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Cuernos en el estadio

Hola amigos de poringa đź‘‹

Les cuento revivi Sexar con un prompit nuevo 2026 .

Cuernos en el estadio

Y está historia que leerán a continuación fue
producto de la nueva variante del prompit el
cual actualize para usar por IAs moviles como
Grock o chatgpt .

cornudo


Mientras ella camina por los pasillos internos del estadio después del recital putea a su novio .

Ella es brisa 19 años. Pelo largo castaño oscuro, ojos grandes y traviesos, boca carnosa pintada de rojo oscuro.

Cuerpo pequeño pero curvilíneo: tetas firmes y redondas que se marcan bajo la remera verde ajustada, culo respingón enfundado en jeans negros, cintura fina.

Camina con esa mezcla de inocencia falsa y puta en potencia que vuelve locos a los hombres.

SonrĂ­e con culpa y excitaciĂłn mientras mira el mensaje de Enzo:

“Amor, estoy yendo al auto. Te espero ahí 🔥”

Brisa guarda el teléfono y muerde su labio inferior.

**Brisa** (voz en off, susurrando):

“Perdón, Enzo… pero no puedo parar.”

Y si va

Al baño VIP medio abandonado del sector alto. Luces fluorescentes parpadeantes. Olor a cerveza derramada, sudor y sexo.

La puerta se abre y entra **Ramiro**, “El Cordobés Gordo”, 30 años. 1.78m, panza prominente, brazos gruesos tatuados, barba crecida, pelo corto y mirada de perro viejo que ya olió la presa.

Brisa lo empuja contra la pared sin decir nada. ella se pone en puntas de pie y lo besa con hambre, lengua adentro, saliva mezclada.

Las manos de Ramiro (gruesas, callosas) bajan directo a apretar ese culo joven con fuerza, separando las nalgas por encima del jean.

— Jajaja, mirá vos… — gruñe Ramiro con acento cordobés marcado —. La novia del Enzo calentita como perra en celo.

— Callate y meteme la mano — responde Brisa, voz baja y entrecortada.

Ramiro no se hace rogar. Le desabrocha el jean con una mano mientras con la otra le aprieta una teta por encima de la remera. Dedos gruesos entran en la bombacha.

los dedos de Ramiro separando los labios hinchados y mojados de Brisa.
Ella ya está empapada, un hilo de humedad le baja por el interior del muslo.

— Qué concha de mierda tenés, pendeja…

toda mojada pensando en mi verga mientras tu noviecito te espera.

Brisa gime y le muerde el cuello. Le baja el pantalĂłn de jogging.

la polla gruesa y corta de Ramiro salta afuera. No es enorme, pero es gorda, venosa, con un prepucio grueso y olor fuerte a hombre. Brisa se arrodilla en el piso sucio del baño sin que se lo pidan.

Brisa mirando se mete esa verga gorda a la boca. Suena obsceno: gluck-gluck-gluck. Babas espesas le caen por la barbilla.

Ramiro la agarra del pelo y le folla la boca con movimientos de cadera, haciendo que la panza le rebote contra la frente de ella.

— Así, mamame bien, traicionera de mierda.

La levanta de un tirĂłn, la gira y la pone contra el lavabo. Jeans y bombacha bajados hasta las rodillas.

El culo redondo de Brisa queda expuesto, concha rosada e hinchada brillando de tanto jugo.

Ramiro escupe en su mano, frota la cabeza gorda de su pija contra la entrada y **empujo**. Un solo golpe seco.

Brisa abre la boca en un gemido silencioso. Y la verga gruesa de Ramiro desaparece dentro de esa concha joven y apretada.

Empieza a bombear fuerte. Sonidos húmedos, carne contra carne. Las tetas de Brisa rebotan dentro de la remera. Ramiro le agarra el pelo y le tira la cabeza hacia atrás.

— Decime lo que sos — gruñe.

— Soy… una puta… — gime Brisa entre
embestidas.

— Más fuerte.

— ¡SOY UNA PUTA QUE LE PONE LOS CUERNOS A ENZO CON SU AMIGO GORDO!

Ramiro acelera.

La cámara imaginaria alterna entre close-ups de la concha tragándose la verga gruesa, el culo de Brisa chocando contra la panza de él, y la cara de placer corrupto de la pendeja.

De repente suena el teléfono de Brisa. Es Enzo.

Ramiro sonríe con maldad y contesta, poniéndolo en altavoz mientras sigue follándola sin piedad.

— ¿Brisa? Amor, ¿dónde estás? Te estoy esperando.

Brisa intenta controlar la voz, pero Ramiro le da una embestida especialmente profunda.

— Ahh… estoy… en el baño… ya… ya bajo, mi amor…

Enzo:
— Apurate que quiero ir a casa.

Ramiro tapa la boca de Brisa con una mano y le susurra al oĂ­do mientras la sigue cogiendo:

— Decile que lo querés.

Brisa, con los ojos en blanco y la concha contrayéndose:

— Te quiero, Enzo… ya voy…

Ramiro corta el teléfono, la agarra fuerte de las caderas y le descarga adentro.

Chorros espesos y calientes llenando esa concha traicionera.

Brisa tiembla en un orgasmo violento, mordiéndose el brazo para no gritar.

Cuando sale, un hilo grueso de semen blanco le corre por el interior del muslo.

Brisa se sube el jean sin limpiarse, con la concha todavĂ­a latiendo y llena de leche de Ramiro.

— Esto recién empieza — le dice al cordobés con una sonrisa sucia.

**Fin**

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