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Dale duro a Mamá XI

Conflicto con Sofi

Sofi había notado todo. Ya no era discreta.

Cada vez que Ana y yo nos encerrábamos “a platicar”, ella pasaba cerca de la puerta o nos miraba con una sonrisita sarcástica. Había empezado a vestirse más provocativa en casa: shorts cortísimos, tops ajustados sin bra. Me provocaba abiertamente cuando Ana no estaba.
Una noche, mientras Ana estaba en el negocio cerrando cuentas, Sofi entró a mi cuarto solo con una playera larga.

Dale duro a Mamá XI

— ¿Otra vez cogiéndote a mamá? —preguntó sin rodeos—. Se oyen los gemidos hasta mi cuarto, ¿sabes?
—Sofi… —intenté decir.

Ella se acercó, me puso la mano en el pecho y me miró fijamente.

—Tranquilo, hermanito. Todavía no le digo nada… pero no creas que soy pendeja. Sé que le estás dando por el culo también. Mamá camina raro algunos días.

Se dio la vuelta y se fue contoneando el culo, dejándome con la verga dura y la cabeza hecha un lío.
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relatos
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Ana y yo estábamos aprovechando al máximo esta nueva separación. Pasábamos tardes enteras cogiendo, salíamos a moteles, y hasta nos atrevimos a hacerlo en la casa cuando mi papá no estaba cerca.

Pero yo sabía que esta calma era peligrosa. Sofi estaba cada vez más cerca… y tarde o temprano iba a explotar todo.

Graduación y el regalo de Sofi

Por fin terminé la carrera. Después de cinco años y medio, recibí mi título de Médico Veterinario. La ceremonia fue emotiva: mi mamá llorando de orgullo con un vestido ajustado que le marcaba ese culote que ya conocía de memoria, mi papá (que seguía separado pero asistió por mí), tíos, primos… y Sofi, que no dejaba de mirarme con una sonrisita peligrosa.

Esa noche organizamos una cena en casa. Hubo brindis, abrazos y mucha comida. Ana estaba radiante, feliz por mí, pero también nerviosa. Sabía que entre Sofi y yo había una tensión que ya no podía disimular del todo.

Cerca de la una de la mañana, cuando todos se fueron y mi papá regresó a su departamento, me quedé solo en la sala. Ana se había acostado temprano, agotada de la fiesta.
Entonces bajó Sofi.

Traía puesto un babydoll negro transparente, cortito, que apenas le cubría la mitad del culo. Debajo solo una tanguita roja. Se veía espectacular: piernas torneadas, tetas firmes y ese culo joven que había heredado (y mejorado) de mi mamá.

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—Felicidades, hermanito… —dijo con voz suave y cargada, acercándose descalza—. Por fin eres veterinario. Ya eres todo un hombre.

Se sentó a horcajadas sobre mis piernas en el sofá. Sentí el calor de su concha por encima de mi pantalón.

—Sofi… ¿qué haces? —pregunté, aunque ya tenía la verga dura.
—Quiero darte tu regalo de graduación —susurró mordiéndose el labio—. Uno que mamá no puede darte… al menos no como yo.

Me besó con ganas, metiendo su lengua con hambre. Mis manos fueron directo a su culo, apretándolo con fuerza. Estaba más duro y respingón que nunca.

—Llevo meses pensando en esto —dijo mientras me bajaba el cierre y sacaba mi verga tiesa—. Quiero que me cojas como te coges a mamá… pero mejor. Quiero que compares.

Se quitó el babydoll y se quedó solo con la tanguita. Se puso de rodillas entre mis piernas y me la mamó con ganas, profunda, babeando, mirándome a los ojos como toda una puta. Me la tragaba hasta el fondo y sacaba la lengua para lamerme los huevos.

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— ¿Te gusta, doctor? —preguntó con la verga en la boca—. Este es mi regalo… mi cuerpo entero para ti esta noche.

La levanté, la puse en cuatro sobre el sofá y le arranqué la tanguita. Su culo joven y firme quedó expuesto, con la concha ya mojada y brillosa.

Primero se la metí en la concha, de un solo golpe. Sofi soltó un gemido ahogado.

— ¡Ayyy cabrón… qué verga tan rica!

La cogí fuerte, dándole nalgadas que resonaban en la sala. Sus nalgas rebotaban perfecto. Luego me salí, le escupí en el ano y empecé a metérsela por el culo más despacio. Sofi se tensó pero empujó hacia atrás.

— ¡Sí… métemela toda! Quiero que me des por el culo como le das a mamá…
Poco a poco se la metí completa. Su culito era más apretado y caliente. Empecé a cogerla con ritmo, agarrado de sus caderas. Sofi gemía como loca, bajito pero intenso.

— ¡Más duro, Dani! ¡Cógeme como la coges a ella! ¡Quiero ser tu puta también!

La taladré con fuerza, alternando entre su concha y su culo. La hice correrse dos veces: una con los dedos en la concha mientras le cogía el ano, y otra cuando la tenía en misionero, con las piernas en mis hombros.

Al final la puse de rodillas y le descargué toda la leche en la cara y las tetas. Sofi abrió la boca, sacó la lengua y tragó lo que pudo, mirándome con ojos de zorra satisfecha.

—Feliz graduación, hermanito… —dijo limpiándose la comisura de los labios con el dedo y tragando—.

Este culito y esta boca son tuyos cuando quieras. Mamá no tiene por qué saberlo todo…
Se levantó, me dio un beso con sabor a mi propia leche y subió a su cuarto contoneando el culo, dejándome exhausto en el sofá.
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Al día siguiente Ana me despertó con una mamada lenta y cariñosa en mi cama.

—Mi veterinario favorito… —susurró antes de tragársela toda—. Estoy muy orgullosa de ti, mi rey.

No sabía que su hija me había dado un regalo de graduación la noche anterior… ni que Sofi y yo ya habíamos cruzado una línea que sería muy difícil de ignorar de ahora en adelante.
Habían pasado doce meses desde mi graduación.

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Conseguí trabajo como veterinario en una importante clínica y distribuidora de insumos pecuarios en Toluca. Me iba bien. Buen sueldo, horario decente y experiencia. Seguía ayudando ocasionalmente en el negocio familiar, sobre todo en las tardes o fines de semana, revisando animales o llevando cuentas con mi mamá.

Sofi tenía novio formal desde hacía seis meses. Un tipo llamado Alex, decente pero nada especial. Eso nos distanció bastante. Ya casi no había provocaciones, ni roces, ni mensajes cargados. Ella parecía haber decidido cerrar ese capítulo y enfocarse en su relación. Yo lo acepté… aunque a veces extrañaba ese culito joven y provocador.

Ana, por su parte, había vuelto a intentar arreglar las cosas con mi papá. Salían a cenar, iban al cine, y de vez en cuando pasaban la noche juntos en el departamento de él. No vivían juntos todavía, pero era claro que estaban en una especie de “noviazgo maduro”. Eso me generaba celos, pero también había aceptado que mientras ella tuviera ganas, su culote y su boca seguían siendo míos.
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10 de mayo – Día de las Madres

Decidí hacer algo especial solo para ella.

Por la tarde le mandé un mensaje:

Dany: Ma, hoy te quiero consentir. Te invito a cenar tacos al pastor como te gustan y luego vamos a bailar. Solo tú y yo. ¿Aceptas?

Ana: Mi rey… claro que acepto 😊 Paso por ti a las 8.

Llegó puntual, vestida para matar. Jeans azul oscuro super ajustados que le marcaban brutalmente ese culote de infarto, tacones negros altos, blusa escotada blanca que dejaba ver el nacimiento de sus tetas y el cabello suelto. Se veía deliciosa.

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Cenamos en un puesto de tacos al pastor muy bueno que le encantaba. Comimos, reímos, platicamos del negocio, de mi trabajo y de la vida. Por un rato se sintió como una pareja normal. Después fuimos a un bar con música en vivo, salsa y bachata.

Ana bailaba increíble. Movía esas caderas anchas y ese culo con una soltura que me ponía la verga dura solo de verla. Bailamos pegados, rozándonos sin disimulo. En una bachata lenta le metí la pierna entre las suyas y ella me restregó el culo contra mi paquete descaradamente.

—Estás muy caliente hoy, mamita… —le susurré al oído mientras le agarraba la cintura.
—Hoy es mi día… y quiero que mi hijo me consienta completo —respondió girando la cara y mordiéndome ligeramente el labio.

Salimos del bar pasadas las dos de la mañana. En el coche, de regreso a casa, ya no aguanté. Le metí la mano entre las piernas y la empecé a tocar por encima del pantalón. Ana estaba mojada.

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— ¿Quieres que vayamos a un motel? —le pregunté.
—No… llévame a casa. Tu papá no está y Sofi se quedó a dormir con su novio.

Apenas entramos a la casa y cerramos la puerta, ya estábamos besándonos con desesperación. Le bajé los jeans en la sala misma, la empiné sobre el respaldo del sofá y le metí dos dedos en la concha mientras le lamía el culo.

Dale duro a Mamá XI

— ¡Ayyy Dany… qué rico!

La cogí primero en la concha, fuerte y profundo, dándole nalgadas mientras ella gemía como loca. Luego le unté saliva y lubricante natural y se la metí lentamente en el culo. Ana ya lo disfrutaba sin dolor.

— ¡Sí papito! ¡Cógeme el culo! ¡Es tuyo!

La reventé por el culo sobre el sofá, agarrado de sus anchas caderas, viendo cómo sus nalgotas rebotaban con cada metida. Ana se corrió dos veces antes de que yo le llenara el culo de leche caliente.

Después nos fuimos a su habitación y seguimos hasta casi el amanecer. La cogí en su cama, en la ducha, y terminé corriéndome por tercera vez en su boca mientras ella me miraba con devoción.
Al final, acostados y sudados, Ana me acariciaba el pecho.

—Gracias por este Día de las Madres, mi rey… Nadie me hace sentir tan deseada y tan mujer como tú.
La abracé fuerte, sabiendo que aunque intentara arreglar las cosas con mi papá, este vínculo entre nosotros era cada vez más fuerte y difícil de romper.

Primeras vacaciones y la playa

Habían pasado casi dos años desde que terminé la carrera.

Ya tenía un buen puesto como veterinario en una clínica grande y un departamento propio en una zona tranquila de Toluca. También tenía novia: Laura, una chica de 24 años, bonita, buena onda y con la que llevaba ocho meses. Era seria, me trataba bien… pero no era Ana. Nadie podía ser Ana.
Seguía ayudando en el negocio familiar los fines de semana y, sobre todo, seguía cogiéndome a mi mamá cada vez que podíamos. Aunque ella seguía intentando “arreglar” las cosas con mi papá, cada quince días más o menos terminábamos follando como animales, ya fuera en mi departamento, en el suyo cuando mi papá no estaba, o en moteles.

Llegaron mis primeras vacaciones reales del trabajo: diez días libres. Laura no podía tomarse días porque estaba en un proyecto importante, así que decidí hacer algo que tenía meses planeando.
Le mandé un mensaje a Ana:

Dany: Ma, ya tengo mis vacaciones. Quiero que tú y yo nos vayamos solos a la playa 4 días. Solo nosotros. Playa, hotel, piscina y cero preocupaciones. ¿Te animas?

Ana: ¿De verdad, mi rey? ¿Solo tú y yo? Acepto. Cuando quieras nos vamos ❤️
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Llegamos a Puerto Escondido un martes por la tarde. Reservé un hotel boutique frente al mar, habitación con terraza y jacuzzi privado. Apenas entramos a la habitación y cerramos la puerta, ya la tenía contra la pared.

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—Cuatro días enteros para cogerte sin tener que escondernos… —le gruñí mientras le bajaba el short de mezclilla.

Ana traía un bikini negro debajo que apenas contenía sus nalgas. Se veía brutal. El año de ejercicio y madurez le habían sentado de maravilla.

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La primera tarde la cogí contra la ventana con vista al mar, empinada, dándole duro por la concha mientras le tapaba la boca para que no gritaran los vecinos de al lado. Después la llevé al jacuzzi y se la metí por el culo mientras el agua burbujeaba. Ana ya gemía sin vergüenza cuando la penetraba por atrás.

— ¡Ayyy sí papito! ¡Más adentro! ¡Me encanta que me des por el culo!

Esa noche, después de cenar mariscos y tomar unas cervezas, regresamos al hotel cachondos. La puse en cuatro sobre la cama, con el culo bien empinado y brilloso de aceite de coco que compré especialmente.

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Le metí la verga lentamente en el ano hasta el fondo. Ana soltó un gemido largo y placentero.

— ¿Te gusta así, mamita? ¿En la playa, solo para mí?
— ¡Sí! ¡Todo tuyo! ¡Cógeme el culo rico, mi rey! ¡Soy tu puta de vacaciones!

La taladré con fuerza, agarrado de sus anchas caderas, viendo cómo ese culote enorme rebotaba contra mi pelvis. Le di nalgadas que le dejaron las cachas rojas. Ana se corrió dos veces: una con los dedos en su clítoris mientras le cogía el ano, y otra cuando la tenía de lado, con una pierna arriba, penetrándola profundo.

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Terminé corriéndome dentro de su culo, llenándola completamente. Cuando salí, mi leche escurrió de su ano abierto y ella se quedó temblando de placer.
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Los siguientes días fueron puro sexo y playa.

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Por las mañanas íbamos a la playa. Ana con un bikini rojo que provocaba que todos los hombres voltearan a verla. Yo me ponía celoso y excitado al mismo tiempo. Por las tardes regresábamos al hotel y la cogía sin prisa: en la terraza, en la ducha, en el jacuzzi, hasta en la playa de noche en una zona oscura.

Una noche, mientras la tenía empinada en la terraza con vista al mar y se la metía por el culo, le dije al oído:

—Aunque tenga novia… este culote siempre va a ser mío, ¿verdad?

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Ana giró la cara, jadeando, con la mirada nublada de placer:

—Siempre, mi rey… aunque yo siga intentando con tu papá… este culo y esta boca son tuyos cuando quieras. Nadie me coge como tú.

La noche antes de regresar, la cogí con más intensidad que nunca. La hice gritar mi nombre mientras le daba duro por el culo, tirándole del cabello y dándole nalgadas fuertes. Ana se corrió tan fuerte que le temblaron las piernas.

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Al regresar a Toluca, la realidad nos esperaba: mi novia, su casi-reconciliación con mi papá, el trabajo, Sofi… pero los dos sabíamos que esto ya no tenía vuelta atrás.

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