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Con el papa de una amiga

Cuando tenía 19 años, recién saliendo de la pandemia abrí Tinder solo para hablar con gente nueva. No buscaba nada más, hablar y pasar el tiempo, hasta que apareció Fernando, 41 años, con su foto de gym y cuerpo como de oso.
Al principio solo charlamos. Luego tuvimos la primera cita, esa fue la primer cita que tuve por app y la verdad que fue una locura, lo pasé increíble. Me hizo sentir deseada de verdad, reina y el centro del mundo. Ese fue el día en que empecé a sentir morbo con los mayores.

En mi grupo del secundario, Mariano (papá de Mica) siempre me había parecido atractivo, pero nunca tuve cruce la linea, hasta la cita con fernando, después de aquello, Mariano empezó a hottearme de forma mucho más intensa.
Un día fuimos a la casa de Mica porque íbamos a salir al boliche y él nos llevaba. Yo me arreglé lo más sexy posible: un shortcito que no cubría del todo mi culo y un top bordo con escote profundo.
Terminamos la noche en el boliche, reímos, bailamos, bebimos. Cuando por fin salimos, Mariano nos llevó de vuelta a casa. Yo estaba muy caliente por el alcohol y el boliche y trate de llamarbsu atencion todo el viaje, me sente atras en el medio de los asientos asi podia verme por el retrovisor, al bajar del auto, espere que el salga y cierre el auto para caminar hacia la casa, exagenrando la caminata y moviendo la cadera para que me viera, el shortcito se me subia y sentia cono Mariano me miraba, al entrar a la casa lo mismo, parecia una pasarela el pasillo hasta la habitación de mica.
Cuando llegamos a la habitación de Mica, ella se puso el pijama rápido para dormir. Yo quería ducharme después de todo el alcohol y el movimiento. Fui al baño, luego salí con el cuerpo todavía mojado, el pelo goteando y solo cubriéndome con una toalla blanca que apenas llegaba a medio muslo. Caminaba descalza por el pasillo, sintiendo el frío del piso, cuando justo me cruce a Mariano saliendo de su habitación solo con un boxer negro y el torso desnudo. Mucho músculo, panza suave de oso, hombros anchos.
—Lola… ¿qué haces levantada? ¿No vas a dormir? —me preguntó.
Me mordí el labio y lo miré de arriba abajo.
—Quería ducharme, Marian… ¿Está mal? —respondí bajito, mirándolo directo a los ojos.
Jajaja… no, Lola. Está bien —se rio,—.
Yo seguí caminando y el entró al baño. En la habitación Mica ya estaba dormida, yo me puse el pijama, un shortcito de algodón blanco tan corto que apenas tapaba la mitad del culo y una remera blanca de tirantes que era tan fina que se transparentaba completamente con la luz del pasillo.
Y entonces se me ocurrió la idea… la mejor idea de la noche.
Fui al baño otra vez, fingiendo que me quería lavar los dientes, abrí la puerta y me encontré con Mariano, el se sorprendió. Levantó la vista hacia el espejo y sus ojos oscuros se clavaron en mí, bajaron despacio por mi cuerpo, la remera transparentada y el shortcito diminuto.
—Lola… ¿qué haces aca? —preguntó con la boca llena de pasta de dientes.
Me mordí el labio inferior y me acerqué despacio, balanceando las caderas.
—Vine a dejar esta toalla —dije en voz baja, colgándola en el toallero—. Y a lavarme los diente.
Mariano soltó el cepillo y se acercó al lavabo con prisa, secándose la boca con la mano. Sus ojos no se apartaban de mí. mientras yo dejaba la toalla y abría el agua para lavarme los dientes, exageré cada movimiento. Arqueé la espalda hacia atrás, empujando el culo hacia él, dejando que el shortcito chiquito de algodón se subiera un poco más y dejara ver la curva de mi culo. Me incliné hacia adelante, apoyándome en el lavabo con los codos.
Mariano tragó saliva. Su bóxer se marcaba claramente: una erección gruesa y dura.
—¿No vas a dormir? —preguntó, la voz más grave de lo normal.
—No tengo sueño —respondí, escupí y me giré hacia él, apoyándome en el lavabo con los codos. Lo miré directo a los ojos.
El aire se volvió espeso, mariano dio un paso, estaba tan cerca que sentía el calor de su cuerpo.
Lo empujé suavemente hacia atrás hasta que chocó contra la pared. Me arrodillé frente a él sin apartar la mirada, le bajé el bóxer despacio. Su pija saltó libre, largo normal pero gruesa, con la cabeza hinchada y brillante, con olor a hombre. La agarré con una mano y empecé a pajearla lento, sintiendo cómo palpitaba contra mi palma.
—Tan grande… —susurré, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando el sabor salado. Lo metí en mi boca hasta la garganta. la disfrute como si fuese la prinera vez, la sensación de que era el papa de mi amiga me volcia loca, desde abajo, el se veia gigante con sus musculos y panza, lo que me volvía loca.
Despues de unos segundos me levantó sin esfuerzo, me dio media vuelta y me colocó contra el lavabo. Me dobló sobre él, con el pecho apoyado en el mármol frío, me bajó el shortcito de un tirón.
—Tan bonita… —gruñó, y se arrodilló detrás de mí.
Sentí su lengua caliente y húmeda primero en mi culo. Lamió despacio, rodeando mi ano con la punta, luego bajó hasta mi concha y me dio una lamida larga y profunda, con sus mabos apretaba cada cachete y los manoseabas, los abria y cerraba mientras pasaba su lengua, mientras yo gemia, arqueando la espalda. Él siguió comiéndome el culo y la concha como un animal hambriento, lengua dentro de mí, chupando mi clítoris, metiendo dos dedos gruesos y curvándolos justo donde sabía que me volvía loca.
Cuando estuve a punto de acabar, se levantó y me la metió de un solo empujón profundo, gemí y empujé el culo hacia atrás, recibiéndola entera 
Empezó a cogerme lento al principio, sintiendo cada centímetro, y luego más rápido, su pija gruesa me estiraba al límite, el sonido húmedo de su piel contra la mía llenaba el baño. Sus manos sujetaban mis caderas con fuerza, dejando marcas rojas en mi piel clara.
—Ay loli estás tan apretada… —gruñó
Siguió cogiéndome hasta que acabo dentro mio, llenándome la concha de semen caliente y espeso, cuando terminó, me hire y me arrodille de vuelta, le limpie la pija lamiendo desde la base hasta la cabeza, tragando toda gotita que haya quedado.
—Quiero dormir con vos —le dije.
Mariano negó con la cabeza, pero sonrió.
—Mica se va a dar cuenta.
Yo me mordí el labio y lo miré
—Puedo visitarte durante la noche… nadie se va a enterar.-
Él soltó una risa baja y peligrosa. Me besó el cuello, todavía con su semen chorreando por mis muslos.

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