Esta historia sucedió hace un par de años, cuando después del fallecimiento de un abuelo tuve que hacerme cargo de la venta de un deprtamento en Mar del Plata que integraba la interminable sucesión con la que un grupo de más o menos 1 millon de primos nos quedarímos con $ 50 cada uno, pero del tramite en la escribanía me tuve que encargar yo junto con una de mis primas.
La idea era viajar un viernes a la mañana, yo desde capital, ella desde un pueblo de La Pampa que no voy a mencionar, arreglar todo al mediodía y volvernos por la tarde. Yo viajé en mi auto y ella en colectivo, así que pensé que en el peor de los casos lo que que más me podía demorar era hacerle el aguante un rato en la terminal hasta que partiera el micro de ella.
Es importante que describa como era hasta entonces la relación con mi prima Sandrita y cómo es ella físicamente.
Yo tenía en ese entonces 36 años y ella unos 25, así que yo ya era grandecito cuando ella nació, y desde ese momento, debido a la distancia nos habremos visto unas 20 o 25 veces. Lo suficiente para tener confianza, o sea no ser como desconocidos, pero no tanto como para estar al tanto de sus gustos, su vida sentimental o social. Solamente sabía que era muy dada, muy sociable y siempre con buena onda incluso con su primo bastantito mayor, o sea yo. Parecía ser portadora de un cuerpo grandote (más de 1.70) e interesante, pero el tipo de vestimenta que llevaba habitualmente no destacaba su figura. Mi febril imaginación masculina me permitía desde hacía algunos años imaginar un cuerpo bien hecho, pero no había constancia de ello. Además, su manera de ser y de hablar no emanaban justamente sensualidad, sino más bien lo contrario, campechana, hablaba con un volumen de voz un poco exagerado para los que vivimos en la ciudad, y cada tanto se le escapaba alguna expresión de campo.
En verdad, no sabía ni mi interesaba si tenía novio (sabía que casada no estaba porque en nuestro familión siempre nos invitabamos a los casamientos y los velorios).
El panorama no era grave porque era vernos un par de horas, firmar la escritura, mandares saludos a la tia Amalia y al tío Enrique y cada cual para su casita.
Ya habíamos quedado previamente en encontrarnos 11.30 en la puerta de la escribanía, el mismo horario habíamos pactado con la escribana que llevaba los papeles del departamento. Incluso yo le dije que si quería que la fuera a buscar a la terminal pero me dijo que no me preoucupara, que venía a caballo.
Cuando llegué ella ya estaba en la puerta, con más puntualidad de la necesaria. Su aspecto era el de siempre, pelo largo, negro, lacio y suelto, casi hasta la mitad de la espalda, y su vestimenta dentro de lo habitual. Un sueter unisex bastante usado y estirado, que ya le había quedado grande cuando era nuevo, bombachas de campo también holgadas y zapatillas. Vestimenta cómoda para el largo viaje que había hecho, pobre Sandrita. Apenitas un bolso de mano con vaya a saber uno que, más alla de los documentos. Además daba la sensación de no haberse bañado en un par de días, cosa que era probable, porque el viaje ya implicaba unas cuantas horas. Nos saludamos con efusividad, un abrazo, alguna broma y tocamos timbre.
Acá comienza la verdadera historia, cuando un hombre nos hace pasar a la elegante sala de espera y nos dice apesadumbrado que la escribana está enferma y que no hay ningún tipo de posibilidad de que el asunto se pueda resolver antes del lunes a primera hora. Insinuamos una protesta pero ante la corrección y solemnidad del tipo, no insistimos demasiado. A mi me cortaba los planes del fin de semana, pero podía quedarme, estaba separado hacía un año y no había que darle explicaciones a nadie, prefería quedarme y no comerme el garrón de otro viaje. Ella pensaba lo mismo, dijo que lo llamaba al Emilio (más tarde me eneré que era el novio) y a los padres y se quedaba. Me dijo al oído "ni en pedo me vuelvo, me voy a tener que dibujar de nuevo la raya del culo". Ya ven, era la sensualidad personificada.
Salimos mirandonos sin saber que hacer. Yo tenía las llaves del departamento, que estaba perfecto para habitar y se lo ofrecí. Yo me podía quedar en un hotel, eso me daba más libertad y no tenía que remar todo el fin de semana con Sandrita. Ella me dijo que ni loca, que el departamento era grande, que hasta el lunes era de todos los primos, se rió. Me parecía que quedaba como un desprecio insistir, así que agarré viaje y de paso me ahorraba unos cuantos mangos. "Vas a caballo o te llevo en el auto", bromeé. "Llevame vos, no te dije que tengo el orto destrozado", me contestó. Jamás pensé que podía ser tan cierto.
El dpto. quedaba a unos 15 minutos de auto, así que aprobechó el trayecto para informarle la situación al Emilio y a los padres vía celular. Me dijo que no veía la hora de pegarse un bañito, pero no tenía ni ropa para ponerse, lo mismo me pasaba a mí y nos reíamos pensando si los abuelos habrían dejado alguna pilcha, en todo caso a la tarde nos ocuparíamos del tema.
El departamento estaba en condiciones de uso, un poquito lleno de polvo, pero habitable. Acordamos que nos pegabamos un baño y después salíamos a comprar algo para comer. En eso, mientras preparaba unos mates me dice: "lo que lo voy a extrañar al Emilio". yo pensé que se venía un rollo melodramático y por compromiso pregunté si estaban muy enamorados y si había planes de casamiento. "Sí", me dice ella, "pero además cojemos todo el día, no podemos parar".
Yo no sabía que cara poner, no sabía si era una joda, si estaba desvariando o simplemente ella no era consiente de sus palabras. Yo sí era conciente y mi pija también parecía serlo, porque al toque pegó el primer estirón.
-"En serio me decís", fue lo más ingenioso que se me ocurrió decir
-"Sí, es verdad, no paramos de garchar, con él, con otro o con varios, me dicen que soy ninfómana, pero para mí que soy puta nomás", tiró
Yo ya les dije que mi prima Sandrita no era la persona que más me calentaba en el mundo, pero esas declaraciones hubieran calentado hasta la escribana enferma o el espíritu de los abuelos. Además alguna vez imaginé un buen chasis debajo de aquella ropa gastada y suelta.
-"Y yo te puedo ayudar en algo?" dije entre mi desconcierto y mi creciente erección.
-"Vos sos medio pelutudo, primo Claudio, o te hacés? Este fin de semana vas a dar más leche que las vacas de mi viejo"
Ahí nomás empezamos a besarnos, a lo bruto, chupándonos las lenguas, mordiéndonos, casi escupiendonos en nuestras bocas. Las manos empezaron a jugar su papel y las mías fueron directo a su culo, grande y firme pero no demasiado duro, más que firme, consistente. Mi pija ya le hacía fuerza contra la panza y decidió meter mano en el asunto. Me abrió la bragueta a la fuerza y mi terrible erección venosa quedó a la vista, con una gotita de líquido preseminal en la punta.
-"Pará, pará", me dijo. "No me hagas perder esto que es lo más rico" se agachó y con la punta de la lengua se llevó aquella gota, en el único momento medianamente tierno de todo el fin de semana que nos esperaba. Seguimos tranzando mientras nos desnudábamos. Cuando finalmente la ví sin ropa me extasié. Su cuerpo era mucho más de lo que prometía, un verdadero hembrón con unas tetas importantes, pezones tipo paty oscuro, caderas un poco anchas y un culo descomunal. Todo su cuerpo era como dije del culo, carnoso, firme pero no duro, con mucho movimiento, donde apretabas, un poquito se hundía.
Después sí, se prendió de la pija a lo bestia, tipo peli porno cuando parece que la mina se la quiere arrancar al tipo. Chupaba, hasta el fondo, la sacaba, la miraba, la escupía y despues la pajeaba un rato.
-"Te pajeo para poder mirarla, es hermosa y grande",me dijo
Es verdad que es relativamente grande, pero no es tan común que te digan esas cosas. Eso me calentó más y todavía mi verga parecío crecer un poco, hasta yo me la veía más grande de lo habitual.
La calentura me hizo pensar que iba a acabar en cualquier momento. No creo que ella hubiera tenido problemas en tomar su desyuno, pero yo quería aguantar porque siempre me costó el segundo polvo y no quería desepcionarla después. La hice detenerse y me fui directo a su concha. No estaba equivocado, faltaba yn poco de agua y jabón, pero lo que en otro momento me hubiera dado asco ahora me calentaba aun más. Ese olor a mujer, mezclado con un dejo suave a perfume me puso a 2 mil. La tenía bastante peluda para la usanza capitalina, pero todo sumaba al morbo y la calentura.
Se la chupé un buen rato y acabó por lo menos tres veces emanado una cantidad de líquido que yo nunca había visto. Para esto nos hicimos un rato y tiramos un colchón en el piso para estar más cómodos.
El agujero del culo era un capitulo aparte. Debajo de esas nalgas carnosas, que separé cuidadosamente después de ponerla en 4, se escondía aunque le costaba esconderse, un huequito muy trabajado en el que la primera falange del dedo anular entraba sin presionar, ya estaba abierto. Se lo chupé también como si se acabara el mundo, mientras por abajo le masajeaba el clítoris. Si quería me podría haber lavado las manos con todo el líquido que chorreó de su concha. Despúes de un rato me la empezó a mamar de nuevo, esta vez conmigo sentado sobre su panza. Era una turca con mamada. Ya no aguantaba más y se lo dije. Se volvió a poner en 4 y me ofreció su concha peluda y húmeda. Era una máquina de acabar, y yo estaba llegando a lo mío.
Como no estaba preparado para la cojer, ni forro tenía, así que la saqué cuando me estaba por venir y le descargué toda la leche en la espalda, mucha cantidad. Luego me lo reprochó, porque le hubiera gustado más que esa lechita fuera su desayuno. Le expliqué que no hice a tiempo de aviasar y no quería correr riesgos. Un beso de lengua terminó con la pelea. Eso sí, antes de pararse llegó con la punta del dedo ajuntar un poquito de esperma y se dio el gusto de probarlo.
Ella tenía intenciones de seguir, pero ya dije que no era tan rápido para el segundo. Además, los olores y jugos que hasta hacía un rato me calentaban, y empezaban a darme asquito.
La convecí de un buen baño para después salir a compar algo para comer y también algo de ropa. Ella se baño primero, recuerden su espalda enlechada. Se vistío con la misma ropa que tenía y recién en ese momento, más frío, me di cuenta que si buscabamos alguna bombacha y corpiño de mi abuela en los roperos seguro hubieran sido más sexy que los de ella. Remolón y todo como era yo para el segundo polvo ya estaba al palo mientras me bañaba, pensando que no eran ni las dos de la tarde del viernes y teníamos hasta el lunes a la mañana.
Ya bañados y perfumados salimos a comprar algo de ropa, muy sencilla y barata (con lencería mas chiquita, quería ver ese culo en colaless).Tuve que comprar crema de afeitar y un par de máquinitas, para ir presentable el lunes a la escribanía y porque se me estaba ocurriendo una idea. Después compramos unos sandwichs de milanesa y una coca. En la calle nos manejabamos como primos qe éramos, no estaba naciendo un romance entre nosotros, era solo garchar de la manera mas primitiva.
Como a las 4 llegamos al depto. muertos de hambre, pero a la mitad del sandwich de milanesa ya estabamos tranzando otra vez, con las bocas llenas de mayonesa y pan rayado. Se ve que la mayonesa le gustó, porque en el medio de la franela, me bajó la braqueta donde ya asomaba mi pequeño obelisco, tomó el sachet extra que habiamos comprado por si las milanesas estaban mu secas y me lo untó como si fuera un pancho. Chupaba y me pajeaba con la mayonesa, yo nunca había ni siquiera soñado con una cosa así, con una puta así. se había formado como una espuma que ella degustaba con cada lengüetazo, y volvía a agregarle aderezo.
El colchón que habíamos tirado en el piso ya se había resignado a su destino y esperaba la llegada del cuerpo de Sandrita. Otra vez sus rodillas se clavaron en el gastado cotín, porque ese culo semi abierto estaba en mi cabeza. Para no cambiar el menú, me llené el dedo mayor con mayonesa y se lo metí de una. El culo respondió tan elástico como una concha, lo que me animó a meterle la pija de una y no me equivoqué, resbaló hasta adentro de un empujón y empecé la galopada. Era como dijo ella, tenía el culo roto de tanto montar. Serruché como media hora sin descanso, cambiamos un par de veces de posición hasta quedar haciendo una especie de misionero pero por la cola, dada la flexibilidad de su agujero. Acabé como un caballo, cuando la saqué se había formado una pasta que ya empezó a darme asco de nuevo. Parece que a ella no, porque otra vez puso su mano debajo de su culo y juntó todo lo que pudo de la mixtura de mayonesa y leche y se lo comió con hambre. Quedará para otr día la afeitada de concha y demás detalles de este fin de semana con mi prima del campo que jamás pensé que podía ser tan puta...