Si uno desea algo firmemente es probable que lo consiga. Esta frase la hemos leído miles de veces, pero siempre con cierto escepticismo. En mi caso, sin embargo, voy a contarles como se hizo realidad.
Desde la ventana de mi trabajo, la veo pasar todos los días. Con su uniforme de maestra jardinera, cargada de carpetas, cartulinas y crayones. Su nombre, no es importante, pongamos para darle uno, Marisa.
Una mujer realmente hermosa. Pisando los 40, pero tan atractiva como cuando la vi por primera vez, en la pileta del club, con 25 años y una bikini blanca que cortaba la respiración. Desde ese día creo que me propuse tenerla. Pero la tarea era imposible. Se convirtió en una de esas 4 ó 5 mujeres que uno ve todos los días y que sueña con tener.
Una pequeña ciudad, donde todos los movimientos eran vistos y comentados por todo el mundo. No compartíamos ningún ámbito donde yo pudiera hablarle, y ella jamás ni siquiera me había visto. Pasaba a mi lado como si fuera un adorno puesto en la vereda.
Casada, un par de hijos, su esposo era bastante primitivo. Sin una gran educación, dedicaba todo su tiempo al trabajo. Fines de semana, tarde en la noche. En fin, tenían una posición acomodada, pero no me parecía que ese era el hombre que podía satisfacer sus necesidades espirituales, y mas aún, luego de varios años de casados.
De pronto, lo imposible ocurrió. Un buen día, estoy en la puerta de mi trabajo, tomando un poco de aire, y ella pasa a mi lado, me mira, sonríe y me saluda. De prisa contesto su saludo y me quedó allí congelado. Nunca me había hablado. Nunca me había saludado. ¿ Y ahora por qué?
Esta situación rebotó en mi cabeza todo el día. Al día siguiente me resultó imposible acercarme a ella. Solo pude verla pasar por la ventana, y me pareció que ella miraba hacia mi oficina como si quisiera verme. Pero pensé, esto es el resultado de las ganas que tenés de que lo haga, no sueñes, me reprochaba a mi mismo.
¿ Como llegar a su corazón? Me imaginé que el romanticismo no era lo que abundaba en su matrimonio, y al día siguiente, esperé que pasara y cuando estuvo cerca y me saludó aproveché para hablarle y ofrecerle un chocolate.
- No, te agradezco, fue su respuesta con cara de sorpresa.
- Aceptalo, por favor, me lo han regalado y no puedo comer tanto dulce.
- Bueno, siendo así lo acepto. Si hay algo que me pierde es el chocolate. Me agradeció y se alejó hacia su trabajo.
Durante varios días pensé de que manera entablar una conexión más sólida que el simple hecho de cruzarla en la vereda, situación que además podía llamar la atención de algún conocido.
Por fin, tomé un libro de poemas de mi biblioteca, marqué uno que de alguna manera hacía referencia a esta situación, y al día siguiente cuando pasó, me acerqué y se lo ofrecí.
- No, perdona pero no puedo aceptarlo, dijo intentando seguir su camino.
- Espera, no es un regalo, te lo presto para que lo leas porque me parece que este autor te va a interesar. No lo compré para tí, este libro es mío. Ante el argumento volvió sobre sus pasos.
- Bueno si es un préstamo no hay problemas, pero ¿ cómo te lo devuelvo?
- No hay problemas, en la contratapa está mi celular y mi mail. Cuando lo hayas leído me gustaría que me hicieras algún comentario, y combinamos el día para que me lo devuelvas, le dije amistosamente.
- Ok. gracias, y te diré lo que me parezca el libro cuando lo lea, y sin más se alejó. Detrás de sus caderas fueron mis ojos. Su cuerpo era de una voluptuosidad inconcebible. Cuello largo, espaldas fuertes, una cintura bien marcada, un trasero duro y repingado y dos piernas largas y torneadas. Verla irse era un placer. Pero no lo era menos verla llegar. Cabello rubio natural, ojos verdes, unos senos rotundos y un abdomen liso que marcaba un monte de venus sumamente sensual.
Dejé pasar unos días, con un terrible esfuerzo para no salir a verla cuando pasaba, y revisando constantemente mi correo, a la espera del milagro.
Pasaron unos 10 días, hasta que por fin mi vida cambió.
Un mail de un remitente desconocido, pero que yo esperaba.
“ Muy interesante el libro. Me gustaron algunos poemas más que otros. Especialmente uno que estaba marcado, me imagino que porque a tí también te gustó . Estoy releyendo algunas partes, así que en unos días te aviso cuando te lo devuelvo. Marisa”
Estimada Marisa: me alegro que te haya gustado. Como no tenemos oportunidad de conversar en ninguna parte, me gustaría que me dieras el número de tu celular, así puedo llamarte y charlamos. Sería interesante que me dijeras en que horario te puedo llamar de manera que no te cause ninguna molestia”. Afectuosamente, Carlos” Delicadamente el mensaje era. “ En que horario no está tu marido escuchando”. Si ella lo contestaba, entonces habíamos avanzado varios casilleros.
“ Carlos: mi celular es. Xxxxxxxxxxxxxxxxxx. El mejor momento para llamarme es alrededor de las 4 de la tarde cuando estoy en receso en mi trabajo y puedo atender sin problemas. Marisa”
Sentí trompetas, tambores, vi estrellitas, fuegos articiales, todo lo que puedan imaginarse. Ella me pedía que la llamara cuando no estaba en su casa, cuando estaba en el trabajo y donde nadie podría controlarla. Desde ese momento mi excitación fue in crescendo. Me iba a costar mucho controlarme. La deseaba con todo mi cuerpo y mi alma.
Dejé pasar un par de días y por fin a las 4 de la tarde llamé a su celular. Sonó un par de veces y una voz dulce y sensual respondió del otro lado.
- Hola
- Hola Marisa, Carlos te habla
- Hola Carlos, que gusto escucharte.
- Y no te imaginas lo que significa para mí escuchar tu voz. Realmente creí que nunca ibamos a poder hablar tranquilos.
- Si, las ciudades chicas son complicadas para hacer amigos, si no son los de tu entorno y de los lugares que frecuentás.
- Exacto, y nosotros no tenemos ningún lugar en común donde conversar.
- Si, eso pensaba. Parece mentira que siendo esto tan chico no nos hayamos encontrado en ninguna parte.
- Bueno, por un lado mejor, así nadie anda imaginando cosas raras, ya que no nos verán juntos jamás.
- Si, en eso tenés razón, pero es una pena que la gente sea tan chismosa, si uno no hace nada malo. “ por ahora”, pensé mientras la escuchaba.
- Al final, te gustaba la poesía, como me imaginé, le dije
- Si, me gusta, lo que pasa que no hay tiempo muchas veces para leer y menos ese tipo de obras.
- ¿ En tu casa no leen?, pregunté inocentemente.
- No, mi esposo vuelve tarde del trabajo y lo menos que le interesa es leer algo. Es una pena porque la lectura te educa y mejora la conversación. De otra manera todo se hace muy rutinario, dijo con pena.
- Si, la lectura te permite ver cosas nuevas. Cuando me devuelvas ese libro, si no te molesta te prestaré otro, le dije.
- No, no hay problema, mañana te lo alcanzo. ¿ Cuál vas a prestarme?
- Que sea una sorpresa, y después lo comentamos
-Bueno. Lamentablemente tengo que colgar. Ya empieza mi horario de trabajo.
- Está bien. Ha sido un verdadero placer escuchar tu voz
- gracias, y gracias por llamar.
Al día siguiente me devolvió el libro de poemas y le entregué otro envuelto, que se llevó a su trabajo.
Por la noche un mail ya estaba repicando en mi correo.
“ Estimado Carlos: Muchas veces sentí nombrar este libro pero no había podido leerlo. Espero que valga la pena. El título al menos es muy sugestivo. Marisa”
¿ No habrá sido muy apresurado y evidente prestarle “ El amante de Lady Chatterley? Y bueno, los dos eramos grandecitos, no tenía mucho sentido que jugáramos a las escondidas. Ella debía suponer lo que yo quería, y estaba en su decisión que yo lo consiguiera, si ella quería lo mismo.
Al día siguiente la llamé.
- ¿ Que tal Carlos? Dijo al atender.
- Hola Marisa, ¿ cómo anda la lectura?
- Excelente. Anoche me quedé hasta tarde. No podía dejar el libro. Muy interesante la historia, y por otra parte muy real. En el libro tiene que ver con una incapacidad física del esposo, pero en realidad se refiere a la rutina que es tan invalidante como una parálisis para el amor, dijo de un tirón
- Comparto tu análisis. Por otra parte el tema de la fidelidad o infidelidad tiene que ver con las costumbres de nuestra sociedad. No se es mejor o peor persona de acuerdo con lo que hagamos en la cama y con quien.
- Exacto, es lo que siempre discuto con mis amigas. Viven mirando lo que hacen los demás y ellas llevan una vida lamentable, arrastrando matrimonios por el que dirán y sin darse la oportunidad de sentirse bien nunca.
- Tenés razón. La cuestión es si una persona puede querer a varias al mismo tiempo,aunque de diferente manera. Cada día me convenzo mas de que esto es posible.
- No estoy muy segura, pero puede ser. Una puede querer a su esposo, con quien comparte familia, bienes, proyectos, y de pronto sentirse atraída por otra persona que viene a complementar lo que su vida necesita. ¿ ese es el concepto?
- Tal cual, esa es mi idea, pero cada persona es un mundo y no todos reaccionamos igual. ¿ En que parte estás?
- No, me da vergüenza contarte, dijo riendo
- Vamos que yo también lo he leído, no voy a escandalizarme.
- Estoy en el segundo encuentro de la señora con su amante.
- Ahh, es una parte muy buena, te va a gustar
Y así seguimos conversando un rato largo, hasta que nuestra obligaciones nos llamaron.
Esa noche en un extenso mail, ella me contó sus impresiones sobre el libro. Lo mandó a las 4 de la mañana, lo que daba fe de que no había podido dejar de leerlo hasta terminarlo.
Por fin, luego de seguir de esta forma unos días, acordamos conectarnos por chat. El único momento disponible era por la mañana, cuando su esposo se iba a trabajar, y sus hijos dormían. Me complicaba mucho en mi trabajo, pero valía la pena, aunque me echaran.
- Hola Carlos
- Hola Marisa, ¿ dormiste?
- Mas o menos. Me acosté tarde, y mi marido me despierta con los preparativos para irse al trabajo.
- Es una suerte, así podemos conversar
- si, eso es lo único bueno, desde hace un tiempo.
- ¿ ya te preparaste para empezar el día?
- No, todavía estoy con la ropa de dormir.
- ¿ y que usás? Si no es una indiscreción...
- Es una indiscreción
- perdón
- no, es una broma. Generalmente una remera larga que parece un camisón, con un estampado de gatitos en el frente.
- Ohh, que tierna
- no te burles, es una prenda realmente cómoda
- me imagino. ¿ vas siempre al club?
- Si, cuando puedo. Me gusta tomar sol, pero ¿ como sabes que voy? No te he visto nunca.
- Es cierto. Yo no voy. Fui una sola vez hace muchos años y te vi que estabas allí.
- ¿ Me viste? ¿ Y como te acordás?
- No hay ninguna posibilidad que olvide tu piel bronceada y tu bikini blanca que parecía pintada al cuerpo. No dormí por varias noches, te aseguro
- ja, ja, ja, que bromista eres
- No te reirías si vos te hubieras quedado varias días sin dormir
- bueno, está bien, parece que mi piel bronceada te quitó el sueño.
- ¿ Puedo decir lo que pienso? ¿ No te vas a ofender?
- Para nada, creo que tenemos suficiente confianza como amigos.
- En realidad no fue tu piel bronceada, sino imaginarme las partes que no estaban bronceadas...
- ¡¡Que malo que sos!! voy a tener que dejar de hablar contigo, si seguís en este camino
- Por favor, no te enojes. No creo que diga nada que te sorprenda, si digo que realmente me gustás mucho.
- Pero la idea es ser amigos, y si mezclamos las cosas se van a complicar
- ¿ Como controlamos lo que sentimos? Eso también es complicado.
- Si, pero somos grandes y tenemos nuestros compromisos, así que debemos controlar lo que decimos... y lo que hacemos
- Por lo msmo que decís... somos grandes... ¿ Qué tenemos que esperar para disfrutar de las cosas que nos gustan?
- Que no dañemos a los demás, haciendo lo que sentimos. Ya no estamos solos para jugar estos juegos... y ahora te dejo que mis hijos se están despertando. Otro día seguimos. Chau.
Como explicar el grado de excitación que sentía en ese momento. Ella trataba de poner límites, pero era evidente que no estaba del todo convencida de querer ponerlos. El chiste era avanzar en ese camino y esperar, con paciencia, los resultados. Y la paciencia nunca fue mi virtud, así que todo iba a ser muy dificil. Tuve que esforzarme para controlar mis deseos, y convencerme de esperar.

- Hola Carlos
- Marisa, te extrañaba. Ayer no te conectaste.
- Imposible. Tuve algunos problemitas en casa.
- Contame, si querés.
- Problemas de pareja. Lo de siempre. Mi marido es extremadamente celoso, y antenoche salimos a cenar y aparentemente en el restaurant había un hombre que se pasó la noche mirándome, cosa que yo no noté, pero él si. Volvió a casa muy serio, y a la mañana siguiente antes de irse a trabajar comenzó a reprocharme que me pasara la vida incitando a todos los machos que encontraba (textual). Primero no entendía nada, y cuando me explicó, me cayó muy mal. Te puedo asegurar que ni siquiera lo miré, ni me di cuenta de sus miradas, y esto me ofendió, una vez más. Estoy cansada de estas escenas
- Una pena. Los celos tienen que ver con la idea de la posesión, pero también con un cierto complejo de inferioridad frente a los demás, si pensás que cualquiera te puede robar lo que es tuyo.
- Es que, para empezar, tiene que entender que soy una persona, y no soy de nadie. Hago lo que quiero, y si estoy con él y le soy fiel es porque quiero, no porque nadie me obligue. Y lo voy a seguir siendo mientras yo lo quiera. Antes de conocerlo tenía una vida propia a la que renuncié cuando decidí vivir con él. Pero a veces estas escenas me sacan y te puedo asegurar que me enfurecen.
- Tal vez tendrías que darle motivos reales. Ya que te va a hacer escenitas por cualquier cosa, al menos que en tu interior sepas que tiene razón.
- No, si mi familia se enterara, sería un desastre. No podría soportarlo.
- Hagamos una cosa. Te propongo un juego
- Hmmm, a ver
- Imaginemos un encuentro virtual
- ¿ Cómo es eso?
- Imaginemos que los dos nos encontramos para conocernos mejor y veamos hasta donde llegamos.
- No me parece. No entiendo bien de que se trata.
- Mirá, mañana yo voy a comenzar jugando este sueño, y si no te gusta lo dejamos y ya.
- Está bien, pero no me convence demasiado.

Al día siguiente, ordené mis pensamiento para tratar de conducir el diálogo. Era dificil, pero terriblemente excitante.
- Hola Carlos
- Hola Marisa, pasa por favor
- ¿?
- Afortunadamente un amigo me prestó este departamento para que pudiéramos conversar. Es muy dificil encontrarnos en cualquier otro lado, ya que cualquier conocido que nos viera saldría a contarlo y todos se enterarían en seguida.
- Eso es cierto.
- ¿ Quieres un café?
- Si, por favor
- Ponte cómoda en el sofá mientras lo preparo. ¿ Cómo te gusta?
- Negro y dulce.
- Ok. ya lo preparo, mientras cuéntame si te resultó complicado llegar hasta aquí.
- No, para nada, conocía la zona. Lo más difícil fue asegurarme de que nadie me seguía ni me veía entrar, aunque si me hubieran visto no hubiera despertado ninguna sospecha debo reconocer. No tiene nada de raro que alguien entre a un edificio de departamentos.

Excitado con el rumbo que tomaba el juego, decidí continuarlo...
- Esa era la idea. Me alegra que te haya gustado. Aquí podemos conversar tranquilamente sin que nadie nos interrumpa y sobre todo sin que nadie sospeche nada. No quiero que nuestras familias tengan ningún problema. Ni nosotros tampoco. Pero realmente hace mucho tiempo que deseaba poder conversar con vos, así, a solas, con todo el tiempo del mundo. Me parecés una persona muy interesante y el que dirán me impedía acercarme a vos.
- Si, yo también sentía curiosidad con tu persona. Tenía ganas de tratarte, pero no compartíamos ningún lugar donde hacerlo sin problemas.
- Aquí tienes el café. ¿ está como te gusta?
- Si, muy rico.
- No puedo menos que disfrutar de la belleza de tus ojos y tu cabello. Eres realmente hermosa.
- Vamos, no mientas. Ya tengo unos cuantos años. Las mejores épocas ya han pasado para mí.
- ¿ Estás loca? Con esos ojos, ese cuerpo, y la experiencia acumulada, dudo que haya mujer mas atractiva y sensual que vos.
- ¿ Experiencia? Desde que me casé, he perdido la práctica para estas cosas.
- En este momento, me acerco y acaricio tu cabello. Mi mano roza tu mejilla y baja por tu cuello. La yema de mi pulgar dibuja tus labios. ¿ Quieres que siga?
- Si, por favor
- Mi otra mano hace el mismo recorrido del otro lado de tu rostro. Tomo tu cara entre mis manos y despacio, acerco mis labios a los tuyos.
- Espera, espera. No sigas
- Por favor, Marisa, déjame seguir, no hay nada de malo en esto, es solo imaginación.
- Bueno, pero no te pases.
- Acerco mis labios y te beso suavemente.
- Y yo respondo, seguramente
- No al principio. Te dejas besar, dudando entre responder o no. Al fin la presión de mis labios hace que entreabras los tuyos y mi lengua comienza a recorrer tu boca.
- Pero mira que había sido una mujer fácil
- No, no eres fácil. Meses me llevó tenerte allí, a solas con mi deseo. Mientras nos besamos te obligo a levantarte, y ya de pie, siento como tus brazos rodean mi cintura, y comienzas a responder a mis besos.
- Tienes mucha imaginación, sigue que se está poniendo interesante.
- Largo rato nos besamos, hasta que mis manos descienden de tu cuello y rodean tu espalda. Despacio, siguen descendiendo hasta posarse en tus caderas.
- Esto se empieza a poner complicado....
- Una vez que tomo posesión de tus caderas, hago que gires y quedes de espaldas a mí. En esa posición separo tu cabello y comienzo a besar tu cuello, mientras tus suspiros comienzan a delatar el placer del momento. Los besos en el cuello hacen que tires tu cuerpo hacia atrás, y de pronto, te encuentras con mi sexo, duro como una barra de hierro que , a través de la ropa, se apoya en tu trasero. ¿ Quieres que siga?
- Un poco más. La historia se pone hot.
- El sentir mi sexo contra tu cuerpo, te excita aún mas, y solo suspiras, cuando una de mis manos se cuela dentro de tu camisa y acaricia tus pechos, mientras que la otras desciende despacio hasta ese monte de venus que tienes que es fabuloso y se pierde entre tus piernas. Y hasta aquí llegamos, me están llamando.
- No, sigue un poco más.
- No puedo ahora, pero mañana si quieres seguimos donde dejamos hoy.
- Está bien.
- Pero me gustaría que tuvieras una participación más activa.
- No te prometo nada. Nunca hice algo así.
- No estás haciendo nada malo. Solo gozar con la imaginación. Como si fuera un libro o una película.
- Realmente me sorprendiste con esto. Y no puedo decir que no lo disfruté. Mañana seguimos. Un beso

Un beso. Era la primera vez que se despedía de esa manera. Algo estaba cambiando en su ser. Y El cambio solo podía ser para mejor.

Al día siguiente entró mas temprano que nunca.
- Hola Carlos
- Que tal Marisa, parece que hoy arrancas temprano.
- Si, mi esposo tuvo que viajar y salió mas temprano que de costumbre.
- ¿ Que tal tu trabajo?
- Bien, disfruto mucho de mi empleo. La educación me gusta y los niños más aún.
- ¿ Tienes puesto a los gatitos?
- Si, no te burles
- No, si no me burlo. Al contrario. Me gustaría verlos personalmente.
- Comprenderás que eso es imposible.
- Si por supuesto. ¿ Sabes? Estos días estoy con mucho trabajo. Realmente bastante agotado.
- Me imagino
- ¿ Tienes algo para contar?
- Carlos, no seas malo ¿ En que habíamos quedado ayer?
- Ahh, cierto. Tenemos que seguir la historia. ¿ Donde habíamos quedado?
- Decime que no te acordás
- Yo sí, pero necesito saber si vos te acordás, así que si no me contás como habíamos quedado, no voy a seguir jugando.
- Eres un sádico, sabes que me avergüenzan estas cosas.
- Si tenemos confianza como para esta relación virtual, entonces tenemos que dejar de lado la vergüenza, sino no sirve.
- Está bien. Estabas detrás mío, besando mi cuello, y acariciandome.
- ¿ Donde?
- Por favor, Carlos, no seas así
- Vamos nena, soltate
- Tus manos estaban en mis pechos y en mi entrepierna.
- ¿ Y que mas?
- Eres de lo peor.
- ¿ Qué mas?
- Tu sexo me estaba rozando.
-Ahh, si, ahora recuerdo. Una de mis manos estaba dentro de tu camisa jugueteando con tus pechos. Fue una sorpresa el que no llevaras sujetador y el tamaño y firmeza de tus senos me excita terriblemente, como lo notas detrás tuyo. El dedo medio de mi otra mano presiona a través del pantalón vaquero, los labios de tu sexo, y tú, instintivamente separas tus piernas para faciltar las caricias. Ahora dime que sientes.
- ¿ Como que siento?
- Imaginate lo que sentirías en ese momento si fuera real, y cuéntamelo.
- Es la primera vez en mucho tiempo que un hombre, que no es mi esposo me acaricia de esa forma. Siento que tengo que detenerme, pero el cuello ha sido siempre mi punto debil y no puedo dejar de sentir placer. Mis pechos se endurecen con tus caricias y es cierto, mis piernas se separan para sentir más placer.
- Mi mano deja tus pechos, lo que tratas de impedir, hasta que comprender que lo que hace es liberar uno a uno los botones de tu camisa. Cuando termino con ellos mis dos manos la toman y la sacan de dentro de tu vaquero. En ese momento, te obligo a girar nuevamente, y por fin, puedo ver de cerca tus pechos desnudos. Son realmente impresionantes. Tus pezones están duros como piedras. Te miro a los ojos como pidiendo permiso, y por fin mi boca desciende como un ave de presa sobre ellos. Mi boca y mi lengua van sin cesar de uno a otro. Tus manos toman mis cabellos forzandome a seguir con la tarea que igual no pensaba abandonar. Mientras, mis manos terminan de bajar tu camisa por tu cuerpo y dejarla caer al suelo. Estás allí, de pie, desnuda de la cintura para arriba.
- ¿ Y te gusta lo que ves?
- Me fascina. Eres la mujer mas hermosa que he visto en mi vida.
- Has visto pocas entonces.
- Las suficientes. Luego de un rato, vuelvo a tomar posesión de tu boca, pero mis manos, descienden hasta tu pantalón y lo desabrochan, para a continuación bajar el cierre.
- ¿ Y yo mientras tanto que hago?
- Cuéntame tu, es tu parte de la fantasía
- Mis manos desabrochan tu camisa, y te la quitan dejándola caer también al suelo. Luego comienzo a acariciar tu cuerpo.
- Bien, me gusta. Ya tu pantalón está desabrochado. Con esfuerzo, porque es muy ajustado consigo que pase por tus caderas y hago que lleguen al suelo.
- Yo, para ese momento ya me quité los zapatos, así que me cuesta poco salir de ellos.
- Exacto. Una tanga lila es la única prenda que te queda. Hago que te acuestes en el sofa, y me acuesto sobre vos. Te beso todo el cuerpo desde la cabeza, y voy bajando lentamente, hasta que por fin, separo tus piernas, y comienzo a besar tu sexo por encima de la tanga. Noto que ya está húmeda.
- Y, no es para menos...
- Despacio, corro tu tanga y mi boca toma contacto con tu sexo. Mi lengua comienza a recorrerlo suavemente, hasta que por fin, se introduce completa dentro de tu cuerpo. En pocos minutos, liberas toda la excitación acumulada desde que nos conocimos. Desde la primera vez que nos vimos y que te imaginaste en esa situación... Siento tu orgasmo que resulta interminable. Juntás tus piernas y apretás mi cara mientras mi lengua sigue penetrándote sin parar. ¿ Estás ahí?
...
- ¿ Marisa?
- no me vas a creer...
- ¿ Qué cosa?
- Tuve un orgasmo imaginándome la escena. Nunca me había pasado. De hecho, hace meses que no tengo uno con mi esposo. Sos un completo degenerado. Me estás enloqueciendo.
- ¿ Quieres que dejemos aquí?
- De ninguna manera
- Porque ahora tendrás que ser un poco más activa
- Lo que quieras.
- Bien. Luego de que completaste tu orgasmo me levanto y me quedo parado frente a tí. Te ordeno que me desvistas. Te sientas en el sofa y terminas de desabrochar mi pantalón y lo dejas caer al suelo. Mi boxer de tela marca un bulto impresionante en el frente. Lo acaricias despacio mientras decides como seguir, y por fin, metes tus dedos en la cintura del pantaloncito y lo bajas lentamente. Una vara caliente salta encabritada cuando la liberas. Chupámela, te pido Lo tomas en tus manos, y lo masturbas un par de veces descubriendo la cabeza que está morada y caliente. Así descubierta la pones en tu boca y tu lengua comienza a recorrerla con lujuria.
Perdona, pero ¿ como es?
- ¿ Como es que?
- Tu sexo
- Pero que curiosa
- Si tengo que imaginarme una escena tengo que conocer un poco lo que imagino
- ¿ Como es la de tu esposo? Así la comparas.
- Normal
- ¿ Que es normal para tí? Porque no se a que medida estás acostumbrada.
- Eres muy morboso.
- No, es una realidad. No son todas iguales, te advierto.
- Si, ya se, Supongo que es normal, por lo que conozco. Tendrá unos 15 cms de largo por 3 ó 4 cms de diámetro.
- Bueno está por encima de la media. Es una buena pieza.
- ¿ Y la tuya?
- 18 cms de largo y 5 cms de diámetro más o menos.
- Es interesante si no estás mintiendo
- Tendrás que confiar en mi palabra, por ahora.
- Y por siempre.
- En fin, como sea comienzas a chuparla y de a poco te la vas comiendo toda.
- Lamento desilusionarte pero el sexo oral nunca fue mi fuerte, y además hace rato que no lo practico
- Lo sería conmigo. Tomo tu cabeza y comienzo a moverme entrando y saliendo de tu boca, como si te estuviera haciendo el amor. Al principio te sorprendes, pero luego le tomas el gusto y comienzas a adaptarte al ritmo. Sin embargo, esto no puede durar mucho, ya que tengo otros planes.
- Me imagino
- ¿ Sabes cuales son?
- Vamos, que no llegaste hasta aquí para nada.
- Te obligo a dejar mi verga, y tomándote de la mano te llevo al dormitorio. Allí, de pie frente a la cama nos volvemos a besar un rato. Siento en tu boca el sabor de mi sexo, como tu sientes en la mia el sabor del tuyo, y esto nos excita aún mas. Hago que te acuestes en la cama. Separo tus piernas y me arrodillo entre ellas. Miro tu cuerpo, tus ojos, tu rostro, y me parece mentira estar a punto de cumplir mi sueño. Lentamente apoyo mi verga en la entrada de tu vagina. Tomo tu rostro con mis manos y te miro a los ojos, y mientras nos miramos, lentamente mi verga comienza a entrar en tu cuerpo. Tus ojos se abren con sorpresa cuando la sientes que entra, y yo me detengo allí, dejando más de la mitad afuera, esperando que te tranquilices. Cuando tu cuerpo comenzó a pedir más, entonces si, avanzo y te la entierro hasta el fondo, de un solo empujón. Un gemido es tu única expresión. Ya la tienes adentro. Te beso en la boca posesivamente. Mi lengua recorre tu boca como nunca y despacio me retiro de tu cuerpo casí hasta salir para luego volver a hundirme hasta el fondo, y así varias veces hasta que nuestros cuerpos se convierten en uno solo. Te digo al oido todo lo que te quiero y el placer que me estás dando, mientras vos me pedís que te la de todo, que no pare, que te parta en cuatro mientras lames mi oreja. Me separo un momento y levanto tus piernas sobre mis hombros y en esa posición, te puedo clavar hasta el fondo, llegando hasta donde creo que nadie ha llegado jamás. Tus gritos demuestran que la sentís, y de pronto esos gritos se convierten en gemidos y en llanto explotando en un orgasmo arrasador. Me cuesta trabajo contenerme, pero lo consigo y cuando te aflojás y quedás desecha en la cama, salgo de tu cuerpo y te doy vuelta obligándote a poner en cuatro patas. Me voy a dar el gusto de montarte, te digo mientras me acerco a tu grupa y nuevamente te clavo hasta el fondo. Estás apoyada sobre tus codos, y con la cabeza hundida en la almohada. En esa posición comenzás a gritar, pero la almohada ahoga tus gritos. Nadie te escucha. Me quedo enterrado hasta el fondo y te ordeno que toques la conjunción de nuestros cuerpos. Lo haces lentamente y solo encuentras mis huevos. Mi verga está toda dentro tuyo. Esto parece enloquecerte más y comienzas a pedirme que me mueva, que te bombee, cosa que hago....

Aquí hago intencionadamente una pausa para ver la reacción de Marisa....

- ¿ Carlos? ¿ Estás?
- Si
- ¿ Porque te interrumpiste?
- Porque estoy gozando de tu cuerpo. Acabo de tener un orgasmo. Ni te imaginas como quedó mi ropa interior.
- Sigue, por favor, sigue
- Llegado a este punto no aguanto más. Me dejo ir y derramo en tu interior toda mi excitación, toda mi pasión acumulada. Largos chorros de semen inundan tu cuerpo de manera incontrolable. Mi orgasmo no me permite notar tu goce. Contame ¿ Volviste a acabar?
- Imagino que sí, ante tu climax. Me has dejado totalmente trastornada. Nunca pensé que el sexo virtual pudiera ser tan excitante.
- Espero no haberte ofendido con mis expresiones, pero es lo que despiertas en mí.
- No, está bien, pero sabes que jamás podremos pasar de esto.
- ¿ estás segura? ¿ Y si te digo que ese departamento donde nadie te conoce existe en otra ciudad vecina? ¿ Y si te digo que podemos hacerlo realidad?
- No, es imposible. Te agradezco el placer que me has dado. Ahora te dejo, que tengo cosas que hacer. Nos hablamos en otro momento. Y diciendo esto se desconectó.
Me quedé allí pensando si el plan había resultado. Solo quedaba esperar.
Pasaron varios días, sin que hubiera novedades, y ya empezaba a sentir que todo se había terminado.
A la semana, un mensaje de texto me congeló: “¿ Donde queda el depto.?”
Le pasé la dirección.
“ Mañana 9 de la mañana estoy allí. No me hagas esperar, es muy peligroso”.
“ Ok. No te arrepentirás” contesté.
Hablé con mi amigo y le pedí que me dejara su depto. Cosa que aceptó sin hacer demasiadas preguntas. Lo único que me dijo es que a la tarde lo necesitaba, lo que no ofrecía problemas. Lamentablemente no tendríamos tanto tiempo.
Un rato antes de la hora fijada, estaba en el lobby del edificio. 9 y 10 un taxi la depositó en la puerta. Pantalones blancos, remera, anteojos oscuros. Era un sueño hecho realidad. Arrancó el taxi y de inmediato le abrí. Me besó en la mejilla y sin decir palabra me siguió hasta el ascensor.
- Espero que nadie me haya visto, dijo
Me acerqué y la bese, por primera vez de manera real, y fue para mi, y espero que para ella, mil veces mejor que los besos virtuales que inventé. Sentí como respondía y se derretía al contacto con mi cuerpo.
Debimos interrumpir la aproximación cuando el ascensor se detuvo en el 4º piso, nuestro destino. Abrí la puerta y la hice pasar. Cerré mientras la miraba como recorría con una mirada el lugar. Me acerqué por detrás y la abrazé.
- No puedo creer que estemos aquí, le dije al oído.
- Yo tampoco pensé que nunca me animaría a hacer esto, pero esta última semana fue un infierno.
- Cuéntame, le dije sin soltarla y mientras mis manos acariciaban su cuello y su cabello.
- Mi marido y sus escenitas de celos. Esta vez, con el padre de uno de mis alumnos. Vino a mi casa porque su hijo tiene problemas de conducta. Lo hice pasar y cuando estábamos conversando llegó mi esposo. Reaccionó de la peor manera. Comenzó a insultarme delante del padre de mi alumno, quien de inmediato se levantó, saludó y se fue, mientras mi esposo le decía “ Por mi no te hagas problema, quédate y tirátela adelante mío”. Te imaginas, la discusión fue terrible. Como siempre, después comenzó a llorar y a pedirme disculpas, pero creo que algo se rompió definitivamente. Y entonces, mientras estaba encerrada sola en mi cuarto, recordé nuestra charla del otro día, y pensé que necesitaba un recreo.
- Sabia decisión. Es una pena que tu maridito no valore lo que tiene, mientras la daba vuelta y comenzaba a besarla en el cuello.
- Espera un momento, tengo que ir al baño. ¿ Donde queda?. Le indiqué el lugar me beso suavemente y se alejó con su bolso.
Me saqué los zapatos y las medias, y me quedé sentado en el sofá pensando como seguir.
Desde el baño, con la puerta entreabierta, ella me habló.
- Por desgracia no tenemos mucho tiempo. Antes del mediodía debo estar en casa, y tenemos mucho que hablar.
- Si, no te hagas problema. Me alegro de poder estar contigo y conocernos mejor. Sin ningún compromiso ni dobles intenciones.
- Creo que nos conocemos bastante, a pesar de todo. Pero no me gustaría que te hicieras una idea equivocada de mí. No acostumbro encontrarme con hombres a solas.
- Lo sé, y por eso valoro aún más tu decisión.
En ese momento salió del baño, y casi me desmayo. Se había cambiado y como única prenda traía puesta su remera estampada con gatitos, que llegaba apenas bajo su muslo.
- Me dijiste que te gustaría verme con mi remera de dormir, y pensé en cumplir tu sueño, dijo sonriendo, mientras se acercaba caminando sensualmente hasta mí.
Yo estaba paralizado. Nunca me hubiera imaginado esta situación. Sus piernas eran dos columnas torneadas, largas y que llegaban hasta el filo de su remera.
- Has quedado mudo, dijo mientras se arrodillaba en el sofá a mi lado. No es justo que yo esté comoda y vos no, permíteme. Y uniendo la acción a los dichos comenzó a desabrochar mi camisa, para luego sacarla de mi pantalón y quitarmela. Se levantó y se arrodilló en el piso, mientras comenzaba a desabrochar mi pantalón para luego bajarlo y sacármelo. Quedé allí sentado con mi slip abultado y latiendo. Ella me miró y pasando su lengua por los labios me quitó también esta prenda. Se ubicó entre mis piernas y comenzó suavemente a masturbarme con una mano, mientras la otra sopesaba mis pelotas.
- ¿ Sabes? Me imagino la cara de mi maridito si me viera en este momento. Estoy segura que a pesar de las reacciones que tiene, está convencido de que nunca estaré con otro hombre. Y debo reconocer que no mentiste en cuanto al tamaño. La de mi maridito parece de juguete frente a este monstruo.
- Ay, me vuelves loco, hermosa. Entiendo los celos de tu marido. Eres preciosa.
- Lo mejor de todo es que a el le gusta que sea muy pasiva en nuestra relaciones. Necesita sentir que me domina y nunca me deja masturbarlo como estoy haciendo contigo, ni tampoco me deja que haga lo que voy a hacer a continuación, y sin más, abrió su boca y se tragó mi verga hasta la mitad.
- Uuuuhhh, pude decir mientras mis manos tomaban su cabeza y trataban de dirigir su fellatio, cosa que era del todo imposible. Era toda una perra y estaba decidida a disfrutar de este encuentro.
Nunca en mis años de salir con mujeres, vi a ninguna tragarsela completa como hizo Marisa. Sus labios rozaban mis huevos mientras succionaba con todas sus fuerzas Tuve que esforzarme para no correrme de gusto. Mi mano buscó su trasero, el cual debajo de la remera estaba desnudo y mis dedos comenzaron a acariciar su ano y su vagina. De inmediato, al sentir mis caricias se mojó profusamente, y mi dedo medio pudo encontrar el camino para entrar a su cuerpo, lo que la llevó a chupar aún con más vigor mi vara.
- Basta, cabalgame por favor, le pedí. Ella dejó mi verga, se levantó, y poniendo una rodilla a cada lado de mi cuerpo comenzamos a besarnos. Mi verga rozaba su sexo y su culo de acuerdo a como se moviera. Mi lengua recorrió toda su boca, y la suya me devolvió las atenciones.
- No puedo mas, me dijo. Necesito sentirte dentro mío, y levántandose un poco tomó mi verga y la dirigió a su sexo. La cabeza de mi lanza separó sus labios vaginales, y cuando notó que estaba bien dirigida, se dejó caer, empalándose.
- Ahhh, que placer, dijo antes de volver a entregarme su boca. La besé un rato y luego me separé y encogiéndome un poco pude tomar posesión de sus dos preciosas tetas. , coronadas con unos pezones grandes y duros. Mis manos las sostenían alternadamente mientras mi boca las chupaba con desesperación.
- No me marques, por favor. Voy a tener problemas, me dijo con los ojos cerrados.
- No te preocupes, lo menos que quiero es que tengas problemas, suavizando mis caricias.
En ese momento ella comenzó a subir y bajar sobre mi verga. La penetración era ajustada. Sentía como rozaba el interior de su vagina con mi lanza. Sentía como que el calor de su cuerpo me quemaba.
- Eres una yegua, nena. Sabía que ibas a ser así, cuando te tuviera en la punta de mi verga.
- Y vos sos un cómodo. Hasta ahora yo he hecho todo el trabajo. Es hora de que empieces a ganarte el polvo que te estoy regalando.
No se si el momento, la calentura, el deseo acumulado, pero me levanté del sillón sin dejar de empalarla. Sorprendida por el movimiento, atinó a envolverme con sus piernas y sus brazos, y así, ensartada, la llevé hasta el dormitorio.
- Eres un sádico como pensaba, me decía al oído, Nunca me habían cogido de esta manera.
- Y no sabes las cosas que me imaginé haciendo contigo, dije mientras caiamos sobre la cama. Quedé sobre ella y de inmediato comencé a bombearla con desesperación. Tiradas largas saliendo casi totalmente y luego enterrándosela hasta el fondo. Sus gemidos eran el telón de fondo del encuentro, la música más maravillosa que escuché en mi vida. Cuando noté que ya no podría controlarme, desensillé y bajando por su cuerpo, dejé que mi boca siguiera el trabajo que había empezado mi verga. Ella se aferró a mis cabellos mientras sentía que mi lengua recorría su vulva, su culo y por fin, comenzaba a entrar y salir de su cuerpo.
- Ahh, me imaginé esto mientras me lo contabas el otro día, pero las sensaciones son mas fuertes todavía, Ay, sigue que me corro, hijo de puta, me corro, me corro....
Y una serie de temblores probaron que lo que decía estaba ocurriendo. Sus líquidos mojaron mi boca y seguí besando y chupando, hasta que se relajó.
- Mi vida, que placer. Hacía tiempo que no me sentía tan bien, me dijo mientras acariciaba mi cabeza.
- Me debes una, le dije
- Por supuesto, y te voy a compensar, veni, montame, me dijo.
- No, tengo otra idea.
- ¿ Cuál?
- Algo que seguramente no hiciste y que yo soñé que hicieras conmigo por primera vez.
- ¿ Qué cosa?
Me deslizé sobre su cuerpo, y puse una rodilla a cada lado de su cabeza.
- Chupamela, le dije, a lo que accedió de inmediato. Otra vez se la fue engullendo mientras succionaba. Me quedé allí con los ojos cerrados disfrutando de sus atenciones.
- ¿ Nunca la habías chupado así?, hizo que no con la cabeza.
- Por supuesto, nunca la habías chupado hasta el final, no?
- Me miró con sorpresa. Trató de dejarla para decir algo, pero en la forma en que estaba empalada era imposible.
- Vamos, no te resistas. Seguramente más de una vez soñaste con beberte todo el semen de un macho. Vamos, disfruta.
Me miró y luego de una pequeña pausa, se aflojó y siguió con su tarea.
- Asi me gusta, perrita. No sabes como tengo los huevos llenos de leche. Sigue, sigue. Y ella, mirandome con su mejor cara de puta intensificó la fellatio. Una de mis manos tomo posesión de su sexo.
- Ahh, no aguanto más, que gusto que me das. Ahí voy, es toda tuya. Y de inmediato comencé a eyacular chorro tras chorro.
El primero debe haberle pegado en la garganta, porque la sorpresa hizo que se detuviera, pero a medida que mi semen la iba inundando, sentí como tragaba y reanudaba la succión, mientras cerraba los ojos, se tensaba, y aunque parezca mentira comenzó a correrse, aumentando mi placer y obligándome a seguir escupiendo mi semen hasta quedarme totalmente seco. Unas lágrimas corrían por su cara, ante la imposibilidad de gritar mientras acababa, al tener su boca totalmente ocupada con mi verga.
Cuando me vacié, me quedé allí, mientras ella seguía chupando. Mis manos buscaron sus tetas y las acariciaron. Eran fantásticas. Mi mano no alcanzaba a acunarlas completas. Eran dos melones suaves y cálidos, los más bellos que nunca hubiera acariciado. Con los ojos cerrados me dedicaba a disfrutar del tacto de su piel, y algo raro ocurrió. Luego de semejante orgasmo, normalmente me hubiera costado mucho volver a estar listo, pero la situación era tan morbosa que, noté que mi verga no se terminó de ablandar, cuando comenzó a latir nuevamente, preparándose para otro ataque. La reacción también sorprendió gratamente a mi pareja, quien me miró con un brillo de excitación en los ojos. Cuando estuvo dura, me salí de su boca y me acosté a su lado.
- Que sorpresa, papito. No esperaba que reaccionaras tan rápido.
- Yo tampoco, te soy sincero, pero no vamos a desaprovechar la oportunidad, y me metí entre sus piernas. Así de costado, fui moviendo sus piernas hasta que quedaron al costado de mi cabeza, y en esa posición busqué su agujero y la fui penetrando despacio.
- Ay, que animal, despacio que me vas a partir, dijo, pero sin retirarse ni un centímetro.
Despacio, fui entrando en su cuerpo hasta darle todo lo que tenía., y me quedé allí, aprovechando para tomar posesión de su boca y dedicar mis manos a magrearle las tetas con suavidad, pero sin cesar.
- ¿ te gusta? La tenés toda adentro, mi amor, le dije mientras la besaba.
- Seguí, seguí, decía entre gemidos.
El mete y saca era lento pero profundo y de a poco fui acelerando. Para colmo después de semejante acabada me sentía capaz de cogerla todo el día, sin que se me bajara, así que lo tomé con mucha calma, recorriendo cada centímetro de su vagina, rozando con mi verga todas las paredes de su nido, y en esa posición seguramente me sentía, porque cuando entraba hasta el fono, un gemido acompañaba la penetración. Le estaba llegando bien adentro.
- Ay, me estás matando, hijo de puta, me partís, no empujes que no entra más, por favor, decía mientras cerraba los ojos y movía su cabeza como si tratara de escapar del empalamiento.
No tenía un reloj a mano, pero seguramente estuvimos tirando más de 15 minutos en esa posición. En un momento ella alcanzó un orgasmo pero igual seguimos en la tarea. Por fin, me retiré, dejándola totalmente despatarrada en la cama.
- Eres una perra, y ahora te voy a coger como lo que eres, y levantando su trasero la obligué a ponerse en cuatro patas, y colocándome detrás de ella la clavé de un solo empujón. Un suspiro acompañó la invasión, y comencé un bombeo bestial, decidido a seguir hasta correrme.
- Ay, ay, ay me matás, decía ella mientras yo entraba y salía a toda velocidad. De a poco sentí crecer el orgasmo. Podía sentir como mis huevos se llenaban de leche preparándose para la eyaculación, y unos cuantos minutos después estaba a tope y necesitando vaciarme
- Ahora si me vás a sentir dentro tuyo, putita te vas a tomar toda mi leche. Ahí te va, y hundiéndome hasta el fondo me dejé llevar por el orgasmo mas bestial y completo que he sentido nunca. Sentí que mis huevos explotaban mientras se vaciaban. Mis gritos fueron incontenibles. El placer y el dolor eran insoportables. Ella no llegó a acabar, pero aguantó mi orgasmo firme en sus rodillas y codos. Cuando terminé me quedé allí sobre su espalda, jugando con sus tetas. Cuando mi verga se ablandó, salió sola y entonces caí en la cama totalmente destruído. No daba mas.
Ella se estiró y quedó allí boca abajo. Su remera había quedado enrollada en sus hombros. Todo su cuerpo había quedado desnudo.
- No doy mas, estoy agotada, dijo entre suspiros. Nunca tuve sexo de esta manera, dijo.
- Yo tampoco. Es increíble la forma en que me excitás. Vos sos la responsable. Nunca me cogí ninguna mujer de esta manera. Sos muy perra.
Se apoyó sobre su codo y me miro con picardía.
- ¿ Valió la pena esperar tanto tiempo?
- Hubiera esperado 10 años más para echarte este polvo. Eres magnífica.
- Mi marido me penetra, me bombea un rato y acaba. Muchas veces no alcanzo a conseguir mi orgasmo, dijo
- El cornudo de tu marido, creo que ahora podés llamarlo así, es un boludo que no sabe la perra que tiene en casa. Si fueras mi mujer te la pasarías clavada por toda la casa. Donde te encuentre te cojo, te lo juro.
Me besó suavemente.
- Mi marido, el cornudo. Suena bien. Gracias por los elogios. Y ahora me tengo que ir ya debe ser tarde. Fuimos al baño y nos dimos una ducha juntos. Nos acariciamos y volvimos a excitarnos, pero no seguimos porque era tarde. Lo único que pude fue meterle un dedo en el culito, lo que hizo que se retirara.
- ¿ Qué hacés?, me preguntó
- Preparo el camino para lo que me vas a regalar en nuestro próximo encuentro.
Nunca lo hice por ahí, y me va a doler así que ni lo sueñes. De hecho tengo mis dudas de que haya otro encuentro. No quiero que esto se haga costumbre y terminen por descubrirnos.
- Tampoco tenía que soñar con que nos acostáramos y fijate donde estamos.
En fin, nos vestimos, nos besamos un rato más como si ninguno quisiera interrumpir el momento, como si temiéramos que realmente no volviera a repetirse, y luego la acompañé hasta abajo y la vi irse. Todavía no podía creer el pedazo de mujer que había disfrutado. Eran cerca de las 12. Mas de 2 horas y media habíamos estado juntos. Por eso estaba tan cansado. Apenas si podía caminar.
Por unos días no conversamos. Los dos estábamos tratando de asimilar lo ocurrido. Para mí había sido un sueño. Le dejé diversos mail diciéndole lo que había significado ese encuentro para mí, tratando de que considerara un nuevo encuentro. Me contestó diciendo que era conveniente que no estuviéramos tan en contacto para que nadie sospechara, y que su esposo, se enojó con su salida, pero como habían discutido unos días antes, terminó por callarse la boca y dejar el tema.
Un par de veces nos encontramos en el chat y tuvimos sexo virtual, pero ya no inventando situaciones, sino recordando lo que habíamos vivido.
Le hable por teléfono pero siempre estaba el contestador. Ante lo inevitable, decidí esperar.

Hace minutos recibí un mensaje en el celular:
“ Mañana a las 9, tu regalo te estará esperando ¿ Lo querés? ”