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Mi hermana, su novio perfecto y mi oportunismo

Oí ruidos.  Me acerqué a la puerta. Estaba cerrada. Pegué la oreja y pude escuchar mejor. Estaban follando. De nuevo, mi hermana y su novio estaban entregados a sus placeres de una forma salvaje. Intuí que no me oyeron entrar en casa. No me extraña, entre que ponían la música y que mi hermana gritaba como una posesa, lo raro hubiera sido que oyeran la música. Se pegaban, normalmente, unos homenajes tremendos. Sesiones de horas. Mis padres nunca volvían antes de las ocho de la tarde. Ellos quedaban pronto y aprovechaban el tiempo. Ya lo creo que lo aprovechaban.

Ryan, el novio de mi hermana Leticia, tenía 20 años, como ella, y estaba cuadrado el muy hijo de mil hienas. Era normal que mi pobre hermana se dejara hacer y deshacer. El cabrón media metro ochenta y cinco, casi ochenta kilos magros, piel morena, pelo castaño, mandíbula ancha, ojos verdes. Me daba un asco enorme, era casi perfecto, encima era simpático y me trataba bien. Lo dicho, me daba un asco enorme, como se puede ser tan, tan maravilloso. La verdad es que hacían buenas parejas. Leti es guapa, algo bajita tal vez, metro sesenta y cinco, delgadita, con piernas contorneadas, culo apretado, pechos chiquitos, redondos y durísimos, rubia como yo, y ojos marrones como los míos. Y, al parecer, tenia el mismo fuego interno que yo, porque aguantaba como una bestia las tardes que Ryan le daba. De hecho, había veces que, según intuía, mi hermana tomaba las riendas y era quien dominaba la situación. Buen carácter tenía ella como para dejarse dominar.

Bueno, andaba cotilleando tras la puerta como he dicho, cuando de repente la música se apago y los gritos se hicieron totalmente nítidos y entendibles.

-        Ryan, sácame el puto dedo del culo - se quejó.

-        Déjame un poquito nada más, amor – suplicaba él.

-        No, joder, sabes que no quiero. Me duele.

-        Solo hasta aquí, por favor – seguía.

-        Ni se te ocurra pasar de ahí, y luego me vas a comer el coño bien comido, tenlo claro.

-        Mmm me encanta. Trato hecho.

Escuchar aquello me pareció entre sucio y morboso. Estaba acostumbrado a gritos y gemidos, pero una conversación de ese tipo, no la había escuchado nunca. Me los imaginé allí, desnudos, el encima de ella, follándosela mientras se estiraba con una mano para introducirle un dedo por el culo, bien lubricado y dilatado por la excitación.

-        Venga bonito, a cumplir. Saca el puto dedo y cómemelo.

Los golpetones de cuerpo contra cuerpo dejaron de oírse, y los gemidos cobraron protagonismo. Iban creciendo en intensidad.

-        Que bien joder. Fóllame con la lengua.

Desconocía que mi buena hermana tuviera la lengua tan sucia, y que Ryan tuviera la suya tan larga. Ahí siguieron un buen rato, aunque no sé cuánto. Yo estaba, para entonces, algo más que excitado. Sumido en mis pensamientos. Tanto es así que la puerta se abrió y me quedé allí como petrificado, delante de Ryan, quien estaba completamente desnudo y sudado, con el brillo especial que tiene un cuerpo cuando fornica en pleno verano, y una terrible erección que me dejó más bien sorprendido, nunca había visto una erección en directo, a parte de la mía. En películas sí, pero así, delante, en directo, jamás. Me chocó bastante. Primero, por el hecho en si de saber que con aquello se ventilaba con fiereza a mi hermana hasta el punto de hacerla correrse con furia. Y segundo, porque, sino me engañaba el ojo, la mía era más grande. De hecho, era bastante mas grande.

-        Hostia que susto, Tristán, ¿qué haces ahí? – me preguntó

Yo seguía ensimismado mirándole directamente el rabo

-        Tristán, chico, ¡quieres dejar de mirármela! – dijo mientras hacía gestos con la mano delante de mis ojos para que subiera la cabeza

Seguía en mis pensamientos así que me dejó por imposible y me apartó para dirigirse directamente a la cocina a por agua. sin quererlo, ni arrepentirme, a través de un espejo de cuerpo entero que mi hermana tiene en la habitación, vi su reflejo. Estaba en la cama, tumbada boca arriba, con las piernas bien abiertas y flexionadas, tocándose con mimo. Me quedé embobado mirando aquello que, nuevamente, me alejó de la realidad, sobre todo de la realidad de que aquella maravilla que veían mis ojos, era mi hermana. Un fogonazo violento en forma de torrente de sangre lleno el pedazo de carne que colgaba hasta entonces inerte en mi entrepierna. Fue un visto y no visto.

-        ¡Tristán, que cojones haces, enfermo!

Escuché de repente. Era el novio de mi hermana que ya volvía y que a la vez que me regalaba aquel grito exento de tacto, me daba una colleja entre el cariño y el reproche. Vi, en el espejo, como mi hermana se removía con rapidez

-        ¿Qué pasa cariño? – quiso saber mi hermana

-        Nada, aquí, tu hermano que no respeta nada – soltó sin tapujo-, estaba disfrutando de las vistas

-        ¿Qué…? -  pregunto sin entender mientras se levantaba y se acercaba a la puerta - ¿Qué dices de ...? – se acercó tal como estaba, sin pudor ni necesidad de tenerlo, pues no pensaba que yo podría estar allí - ¡joder, Tristán! – y de inmediato se plegó sobre si misma ligeramente tapándose con las manos

Hacía mucho tiempo que no veía a mi hermana desnuda. Yo, a mis diecisiete años, había dejado de ver a mi hermana en paños menores hacia al menos unos cuatro, igual que ella a mí. Un buen día, no sé porque, ninguno de los dos siguió queriendo que el otro nos viera desnudos y la vergüenza o el decoro se presento en nuestra casa y nuestra relación.

-        ¿Tristán que hacías ahí? – me preguntó mi hermana con la cara entre la perplejidad y el enfado.

-        Yo… - balbuceé.

-        Si, cuéntanos que hacías ahí, anda, pajillero mirón – se mofó Ryan

-        Ryan, no metas mierda – replicó mi hermana en mi defensa.

-        Acabo de llegar a casa, oí ruidos e iba a avisaros de que había llegado. Justo ha salido él…

-        Y has decidido mirar ¿no? ¡que es tu hermana por dios! Chico malo – se reía Ryan.

-        No, no he mirado nada

-        Pero has visto ¿a que sí? – insistía el maldito adonis.

-        No, ¿Qué dices? No, claro que no – me defendí

-        Pues, para no ver, tiene un buen bulto diciendo lo contrario – dijo burlón mi maldito cuñado haciendo un gesto con la cabeza.

No dije nada, no pude. Según terminaba la frase me di cuenta de que efectivamente me había empalmado brutalmente, y aún seguía pese al susto y el mal trago. No me había dado cuenta. Sentí una vergüenza tan terrible que me di la vuelta sin decir nada y me fui directo a mi cuarto soltando un “gilipollas” solo ligeramente audible, pero muy digno.

-        No te pases chaval, que es una broma – respondió

-        Ryan, tiene razón, eres un gilipollas – mi hermana se posicionó en mi bando.

-        Pero cariño. Que era broma, no sabía qué le iba a sentar mal

-        Anda, vístete vete, voy a intentar hablar con él.

-        Pero…- temía que mi hermana se hubiera cabreado.

-        Vete, luego te llamo – zanjo, dejando claro que no estaba enfadada-

Me tumbé en la cama y me puse a leer un poco para evadirme. Estaba realmente avergonzado. Menudo mal trago. A ver cómo me ponía de nuevo delante de mi hermana sabiendo ella que la había visto desnuda, tocándose, y que me había generado una erección tremenda. De hecho, la erección no había bajado aun, sentía unas ganas irrefrenables de aliviar aquel ardor interno.

En esas, escuché pasos que se dirigían a la puerta de casa y como se abría y se cerraba. Instantes después tocaron a la puerta de mi habitación. Era mi hermana, siempre tocaba la puerta. Dos toques rápidos y una lento.

-        ¿puedo?

-        Si, pasa.

-        Hola

-        Hola – respondí sin mirarle a los ojos.

Hubo unos instantes de cierta tensión. Un silencio prolongado, enrarecido, áspero, denso.

-        Tris, no pasa nada.

-        Si pasa.

-        Que va, no has podido evitarlo, ha sido un accidente,

-        No, no lo ha sido.

-        Claro que sí, se ha abierto la puerta de golpe y te has encontrado todo. No pasa nada.

-        Si pasa. repetí alterado.

-        Que va. No. De verdad.

-        Tata que se me ha puesto dura de mirarte, si que pasa.

No esperaba este golpe de sinceridad y mi hermana se quedó como helada. Sentía como intentaba buscar las palabras, analizar rápidamente la situación buscando la mejor salida.

-        Bueno, es fisiológico, así que es natural, es porque estas sano, y bueno, por otro lado, eres joven, estamos en una edad muy sexual. No sé, y en el fondo me halaga un poco que te haya gustado ver mi cuerpo, supongo. ¿no? – me sonrió al decir esto

-        Yo, no, no se…supongo. Pero, no esta bien. No lo está – seguía en mis trece.

-        Hijo, tampoco montes un drama, yo también te miro a veces y pienso que eres guapo, y que te estas poniendo muy fuerte. Mirate, ya eres casi un hombre – e hizo un repaso rápido con la mirada, momento en el cual se dio cuenta de que seguía empalmado – joder…

-        Ostras, Tata, perdón. No me mires – me tapé el bulto de cuya presencia, de nuevo, me había olvidado.  

-        Tris, pues si que eres un hombretón ya jajaja - su risa lejos de molestarme aliviaba la carga del momento. 

-        Oye – dijo tras unos instantes de silencio – digo yo, que, tu me has visto a mi…

-        ¿y?

-        Bueno, que, déjame ver ¿no?

-        ¿Qué?

-        Si, justicia. Venga. A ver, desnúdate

-        No, que dices.

-        Uy, si te he visto mil veces

-        Hace años que no. Como yo a ti

-        Tu me acabas de ver. Venga, me lo debes, no te hagas de rogar, además así dejaras de sentirte mal. Venga – insistía acomodando la petición con un tono de dulzura bien medido.

Sopesándolo un poco, en verdad, era una buena solución para al menos quitarnos ese asunto de en medio.

-        Pero, ¿cómo que me desnude?

-        Pues no se. ¿te pongo música y bailas? – se rio

-        No, no voy a bailar.

-        Pues, quítate lo que llevas y ponte la ropa de estar por casa, como haces siempre, pero mientras me dejas mirar, y listo

-        No, no se si…bueno, bueno vale. Y te vas de una vez y me dejas tranquilo – terminé por ceder creyendo que era la solución más rápida.fin del primer capitulo, parte 2 en la red social del autor original
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