Me llamo Sergio y tengo 33 años. Ahora mismo estoy con una beca de investigación en Barcelona, lo que me permite vivir sin comodidades pero tampoco con preocupaciones. No quiero dármelas de nada pero físicamente he de reconocer que soy atractivo: pelo castaño, ojos negros, fibrado gracias al deporte matutino y con un rostro que se podría esculpir en piedra como una estatua griega. Y en cuestión de sexo siempre me han marcado lo atento que soy con el placer femenino en la cama. Nunca tuve problemas con las mujeres y actualmente mi pareja encajaba en mi lista habitual desde hace unos años: chica en la treintena que se cree más madura que tú pero que juegas con ella como quieres. Rubia, ojos castaños talla 95 y un culo que produce contracturas en los hombres cuando paseamos. Como es habitual se acercó a mí por lo que le contaron las amigas con las que me acosté, un ‘’chaval’’ guaperas que es genial en la cama pero algo alocado. Todas iguales, sígueles la conversación un rato haciéndote el tonto y luego dales duro en la cama mientras suplican que la penetres gritando tu nombre. Me encontraba en casa de mi novia como tantas noches viendo la tele como preludio a una buena noche de sexo. Porque además de todo lo dicho anteriormente mi novia encima es una guarra. Vive con su hermana Lucía, una jovencita de 18 años clavada a su hermana: rubia, ojos castaños un buen par de pechos redondeados en forma de naranja y un culo increíble. Tenía además una expresión preciosa digna de su tierna edad, con una cara de niña que contrastaba con unos labios carnosos. Era más bajita, claro, pero no voy a mentir diciendo que cuando viene del colegio privado con la falda a cuadros no la miro. Ahora que estamos en verano ya no lleva las medias largas y esa camisa blanca está más desaprovechada que nunca. La coletita no ayuda a que no sea una maldita bomba para la líbido masculina. Y cuando sale con las amigas no se viste como otras chicas de su edad, con minifaldas y escotes de locura. Se pone faldas normales de tela y blusas de lo más corriente. Quizás eso sea lo que me ponga más de ella. Alguna vez he fantaseado con desnudarla salvajemente y confirmar del todo si su cuerpo es tan clavado al de su hermana y si gemirá igual. Mientras pienso todo esto no puedo evitar excitarme, algo que me ayuda para ponerme a tono con la hermana mayor. Siempre vemos la televisión los 3 juntos antes de que la niña se vaya a dormir y empecemos a magrearnos seriamente. Porque antes de que se vaya mi novia siempre demuestra lo guarra que es. Como si no se diese cuenta, estando su hermana en el sofá de al lado, empieza a sobarme: me revuelve el pelo, mete la mano por dentro de la camisa, roza como sin querer mi paquete… Parece que le pone hacer esas cosas delante de su hermanita. Y a mí también, para qué engañarnos, tocándola yo también de una forma menos descarada pero dejando claro mi deseo. Afortunadamente la niña no es tonta y cuando el magreo empieza a ser descarado se excusa con cualquier estupidez y se va a la cama para dejarnos en intimidad. Nunca la he visto sonreír ni hacerse la sorprendida. Estábamos como una noche cualquiera viendo la tele con mi novia acurrada en mi cuerpo y Lucía en el otro sofá, vestida ya con la ropa de dormir. Como ya hace demasiado calor llevaba un cullot y una camiseta de tirantes que me estaba volviendo loco. Estaban poniendo una película bastante aburrida y como mi novia estaba tranquilita por ahora decido darle un poco de conversación a Lucía, así de paso tenía excusa para mirarla directamente. -¿Qué te está pareciendo la peli, Lucía? -No está mal…¿se ha quedado dormida?-refiriéndose a mi novia. -Parece que un poco traspuesta…¿la despertamos de una forma especial? -Puedes hacer lo de siempre que la activa un montón.-me dijo sin apartar su mirada de la mía, completamente seria. Este comentario me dejó paralizado. ¿Qué coño quería decir con eso? ¿Se refería a las caricias? Me estaba poniendo completamente rojo, joder con la niña. Me di cuenta que habían pasado unos segundos por lo que decidí intentar aparentar indiferencia. -Jajaja mejor no, seguro que ha venido cansada del trabajo. -Más motivo entonces, así se relajará. ¿Pero qué Diablos? Ya no sé si eran ilusiones mías o la niña realmente estaba hablando de eso. Decidí darle un poco de cuerda, podría acabar siendo algo interesante y si estaba intentando vacilarme le dejaría las cosas claras. -No te creas, tu hermana una vez despierta no hay quien la pare. -De eso estoy segura, siempre estáis viendo la televisión hasta tarde toda la noche. -Es que a tu hermana le encantan estas cosas, ya aprenderás a disfrutarlas con el tiempo. -Jajaja-por fin dejaba de mantenerse seria- eso es porque las ve con un tío como tú. -Seguro que una chica como tú conoce a un montón de chicos como yo…de su edad, claro jajaja!-esto me estaba ya excitando, necesitaba ver hasta dónde podíamos llegar. -No creas, los chicos de mi edad me aburren. Preferiría mil veces a estar con alguien con experiencia y que tenga las cosas claras, sin tapujos. Lo reconozco, aquí me quedé con la boca casi abierta sin saber que decir, con la risilla tonta por debajo. ¡Me estaba pidiendo que folláramos! O que fuésemos amigos especiales, o lo que fuese. Joder, Elena, Elenita, la que se iba a la cama nada más ver el percal. La cara de tonto que se me quedó debió animarla más. -Bueno, te voy a dejar Sergio para que… os relajéis mi hermana y tú.-Dicho esto se fue mientras me sonreía pícaramente. Y se fue, dejándome con una erección de caballo que se me notaba a kilómetros. Ni me había dado cuenta por el ritmo de la conversación. Cuando oí cómo cerraba su puerta empecé a tocar a mi novia, no magrear ni sugerir. Le apretaba las tetas mientras me hundía en ellas. No tardó nada en despertarse, claro: -Pero…Sergio…espera ¿y Elena? -Se ha ido a dormir-mientras decía esto me estaba bajando los pantalones y poniendo mi paquete a la altura de su cara- Cariño, vamos, por favor… -Eh…bueno. Ella mismo terminó de bajarme los calzoncillos e introdujo mi pene en su boca. Dios, estaba tan excitadísimo que sentía que iba a explotar en cualquier momento. Me imaginaba a la zorra de Elenita haciendo eso mismo, de esa forma tan salvaje. Ni siquiera miraba a mi novia, estaba tan cachondo que no tardé mucho en correrme con los ojos cerrados mientras ahogaba un grito. No la avisé aposta, quería deleitarme con mi propio placer. Me quedé descargando en su boca, disfrutando el momento. -Guau Sergio, sí que tenías ganas. -No te puedes hacer ide…-abrí los ojos y ahí estaba, Elena, mirando a escondidas, si es que se puede decir eso de estar con medio cuerpo fuera mirando descaradamente-a. Me quedé totalmente paralizado. Mi novia empezó a rebuscar en el bolso, probablemente un condón, sin percatarse que su hermana estaba ahí parada. Nos estábamos mirando fijamente a los ojos y ahí ocurrió el milagro: me sonrió tímidamente. No necesité nada más. Impedí que mi novia se moviese, agarré el condón de sus manos y mientras me lo ponía la apremié en que se quitara el pantalón y las bragas. Nada más que terminó la abrí de piernas y la penetré mientras miraba a Elena, que seguía sin moverse aunque se dejaba ver un poco más. -Te gusta, ¿verdad?-Empecé a decir en alto. -Sí, Dios, ¡sí! Es mejor que nunca, ¿qué ha pasado hoy? -Cállate y disfruta, déjame a mí que te enseñe lo que es placer. Mi novia sonrió y empezó a gemir con los ojos cerrados. Yo aproveché para mirar descaradamente a Elena, que alternaba su mirada entre mis ojos y la penetración. De vez en cuando sacaba mi pene para que lo viese, momentos en los que clavaba su mirada. Notaba que iba a correrme otra vez pero quería aguantar. ¡Dios! Malditas guarras, las 2, de mi novia lo sabía pero de Elenita sí que no me lo esperaba. Me daban ganas de saltar sobre ella, tumbarla y poseerla ahí directamente. Mientras pensaba esto me corrí a la vez que mi novia, que esta vez gritó sin contenerse. Seguro que al día siguiente me diría lo preocupada que estará por haber gritado así estando su pobrecita hermana en casa. Saqué mi pene, quité el condón y lo froté en su cuerpo, restregándolo en sus tetas para limpiarlo. Las dos me miraban lascivamente, no sé si la tonta de mi novia se percató de que levantaba mucho la mirada pero estaba tan cachondo que ya me daba igual. Elena me sonrió ampliamente y se escabulló a su habitación sin hacer ruido. Ya estaba decidido, iba a follármela como fuese, aunque tuviese ella 18 años y fuese la hermana de mi novia. Me quedé dormido como un bebé en el sofá, acurrucado con mi novia, sabiendo con certeza que iba a dormir plácidamente, como hace mucho tiempo que no lo hacía. Pero al despertar la realidad me golpeó como sólo sabe hacerlo ella. Yo, sí, yo, no un conocido, un amigo o aunque sea un familiar, había mantenido relaciones delante de la hermana de mi novia. Ahí estaba, tumbado medio desnudo encima de mi pareja, en su casa en la que vive con su hermanita. Dios santo, ¿qué iba a hacer? Me levanté como pude y sin ni siquiera ir al baño -¡me la podía encontrar!- ni comer algo me vestí malamente y me fui sin decir nada. Mientras mi cuerpo hacía los movimientos necesarios para bajar las escaleras mi mente estaba en otra parte, una donde una chiquilla de 18 años le decía a su hermana que les vio follar y que su novio lo sabía y ni se inmutó, exhibiéndose ante ella. No sé cómo serían las cosas en esa otra parte pero aquí no suele sentar muy bien recibir una noticia de ese calado. Con suerte hasta me llevaba una bonita denuncia, no sé muy bien alegando qué (¿en el código penal vendrá follar delante de la hermana de tu novia?) pero no iba a ser nada bueno. Y si se enteraran en la universidad… perder la beca sería lo menos grave que me pasaría. Mientras llegaba al coche y abría la puerta se me pasaban por delante los rostros de mi novia, mi madre, mis profesores, mis amigos, todos poniéndose una mano en la cabeza diciendo ‘’pero Sergio…’’. Y fue sentarme y empezar a reírme. No sólo a reírme, hasta empecé a excitarme recordando lo de ayer por la noche. ¡Elena me había visto follar! Se había quedado parada mirándome el pene y no paraba de sonreír. Dioses, diablos, Buda y quien me esté oyendo, esa criaja no se había cortado un pelo desde que nos sentamos a ver la tele los 3 juntos. ¿Y por qué? Pues no lo sé pero desde luego no creo que para denunciarme ni romper mi relación con su hermana. No, desde luego que no, esa niña quería algo más que ver la tele y tener conversaciones picantes. Arranqué el coche sin dejar de reírme. Estaba tan nervioso por la excitación de recordar de golpe todo lo ocurrido que por poco provoco algún accidente. Necesitaba llegar a casa cuanto antes, darme una ducha tranquilamente y sentarme a pensar mientras me metía un buen desayuno. A medida que llegaba a mi barrio mis emociones se templaban, alcanzando un eclepticismo entre mis dos cabezas, la de arriba que me recordaba las consecuencias al principio pensadas y la de abajo que me recordaba…bueno, qué me iba a recordar si no, la cara de viciosa de Elena mirándome ayer. Mirándome mientras follaba con su hermana, no lo olvidemos. Cuando salí de la ducha y me preparaba unas tostadas ya había tomado una decisión: iba a follarme a Elenita. No sabía muy bien cómo, y desde luego lo razonable sería alejarse como las ratas en un barco que le falta poco para hundirse, pero el deseo era demasiado grande. Ya comenté lo mucho que se parecía Elena a su hermana, y teniendo en cuenta que casi la doblo en edad a lo mejor era ella la que me enseñaba cosas a mí con sus manierismos juveniles y sus juegos y dudas sexuales. ya me estaba perdiendo otra vez en la lujuria, ¡mal, Sergio, mal! ya habría tiempo de gozar y deleitarse, ahora había que hacer las cosas bien, establecer un plan. Lo primero hora de llamar a la novia. ¿Qué es eso de que tu novio se largue sin decirte nada? Menuda falta de respeto. Dicho y hecho, descolgué el teléfono y la llamé despreocupado al móvil. Tenía decidido comentarle que recibí un mensaje urgente al móvil de que fuese a la universidad por un asunto de trabajo. Infalible: -Ah, hola Sergio, mi hermana está en la ducha, ¿por qué no estás aquí? Nos ha sorprendido a las dos… -Eh… -Sí, era Elena la que estaba al aparato; el que se acababa de quedar blanco y sin palabras era yo. -¿Ocurre algo?-Dijo Elena bajando un poco el tono de voz. -N…¡no! nada, dices que está en la ducha, ¿no? -Mira, si estás preocupado por lo que pasó ayer… -¿Qué dices?-había que cortar esto ya- Bueno, dile que me llame nada más salir de la ducha, que es importante. Un beso. Y colgué sin esperar respuesta. ¡Maldita sea! No podía ducharse en otro jodido momento, no, tenía que hacerlo justo cuando llamaba yo. Bueno, calma, ante todo calma. Me lo ha cogido ella, punto. Ha sacado el tema, punto. ¡Punto! Todavía la situación estaba controlada. Si su hermana se hubiese enterado tendría el móvil a punto de explotar por sus llamadas. O no. Bueno, no sirve de nada pensar en eso, como decía es hora de hacer las cosas bien. Nada más terminar de desayunar cogí las llaves del coche de nuevo y decidido salí pitando hacia la casa de mi novia. Si desaparecía a Elena le daría tiempo a pensar, y no hay nada peor que una cría que acaba de salir de la adolescencia se pare a pensar sobre una situación que le permitiría manejarte como un pelele. Había que tomar la sartén por el mango y dejar las cosas claras. Lo que ocurrió ayer pasó porque yo decidí que pasara, y si quisiera que volviese a ocurrir lo haría. Mostrarse mojigato no era una opción, y sucumbir a un posible chantaje era ridículo. Aunque no estaría de más establecer unos límites por si a la niña le diese por entrar en negociaciones… Aparqué en el mismo sitio donde lo tenía al salir (con la tontería no había pasado ni una hora) y subí a la casa. Iba tranquilo, relajado, como si el mundo fuese mío y decidiese qué hacer con él en cada momento. Llamé despreocupado al timbre y me abrió Elena. -Hola…-atinó a decir ella mientras se encogía un poco. -¡Hola Elena!- Entré casi apartándola y le di dos sonoros besos- ¿Y tu hermana? -Aquí estoy Sergio, ¿dónde diablos te habías metido? Elena me ha dicho algo de la universidad o no sé qué rollos… -Ya, una tontería al final, el imbécil del decano había bloqueado su ordenador al meterse a internet, ¿adivinas con qué? ¡Con porno! ¿Te lo puedes creer? Empecé a reírme efusivamente mientras las 2 hermanas me miraban sin inmutarse con la boca medio abierta. Estaba perdiendo el control de la situación y lo peor es que estaba quedando en ridículo. Me senté en el sofá, carraspeé un poco y seguí hablando: -Sí, como decía, tuve que arreglarle el ordenador al decano. Mi beca depende de ese hombre y si hace falta pringar-aquí no pude mirar como un estúpido a Elena. No percibí que hubiese cambio alguno en su expresión- pues se pringa, como todos. ¿Has desayunado cari? Me muero de hambre. -Tómate lo que quieras con Elena, yo tengo que irme ya corriendo al trabajo. No me había fijado que estaba vestida ya con el uniforme. Aunque mi novia objetivamente sea atractiva necesita trabajar para poder comer y como para trabajar de modelo no requieren a esas chicas guapas pero que no deslumbran tuvo que probar con el apasionante mundo de las cajeras de supermercado. Mientras abría la puerta se dio la vuelta: -¿Y cómo es que no te has quedado allí? ya estas en horas de trabajo aunque fueses antes… -Bueno… -me quedé parado. -Mira, déjalo-se giró para mirar a Elena- Prepara un poco de café que el bobo sigue dormido. Dicho esto se marchó. Ni Elena ni yo nos movimos durante unos segundos. Cuando empecé a girar la cabeza hacia su dirección ella salió disparada a la cocina, donde no tardaron en venir ruidos de vasos y cucharas chocando. Bien, ahí estábamos, los 2 solos. A los pocos minutos vino Elena con una bandeja que contenía un par de cafés y unas tostadas en un platito. Pues a desayunar tostadas de nuevo. -Tienen buena pinta- dije aparentando despreocupación- ¿las has hecho otras veces? -Mira Sergio, no sé qué es lo que piensas de lo de ayer. Quería ir directa. Bien, pues a eso podemos jugar los 2. -Tengo muy claras las cosas sobre lo de ayer, ¿tú las tienes claras? -¿Perdona? -Quiero decir- la mirada de sorpresa y asco de Elena pedía a gritos que reculara un poco- que ayer ocurrió algo que no da para muchas dudas. -Ya…tienes razón. -Sé que estás confusa, es una situación un tanto extraña. Bueno, es muy extraña, pero creo que esto podemos llevarlo como 2 personas adultas que somos. -Tú eres más adulto que yo-dijo con una sonrisa pícara. Maldita zorra-. -Ya, eso es verdad jajaja. Pero la madurez no sólo se mira con la edad. -Desde luego… Empezamos a desayunar en silencio. Mi última frase había sido digna de enmarcar y la chica se había quedado algo achantada. Estaba aparentando calma pero por dentro me sentía realmente excitado, y no sólo por la carga emocional de la situación. Los dos solos durante toda la mañana, ella con ese pijamita que me volvía loco y esa expresión sumisa. Había que intentar hacer algo nada más acabar de desayunar. Cuando estaba terminando la tostada ella empezó a hablar de nuevo: -¿Te gustó que los mirara ayer? -¿Có…cómo? -No finjas, sé que en el fondo estás cagado de miedo por si le fuese con la historia a mi hermana. Si la pobre se enterase de cómo te corrías mientras me mirabas… ¡Será guarra! Había estado jugando conmigo dándoselas de confundida. Y yo pensando en un polvo idílico, estaba claro que me iba a chantajear de la manera más burda posible. Dios santo, cómo podía haber sido tan estúpido: -Elena…por favor… -¿Qué?-Su expresión dejaba claro que estaba disfrutando con todo esto. -Tu hermana y yo llevamos muchos tiempos juntos. Lo de ayer fue una locura, algo de lo que me siento realmente avergonzado. No sé qué es lo que quieres pero por favor, piensa en todo lo que puede pasar. -¿Te puedo hacer una pregunta? -Claro…-había ignorado todo lo que le había dicho. -Mientras se la metías ayer a mi hermana, ¿te imaginabas que era yo? Boom. Ahí estaba lo que llaman en las entrevistas de trabajo la killer cuestión, esa que te pilla de sorpresa y si no respondes adecuadamente se acabó todo el proceso. Mi parte racional decía que me levantase indignado y me fuese corriendo a contarle mi versión de los hechos a mi novia. Pero ya sabemos que el raciocinio no funciona justamente cuando más se le necesita. -S...sí. Se echó a reír, poniéndose colorada. Madre mía, dónde me estaba metiendo. La situación se había descontrolado y no podía ni moverme. Volvió a hablar ella al terminar de reírse: -Sácatela. -¿Qué has dicho? -Que te la saques. Quiero ver cómo la tienes ahora mismo. Decidí dejar de pensar, no sé a dónde me llevaría pero ya era tarde para echarse atrás. Aparté la tostada, me desabroché los pantalones y me quedé en calzoncillos mostrando una erección de caballo. Ella se quedó extasiada mirándolo mientras se reía por lo bajini tapándose la boca. -Vamos, quítate los calzoncillos que te tienen que estar haciendo daño y todo. Y me decías que lleváramos el asunto como adultos… Totalmente en silencio me quité los calzoncillos y dejé que mi pene asomara en todo su esplendor. Estaba reluciente, totalmente erguido y esperando a recibir mimos. La muy zorra estaba jugando conmigo pero eso me había puesto a mil desde el principio. -¿Puedo?-dijo señalándome con la mirada. No contesté con palabras, simplemente asentí con la cabeza. Ella alargó la mano y la posó sobre mi pene. ¡Dios! Qué suave era su mano. Empezó a frotarlo lentamente, con unos pocos dedos pasando a lo largo del tronco. Empecé a respirar entrecortadamente, estaba tan caliente que incluso esos roces iban a conseguir que eyaculara. -Jajaja qué mono eres, con razón a mi hermana le gustas tanto. Relájate y disfruta, llevo mucho tiempo deseando esto. Agarró mi pene con fuerza y empezó a hacerme una gloriosa paja. Eché un poco la cabeza atrás mientras la miraba extasiado. Estaba reluciente, sin dejar de mirar lo que me estaba haciendo con una amplia sonrisa en la boca. -¿Quieres que te la chupe? -E…Elena…-no podía ni siquiera articular palabra. Se agachó y empezó a comérmela. El placer que sentía era indescriptible, la chupaba como solamente una persona ya experimentada en la labor sabe hacerlo. Descendía lentamente por el tronco mientras su lengua no daba tregua. Habían pasado unos pocos segundos y ya notaba que me corría como un quinceañero. -Voy…voy a correrme…-atiné a decir. Elena se separó de mí y empezó a cascármela más rápido. No tardé en correrme, llenándole la mano de semen. La escena era espectacular, mi pene estaba todavía eyaculando mientras ella seguía con el movimiento. -Vamos, esto no ha hecho más que empezar. Espero que todavía tengas aguante porque quiero que me hagas gritar aquí mismo como se lo hacías hacer a mi hermana ayer. Se irguió, limpiándose la mano llena de mi semen en su camiseta mientras me miraba sonriendo. Esto no sólo hizo que me mantuviese excitado, mi erección fue todavía más en aumento, algo que creía imposible. Se empezó a desnudar y no pude más que quedarme con la boca abierta como un tonto. Simplemente era perfecta. Unos pechos menudos, ni grandes ni pequeños pero en su sitio justo, alzados y con unos pezones sonrosados que invitaban a lamer hasta quedarte sin papilas gustativas. Una cinturita de avispa que se contorneaba como una bailarina, complementada con unas piernas infinitas. Su piel era blanca, sin ningún tipo de imperfección y con el toque colorado que le daba la excitación del momento. Cuando se quitó las tanguita fue el acabose, rasurado, con una línea de vello perfectamente hecha y unos labios jugosos que te hacían perder la visión. Esa diosa estaba ante mí desde hace años mientras me tiraba a su inferior hermana. Se tumbó exactamente en la posición en la que puse a mi novia y dijo las palabras mágicas: -Vamos Sergio, hazme gritar. Me levanté, quité medio rompiendo la camiseta que llevaba y le abrí las piernas. No pude evitar bajar la cabeza a su entrepierna y lamer como un loco. Estaba delicioso, totalmente mojado y con un color precioso. -Ahhhh sí asiii siii Ahhhh …-gemía ella. Me estaba volviendo loco, subí las manos a sus pechos y empecé amasarlos uno tras otro mientras no dejaba de lamer. La quería toda para mí, comerme todo su cuerpo centímetro a centímetro de su piel. Estaba disfrutando con eso como un niño hasta que vi cómo se contorsionaba en un orgasmo que la hizo gritar. Ayyyyyyyyyyy ayyyyyyyyyyyy ahhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhh Mientras se relajaba un poco me pidió lo que ya ansiaba: -ahhhhhh siiii Bien…penétrame ahora…por favor… No te preocupes por el condón, tomo la píldora desde hace tiempo. Dicho y hecho me levanté a horcajadas y sin apenas apuntar se la metí. Entraba como si su vagina hubiese nacido con una adaptación perfecta a mi pene. La sensación era indescriptible, estaba apretado pero sin impedir la penetración, sentía el calor habitual pero este era mágico, envolvía todo mi ser. Perdí la noción del tiempo, simplemente metía y sacaba, lentamente, disfrutando cada segundo mientras la miraba a la cara, a esa dulce cara de jovencita de 18 años ruborizada. -Elena…voy a correrme ya… -dije entre gemidos. –ayyyyyyyyyyyy ayyyyyyyy ayyyyyyyyyya ayyyyyyyyyyyyy Hazlo dentro de mí por favorr, vamos. Apenas terminó de decir eso descargué como nunca lo había hecho. Totalmente paralizado sentí cómo la llenaba completamente, no podía parar de salir. Cuando por fin acabé me dejé caer con cuidado encima de su pecho, dejándome la cabeza entre sus dos perfectas tetas. Ella empezó a acariciarme el pelo. -Ha sido fantástico Sergio… -¿Podremos…?-dije algo nervioso- En fin, sigo siendo el novio de tu hermana… Se irguió un poco y me miró con una media sonrisa: -¿Y quién ha dicho que eso tenga que cambiar? Y no cambió. Mi novia y yo seguimos con nuestra relación, lo que incluía las noches de televisión los tres juntos para luego tener sexo en pareja. Aunque sí que hubo un cambio, dejé de ir muchas mañanas a la universidad