
Capítulo 1.
A sus veintiocho años, Carola dominaba a la perfección sus personalidades. Durante el día, era el fantasma del departamento de administración: una empleada sumisa, de voz baja, que aceptaba los regaños de su jefe con la cabeza inclinada y vestía faldas grises que apagaban su figura. Nadie en esos cubículos grises conocía su verdadero fuego. Al caer la noche, su sumisión se disolvía por completo y daba paso a su alter ego nocturno. Se vestia provocativa y siempre usaba unas imponentes botas de tacón alto color vino tinto y un antifaz en conjunto. Se sentía una heroína, si pacer eran los hombres bien dotados, eran su debilidad. Le gustaba domarlos. Cuando ella montaba sus botas se sentía poderosa.
Carola frecuentaba un club nocturno de la ciudad, un lugar clandestino donde la regla fundamental era que todos los asistentes debían llevar antifaz para proteger su identidad. Esto le permitía buscar hombres sumamente bien dotados físicamente para saciar sus placeres más ocultos y liberar toda la energía reprimida de la jornada laboral, sin temor a ser reconocida. Ella en su alter egodejaba el papel de sumisa y luchaba por domar estos miembros satisfaciendo así sus deseos prohibidos.
El viernes por la noche fue al club, mientras se movía entre la multitud enmascarada, sus ojos se fijaron en un hombre de unos cuarenta años que llevaba un antifaz oscuro. No tenía el típico cuerpo de gimnasio; era un hombre común, de fisonomía totalmente normal, ni gordo ni flaco. A pesar de la máscara, sus rasgos maduros eran inconfundibles: era Mauricio, el nuevo diseñador de la firma donde ella trabajaba. De inmediato, a Carola le vino a la mente el rumor que durante meses sus compañeras habían comentado en secreto en los pasillos de la empresa: la firme fama de que, detrás de esa apariencia corriente de oficina, él ocultaba unos atributos excepcionales y estaba sumamente bien dotado. En la oficina, Carola apenas lo miraba a los ojos y se limitaba a entregarle reportes con timidez, pero al verlo allí, rodeado por el anonimato del club, el deseo la dominó. Decidió que era el momento perfecto para comprobar el rumor por sí misma.
Carola se acercó a él en la barra adoptando una actitud seductora y dominante, cambiando por completo su tono de voz. Mauricio, completamente cautivado por la imponente figura de la mujer del antifaz carmesí, no dudó en aceptar su propuesta de ir a un lugar privado. En la penumbra de un hotel cercano, Carola inmediatamentecomprobó con creces que los rumores de la oficina eran totalmente ciertos. La tomó en sus manos. Mauricio la tenía gruesa y caliente, ella quedo boca arriba sobre lacama cuando él puso todo su peso dentro de ella, y comenzó a cogerla. Pero Carola no se limitó solo a recibirlo. Decidió manejar la situación. Se posicionó arriba, adueñándose del encuentro. Movió la cadera en círculos lentos, usando el peso de su propio cuerpo y se apoyó en las botas para controlar la profundidad. Por un momento sintió que el tamaño la obligaba a contener el aliento. Ahí fue cuando saco valor se inclinó hacia adelante, apoyó las manos en su pecho y aceleró el vaivén, disfrutando de cómo él se arqueaba y se rendía completamente debajo de ella.
Lo hizo acabar montado sobre él. Su placer era dominar semejantes pijas y sentir como las dormía dentro de ella. Se quedó unos segundos encima, saboreando su victoriamientras respiraba agitadamente. Luego se levantó en silencio, se ajustó el vestido ceñido que había llevado y salió de la habitación dejando solo el eco lejano de sus tacones por el pasillo.
El lunes por la mañana, la sumisa Carola regresó a su cubículo. Al poco tiempo, Mauricio pasó junto a ella; se le veía notablemente distraído y con ojeras que delataban su obsesión. Más tarde, aprovechando que él fue a una reunión urgente, Carola tuvo que acercarse a su escritorio para actualizar un sistema en su computadora. Al encender la pantalla, miró el navegador abierto y comprobó en el historial de búsqueda que el hombre había quedado completamente fascinado e intrigado por el encuentro, buscando desesperadamente pistas sobre la "mujer misteriosa del antifaz rojo". Carola esbozó una pequeña y discreta sonrisa, sabiendo que lo había hecho perder la cabeza.
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