Encontre este relato del creador de "La mama de mi amigo German!" (2do en top post de relatos de todos los tiempos!!!), es largo pero impresionante!
Gracias millscorp !!!!!!!!!!!



NO ME PUEDE ESTAR PASANDO A MI

Mi amiga, su hija y yo, el placer en una tarde de verano cuando el calor corre por mis venas.

- ¡Esto es una barbaridad! – sacudí la cabeza mientras manejaba una mañana de noviembre rumbo a mi oficina , como tratando de despejar mi mente de aquellos pensamientos estrafalarios – ¡Tengo 45 años y una nena no me puede poner así! – me rebelé El semáforo se puso en rojo y frené.

- “Conocí todo lo bueno…

“Conocí todo lo malo…

“Sé del beso que se vende…

“Sé del beso que se da…- la letra del tango en la radio parecía burlarse de mí…

Tuve una vida bastante movida. No me puedo quejar…Siempre me trataron bien las mujeres, desde muy temprano me acostumbré a transitar la noche de Buenos Aires, al tiempo que cursaba mis estudios de Ingeniería. Con mi amigo del alma, Freddy, compartíamos un departamentito de solteros que fue testigo de nuestras aventuras juveniles.

El éxito en el trabajo me llevó a vivir en una casa paradisíaca en Brasil…soltero y sin obligaciones, fue una época salvaje… durante la cual, además, pude hacerme de una excelente posición económica.

Joven y sin apremios económicos, a los veintiséis años decidí tomarme unas largas vacaciones y conocer el mundo. Renuncié a mi trabajo, me cargué la guitarra al hombro y me largué a Alemania, donde compré una Ford Transit hecha casa rodante. Durante tres años recorrí Europa, dejándome llevar sólo por mis impulsos, cantando en los restaurantes y pubs para no gastar de mis ahorros. Fue una experiencia enriquecedora esta vida de “hippy con plata” según me bautizaban mis amigos. Conocí todo tipo de gente, hombres y mujeres, ricos y pobres, jóvenes y no tan jóvenes. Gente linda y de la otra. Y no hablo de belleza exterior sino de la más importante, de la interior.

Cuando me pareció suficiente y la nostalgia empezó a hacerse sentir más de lo conveniente, regresé a Buenos Aires dispuesto a sentar cabeza. Formé mi propia empresa proveedora de insumos industriales con la cual me va muy bien, conocí a Mónica, me casé y tengo dos hermosos mellizos, varón y nena, de catorce años. Vivo en una casa de la zona norte de la ciudad, con un parque enorme que me aísla de los vecinos. Como dije antes, no me puedo quejar…

Hace unos nueve años, cuando los mellizos andaban por los cinco, comenzamos a frecuentar un club de la zona. Nada sofisticado, gente de clase media, común, de modo que nuestros niños crecieran en un ambiente que los contuviera, hicieran sus amigos y practicaran deportes. Como no puedo estar quieto, me aficioné al tenis y me divierto mucho con los partidos los fines de semana. Mi esposa se lleva bastante bien con las mujeres del grupo, por lo que fuimos intimando con algunos matrimonios, que vivían cerca de nuestra casa.

Adriana y Ernesto eran los más allegados. Vivían en nuestra misma calle y nuestras edades eran parejas. Ernesto 42 y Adriana 38. Se habían casado muy jóvenes y trabajando duramente lograron estabilizarse económicamente, aunque sin lujos. Ernesto tiene una pequeña empresa dedicada a la construcción y servicios, plomería, albañilería, techos, etc.

Sus hijos eran mayores que los nuestros. Maximiliano ya tenía 20 y Romina (Romy) 18, pero se habían encariñado con ellos desde chiquitos.

Adriana es una mujer muy extrovertida, siempre está de buen humor. En las fiestas que se organizaban en el club acostumbraba bailar con su marido y lo hacían muy bien, sus movimientos eran insinuantemente armónicos. Daba gusto observarlos, y a ellos parecía gustarles ser el centro de atención. Alguna vez, aburrido, me dediqué a observar el cuerpo de ella. Puro deporte, sin segundas intenciones. Es bastante atractiva, rubia, linda de cara, un busto abundante y una colita paradita que sabía mover con gracia.

- En realidad, la lógica es que si me tengo que fijar en una, mire a la madre…- dije en voz alta, hablando conmigo mismo.

Detenido en el semáforo levanté la vista y vi al conductor del auto vecino mirándome con cara divertida. Me di cuenta de que estaba hablando y gesticulando sólo. Debo haber puesto una cara de idiota espectacular, porque el tipo lanzó una carcajada y al cambiar la luz arrancó.

- Ya estoy hablando solo…- me reí yo también – esta piba me tiene loco…

La piba en cuestión no era otra que Romy, la hija de nuestros amigos, la que jugaba de chica con mis hijos. La había visto crecer, desarrollarse hasta convertirse en una espléndida mujer. Cabello negro levemente ondulado, una carita lindísima donde se destacaban unos ojos verdes claros y luminosos, una boca jugosa, palpitante. Alta casi como yo cuando usaba tacos, su busto era como el de su madre, pero más firme y desafiante, una cola rotunda y unas piernas de película, generalmente puestas de manifiesto por minifaldas que rayaban en lo escandaloso…Los muchachos del club se desesperaban por ella.¡Si hasta la pubertad de mi hijo estaba revolucionada por aquellas curvas! La noche anterior en la fiestita que organizara el club con motivo del inicio de la temporada de verano, Romy murmuraba en voz baja con su mamá mientras yo conversaba con los hombres sobre la última fecha del campeonato de fútbol, tema casi obligado. De pronto la niña se encaminó en mi dirección, contoneando las caderas.

- ¡Charly, me vas a sacar a bailar! – me dijo con picardía abrazándome por detrás.

- No seas boba, Romy – dije sorprendido – Bailá con alguno de los chicos, que se babean por vos…

- Dale…- me miró con los ojos brillantes – quiero bailar salsa con vos…- insistió – te vi la otra vez y bailás bárbaro.- dijo. Me pareció descortés seguir negándome .

- No me aprietes mucho…- bromeaba yo al rodear su cintura y apretarla contra mi cuerpo.

- Si no te aprieto no tiene gracia…- me dijo burlona, mirándome recto a los ojos. Me empecé a intranquilizar. Aquel cuerpo, la mejilla rozando la mía, las piernas entreabiertas, su pelvis rozándome…Mi sexo me dio un grito de alerta.

- ¡Qué bien bailás , Romy! – dije por pura fórmula – ¡Con razón los chicos están locos por vos! – traté de halagarla y al mismo tiempo zafar de mi nerviosismo.

- ¡Son tan aburridos! – me volvió a sorprender – Yo me divierto más con vos, tenés más experiencia…Sabés como tratar a una mujer…- a esta altura yo ya abría mi boca azorado. Desvié mi vista, rogando que nadie nos observara o escuchara la inesperada conversación. A corta distancia Adriana bailaba con su marido y nos miraba con cara divertida. Debí ponerme colorado, a juzgar por el calor que sentí subir hasta mi rostro.

- Bueno…me voy a sentar, ya estoy viejo para esto…- traté de disimular.

- ¡Malo! – Romy fingió un pucherito – Me vas a dejar con las ganas…- sus ojos parecían reírse de mi embarazo.

- Bueno, una más – concedí – pero no abuses de un hombre maduro…

- Ya me parecía…- reía ella, con una mirada pícara. ¡Estaba jugando conmigo…!

- “Como juega el gato maula con el mísero ratón…” – evoqué la letra de otro tango en voz alta mientras manejaba. ¡Otra vez hablando solo! Con un esfuerzo supremo alejé a la nena de mi cabeza y me sumergí en el trabajo ajetreado de los viernes. Por la noche, en casa, mi esposa planeaba las vacaciones. Tenemos una casa en Villa Gesell, una localidad costera, y todos los años nos instalábamos en diciembre y permanecíamos todo el verano allí. Yo regresaba a la Capital durante la semana para atender los negocios y pasaba los fines de semana con mi familia en la costa. Adriana y Ernesto habían venido a pasar sus vacaciones el último enero con nosotros.

- Invité a Adriana para que vengan en Enero – me dijo mi señora.

- Fenómeno – contesté. Los chicos estarían encantados y Ernesto era una compañía de pesca aceptable.

- También le dije que podía usar la piscina en diciembre – siguió mi mujer – así me cuida las plantas. Vos seguro que ni te vas a ocupar – remachó.

- Yo voy a estar trabajando…- me defendí -¿Y cómo va a entrar? – No quería estar pendiente de los horarios de Adriana.

- Le dejo una llave…- mi esposa tenía todo calculado

- Bueno…- dije y volví a concentrarme en la película que daban en la tele.

El primer fin de semana de diciembre partimos hacia la playa mi esposa, mis dos hijos, la mucama y yo. Mónica estaba preocupada por como me iba a arreglar sin servicio doméstico, pero yo la tranquilicé diciéndole que antes de conocerla había vivido algunos años y no había muerto de hambre. Nos instalamos en la casa de la costa y aproveché para tomar sol y disfrutar del mar el sábado y el domingo. En la madr
ugada del lunes volví a Buenos Aires. Mientras manejaba por la ruta de regreso me dije que algunos días de soledad y soltería no me vendrían mal…

Llegué a casa a eso de las 8 de la mañana, me bañé y me fui a la oficina. Observando mi agenda, noté que debía llevar el auto a la concesionaria para la revisión correspondiente a los 10000 km. Mi secretaria llamó e hizo los arreglos necesarios para que lo dejara ese mismo día a última hora. Podría retirarlo al día siguiente, después del mediodía. Le indiqué que no concertara ninguna entrevista hasta esa hora, ya que pasaría a retirar el coche directamente desde casa, con lo que aprovecharía para dormir hasta un poco más tarde.

Cuando volvía para casa, pasé por la concesionaria y dejé el auto. El resto del trayecto lo hice a pie, no eran más de veinte cuadras.

Cuando entré a casa me recibió un agradable perfume, no era el acostumbrado. Me puse un short y bajé a la cocina, donde encontré una nota de Adriana donde me decía que había estado en la pileta y regado las plantas. “Pórtate bien ahora que estás soltero” terminaba, lo que provocó una sonrisa en mí. Me di una zambullida en la pileta, me preparé un aperitivo y me acomodé para ver un partido de fútbol americano, esos que estando mi esposa y los chicos en casa nunca podía ver. Mientras transcurría el juego me preparé una cena frugal, tomé un whisky con un café y a eso de medianoche me fui a la cama a dormir. Estaba a mis anchas, solo en casa…

Por la mañana, el calor del sol en mi cara me despertó. Sobresaltado, miré el despertador y comprobé que eran las 9.30. Había olvidado colocarlo para que sonara. Generalmente era Mónica la que lo hacía.

Escuché unas risas en el jardín y me asomé a la ventana. Adriana y Romy estaban en bikini junto a la pileta. Desde el primer piso y semioculto tras las cortinas dediqué un segundo a admirar aquellos dos hermosos cuerpos. Después decidí remolonear algo más en la cama, no era común que pudiera hacerlo. Me recosté y cerré los ojos para dormitar una horita más.

Llevaba unos cinco minutos así cuando noté que las risas abajo habían cesado. Movido por la curiosidad me volví a asomar, ocultándome con las cortinas. No quería que me vieran y pensaran que estaba espiándolas…¡Lo que vi me dejó clavado al piso! Adriana y su hija se habían quitado las bikinis, sus cuerpos desnudos brillaban al sol. Me detuve a contemplar aquel espectáculo. Los pechos de Romy eran enormes, sus pezones paraditos, su cola firme apenas se movía al caminar hacia el borde de la piscina. Su pubis estaba totalmente depilado y desde el primer piso no podía distinguir nada más. A su lado Adriana mostraba unas tetas algo más blandas, se movían deliciosamente al andar, lo mismo que sus glúteos. Su pubis tenía una pequeña línea de pelo prolijamente recortada que se perdía entre sus magníficas piernas. Sentí mi pulso acelerarse y mi miembro crecer debajo del pantaloncito del pijama. Durante un rato me quedé observándolas mientras se bañaban en la piscina, secándose al salir.

Luego se dedicaron a pasarse crema una a la otro. Lo hacían lentamente, como acariciándose, especialmente cuando de los pechos se trataba. Estaban paradas una frente a la otra, mirándose fijamente. Las manos de Adriana levantaban los pechos de Romy y viceversa, en lo que parecía una caricia intensísima. Tragué saliva mientras instintivamente llevaba una mano a mi pija, que estaba escandalosamente erecta.

Adriana puso más crema en su mano y la llevó a la conchita de Romy, que abrió las piernas, flexionándolas levemente para permitir la ¿caricia?. Me pareció ver sus ojos entrecerrarse y una sonrisa de placer distendía sus labios…

- ¡Qué estoy haciendo! – reflexioné, volviendo a la realidad – ¡Escondido en mi casa espiándolas! Ofuscado, me aparté de la ventana y me metí en la ducha para calmarme. Mientras me afeitaba, pensaba cómo salir de aquella situación. Si las saludaba por la ventana las avergonzaría. De modo que me vestí y bajé a la cocina. La bolsa de Adriana sobre la mesa me dio la salida.

- Adriana…- llamé, haciéndome el desentendido -¿Estás ahí? – pregunté sin salir al jardín.

-

Eeeh….sii….¡No salgas! – me contestó . Creí que su voz iba a resultar tensa pero sonaba tranquila, segura.

- Bueno…- permanecí en la cocina

- Pensamos que te habías ido a la oficina…como no estaba el auto – Adriana me miraba a los ojos al acercarse y me besaba en la mejilla – Buen día….estábamos…desnudas…-¿había un pequeño rubor en su rostro?

- ¡Ah, lo que me perdí! – intenté quebrar la tensión con una broma – Lo que pasa es que dejé el auto en la concesionaria – continué sin transición – Tengo que ir a buscarlo al mediodía.

Romy se acercó y me saludó también, sus ojos estaban brillantes, su sonrisa era pícara. Las dos envolvían sus cuerpos con toallas, no debían haber tenido tiempo de ponerse las bikinis…

- Si querés te hacemos un show – me dijo riendo, provocativa. Esa nena era definitivamente desfachatada.

- Sí – dijo Adriana divertida – que se entere tu padre y nos echa a las dos de casa…- y mirándome -¿Desayunaste?

- Pensaba hacerlo ahora…- mientras me acercaba al refrigerador – ¿ustedes?

- Dejá que yo lo preparo – dijo Adriana – vos sentáte…

Me senté rápidamente, mi miembro comenzaba a manifestarse debajo de mi boxer.

Se dedicaron a preparar el desayuno. Las observé ir y venir en la cocina, las toallas cubriendo sus cuerpos me ponían muy nervioso, parecían querer deslizarse hacia abajo…¿o sería mi íntimo deseo?…

- ¿Qué tal la costa? – me preguntó Adriana, mirándome sonriente, al tiempo que acomodaba la toalla que había descendido sobre su busto, mostrando el nacimiento de sus senos.

- Bien, nos tocó un fin de semana bárbaro para empezar la temporada – contesté mientras atacaba una tostada y sorbía café.

- Se ve que tomaste sol – Adriana me miraba fijamente – Estás quemadito…

- Te queda bárbaro – intervino Romy – y ahora que estás solterito…- me acarició la cara, juguetona, mientras se sentaba. Al inclinarse hacia delante, la toalla se zafó y ella logró sostenerla justo antes de que sus tetas quedaran totalmente descubiertas.

- Romy…te vas a quedar en bolas…- la voz de su madre era insinuante, no se trataba de un reto – Charly se va a morir de un infarto…- me pareció que su sonrisa llevaba algo de complicidad…

- Eeehh…si le habré visto el culito de chiquita…- traté de hacerme el superado y que mi voz sonara normal

- Si…de chiquita…- me miró Adriana, burlona – pero ahora echó un cuerpo la nenita…

- Mami…- Romy se inclinó hacia ella con un gesto de picardía – ¡Sabés las tetas mejores que las nuestras que habrá visto Charly en Europa! – reía sosteniendo la toalla contra su pecho, aunque dejando ver bastante de aquellos volúmenes espectaculares.

- Ver, vi bastantes…- decidí seguir el juego – Pero mejores …No sé…- insinué – Ustedes deben tener lo suyo…- dije en son de broma.

- Ah…mirá vos…- la mirada de Adriana estaba ahora brillante – ¿Cómo es eso? – quiso saber, sonriendo con el rostro encendido.

- Y…- yo ya había recuperado mi aplomo. Si querían jugar al doble sentido, jugaríamos. De cualquier forma, no tenía nada de malo. Los tres conocíamos los límites…- El hecho de que uno esté a dieta no impide que pueda mirar el menú…-dije sonriendo. Ellas festejaron la salida con risitas.

- ¿Y no te dan ganas de comer? – Romy era decididamente atrevida.

- Bueno…hay frutas prohibidas – le contesté – Uno sabe que no puede morderlas aunque lo tienten…- levantando el índice le daba clases. Romy se acomodó en la silla. El valle entre sus pechos invitaba a ser contemplado.

- ¿De verdad no nos viste desnudas? – insistió, provocándome.

- Noo…- no dí el brazo a torcer – Me enteré que estaban aquí cuando vi el bolso de tu mami…- dije, señalándolo.

- Nena, si nos hubiera visto lo diría…entre nosotros hay confianza – Adriana se dirigía a su hija pero me miraba a los ojos, sonriendo – ¡O se nos hubiera tirado encima! – remató con una carcajada La conversación se había puesto muy caliente y no estaba seguro de poder sostenerla sin meter la pata. Miré el reloj y decidí que era tiempo para la retirada honrosa.

-¡Uy, se me va a hacer tarde! – exclamé, haciendo ademán de levantarme.

- Vos trabajás demasiado – me dijo Adriana, jocosa –

Tendrías que tomarte un par de días de descanso…

- Y…los fines de semana – contesté.

- ¡Ah, pero con semejantes viajes volvés más cansado! – insistió ella – Sería mejor durante la semana, te quedás en casa relajado – sonreía – ¡Total, vos sos tu propio jefe!- remató riendo. La tentación era grande…

- Si querés nosotras te atendemos…- Romy siempre conseguía descolocarme.

- Tienen razón… – quise dejar la puerta abierta para seguir el juego – Lo voy a pensar…- mientras me despedía no pude evitar una nueva mirada a los pechos de la nena…

Camino a la concesionaria la cabeza parecía que iba a estallarme. ¿Era posible que Adriana y su hija tuvieran alguna relación “rara”?. No, seguramente todo era producto de mi imaginación, una alucinación causada por el estado de excitación en que me tenía aquella chiquilla…La verdad es que de chiquilla no tenía nada…Adriana tenía razón, había echado un cuerpo de película. Y era bastante atrevida la nena…lo que me ponía más inquieto era el desenfado de su conversación. Yo era un tipo grande…se supone que eso lo tenía que hacer con los chicos de su edad…¡Pero conmigo!. Y lo peor era que yo no lograba sustraerme de su juego. Me atraía irremediablemente el intercambio de insinuaciones. Por otra parte, Adriana lo tomaba con naturalidad. Casi se diría que participaba. Nunca había tenido ese tipo de conversaciones con la amiga de mi mujer, era algo totalmente nuevo para mí…y me excitaba mucho.

No quise saber lo que pensaría Mónica de esto. No es que fuera una mojigata, mi esposa era bastante piola e incluso disfrutaba de las bromas picantes. Pero la conversación de esa mañana había sido tan caliente…¿o sería que yo me había convertido en un pacato? El resto del día no me trajo ninguna solución a mis tribulaciones. Por el contrario, se agregó un sentimiento de culpa al pensar que estaba jugando un juego prohibido con personas muy próximas a mi familia. Sin contar con que Ernesto se enterara de mis conversaciones con su esposa y su hija…

Al anochecer, en casa, estaba mirando un partido de rugby cuando sonó el teléfono.

- Hola, Charly – reconocí la voz de Adriana – ¿Encontraste todo en orden?

- Sí, todo bien…- contesté – ¿Y Ernesto? – Pregunté , un poco por cortesía y otro para lavar la culpa.

- Todavía no llegó – me dijo ella – Estamos solas Romy y yo, aburridas…- y seguido-¿Necesitás algo?…Te puedo mandar a la nena para que te cocine….

- ¡No! – me sobresalté – No, quedáte tranquila, yo me arreglo… – a esta altura me intranquilizaba mucho pensar en estar a solas con la “nena”

- ¿Seguro? –su voz resultaba…¿insinuante? – Mirá que ella va encantada…

- No, gracias – traté de zafar – no te hagas problema, estoy acostumbrado a cocinarme…

- Bueno….pórtate bien….- me dijo – Un beso…- La despedida susurrada en voz baja, profunda, sacudió todos mis instintos.

- Otro…- mi voz sonó algo ronca.

Esa noche tardé bastante en dormirme. No podía quitar a esas dos hembras de mi cabeza. Ni entendía lo que me pasaba. ¡Si veinte días atrás no pasaba nada! Al día siguiente me fui bien temprano a trabajar, más bien escapé de ellas. Al volver a casa me recibió un perfume intenso, excitante. Era el que usaba Adriana, ya lo había percibido en otras ocasiones. Pensaba en ella cuando recibí la llamada de mi mujer.

- ¡Hola, como estás! – decía desde Villa Gesell – ¿Todo bien?

- Sí, todo tranquilo. “La casa está en orden” – dije recordando las palabras de un antiguo presidente de la Argentina en medio de una crisis político-militar.

- Ah, me quedo más tranquila – se burlo Mónica, captando la ironía – ¿Venís el fin de semana?

- ¡Por supuesto! – me apresuré a responder -¿Los chicos?

- Todo perfecto, la estamos pasando bomba…- el hecho de que estuvieran disfrutando me tranquilizó. – ¿La viste a Adriana? – la pregunta me reavivó el sentimiento de culpa y aceleró mis latidos.

- Sii…poco, porque estoy todo el día en el trabajo – contesté, tratando de parecer indiferente.

- Decíle que se prepare, esto está lindísimo – Mónica estaba feliz en la costa .- Dale un beso de mi parte.

- Bueno, te veo el viernes…- saludé – Cuídense. Un beso grandote a los tres.

Me quede mudo; mirando televisión sin verla. Parece que saber que los míos estaban bien y disfrutando de las vacaciones acalló mi conciencia y mis instintos comenzaron a prevalecer sobre mis escrúpulos. Decidí que seguiría con el juego que me tenía tan inquieto. Era una sensación rara, me sentía más joven, como viviendo una aventura. Aunque en realidad no había pasado nada, y no pasaría. Pero rozar el límite de lo prohibido me hacía sentir vivo, me tenía atrapado…

Al día siguiente bien temprano llamé a mi secretaria y le avisé que iba a llegar cerca del mediodía. Me bañé , me puse la malla y salí al jardín a esperar que llegaran Romy y Adriana.

A eso de la 9 aparecieron. Romy traía una camisa blanca que debía ser del padre o del hermano, era muy holgada, desabrochada hasta el tercer botón, dejando ver el sujetador negro de su bikini. Llevaba las mangas enrolladas hasta el codo. La camisa le llegaba hasta los muslos, como una cortísima minifalda que casi ocultaba un shorcito de algodón. En los pies, sandalias de taco no muy alto.

Adriana vestía una túnica que dejaba traslucir su bikini azul, era muy escotada y abierta por los laterales, con una sisa muy pronunciada que mostraba los costados del sujetador. Se ataba en sus caderas y le llegaba hasta la mitad de los muslos, descubriendo sus hermosas piernas. También con sandalias, eran casi de la misma estatura.

-¡Charly, qué milagro en casa! – Me dijo la madre – Vimos el auto…¿estás bien?

- Si, me quedé a hacer un poco de fiaca – expliqué mientras besaba a la nena

- Así me gusta – Romy dejaba su bolso en una silla y comenzaba a desabotonar su camisa…- ¿está buena el agua?

- No sé, todavía no me metí – contesté al tiempo que entornaba los párpados para que no se notara mi mirada al observar el espectáculo de su culo mientras se sacaba el pantaloncito. El elástico arrastró al salir la tanguita y pude ver sus portentosas nalgas por un segundo descubiertas.

- Nena…se te ve el culo…- riendo, Adriana le dio una palmada mientras se quitaba la túnica.

- ¿Se vio mucho? – Romy se volvió riendo mientras me miraba a los ojos

- Poco pero bueno…- sonreí y ellas festejaron la broma con risitas.

Juntas se aproximaron al borde de la piscina y se zambulleron. Me quedé observándolas mientras jugaban a hundirse en el agua. Las bikinis eran atrevidas pero no escandalosas. No se escapaba nada. Estuvieron jugando un rato, murmurando algo entre ellas que no podía escuchar y luego salieron, secándose con las toallas. Se pasaron crema y se tumbaron a tomar sol, mientras bromeábamos sobre cómo los chicos del club miraban a Romy.

- Son unos niños – dijo ella, incorporándose en la reposera – me aburro de sus tonterías…

- A Romy le gustan más grandecitos… – dijo Adriana mirándome con complicidad – debe ser contagio…

- ¿Contagio de quien?…- pregunté intencionadamente haciéndome el tonto

- De la mamá, por supuesto – rió ella – A mí siempre me gustaron los maduritos…

- Bueno, con Ernesto no tenés tanta diferencia de edad…- me extrañé

- Ah, eso es otra historia…- me miró burlona – Para casarse una elige uno de su edad, pero para fantasear…- Yo me reí, nervioso.

- ¿Y, Romy, pasa algo con el viejito? – la pinché, burlón

- No es ningún viejito…- me miró fijo – Es una fruta prohibida…

Se zambulló y comenzó a arrojarnos agua desde la pileta. Adriana y yo nos levantamos y nos zambullimos también. Estuvimos arrojándonos agua un ratito y luego salimos.

- Tengo hambre – dijo Adriana -¿Preparo algo para picar?

- Fenómeno –dije. – ¿Algo de beber?

- Vos prepará los tragos – dijo ella. Para mi sorpresa tomó su túnica y se la puso por encima de la bikini mojada. Luego desató las tiras del sujetados y se lo quitó, colgándolo en el respaldo e la silla, Para mi desesperación, con la mayor naturalidad, se quitó la tanguita y también la dejó en la silla.

- Si entran a la cocina sáquense las mallas, no vayan a mojar adentro – advirtió.

- Bueno mami – contestó Romy como si nada. Yo me quedé tieso. El escote mostraba sus pechos por el centro, y la sisa pronunciada los descubría por los costados, Los lazos de las caderas habían quedado sin atar, por lo que la túnica se abría mostrando las

caderas desnudas y parte de las nalgas. Los pechos en libertad se movían voluptuosamente al andar, amenazando con descubrir los pezones…

Tomando la toalla la coloqué disimuladamente por delante de mi vientre, no fuera a ser que se notara el bulto debajo de mi short.

- La malla…- la voz de Romy me frenó en seco. Me volví para mirarla.¡Qué momento!…

Repitiendo la función de su madre, Romy se puso la camisa y se quitó la bikini, abrochando sólo los tres botones inferiores de la prenda. Era lo único que me faltaba…Los pechos de Romy aparecían entre la abertura superior de la camisa, dejando ver sus redondeces hasta mucho más allá de lo que mis sentidos podían soportar. Los pezones se marcaban debajo de la tela blanca y fina de la prenda y cuando se volvió el final de sus nalgas apareció rotundo. ¡Bingo! Mi pene presionaba mi short de una manera insoportable. ¡Y ellas pretendían que me sacara la malla! .

- Voy a buscar otro pantaloncito…- trataba de zafar del aprieto

- Esperá…- dijo la nena y en voz alta se dirigió a su mamá en el interior de la cocina –Mami…alcánzale un pantaloncito a Charly que no tiene qué ponerse…- dijo riendo.

- No vaya a ser que lo veamos desnudo…- bromeó Adriana – ¿Dónde están?

- En el armario, segundo estante – indiqué.

Romy pasó por delante de mí para entrar. Sus tetas se movían deliciosamente al caminar. Después de un ratito Adriana entreabrió la puerta y me arrojó un pantaloncito de repuesto…

Parecía a propósito…era el de algodón más finito que tenía. ¡Ahora iba a ir preso! Respiré hondo, traté de pensar en algo muy feo para dominar mi erección. Me imaginé a una mujer del club que era extremadamente desagradable…me desnudé y me puse el pantaloncito de algodón…Bueno, no era tan escandaloso…

Con la toalla por delante entré a la cocina, buscando los ojos de ellas. ¡Las dos miraron mi entrepierna con una expresión pícara en el rostro! Haciéndome el tonto fingí secarme el vientre.

- Bueno…- pregunté – ¿Qué toman?

- Gin Cola – dijo Adriana, volviendo a los bocadillos

- Ay, yo también…-dijo Romy – ¿Puedo mami?

- Nena, si te emborrachás , ¿quién lo aguanta a tu padre? – sonrió la madre

- Igual tiene toda la tarde para que se le pase – Romy me tiró un besito agradeciendo el apoyo.

- Bueno, pero comé algo antes de beber…- concedió Adriana mirando a su hija divertida.

Me coloqué la toalla alrededor de la cintura y preparé los tragos. De reojo miraba a las dos hembras que me acompañaban. Estaban de espaldas a mí, atareadas con la comida. El culito de Romy asomaba por debajo de la camisa y la túnica de Adriana transparentaba algo sus nalgas. Me concentré en los tragos y ellas colocaron los platos con los bocadillos sobre la mesa y se sentaron.

- Listo..- dije, girando con un vaso en cada mano y le pasé uno a cada una. El panorama era espectacular. El escote de Adriana cubría lo justo y el valle de los senos de Romy era un lujo.

- Salud..- dijo la madre, bebiendo un traguito de su vaso – Mmm..está riquísimo – me dijo a modo de felicitación. Al inclinarse hacia delante para tomar un bocadillo pude ver uno de sus pezones. Oscuro. Una aureola grande. Generosa…

- Mami, se te va a escapar una teta…- rió Romy mientras bebía de su trago.

- Ay…sii ¡Qué traviesa! – se miró el escote divertida. Pero no hizo mucho por cubrirse.

- Lo que pasa es que se acostumbraron a estar sueltas…- Romy seguía con la broma y ya había consumido la mitad de su bebida.

- ¿Cómo es eso? – le di pié, pensando que quería continuar.

- Lo que pasa es que como nadie nos ve aquí…tomamos sol desnudas…- terció Adriana riendo.

- Ah, si es por mí…no se cohíban – insinué

- Noo….a ver si te tentás…- contestó Adriana, los ojos brillantes, el rostro encendido…

- ¿Te parece que se tentará, mami? – Romy siempre era provocativa

- No se…pero ni pienso averiguarlo…- me miró recto a los ojos – Si alguien se llega a enterar…

- Charly….- ahora era la mirada ardiente de Romy la que me taladraba – vos no le contarías a nadie… – y sonriéndome – ¡Yo digo que no se tienta! Mis instintos estaban desbocados. Aquellas dos mujeres semidesnudas junto a mí, la conversación intencionada, los tragos. Luché por no perder la línea

- Eehh…- no sabía qué decir. El reloj dio las once.

- Yo digo que si…- Adriana me acariciaba con la mirada

- Noo…somos fruta prohibida…- Romy me desafiaba…En ese momento dudé….Pero mi fuerza de voluntad triunfó.

- ¡Uy las once!…¡tengo que ir a la oficina! – emprendí la retirada.

- ¡Siempre el trabajo! – se burló Adriana. Me rebelé, no podía ser que jugaran conmigo de aquella forma…

- La semana que viene me voy a tomar dos días – avisé, lo acababa de decidir.

- Ah, entonces nos tenés que invitar a cenar a un lugar elegante – me atacó la nena, perversa – Papi se va a trabajar toda la semana a Baradero con Maxi, estamos solteritas…

- ¡Aramos dijo el mosquito! – me reí – La que va a estar solterita es tu mami… dije mirando a Adriana fijamente.

- Sii…¡pero me voy a portar bien! – contestó ésta con una sonrisa pícara.

Me bañé y me vestí a los apurones y salí escapando hacia la oficina. El resto del día me concentré en el trabajo y sobre el final, volviendo en el auto, empecé a planear mis próximos pasos. El excitante juego que traía aceleraba mi sangre. No sé lo que deben experimentar los que practican deportes de alto riesgo, pero no debe estar muy lejos de lo que yo sentía…

Mientras cenaba sólo en casa fui delineando mi estrategia. Tenía que ser extremadamente cauteloso. Cubrir todas las posibilidades de error, dejando abiertas las puertas de escape para cualquier imprevisto o error de interpretación. No sabía hasta donde querían llevar ellas su juego. Es más, no sabía cual era su juego. Era como apostar fuerte a un caballo que pagaba mucho…Lo más probable era que entrara último…¡Pero si llegaba a ganar…! Por la mañana me fui temprano a la oficina. Inventé dos citas de negocios en dos firmas lejanas a Buenos Aires, de modo de justificar mis ausencias el martes y el miércoles próximos. No fuera a ser que mi esposa llamara a la oficina…

Al mediodía llamé a casa. Me atendió Adriana.

- ¡Hola, Adri, habla Charly! – comencé

- Te reconocí la voz…- me contestó gentilmente – Te extrañamos…- el susurro era muy insinuante.

- Si, se me amontonó el trabajo…- me justifiqué – A la tarde me voy a la costa, quería saludarlas…

- ¿Volvés el lunes? – quiso saber ella.

- Sí, si te parece podemos cenar el lunes a la noche…- aventuré – Decíle a Ernesto…- me cubrí. La conversación del día anterior podía ser sólo un juego, o Romy podía haber mentido sobre el viaje de su padre y su hermano.

- Ernesto tiene que viajar con Maxi…- confirmó Adriana – ¿Te acordás que te dijo Romy? – al parecer ella también quería dejar firme lo que había insinuado su hija…

- Ah…sii – me hice el tonto – Les debo una cena elegante…

- Bueno…no es obligación…- Adriana no se regalaba…

- Prepárense, el lunes te llamo al mediodía – cerré . –Buen fin de semana y besos para todos – fue mi despedida impersonal.

- Gracias – también sonó desapasionada – Besos a Mónica y a los melli…

Terminé mis tareas contento como un adolescente, todo parecía salir a pedir de mis instintos.

- Estás contento porque te vas a la costa…- hasta mi secretaria pareció notarlo

- Si…por supuesto – asentí.

Por la tarde viajé y a la noche me reuní con gran alborozo con mi familia. Estaban felicísimos, bronceados. No paraban de contar las experiencias de la semana, los planes, estuvimos charlando hasta la medianoche.

Al día siguiente, mientras tomábamos sol , la conversación con Mónica derivó hacia nuestros amigos.

- Pobre Adriana, se debe estar aburriendo, sola en Buenos Aires – me comentaba

- La podrías haber invitado para que viniera con vos en diciembre – me esforcé para que mi voz sonara neutra.

- ¡Pero Ernesto no la deja1 – dijo Mónica – es súper celoso – continuó -¿No viste que ella no baila con nadie en el club?

- ¡No puede ser! – contesté. En realidad nunca había reparado en ese detalle

- ¡Pues es verdad! – se agitó mi esposa, siempre a las mujeres les gusta comentar esas cosas de los grupos sociales – Una vez la sacó a bailar un tipo, creo que juega a vóleibol, y Ernesto le armó un escándalo cuando llegaron a su casa – remató - Nunca lo hubiera pensado…- dije como al pasar La conversación quedó allí. Mentalmente anoté el dato como un riesgo más a tener en cuenta…

No volví a pensar en el asunto en todo el fin de semana, disfruté a pleno de mi familia y de la playa, hasta que el domingo por la noche me subí al auto para regresar a Buenos Aires. Mientras manejaba escuchando música por la ruta, sopesaba los riesgos del juego que iba a jugar, y saboreaba por adelantado la excitación que me producía.

Pasé por casa, me bañé y al mediodía llamé desde la oficina, cerrando la puerta para que mi secretaria no escuchara.

- Bueno…esta noche…- insinué luego de que Adriana me atendiera e intercambiáramos los saludos de rigor

- No quiero que te sientas obligado…- pareció dudar ella

- Lo prometido es deuda – presioné, no fuera cosa de que se me escaparan las palomas.

- Bueno…- se entregó – ¿A qué hora…?

- Las paso a buscar a las nueve por tu casa…- dije, seguro de mí mismo – Pónganse hermosas….

- Somos hermosas…- susurró ella, con una risita que me puso los cabellos de punta, acentuando el “somos”.

Hice reservaciones en “La Bahía”, un discreto restaurante a la orilla del río, alejado de todo circuito social o comercial, para evitar cualquier encuentro inconveniente.

En cuanto terminé de trabajar me fui a casa, dormí una horita, me bañé y me perfumé como un colegial. A las nueve estaba firme tocando a la puerta de la casa de Adriana. No sabía cual me excitaba más….la madre o la hija….o las dos juntas…Sonreí mientras mis fantasías se elevaban hasta límites incalculables.

Me abrió Romy y casi se me corta la respiración. Vestido rojo “strappless”, los hombros al descubierto, el cabello negro cayendo ondulado sobre los hombros enmarcaba su rostro bronceado, donde se destacaban los ojos verdes luminosos y la boca roja, tentadora.

- ¡Mami, mirá el galán que tenemos hoy! – se dirigió a su madre en voz alta, haciéndome pasar a la recepción mientras me besaba inquietantemente en la comisura de los labios – ¡Uy te manché de rouge! – me dijo, y sacando su lengua humedeció su pulgar y me lo pasó por la zona, limpiando la mancha mientras me miraba fijo a los ojos.

- ¿A ver? – Adriana apareció bajo el arco del living. Su vestido negro se sostenía de un solo hombro, el otro quedaba para ser admirado. La tela se adhería a su cuerpo, terminando en una minifalda discreta, corta pero no escandalosa, igual que la de Romy. Las piernas largas, hermosas, bronceadas igual que el rostro encendido y el cabello rubio, con bucles. – ¡Ah, pero qué bien! – extendió sus brazos para saludarme.

- Están divinas…- dije al besarla en la mejilla.- ¿Listas?

- ¿Dónde nos llevás? – preguntó Romy, curiosa.

- ¿Conocen “La Bahía” – dije, esperando que no lo conocieran.

- No…- contestó Adriana – ¿Dónde queda?

- Ah…es una sorpresa – me agrandé.

Subimos al auto y arranqué en dirección al restaurante. La conversación era animada, me preguntaban sobre el fin de semana, Mónica y los chicos.

- Están bárbaros – comenté – Mónica se lamentaba de que no estuvieras allá…

- Me invitó… pero le dije que sola no podía ir…- sentada a mi lado me miró fijo- Ernesto no hubiera querido…

- ¿Por…? – me hice el tonto. Romy soltó una risita en el asiento trasero.

- Dice que la miran en la playa cuando él no está…- comentó.

- ¿A vos te parece que alguien me puede mirar?…- Adriana frunció la boca al preguntar, insinuante.

- Bueno…en bikini sos un espectáculo…- yo no pensaba retroceder.

- ¡Pero si en la playa no uso bikini! – fingió enojarse – ¡Ernesto no me deja! Repasé rápidamente las imágenes del verano anterior. Era cierto, Adriana usaba un bañador enterizo muy recatado en la playa.

- Bueno, igual estás para babearse…- remaché y las dos rieron.

- Daale…- me miró ella, burlona -¡Si vos ni me mirabas el año pasado!

- Hay que disimular…- la halagué. Salí de la avenida en dirección al río. La calle era bastante solitaria y oscura.

- ¿Hay un restaurante por acá? – Preguntó Romy. Y sin transición –Mami…éste nos quiere llevar a un descampado para violarnos…- dijo, y los tres reímos festejando la ocurrencia.

- ¡Noo…con las dos no podría! – contesté con picardía.

- Mmmm…- Romy dejó sentada la duda…

Llegamos al restaurante, una lujosa cabaña de troncos junto al río. Luego de estacionar entramos a un salón lujosamente decorado en rústico, con una luz tenue acogedora, una música espectacular, barra de madera, en fin, bellísimo. El atento maitre nos acompañó hasta una mesa discreta junto al ventanal que daba al río, la vista era maravillosa. La propina agradeció la ubicación privilegiada que había solicitado. Nos sentamos en triángulo, ellas observaban el lugar extasiadas.

- ¡Este lugar es fantástico! – dijo la nena, maravillada por el ambiente.

- Seguro que no venís acá con tu mujer…- Adriana me miraba fijamente – No parece haber muchos matrimonios…- me largó, burlona. Sonreí, Adriana era muy rápida. Las otras mesas estaban ocupadas por parejas y se notaba que eran todas “trampas”…

- Touché – concedí y ella sonreía. – Ustedes no me van a delatar…

- ¡Si papi se entera que vinimos con vos acá, nos echa de casa a las dos! – Romy se hizo cómplice inmediatamente.

- ¡Por nuestro secreto de tres! – brindó Adriana en un susurro y comprendí que las reglas del juego estaban entendidas.

La cena transcurría entre bromas con doble sentido mientras el vino iba calentando nuestros espíritus y soltando nuestras lenguas. Las miradas eran cada vez más brillantes, las bocas cada vez más húmedas…

- El pelado de gris se va dentro de poquito…- insinuó Adriana en voz baja, inclinándose hacia nosotros para no ser escuchada

- Me parece que va a tener fiesta…- secundé la broma

- Y vos te vas a dormir solito…- se burló Romy, sugestiva, con los ojos encendidos.

- Está a dieta…- Adriana trajo a colación la conversación de aquella mañana. Me acarició la mejilla y sentí un calor subirme hasta el rostro.

- Tengan compasión …- dije en tono de súplica y ellas rieron bajito, disfrutando la tortura. Comimos los postres y consumimos el café. Cerca de la una de la madrugada pedí la cuenta para retirarnos.

- Charly, ha sido una noche magnífica…- me dijo Adriana con voz ronca, tomando mi mano sobre la mesa

- Un último brindis…- propuse turbado. – Para festejar…

- ¡Un piquito de tres! – dijo Romina después de beber su resto de vino… Juntamos nuestros labios en el centro de la mesa. Los de Adriana, mórbidos sobre los míos. Los de Romy, mas atrevidos, se apretaron contra los nuestros y para mi sorpresa se entreabrieron. Sentí su lengua jugar sobre mis labios y sobre los de su madre. Azorado, mantuve la boca cerrada mientras advertía que Adriana abría la suya y respondía al beso de su hija…

El tiempo pareció detenerse. Pude ver al mozo que venía con el vuelto de la cuenta y me aparté rápidamente. Ellas me miraron y sonrieron. Ningún comentario.

En el trayecto de vuelta conversamos animadamente y ellas me acariciaban la nuca, besaban mis orejas, jugaban con mis sentidos. No me animé a ir a mi casa, me encaminé hacia la de ellas para que la decisión de bajar o quedarse estuviera a su cargo. Estacioné en la puerta.

- Bajemos rápido, Romy – dijo Adriana – no quiero que nos espíen los vecinos…

- ¿Se divirtieron? – pregunté por pura fórmula, algo decepcionado por no haberme atrevido a presionar más.

- Lo pasamos fenomenal – dijo la nena – Tenemos que repetirlo…

- Pero que no se entere nadie….- recordó Adriana, sonriendo – Tiene que ser nuestro secreto…

- Un piquito de despedida…- Propuso Romy. Apretamos nuestros labios y esta vez abrí también mi boca, jugando con sus lenguas durante un ratito.

- Hasta mañana …- dijo Romy

- Pórtate bien…- Adriana me acarició con la mirada

- Ustedes también…- recomendé, pensando que tal vez ellas se iban a divertir esa noche entre ellas…

Los metros que separaban nuestras casas los recorrí maldiciéndome por no haber aprovechado la situación.

Ya en casa me desvestí, me serví el último trago y me dediqué a planear la mañana siguiente, a ver si podía recuperar la ocasión perdida…

Para cuando terminé el whisky tenía clara la estrategia. Tenía que llevar la conversación hacia los cuerpos. Si lograba que se desnudaran superaría una barrera importante, todo sería más fácil…y placentero. Elegí cuidadosamente las palabras que utilizaría, medí los tiempos, teniendo en cuenta la esperable resistencia de ellas….Me sentí un maestro de la intriga. Finalmente me dormí, no sin antes colocar el despertador para que sonara a las 8.30…

A las nueve de la mañana siguiente, tirado en la reposera junto a la piscina, me moría de ansiedad. ¡Tal vez no vinieran! El ruido de la puerta del frente al cerrarse me tranquilizó. Cerré los ojos esperando la aparición de las diosas…

- ¡Qué vida dura! – bromeó Adriana saliendo al jardín seguida de su hija.

- ¿Está fuerte el sol? – mientras preguntaba, Romy dejó su bolso en una silla y comenzó a quitarse la ropa. Me incorporé y las miré. Las bikinis eran normales, las caras sonrientes no denotaban excitación.

- Está tibio como una caricia…- quise sonar insinuante, pero me pareció muy cursi. Debía encontrar la forma de atacarlas y llevarlas al terreno que había planeado la noche anterior. Romy se volvió, dándome la espalda, y llevó las manos al broche de su sujetador.

- Nena…¿Te vas a desnudar? – la voz de Adriana no censuraba.

- Total Charly debe estar acostumbrado a ver mujeres desnudas en la playa…- contestó la hija tranquilamente, soltando el broche y dejando caer la prenda, para mi desesperación. Luego, con un movimiento que parecía estudiado, soltó los lazos de la tanguita y se la quitó. Mi short se abultó rápidamente.

- ¿Viste el cuerpo que tiene la nena? – Adriana me miraba burlona.

- ¡Espectacular! – alcancé a decir, casi ahogándome.

- ¡Ah, mami no tiene nada que envidiarme! – Romy se dio vuelta, con las manos debajo de los pechos. Los pezones rosados me enfrentaron erguidos. Las piernas entreabiertas dejaban apreciar la conchita depilada. – ¿La querés ver en bolas? – me preguntó descarada.

- ¡Por supuesto! – me apresuré a contestar, agitadísimo. ¡Tanto planear la noche anterior!

- Mmmm…No sé….- Adriana se hacía rogar – Si se entera alguien…. – me miraba fijo, jugando con mis sentidos. Mi erección era ya insoportable.

- Daale …si siempre te desnudás…- la nena se colocó detrás de su madre y comenzó a soltarle el sujetador – Anoche quedamos que lo que pase entre los tres es secreto…-soltó la prenda, retirándola. Las tetas de Adriana brillaron al sol de la mañana, grandes, deseables. Los pezones oscuros debían medir unos 8 cm…

- Charly se va a poner loco…- la madre me miraba divertida mientras la nena atacaba su tanguita.

- ¿Te gustan las tetas de mami? – me preguntó Romy, provocadora, mientras Adriana, abriendo un poco la piernas dejaba caer la tanguita – ¿ Y la conchita? – la hija disfrutaba torturándome. No logré articular palabra, tal era mi estado de excitación.

Las dos riendo corrieron hacia la piscina y se zambulleron.

- ¡Charly, tiráte, está divina! – me invitó Adriana cuando reaparecieron en la superficie. Me levanté y me dispuse a zambullirme yo también.

- ¡Ah, así no vale! – me frenó Romy – ¡Sacáte la malla! El juego estaba planteado. Sin retirada posible, tiré de mi bañador hacia abajo. Mi pene emergió erecto. Ni pensé en ocultarlo. No es que fuera un gran falo, pero tenía con qué defenderme. Los ojos de ambas se dirigieron allí sin ocultamientos.

- Ah , bueno – la voz de Adriana sonó algo ronca – Charly tiene lo suyo…- dijo con picardía al tiempo que yo llegaba junto a ellas.

- ¡No te decía yo lo que había notado bailando en el club! – reía Romy, desfachatada.

- ¡Pero mirá vos! – fingí escandalizarme mientras rodeaba sus cinturas con mis brazos y sus cuerpos desnudos se apretaban debajo del agua contra el mío.

- ¡Un piquito de tres! – Propuso Adriana con voz definitivamente ronca, los ojos encendidos. Juntaron sus bocas con la mía y nuestras lenguas jugaron entre sí, mientras sentía sus manos acariciando mi pija sin inhibición alguna. Estábamos ya en la parte menos profunda de la pileta. Dejándome llevar por mis sentidos acaricié aquellos pechos, los cuatro, mientras besaba sus cuellos.

- ¡Qué goloso sos papi! – Adriana estaba totalmente lanzada.- ¿Te gustan las tetitas de la nena? – me incitaba

- Me vuelven loco – contesté – Igual que las tuyas…

- Las de mami son divinas…- Romy pasaba la lengua por

los pezones de su mamá, que ya estaban duros por la excitación…

- Salgamos del agua…- mirándome a los ojos, Adriana tomó la mano de su hija y la mía y nos guió fuera de la piscina. Las dos desnudas extendieron un lona sobre el césped y se recostaron, besándose en la boca. Romy abrió las piernas para permitir que su madre le acariciara la conchita mientras yo me tendía junto a Adriana, acariciando sus pechos y pasando mi lengua por su espalda descendía hasta su culo. Ella arqueó su cuerpo abriendo sus piernas, y yo encontré con mi lengua los labios de su vagina. Los dedos de ella separaron aquellos labios y recorrí la conchita hasta encontrar un clítoris erecto, que lamí con desesperación, provocando voluptuosas sacudidas de su pelvis. El gusto agridulce de su flujo me invadió la boca, excitándome más aún.

- Ay, Charly, me vas a matar de gusto… – Adriana abandonó por un segundo la concha de su hija, que aprovechó para cambiar de posición buscando mi pija, que comenzó a lamer para después introducirla en su boca. Quedamos enredados en una suerte de 69 triangular. -¡Mirá la nena como chupa la pija! – susurró con voz entrecortada por el placer.

- ¡Me está volviendo loco! – y en voz baja avisé – Romy…voy a acabar…

- ¡Esperá….todavía no! – pidió Romy con voz crispada, levantándose, y los tres volvimos a cambiar de posición. Yo quedé boca arriba, Adriana se arrodilló sobre mi cara para seguir disfrutando de mi lengua. La nena cabalgó sobre mí y con un experto movimiento acomodó la punta de mi verga en la entrada de su vagina, al tiempo que abriendo las piernas iba descendiendo sobre ella. Sin parar de lamer la conchita de Adriana, para no interrumpir su inminente orgasmo, sentí la tibieza apretadita de la cueva de Romy rodeando mi miembro que penetraba lentamente al compás de sus movimientos. – ¡Ay mami, me está cojiendo! – sus bocas se unían en lujuriosos besos mientras se acariciaban las tetas mutuamente.

- ¡Bebé….disfrútalo! – Adriana tomó la cara de su hija con las dos manos sin dejar de hamacar su conchita sobre mi lengua – ¡Voy a acabar otra vez! – gimió mientras sus líquidos inundaban mi boca y mi cara nuevamente.

- ¡Ayy..yo también…! – Romina se agitaba furiosamente encima mío. Vi que no iba a poder aguantar más al sentir las contracciones que su orgasmo provocaban en su vagina. Suavemente la levanté. Ella salió de la penetración y las dos juntas se dedicaron a lamer mi poronga hasta que inevitablemente estalló lanzando chorritos de semen en sus bocas, sus rostros y pechos.

- ¡Así …papi! – Adriana reía lamiendo el líquido en la punta de mi miembro – Vaciá todo…relájate…- murmuraba al tiempo que besaba a la nena.

Quedé desmadejado sobre la lona mientras acariciaba las nalgas de Adriana. Abrí los ojos y me encontré sus rostros mirándome fijamente, sonriendo.

- ¿Te gustó..? – Romy besaba las mejillas de su mamá mientras hablaba

- Son dos diosas…- alcancé a murmurar, al tiempo que nos arrojábamos a la pileta. Durante un rato nos acariciamos los tres.

- Cojer me dio hambre…- insinuó Romy

- Vamos a picar algo – dijo Adriana saliendo del agua. Se secó con la toalla y la dejó al sol , yendo desnuda hacia la cocina. Romy y yo la imitamos.

Mientras preparaba unos generosos gin-cola las observaba dedicadas a los bocadillos. Me producía una rara excitación verlas moverse completamente desnudas por mi casa, bromeando desinhibidas.

- Mami…estabas desatada…- la picardía se adivinaba en el tono de Romy – Charly debe chupar bien la concha…

- Ah…porque vos no disfrutaste nada….- se reía Adriana -¡Si te hubieras visto la cara!

- Siii…-aceptó la nena -¿Tenía mucha cara de puta? – Hablaban con naturalidad, como si de compras papas para el almuerzo se tratara. La conversación me puso muy caliente de nuevo, era algo totalmente desusado para mí…

- Estabas divina…- Adriana la miraba con ternura. Nos sentamos alrededor de la mesa de la cocina, bebiendo los tragos y mordiendo los bocadillos.

- Charly, reponé fuerzas – me dijo, burlona, Romy – Ahora la tenés que cojer a mamá…

- Yo, encantado…- me ofrecí -¿Vamos al dormitorio?

- Noo…- dijo Adriana sonriendo. Pensé que era lógico que se negara, estando su hija presente…- ¡Vamos de nuevo al jardín! – agregó con la mirada brillante – ¡Siempre quise que me cojan al sol! – reía ante mi cara de sorpresa. Salimos los tres atropelladamente, jugando a toquetearnos. Las tetas de ellas se agitaban con los saltitos y yo no paraba de acariciarlas, entre risas y grititos de excitación. Adriana me ofreció sus pechos y yo comencé a saborearlos, al tiempo que la nena volvía a jugar con mi pija…

La madre se recostó nuevamente en la lona, abrió sus piernas, flexionándolas un poco. Me arrodillé frente a su conchita y coloqué la punta de mi miembro en la entrada, apartando los ya húmedos labios vaginales.

- Te voy a cojer despacito… – le susurré – Sentíla entrar…

- Adivinaste…- dijo Romy, mirando sonriente a su mamá – A ella le gusta que la penetres de a poco…

- Mmmm…siii…- gemía Adriana, cerrando los ojitos y comenzando a mover las caderas rítmicamente – La siento toda… – murmuró con voz ronca cuando mis testículos rozaron sus nalgas. Comenzamos a movernos al ritmo de nuestro placer, mientras Romy me besaba en la boca.

- Chupáme la conchita…. – me dijo al oído – Me muero de la calentura…

Miré a Adriana que consintió y cambiamos de posición, quedando yo boca arriba y ella cabalgando sobre mí. Descendió violentamente encima mío, enterrándose mi verga hasta el fondo.

- Chupále la conchita – me pidió entre gemidos – Hacéle como me hiciste a mí…

Romy se agachó sobre mi cara, separando con sus índices los labios de su vagina, ofreciéndome el tesoro depiladito y oloroso. Olor a hembra…

Con mi dos manos separé totalmente sus nalgas y chupé aquella concha con todas las ganas. La nena pareció volverse loca. Se agitaba, temblaba, gritaba de placer.

- ¡Me voy! – gritó, clavando sus uñas en mi pecho, mientras Adriana bombeaba con furor sobre mi pelvis -¡Mami…voy a acabar otra vez!

- ¡Ay …siii..Nena! – sentí las uñas de Adriana también en mi carne – ¡Las dos al mismo tiempo! – se desesperaba -¡Vamos a inundarlo!.

Pocas cosas debe haber tan placenteras como sentir las contracciones de dos orgasmos femeninos sobre el cuerpo de uno. Me sentí venir. Intenté levantar a Adriana, pero se negó rotundamente.

- Nooo…¡Por favor! – gritó – ¡Acabá dentro mío! – se apretó más contra mi cuerpo mientras yo me derramaba dentro de su vientre – ¡Asii….toda tibiecita…! – se relajó, besando los labios de su hija.

- Maami….¡Que puta sos! – Romy sonreía acariciando a su mamá – Me hiciste calentar…- dijo, saliendo de encima mío, mientras las dos me miraban con ternura.

- Bueno…Charly hizo lo suyo… – Adriana se movió con mi verga que perdía volumen dentro de ella.

- No sé porqué me siento un objeto sexual…- bromeé mientras la madre se apartaba de mí. Ellas rieron festejando la insinuación.

- Hace un tiempo queríamos jugar con este objeto…- La madre señaló mi pija, ya totalmente derrumbada.

- Ah…pero ustedes son dos putas divinas…- murmuré mordiendo los cuatro pezones -¿Hace mucho que practican estos..”jueguitos”? – quise saber, morboso.

- Con un hombre…- Romy me miró fijo – Es la primera vez….

- ¡Pero entre nosotras …- Adriana miró a su hija con complicidad – hace algún tiempo…!

- Ah…¿Sí? – quise saber, curioso -¿Cómo es eso?…

- Bueno….- comenzó vacilante Romy – a mi siempre me gustó el cuerpo de mami…-me miró recto – Es hermosa…

- Y yo la miraba crecer envidiando a los pibes que se la iban a cojer…- Adriana parecía de lo más divertida. – Un día salió a la noche y volvió bastante decepcionada, el chico que la había cojido parece que no hizo bien los deberes…

- Era un papanatas…- recordó Romy – Apenas me besó, me acarició un poquito y me la metió casi estando seca…- frunció el seño con fastidio – No me dio tiempo ni a calentarme, acabó y se quedó creyendo el gran semental…- reía en complicidad con su madre.

- La cuestión es que ella volvió a casa y yo estaba sola – los ojos de Adriana brillaban –Le pregunté qué había pasado y me contó – se pasó la lengua por los labios, excitada – Yo le pregunté qué le hubiera gustado que le hicieran…

- Yo le dije que me gustaba que me chuparan las tetitas –siguió Romy, mientras yo, divertido, las mi

raba alternativamente sin atreverme a interrumpir – Mami me soltó el soutien, me las chupó espectacular – se entusiasmó la nena, mientras mi temperatura comenzaba a subir nuevamente.

- Después me pidió que le chupara la conchita…- se turnaban con Adriana, parecían estar de acuerdo – Todavía tenía algo de la lechita del chico mezclada con el flujo…-

- Adriana me miró a los ojos – Vos viste el gustito que tiene la conchita de la nena…

- Riquísimo…- alcancé a decir

- Bueno, la cuestión es que me calenté y yo también empecé a chuparla y no echamos un polvo bárbaro- remató la hija con una carcajada.

- ¿Y cuándo decidieron cojerme a mí? – pregunté, asumiendo el papel de víctima que me correspondía

- El otro día – me miró Adriana, burlona – en la fiesta del club…

- ¿Cooomo…? – fingí escandalizarme.

- Bueno, en realidad ya habíamos fantaseado antes…- ahora los ojos de Romy tenían esa chispita pícara – Yo le había dicho que tal vez nos divertiríamos con un hombre…y ella me dijo que el que mejor estabas eras vos…- me halagó, juguetona.

- En la fiesta, Romy se me acercó y me dijo al oído “¿No te lo cojerías?”- Adriana me acariciaba con la mirada – Ese día estabas muuuy lindo….

- Me dijo que sí….que eras un bombón – se reía Romy – y yo le dije que te atacara…

- Yo le dije que no, Ernesto se podía enojar, vos lo conocés….- recordó Adriana. – Yo te había visto un par de veces mirándome el culo y las tetas, pero no quise arriesgarme…

- ¡Y me mandó al frente a mí! – Remachó la nena – Fue cuando te saqué a bailar…

- Ah, ya me acuerdo… – dije

- Cuando noté que “algo” se ponía durito – me miró burlona – me di cuenta que te podíamos cojer…era cuestión de planearlo bien…- y las dos rieron. Yo recordé la mirada de Adriana cuando bailaba con su hija…

- Bueno…¿Y esto como sigue? – quise saber, mientras acariciaba un pezón de Adriana, que volvía a ponerse duro. Ella entrecerró los ojos, gozando de la cari