Fui al bingo de Morón un viernes a la noche, solo, con ganas de algo. Estaba en la máquina, tirando monedas y mirando de reojo. Al rato apareció un tipo de unos 40, morocho, bien parado, con cara de activo. Nos cruzamos las miradas un par de veces y al final se acercó.
—¿Tenés suerte hoy? —me dijo bajo.
Le contesté que no tanto en las máquinas, pero que quizás en otra cosa sí. Se rió y me invitó a salir un rato. Salimos al estacionamiento, subimos a su auto y arrancó para un callejón medio oscuro a dos cuadras.
Apenas estacionó ya tenía la mano en mi nuca. Me bajó el cierre, sacó una pija gruesa y medio dura. Yo me agaché sin pensarlo dos veces. Empecé a lamerle la cabeza, salada y caliente, y después me la metí entera. El tipo gemía bajito y me agarraba el pelo.
Chupé lento al principio, saboreándola, y después más rápido, con saliva por todos lados. Él empujaba suave hacia mi garganta y yo dejaba que llegara hasta el fondo. Me gustó el sonido que hacía cuando se me escapaba un poco de baba. Al rato me avisó que se venía. No me saqué: me la dejé adentro y tragué todo caliente. Después me limpié la boca con la mano y él me miró sonriendo.
—Sos un pendejo de puta madre —me dijo.
Me bajó del auto, me dio un cachetazo suave en la cara y se fue. Yo me quedé ahí un toque, todavía con el gusto en la boca, y después volví al bingo como si nada hubiera pasado.
—¿Tenés suerte hoy? —me dijo bajo.
Le contesté que no tanto en las máquinas, pero que quizás en otra cosa sí. Se rió y me invitó a salir un rato. Salimos al estacionamiento, subimos a su auto y arrancó para un callejón medio oscuro a dos cuadras.
Apenas estacionó ya tenía la mano en mi nuca. Me bajó el cierre, sacó una pija gruesa y medio dura. Yo me agaché sin pensarlo dos veces. Empecé a lamerle la cabeza, salada y caliente, y después me la metí entera. El tipo gemía bajito y me agarraba el pelo.
Chupé lento al principio, saboreándola, y después más rápido, con saliva por todos lados. Él empujaba suave hacia mi garganta y yo dejaba que llegara hasta el fondo. Me gustó el sonido que hacía cuando se me escapaba un poco de baba. Al rato me avisó que se venía. No me saqué: me la dejé adentro y tragué todo caliente. Después me limpié la boca con la mano y él me miró sonriendo.
—Sos un pendejo de puta madre —me dijo.
Me bajó del auto, me dio un cachetazo suave en la cara y se fue. Yo me quedé ahí un toque, todavía con el gusto en la boca, y después volví al bingo como si nada hubiera pasado.
0 comentarios - Por Moron chupando pija