que quiere jubilarse, perdona si te he ofendido durante la cena, me pongo un poco tonto a veces_
_No es buena idea que vengas a mi piso, mejor nos despedimos aquí_ dijo ella
Entonces me oculté dentro de un portal oscuro y cogí el móvil y le envié un mensaje y escuché el móvil de Cristina.
_Acepta esa última copa en tu piso_ escribí, no sé por qué lo hice, quería seguir escuchando a mi padre decir sus chorradas y estrellarse contra la voluntad de ella que lo rechazaba, quería estar inmerso dentro de esa mierda, no lo sé.
_ ¿Quién te escribe? ¿Mi hijo?_ dijo mi padre
_ ¿Estás seguro? Mira que este se va a pensar cualquier cosa_ escribió ella
_Quiero que le eches de tu piso a patadas, yo estaré allí escondido_ escribí
_Dale saludos a mi hijo_ dijo él
Escuché un hondo suspiro de parte de ella.
_Vale, vamos a mi casa, te bebes la última y te marchas_ dijo ella
_Fenomenal_ dijo él
_Pero si intentas una gilipollez te mato a hostias_ dijo ella
_Que no, me portaré como un niño bueno, como Fermín_ dijo él, riendo con esa risa falsa y chirriante.
_Más te vale_ dijo ella
_Podemos coger un taxi en la avenida y de paso caminamos un poco_ dijo él
Les vi alejarse, mi padre cogiendo del brazo a Cristina, ella caminado pausadamente a su lado, con las dos manos dentro de los bolsillos de la cazadora de cuero y la pequeña cartera colgando del hombro.
Caminé en dirección contraria hasta mi coche, subí apresuradamente, todavía me dolía la humillación de las cosas que había dicho mi padre, la anécdota del baloncesto que era cierta, pero luego unos años más tarde me había desarrollado y pegado un estirón y nunca había tenido problemas con el tamaño de mi polla, sin embrago él se había quedado con eso y si no llevaba chicas a casa era para que no conocieran a mi padre.
Que puto cabrón, siempre le había tenido en mi contra, esa era la verdad, siempre había sido mi enemigo, mi propio padre, que puta mierda, que tío más egoísta y miserable, siempre compitiendo conmigo, hasta este punto de querer ligar con mi propia novia, sin importarle nada.
Conduje por las calles ya con poca gente a esa altura de la noche y aparqué frente al piso de Cristina y bajé del coche, abrí la puerta y subí hasta el piso apresuradamente, no habían llegado.
¿Qué esperaba escuchar? No lo sabía, quería ver como ella le echaba, presenciar esa máxima humillación y salir de mi escondite y abrazar a Cristina y ver como mi padre se marchaba con la cola entre las piernas y yo que me quedaba en el piso con ella.
Ahora me daba cuenta que había algo enfermizo detrás de mí comportamiento ¿para qué dar tantas vueltas? Se trataba de mandarle a paseo de una vez, sin embargo yo demoraba el momento y exponía a mi novia quien ahora estaría viajando en taxi hasta su casa, compartiendo el asiento trasero con él.
¿Intentaría besarla de nuevo? Era capaz el muy cabrón.
Pero ella le rechazaría.
¿O tal vez no? ¿O tal vez ella consentiría en el beso? Les imagine besándose en el asiento trasero del taxi, ladeando las cabezas, él cogiéndola del brazo y ella todavía con las manitas delicadas y fuertes en los bolsillos de la cazadora, con la pequeña cartera colgando.
Un mujerón, un putón, pensaría el taxista, una prostituta y su viejo cliente, besándose y morreándose como paso previo a follar.
Y otra vez tuve una erección y esta vez me toque por sobre los pantalones.
Era enfermizo, era asqueroso, mi propio padre y mi novia, casi mi mujer prácticamente.
Me senté en la cama, me tomé la cara entre las manos.
Recordé la hostia que ella le había dado, un buen sopapo en esa cara redonda y sorprendida de él, no se la esperaba, eso había estado muy bien.
No me imaginaba a Cristina capaz de esa reacción y luego recordé la noche anterior cuando yo apretaba su cuello largo y grácil y ella cerraba los ojos.
_Aprieta fuerte_ había dicho en un momento.
Me gustaría atarte, había dicho mi padre.
Violencia y sexo, sexo violento y brutal, despojado de sentimientos.
_Eres virgen, nunca te han follado duro, pero bien duro de verdad_
Las frases de mi padre seguían cayendo pesadamente dentro de mí, siempre sería así hasta que me muriera, las frases de mi padre tenían un peso todavía para mí, demasiado peso.
Entonces escuché la puerta, la llave en la cerradura.
_Joder, es la hostia esto, menudo pisito, menudo nidito de amor…._ dijo la voz de mi padre.
_ ¿Qué quieres beber?, venga que ya es tarde_ dijo ella
_Tenemos toda la noche, niña_
_Toda la noche no, te bebes la última y te marchas_ dijo ella
_En el taxi no te quejabas tanto cuando te sobaba las piernazas_ dijo él
_Tenía frio, eso es todo_ dijo ella
_No es buena idea que vengas a mi piso, mejor nos despedimos aquí_ dijo ella
Entonces me oculté dentro de un portal oscuro y cogí el móvil y le envié un mensaje y escuché el móvil de Cristina.
_Acepta esa última copa en tu piso_ escribí, no sé por qué lo hice, quería seguir escuchando a mi padre decir sus chorradas y estrellarse contra la voluntad de ella que lo rechazaba, quería estar inmerso dentro de esa mierda, no lo sé.
_ ¿Quién te escribe? ¿Mi hijo?_ dijo mi padre
_ ¿Estás seguro? Mira que este se va a pensar cualquier cosa_ escribió ella
_Quiero que le eches de tu piso a patadas, yo estaré allí escondido_ escribí
_Dale saludos a mi hijo_ dijo él
Escuché un hondo suspiro de parte de ella.
_Vale, vamos a mi casa, te bebes la última y te marchas_ dijo ella
_Fenomenal_ dijo él
_Pero si intentas una gilipollez te mato a hostias_ dijo ella
_Que no, me portaré como un niño bueno, como Fermín_ dijo él, riendo con esa risa falsa y chirriante.
_Más te vale_ dijo ella
_Podemos coger un taxi en la avenida y de paso caminamos un poco_ dijo él
Les vi alejarse, mi padre cogiendo del brazo a Cristina, ella caminado pausadamente a su lado, con las dos manos dentro de los bolsillos de la cazadora de cuero y la pequeña cartera colgando del hombro.
Caminé en dirección contraria hasta mi coche, subí apresuradamente, todavía me dolía la humillación de las cosas que había dicho mi padre, la anécdota del baloncesto que era cierta, pero luego unos años más tarde me había desarrollado y pegado un estirón y nunca había tenido problemas con el tamaño de mi polla, sin embrago él se había quedado con eso y si no llevaba chicas a casa era para que no conocieran a mi padre.
Que puto cabrón, siempre le había tenido en mi contra, esa era la verdad, siempre había sido mi enemigo, mi propio padre, que puta mierda, que tío más egoísta y miserable, siempre compitiendo conmigo, hasta este punto de querer ligar con mi propia novia, sin importarle nada.
Conduje por las calles ya con poca gente a esa altura de la noche y aparqué frente al piso de Cristina y bajé del coche, abrí la puerta y subí hasta el piso apresuradamente, no habían llegado.
¿Qué esperaba escuchar? No lo sabía, quería ver como ella le echaba, presenciar esa máxima humillación y salir de mi escondite y abrazar a Cristina y ver como mi padre se marchaba con la cola entre las piernas y yo que me quedaba en el piso con ella.
Ahora me daba cuenta que había algo enfermizo detrás de mí comportamiento ¿para qué dar tantas vueltas? Se trataba de mandarle a paseo de una vez, sin embargo yo demoraba el momento y exponía a mi novia quien ahora estaría viajando en taxi hasta su casa, compartiendo el asiento trasero con él.
¿Intentaría besarla de nuevo? Era capaz el muy cabrón.
Pero ella le rechazaría.
¿O tal vez no? ¿O tal vez ella consentiría en el beso? Les imagine besándose en el asiento trasero del taxi, ladeando las cabezas, él cogiéndola del brazo y ella todavía con las manitas delicadas y fuertes en los bolsillos de la cazadora, con la pequeña cartera colgando.
Un mujerón, un putón, pensaría el taxista, una prostituta y su viejo cliente, besándose y morreándose como paso previo a follar.
Y otra vez tuve una erección y esta vez me toque por sobre los pantalones.
Era enfermizo, era asqueroso, mi propio padre y mi novia, casi mi mujer prácticamente.
Me senté en la cama, me tomé la cara entre las manos.
Recordé la hostia que ella le había dado, un buen sopapo en esa cara redonda y sorprendida de él, no se la esperaba, eso había estado muy bien.
No me imaginaba a Cristina capaz de esa reacción y luego recordé la noche anterior cuando yo apretaba su cuello largo y grácil y ella cerraba los ojos.
_Aprieta fuerte_ había dicho en un momento.
Me gustaría atarte, había dicho mi padre.
Violencia y sexo, sexo violento y brutal, despojado de sentimientos.
_Eres virgen, nunca te han follado duro, pero bien duro de verdad_
Las frases de mi padre seguían cayendo pesadamente dentro de mí, siempre sería así hasta que me muriera, las frases de mi padre tenían un peso todavía para mí, demasiado peso.
Entonces escuché la puerta, la llave en la cerradura.
_Joder, es la hostia esto, menudo pisito, menudo nidito de amor…._ dijo la voz de mi padre.
_ ¿Qué quieres beber?, venga que ya es tarde_ dijo ella
_Tenemos toda la noche, niña_
_Toda la noche no, te bebes la última y te marchas_ dijo ella
_En el taxi no te quejabas tanto cuando te sobaba las piernazas_ dijo él
_Tenía frio, eso es todo_ dijo ella
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