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nos encanta experimentar

Aprovechamos que los chicos iban a estar ausentes durante  el sábado y él le dijo a su mujer que iba a ver un partido de fútbol con mi marido. La coartada perfecta.
Cuando llegó tomamos un par de cervezas y pasamos rápidamente al dormitorio. Cuando me besó en la boca sentí que el fuego me subía. Me empezó a acariciar muy suave y cuando llegó a mi entrepierna sentí que desfallecía, hacía tanto que quería esas caricias.
Me fue desnudando él mismo mientras mi marido observaba todo. No me animaba a tocarlo y cuando me depositó suavemente sobre la cama me llevó la mano hacia su miembro que todavía fláccido era grande. Allí noté que estaba empezando a crecer y que realmente no me habían mentido.
Me dejé estar y empezó a besarme desde los pies a la cabeza mientras sus manos se aferraban a mis pechos, cuando llegaba al lugar pasaba de largo y eso me calentaba cada vez más. Mis pezones parecían reventar. Estaban tan duros y excitados que el solo roce de sus dedos me llevaba al borde del climax. Comencé a temblar como loca.
El finalmente llevó sus dedos a mi concha y me introdujo dos en la vagina al tiempo que con el pulgar comenzaba a masajear mi botoncito delicadamente. Su lengua y sus dedos parecían multiplicarse para estimular mis centros más sensibles.
En un momento dado apoyó su cabeza sobre mi concha y me prodigó varias lamidas sobre el clítoris hasta que, finalmente, me penetró con su lengua y allí exploté sin contenerme y tuve mi primer orgasmo. . Mi marido me miraba 
A esta altura su miembro parecía cada vez más grande. Era descomunal, . Me puso debajo de él y me penetró suavemente.
Su verga se deslizaba lentamente hacia mi interior y cuando estuvo bien adentro comenzó a entrar y salir de mi concha, avanzando con cada acometida varios centímetros hacia el fondo de mi concha Nos estábamos acercando al orgasmo. El continuaba bombeando y el ritmo violento de sus embestidas me resultaba ya insoportable.
Me olvidé de quién estaba encima mío y de que mi esposo estaba observando todo. Cerré mis ojos y me dejé flotar en mi orgasmo que fue algo maravilloso.
Cuando terminó se fue al baño y mientras tanto yo le indiqué a mi marido que se acercara y comencé a masturbarlo y pronto lo hice acabar. Antes de que desparramara toda su leche me metí su pija en la boca y se la dejé bien limpita. Me agradeció con la mirada.
Raúl volvió y empecé a acariciarlo suavemente y noté que su enorme miembro se ponía duro nuevamente. Yo quería gozar más y me subí arriba de él. Fue un momento glorioso porque me detuvo con una mano en el ombligo mientras me acariciaba con la otra una teta. Detenida así, bajé la vista y vi su pija bien parada y brillosa y yo misma tuve que tomar la iniciativa, me elevé sobre la rodilla, le agarré la verga del tronco, me la ubiqué a la entrada de mi vagina y me dejé caer suavemente sintiendo la entrada de cada centímetro de poronga en mi concha, gozando como una puta  
Después empezó el movimiento  ¡Qué manera de coger!. Mi marido nos miraba  y tenía su pija erecta nuevamente, así que le hice una seña para que se acercara y me la puse nuevamente dentro de mi boca –sabía que le gustaba mucho eso- y comencé a mamársela. Pronto los tres estallamos en intensos orgasmo y quedamos rendidos recostados sobre la cama sin decir palabras.
Luego de un buen rato me dieron ganas de chupar la de Raúl, así que fui girando suamente hasta quedar en un perfecto 69. Acerqué mi cara al glande agarrando decididamente su pija por el tronco mientras le acariciaba los testículos con la otra mano. Rocé la cabeza con los labios y vi aparecer en la boquita de la verga el líquido preeyaculatorio que tenía todo el olor a macho. Yo estaba lanzada e inicié mi fellatio tragándome esa poronga descomunal, chupándosela con vigor y estremeciéndome cada vez que él bombeaba lentamente con su boca en busca de los jugos de mi concha.
Raúl me separó las piernas y comenzó a lamerme. Se lengua se metía en todos los rincones de mi concha. Me rodeaba el clítoris con sus labios y pretendía succionármelo. Mi marido dijo que quería participar y me pidió que me pusiera en cuatro patas sin dejar de chupársela a Raúl. Se arrodilló detrás de mí. Yo estaba excitadísima y le pedí por favor que me la metiera. Mi concha estaba bien expuesta y con los labios hinchados. El los separó y hundió un dedo en mi cavidad caliente y supermojada. No podía dejar de gemir y movía las caderas incitándolo a que me la pusiera de una vez pero a él no se le paraba del todo, así que seguí chupando la gruesa verga del marido de mi amiga que sí estaba dura mientras esperaba la embestida de mi marido.
No se si por lo que estaba viendo o porque tenía que suceder a mi esposo se le paró de una manera como nunca había visto y sentido. Me la metió hasta el fondo de mi conchita húmeda y comenzó a moverse a un ritmo descomunal. Pensé que iba a desfallecer. ¡Qué zaranda me dio!. Nunca lo hubiera imaginado. Me cogía de vuelta como en los mejores días.
Mi marido estaba tan entusiasmado que me propuso cogerme por el culo mientras Raúl me la metía por la concha. No dudé un instante y rápidamente dejé de chupársela a mi amigo, me dí vuelta y lo monté dejando el culito bien paradito para que mi esposo no tuviera dificultades. Para lubricarme me pasó la lengua por el agujero y me empecé a volver loca cuando me la fue metiendo
Me estaban cogiendo dos tipos al mismo tiempto 



. Raúl se retiró prometiendo guardar silencio de todo ello no sin antes decirnos que cuando quisiéramos podíamos contar con él. Que la había pasado muy bien y esperaba que nosotros también. Por la mirada que le eché en esos momentos supongo que adivinó que yo la había pasado excelente.
Mi marido me comentó que a pesar de haber cogido con Raúl en realidad le había hecho el amor a él y dijo que esa era la fórmula y por eso su insistencia durante tanto tiempo. Yo no se si realmente fue así porque yo gocé realmente con el otro y por momentos eran dos los que me penetraban pero si él quedó conforme con la experiencia yo no tengo por qué sacarle esa idea de su cabeza.
Desde entonces hemos tenido otros encuentros de ese tipo sin miedos y seguros de lo que sentimos.

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