Historias verídicas de una "buena amiga"


Queridos lectores, a partir de esta entrega les voy a ir relatando mis peripecias por la vida. Espero que disfruten leyendo como lo hago yo recordando.
Ya llevaba cinco años de casada, 24 de edad y con tres chicos a cuestas. Vivíamos en una ciudad del interior, al sur de Capital Federal por el trabajo de mi esposo.
Un buen pasar, nuestras vacaciones en la costa y todo eso que hace que la pareja deba sentirse estable, niños, perro, auto, salidas etc. Una vez por mes nos íbamos a Capital para hacer compras sobre todo de ropa en los negocios importantes.
Como casi siempre nos íbamos de vacaciones a Mar del Plata, hacía ya un año habíamos comprado un pequeño departamento de dos ambientes en pleno centro de la ciudad. Roberto mi esposo, tenía que viajar a Mardel por unas reparaciones del departamento, pero una gripe de aquellas lo dejó en cama mal.
Decidimos que viajaría yo, total lo importante de la refacción ya estaba arreglado con el arquitecto.
Hice las reservas de pasaje en bus y reservé el hotel para tres días. Y para allí partí.
Llegué a Mardel sin problemas alrededor de las dos de la tarde, fui al hotel con ganas de descansar, ya que al día siguiente me encontraría con el arquitecto.
Aquí voy a hacer un alto en mi relato para hacer algún comentario sobre mí. Cabello obscuro, ojos verdes, cirugía de lolas después del tercer hijo, por que me habían dejado hecha un desastre los niños. Buen físico, trabajado en el gimnasio dos veces por semana piernas muy bien torneadas. Vestida siempre a la moda, (esto comenzó en 1980) lucía calzas y minifaldas que provocaban miradas alucinantes.
Sigo con el relato. Llegué al hotel me acomodé en mi habitación, me di un duchazo bien calentito y como no tenía nada que hacer hasta el día siguiente me tiré en la cama desnuda a descansar. La calefacción del hotel estaba a full por lo que no sentía nada de frío a pesar de estar en el mes de Junio.
Me encontré mirando el techo y divagando sobre mi vida, lo feliz que era con Roberto y los chicos.
Tenía todo lo que podía necesitar una mujer de mi edad, querida por un tipo muy trabajador que me daba todos los gustos, admirada por los hombres por mi físico y envidiada por las mujeres.
Estaba en estas elucubraciones trascendentales, cuando me asaltó una idea para pasar un buen rato…..ir al casino. Genial! Siempre me gustó el casino, el ruido de las fichas cuando uno entra, las distintas sensaciones cuando se gana o se pierde y por supuesto las miradas e insinuaciones de los hombres cuando ven una mujer joven y sola por esos lugares. A Roberto no le gusta para nada el juego, me acompaña pero se va al bar a tomarse unos whiskies mientras yo apuesto.
Estaba a dos cuadras de allá, con lo cual ni siquiera debía preocuparme por el transporte.
Ya estaba obscureciendo y la noche amenazaba ser fría por lo que decidí abrigarme. Me vestí con unos pantalones de invierno, blusa y sweter y un buen tapado de abrigo y me fui. Ya eran como las ocho de la noche. Cuando llegué no había demasiada gente. Conseguí en una mesa el color con el que quería jugar y comencé mi tarea. Evidentemente debía estar bastante seductora esa noche ya que hasta los croupier no me sacaban los ojos de encima. Debo reconocer que los pantalones me quedaban bastante ajustados, me marcaban bien la cola y dejaban insinuar los labios de la vagina. Así pase un buen rato con bastante suerte. A las dos horas había levantado un dinero interesante por lo que decidí que ya era hora de irme, además al día siguiente me tenía que levantar temprano.
Me fui para la caja pero con una sensación rara, como si me estuvieran vigilando.
Cambié mis fichas y de ahí al guardarropas a buscar el tapado.
En el momento en que me lo iban a entregar se acercó un hombre que se lo sacó de las manos a la empleada y me dijo si le permitía ayudarme. Me di vuelta sorprendida y me encontré con una agradable sorpresa. Un chico muy bien parecido, bastante alto y corpulento aunque de rasgos muy finos, de esos que vale la pena dar vuelta la cabeza para mirarlos. Le dije que me podía ayudar y que le agradecía la gentileza.
Una vez que me ayudó a ponerlo, se presentó como Mario y me ofreció el brazo para acompañarme, mientras me decía que hacía dos horas que me estaba observando dentro del casino, casi desde que había llegado.
Mi intuición no me había fallado, alguien me estaba observando con detenimiento. Me apoyé un poco en su brazo le dije soy Agustina y entonces me dijo que debía tener cuidado, que una mujer de mi edad, sola con cierta cantidad de dinero no debía exponerse en las frías y desoladas calles de Mardel.
Por supuesto pensé lo peor, pero tenía una mirada tan agradable y una sonrisa demasiado honesta como para que fuera un atracador. Le calculé unos treinta años, la misma edad de Roberto.
Me preguntó si me podía acompañar hasta el hotel y dije que si. Tenía el auto estacionado cerca y había empezado a garuar por lo que el ofrecimiento era acogedor.
Todo un caballero, me abrió la puerta de mi lado y subió el. Me preguntó si había cenado y dije que no pero que no tenía demasiada hambre, que prefería descansar. Me llevó hasta el hotel y se bajó del auto para abrirme la puerta. Entonces me dijo si no quería tomar un café en la confitería del hotel. Acepté de buen gusto ya que hacía frío además que era muy simpático y agradable y podría conversar un rato con alguien en un lugar seguro.
Fue un rato sumamente agradable, era un tipo culto, podía tocar cualquier tema que sabía de todo. Me dijo que tenía una pymes junto con un socio en San Justo, pero que vivían en Caballito. Soltero y con buen pasar, demostrado por el auto que tenía. Había llegado a Mardel el día anterior y se quedaba por una semana por trabajo.
A eso de las doce le dije que ya me iba a acostar por que era tarde, lo acompañé al lobby del hotel y entonces me dijo si quería almorzar con el al día siguiente. Salvo el encuentro con el arquitecto no tenía mucho mas que hacer asi que acepté. Quedamos en que a la una me pasaba a buscar. En ese momento me acerqué ofreciendo mi mejilla para despedirme y entonces me agarró la cara muy dulcemente y me dio un beso en los labios. Fue como si me hubieran pasado 220 voltios de corriente, una sensación totalmente distinta, sentí el calor de sus labios como un fuego, dulce fuego pensé.
Subí a mi cuarto y me quedé pensando en esto que me había pasado. Siempre fui fiel a Roberto, no tenía necesidad de nada mas, era una mujer satisfecha, pero este tipo me había movilizado un montón de cosas. Pensando en todo esto me quede dormida del cansancio del viaje y los acontecimientos.
A la una en punto bajé al lobby, tenía puesta una mini tableada roja y negra, blusa, pullover y botas de taco bastante alto, ya que suplantaba así el hecho que soy un poco baja de estatura.
Mario estaba esperando ya en el hall. Muy bien vestido, hasta diría impecable, con un detalle que siempre observé en los hombres, sus zapatos, desde ahí empieza una persona a ser interesante o no.
Subimos al auto y me dijo que había reservado en un lugar camino a Miramar.
Almorzamos con vista al mar, hablando de todo, de su vida y la mía. No podía creer que siendo tan joven tuviera ya tres hijos. Fue un momento muy agradable. Afuera estaba lloviznando y hacía mucho frío, un día desolador, pero acá estaba yo con este personaje que recién conocía, contándole mi vida.
Terminamos el café y fuimos al auto. Sorpresivamente tomó para el lado de Miramar. A los pocos minutos paró sobre un acantilado mirando al mar, el auto estaba calentito y la música muy suave.
Entonces me pasó un brazo por los hombros y me fue llevando muy despacito hasta que las bocas se juntaron. Yo cerré los ojos, no sabía que hacer, estaba engañando a Roberto (lo estaba engañando o me estaba dando un gusto personal?) Mientras Mario me besaba muy dulcemente mi cabeza era un remolino de cosas. Finalmente me dije que un momento de placer no podía descalabrar un matrimonio. Con mi marido siempre fantaseabamos con un montón de situaciones límites. Bueno bien podía ser esta una de aquellas.
Le pasé una mano por la nuca y me entregué a sus besos. Nuestras lenguas se juntaron, avanzaron, retrocedieron en un juego sensual.
Sentí que la mano de Mario me acariciaba la rodilla y que iba subiendo por mi muslo. Soy de mojarme fácil y aquella vez no podía ser distinta. La mini ya estaba por la cintura pero tenía pantys con lo cual no se podía acceder tan fácilmente. Me puso una mano por debajo del pullover y me acarició las tetas por encima de la blusa y el corpiño.
Lo dejé hacer, me sentía totalmente en una nube. Me agarró una mano y muy suavemente la llevó a su entrepierne. Sentí la pija durísima por debajo del pantalón a punto de romperlo. Se la acaricié muy despacito, masajeandola. Así estuvimos un rato hasta que me agarró la mano de nuevo y la acompañó adentro del pantalón. El contacto con esa piel suavecita fue hermoso, sentí que tenía la cabeza afuera, sin prepucio. Llegué hasta la base tocándola y me di cuenta que tenía un tamaño interesante.
Ya a esta altura tenía un calor que me corría por todo el cuerpo. Afuera llovía mas fuerte, parecía que todo estaba preparado para nosotros.
Mario se desabrochó el cinturón, se bajo el cierre y allí apareció, en todo su esplendor una hermosa pija durita. La agarré con toda la mano y le hice muy despacio el movimiento para masturbarlo. Era un poco mas chica que la de Roberto, pero hermosa.
Mario me dijo si quería besarla, me agarró de la nuca y fue bajando mi cabeza muy despacio.
No lo podía creer, estaba a punto de entrar en contacto con un pene distinto al de Roberto, y no es por que no haya conocido algunos antes, sino por que después de casada nunca había estado con ningún hombre salvo el.
Llegué hasta la cabeza rosada y dura, se la besé dos o tres veces y ya no pude aguantar la tentación. Empecé a pasarle la lengua muy lento, con un efecto muy particular según me decía mi esposo. Pase la lengua por la cabeza enroscándola varias veces y empecé a lamerla toda, de arriba abajo.
Y después se la chupé. Sentía como iba entrando en mi boca, rozando el paladar. Que sensación espectacular. Ya estaba en la lujuria total. No me acordé mas de Roberto ni de nadie, quería disfrutar ese momento.
Mario ya había avanzado por mis tetas que había sacado afuera del corpiño. Me rozaba los pezones, los apretaba muy suave y con los dedos jugaba con ello.
Me sentía totalmente mojada a punto de pensar que le iba a manchar el tapizado del auto.
Estuve chupando un buen rato hasta que subí y volví a besarlo en la boca. En eso miré el reloj del tablero. Tenía que tomar el bus de vuelta en menos de una hora y no había preparado todavía la valija. Lo volví a besar y acariciarlo y le dije que estábamos en problemas. Pensé que se iba a enfurecer por dejarlo así. Por el contrario, guardo su aparato y dijo que iba a esperar en la puerta del hotel para llevarme hasta la estación. No lo podía creer, era un tipo ideal, todo un personaje.
Arrancó el auto y volvimos. En la estación de micros me beso largamente y me dio una tarjeta con su número de teléfono para que lo llamara cuando estuviéramos los dos en Baires.
El viaje de vuelta estuvo plagado de sensaciones raras, pensando en lo que había pasado con Mario y lo que pasaría con Roberto a partir de ahora. Mi vida había dado un vuelco trascendental.
En la próxima entrega voy a seguir contando como remonté este camino de sexo y lujuria. Besos.