-Qué bueno que estuvo, quiero más!,- dijo Romi cuando se calmó.
-Viste hija de puta, te dije.
-Igual me duele un poco la chuchi.
-Démonos un baño, descansemos un rato y después seguimos.

Nos metimos en la ducha. Ella me enjabonó y yo a ella. Después nos metimos en la cama. Yo seguí tomando champagne, ella me pidió agua. Pero después le dio al champú. Al rato mi pija estaba otra vez dura. Pero ella me pidió descansar.

Dormimos juntos, pero a la madrugada la agarré y cojimos otra vez. Ahora ella arriba mío. Primero se sentó y le dije como mover el culo para garchar despacito. Perreaba como en un video de reggaeton y le agarró al toque la mano. Después se sentó como haciendo pis y me cabalgó.

-Asi te re siento!,- me dijo
-Qué sentís?,- le pregunté yo para hacerla hablar y que se soltara.
-La siento bien adentro. Siento como mi conchita golpea contra tu vientre y como mi cola roza tus huevos.

Excelente!. “Y te gusta?”. “Me encanta”, contestó. “Me duele un poco todavía, pero estoy gozando un montón”, agregó. “Qué bueno bebé. Vas a ver que la próxima te va a doler menos y vas a gozar todavía más”. “Sí, pero esto no me lo voy a olvidar nunca”. “Te arrepentís de no haberlo hecho antes”, le pregunté. “No, porque si no, no hubiese sido con vos, y gracias a vos es que estoy gozando tanto. Con otro no hubiese sido lo mismo”, contestó.

Una diosa la pendeja. Para retribuirle desde abajo empecé a cojérmela a full.
-Ayyy que bueno eso que me hacés!
-Te gusta así?
-Sí, fuerte, fuerte…. Te re siento Max. Me encanta, aaah, aaah, aaaa, ah, aaaah, aaaaa, aaaa.
-Vas a acabar otra vez mi amor?
-Si, aaayyy, así.
-Dale, acabáme toda. Acabáme bebé, dale, dale, así, dale.
-Sí, acabo, acabo, aaa, a-a-a-a-a aaaaahhhhh!!!!!!

No paré, pero ella acabó y se derrumbó arriba mío. Yo quería seguir así que abrazándola giré en la cama y quedó ella abajo y yo arriba, onda misionero. Le abrí las piernas agarrándoselas por los muslos y me la entré a coger fuerte otra vez con la chota que se había puesto larga y dura.

-Ayy, acabo otra vez, asssiiiii, aaahhahh aaa
Yo no decía nada. Estaba concentradísimo en romperle bien la concha.
-Aaaaaaa, sssssiii, ayyy aaaa, acabáme, acabáme
-Más, más,- decía yo
-Acabáme, acábame, te quiero sentir como antes!! Ayy otra vez, otra vez, aaaahhhh.

Sentir como ella acababa por tercera vez y me mojaba la pija enfundada en el forro me calentó, pero me dio ganas de sentirla piel a piel. La saqué, me arranqué el plástico y se la clavé una vez más. La seguí cojiendo mientras ella gritaba a lo loca y pedía que no le acabase adentro.

Y para darle el gusto saqué la pija, me le subí, y antes de que se diera cuenta que no se la iba a dar a chupar, como suponía por su boquita semiabierta, le bañé la carita de leche.

El primer chorro fue a parar a la frente y el pelo. El segundo, más potente, a la cabecera de la cama. Y parte en el pómulo. El tercero a la mejilla y la mandíbula. El cuarto a la boca, lo mismo que el quinto. Las últimas gotas en el cuello.

Lejos de enojarse se rió. “Me bañaste hijo de puta!!!!”, me dijo Romi cagándose de la risa. “Te bauticé bebé”, le dije. “Jajajaja”, se rió. “Ayy, tengo hasta en el pelo”, dijo pasándose la mano. “Dejáme salir antes que se seque, me va a quedar el pelo duro”.

Corrió al baño y se lavó la cara y el pelo. Volvió al cuarto. Yo estaba boca arriba. Me peteó hasta limpiármela. Y siguió un cachito más al ver que se ponía durita. Pero ya no había leche.
Dormimos un rato más y después nos levantamos, desayunamos en un bar cerca de casa y la llevé a su casa.

Después de eso la cosa se volvió una relación. Casi un noviazgo. Aunque yo no dejé de garcharme a otras, ella venía primero. Ella se dio cuenta y aprovechó para instalarse seguido en casa. Incluso para estudiar en vez de ir a lo de las amigas. Y yo la dejé porque me lo retribuía con creces.

Para mi cumple que fue dos semanas después se vino a casa con su look colegiala, conectó su mp3 en mi equipo de música, me obligó a sentarme en el sillón del living y después se metió en el baño.

Cuando salió ví que conservaba parte del outfit, pero debajo de la camisa blanca (que estaba abierta y anudada dejando el ombligo a la vista) tenía un corpiño rojo, y tenía medias de red rojas y un portaligas. En el pelo se había hecho dos colitas que la hacían ver más nena.

Me quise parar para agarrarla pero me dijo “vos quedáte ahí”. Fue hasta el equipo de música y puso play. Era el tema “I did it again”, de Britney Spears. Ella empezó el bailecito calentón.

Muy pajeril verla. Me mostraba el culito, entangado y con portaligas, la parte de adelante bien chiquita. Antes de que el tema terminara estaba en ropa interior y haciéndome terrible pete. En el tiempo que teníamos saliendo le había mostrado varios videitos de Internet, onda Jena Haze, para que aprendiera a comérsela, y le encantó.

También aproveché para mostrarle algunas escenas anales. Lo que le llamó la atención de las pornos fue que las minas estuvieras todas depiladas. Me preguntó si me gustaba y le dije que sí. La próxima vez que le saqué la tanguita vi para mi sorpresa que no tenía ni un pelito en la argollita.

-Quiero que me acabes en la boca como la primera vez!, pidió después de un rato de pete.
Pero yo quería cojérmela. La hice sentar arriba mío después de haberle soltado las tiritas del portaligas y sacado la bombacha.

“Que lindo regalo”, le dije. “Te gustó?”, me preguntó. “Eso es todo?”, le pregunté. “Qué más querés?”, preguntó dispuesta. Yo soñaba con ese culo que apretaban mis manos en ese momento. “Hacerte de todo”, dije impreciso. “Hacéme, soy tuya”, contestó.

Al rato le di a chupar un dedito y le empecé a jugar después por el culo. Todo por afuera, pero ella no se quejó. Ya habíamos hablado de sexo anal y ella me había dicho que todavía no. Que recién me había entregado la conchita que no fuera vicioso. Pero a mi no me importaba nada.

Después de un rato la puse en cuatro en el sillón y me la cojí onda perrito. “Me encanta así, es como más te siento. Me llega bien al fondo”. Pero yo no se la había puesto toda.

Se la mandé y gritó. “Ayy me duele”, dijo. “La tenés muy grande para mi conchita”. “Entonces de culito ni hablar!”, tiré medio en joda. “Ayy me querés hacer la cola?”, preguntó haciendo puchero. “Ya sabés como me calienta tu cola, y en ésta posición más”, le dije mientras me la cojía bien cojida. “Ayy pero me va a doler”. “Dejáme probar, es mi regalo de cumpleaños”, argumenté. “Ay, no no”. “Dale un cachito nada más, despacito, para irlo abriendo”. En otra oportunidad le había mandado un dedo y le había dolido.

Mientras ella lo pensaba, me salí, me arrodillé y le entré a comer la cola. No se imaginan el culo que tenía la pendeja. Solo pasar la lengua por ese tuje era premio suficiente. Tenía olor lindo ese ojete. Hasta los soretitos de esta nena debían ser hermosos.

Le chupé y le metí la lengua. Le comí el orto con pasión. Mi lengüita era como una pija chiquita horadando ese marroncito cerrado. Las nalgas rebotaban en mi cara que se hundía golosa en esos cantos.

Ella fue aflojando. El culo había cedido pero seguía minúsculo. Evité meter dedos para no tensarla. Le metí un par de salivazos que empujé con cuidado para adentro con el pulgar trabajando el anillito en círculos. Y chupé una vez más.

Finalmente me puse de pie y le apunté. Ella no decía nada. Respiré hondo para calmarme y no partirle el ojete de una. Hice presión suave. “Despacito por favor!”, pidió ella. Yo aflojé. Todavía no había entrado nada.

Hice presión otra vez. El culo cedió un poquito. Pero la diferencia de diámetros era abismal. Ella apretó el culo y la pija se fue para arriba siguiendo la raya del culo. Para que no se escapara la acosté en la cama y le pedí que se abriera la cola con las dos manos. Otra vez me le puse encima y le clavé la pija sin pensarlo.

El grito me reventó los oídos. No se como no vino a golpearme la puerta la cana. Parecía que la hubiese matado. “Aaaaaaahhhhaa ayyyyaya ayyyyyyy!!!!!”, gritó de dolor. Fue tanto que apenas me pidió que la sacara lo hice sin pensarlo. Después de eso tuve que esperar que se le pasara el dolor antes de poder coger otra vez.

Se la puse otra vez en cuatro. Romi acabó dos veces. Entonces la hice arrodillarse en el piso y me la cojí a lo bestia por la boca. Se la bancó sin chistar aunque se atragantaba. Pero la chota estaba supersalivaza y resbalaba más.

Al final le pedí que me chupara los huevos y un poco más abajo. Su lengua me rozó un par de veces el orto y me calenté mal. A punto de acabar me acomodé, apunté y otra vez la bañé de leche. Le tiré en la cara y en las tetas.

Estaba tan caliente que hasta la hubiese meado ahí arrodilladita. Me calentó la idea dos segundos porque la pendeja se bancaba todas mis chanchadas, pero era demasiado.

Me seguí pajeando hasta que salió la última gota y después las castigué con la pija con golpecitos en esa carita de bebota enlechada. Con la punta del glande le pasé el semen por los labios y la obligué a abrir la boca y chupar otro poco. Tenía los ojos cerrados. El derecho todo lleno de leche. Pero se la bancó.

Después se bañó y yo me metí atrás. Al rato lo estábamos haciendo otra vez en la ducha. Le gustó tanto que después de eso cojimos otras veces en el baño del gimnasio del edificio y en el vestuario de hombres (que estaba vacío).

De hecho me la cojía en todos lados y a ella le encantaba. Nada de esas boludas que les tenés que estar rogando para garchar. Me peteaba en el auto. Una vez me la chupó en el boliche. Garchamos en un estacionamiento. En el ascensor de edificio un día que volvíamos de bailar, y en la cama de su vieja una tarde.

A la mamá la conocí y todo bien. “Ahora que te conozco me quedo tranquila”, me dijo. Buena onda. De físico era igual a Romi pero con 24 años más. Excelente culo para una mina de 41, y las tetas hechas. También conocí al hermano menor de Romi que tenía 14.

Cuando se nos acabaron los lugares nuevos para hacerlo, la llevé a un telo, ya que nunca había ido. Era uno que queda cerca de casa y tiene habitaciones temáticas. Elegimos una tipo cabarulo que tenía una tarima frente a la cama y caño. Ella se recopó y me hizo un baile del caño.

Después cojimos en todas las posiciones. Al final la puse en cuatro y mientras me la cojía empecé a mandarle un dedo en ese culito que tanto me calentaba. Lo hice despacito, como un juego, y se dejó.

Después le pregunté que le había parecido. “Con el dedito solo me gusta, pero tu pija es seis veces más ancha y larga”, me dijo. “Es tema de ir abriéndola esa cola”, le contesté. “Nooo, me duele, no te la doy”. “A mi hacerlo por la colita es lo que más me gusta, y la tuya me vuelve loco. Y ya no aguanto más, hace meses que vengo con las ganas”. Era mentira porque la había puesto seguido por el orto con Julie y con Vicky, otras dos con las que me veía una vez por semana. Las dos tenían novio.

A los quince días se vino el cumple de ella. Como ya estaba podrido que la pendeja no tuviera celular. Me decidí a comprarle uno. Y me fui al carajo y compré uno de los mejores. Como una luca ($1000) gasté. Era una especie de pago para lo que iba a pedir a cambio: también pasé por un sex shop y compré de todo. Dos vibros, uno con forma de mariposa para el clítoris y otro de gel blandito para la cola. Un lubricante y esposas cubiertas de peluche.

Metí todo en el morrál y la pasé a buscar. Ella había cenado con la familia y amigas y después saliámos nosotros solos. Pero yo de una enfilé para el telo. Uno re caro onda loft que está en Gral Paz.

Le encantó la habitación. “Quiero que nos metamos ya en el yacuzzi”, me dijo apenas lo vio. “Bueno, pero entonces abrí antes el primero de tus regalos”, y le di el celu. Le encantó. Me recriminó que hubiese gastado tanto, pero era mentira. Estaba chocha. “Qué más hay?, me dijiste tres…”, preguntó. Le dije que tenía que esperar.

Nos metimos en el hidro apenas se llenó. Antes me había chupado con unas ganas terribles. En el yacuzzi garchamos un rato pero después salimos. Ella se acostó en la cama boca arroba y yo le hice el cocodrilo. Mientras le pedía a ella que se tocara. Me encantaba ver a la nenita pajearse. La concha se le abría y le chorreaba hasta el culo.

Le chupé el orto y le mandé un dedito. Después le chupé un rato el clítoris y la rajita hasta que se excitó bien. “Tiempo para el segundo regalo”, dije, y ella abrió los ojos expectante. Saqué la mariposa. La estudió y al final se decidió a probarla.

Se puso boca abajo, con el vibro frotándole la conchita y ella diciendo “ayy como vibra, que linda paja que me estás haciendo mi amor”. Yo le mandaba dos dedos por la concha y le entraba a chupar el orto.

Cuando ví que ella estaba caliente y el culo abiertito y mojado, tras haberlo trabajado despacito por dentro y fuera con el pulgar y el índice, fui por el tercer regalo. “Que chiquito es”, dijo ella. “Es para la colita, mirá, es blandito”, le dije. Ella lo tocó.

Le apliqué el gel anal para lubricarla y despacio le metí la punta del chiche. Ella se abría la cola a pedido mío con las dos manos. Ese ojetito virgen me tenía hipnotizado. Se lo empecé a culiar despacio con el abridor anal. Cuando entró la mitad (el diámetro no debía ser superior a centímetro y medio), lo prendí para que vibrara.

-Ayy que lindo mi amor, me vibra todo.
-Te gusta putita?
-Sii, es como si me estuvieran masajeando la colita
-Te gusta como te meto los deditos en la concha?
-Si papi, si, te voy a acabar en cualquier momento

Y así fue. Después la puse en cuatro. Ella se sacó el que le vibraba en el clítoris y yo le saqué el del culo para ver como estaba eso. Se había secado un poquito. Le puse más lubricante y le cojí otra vez el culito mientras le chupaba la concha. “Garcháme Max, no puedo más, quiero acabar otra vez con tu pito”, dijo Romi. “Pito tienen los nenitos, yo tengo una pija grande”, la corregí. “Te gusta mi chota bebé?”. “Sí”. “La querés en la conchita?”. “Sí dámela”. “Ahí te va”, le dije y se la mandé. Aahhhhhaaayaayaaaah”, escupió ella.

Me la cojí. Cuando empezó a parar el culo para que le entrara más la pija por la concha, le saqué el chiche del culo, y le mandé un dedo en forma circular para abrirle un poco más el orto. Después le apliqué lubricante y se lo cojí otra vez con el chiche hasta que entró todo. Entonces se lo prendí otra vez y me dediqué a cojerla por la concha agarrándola fuerte de la cintura hasta que acabó.

Flojita como estaba aproveche para mandarle la pija por el orto sin dejarla pensar. Apagué el vibro, se lo saqué del culo, le apliqué gel y le metí el glande.

-Ayaaaahhhhhhhhh, despacito!, gritó ella. Pero ya tenía la cabezota y un par de centímetros adentro. Yo me quedé quieto y le pedí que respirara y que se relajara. Le palmié el culo y se lo masajié para aflojarla un poco y le empujé otros tres o cuatro centímetros.

-Aayyyy me dueleeee!! Pará un cachito!
-Agarráte con las dos manos y abríte la colita bien así duele menos, le dije. Flor de verso porque en esa posición es como más duele pero quería ver mi pija entrar en ese ojetito virgen aunque la putita gritara un poco.
-Sssss bebé, tranquila, respirá y aflojá un poquito la cola que ya entró la mitad.

Ella hizo lo que le pedía. Yo manotié la mariposita que vibrara en su conchita y se la apliqué en el clítoris mientras me la empezaba a coger despacio. Ella se soltó el culo y agarró las sábanas mientras yo me la pistoneaba. Solté el chiche y me le afirmé a ese culo y se la mandé toda adentro.


-Aayyyy!! Me dueleeee!!
-Ya está, ya entró toda, que lindo como te estoy estrenando la colaaaa!!!!
-Sí, ya te diste el gusto. Sacámela ahora!
-Un cachito más, mirá como te cojo el culito! Uuy qué lindo!
-Dale, ya, sacála!
-Un poquito, un poquito más, así asi!

Sentí que la poronga se llenaba de sangre y se paraba más. Se venía la leche pero ese culo no aguantaba más pija. Estaba estirado al límite y apretaba mi chota tan fuerte que me dolía. Lo tenía colorado mal. Le apliqué gel si sacarla y le di.

“Ayaaaahhhhhhhhh!, basta, basta, sacála”. Ella estaba a puro grito y yo le solté la leche en ese ojete recién estrenado. Y se le saqué sin decirle que había acabado. Miré como el culo se le cerraba en un segundo tragándose toda mi leche. Ella corrió al baño a sentarse en el bidet.

-Sos malo, me rompiste la cola, mañana no me voy ni a poder sentar en clase!,- me gritó mientras el agüita le refrigeraba la colita.
-Te arde mucho?
-Sí, un montón.
-Bueno, limpiáte que después te aplico un gel para que te duela menos.
-Bueno, gracias…

Cuando salió del baño le apliqué el gel de xilocaína y se le pasó el ardor en dos segundos. “Gracias mi amor”, me dijo. “Perdón si te putié”. “Todo bien, se que duele la primera vez, pero no me pude controlar más. Estaba recaliente. Tenés un culito impresionante. Hacía rato que tenía ganas de hacértelo. No se como aguanté tanto”, le dije. “Bueno, finalmente te diste el gusto”, me dijo. “Por ahora, ya que te lo estrené quiero volver a usarlo”, le contesté. “Hoy ni sueñes”, me dijo. Pero yo más bien pensaba en unos días, así que su respuesta me dejó todavía más tranquilo.

Miré mi pija y como transmitiéndole mi pensamiento le dije “qué bueno lo que nos acabamos de comer”. No me respondió pero estaba seguro que pensaba lo mismo.