Lo de Alejandra fue un rush. Algo así como esas tormentas que se gestan en el mediodía, estallan a la siesta, y desaparecen a la tardecita dejando el cielo con miles de lamparitas límpidas y blillantes.
La contacté un viernes (creo) a la tarde, como a las 5, en uno de esos chats que estaban de moda y que todavía subsisten; seguro que los rosarinos saben de que hablo.
Pegamos buena onda, y a pesar de que tenia que atender el ciber pudimos hablar de un montón de cosas, historias, aventuras, anecdotas, y, claro, tambien de sexo. Primero pensé que iba a tener chances con ella a los pocos días, pero por ahí me dijo “Me voy a cenar”, y desapareció.
- Otra loca, pensé yo, y seguí con lo mio, hasta que una hora despues, como a las 22 reapareció, me llamó, y como quien no quiere la cosa me pregunta…
- ¿A que hora cerras?
- No se….hasta que haya gente…1.30….2…maso
- Es viernes…si no tenes planes ¿queres venir a tomar unos mates?
- Mmmmmm (me hice el interesante…) podría ser….dame tu dire y cuando cierro voy…
Así, entre una cosa y otra…como a las 2.30 me ví tocando timbre en la puerta de una casa antigua, de esas finitas y largas de casi principios de los 1900 de las que tantas hay en el macrocentro.
Abrió. Era bien bajita, no muy bonita, delgada, sin demasiadas formas….pero era viernes, tarde y gratis….asi que dije “Hola” con mi mejor sonrisa, la besé y entré.
Nos sentamos en un sillón azul de tres cuerpos y seguimos la charla interrumpida en la tarde, matizada con mates y galletitas.
La charla era verdaderamente interesante, pero se hacía cada vez mas tarde, asi que me decidí a apresurar la cosa. Le devolví el mate, estiré la mano para tomarla de la nuca y me miró.
- Me cuestan mucho los inicios, me dijo.
- Dejame a mi.
La bese tranqui, sin arrebato, como para no asustarla, aunque no creo que se hubiese escapado ni de una docena de gurkas.
Le recorrí la boca con mis labios y la lengua. Mis manos empezaron a tomar posesión de su cuerpo, a palpar sus formas, y lo que encontré no me disgustó. Me gustó apretarle las tetas, buscarle los pezones por sobre la remerita fina. Me gustó dejarla en tetas, descubrir la calidez de su cuerpo, sus pezones excitados, duros y ansiosos. Los lamí, mordisqueé, chupé mientras le quitaba las sandalias, el pantalón y, finalmente, la tanga.
La tenía sentada completamente en bolas sobre su sillón azul, con las piernas ampliamente abiertas, con mi lengua dentro de la concha, pellizcandole los pezones y apretandole el agujero del orto cada tanto…pero no percibía un solo sonido….estaba como dopada.
Dudoso, la miré…tenía los ojos completamente cerrados, la boca abierta, casi diciendo oooo, la cabeza inclinada sobre un hombro, los brazos extendidos como queriendo tocar cosas del aire, el estómago vibraba por la respiración entrecortada…jadeaba, gozaba, disfrutaba en total silencio.
Le chupé el clítoris con ganas, recorriendolo y mordiendolo, sin abandonar ninguno de sus labios. Se sintió colmada y estalló, pero como una explosión en el agua…en total silencio…arqueó su espalda, apretó los puños contra el sillón, cerró la boca, se mordió los labios y se dejó ir….plena y totalmente.
Me desnudé mientras ella recuperaba el aliento. Se levantó y desnudos fuimos escaleras arriba a su dormitorio, sin dejar de tocarnos, de besarnos. Caímos sobre su cama así enredados. La besé largo, profundo. Agarré la pija y se la puse en la boca…la comió con todas las ganas, como si hiciese años que no disfrutaba de un manjar preciado y deseado. Me lamió, chupó, palpó, escupió la verga y los huevos, se esmeró tanto que me vinieron todas las ganas y solté toda mi leche en su boca. Me encantó verla relamiéndose, juntando gotitas de los labios y de la pera.
Tragó todo y me siguió limpiando, con tal énfasis que al ratito me puso al palo de nuevo.
La puse de espaldas, le abrí las piernas y la emplamé, ya sin miramientos, pensando en cogerla más que en hacerla gozar, la enterré de una hasta el fondo, tanto que sentí como si algo se rompiera en ella. Le di casi con furia, mezclandole dolor con placer, tratando de romper su silencio….algo que no pude conseguir. Volvió a excitarse, se mordió los dedos, se aferró a su cama como con miedo a caerse, me apretó con las piernas….pero apenas escuché un quejido sordo, como lejano cuando el orgasma la ganó y la hundió entre las sábanas.
Acompañé su final con el mío, me derramé en su interior, la volví a llenar, esta vez en la concha, con mi leche. Hice durar mi momento todo lo que pude, la gocé a pleno mientras ella callaba su estallido.
Al ratito estaba subiendo a mi auto, pensando en si volvería a visitar su sillón azul y su cama. Por esas cosas que suceden, o que no lo hacen, y aunque charlamos varias veces por teléfono durante un par de años, no volvimos a vernos.