La videollamada empezó como cualquier otra. Estaba terminando los ultimos retoques, llendo de aca para alla, el vestido ceñido a mis curvas, el gran escote dejando casi toda la mitad superior de mis tetas a la vista. Cuando contesté, su cara cambió en un segundo. Se quedó callado, con la boca ligeramente abierta, mirándome como si no pudiera creer lo que estaba viendo.

—Wooow, que mujer… —murmuró—. Estás…buenisima, perdon estás hermosa.
Sonreí, me giré un poco de lado para que viera cómo el vestido marcaba la curva de mi cintura.
—¿Te gusta? —pregunté. Pensé que para la fiesta de tu trabajo tenía que ir bien.
—Bien no. Perfecta. Vas hacer que todos giren a verte!
Me reí y colgué. Diez minutos después estaba tocando el timbre.
El viaje en el auto fue tenso de una forma deliciosa. Él no podía dejar de mirarme de reojo. Cada vez que me inclinaba un poco hacia adelante, el escote hacía lo suyo y yo lo notaba: la forma en que se le tensaba, cómo se movía incómodo en el asiento. No dijimos casi nada. Solo la música baja y la anticipación pesando entre los dos.
La fiesta empezó formal. Luces blancas, gente de traje, copas de vino. Me senté frente a él en una mesa alta. Él casi no parpadeaba. Me miraba como si yo fuera la única persona en la sala.

Su compañera de trabajo me saludó y yo sonreí educada, pero sabía que él solo estaba viéndome a mí: el escote, el movimiento de mis tetas cada vez que respiraba, la forma en que el vestido se pegaba a mis caderas.
Después de un rato, vi a una chica conocida al otro lado del salón. Me levanté para ir a saludarla. El lugar estaba lleno, así que tuve que pasar justo por delante de él. Cuando me acerqué para pasar, le di la espalda, y note que reaccionó al instante: porque se inclinó hacia adelante y apoyó su cuerpo completo contra el mío por un segundo. Sentí su pene apretarse contra mi culo. Me giré sorprendida, con una sonrisa, y él también se rió, como si nada hubiera pasado. Nadie más se dio cuenta. O al menos nadie dijo nada.

La noche cambió cuando bajaron las luces y subieron la música. Luces de colores, más alcohol, más calor. Nos sentamos a tomar unos tragos, estabamos alegres, la noche estaba genial, buena musica, buen ambiente

Le comente quue la chica que fui a saludar me pregunto por el chico lindo con el que fui, si era mi novio, y al decirle que no, me dijo hacen linda pareja, a lo que respondi: pero no me da bola. Tome un chupetin y comence a jugar con el.

Luego me fui a la pista. Empecé a mover las caderas, el culo meneándose justo para él. Sabía que me estaba mirando. El alcohol ya estaba haciendo de las suyas en los dos.

Al rato lo sentí detrás de mí.
—¿Cómo te podés mover así, preciosa?_ —me susurró al oído.
Me reí y seguí bailando contra él. Automaticamente levantó un poco el borde de mi vestido y me dio una nalgada seca, fuerte. y me dijo : para que no digas que no te doy bola.

Más tarde hicimos una apuesta tonta, y perdí. Él me pidió que me quitara la tanga. Pensó que no lo iba a hacer. Yo lo miré con una sonrisa pícara, me metí la mano por debajo del vestido y me la saqué de un tirón, casi sin que se de cuenta.

Él justo había bajado la vista al celular. Cuando levantó la mirada yo seguía bailando como si nada. Un segundo después se me escapó un seno por el escote. Él lo vio. Yo fingí que no había pasado nada y seguí bailando.

Decidimos subir a otra pista. Yo iba por delante por las escaleras. Cada escalón hacía que el vestido se subiera un poco más. Incluso hacia que me cubria. Sabía que él estaba mirando. Que estaba viendo que no llevaba nada debajo. Que mi vagina estaba completamente expuesto cada vez que daba un paso .

Arriba conseguimos unos tragos y nos sentamos. Él en el sillón de al lado. Después de un rato me miró, casi sin saber cómo preguntarlo:
—¿De verdad cumpliste con la apuesta? ¿Te sacaste la tanga?
No contesté con palabras. Miré a los lados, me recosté un poco hacia un costado, abrí un poco las nalgas y le mostré todo. Mi vagina abierta, húmeda, sin nada que la cubriera. Su cara se iluminó. Todavía no lo podía creer. No dije nada.

Solo tomamos los tragos y volvimos a la pista.
Estabamos casi en una esquina, allí lo miré a los ojos, saqué la lengua despacio y la pasé por mis labios. El alcohol ya hace rato habia hecho lo suyo.

Bailo cada vez mas pegado a mi, mi cuerpo se movio para el, sabia que estaba hipnotizado, no dejaba de verme y desearme. Podia sentir como mi vestido se subia, y aun asi yo no dejaba de moverme. Hasta que ya no pudo más.

Me agarró de la cintura. Su boca pegada a mi oído.
—Estás hermosa… sos una locura de mujer… todavía no puedo creer que te hayas sacado la tanga…
Su mano bajó, apretó mis nalgas con fuerza y no pude evitar sonreir, no lo aparte, continue bailando, hasta que después sus dedos empezaron a rozar mi coño. Estaba empapada. Metió dos dedos de una y yo solté un gemido contra su cuello.

—Vamos al baño —dijo.
Me tomo de la mano con fuerza y me guio..
Entramos, trabamos la puerta. Me giró de frente al espejo, levantó el vestido hasta la cintura y me penetró de una. Seco, duro, golpeándome con fuerza. Ya estaba mojada, cada embestida hacía que mis tetas rebotaran. Él miraba todo por el espejo: mi cara, mis pechos, cómo su verga entraba y salía de mí.

Alguien intentó abrir la puerta un par de veces. Asique nos metimos en un cubículo. Allí me bajó los breteles del vestido, dejó mis tetas completamente afuera y me cogió todavía más fuerte, más rápido. Yo veía su cara en el espejo del baño: la expresión de satisfacción, de orgullo, de estar cogiendo exactamente lo que quería. Mis tetas rebotando sin control. El sonido de su cuerpo chocando contra el mío. Podia gemir con tranquilidad.

Cuando alguien logró entrar al baño, él ni se inmutó. Siguió dándome duro. Yo cerré la puerta del cubículo como pude. Eso pareció acelerarlo.

Saco su verga de mi, me empujó de rodillas y una explosion en mi cara. Los chorros calientes me golpearon la cara y varias gotas cayeron sobre mis tetas. Me limpié, me acomodé el vestido y salimos como si nada hubiera pasado.

La noche todavía no había terminado.
CONTINUARA.

—Wooow, que mujer… —murmuró—. Estás…buenisima, perdon estás hermosa.
Sonreí, me giré un poco de lado para que viera cómo el vestido marcaba la curva de mi cintura.
—¿Te gusta? —pregunté. Pensé que para la fiesta de tu trabajo tenía que ir bien.
—Bien no. Perfecta. Vas hacer que todos giren a verte!
Me reí y colgué. Diez minutos después estaba tocando el timbre.
El viaje en el auto fue tenso de una forma deliciosa. Él no podía dejar de mirarme de reojo. Cada vez que me inclinaba un poco hacia adelante, el escote hacía lo suyo y yo lo notaba: la forma en que se le tensaba, cómo se movía incómodo en el asiento. No dijimos casi nada. Solo la música baja y la anticipación pesando entre los dos.
La fiesta empezó formal. Luces blancas, gente de traje, copas de vino. Me senté frente a él en una mesa alta. Él casi no parpadeaba. Me miraba como si yo fuera la única persona en la sala.

Su compañera de trabajo me saludó y yo sonreí educada, pero sabía que él solo estaba viéndome a mí: el escote, el movimiento de mis tetas cada vez que respiraba, la forma en que el vestido se pegaba a mis caderas.
Después de un rato, vi a una chica conocida al otro lado del salón. Me levanté para ir a saludarla. El lugar estaba lleno, así que tuve que pasar justo por delante de él. Cuando me acerqué para pasar, le di la espalda, y note que reaccionó al instante: porque se inclinó hacia adelante y apoyó su cuerpo completo contra el mío por un segundo. Sentí su pene apretarse contra mi culo. Me giré sorprendida, con una sonrisa, y él también se rió, como si nada hubiera pasado. Nadie más se dio cuenta. O al menos nadie dijo nada.

La noche cambió cuando bajaron las luces y subieron la música. Luces de colores, más alcohol, más calor. Nos sentamos a tomar unos tragos, estabamos alegres, la noche estaba genial, buena musica, buen ambiente

Le comente quue la chica que fui a saludar me pregunto por el chico lindo con el que fui, si era mi novio, y al decirle que no, me dijo hacen linda pareja, a lo que respondi: pero no me da bola. Tome un chupetin y comence a jugar con el.

Luego me fui a la pista. Empecé a mover las caderas, el culo meneándose justo para él. Sabía que me estaba mirando. El alcohol ya estaba haciendo de las suyas en los dos.

Al rato lo sentí detrás de mí.
—¿Cómo te podés mover así, preciosa?_ —me susurró al oído.
Me reí y seguí bailando contra él. Automaticamente levantó un poco el borde de mi vestido y me dio una nalgada seca, fuerte. y me dijo : para que no digas que no te doy bola.

Más tarde hicimos una apuesta tonta, y perdí. Él me pidió que me quitara la tanga. Pensó que no lo iba a hacer. Yo lo miré con una sonrisa pícara, me metí la mano por debajo del vestido y me la saqué de un tirón, casi sin que se de cuenta.

Él justo había bajado la vista al celular. Cuando levantó la mirada yo seguía bailando como si nada. Un segundo después se me escapó un seno por el escote. Él lo vio. Yo fingí que no había pasado nada y seguí bailando.

Decidimos subir a otra pista. Yo iba por delante por las escaleras. Cada escalón hacía que el vestido se subiera un poco más. Incluso hacia que me cubria. Sabía que él estaba mirando. Que estaba viendo que no llevaba nada debajo. Que mi vagina estaba completamente expuesto cada vez que daba un paso .

Arriba conseguimos unos tragos y nos sentamos. Él en el sillón de al lado. Después de un rato me miró, casi sin saber cómo preguntarlo:
—¿De verdad cumpliste con la apuesta? ¿Te sacaste la tanga?
No contesté con palabras. Miré a los lados, me recosté un poco hacia un costado, abrí un poco las nalgas y le mostré todo. Mi vagina abierta, húmeda, sin nada que la cubriera. Su cara se iluminó. Todavía no lo podía creer. No dije nada.

Solo tomamos los tragos y volvimos a la pista.
Estabamos casi en una esquina, allí lo miré a los ojos, saqué la lengua despacio y la pasé por mis labios. El alcohol ya hace rato habia hecho lo suyo.

Bailo cada vez mas pegado a mi, mi cuerpo se movio para el, sabia que estaba hipnotizado, no dejaba de verme y desearme. Podia sentir como mi vestido se subia, y aun asi yo no dejaba de moverme. Hasta que ya no pudo más.

Me agarró de la cintura. Su boca pegada a mi oído.
—Estás hermosa… sos una locura de mujer… todavía no puedo creer que te hayas sacado la tanga…
Su mano bajó, apretó mis nalgas con fuerza y no pude evitar sonreir, no lo aparte, continue bailando, hasta que después sus dedos empezaron a rozar mi coño. Estaba empapada. Metió dos dedos de una y yo solté un gemido contra su cuello.

—Vamos al baño —dijo.
Me tomo de la mano con fuerza y me guio..
Entramos, trabamos la puerta. Me giró de frente al espejo, levantó el vestido hasta la cintura y me penetró de una. Seco, duro, golpeándome con fuerza. Ya estaba mojada, cada embestida hacía que mis tetas rebotaran. Él miraba todo por el espejo: mi cara, mis pechos, cómo su verga entraba y salía de mí.

Alguien intentó abrir la puerta un par de veces. Asique nos metimos en un cubículo. Allí me bajó los breteles del vestido, dejó mis tetas completamente afuera y me cogió todavía más fuerte, más rápido. Yo veía su cara en el espejo del baño: la expresión de satisfacción, de orgullo, de estar cogiendo exactamente lo que quería. Mis tetas rebotando sin control. El sonido de su cuerpo chocando contra el mío. Podia gemir con tranquilidad.

Cuando alguien logró entrar al baño, él ni se inmutó. Siguió dándome duro. Yo cerré la puerta del cubículo como pude. Eso pareció acelerarlo.

Saco su verga de mi, me empujó de rodillas y una explosion en mi cara. Los chorros calientes me golpearon la cara y varias gotas cayeron sobre mis tetas. Me limpié, me acomodé el vestido y salimos como si nada hubiera pasado.

La noche todavía no había terminado.
CONTINUARA.
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