Mi fantasía desde pequeño era mi propia hermana


Fuente: http://www.todorelatos.com/relato/74850/
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Soy el hijo pequeño de una familia adinerada, tengo 18 años, pelo moreno y liso, cuerpo fibrado por el gimnasio y una polla de 20 cms. Mi hermana mayor tiene 20, es morena y con el pelo largo, tiene unas tetas grandes y redondas y un culo duro y respingón, ella también va al gimnasio así que tiene un cuerpo escultural y ha sido la protagonista de mis fantasías sexuales desde que las tengo. Tanto es así que ninguna chica ha llegado a convencerme nunca. Mis padres tienen ambos 45 años y se puede decir que somos sus vivas imágenes pero en joven.

Mi hermana y yo, nos llevamos muy bien, tenemos una confianza y una amistad nada comunes entre hermanos, y menos si son del sexo opuesto. Todos mis amigos que tienen hermanas se llevan fatal con ellas. Pero entre Sara (mi hermana) y yo es todo lo contrario. Nos contamos todos nuestros secretos, nos cubrimos ante nuestros padres o profesores cuando hacemos algo mal y hasta salimos de fiesta juntos. Solo hay una cosa que nunca me atrevía a contarle, se trata de la atracción sexual tan intensa que siento hacia ella. Ella bromeaba sobre el hecho de que aún fuera virgen, cuando en realidad no sabía que por dentro me comían las ganas de decirle que solo quiero estar con ella.

Hasta que una noche, habíamos salido a bailar con unos amigos. Mi hermana estaba impresionante. Se puso un vestido azul de tirantes con un escote que dejaba ver su prominente canalillo y una falda con vuelo por encima de las rodillas, unas sandalias negras y un pequeño bolso negro. Se dejó el pelo suelto, cayéndole sobre los hombros y llegando a la altura del pecho. Yo me había puesto una camisa negra, unos tejanos y mis zapatos negros. Siempre llevo los mismos zapatos para salir porque son muy cómodos.

La noche transcurría como otra cualquiera. Mi hermana y yo bailábamos como siempre, aunque yo notaba que mi hermana se arrimaba más de lo normal a mí. Salimos de la discoteca a las 5 de la mañana. Todos los del grupo estábamos bastante contentos y nos dirigíamos hacia nuestras casas montando bastante alboroto. El grupo fue disolviéndose poco a poco por el camino hasta que solo quedábamos mi hermana y yo. Como ambos teníamos hambre decidimos que pararíamos en la churrería de al lado del parque para desayunar, llegamos a la churrería sobre las 6. Acababan de abrir así que tuvimos que esperar a que se calentara el aceite. Mientras esperábamos, me tomé un momento para contemplar a mi hermana. En ese ambiente mañanero se veía preciosa y, consciente o no, me había estado calentando toda la noche.

- ¿Qué miras?

Su dulce voz y su tono meloso taladraron mi cerebro sacándome de mi encandilamiento.

- Pues a mi hermanita.

Dije sonriendo sin saber muy bien porque había dicho eso.

- ¿Y porque me miras?

- Porque no hay nada más bonito donde mirar.

Mis palabras salieron solas, casi sin que yo fuera consciente, y al momento me estaba arrepintiendo de haberlo dicho ¿Que me había pasado? ¿Porque había dicho eso? Miré a mi hermana que tenía sus ojos clavados en mí. Se sonrojó y bajó la mirada al suelo.

- Gracias.

Dijo tímidamente. El dependiente de la churrería rompió con la tensión de la escena avisándonos de que ya estaban los churros listos, así que cogimos la bolsa que nos ofrecía y nos sentamos en el parque a comerlos. Mientras, empezamos a hablar de cómo había ido la noche y a recordar los momentos más divertidos. En una de estas, mi hermana empezó a hablar de una chica que se me había acercado bastante en un momento de la noche, y que se fue al ver que yo la ignoraba.

- Yo creo que a esa chica le gustabas.

- Es posible, pero a mí no me gustaba ella.

- ¿Pero cómo es posible que no te guste ninguna chica? ¿Es que eres gay?

- No, simplemente es que no me gustan.

- No lo entiendo, algo tiene que pasar, esa chica de hoy estaba buenísima hermanito

- Bueno, no tanto...

- Dime una chica que conozcas que esté más buena que esa.

Esa pregunta penetró por mis oídos montando un estropicio en mi cabeza y dejándome totalmente paralizado. De repente mi boca empezó a hablar sin que yo pudiera hacer nada al respecto.

- Tú. Eres lo más bonito que he visto nunca.

Mi hermana volvió a sonrojarse y supongo que yo también.

- ¿Pero qué estás diciendo? Deja de hacer bromas que hablo en serio.

Mi boca seguía escupiendo palabras sin control.

- Yo también. Si soy virgen es porque nunca ninguna chica me ha atraído tanto como tú.

Mi hermana se quedó totalmente pasmada. Se había puesto como un tomate y me miraba fijamente con la boca medio abierta. Sin decir nada más, se levantó y se dirigió hacia nuestra casa. Yo la seguí cabizbajo, temeroso de que se distanciara de mí y dejáramos de ser amigos.

Llegamos a casa y mi hermana abrió la puerta sin mediar palabra. Entró y, para mi sorpresa se dirigió a mi habitación. Los ronquidos de mi padre se oían des del pasillo al pasar, cosa que indicaba que estaba profundamente dormido. Mi madre trabajaba de noche, así que no llegaría hasta las 10 al menos. Entré en mi habitación y allí estaba mi hermana, sentada en mi cama.

- Siéntate, vamos a hablar de ello.

Me dijo seria, y de nuevo mi cuerpo actuó por su cuenta. Me senté y me abalancé sobre mi hermana para besarle en los labios. Para mi sorpresa, Sara me devolvió el beso metiendo su lengua en mi boca. Entonces reaccioné y de un salto me puse otra vez de pié.

- ¿Qué te pasa? ¿Es lo que querías o no?

- Pero eres mi hermana, no está bien.

- No puedo permitir que mi hermanito siga siendo virgen por mi culpa ¿No?

- No tienes que hacerlo por mí.

- ¿Te crees que lo haría si yo no tuviera ganas? ¿Porque te crees que me arrimaba tanto a ti esta noche? Hace tiempo que me atraes.

Después de decir eso se levantó, me puso una mano en el paquete y volvió a besarme. Yo no podía resistir las ganas de recorrer todo su cuerpo con mis manos, así que empecé a sobarle el culo mientras ella me sobaba el paquete. No tardé mucho en levantarle la falda para seguir tocándole el culo y descubrí que llevaba tanga. Había visto su ropa interior tendida a veces y me moría de ganas de ver cuál era y cómo le quedaba. Pero decidí retrasar la sorpresa. Ella empezó a desabrochar los botones de mi camisa dejando mi pecho totalmente a la vista.

- Que cuerpazo tienes hermanito.

Me dijo mientras me acariciaba los abdominales. Yo también quería comprobar el cuerpazo que tenía ella, así que le bajé los tirantes del vestido delicadamente. Los tirantes cayeron por sus brazos y el vestido quedó sujeto por sus pechos. Bajé mis manos desde sus hombros hacia sus pechos llevándome el vestido por delante. La ropa resbaló por su cuerpo hasta llegar al suelo dejándome ver por fin la ropa interior de mi hermana. Llevaba un sujetador de encaje negro y un minúsculo tanguita a juego.

- Dios mío. Estás más buena que en mis fantasías.

Ella se echó a reír. Entonces se acercó de nuevo a mí empujando el vestido con un pie a un lado, terminó de quitarme la camisa y me desabrochó el pantalón haciendo que cayera y dejando a la vista mi bóxer negro con un bulto enorme. Era mi polla que luchaba por salir.

Me senté en la cama para quitarme los zapatos y el pantalón y, cuando quise darme cuenta, Sara estaba de rodillas frente a mí. Comenzó a tocármela por encima del calzoncillo haciendo que se me pusiera más dura todavía. Cuando mi hermana me quitó el bóxer, sentí alivio de que mi polla se librara de la tela que la oprimía.

- Dios mío ¿Que tienes aquí?

No pude evitar reírme al ver la cara de asombro de mi hermana ante mi pene que estaba duro como una roca.

- Qué bien nos lo vamos a pasar.

Dijo mi hermana mientras me la cogía con una mano y acercaba su boca a mis huevos. La sensación de una lengua posándose en mis testículos por primera vez hizo que me cayera de espaldas sobre la cama. No podía creer que mi hermana me estuviera comiendo los cojones, no solo era mi hermana, sino que también había sido la protagonista de mis fantasías desde que tengo lívido. Pero eso no era un sueño, era totalmente real. Sara comenzó un recorrido con su lengua a lo largo de mi pene hasta llegar a la punta. Entonces se la metió en la boca hasta la mitad, tomó aire y terminó de meterse toda esa carne en la boca. Yo no daba crédito de cómo podía caberle todo eso en la boca. Mi hermana empezó un movimiento de sube y baja con su cabeza que me hizo sentir un placer nuevo para mí, nada que ver con masturbarse. No aguanté mucho rato antes de que un escalofrío recorriera mi espalda y mi polla se endureciera más aún. Una gran cantidad de leche comenzó a desfilar por mi polla yendo a parar a la garganta de mi hermana que se esforzaba por no atragantarse. Al final tuvo que dejar salir un poco de semen que resbaló por mi falo hasta mis huevos. Yo mientras me había puesto la almohada en la cara para reprimir los fuertes gemidos que soltaba. Me daba miedo despertar a mi padre. Cuando terminé de descargarme, Sara se la sacó de la boca, tragó lo que aún le quedaba y se puso a limpiarme con su boca la polla y los huevos.

- Nunca pensé que esto fuera tan bueno, que bien lo haces.

Al oír eso mi hermana echó una risita y dijo.

- ¿Cómo sabes que lo hago bien si es la primera vez?

- No lo sé. Pero al menos yo he sentido más placer de lo que nunca habría imaginado.

Entonces me incorporé y le pedí que se tumbara en la cama. Una vez se había tumbado me tomé un momento para contemplarla. Esa visión hizo que mi polla empezara a crecer de nuevo. Estaba deseando saborear todos los rincones de mi hermana, así que le quité el sujetador. Empecé a besarla por el cuello y lentamente fui bajando hasta llegar a sus pechos. Ese pecho firme y redondo. Comencé a saborear sus pezones cómo si se tratara del más delicioso bocado. Iba cambiando de uno a otro y en poco tiempo conseguí que crecieran y se endurecieran. Eso me enorgulleció porque significaba que lo estaba haciendo bien y en un arranque le clavé un suave mordisco en uno de ellos. Un gemido salió de sus labios y su mano se posó en mi nuca para acariciarme el pelo. Muy lentamente fui bajando por su barriga dándole besos, lametones y mordiscos. Y al llegar a la altura de su tanga, tiré de él con los dientes hacia abajo dejando al descubierto su precioso y depilado coñito. Terminé de quitarle el tanga y me puse entre sus piernas para continuar mi recorrido por donde lo había dejado. Deslicé mi lengua por donde debería estar su vello púbico, pero justo antes de llegar al clítoris me desvié hacia su pierna. Me sentía juguetón así que decidí que sería mi hermana la que me iba a pedir que le metiera la lengua en su raja. Chupaba y besaba su muslo, me acercaba a su coño, pero pasaba de largo dejando que mi lengua rozara los labios y seguía por la otra pierna. De vez en cuando pasaba mi lengua por encima de su almeja pero sin llegar a penetrar sus labios y pude observar cómo la humedad de su interior salía por su rajita.

- ¡Quieres hacer el favor de meterme la lengua en el coño de una vez! ¿A qué esperas?

Me reí, pero no la hice esperar más. Metí mi lengua entre sus labios buscando el clítoris. El sabor era mucho mejor de lo que me esperaba. No sé si era por el calentón pero esa almeja me sabía mucho mejor que las que salen del mar. Cuando encontré su botoncito empecé los mismos movimientos que había hecho en sus pezones. La excitación de ella se hacía notar cada vez más. Entonces decidí seguir explorando, bajé mi lengua hasta encontrar el agujerito y la metí dentro tan hondo como pude y tracé un movimiento circular dentro de su agujerito, cosa que le hacía gemir cada vez más fuerte.

- Te va a oír el papa.

- Haz el favor de seguir con lo que hacías, que se te da muy bien.

Y así lo hice. Ahora le restregaba mi lengua por su raja des del clítoris hasta el agujero. Sus gemidos eran cada vez más intensos, y más aún cuando le metí un dedo en su cueva y empecé a moverlo adentro y afuera sin dejar mi trabajo con la lengua. Su cuerpo se arqueó y su cueva se convirtió en una fuente. Saqué los dedos y comencé a succionar su agujerito para beberme el delicioso brebaje que salía por ahí. Era un sabor totalmente nuevo para mí. Agridulce pero rico igualmente. Mi hermana no paraba de gemir mientras yo aspiraba como si fuera un biberón, hasta que volvió a relajarse.

- Quiero follarte hermanita, quiero metértela entera y saber que se siente.

- Pues ven aquí, has dejado el camino listo para que lo andes.

- Sí, pero también quiero ver bien ese precioso culo que tienes.

No tuve que decir nada mas, mi hermana se puso de cuatro patas encima de la cama. Estaba mirando hacia los pies de la cama y hacia la puerta de la habitación. Antes de pasar a las cosas buenas, le acaricié los labios con la punta de mi polla que automáticamente ella separó para dejarme la entrada libre. Le metí la polla adentro y estuve un momento follándome la boca de Sara. Entonces la rodeé y empecé a buscar su agujerito con la punta de mi capullo, restregándoselo por toda la almeja. Acto seguido comencé a perforar lentamente, quería sentir cada centímetro de su coño rodeando mi polla. Cuando sus nalgas tocaron mi barriga comencé un vaivén lento que iba tomando velocidad poco a poco. Mis movimientos habían alcanzado un ritmo frenético cuando de repente se abrió la puerta.

- ¡Papá!

Exclamamos los dos al unísono. Del susto me caí de espaldas golpeando mi cabeza contra la pared. Sara de un salto fue a parar al lado mío tapándose como podía con las sábanas. La cara de mi padre era un poema, estaba totalmente perplejo, con los ojos abiertos al máximo.

- ¿Se puede saber qué es esto? ya verás cuando se entere tu madre.

Mi hermana saltó enseguida.

- No por favor. No se lo digas a la mama, por lo que más quieras.

- ¿Por qué no?

- No creo que llegara a entenderlo nunca.

Mi padre se quedó un momento pensativo.

- Está bien, pero tienes que darme algo a cambio.

- Haré lo que quieras papá, pero no se lo digas.

- Yo sólo quiero participar.

En la cara de mi padre se había dibujado una sonrisa pervertida. Ahora los que estábamos perplejos éramos nosotros dos. Estuvimos unos minutos así, yo no podía quitar la vista de mi padre, pensaba que iba a montar en cólera y va y suelta eso.

- Está bien.

Esas palabras que salían de la boca de mi hermana me sacaron de mis pensamientos, no podía creer que estuviera accediendo. Cuando quise darme cuenta, mi padre se había quitado el pijama y se había sentado en la cama.

- Pues ya puedes empezar a chupar.

Sin chistar para nada, mi hermana se arrodilló en el suelo frente a él y comenzó el trabajito que me había hecho a mí un rato antes. Al ver eso, comencé a excitarme de nuevo, mi polla se había bajado debido al susto, pero ya volvía a coger energía. Me acerqué por detrás a mi hermana y le metí dos dedos a mi hermana en el coño, mientras me la tocaba para que terminara de levantarse. Mi sorpresa fue mayor cuando descubrí que el conejo de mi hermana seguía humedeciéndose. Sara se estaba excitando al comerle la polla a su propio padre. Entonces volví a meterle la polla entera en su almeja, esta vez sin contemplaciones. Continué mi mete saca de antes mientras la polla de mi padre se deslizaba entre los labios de mi hermana. Pronto Sara comenzó a emitir unos gemidos de placer que eran ahogados por la polla del viejo, su orgasmo se acercaba.

- Sigue así hijita que dentro de poco vas a saborear mi leche.

Mi hermana al oír eso aceleró el ritmo de su mamada sin dejar de gemir. Al ver lo guarra que se había puesto mi hermana mi excitación también aumentó. Esa escena le daba un morbo añadido a la situación que ya era tórrida de por si antes de que llegara mi padre. El viejo agarró a Sara por el pelo y le apretó la cabeza hacia abajo haciendo que su polla se perdiera entera en la boca de su propia hija. Entonces empezó a marcar el ritmo de la cabeza de mi hermana tirándole del pelo, era un ritmo muy acelerado, parecía que se estuviera masturbando con la cabeza de mi hermana. Soltó un estrepitoso gemido que resonó por toda la casa y que anunciaba que su leche ya estaba saliendo de su nabo. Entonces la que empezó a gemir más fuerte fue mi hermana. No sé si por mis movimientos o por la leche de mi padre pero Sara estaba teniendo otro orgasmo, esta vez más fuerte que el anterior. Eso hizo que mi polla llegara al máximo y empecé a descargarme dentro del coño de mi hermana. Cuando terminé de sacarlo todo, saqué la polla de ahí dentro y un chorro de mi leche se escapó deslizándose por las piernas de Sara que seguía entretenida limpiando la leche que se le había escapado de la boca y dejando la verga de mi padre limpia de nuevo, y de paso evitando que se le bajara.

Mientras, a mi me había dado tiempo de acercarme al baño para coger un rollo de papel que usé para limpiar lo que se había derramado por las piernas de Sara. Una vez estuvo todo limpio, tanto ella como mi padre. El viejo le ordenó que se tumbara en la cama bocarriba, le separó las piernas y se acercó a ella. Le plantó un beso en la boca.

- Indícale el camino, que anda un poco perdida.

Mi hermana cogió la polla de mi padre y se la metió en el coño. Una vez estuvo completamente dentro, mi padre se incorporó arrodillándose en la cama y sin sacarla de dentro. Entonces cogió una de las piernas de mi hermana y la cruzó por encima de su cabeza haciendo que ella quedara tumbada de lado y mirando hacia el borde de la cama. Empezó con un movimiento suave que iba acelerando poco a poco. Yo aproveché esa postura para acercarme a la cabeza de mi hermana y también la morreé, metiendo toda mi lengua en su boca.

- A mí nadie me ha limpiado.

Dicho esto me incorporé y sin ningún miramiento me abrí paso con mi falo en la boca de mi hermana. No esperé a que ella me la chupase, fui yo el que empezó a follarse literalmente la boca de Sara. Mientras, mi padre, contemplaba la escena sin dejar su movimiento dentro de ese delicioso coño.

- Así me gusta hijo, con iniciativa. Esta niña necesita guerra y entre tú y yo se la daremos.

Saqué un momento la polla de la boca de mi hermana y le dije.

- ¿Quieres decir algo?

- Lo que quiero es que vuelvas a meterme ese trozo de carne en la boca. Quiero que me folléis los dos más fuerte.

Así que volví a follarme la boca de mi hermana. Unos minutos más tarde, mi padre me pidió con un gesto que me apartara, cogió a mi hermana como si fuera una muñeca y la puso a cuatro patas. Con la polla aún metida dentro y sin dejar de moverse, empezó a acariciarle el ano con un delo.

- ¿Alguna vez ha entrado alguien aquí?

- No.

- Pues prepárate porque vas a disfrutar tu primera vez.

- Espera un momento.

Dije yo.

- Si nadie ha entrado por ahí nunca, quiero tener el honor de ser el primero, ya que ella ha sido la primera en probar mi polla.

- Está bien hijo, acércate y te enseñaré cómo desvirgar un culo para que no le hagas mucho daño.

Siguiendo las indicaciones de mi padre me llené un dedo de saliva y lo metí lentamente en el culo de mi hermana. Ella soltó un gemido y al mirarle a la cara vi que tenía expresión de dolor.

- No te preocupes hijo, aunque no lo parezca, lo está disfrutando.

Como veía que Sara no ponía objeción y ese agujero empezaba a ceder, metí un segundo dedo. Iba metiendo y sacando los dedos y viendo la cara de dolor de mi hermana. Sin saber porqué esa expresión me excitó más aún y, al ver que los dedos ya entraban y salían bien, mi padre me dijo que ya podía meterla, pero que fuera con cuidado. Dicho y hecho, cogí mi polla, la apunté al ano de mi hermana y comencé a presionar suavemente. Poco a poco mi verga fue tomando lugar dentro del estrecho culo de mi hermana que iba soltando gemidos de dolor. Cuando había metido la mitad me detuve un momento. Sin sacarla, me incliné hacia delante y le metí un dedo en el coño de mi hermana. Mi intención era que ella tuviera un momento de placer antes de seguir provocándole dolor, pero enseguida sentí que la rajita de mi hermana seguía totalmente húmeda y dispuesta. Le masajeé la almeja un momento y seguí perforando su culo que recibía visitas por primera vez. El ver que ese dolor que yo le provocaba la seguía excitando dejé de preocuparme. A pesar de su estrechez, ese culo se tragó toda mi polla hasta que mis cojones estaban tocando su almeja. Me quedé un momento quieto, sintiendo la presión a la que estaba sometida mi polla hasta que la voz de mi hermana me sacó de ahí.

- Empieza a moverte de una vez cabrón o cámbiale el puesto a papá.

Siguiendo sus órdenes empecé a hacer el recorrido del culo de Sara con mi polla y los gemidos de ella se hicieron más fuertes. A mi padre se le veía excitadísimo, así que acercó su verga a la boca de mi hermana y se la ofreció para comer. Ella abrió la boca y empezó a engullir la carne de su padre como si llevara una semana sin comer. Estuvimos así unos minutos y mi padre de nuevo tomó la directiva. Me dijo que me levantara y me tumbara en la cama. A mi hermana le dijo que se sentara en mi polla y se tumbara encima mío. Pude sentir como mi padre se acomodaba de rodillas entre mis piernas. Entonces entendí lo que quería hacer. La expresión de mi hermana cambió al sentir el rabo de su padre entrando por detrás, al mismo tiempo que tenía el mío completamente metido. Pero su expresión esta vez ya no era de dolor, sino de vicio y placer.

- ¡Muévete niña!

Dijo mi padre, y se oyó un fuerte cachete en el culo de mi hermana. Acto seguido ella empezó a moverse arriba y abajo clavándose los dos rabos a la vez ella solita. Ahora sus gemidos resonaban por toda la casa. No había pasado ni un minuto que mi hermana se estaba corriendo de nuevo. Pude sentir como sus flujos resbalaban por mi polla y mis huevos hasta llegar a la sábana. Sara cayó exhausta encima mío.

- No te pares niña, que seguimos aquí.

Mi hermana clavó sus manos en el colchón, se reincorporó y volvió a empezar su movimiento de vaivén. Dos veces más se corrió hasta que mi padre le sacó la polla del culo.

- Date la vuelta, vamos a cambiar de agujero.

Mi hermana se incorporó y se dio la vuelta clavándose ella misma mi verga por detrás. Se reclinó hacia mí sujetándose con las manos en el colchón y separó las piernas todo lo que pudo. Mi padre se acercó y le embuchó toda la carne en su raja sin ningún miramiento y antes de que empezara a moverse, mi hermana se corrió otra vez.

- Jo niña, que cachonda eres.

Dijo mi padre, y comenzó a clavársela fuertemente. Yo también inicié mi movimiento pélvico metiendo y sacando la polla del culo de mi hermana mientras le manoseaba las tetas. Tres veces más se corrió ella hasta que empecé a notar un cosquilleo en las piernas que subió invadiendo todo mi cuerpo. Solté un gran gemido y comencé a moverme más fuerte aún. La estaba embistiendo de manera bestial cuando un gran chorro de leche comenzó a verterse en el culo de mi hermana. Ella, al sentir tanta leche tuvo otro orgasmo, casi eran continuados ya. Dejé mi polla totalmente metida dentro, esperando pacientemente a que mi padre tuviera su ración también. No se hicieron esperar mucho sus gemidos y aceleró el ritmo como lo había hecho yo antes. Los gemidos de mi hermana hicieron notar que tenía otro orgasmo. Entonces mi padre sacó su polla y comenzó a derramar toda su leche encima de mi hermana. Eran tan fuertes los chorros que soltaba que dejaron a mi hermana llena de semen desde la cara hasta la barriga.

Los tres estábamos exhaustos, mi padre se levantó y se fue a la cocina. Mi hermana y yo nos fuimos al baño para ducharnos. Le pedí si podíamos ducharnos juntos y ella accedió. Cogí la ducha y empecé a mojarla de arriba abajo pasando el chorro por sus pezones que se pusieron duros de nuevo. Solté la ducha y me puse jabón en una mano, que empecé a frotar por todo su cuerpo llenándola de espuma. Aproveché para meterle mano a mi hermana por todo su cuerpo y, cuando tocó el turno a su almeja, aproveche para meter mi dedo dentro y moverlo un poco. Eso y mi juventud hicieron que mi polla volviera a levantarse.

- ¿Aún no has tenido suficiente?

- Yo sí, pero parece ser que ella no.

Y dibujé en mi cara una sonrisa picarona.

- Está bien.

Ahora la que se reía era ella mientras se agachaba para meterse mi polla en la boca. Comenzó a chupármela una vez más. Esta vez se ayudaba con la mano. Al cabo de un momento se la sacó de la boca y dijo.

- Pero no vas a ser tu solo el que tenga más.

Se incorporó y se puso de espaldas a mí. Entonces se agachó dejándome a mi disposición su almeja y su culo, con las manos en la repisa de la bañera. Yo estaba de nuevo juguetón. La metí completamente en su coño, la saqué y la metí en su culo. Estuve alternando los dos agujeros un rato hasta que mi excitación llegó de nuevo a su límite. Mientras mi hermana gemía de nuevo, otra vez volvía a estar a punto de un orgasmo. Yo también estaba llegando, así que la metí en su coño y empecé un vaivén frenético. Entonces mi hermana aumentó el volumen de sus gemidos cosa que indicaba que se estaba corriendo. De nuevo ese cosquilleo que empezó en mis huevos y se extendió por todo mi cuerpo. Mi polla entraba y salía del coño de mi hermana a la velocidad del sonido mientras el agua de la ducha caía encima de nosotros. Volví a escupir lo que tenía dentro del coño de mi hermana que soltó un gran gemido que seguro que oyó mi padre. Una vez habíamos terminado, terminamos de ducharnos, nos pusimos los pijamas y salimos al comedor. Para sorpresa nuestra, mi padre había preparado desayuno para 4. Entonces me fijé en el reloj y me di cuenta de que faltaban 5 minutos para que llegara mi madre. Todo lo que había pasado esa mañana me hizo perder completamente la noción del tiempo.

Cuando llegó mi madre cansada de trabajar, se llevó una grata sorpresa al encontrarnos a todos ahí dispuestos para desayunar. Si ella supiera el motivo por el que mi hermana y yo estábamos despiertos, seguro que le daría un ataque de ansiedad. Después del desayuno, mi madre fue la primera en acostarse. Yo le pedí a mi hermana que durmiera conmigo y accedió. Estuvimos durmiendo hasta que mi padre nos despertó a las 5 de la tarde.

- Vuestra madre se va a despertar, que no os vea durmiendo juntos.

Desde ese día, cuando mi hermana y yo estábamos solos o con mi padre, nos comportábamos como si fuéramos novios. Aprovechábamos las noches que mi madre trabajaba para hacer el amor y dormir juntos. Algunas veces se unía mi padre también a la fiesta, como “renovación del contrato de silencio” como decía él. Cuando pudimos, mi hermana y yo nos fuimos a vivir juntos y hasta día de hoy es más mi esposa que mi hermana.