

Lupita, una joven de 18 años, se encontraba en una situación desesperada. Necesitaba con urgencia una notebook para poder seguir sus clases virtuales, pero su madre, una madre soltera humilde y trabajadora con tres hijos de padres diferentes, no podía ayudarla.

Sin opciones, Lupita decidió recurrir a su tío Roberto, un hombre conocido por su generosidad, aunque también por su lado más oscuro.
—Espero que puedas ayudarme, tío Roberto— Dijo Lupita con voz suplicante, mientras se sentaba en el borde de la cama de su tío.
Roberto, un hombre de 38años, con una mirada penetrante, la observó de arriba abajo, saboreando el momento. Sabía que Lupita estaba en posición vulnerable y decidió aprovecharse de la situación.
—Puedo sacarte una notebook a crédito, pero a cambio, necesito que seas buena conmigo—respondió Roberto con una sonrisa maliciosa.
Lupita tragó saliva, sabiendo perfectamente a qué se referia su tío. Había escuchado historias sobre sus encuentros con otras mujeres, y sabía que no tendría más remedio que acceder a sus deseos.
—Ya sé lo que quieres, tío—dijo ella en voz baja, mientras se arrodillaba frente a él y comenzó a desabrocharle el cinturón—. Y sí, te daré eso a cambio.
Roberto soltó una carcajada mientras la agarraba del cabello, forzándola a mirarlo a los ojos.
—Sabía que eras una putita igual que tu madre—murmuró, empujando su cabeza hacia abajo.
Lupita comenzó a chupar y lamer su pija con dedicación, sabiendo que su futuro académico dependía de su desempeño. Roberto gemía de placer, disfrutando el control que ejercía sobre ella.
—No puedes imaginarte cuánto he soñado con esto, sobrina—jadeó, mientras la desnudaba completamente y la acostaba en la cama.

La penetró con fuerza, lamiendo y mordiendo sus tetas mientras intensificaba sus embestidas.
Lupita se movía debajo de él, sintiendo una mezcla de dolor y placer que la hacía gemir sin control.
—Cabrálgame, —ordenó Roberto, cambiando de posición para que ella quedara encima.

Lupita obedeció, y se acomodó su pija dentro de su concha, rebotando sobre él mientras se agarraba a sus hombros. Roberto chupaba y mordía sus tetas, aumentando la intensidad del acto.
Luego, la puso en cuatro y le metio la pija en la concha y la embistió con fuerza desde atrás, golpeando sus nalgas con cada movimiento.
—Eres una puta deliciosa, Lupita—jadeó, mientras terminaba sobre sus nalgas, llenándola con su semen.

Lupita cayó exhausta sobre la cama, sintiendo su cuerpo adolorido pero satisfecha. Roberto, todavía jadeando, se inclinó sobre ella y le susurró al oído:
—Lupita, que rica putipendeja eres, esa conchita vale oro. Mañana mismo te consigo lo que necesitas.
Ella río, satisfecha de haber cumplido con su parte trato, sabiendo que su futuro académico estaba asegurado, aunque a un alto costo personal.
Lupita se dirigió a casa de su tío Roberto con el corazón latiendo con una mezcla de esperanza y anticipación. La noche anterior había sido intensa, y ahora esperaba que su sacrificio hubiera valido la pena.
Al llegar, su tío la recibió con una sonrisa de orgullo, llevándola directamente a su estudio.
—Aquí está, Lupita—dijo Roberto, mostrando la notebook más avanzada y cara del mercado—. Te conseguí el mejor, como mereces.
Lupita abrió los ojos de par en par, sorprendida por el dispositivo que tenía delante. Era más de lo que había soñado, y su corazón se llenó de gratitud, aunque también de una pizca de miedo al pensar en las consecuencias.
—Pero tío, esto es demasiado—murmuró, pasando sus dedos por la superficie lisa del aparato—. No puedo aceptar algo tan caro.
Roberto se acercó a ella, su aliento cálido en su cuello mientras le susurraba:
—No es demasiado para mi sobrina favorita., si lo sacamos a cuotas, es mejor hacerlo con el de mejor calidad, ¿no crees?
Lupita se giró para mirarlo, una sonrisa pícara en su rostro mientras respondía:
—Y seguro que me cobrarás en cuotas mí también, ¿verdad?
Roberto soltó una carcajada, sus ojos brillando con deseo.
—No lo niego, Lupita. Estás demasiado rica para resistirme.
Ella se mordió el labio, sabiendo que su tío tenía planes para ella. Roberto la atrajo hacia él, sus manos explorando su cuerpo mientras la besaba apasionadamente.
—Vamos a celebrar tu nuevo juguete, ¿te parece?—susurró, llevándola hacia su habitación.
Lupita se dejó guiar, sabiendo que en sus manos y que, por ahora, era lo que necesitaba.
Roberto llevó a Lupita a su habitación, sus manos ya explorando su cuerpo con avidez. La desnudó lentamente, besando cada centímetro de su piel.
Se demoró especialmente sus tetas, chupando y mordiendo sus pezones hasta que se pusieron duros y sensibles. Luego, bajó hasta su vagina, separando sus labios con sus dedos y lamiendo su clítoris hinchado, sacándole gemidos de Placer, Lupita se retorció bajo su toque, sintiendo cómo su cuerpo respondía a cada caricia.
Roberto sabía exactamente cómo excitarla, y no tardó en tenerla jadeando y suplicando por más.
Se bajó el pantalón, liberando su pija erecta y gruesa. Con una sonrisa lasciva, le ordenó:
—Chúpalo, Lupita.
Ella obedeció, agarraba su pija con ambas manos y comenzaba a lamerlo desde la punta a la base, saboreando cada centímetro. Roberto echó la cabeza hacia atrás, gimiendo de placer mientras ella lo mamaba y volvía loco.
—Eres increíble, sobrina—jadeó, levantándola y sentándola sobre él.

Lupita, deslizó su conchita sobre su erección y comenzó a cabalgarlo, moviéndose arriba y abajo sobre su pija mientras él chupaba y mordía sus tetas. Roberto acariciaba sus nalgas, apretándolas con fuerza mientras intensificaba el ritmo.
De repente, la puso en cuatro y embistió su concha desde atrás más brutal y excitado que nunca. Lupita gritaba de placer, sintiendo cómo su tío la llenaba por completo.

Roberto sacó su pija y lo frotó contra la entrada de su culo, haciendo que Lupita jadeara en anticipación.
No, tío, por ahí no—suplicó, pero él no le hizo caso.
La sujetó con fuerza y, con un empujón decidido, se lo metió el culo. Lupita gritó de placer y dolor, recibiéndolo completamente.
Roberto comenzó moverse, dándole duro hasta que ya no pudo aguantar más. Se la sacó y terminó sobre sus tetas, salpicando con su semen.
Lupita se lamió la leche de los pechos, ronroneando de satisfacción.
—Tío, te pasaste. Me duele el Culo—murmuró, pero con una sonrisa en su rostro.
Roberto le devolvió la sonrisa, acariciando su cabello.
—Sí, pero te gustó, y creo que mi sacrificio lo vale.
Se vistió le dio un beso en la frente y, con una palmada en la nalga, le entregó la notebook.
—Aquí tienes, sobrina. Ahora puedes seguir con tus clases. Y recuerda, esto es solo el comienzo.
Lupita salió de la habitación con su nuevo juguete, una mezcla de dolor y placer en su cuerpo, y una sonrisa satisfecha en su rostro. Sabía que había hecho un trato con el diablo, pero por ahora, todo valía la pena.

Lupita se encontró con su amiga Paty en el parque, necesitando desahogarse sobre lo que había pasado con su tío. Mientras caminaban, Lupita no pudo evitar tocar el tema.
Aún me duele el culo, pero valió la pena—confesó Lupita con una mezcla de dolor y satisfacción en su voz.
Paty se detuvo, mirando a su amiga con curiosidad.
—¿En serio? Cuéntame más—suplicó, sus ojos brillando con interés.
Lupita se sonrojó, pero decidió compartir los detalles.
—Bueno, mi tío tiene un pene grande y coge duro. Me dolió mucho al principio, pero luego...—hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—. Luego fue increíble y me gusto.
Paty soltó una risita, sacudiendo la cabeza.
—Estás loca, Lupita. Pero también te envidio. Me gustaría que me rompiera el culo a mí también.
Lupita se sorprendió por la reacción de su amiga.
—¿En serio, Paty? No sabes lo que dices. Duele mucho.
—Lo sé, pero eso es lo que más me excita—respondió Paty con una sonrisa traviesa—. Estoy cansada de los penes cortos y débiles que me tocan. Quiero algo que realmente me haga sentir placer.
Lupita reflexionó por un momento, luego una idea cruzó su mente.
—Bueno, si realmente quieres, puedo hablarle de ti a mi tío. Pero allá tú dijo Lupita, encogiéndose de hombros.
Paty abrió los ojos de par en par, una mezcla de miedo y excitación en su rostro.
—¿Hablas en serio? ¿Crees que aceptaría coger conmigo?
—Mi tío es un hombre de apetitos variados respondió Lupita con una sonrisa pícara—. Y siempre está buscando nuevas compañías. Pero te advierto, no será fácil.
Paty asintió, con determinación en su mirada.
—Estoy dispuesta a intentarlo. Dile que me ponga a prueba. Quiero ver si esta bien armado.
Lupita sonrió, sabiendo que había plantado una semilla de tentación en la mente de su amiga. Las dos continuaron su caminata, hablando de sus fantasias.
La semana siguiente, Lupita se arrodillaba frente a su tío Roberto, su pija dura, lista para ella.
Comenzó a mamar con dedicación, sus labios y lengua trabajando mientras él acariciaba sus nalgas y su vagina, haciendo que se mojara más con cada toque.
Roberto gemía de placer, sus manos explorando su cuerpo con avidez. De repente, la interrumpió, levantándola y sentándola sobre él, metiendole la pija en la concha.

Cabrálgame, sobrina—ordenó, besando y mordiendo sus tetas mientras ella obedecía.
Lupita se movía arriba y abajo, sus caderas encontrando un ritmo perfecto mientras Roberto chupaba sus pezones.
El placer era intenso, y podía sentir cómo su cuerpo respondía a cada movimiento.
Luego, Roberto la puso en cuatro y, sin previo aviso, la penetró por el culo. Lupita gritó de sorpresa y placer, sintiendo cómo la llenaba completamente.

—Aguanta,Lupita—jadeó Roberto, agarrando sus caderas con fuerza—. Me vuelve loco tu colita.
Ella obedeció, quedando quieta mientras él la embestía con movimientos profundos y controlados, sus testiculos golpeando su conchita. El placer era intenso, una mezcla de dolor y éxtasis la hacía gemir sin control.
Roberto la cambió de posición, acostándola de espaldas y levantando sus piernas hasta sus hombros. Penetró su concha con fuerza, haciendo que Lupita gritara de placer. Se movía con intensidad, buscando su propio clímax ella se retorcía debajo de él.

Justo cuando estaba a punto de terminar, Roberto se la sacó y, con un gemido profundo, terminó eyaculando sobre su vientre, marcándola con semen. Abrazándola con fuerza, le susurró al oído:
Gracias, Lupita. Fue increíble.
Lupita sonrió, satisfecha y agotada.
—Tío, me alegra que te haya gustado—respondió, aún jadeando.
Roberto se levantó y se vistió, mirando a Lupita con sonrisa.
—Y dime, ¿cómo te fue con la notebook? ¿Ya la usaste?
Lupita asintió, sus ojos brillando de gratitud.
—Demasiado bien. Gracias a eso no me he atrasado con mis tareas. De hecho estoy sacando mejores notas que nunca.
Roberto sonrió, orgulloso.
—Me alegra oír eso, sobrina.
Lupita se sonó, recordando su conversación con Paty.
— Por cierto Tío, Mi amiga Paty, me dijo que te quería conocer. En realidad, me dijo que quiere coger contigo.
Roberto levantó una ceja, intrigado y curioso.
—¿En serio? Y, ¿está buena?
Lupita asintió.
—Sí, bastante. Es delgada, con cabello largo y rubio. Tiene un cuerpo espectacular.
Roberto se acarició la barbilla, pensativo.
—No estaría mal conocerla. Dale mi numero y veremos qué pasa.
Lupita sonrió, sabiendo que había abierto una puerta de posibilidades para su amiga. Se vistió y salió de la habitación, sintiéndose satisfecha y cumplidora.


0 comentarios - Él Tío de Lupita ~ Parte 1📑275