Ya llevaba seis meses sin trabajo y mi situación era desesperante; lo que me habían dado de liquidación en el bufete de abogados se estaba acabando, aunque todo lo racionaba: la comida, el agua, el papel y demás utensilios. Dejé de salir para no gastar, solamente salía a buscar trabajo.
Yo creía que vivir sola era una ventaja, pero al parecer a los contratantes no les parecía así; pues en los lugares a los que yo llevaba mi currículum pensaban que era yo irresponsable, inmadura y conflictiva; no sé porque no les gustaba mi independencia.
Comencé a pensar que tal vez sería bueno regresar al bufete y ceder a las sucias intenciones del Licenciado pongamos Zamora y hacerme su amante. El anteriormente me había ofrecido a estarme con el para mantener mi puesto pero yo no había aceptado porque yo se que soy muy guapa y podría conseguir lo que yo quisiera abriendo las piernas, dando las nalgas y chupando penes pero yo no quería eso. Yo quería que se me reconociera y respetará por mis conocimientos y mi potencial entonces no acepté, aunque el viejo era feo, grosero y olía mal; pero era el jefe de todos y fue quien le ordenó a mi jefe que me despidiera cuando no cedí a sus pretensiones. Cabe recalcar que esto que les voy a contar 100% real, en mi vida he tenido dos violaciones, está es una de ellas después contaré la otra, sin embargo estás dos experiencias cambiaron mi forma de ser y mi vida. Me gustaría mencionar que a pesar de mi atractivo yo no le había Sido infiel a mi novio que en este caso era mi prometido, y oportunidades no me hacían falta pues los hombres en el trabajo, la escuela y la calle me hablaban, me invitaban a salir, me mandaban mensajes y hasta fotos y videos muy comprometedores a los cuales no les daba entrada. Lo único que llegaba a hacer era las fotos y videos de miembros bonitos o que me gustaban los guardaba para darme placer viéndolos jajaja pero no cuenta como infidelidad porque no les contestaba, ya después todo cambio pero vamos por partes.
Por otro lado, una demanda sería inútil, ¿que podría ganar yo, una chica de 27 años, pasante de Derecho frente a uno de los abogados más reconocidos y prestigiosos del estado, con uno de los bufetes más fuertes y grandes; amigo de abogados, fiscales y jueces? No, era inútil. Yo misma vi los documentos de su primer divorcio, en el cual dejó a su ex esposa sin nada, en la vil calle y boletinada en las cadenas televisoras para que no volviera a encontrar trabajo de reportera, que era su profesión.
Llegué a pensar que el maldito viejo tal vez me había bloqueado a mí también para que no consiguiera trabajo por no haberme querido acostar con él. Es lo malo de tener un cuerpo como el mío: aunque hay algo que no me gusta mucho y es mi estatura ya que si soy un poco alta (mido 1.72) y con tacones llegó como a 1.80, la verdad es que tengo muy buenas curvas, tengo unas piernas muy bien torneadas y soy de cara bonita, ovalada y de nariz y labios pequeños, pero de ojos grandes.

Esa soy yo para que vean como es mi figura y mi complexión. Y ahora les dejo de mi carita para que me conozcan.

Por eso, cuando en el despacho de cobranza en el que fui a pedir trabajo me contrataron, me sentí muy feliz, pues me ofrecieron un magnífico sueldo, comisiones sobre cada cobro realizado, prestaciones, me daban un teléfono celular y una Tablet para hacer la labor de cobranza y mis reportes. Lo único que no me agradó mucho fue la recomendación del que iba a ser mi jefe, cuando me dijo:
Si sabes explotar bien tus buenos atributos, lograrás muchos cobros y tendrás excelentes comisiones y promociones, ya lo verás.
Aunque me pareció un poco atrevido su comentario y regresando a lo mismo de badar mi trabajo en mi cuerpo y no en mis habilidades me disfrutaba pero ya ni modo había conseguido trabajo, no hice mucho caso, confié en mis habilidades de negociación para convencer a la gente.
Comencé a trabajar y supuse que tendría que ser muy formal, así que los primeros días me vestí muy ejecutiva, con los mismos trajes sastres que usaba cuando trabajaba en el bufete. Un día, más o menos a la semana de haber entrado, mi jefe me llamó a su oficina y me dijo:
Mira, cuando vengas a la oficina está bien esa vestimenta, pero cuando vayas a visitar a los morosos deberás usar otro tipo de ropa, no sé si me explico.
Mmmm, no, no entiendo, ¿más formal?
Eh, no; al contrario, más… ¿cómo te diré?... pues más atrevida, ¿me entiendes? No tan formal ni rígida si no más casual pero menos tapada
¿Cómo?, no… no entiendo, dije yo sorprendida.
Si, mira: la mayoría de los deudores que se te asignaron son hombres y pues, es más fácil que los convenzas si tu… ya sabes es una estrategia que empezamos s implementar ya que funciona mejor enviar mujeres atractivas ya que antes andábamos hombres y se ponían muy agresivos desde que enviamos mujeres no se ponen agresivos y muchos pagan por presión
¡Ah ya entiendo! Quieres que me vista más coqueta para que paguen.
¡Exacto! Está comprobado que es más fácil que los deudores paguen si la cobradora es una voz femenina o una chica atractiva, ¿me entiendes?
¡Ah claro! Bueno, eso haré
De acuerdo, pues prepárate porque el lunes tienes tu primera visita de cobranza
¡Si jefe!
Verdaderamente me pareció muy interesante lo que mi jefe me había dicho era una gran estrategia lo único es que me veían como objeto de deseo para hombres y que ellos pagarán pero bueno es parte de, lo que si me gustaba era que me podía vestir como yo quisiera pues nunca me gustaron los trajes sastre, más bien me gusta usar minifaldas, blusas escotadas, leggins y en general ropa pegada o corta y la uso para mi, para sentirme sexy y pues así me gusta vestirme me gusta verme guapa; es por eso que antes de salir de su oficina, le pregunté a mi jefe:
¿Y cuando venga aquí tengo que usar ropa formal?
¡No, claro que no! Bueno, no puedes venir en bikini o en lencería, aunque muchos de nosotros estaríamos encantados otra vez mi jefe coqueteandome, pero está prohibido, jajaja
Jajaja. Claro que no, desde mañana vendré más fresca
Me parece perfecto
Efectivamente, desde el otro día me vestí mucho más sensual y con ropa más cómoda y fresca. No tardaron en acercárseme los compañeros con cualquier pretexto y me di cuenta del poder de la seducción, aunque pues no les daba entrada por respeto a mi novio.
La primera semana fue muy agradable, ya que todo lo hacía desde la oficina por teléfono; había muchos problemas al querer cobrar a los morosos, ya que algunos eran muy groseros o pedantes; la mayoría me dijo que si quería cobrarles tendría que ir a sus domicilios, y como mi jefe lo había indicado, empecé a hacer citas para la siguiente semana.
Durante dos semanas salí a acompañar a mi jefe para ver clientes; él me enseñó las técnicas de cobranza efectiva y el trato hacia los clientes; todos los días me vestía con minifalda, jeans o leggins y blusas escotadas y mi jefe me advirtió que muchos de los morosos estaban empezando a pagar porque iba yo con él y porque me vestía bastante lindo y sexy, así que me dijo que siguiera por ese camino y que cuando fuera sola ya a cobrar tendría que hacer lo mismo. Yo pensé que no tendría ningún problema, pues me gusta esa forma de vestir y me gusta sentirme bien con mi forma de ser aparte soy muy amable y linda en el trato, se me da muy natural. Así me vestía luego para ir a las citas usando vestidos, mini faldas, shorts, etc.

Ya tenía un mes trabajando en este lugar cuando por fin mi jefe me dijo que la siguiente semana ya saldría yo sola, pues consideraba que ya estaba preparada para desempeñarme y lograr buenos resultados; así que me preparé mi agenda para mis citas de la siguiente semana.
De lunes a jueves logré muy buenos resultados, tuve bastante éxito con los morosos hombres; todos empezaron a pagar después de que los fui a visitar y les hice falsas promesas de que si pagaban los visitaría regularmente o podrían sacar una cita conmigo para ver lo de sus pagos indirectamente como si me invitaron a salir.
Llegó el viernes y a las 10:00 a.m. salí de la oficina, convencida de que lograría tres cobranzas muy buenas ese día; animada por mis logros de la semana y las felicitaciones de mi jefe.
Había dejado las cobranzas más difíciles para ese día a propósito; pero no me había fijado en que los lugares estaban muy distantes uno del otro y el tiempo de traslado sería mucho, aún en taxi.
Llegué al primer lugar y no me fue bien, resultó ser un domicilio falso; era una casa abandonada.
Me trasladé al segundo lugar. Tampoco tuve suerte, pues la persona se encontraba de viaje, o al menos eso me dijo la mujer que abrió y que me barrió con una mirada despectiva.
Había dejado para el final el lugar más alejado de la oficina, un barrio popular que distaba mucho de las zonas residenciales que había visitado en la mañana.
Después de mi hora de comida, a las tres y cuarto de la tarde, tomé un taxi y le di al conductor, un señor de anteojos, con cabello y barba blanca, gordo y bastante sucio, un papel con el domicilio al que me tenía que llevar; él volteó a verme sobre su asiento, me recorrió con mirada morbosa y me preguntó:
¿Estás segura de que quieres ir ahí?
Si, ¿por qué?
¿Y vas a ir vestida así?
¡Claro! ¿qué tiene?
Pues… yo no te lo recomendaría, ese lugar es…
No se preocupe, interrumpí, no pasa nada, yo me sé cuidar, le dije un poco molesta de que se metiera en mis asuntos.
Bueno, luego no digas que no te lo advertí.
El taxi arrancó mientras yo volteaba a ver mi vestimenta, ese día creo que si me había pasado para ir a visitar ese lugar: Cierto que mi falda era muy muy corta, tal vez demasiado, pues estando sentada apenas me alcanzaba a cubrir los muslos, con el ajetreo del viaje se ne subía demasiado ya casi sl punto de enseñar los chones jajaja. Mi blusa era blanca, muy pegada, estaba prácticamente embarrada en mi cuerpo, está vez no llevaba escote pero era tipo ombliguera; pero no necesitaba escote porque yo tonta no llevaba sostén, cuando me la puse como todavía no había mucha luz no me di cuenta que si se alcanzaba a transparentar ya hasta que llegué a la oficina me di cuenta que si ponías mucha atención por lo delgada de la blusa si se alcanzaba a ver y a distinguir y no me había puesto bra porque a veces me gusta salir así es mucho más cómodo y más fresco pero mis pezones alcanzaban a notarse un poco; llevaba zapatillas de tacón negros. Básicamente como en la foto de abajo sólo que en esa foto si llevaba bra, pero imaginen la punta de mis pezones y la transparencia.

Llevaba también una carpeta con los documentos del trabajo, el celular y mi bolsa; era todo.
Había mucho tráfico, tardamos casi una hora y media en llegar a la colonia a la que íbamos; yo iba distraída consultando mis redes sociales en el celular mientras el taxista me platicaba casi toda su vida y me hacía preguntas indiscretas como:
¿Y estás trabajando?
Si, ¿Por qué?, contesté secamente.
Nada más, ¿de qué trabajas?
De… mensajera, mentí para que el tipo no creyera que al ser cobradora traía efectivo encima.
Ah que bien. ¿Y a poco así te vistes siempre?
Si, ¿algún problema?, contesté ya enfadada por la clara forma humillante y morbosa en que lo decía.
¡No, bueno, yo nomás digo!, dijo el taxista y se calló un rato.
Después de unos minutos escuché al taxista murmurar:
Se visten como putas, van a lugares de mala muerte y luego se quejan de que las violan.
¿Qué dijo?, pregunté, aunque había escuchado perfectamente lo que había dicho.
No, nada, estaba pensando en voz alta, contestó y no volvió a hablar en todo el camino.
En un momento el taxista paró y le pregunté:
¿Es aquí?
Ya está muy cerca
Bueno, entonces ¿por qué paró?
Porque hasta aquí llego. Yo no entro con el carro ahí
Oiga no, lléveme hasta la dirección ¿a poco me va a dejar aquí sola?
No, hasta aquí, si quiere la regreso a donde la recogí, pero ahí no entro ni a empujones, yo le advertí que no era bueno venir aquí
Bueno, ya, a ver cóbreme.
Pagué lo que indicaba el taxímetro y me bajé refunfuñando. El taxi arrancó a toda velocidad, alejándose rápidamente de ahí.
Caminé hacia el rumbo que me había señalado el taxista; la zona no se veía lo que se dice muy fea, era una colonia popular; lo que si noté es que casi no había gente en las calles. Llegué a una esquina, pero no sabía hacia donde caminar; así que tomé el celular para llamarle al tipo que iba a visitar y que me diera indicaciones de cómo llegar a su domicilio; él me contestó, pero apenas se había establecido la comunicación cuando el teléfono emitió dos pitidos y no escuché nada más. Lo alejé de mi oreja y vi que el celular marcó: “sin batería” y se apagó. Puta madre eso me pasa por siempre dejarlo sin cargar
Maldije mi suerte y me enojé por estar navegando en las redes y acabándome la batería a lo tonto. Llevaba el cargador, pero no tenía dónde enchufarlo.
Mientras estaba parada en la esquina se detuvo un auto, el conductor bajó la ventanilla y me preguntó: ¿cuánto por el chiquito? De inicio me tomó desprevenida, pero luego le hice una seña obscena con el dedo y me volteé hacia otro lado. El auto arrancó mientras el tipo gritaba:
¡Así no vas a conseguir cliente, además ni estas tan buena, puta!
Hice un tremendo coraje, pero decidí que era mejor concentrarme en el trabajo que tenía que hacer ahí, pues ya eran más de las cinco de la tarde, empezaba a oscurecer y amenazaba con llover.
Otro auto se detuvo y se repitió la escena, por lo que tuve que marcharme de la esquina a toda prisa para que no siguieran confundiéndome con una prostituta. Me lamenté no haber llevado un suéter o abrigo largo para no verme tan destapada. Pensé en regresar a la oficina o irme a mi casa, pero no quería llegar al día siguiente con las manos vacías y decepcionar a mi jefe.
Caminé por la calle sin saber si iba por el rumbo correcto; la amenazante lluvia había alejado a la gente de las calles; solamente había tres hombres afuera de un local que decía en la fachada: “taller de torno”. Ellos conversaban y jugaban a las cartas. No muy convencida, pero sin otra opción, con mi mejor sonrisa, me acerqué a preguntarles:
Hola, buenas tardes, disculpen estoy buscando una dirección…
Los tres prácticamente me desnudaron con la mirada, recorriéndome de arriba abajo sin ningún disimulo y sonrieron, su mirada era muy morbosa
Hola, dijo uno de ellos, el más viejo, que vestía una camiseta de tirantes que alguna vez fue blanca, pero que con la suciedad de la grasa y la tierra ya estaba casi negra
Hola, dijo un tipo como de treinta y cinco años, gordo y bofo, vestido con una playera de un equipo de fútbol y jeans; sonreía con la boca chueca, fumaba un cigarro y no dejaba de recorrerme de arriba abajo con su sucia mirada
¿Qué tal? Dijo el tercero, un tipo más o menos de la misma edad, pero fuerte y nervudo; vestido con un overol de trabajo. Tenía la mirada torva, como malévola; daba miedo, pero fue el que se me cercó. A ver, ¿a dónde vas?
Le di el mismo papel que le había entregado antes al taxista y él lo leyó moviendo la cabeza afirmativamente; me dijo:
Es aquí cerca, yo conozco al señor, si quieres te llevo
Eh, no gracias, con que me indiquen como llegar, yo llego, gracias, dije por el miedo que me inspiraba el tipo.
Pero es que es peligroso que andes sola por estas calles, se ve que no eres de aquí, dijo él
No importa, solo dígame por favor
¿Cómo ves? Le dijo él al señor más grande
Yo digo que mejor la lleves, o la llevo yo, dijo él señor
¿Para qué quieres ir ahí? Ese viejo vive solo, me preguntó el gordo
Soy su sobrina y quiero darle una sorpresa, mentí
¡Ah su sobrina!, dijo el más joven. Mira él es nuestro cuate, mejor te llevamos
Sí, no desconfíes, dijo el señor mayor
Está bien, contesté resignada ante tanta insistencia y temiendo que si no accedía me enviarían con rumbo equivocado o no me ayudarían
Ahí te quedas cuidando el changarro, le dijo el viejo al gordo y este asintió con la cabeza.
Los dos tipos tomaron sus chamarras y se las pusieron, el viejo también llevó un paraguas, “por si las dudas”.
Empezamos a caminar y ellos a interrogarme:
Nunca habías venido ¿verdad?
No
¿Y de quién eres hija, de Rosa o de Emilio?
De Rosa, dije continuando con mi mentira
Ah sí, si te pareces un buen, ella era muy bonita ¿y ahora dónde vive? Se había ido a Estados Unidos, ¿No?
Sí, allá sigue
Ah que bien, salúdamela cuando la vuelvas a ver, dile que se acuerde de Camilo, dijo con una sonrisa que denotaba que algo habían tenido que ver él y la tal “Rosa”
Ah sí, yo le digo
¿Y cuánto tiempo vas a estar aquí?
Mañana me voy
Uy que mal, bueno, pasas a despedirte de nosotros, podemos darte algún regalito cada uno, o los tres juntos, dijo el viejo de manera suspicaz y bastante en doble sentido
Bueno, gracias, respondí haciéndome la tonta, pues sabía que sus comentarios tenían doble intención y eran de forma sucia.
En ese momento pensé que cuando saliera de la casa del cliente, al ir de regreso tendría que rodear por otras calles para no volverlos a encontrar y que se dieran cuenta de mis mentiras o, peor aún que pensaran que “mi tío” no me había querido recibir y ellos me darían posada muy gustosos.
Ellos continuaron conversando acerca de viejos tiempos y pronto llegamos al domicilio; era una bonita casa sencilla de dos pisos, pero un poco abandonada.
Aquí es
Bueno, gracias, dije dándoles la mano para despedirme
Aquí esperamos a que entres
No, es que quiero darle una gran sorpresa ¿sabes? Y no quiero que se vaya a echar a perder.
¡Ah, sí! tienes razón, bueno, mañana pasas al taller antes de irte y te hacemos una despedida y, como te dije, te damos unos regalitos.
¡Ya, no te pases! Dijo el joven al viejo
Está bien, gracias, dije sonriendo nerviosa
Ellos se fueron y en cuanto vi que se alejaron subí un poco más mi falda y acomodé mi blusay toqué en el portón de la casa; se oyó el ladrido de un perro y una voz grave que gritó:
¿Quién?
¿Está el señor Rodríguez?, pregunté
¿Quién lo busca?
Vengo a entregarle un producto (yo sabía que el señor pedía productos por Internet, pues precisamente eran esas deudas las que iba a cobrarle y me arriesgué a que estuviera esperando algo)
Durante unos segundos solo se escuchaban los ladridos del perro; luego unos pasos se acercaron a la puerta; adiviné que el señor me miraría por la mirilla de su puerta, así que sonreí e hice una pose coqueta para lograr que me abriera.
¡Un momento, voy a amarrar al perro! Dijo con voz fuerte y grave.
Está bien, contesté
Escuché como arreaba al perro y lo amaraba y después regresaba a la puerta y la abrió.
Yo creía que vivir sola era una ventaja, pero al parecer a los contratantes no les parecía así; pues en los lugares a los que yo llevaba mi currículum pensaban que era yo irresponsable, inmadura y conflictiva; no sé porque no les gustaba mi independencia.
Comencé a pensar que tal vez sería bueno regresar al bufete y ceder a las sucias intenciones del Licenciado pongamos Zamora y hacerme su amante. El anteriormente me había ofrecido a estarme con el para mantener mi puesto pero yo no había aceptado porque yo se que soy muy guapa y podría conseguir lo que yo quisiera abriendo las piernas, dando las nalgas y chupando penes pero yo no quería eso. Yo quería que se me reconociera y respetará por mis conocimientos y mi potencial entonces no acepté, aunque el viejo era feo, grosero y olía mal; pero era el jefe de todos y fue quien le ordenó a mi jefe que me despidiera cuando no cedí a sus pretensiones. Cabe recalcar que esto que les voy a contar 100% real, en mi vida he tenido dos violaciones, está es una de ellas después contaré la otra, sin embargo estás dos experiencias cambiaron mi forma de ser y mi vida. Me gustaría mencionar que a pesar de mi atractivo yo no le había Sido infiel a mi novio que en este caso era mi prometido, y oportunidades no me hacían falta pues los hombres en el trabajo, la escuela y la calle me hablaban, me invitaban a salir, me mandaban mensajes y hasta fotos y videos muy comprometedores a los cuales no les daba entrada. Lo único que llegaba a hacer era las fotos y videos de miembros bonitos o que me gustaban los guardaba para darme placer viéndolos jajaja pero no cuenta como infidelidad porque no les contestaba, ya después todo cambio pero vamos por partes.
Por otro lado, una demanda sería inútil, ¿que podría ganar yo, una chica de 27 años, pasante de Derecho frente a uno de los abogados más reconocidos y prestigiosos del estado, con uno de los bufetes más fuertes y grandes; amigo de abogados, fiscales y jueces? No, era inútil. Yo misma vi los documentos de su primer divorcio, en el cual dejó a su ex esposa sin nada, en la vil calle y boletinada en las cadenas televisoras para que no volviera a encontrar trabajo de reportera, que era su profesión.
Llegué a pensar que el maldito viejo tal vez me había bloqueado a mí también para que no consiguiera trabajo por no haberme querido acostar con él. Es lo malo de tener un cuerpo como el mío: aunque hay algo que no me gusta mucho y es mi estatura ya que si soy un poco alta (mido 1.72) y con tacones llegó como a 1.80, la verdad es que tengo muy buenas curvas, tengo unas piernas muy bien torneadas y soy de cara bonita, ovalada y de nariz y labios pequeños, pero de ojos grandes.

Esa soy yo para que vean como es mi figura y mi complexión. Y ahora les dejo de mi carita para que me conozcan.

Por eso, cuando en el despacho de cobranza en el que fui a pedir trabajo me contrataron, me sentí muy feliz, pues me ofrecieron un magnífico sueldo, comisiones sobre cada cobro realizado, prestaciones, me daban un teléfono celular y una Tablet para hacer la labor de cobranza y mis reportes. Lo único que no me agradó mucho fue la recomendación del que iba a ser mi jefe, cuando me dijo:
Si sabes explotar bien tus buenos atributos, lograrás muchos cobros y tendrás excelentes comisiones y promociones, ya lo verás.
Aunque me pareció un poco atrevido su comentario y regresando a lo mismo de badar mi trabajo en mi cuerpo y no en mis habilidades me disfrutaba pero ya ni modo había conseguido trabajo, no hice mucho caso, confié en mis habilidades de negociación para convencer a la gente.
Comencé a trabajar y supuse que tendría que ser muy formal, así que los primeros días me vestí muy ejecutiva, con los mismos trajes sastres que usaba cuando trabajaba en el bufete. Un día, más o menos a la semana de haber entrado, mi jefe me llamó a su oficina y me dijo:
Mira, cuando vengas a la oficina está bien esa vestimenta, pero cuando vayas a visitar a los morosos deberás usar otro tipo de ropa, no sé si me explico.
Mmmm, no, no entiendo, ¿más formal?
Eh, no; al contrario, más… ¿cómo te diré?... pues más atrevida, ¿me entiendes? No tan formal ni rígida si no más casual pero menos tapada
¿Cómo?, no… no entiendo, dije yo sorprendida.
Si, mira: la mayoría de los deudores que se te asignaron son hombres y pues, es más fácil que los convenzas si tu… ya sabes es una estrategia que empezamos s implementar ya que funciona mejor enviar mujeres atractivas ya que antes andábamos hombres y se ponían muy agresivos desde que enviamos mujeres no se ponen agresivos y muchos pagan por presión
¡Ah ya entiendo! Quieres que me vista más coqueta para que paguen.
¡Exacto! Está comprobado que es más fácil que los deudores paguen si la cobradora es una voz femenina o una chica atractiva, ¿me entiendes?
¡Ah claro! Bueno, eso haré
De acuerdo, pues prepárate porque el lunes tienes tu primera visita de cobranza
¡Si jefe!
Verdaderamente me pareció muy interesante lo que mi jefe me había dicho era una gran estrategia lo único es que me veían como objeto de deseo para hombres y que ellos pagarán pero bueno es parte de, lo que si me gustaba era que me podía vestir como yo quisiera pues nunca me gustaron los trajes sastre, más bien me gusta usar minifaldas, blusas escotadas, leggins y en general ropa pegada o corta y la uso para mi, para sentirme sexy y pues así me gusta vestirme me gusta verme guapa; es por eso que antes de salir de su oficina, le pregunté a mi jefe:
¿Y cuando venga aquí tengo que usar ropa formal?
¡No, claro que no! Bueno, no puedes venir en bikini o en lencería, aunque muchos de nosotros estaríamos encantados otra vez mi jefe coqueteandome, pero está prohibido, jajaja
Jajaja. Claro que no, desde mañana vendré más fresca
Me parece perfecto
Efectivamente, desde el otro día me vestí mucho más sensual y con ropa más cómoda y fresca. No tardaron en acercárseme los compañeros con cualquier pretexto y me di cuenta del poder de la seducción, aunque pues no les daba entrada por respeto a mi novio.
La primera semana fue muy agradable, ya que todo lo hacía desde la oficina por teléfono; había muchos problemas al querer cobrar a los morosos, ya que algunos eran muy groseros o pedantes; la mayoría me dijo que si quería cobrarles tendría que ir a sus domicilios, y como mi jefe lo había indicado, empecé a hacer citas para la siguiente semana.
Durante dos semanas salí a acompañar a mi jefe para ver clientes; él me enseñó las técnicas de cobranza efectiva y el trato hacia los clientes; todos los días me vestía con minifalda, jeans o leggins y blusas escotadas y mi jefe me advirtió que muchos de los morosos estaban empezando a pagar porque iba yo con él y porque me vestía bastante lindo y sexy, así que me dijo que siguiera por ese camino y que cuando fuera sola ya a cobrar tendría que hacer lo mismo. Yo pensé que no tendría ningún problema, pues me gusta esa forma de vestir y me gusta sentirme bien con mi forma de ser aparte soy muy amable y linda en el trato, se me da muy natural. Así me vestía luego para ir a las citas usando vestidos, mini faldas, shorts, etc.

Ya tenía un mes trabajando en este lugar cuando por fin mi jefe me dijo que la siguiente semana ya saldría yo sola, pues consideraba que ya estaba preparada para desempeñarme y lograr buenos resultados; así que me preparé mi agenda para mis citas de la siguiente semana.
De lunes a jueves logré muy buenos resultados, tuve bastante éxito con los morosos hombres; todos empezaron a pagar después de que los fui a visitar y les hice falsas promesas de que si pagaban los visitaría regularmente o podrían sacar una cita conmigo para ver lo de sus pagos indirectamente como si me invitaron a salir.
Llegó el viernes y a las 10:00 a.m. salí de la oficina, convencida de que lograría tres cobranzas muy buenas ese día; animada por mis logros de la semana y las felicitaciones de mi jefe.
Había dejado las cobranzas más difíciles para ese día a propósito; pero no me había fijado en que los lugares estaban muy distantes uno del otro y el tiempo de traslado sería mucho, aún en taxi.
Llegué al primer lugar y no me fue bien, resultó ser un domicilio falso; era una casa abandonada.
Me trasladé al segundo lugar. Tampoco tuve suerte, pues la persona se encontraba de viaje, o al menos eso me dijo la mujer que abrió y que me barrió con una mirada despectiva.
Había dejado para el final el lugar más alejado de la oficina, un barrio popular que distaba mucho de las zonas residenciales que había visitado en la mañana.
Después de mi hora de comida, a las tres y cuarto de la tarde, tomé un taxi y le di al conductor, un señor de anteojos, con cabello y barba blanca, gordo y bastante sucio, un papel con el domicilio al que me tenía que llevar; él volteó a verme sobre su asiento, me recorrió con mirada morbosa y me preguntó:
¿Estás segura de que quieres ir ahí?
Si, ¿por qué?
¿Y vas a ir vestida así?
¡Claro! ¿qué tiene?
Pues… yo no te lo recomendaría, ese lugar es…
No se preocupe, interrumpí, no pasa nada, yo me sé cuidar, le dije un poco molesta de que se metiera en mis asuntos.
Bueno, luego no digas que no te lo advertí.
El taxi arrancó mientras yo volteaba a ver mi vestimenta, ese día creo que si me había pasado para ir a visitar ese lugar: Cierto que mi falda era muy muy corta, tal vez demasiado, pues estando sentada apenas me alcanzaba a cubrir los muslos, con el ajetreo del viaje se ne subía demasiado ya casi sl punto de enseñar los chones jajaja. Mi blusa era blanca, muy pegada, estaba prácticamente embarrada en mi cuerpo, está vez no llevaba escote pero era tipo ombliguera; pero no necesitaba escote porque yo tonta no llevaba sostén, cuando me la puse como todavía no había mucha luz no me di cuenta que si se alcanzaba a transparentar ya hasta que llegué a la oficina me di cuenta que si ponías mucha atención por lo delgada de la blusa si se alcanzaba a ver y a distinguir y no me había puesto bra porque a veces me gusta salir así es mucho más cómodo y más fresco pero mis pezones alcanzaban a notarse un poco; llevaba zapatillas de tacón negros. Básicamente como en la foto de abajo sólo que en esa foto si llevaba bra, pero imaginen la punta de mis pezones y la transparencia.

Llevaba también una carpeta con los documentos del trabajo, el celular y mi bolsa; era todo.
Había mucho tráfico, tardamos casi una hora y media en llegar a la colonia a la que íbamos; yo iba distraída consultando mis redes sociales en el celular mientras el taxista me platicaba casi toda su vida y me hacía preguntas indiscretas como:
¿Y estás trabajando?
Si, ¿Por qué?, contesté secamente.
Nada más, ¿de qué trabajas?
De… mensajera, mentí para que el tipo no creyera que al ser cobradora traía efectivo encima.
Ah que bien. ¿Y a poco así te vistes siempre?
Si, ¿algún problema?, contesté ya enfadada por la clara forma humillante y morbosa en que lo decía.
¡No, bueno, yo nomás digo!, dijo el taxista y se calló un rato.
Después de unos minutos escuché al taxista murmurar:
Se visten como putas, van a lugares de mala muerte y luego se quejan de que las violan.
¿Qué dijo?, pregunté, aunque había escuchado perfectamente lo que había dicho.
No, nada, estaba pensando en voz alta, contestó y no volvió a hablar en todo el camino.
En un momento el taxista paró y le pregunté:
¿Es aquí?
Ya está muy cerca
Bueno, entonces ¿por qué paró?
Porque hasta aquí llego. Yo no entro con el carro ahí
Oiga no, lléveme hasta la dirección ¿a poco me va a dejar aquí sola?
No, hasta aquí, si quiere la regreso a donde la recogí, pero ahí no entro ni a empujones, yo le advertí que no era bueno venir aquí
Bueno, ya, a ver cóbreme.
Pagué lo que indicaba el taxímetro y me bajé refunfuñando. El taxi arrancó a toda velocidad, alejándose rápidamente de ahí.
Caminé hacia el rumbo que me había señalado el taxista; la zona no se veía lo que se dice muy fea, era una colonia popular; lo que si noté es que casi no había gente en las calles. Llegué a una esquina, pero no sabía hacia donde caminar; así que tomé el celular para llamarle al tipo que iba a visitar y que me diera indicaciones de cómo llegar a su domicilio; él me contestó, pero apenas se había establecido la comunicación cuando el teléfono emitió dos pitidos y no escuché nada más. Lo alejé de mi oreja y vi que el celular marcó: “sin batería” y se apagó. Puta madre eso me pasa por siempre dejarlo sin cargar
Maldije mi suerte y me enojé por estar navegando en las redes y acabándome la batería a lo tonto. Llevaba el cargador, pero no tenía dónde enchufarlo.
Mientras estaba parada en la esquina se detuvo un auto, el conductor bajó la ventanilla y me preguntó: ¿cuánto por el chiquito? De inicio me tomó desprevenida, pero luego le hice una seña obscena con el dedo y me volteé hacia otro lado. El auto arrancó mientras el tipo gritaba:
¡Así no vas a conseguir cliente, además ni estas tan buena, puta!
Hice un tremendo coraje, pero decidí que era mejor concentrarme en el trabajo que tenía que hacer ahí, pues ya eran más de las cinco de la tarde, empezaba a oscurecer y amenazaba con llover.
Otro auto se detuvo y se repitió la escena, por lo que tuve que marcharme de la esquina a toda prisa para que no siguieran confundiéndome con una prostituta. Me lamenté no haber llevado un suéter o abrigo largo para no verme tan destapada. Pensé en regresar a la oficina o irme a mi casa, pero no quería llegar al día siguiente con las manos vacías y decepcionar a mi jefe.
Caminé por la calle sin saber si iba por el rumbo correcto; la amenazante lluvia había alejado a la gente de las calles; solamente había tres hombres afuera de un local que decía en la fachada: “taller de torno”. Ellos conversaban y jugaban a las cartas. No muy convencida, pero sin otra opción, con mi mejor sonrisa, me acerqué a preguntarles:
Hola, buenas tardes, disculpen estoy buscando una dirección…
Los tres prácticamente me desnudaron con la mirada, recorriéndome de arriba abajo sin ningún disimulo y sonrieron, su mirada era muy morbosa
Hola, dijo uno de ellos, el más viejo, que vestía una camiseta de tirantes que alguna vez fue blanca, pero que con la suciedad de la grasa y la tierra ya estaba casi negra
Hola, dijo un tipo como de treinta y cinco años, gordo y bofo, vestido con una playera de un equipo de fútbol y jeans; sonreía con la boca chueca, fumaba un cigarro y no dejaba de recorrerme de arriba abajo con su sucia mirada
¿Qué tal? Dijo el tercero, un tipo más o menos de la misma edad, pero fuerte y nervudo; vestido con un overol de trabajo. Tenía la mirada torva, como malévola; daba miedo, pero fue el que se me cercó. A ver, ¿a dónde vas?
Le di el mismo papel que le había entregado antes al taxista y él lo leyó moviendo la cabeza afirmativamente; me dijo:
Es aquí cerca, yo conozco al señor, si quieres te llevo
Eh, no gracias, con que me indiquen como llegar, yo llego, gracias, dije por el miedo que me inspiraba el tipo.
Pero es que es peligroso que andes sola por estas calles, se ve que no eres de aquí, dijo él
No importa, solo dígame por favor
¿Cómo ves? Le dijo él al señor más grande
Yo digo que mejor la lleves, o la llevo yo, dijo él señor
¿Para qué quieres ir ahí? Ese viejo vive solo, me preguntó el gordo
Soy su sobrina y quiero darle una sorpresa, mentí
¡Ah su sobrina!, dijo el más joven. Mira él es nuestro cuate, mejor te llevamos
Sí, no desconfíes, dijo el señor mayor
Está bien, contesté resignada ante tanta insistencia y temiendo que si no accedía me enviarían con rumbo equivocado o no me ayudarían
Ahí te quedas cuidando el changarro, le dijo el viejo al gordo y este asintió con la cabeza.
Los dos tipos tomaron sus chamarras y se las pusieron, el viejo también llevó un paraguas, “por si las dudas”.
Empezamos a caminar y ellos a interrogarme:
Nunca habías venido ¿verdad?
No
¿Y de quién eres hija, de Rosa o de Emilio?
De Rosa, dije continuando con mi mentira
Ah sí, si te pareces un buen, ella era muy bonita ¿y ahora dónde vive? Se había ido a Estados Unidos, ¿No?
Sí, allá sigue
Ah que bien, salúdamela cuando la vuelvas a ver, dile que se acuerde de Camilo, dijo con una sonrisa que denotaba que algo habían tenido que ver él y la tal “Rosa”
Ah sí, yo le digo
¿Y cuánto tiempo vas a estar aquí?
Mañana me voy
Uy que mal, bueno, pasas a despedirte de nosotros, podemos darte algún regalito cada uno, o los tres juntos, dijo el viejo de manera suspicaz y bastante en doble sentido
Bueno, gracias, respondí haciéndome la tonta, pues sabía que sus comentarios tenían doble intención y eran de forma sucia.
En ese momento pensé que cuando saliera de la casa del cliente, al ir de regreso tendría que rodear por otras calles para no volverlos a encontrar y que se dieran cuenta de mis mentiras o, peor aún que pensaran que “mi tío” no me había querido recibir y ellos me darían posada muy gustosos.
Ellos continuaron conversando acerca de viejos tiempos y pronto llegamos al domicilio; era una bonita casa sencilla de dos pisos, pero un poco abandonada.
Aquí es
Bueno, gracias, dije dándoles la mano para despedirme
Aquí esperamos a que entres
No, es que quiero darle una gran sorpresa ¿sabes? Y no quiero que se vaya a echar a perder.
¡Ah, sí! tienes razón, bueno, mañana pasas al taller antes de irte y te hacemos una despedida y, como te dije, te damos unos regalitos.
¡Ya, no te pases! Dijo el joven al viejo
Está bien, gracias, dije sonriendo nerviosa
Ellos se fueron y en cuanto vi que se alejaron subí un poco más mi falda y acomodé mi blusay toqué en el portón de la casa; se oyó el ladrido de un perro y una voz grave que gritó:
¿Quién?
¿Está el señor Rodríguez?, pregunté
¿Quién lo busca?
Vengo a entregarle un producto (yo sabía que el señor pedía productos por Internet, pues precisamente eran esas deudas las que iba a cobrarle y me arriesgué a que estuviera esperando algo)
Durante unos segundos solo se escuchaban los ladridos del perro; luego unos pasos se acercaron a la puerta; adiviné que el señor me miraría por la mirilla de su puerta, así que sonreí e hice una pose coqueta para lograr que me abriera.
¡Un momento, voy a amarrar al perro! Dijo con voz fuerte y grave.
Está bien, contesté
Escuché como arreaba al perro y lo amaraba y después regresaba a la puerta y la abrió.
0 comentarios - Forzada y abusada en mi nuevo trabajo