Les voy a contar de la vez que me cogí a la novia de mi amigo les dejo una foto de ella para que vean como fue vestida esa vez

Siempre supe que la novia de mi mejor amigo era una tentación andante, pero esa noche en la quinta se pasó de la raya. Llegó con ese top negro que dejaba ala vista esas hermosas tetas, un minishort ajustado dejaban ver demasiada piel. Cada vez que pasaba por mi lado en la pista, me rozaba con el hombro o me clavaba esa mirada que me prendía fuego la cabeza. Ella sabía perfectamente el poder que tenía.
Mi amigo, un ingenuo total, no se daba cuenta de nada. Se bajó media botella de vodka él solo y para las tres de la mañana ya era un mueble tirado en el sillón del living, completamente dormido. El camino estaba libre si no me la cogía yo se la iba a coger alguien mas.
Yo estaba afuera fumando cerca del estacionamiento de la quinta cuando la vi salir. Caminaba despacio, haciendo sonar sus botas negras contra la tierra. Se acercó a mí con las llaves del auto de mi amigo en la mano.
— "el Gordo está liquidado y me dio las llaves para que vaya a buscar mi campera al auto... Pero me da miedo caminar sola por acá atrás", me dijo con una voz suave, pero con esos ojos que me gritaban otra cosa.
— "Te acompaño, dale", le respondí, sintiendo cómo el corazón me empezaba a latir en la garganta.
Caminamos entre los árboles hasta el fondo del estacionamiento, iba detrás de ella y era imposible no verle el culo, llegamos al auto de mi amigo, un lugar oscuro y apartado de las luces de la fiesta. Ella apretó el botón del cierre centralizado y las luces del auto parpadearon.
Abrió la puerta trasera y se metió. Me quedé parado afuera un segundo, mirando hacia los costados.
— "¿Qué hacés ahí parado? Entra que hace frio"
Entré y cerré la puerta con cuidado, pero me quedé sentado bien en el borde, con los brazos cruzados. El olor a su perfume inundaba el espacio cerrado. Sabía lo que ella quería, pero el remordimiento me golpeaba fuerte.
— "Mirá, Cande... esto está mal", le dije, tratando de poner distancia. — "Es mi mejor amigo. Si nos ve alguien, se pudre todo para siempre".
Ella sonrió de lado, esa sonrisa que yo sabía que escondía intenciones perversas. Se acercó a mí y me puso una mano en el muslo y apoyándome las tetas.
— "No seas tonto...", me susurró al oído, su respiración caliente en mi piel. — "Él nunca se va a enterar. Está ahí afuera durmiendo como un tronco. Además, sé que te morís por hacer esto desde que nos conocemos".
Sus dedos llegaron a mi entrepierna y empezaron a acariciarme por encima del pantalón. Sentí cómo la sangre se me subía a la cabeza y cómo mi resistencia se derretía.
— "Hacé lo que quieras...", le dije, rindiéndome finalmente.
En ese momento, ella me empujó contra el respaldo del asiento. Me desabrocho el cinturón y comenzó a chupármela, me calentaba ver como se la tragaba toda, después de un rato se quito el short y le ayude a quitarse el top que ya no tapaba casi nada.
Nos entregamos por completo al impulso del momento, comencé a darle en cuatro y con el vaivén del auto con cada uno de nuestros movimientos se volvió frenético. Le agarré el pelo hacia atrás, perdiéndome en el morbo y la adrenalina de estar en el auto de mi amigo, mientras ella soltaba gemidos ahogados contra el vidrio, prendiéndose fuego con cada caricia.
Estábamos en el punto más alto, ella aferrada al asiento y yo entregado a la locura, cuando de repente una sombra recortó la luz que venía de la quinta.
A través del parabrisas delantero, vi la figura de un hombre caminando lento entre los autos. Se detuvo justo en frente del nuestro. El tipo se acercó y se pegó al vidrio del conductor e intentó mirar hacia adentro a través del polarizado.
El pánico me congeló un segundo, pero cuando miré a Cande, vi que sus ojos estaban fijos en la silueta del hombre. Lejos de asustarse, su respiración se aceleró aún más. El morbo de saber que nos estaban viendo desde afuera la encendió por completo.
— "No pares...", me suplicó en un susurro desesperado, mordiéndose el labio para no gritar. — "Dale más fuerte... dejá que mire".
Ese descaro me voló la cabeza. La agarré firme de las caderas y continué con una furia salvaje, mirando fijamente la sombra del tipo del otro lado del vidrio, que se quedó ahí, estático.
De repente, el espectador desconocido comenzó a tocarse por encima del pantalón mientras nos miraba. Yo no podía creer lo que estaba pasando, pero a Cande pareció encenderla aún más.
— "Grita mi nombre... grita para que él lo escuche", me pidió ella, desafiante.
Me entregué al placer absoluto y al morbo descontrolado. Nos dejamos llevar por completo, rozando el límite de lo prohibido hasta que ambos tocamos fondo en un instante de pura adrenalina. El espectador desconocido terminó segundos después y se fue, perdiéndose en la oscuridad del estacionamiento.
Nos quedamos unos minutos en silencio, escuchando solo nuestras respiraciones agitadas. Me acomodé la ropa, ella se puso el short y se arregló el top frente al espejo retrovisor con una frialdad que me dio escalofríos.
Salimos del auto y caminamos de vuelta a la quinta separados. Cuando entré al living, mi amigo seguía exactamente igual, roncando en el sillón. Me senté en el otro extremo y a los dos minutos llegó ella. Se le sentó arriba, le dio un beso en la mejilla para despertarlo y le devolvió las llaves.
Mi amigo abrió los ojos, medio mareado, me miró y me dijo: "Qué sueño que me pegué, boludo... ¿pasó algo bueno mientras dormía?". Yo miré a Cande, que me clavaba una sonrisa perversa desde sus brazos, y le respondí: "No, amigo, tranquilo... una noche bastante tranquila".
APOYEN EL POST SI QUIEREN OTRA PARTE, PORQUE SI VOLVIMOS A REPETIR...

Siempre supe que la novia de mi mejor amigo era una tentación andante, pero esa noche en la quinta se pasó de la raya. Llegó con ese top negro que dejaba ala vista esas hermosas tetas, un minishort ajustado dejaban ver demasiada piel. Cada vez que pasaba por mi lado en la pista, me rozaba con el hombro o me clavaba esa mirada que me prendía fuego la cabeza. Ella sabía perfectamente el poder que tenía.
Mi amigo, un ingenuo total, no se daba cuenta de nada. Se bajó media botella de vodka él solo y para las tres de la mañana ya era un mueble tirado en el sillón del living, completamente dormido. El camino estaba libre si no me la cogía yo se la iba a coger alguien mas.
Yo estaba afuera fumando cerca del estacionamiento de la quinta cuando la vi salir. Caminaba despacio, haciendo sonar sus botas negras contra la tierra. Se acercó a mí con las llaves del auto de mi amigo en la mano.
— "el Gordo está liquidado y me dio las llaves para que vaya a buscar mi campera al auto... Pero me da miedo caminar sola por acá atrás", me dijo con una voz suave, pero con esos ojos que me gritaban otra cosa.
— "Te acompaño, dale", le respondí, sintiendo cómo el corazón me empezaba a latir en la garganta.
Caminamos entre los árboles hasta el fondo del estacionamiento, iba detrás de ella y era imposible no verle el culo, llegamos al auto de mi amigo, un lugar oscuro y apartado de las luces de la fiesta. Ella apretó el botón del cierre centralizado y las luces del auto parpadearon.
Abrió la puerta trasera y se metió. Me quedé parado afuera un segundo, mirando hacia los costados.
— "¿Qué hacés ahí parado? Entra que hace frio"
Entré y cerré la puerta con cuidado, pero me quedé sentado bien en el borde, con los brazos cruzados. El olor a su perfume inundaba el espacio cerrado. Sabía lo que ella quería, pero el remordimiento me golpeaba fuerte.
— "Mirá, Cande... esto está mal", le dije, tratando de poner distancia. — "Es mi mejor amigo. Si nos ve alguien, se pudre todo para siempre".
Ella sonrió de lado, esa sonrisa que yo sabía que escondía intenciones perversas. Se acercó a mí y me puso una mano en el muslo y apoyándome las tetas.
— "No seas tonto...", me susurró al oído, su respiración caliente en mi piel. — "Él nunca se va a enterar. Está ahí afuera durmiendo como un tronco. Además, sé que te morís por hacer esto desde que nos conocemos".
Sus dedos llegaron a mi entrepierna y empezaron a acariciarme por encima del pantalón. Sentí cómo la sangre se me subía a la cabeza y cómo mi resistencia se derretía.
— "Hacé lo que quieras...", le dije, rindiéndome finalmente.
En ese momento, ella me empujó contra el respaldo del asiento. Me desabrocho el cinturón y comenzó a chupármela, me calentaba ver como se la tragaba toda, después de un rato se quito el short y le ayude a quitarse el top que ya no tapaba casi nada.
Nos entregamos por completo al impulso del momento, comencé a darle en cuatro y con el vaivén del auto con cada uno de nuestros movimientos se volvió frenético. Le agarré el pelo hacia atrás, perdiéndome en el morbo y la adrenalina de estar en el auto de mi amigo, mientras ella soltaba gemidos ahogados contra el vidrio, prendiéndose fuego con cada caricia.
Estábamos en el punto más alto, ella aferrada al asiento y yo entregado a la locura, cuando de repente una sombra recortó la luz que venía de la quinta.
A través del parabrisas delantero, vi la figura de un hombre caminando lento entre los autos. Se detuvo justo en frente del nuestro. El tipo se acercó y se pegó al vidrio del conductor e intentó mirar hacia adentro a través del polarizado.
El pánico me congeló un segundo, pero cuando miré a Cande, vi que sus ojos estaban fijos en la silueta del hombre. Lejos de asustarse, su respiración se aceleró aún más. El morbo de saber que nos estaban viendo desde afuera la encendió por completo.
— "No pares...", me suplicó en un susurro desesperado, mordiéndose el labio para no gritar. — "Dale más fuerte... dejá que mire".
Ese descaro me voló la cabeza. La agarré firme de las caderas y continué con una furia salvaje, mirando fijamente la sombra del tipo del otro lado del vidrio, que se quedó ahí, estático.
De repente, el espectador desconocido comenzó a tocarse por encima del pantalón mientras nos miraba. Yo no podía creer lo que estaba pasando, pero a Cande pareció encenderla aún más.
— "Grita mi nombre... grita para que él lo escuche", me pidió ella, desafiante.
Me entregué al placer absoluto y al morbo descontrolado. Nos dejamos llevar por completo, rozando el límite de lo prohibido hasta que ambos tocamos fondo en un instante de pura adrenalina. El espectador desconocido terminó segundos después y se fue, perdiéndose en la oscuridad del estacionamiento.
Nos quedamos unos minutos en silencio, escuchando solo nuestras respiraciones agitadas. Me acomodé la ropa, ella se puso el short y se arregló el top frente al espejo retrovisor con una frialdad que me dio escalofríos.
Salimos del auto y caminamos de vuelta a la quinta separados. Cuando entré al living, mi amigo seguía exactamente igual, roncando en el sillón. Me senté en el otro extremo y a los dos minutos llegó ella. Se le sentó arriba, le dio un beso en la mejilla para despertarlo y le devolvió las llaves.
Mi amigo abrió los ojos, medio mareado, me miró y me dijo: "Qué sueño que me pegué, boludo... ¿pasó algo bueno mientras dormía?". Yo miré a Cande, que me clavaba una sonrisa perversa desde sus brazos, y le respondí: "No, amigo, tranquilo... una noche bastante tranquila".
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