You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Unas vacaciones familiares fuera de lo común

"Ya lo teníamos todo organizado. Habíamos alquilado un apartamento en la costa con piscina propia pues a Jesús, mi marido, no le gustaba demasiado la playa. En un par de semanas, en cuanto empezara las vacaciones de mi trabajo como responsable del departamento de Tesorería de una empresa, tomariamos el coche para recorrer los aproximadamente 300 kilómetros que nos separaban de nuestro idílico lugar de veraneo.
Lamentablemente Jesús acababa de cambiar de trabajo y aún no le pertenecían vacaciones con lo que únicamente podría hacerme compañía los fines de semana. El resto de días los pasaría sola, tomando el sol tranquilamente en la playa o disfrutando de alguno de los muchos libros que tenía pendientes. En definitiva, los festivos de verano me iban a servir para relajarme y desconectar por completo de mi estresante vida laboral.
Sin embargo, no esperaba para nada la llamada telefónica que acababa de recibir, trastocando nuestros planes por completo.

—Hija, ya sabes lo preocupada que está tu tía. ¿Qué te cuesta? —insistió mi madre a través del celular que tenía pegado a la oreja.

—Pues me cuesta cambiar unas vacaciones para estar relajada y disfrutar de mi marido, que bastante poco podemos disfrutar el uno del otro normalmente, por tres semanas teniendo que hacer de niñera.

—Hablas como si fuera un bebé, que Jorge ya tiene 20 años.

—Sí, pero sabes perfectamente que no es ningún santo. Si la tía lo que quiere es apartarlo de su grupo de amistades es precisamente por algo.
—Mira, Anette, tú verás lo que haces, pero el chico necesita alguien que le influya positivamente. Y él siempre te ha tenido mucho respeto. ¡Eres su prima mayor! —soltó como si eso lo resolviera todo.

Lo cierto es que a pesar de los más de 7 años que nos llevábamos, Jorge y yo siempre habíamos estado muy unidos. Él había sido el hermano pequeño que nunca tuve y, como tal, había cuidado de él, aconsejándole, haciéndole de confidente y ayudándole siempre que se metía en algún lío. Sin embargo, en los últimos años, desde que nuestra relación se había enfriado debido a mi matrimonio y a su acercamiento a la mayoría de edad, el más grande de los tres hijos de mi tía se había empezado a torcer.
El pequeño Jorge había crecido y ahora era un joven asiduo a salir de fiesta, que empezaba a andar con malas compañías, titubeando con las drogas, y a sentirse atraído por aficiones no demasiado recomendables. El chico se había convertido en un precoz delincuente y nos tenía a toda la familia preocupada.

Muy a mi pesar, cuando terminé la conversación telefónica ya tenía una decisión tomada. Pero lo peor aún estaba por llegar. Debía contárselo a Jesús y procurar que no se lo tomara mal. Mi madre me había convencido y mi primo Jorge pasaría el verano con nosotros.
—Tú sabrás lo que haces —me dijo mi marido cuando le conté el cambio de planes.

—Jesús, sabes perfectamente el problema que tenemos con Jorge. Si no lo sacamos de su círculo habitual durante estas vacaciones podemos arrepentirnos de por vida.

—Lo sé, cariño, soy perfectamente consciente de ello. Lo que te quiero decir es que yo solo voy a estar los fines de semana y eres tú la que vas a tener que estar sola lidiando con el problema.

—Ya…

Jesús me hizo dudar. Tenía la esperanza de que las vacaciones sirvieran para recuperar al mejor Jorge, al chico afable que siempre había sido mi primo pequeño. Pero no sabía si sería capaz de contener al malechor en que se había convertido. En cualquier caso no tenía otra opción.
—Si tú estás segura de que es lo que quieres, a mí me parece bien —me sonrió, transmitiéndome su confianza

Me alegró que mi esposo me comprendiera. Era un hombre maravilloso del que estaba completamente enamorada, sólo una vez le había Sido infiel y había Sido por un desliz pero estaba dispuesta a pasar toda mi vida a su lado y que no se repitiera. Su bondad no tenía límites y a veces me enfadaba conmigo misma por olvidarlo, como era el caso, pensando que se podía llegar a disgustar porque mi madre nos hubiera enjaretado a Jorge. Sin embargo, a él lo único que le preocupaba era yo. Cosas como esa eran las que me volvían loca de Jesús.

Dos semanas después, un sábado a primera hora, mi marido y yo estábamos en el interior del coche, aparcado en frente de casa de mi madre, conversando relajadamente mientras esperábamos, tal y como habíamos quedado, a que mi primo saliera del portal que teníamos justo delante.
Cuando se abrió la puerta vi salir disparado a Raúl, el más pequeño de mis primos, sorprendiéndome, pues no sabía que también estaba en casa de mi madre. Salí del coche para saludarle.

—¡Hola, peque! —usé el apelativo con el que toda la familia le llamábamos antes de que el niño, de Quince años recién cumplidos, me diera un afectuoso abrazo.

—¡Ann! —me recibió alegremente.

Mientras le daba el achuchón, vi aparecer a Alejandro, mi otro primo, un introvertido adolescente de Dieciocho años. Me extrañó ver que salía arrastrando una maleta.

—¿Qué tal, Ale? —le saludé haciéndole una simple muestra de afecto. Sin duda era menos efusivo que su hermano pequeño.

Bueno para empezar me presento me llamo Annette tengo 29 años, soy casada y empezaré a subir mis experiencias que he tenido les dejo una foto para que me conozcan.
Unas vacaciones familiares fuera de lo común
—Ay, hija, ayúdame con esto —me soltó mi madre, saliendo del portal ataviada con una maleta pequeña y varios bultos más, haciendo que empezaran a saltar mis alarmas.

—¿Dónde está Jorge? —pregunté con el ceño fruncido.

—Ahora baja. Ayúdame —insistió.

—Déjeme a mí —se ofreció Jesús, tomando as maletas para meterlos en el coche.

—¿De quién son las maletas? —pregunté, temiéndome la mala noticia.
—¡Nuestras! —respondió Raúl, que ya estaba correteando de un lado para otro, tan revoltoso como siempre.

—Peque, ten cuidado con los coches —le advirtió su tía.

—¿Cómo que de ellos? —bajé el tono de voz, agarrando a mi madre del brazo para que solo ella se percatara de que no me hacía ninguna gracia lo que estaba sucediendo.

—Ay, Ann, que los niños quieren ir con su hermano…

—¡Mama, no me jodas! —alcé la voz más de lo que pretendía, pero es que comenzaba a hervirme la sangre.
Había aceptado llevarme a Jorge por el evidente problema familiar, aún a riesgo de joder las vacaciones que había organizado con Jesús. Pero llevarme a los otros dos mocosos sí que no entraba en mis planes y menos sabedora de que había sido vilmente manipulada por mi madre. Estaba a punto de estallar cuando el hermano que faltaba hizo acto de presencia.

—Hola —saludó con una voz firme.

Miré hacia Jorge, dejando por un momento la discusión a un lado y encontrándome con un pequeño hombre hecho y derecho. A pesar de su corta edad, la larga melena, los aros que le agujereaban ambas orejas, el brazo completamente tatuado y la ropa juvenil, el rostro del veinteañero era el de un hombre maduro. Me gustó mucho volver a verlo después de unos cuantos años. En el fondo seguía siendo el mismo niño que siempre había sido para mí.

—Hola, guapo —le sonreí como una tonta, incapaz de calcular cuánto podía querer a ese chico.

Mientras Jorge se acomodaba en el coche y sus dos hermanos jugaban a molestarse el uno al otro, continué la discusión que había dejado a medias. Aunque desde un principio no pretendía ceder, era inútil negarme. Mi madre había jugado demasiado bien las cartas y yo lo único que podía hacer era desilusionar a mis primos, cosa que no quería que pasara. Pero tampoco pretendía darle el gusto a la mujer que me había traído al mundo.

Por suerte intervino Jesús, apaciguando la tensión que se había generado entre nosotras. Me escudé en él, quien hizo ver que me convencía para que finalmente accediera a que los tres pequeños se vinieran al apartamento. Sin duda me costaba mucho menos darle la razón a mi marido. Y así fue como unas vacaciones tranquilas y en pareja se convirtieron definitivamente en un verano con mis primos.

Continúa....

0 comentarios - Unas vacaciones familiares fuera de lo común