerpo estaba tronzado debajo de Ă©l. Yo estaba gritando tan fuerte con el placer que nunca habĂa sentido antes. Nunca supe nada jamás que podrĂa sentirse tan bien con su polla y ya me sentĂa su perra para siempre. Antes que Ă©l se corra le dije:
“Tal vez deberĂas ponerte un condĂłn, no tengo ningĂşn tipo de protecciĂłn, y estoy tan fĂ©rtil en este momento,” cuando yo estaba perdiendo todo el control de mi mente y cuerpo.
“Yo no tengo uno, voy a sacarlo a tiempo”, me dijo.
Entonces eso me dijo al darme la vuelta para que pudiera cogerme al estilo perrito. Le escuche su voz de mando y puse en alto mi buen culo redondo en el aire. Se lamió mi coño por detrás. Entonces sentà su lengua lamiendo mi culo y metiendo la punta de su lengua en mà ano. Él estaba follando mi culo con su lengua. Mi marido ni siquiera tocó esa parte de mi cuerpo antes.
“Tú siempre sola con un blanco sucio, puta de mierda. Dime que quieres mi polla dentro de ti.”
“Por favor, cĂłgeme, cĂłgeme fuerte, bebe, quiero tu polla negra dentro de mĂ.”
Él empujĂł su polla en toda su medida en mi coño. EmpezĂł a golpear realmente duro en mĂ. PodĂa sentir otra gran orgasmo alguna vez acerca.
“Por favor, no dejes de follarme duro, cariño… AMO TU GRAN POLLA NEGRA… Te siento tan increĂble.”
Metio tan duro todo el pene. Las lágrimas corrĂan por mi cara. SentĂ que me iba a desmayar. DespuĂ©s de unos diez minutos de galopear por detrás, me volteĂł hacia atrás. Le envolvĂ mis piernas alrededor de su espalda. Me chupĂł los pezones. Él estaba empujando su polla dentro de mĂ profundidad adicional, hasta el final en mi vientre. Yo sabĂa que querĂa acabar. Entonces comenzamos a besarnos frenĂ©ticamente.
“Desde ahora tú me pertenece, eres mi puta blanca, te voy a joder cuando yo quiera”, me dijo.
“¡OH SÍ BEBÉ, RECLAMA TU COÑO CUANDO QUIERAS, DAME TU SEMEN!”
“¡ME FOLLAS CON TU BEBÉ NEGRO!”
“¡YO TE PERTENESCO AHORA!”, ¡SOY TU MUJER Y TU PUTA BLANCA CUANDO TU QUIERAS; MI AMOR!
Lo encerrĂ© con mis piernas mientras Ă©l empujĂł tan profundo como pudo. PodĂa sentir su polla hincharse. Yo estaba teniendo en la mente el más increĂble orgasmo de mi vida. Entonces sentĂ que estallo dentro de mi coño.
SentĂ la carga en la profundidad de mi coño sin ninguna protecciĂłn. Mi orgasmo fue tan increĂble que me desmayĂ©.
Me despertĂ© y descubrĂ Leroy que se habĂa ido. Mi coño estaba adolorido y goteando su semen en la raja de mi culo.
Terminé follando a Leroy cada noche hasta que mi marido llegó a casa. Leroy se detiene de vez en cuando para un rapidito cuando mi esposo está en el trabajo.
Me siento ser su esclava, su mujer y su puta, me gusta que me trate duro y vulgar, me calienta más cuando me trata como si yo fuera su propiedad y sus palabras son Ăłrdenes para mĂ, sin embargo tiene momentos dulces de amor, estamos seguros que nos hemos enamorado porque conjugamos en todo lo sexual y me he adaptado a su forma de ser inclusive con su grave trato de palabras.
El cada dĂa es increĂble cuando me folla tiene mucha imaginaciĂłn en lo sexual y conoce cada rincĂłn de mi cuerpo como la palma de su mano, yo lo adoro y me folla por todos mis agujeros, yo ya no puedo vivir sin su presencia, lo necesito todos los dĂas y siento que es de igual manera lo que a Ă©l le pasa con sus sentimientos conmigo. Cuando no está mi marido prácticamente vivimos juntos y somos felices en esta doble vida, mi marido ya es un estorbo en mi vida y no siento nada por Ă©l.
Me acabo de enterar que estoy embarazada. Creo que mi marido se encontrará con una gran sorpresa. Pero no me importa si es el hijo de mi amado amo negro y patrĂłn de mi cuerpo blanco….lo amo y cada dĂa lo deseo más… bueno veremos que nos depara cuando tenga mi hijo, fruto de este deseo y amor interracial.

0 comentarios - El hombre negro de mantenimiento