Tengo 41 años, mi marido 45 y nuestro hijo 18. Escribo esto porque no sé con quién hablarlo y necesito sacarlo de alguna forma.
Todo empezó cuando empecé a notar que algunas prendas mías desaparecían o aparecían en lugares extraños.
Al principio pensé que era despiste mío. Hasta que una noche, ya tarde, bajé a la cocina a beber agua y vi la puerta del cuarto de mi hijo entreabierta.
Me acerqué sin hacer ruido, solo por curiosidad… y me quedé helada. Él estaba en la cama. En una mano tenía uno de mis tangas negros de encaje.
Se lo llevaba a la nariz y lo olía profundamente, con los ojos cerrados, mientras con la otra mano se masturbaba muy lento, muy concentrado.
Me quedé paralizada en el pasillo. No pude moverme. Sentí un nudo enorme en el estómago: vergüenza, rabia, confusión… y algo más que no quiero nombrar porque sé que está mal. Algo que me revolvió por dentro de una forma que no esperaba. Me alejé en silencio. Él no se dio cuenta de que lo vi.
Mi marido todavía no sabe nada de esto. Yo tampoco sé cómo hablarlo ni con quién. ¿Se lo digo a mi hijo? ¿Se lo cuento a mi marido? ¿Fingo que no pasó?Pensé que podía ser una calentura pasajera, algo de la edad… pero no. He vuelto a encontrar señales: prendas mías fuera de lugar, la puerta de su cuarto entreabierta a horas raras.
Sigo atrapada entre el asco, la preocupación y ese sentimiento confuso que no consigo apartar.No sé qué se debe hacer en estos casos. Solo sé que esto me está consumiendo y no puedo seguir guardándomelo sola.
Todo empezó cuando empecé a notar que algunas prendas mías desaparecían o aparecían en lugares extraños.
Al principio pensé que era despiste mío. Hasta que una noche, ya tarde, bajé a la cocina a beber agua y vi la puerta del cuarto de mi hijo entreabierta.
Me acerqué sin hacer ruido, solo por curiosidad… y me quedé helada. Él estaba en la cama. En una mano tenía uno de mis tangas negros de encaje.
Se lo llevaba a la nariz y lo olía profundamente, con los ojos cerrados, mientras con la otra mano se masturbaba muy lento, muy concentrado.
Me quedé paralizada en el pasillo. No pude moverme. Sentí un nudo enorme en el estómago: vergüenza, rabia, confusión… y algo más que no quiero nombrar porque sé que está mal. Algo que me revolvió por dentro de una forma que no esperaba. Me alejé en silencio. Él no se dio cuenta de que lo vi.
Mi marido todavía no sabe nada de esto. Yo tampoco sé cómo hablarlo ni con quién. ¿Se lo digo a mi hijo? ¿Se lo cuento a mi marido? ¿Fingo que no pasó?Pensé que podía ser una calentura pasajera, algo de la edad… pero no. He vuelto a encontrar señales: prendas mías fuera de lugar, la puerta de su cuarto entreabierta a horas raras.
Sigo atrapada entre el asco, la preocupación y ese sentimiento confuso que no consigo apartar.No sé qué se debe hacer en estos casos. Solo sé que esto me está consumiendo y no puedo seguir guardándomelo sola.
5 comentarios - Cada familia es un mundo.