You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Dale duro a Mamá XII

(Narrado por Ana)

Han pasado casi tres años desde que todo empezó con mi hijo. Tres años en los que he vivido entre la culpa, el placer más intenso de mi vida y una necesidad que ya no puedo controlar.

Héctor y yo tuvimos otra crisis fuerte hace dos semanas. Me gritó que sabía que tenía un amante, que ya no era la misma, que olía a sexo diferente y que mis excusas ya no le servían. Esta vez no lo negué todo… solo le dije que necesitaba espacio. Decidimos alejarnos de nuevo, pero seguimos manteniendo contacto por el negocio. Es inevitable, yo administro casi todo y él sigue siendo socio.

Lo peor es que sigue celoso. Me llama a cualquier hora, me pregunta dónde estoy, con quién, y revisa mis redes. No se imagina ni en un millón de años que el “amante” es su propio hijo.

Y yo… estoy hecha un lío.

Dany ahora tiene su vida. Terminó la carrera, tiene buen trabajo, departamento propio y una novia. Laura. Una muchacha linda, educada… y que lo tiene ocupado. Nuestros encuentros se han vuelto cada vez más escasos. Antes era casi cada semana, ahora pasan quince o veinte días sin que me toque. Me duele admitirlo, pero lo extraño. Extraño su verga joven, dura y gruesa. Extraño cómo me coge, cómo me nalguea, cómo me llena el culo hasta hacerme temblar.

Por eso empecé a ir más al gym. Necesito descargar esta energía, esta calentura que no se me quita. Además, el ejercicio me ha sentado de maravilla. Mis nalgas están más firmes, más redondas y levantadas. Mis piernas más torneadas. A mis 46 años sigo volteando cabezas.
Y sí… no me faltan pretendientes.

Dale duro a Mamá XII

En el gimnasio hay un entrenador de 32 años que siempre me ayuda con las sentadillas. Me pone las manos en la cadera “para corregir la postura” y se queda mirando descaradamente mi culo cuando hago peso muerto. Ayer me dijo bajito: “Señora Ana, usted tiene el culo más rico que he visto en mi vida… ¿me dejaría invitarla un café?”

madre

En el súper también. Un hombre de unos 50 años, bien vestido, me detuvo en el pasillo de vinos y me dijo sin rodeos: “Perdone la franqueza, pero tiene usted un trasero que merece que se le rece todos los días”. Me sonrojé, pero también me mojé.

En la calle es peor. Silbidos, piropos directos, hombres que se detienen a verme pasar. Sé que mi culo se mueve solo al caminar, sobre todo cuando uso leggins o jeans ajustados. Y aunque me da vergüenza admitirlo… me gusta. Me hace sentir deseada, poderosa. Me calienta.

madre e hijo

Pero ninguno de ellos es Dany.
________________________________________
Anoche por fin pude verlo.
Lo llamé con la excusa del negocio y le pedí que pasara por unos documentos a la casa. Apenas cerró la puerta del departamento, ya estaba encima de mí. Me besó con esa urgencia que tanto extrañaba, me bajó los leggins negros y me empinó sobre el sofá.

—Te extrañé, mamita… —gruñó mientras me metía dos dedos.
—Ay mi rey… yo más —gemí—. Ya casi no me coges… ¿es por ella? ¿Por Laura?

relatos

No me contestó con palabras. Me escupió en el culo y me metió la verga de un solo golpe en el ano. Solté un gemido largo y profundo. Me encanta cuando me da por atrás.

Empezó a cogerme con fuerza, agarrándome de las caderas, dándome nalgadas que me hacían temblar las carnes.

— ¡Así! ¡Más duro, Dany! ¡Cógeme como antes! —le pedía como desesperada.

Me dio duro, como me gusta. Me jaló el cabello, me insultó cariñosamente llamándome su puta, su mamá caliente, su culona personal. Me corrí dos veces antes de que él se vaciara dentro de mi culo.
Cuando terminamos, me quedé tirada en el sofá con su leche escurriéndome, sintiéndome satisfecha pero también triste.

—Dany… —le dije mientras me acariciaba las nalgas—. Sé que tienes tu vida, tu novia… pero no me dejes tanto tiempo sin ti. Este culo es tuyo, pero necesita a su dueño.

Él me besó en la espalda y me abrazó.

—Lo sé, ma. Voy a buscar más tiempo para ti.

Pero sé que no es tan fácil. Entre su trabajo, su novia y mi casi-ex marido celoso… cada vez es más complicado.

Y yo… cada día estoy más caliente, más necesitada. No sé cuánto tiempo voy a poder aguantar sin buscar algo más… o sin que todo esto explote.

Anoche Dany pasó por la casa con una bolsa negra discreta. Mi esposo no estaba y Sofi había salido con su novio, así que estábamos solos. Me entregó la bolsa con una sonrisa pícara y me dijo al oído:

—Para que no me extrañes tanto cuando no pueda venir, mamita.

Dentro había un consolador grande, grueso, de color carne, con venas marcadas y una base fuerte. Era casi del mismo tamaño y grosor que su verga. También traía un lubricante y una nota: “Para tu culito y tu concha. Úsalo pensando en mí”.

Me sonrojé como una adolescente, pero por dentro me ardí de deseo. Lo abracé fuerte y lo besé con ganas. Esa misma noche, después de que se fue, no aguanté.
________________________________________
Me metí a la habitación, cerré la puerta con llave y me desnudé completamente. Me miré en el espejo grande del closet: a mis 46 años sigo teniendo un cuerpo que muchos envidian. Mis tetas siguen firmes, mi cintura marcada y sobre todo… ese culo grande, redondo y macizo que tanto vuelve loco a mi hijo.

relatos de incesto

Me recosté en la cama boca arriba, abrí las piernas y empecé a tocarme. Ya estaba mojada solo de imaginarlo. Unté el consolador con bastante lubricante y lo froté contra mi concha, provocándome. Poco a poco lo fui metiendo.

—Ay Dany… —gemí bajito.

Empecé a moverlo adentro y afuera, imaginando que era él quien me cogía. Me gustaba. Me gustaba mucho. Pero no era lo mismo. Faltaba su calor, su respiración en mi cuello, sus manos apretándome las nalgas con fuerza.

Después de correrme una vez con él en la concha, me puse en cuatro sobre la cama, empiné bien el culo y dirigí el consolador hacia mi ano. Lo metí despacio, como él me enseñó la primera vez. Sentí cómo se abría mi culito poco a poco.

—Ufff… qué rico… —susurré.

Empecé a moverlo más rápido, metiéndolo casi completo. Me agarré una nalga con la mano libre y me la apreté fuerte, imaginando que eran sus manos. Gemía contra la almohada mientras lo enterraba una y otra vez.

Me corrí otra vez, más fuerte, con el culo lleno. Pero cuando terminé y saqué el consolador, me sentí vacía. Insatisfecha.

No era suficiente.

El consolador es grande y grueso, sí… pero no tiene el calor de su verga, no late, no me agarra del cabello, no me da nalgadas fuertes ni me dice al oído “eres mi puta, mamá”. No me llena de la misma forma. No me hace sentir tan deseada, tan sucia y tan amada al mismo tiempo.

Me quedé tirada en la cama, con el culo todavía palpitando y un poco de lubricante escurriendo, mirando el techo.

Extraño a mi hijo. Extraño su verga joven y dura. Extraño que me dé duro como solo él sabe. Y cada día que pasa sin que me toque, me pongo más caliente, más desesperada.

He empezado a usar el consolador casi todos los días. A veces en la mañana antes de ir al negocio, a veces en la noche. Hasta me he grabado un video corto follándome el culo con él para mandárselo a Dany. Le encanta.

Pero sé que esto no va a ser suficiente por mucho tiempo.

incesto

Necesito sentirlo dentro de mí otra vez. Necesito que me coja de verdad. Que me reviente el culo como solo él puede.

Y si sigue tardando tanto… no sé qué voy a hacer.

Porque este cuerpo, especialmente este culote, ya no quiere conformarse con un consolador.

Quiere a su dueño.

0 comentarios - Dale duro a Mamá XII