Mi cuñado y su novia Llegaron el viernes por la tarde. Ella tendría veintitrés años y era muy linda ., se iban a quedar este finde largo mientras ellos se bajaban a tomar una cerveza antes de cenar, nos quedamos las dos charlando un rato. Era una chica muy simpática, pero me pareció muy reservada Tras un par de horas charlando de temas triviales, nuestros maridos vinieron por fin y salimos fuera a cenar para celebrar su llegada.
La cena no estuvo nada mal y luego fuimos a tomar unas copas Mientras estábamos allí, yo me di cuenta de que mi cuñado y su novia no paraban de lanzarse besos, guiños y de acariciarse por debajo de la mesa.
En algún momento de la noche, mi cuñado se fue al cuarto de baño y, segundos más tarde, lo hizo su novia. Ambos tardaron un rato en salir y, cuando regresaron, estaban como acalorados. Me reí por dentro pensando en que habrían ido a echar un polvo en el cuarto de baño y no negaré que me puse muy caliente pensándolo. ¡Vaya con la tímida y el cuñadito! Pensando en esas cosas, fui calentándome más y más. Tanto, que me acerqué a mi marido y le susurré al oído que quería hacer el amor inmediatamente.
– ¿Ahora? -contestó- Espera a que terminemos la copa y vamos a casa, ¿de acuerdo?.
– Vamos al baño -le incité- Será caliente .
– ¡No digas tonterías! En cinco minutos nos vamos a casa y te doy allí lo que me pidas.
Me enfadé. Tardamos más de un cuarto de hora en volver a casa y, al llegar y meternos en el cuarto, mi marido trató de llevarme a la cama, pero yo no quise.
– ¿Estás loca? -me dijo- Antes querías hacerlo en un baño y ahora dices que no te apetece. ¿Quieres decidirte de una vez?.
– Se me han pasado las ganas, ¿de acuerdo?
Mi marido se levantó, fue al baño y, seguramente, se hizo una paja para relajarse. El caso es que al volver, se quedó dormido casi de inmediato y yo estaba allí, mirando al techo en la oscuridad, sin poder dormir. Pensaba en la pareja que estaban en el cuarto de al lado, los imaginaba allí, cogiendo con verdadera pasión, completando lo que habían hecho antes
Entonces escuché los gemidos a través de la pared. Llegaban como desde lejos, pero eran inconfundiblemente gemidos de placer. La cama empezó a hacer ruido y los gemidos fueron intensificándose. Yo noté que me mojaba como hacía siglos que no me mojaba y mi mano, inconscientemente, se deslizó hacia mi entrepierna. Rocé a mi marido con los primeros movimientos y él ni se enteró. Eso me dio una idea sorprendente. Me la quité de la cabeza y comencé a masturbarme allí mismo, con las rodillas levantadas, metiendo mis deditos por debajo de mi tanga y acariciándome los labios de la vulva. Me estaba poniendo tan caliente que la idea de antes regresó a la cabeza, una y otra vez. Tuve un orgasmo, pero no fue suficiente. Quería más.
En la habitación de al lado, detuvieron la marcha. pero yo seguía adelante con mi masturbación. Separé la tanga todo lo que pude y bajé mi dedito desde el clítoris hasta mi ano. Hacía mucho que no usaba ese agujerito para darme placer y en ese instante, no comprendí bien por qué. Me gustaba mucho acariciármelo por fuera, mojándome un dedito en mis flujos vaginales y luego lubricando mi ano con ellos. Cuando ya estaba más que lanzada y había dejado el ano para centrarme en mi clítoris, en el cuarto de al lado volvieron a la carga.
Eso era demasiado. Sin pensármelo más, me levanté y fui a hacer realidad la idea que me rondaba la cabeza. Caminé hasta la puerta de su cuarto y abrí de golpe, sorprendiéndolos en ese acto. Mi cuñado, completamente desnudo, estaba puesto de rodillas con la cabeza enterrada entre las piernas de su novia. Se giró y me miró, poniendo los ojos en blanco.
y les dije quiero hacer un trio con ustedes , estoy caliente y mi marido duerme
Se miraron. Sonrieron y asintieron con la cabeza. Yo cerré la puerta y subí a la cama, quitándome el camisón y mostrándole mis pechos a mi cuñado. Su novia me acarició los muslos y él volvió a la carga, devorándole la vulva mientras nosotras nos besábamos. Su lengua fue tan sensual que no pude evitar acariciarle los pechos y bajar a besárselos. Escuchaba sus jadeos y a mi cuñado ahí abajo, sin detener sus lamidas, mirando como podía.
La chica estaba a punto de acabar cuando me arrastré hasta abajo del todo y, tumbada boca arriba, agarre la pija de mi cuñado y me lo llevé a la boca. Estaba muy duro. Seguramente tenía pensado metérselo a aquella chica bien adentro, vaciarse dentro de ella, pero yo no le iba a dejar. Quería comerme aquel mástil hasta que se derramara completamente en mí. No tardó en pasar. Él levantó la cabeza del sexo de su novia y, sentado sobre mis pechos, dejó que su leche invadiera mi boca y mi cara. Su chica se abalanzó y comenzó a lamerme la cara y a acariciar el miembro de mi cuñado mientras terminaba de correrse. Yo me sentía realmente trola y realmente bien.
– Ha sido fantástico -dijo ella- Jamás creí que ver a otra mamándotela fuese tan excitante.
– Estoy de acuerdo. Pero ella no ha tenido placer -indicó mi cuñado- Démosle lo que merece.
Entonces su chica trepo hasta mis muslos y empezó a lamerlos, mientras él se ocupaba de mis pechos. Allí, con sus dos lenguas lamiéndome y sus cuatro labios dedicándose a mí, me parecía estar a punto de morirme de placer. Poco a poco, fueron aumentando las sensaciones cálidas y los latigazos de gusto, hasta que sentí bien cercano el momento de correrme. Cuando estaba a punto, mi cuñado se levantó, tirando de mi pezón con los labios, y me mostró su verga, de nuevo dura.
– Ven, cuñadita, voy a darte lo que mereces.
Yo me puse a cuatro patas, como más me gusta hacerlo. Estaba deseando que me metiera esa pija hasta el fondo Entonces su novia se vino debajo de mí y siguió comiéndome la concha
Mi cuñado ni se lo pensó. Abrió mis nalgas con las manos y puso su pija en la entrada de mi cola . . Simplemente, me dejé llevar…
Va a entrar perfectamente, cuñadita -Tienes un culito de lo más rico mi hermano es muy afortunado
No sabría describiros el placer de su verga en mi culo mientras la lengua de aquella chica me horadaba el sexo. Creía derramarme a cada segundo, sentía mi vulva tan caliente que parecía arder y las piernas me temblaban. Las manos de ella acariciaban mis muslos por dentro y agarraba los testículos de él, que golpeaban una y otra vez, pues tan profundamente me la metía que desaparecía toda dentro de mi culito. Me ardía, me dolía tremendamente, pero el placer era tan intenso que yo no paraba de gemir
– ¿Te gusta, cuñadita? -me decía él, recostándose contra mi espalda- Mi hermanito no te hace estas cosas, ¿verdad?.
¡Qué lengua y qué labios los de esa chica! Entonces, cuando ya perdía la cuenta de mí misma y parecía meterme en un mundo de absoluta depravación, noté una gran chorretada de leche caliente dentro de mi cola . Mi cuñado soltó un gemido grave y sacó de golpe su pija , soltando el resto de su eyaculación sobre la cara de aquella chica. Se corrió abundantemente a pesar de ser la cuarta vez en apenas tres horas. Y yo caí sobre la cama, completamente exhausta. Tenía el culito ardiendo, la vulva irritada y la sensación más maravillosa del mundo.
La cena no estuvo nada mal y luego fuimos a tomar unas copas Mientras estábamos allí, yo me di cuenta de que mi cuñado y su novia no paraban de lanzarse besos, guiños y de acariciarse por debajo de la mesa.
En algún momento de la noche, mi cuñado se fue al cuarto de baño y, segundos más tarde, lo hizo su novia. Ambos tardaron un rato en salir y, cuando regresaron, estaban como acalorados. Me reí por dentro pensando en que habrían ido a echar un polvo en el cuarto de baño y no negaré que me puse muy caliente pensándolo. ¡Vaya con la tímida y el cuñadito! Pensando en esas cosas, fui calentándome más y más. Tanto, que me acerqué a mi marido y le susurré al oído que quería hacer el amor inmediatamente.
– ¿Ahora? -contestó- Espera a que terminemos la copa y vamos a casa, ¿de acuerdo?.
– Vamos al baño -le incité- Será caliente .
– ¡No digas tonterías! En cinco minutos nos vamos a casa y te doy allí lo que me pidas.
Me enfadé. Tardamos más de un cuarto de hora en volver a casa y, al llegar y meternos en el cuarto, mi marido trató de llevarme a la cama, pero yo no quise.
– ¿Estás loca? -me dijo- Antes querías hacerlo en un baño y ahora dices que no te apetece. ¿Quieres decidirte de una vez?.
– Se me han pasado las ganas, ¿de acuerdo?
Mi marido se levantó, fue al baño y, seguramente, se hizo una paja para relajarse. El caso es que al volver, se quedó dormido casi de inmediato y yo estaba allí, mirando al techo en la oscuridad, sin poder dormir. Pensaba en la pareja que estaban en el cuarto de al lado, los imaginaba allí, cogiendo con verdadera pasión, completando lo que habían hecho antes
Entonces escuché los gemidos a través de la pared. Llegaban como desde lejos, pero eran inconfundiblemente gemidos de placer. La cama empezó a hacer ruido y los gemidos fueron intensificándose. Yo noté que me mojaba como hacía siglos que no me mojaba y mi mano, inconscientemente, se deslizó hacia mi entrepierna. Rocé a mi marido con los primeros movimientos y él ni se enteró. Eso me dio una idea sorprendente. Me la quité de la cabeza y comencé a masturbarme allí mismo, con las rodillas levantadas, metiendo mis deditos por debajo de mi tanga y acariciándome los labios de la vulva. Me estaba poniendo tan caliente que la idea de antes regresó a la cabeza, una y otra vez. Tuve un orgasmo, pero no fue suficiente. Quería más.
En la habitación de al lado, detuvieron la marcha. pero yo seguía adelante con mi masturbación. Separé la tanga todo lo que pude y bajé mi dedito desde el clítoris hasta mi ano. Hacía mucho que no usaba ese agujerito para darme placer y en ese instante, no comprendí bien por qué. Me gustaba mucho acariciármelo por fuera, mojándome un dedito en mis flujos vaginales y luego lubricando mi ano con ellos. Cuando ya estaba más que lanzada y había dejado el ano para centrarme en mi clítoris, en el cuarto de al lado volvieron a la carga.
Eso era demasiado. Sin pensármelo más, me levanté y fui a hacer realidad la idea que me rondaba la cabeza. Caminé hasta la puerta de su cuarto y abrí de golpe, sorprendiéndolos en ese acto. Mi cuñado, completamente desnudo, estaba puesto de rodillas con la cabeza enterrada entre las piernas de su novia. Se giró y me miró, poniendo los ojos en blanco.
y les dije quiero hacer un trio con ustedes , estoy caliente y mi marido duerme
Se miraron. Sonrieron y asintieron con la cabeza. Yo cerré la puerta y subí a la cama, quitándome el camisón y mostrándole mis pechos a mi cuñado. Su novia me acarició los muslos y él volvió a la carga, devorándole la vulva mientras nosotras nos besábamos. Su lengua fue tan sensual que no pude evitar acariciarle los pechos y bajar a besárselos. Escuchaba sus jadeos y a mi cuñado ahí abajo, sin detener sus lamidas, mirando como podía.
La chica estaba a punto de acabar cuando me arrastré hasta abajo del todo y, tumbada boca arriba, agarre la pija de mi cuñado y me lo llevé a la boca. Estaba muy duro. Seguramente tenía pensado metérselo a aquella chica bien adentro, vaciarse dentro de ella, pero yo no le iba a dejar. Quería comerme aquel mástil hasta que se derramara completamente en mí. No tardó en pasar. Él levantó la cabeza del sexo de su novia y, sentado sobre mis pechos, dejó que su leche invadiera mi boca y mi cara. Su chica se abalanzó y comenzó a lamerme la cara y a acariciar el miembro de mi cuñado mientras terminaba de correrse. Yo me sentía realmente trola y realmente bien.
– Ha sido fantástico -dijo ella- Jamás creí que ver a otra mamándotela fuese tan excitante.
– Estoy de acuerdo. Pero ella no ha tenido placer -indicó mi cuñado- Démosle lo que merece.
Entonces su chica trepo hasta mis muslos y empezó a lamerlos, mientras él se ocupaba de mis pechos. Allí, con sus dos lenguas lamiéndome y sus cuatro labios dedicándose a mí, me parecía estar a punto de morirme de placer. Poco a poco, fueron aumentando las sensaciones cálidas y los latigazos de gusto, hasta que sentí bien cercano el momento de correrme. Cuando estaba a punto, mi cuñado se levantó, tirando de mi pezón con los labios, y me mostró su verga, de nuevo dura.
– Ven, cuñadita, voy a darte lo que mereces.
Yo me puse a cuatro patas, como más me gusta hacerlo. Estaba deseando que me metiera esa pija hasta el fondo Entonces su novia se vino debajo de mí y siguió comiéndome la concha
Mi cuñado ni se lo pensó. Abrió mis nalgas con las manos y puso su pija en la entrada de mi cola . . Simplemente, me dejé llevar…
Va a entrar perfectamente, cuñadita -Tienes un culito de lo más rico mi hermano es muy afortunado
No sabría describiros el placer de su verga en mi culo mientras la lengua de aquella chica me horadaba el sexo. Creía derramarme a cada segundo, sentía mi vulva tan caliente que parecía arder y las piernas me temblaban. Las manos de ella acariciaban mis muslos por dentro y agarraba los testículos de él, que golpeaban una y otra vez, pues tan profundamente me la metía que desaparecía toda dentro de mi culito. Me ardía, me dolía tremendamente, pero el placer era tan intenso que yo no paraba de gemir
– ¿Te gusta, cuñadita? -me decía él, recostándose contra mi espalda- Mi hermanito no te hace estas cosas, ¿verdad?.
¡Qué lengua y qué labios los de esa chica! Entonces, cuando ya perdía la cuenta de mí misma y parecía meterme en un mundo de absoluta depravación, noté una gran chorretada de leche caliente dentro de mi cola . Mi cuñado soltó un gemido grave y sacó de golpe su pija , soltando el resto de su eyaculación sobre la cara de aquella chica. Se corrió abundantemente a pesar de ser la cuarta vez en apenas tres horas. Y yo caí sobre la cama, completamente exhausta. Tenía el culito ardiendo, la vulva irritada y la sensación más maravillosa del mundo.
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