Esa tarde, al buscar a Romi del Colegio, vino con nosotras Sofía, su mejor amiga. Iban a jugar en casa, a tomar la merienda, y antes de que anocheciera, la pasaría a buscar su mamá.
Mi marido había llevado al Ro a un campeonato de fútbol, por lo que estaríamos las tres solas, así que agarré la laptop y aproveché para adelantar algo de trabajo.
Las nenas ya habían terminado de tomar la leche y jugaban en el cuarto de Romi, cuando me llama la mamá de Sofía para decirme que está demorada en el trabajo, que no va a poder pasar a buscarla, que en su lugar va a venir Pedro, el papá.
Me acordaba de Pedro. Nos habíamos cruzado en actos del Colegio, en cumpleaños. Era un padre muy presente en la vida de su hija. Fue entonces que me acordé de un incidente que tuvimos cierta vez.
Fue en el cumple de Sofía, en su casa. Romi me había pedido algo que no había en ese momento en la mesa, así que fui a la cocina a buscarlo. Pedro venía de ahí, por lo que nos chocamos en el pasillo. Nos chocamos literal, de frente, mis tetas impactando de lleno contra su pecho, de forma tal que hasta pude sentir la presión de mis pezones sobre su piel.
Nos quedamos mirándonos por un momento, una fracción de segundo, durante la cual se nos pasaron un montón de cosas por la cabeza, todas indecentes, pero no podíamos, estaba su esposa cerca, otras mamás, y las nenas que en cualquier momento podían aparecer corriendo por el pasillo.
Nos sonreímos... Disculpame, no, disculpame vos... y cada quién siguió su camino, él hacia la sala, yo hasta la cocina.
Mientras buscaba lo que me había pedido Romi, tuve la certeza de que por un breve, brevísimo instante, tuvo ganas de comerme la boca. Y lo digo porque yo sí las tuve. ¿Se acordaría Pedro de aquella situación?
A las cinco en punto, suena el portero.
"Pedro, el papá de Sofía", responde cuando atiendo.
Yo estoy vestida informal, con un short de jean y una musculosa. Quizás debería haberme cambiado para recibir al papá de una compañerita de mi hija. Pero decido quedarme como estoy.
Le abro la puerta de calle, y cuando entra ya lo estoy esperando con la puerta abierta del departamento. Nos saludamos con un beso en la mejilla, todo muy formal y correcto, aunque podía sentirse cierta tensión en el aire.
-¿Ya está lista Sofía?- me pregunta.
-Voy a buscarla...- le digo.
Me acerco al cuarto de mi hija, abro la puerta que estaba apenas entornada, y me las encuentro a las dos durmiendo, Sofía con el pulgar en la boca, a modo de chupete.
Le hago un gesto a Pedro para que se acerque en silencio.
-¿No son dos ternuritas?- le digo cuando está a mi lado -¿Que hago? ¿Las despierto?- le pregunto, susurrando.
-Esperemos un momento, a ver si se despiertan solas...- propone.
-Dale... Mientras, tomemos un café...- le propongo.
Vamos a la cocina, sirvo un par de tazas, y por un momento hablamos de pavadas, de temas intrascendentes, como queriéndonos desviar del real foco de atención. La verdad es que hasta ese momento no tenía decidido hacer nada, ni siquiera pretendía insinuarme, pero entonces recibo un mensaje de mi marido. El equipo del Ro llegó a la final del Campeonato, tienen un partido más. Empiezo a sacar cuentas mentalmente, ya solo con el viaje de vuelta tienen como 45 minutos, más el tiempo del partido y todo lo demás, por lo menos dos horas.
Le contesto a mi marido y entonces le digo al papá de Sofía:
-¿Cuando tú señora te dijo de pasar a buscar a Sofía por lo de una compañerita de colegio, sabías que la mamá era yo?-
Toma un sorbo de café, deja la taza sobre la mesada y responde:
-No estaba seguro pero... esperaba que lo fueras...-
-No creo que te acuerdes, pero en el cumple de Sofi, cuando nos chocamos en el pasillo...- le digo, dejando la frase en suspenso, para ver cómo reacciona.
-¡Claro que me acuerdo...!- me asegura.
-¿Fue idea mía o cómo que tenías ganas de algo más?- le pregunto, dejando también mi taza sobre la mesada.
-De algo como... ¿esto?- repone y acercándose me agarra de la cintura, me pega a su cuerpo, haciendo que mis pezones vuelvan a clavarse en su pecho, y me besa... Bueno, nos besamos, porque yo también abro la boca y muevo la lengua, aceptando gustosa aquello que habíamos dejado pendiente hace algún tiempo.
Yo misma me levanto la remera y el corpiño para que me coma las tetas.
-¡Me quedé con las ganas de cogerte...!- me dice en un susurro excitado, metiendo una mano por entre mis piernas.
Yo también me había quedado con ganas, pero antes debíamos tomar ciertas precauciones, considerando que no estábamos solos en casa.
Le pido que espere un momento, y casi en puntas de pie voy al cuarto de mi hija. Tanto ella como Sofía siguen durmiendo como angelitos. Vuelvo a la cocina del mismo modo, tratando de no hacer ruido. Cierro la puerta y me saco todo, hasta las sandalias.
-¿Me decías?- repongo, acercándome totalmente desnuda.
-Que te quiero coger...- insiste, poniéndose también en bolas.
La pija le salta imponente cuando se baja el pantalón. Sin demora alguna me pongo de rodillas delante suyo y se la manoteo, palpando entre los dedos esa presión infernal que le marca a fuego las venas.
Se la chupo con ganas, comiéndosela hasta dónde me entra, soltándole mucha saliva, para que fluya mejor por mi garganta.
En algún momento me detengo, y me lo quedo mirando desde abajo. Sabe lo que quiero, así que me agarra de la cabeza y me empieza a coger por la boca, hasta que siento que la tráquea ya no puede aguantar más topetazos.
Me levanto y volvemos a besarnos. Entonces agarra una silla y se sienta, yo hago lo mismo, sentándome encima suyo, de frente, las piernas a ambos lados de su cuerpo, ensartándome con premura en esa erección divina.
-¡Ahhhhhhhhhhhhh...!- suspiro emocionada al tenerlo todo adentro, arqueando la espalda, echando la cabeza hacia atrás, mientras él me sostiene de la cintura.
Cuando me chupa las tetas y me muerde los pezones, una corriente eléctrica me atraviesa todo el cuerpo.
Me empiezo a mover, abrazándolo, mi cuerpo pegado al suyo, restregando lentamente el clítoris por sobre su vientre. Esa posición, sentada sobre él, me permite no solo disfrutar de una penetración más profunda, sino también de tener el control, el dominio de los movimientos.
La pija se le agranda todavía más dentro de mí, así que me froto contra él cada vez más rápido y con más fuerza, sujetándolo del pelo y del cuello.
Entonces, manteniéndome bien sujeta, se levanta de la silla, camina unos pasos y me sienta sobre la isla de la cocina. En todo momento permanece en mi interior, así que al tenerme ahí, toda abierta y mojada, me empieza a garchar fuerte, profundo, provocando que mis tetas se sacudan ante cada embestida.
Suelto un gemido ahogado, agarrándome de sus hombros al sentir ahora el ritmo de sus movimientos.
El sonido de su pelvis chocando contra la mía se mezcla con nuestros gemidos, especialmente los míos, que son los más exaltados.
-Shhhhh... vas a despertar a las nenas...- me dice, aunque en vez de atenuar los empujones, los acentúa.
Eso me excita más todavía. Imaginar a nuestras hijas, a unos pocos metros, durmiendo como angelitos, mientras nosotros cogemos como demonios.
Me muerdo el labio casi hasta sangrar, para no romper en gritos y alaridos, arañándole la espalda, tratando de desfogar de alguna manera esa sensación de vértigo que me revuelve las entrañas.
Me encanta como fluye por todo mi interior, levantándome unos centímetros de la mesada cada vez que su cuerpo impacta contra el mío.
Ambos ya estamos a punto casi del orgasmo, lo sentimos, lo deseamos. Entonces nos miramos y aunque apenas nos conocemos, un solo gesto es suficiente para entendernos.
Acelera entonces el bombeo, precipitándose hacia lo que queremos y buscamos. Yo ya estoy al borde, pero lo espero, o al menos lo intento, porque enseguida ya no me puedo aguantar más y acabo, apretando los dientes, con mi sexo contrayéndose alrededor de su pijazo.
Unos segundos después él se me une, acabando entre gruñidos, soltando en mi interior unos potentísimos chorros de esperma que mezclado con mi propio flujo, me hace sentir llena, a punto de explotar.
Empujando la cadera, la pelvis, todo para adelante, lo rodeo con mis piernas, manteniéndome bien aferrada a su cuerpo, mientras nuestros orgasmos se funden en uno solo.
Se queda unos segundos dentro mío, palpitando. Después me la saca y entonces la guasca, el flujo, todo me sale de adentro como si fuera una cascada.
Presuroso agarra el rollo de papel toalla y me ayuda a limpiarme. Los dos nos reímos mientras tratamos de arreglar todo ese enchastre.
-Mirá que estabas cargado, eh...- bromeo.
Nos vestimos, nos arreglamos y volvemos al living como si nada. Mientras nos asomamos al cuarto para ver a nuestras hijas, Pedro me acaricia la cola, hundiéndome bien un dedo en la raya.
-Mi marido ya debe estar volviendo...- le digo, desarmando cualquier posible anhelo que pudiera tener respecto a una segunda vuelta.
-Sí...- asiente -La mamá de Sofi ya nos debe estar esperando en casa...-
Me saca la mano del culo y entra al cuarto para levantar a su hija, que se despierta por un segundo, lo mira y exclama feliz... ¡Papi!... y apoyando la cabecita en su hombro, sigue durmiendo.
Le alcanzo la mochilita y lo acompaño a la puerta.
Cuando llegó nos saludamos con un beso en la mejilla, ahora al despedirnos, con un beso en la boca.
Una vez que se fueron, voy al baño.
PLOP PLOP PLOP... se escucha como caen los grumos de semen en el agua del inodoro.
Me meto los dedos y presiono bien adentro para evacuar todo el resto. Cuando vuelvo al cuarto, Romi ya está despierta.
¡Mami...!, se emociona al verme, así que la levanto y vamos a la sala a esperar a mi marido y a mi hijo mientras jugamos.
Cuando llegan, abrazo al Ro y lo lleno de besos, ya que aunque no salieron campeones, su equipo hizo un buen torneo, llegando incluso hasta la final.
Como estuve "ocupada" atendiendo a Romi y su amiguita, no preparé nada para cenar, así que pedimos pizza. Los chicos felices...
Mi marido había llevado al Ro a un campeonato de fútbol, por lo que estaríamos las tres solas, así que agarré la laptop y aproveché para adelantar algo de trabajo.
Las nenas ya habían terminado de tomar la leche y jugaban en el cuarto de Romi, cuando me llama la mamá de Sofía para decirme que está demorada en el trabajo, que no va a poder pasar a buscarla, que en su lugar va a venir Pedro, el papá.
Me acordaba de Pedro. Nos habíamos cruzado en actos del Colegio, en cumpleaños. Era un padre muy presente en la vida de su hija. Fue entonces que me acordé de un incidente que tuvimos cierta vez.
Fue en el cumple de Sofía, en su casa. Romi me había pedido algo que no había en ese momento en la mesa, así que fui a la cocina a buscarlo. Pedro venía de ahí, por lo que nos chocamos en el pasillo. Nos chocamos literal, de frente, mis tetas impactando de lleno contra su pecho, de forma tal que hasta pude sentir la presión de mis pezones sobre su piel.
Nos quedamos mirándonos por un momento, una fracción de segundo, durante la cual se nos pasaron un montón de cosas por la cabeza, todas indecentes, pero no podíamos, estaba su esposa cerca, otras mamás, y las nenas que en cualquier momento podían aparecer corriendo por el pasillo.
Nos sonreímos... Disculpame, no, disculpame vos... y cada quién siguió su camino, él hacia la sala, yo hasta la cocina.
Mientras buscaba lo que me había pedido Romi, tuve la certeza de que por un breve, brevísimo instante, tuvo ganas de comerme la boca. Y lo digo porque yo sí las tuve. ¿Se acordaría Pedro de aquella situación?
A las cinco en punto, suena el portero.
"Pedro, el papá de Sofía", responde cuando atiendo.
Yo estoy vestida informal, con un short de jean y una musculosa. Quizás debería haberme cambiado para recibir al papá de una compañerita de mi hija. Pero decido quedarme como estoy.
Le abro la puerta de calle, y cuando entra ya lo estoy esperando con la puerta abierta del departamento. Nos saludamos con un beso en la mejilla, todo muy formal y correcto, aunque podía sentirse cierta tensión en el aire.
-¿Ya está lista Sofía?- me pregunta.
-Voy a buscarla...- le digo.
Me acerco al cuarto de mi hija, abro la puerta que estaba apenas entornada, y me las encuentro a las dos durmiendo, Sofía con el pulgar en la boca, a modo de chupete.
Le hago un gesto a Pedro para que se acerque en silencio.
-¿No son dos ternuritas?- le digo cuando está a mi lado -¿Que hago? ¿Las despierto?- le pregunto, susurrando.
-Esperemos un momento, a ver si se despiertan solas...- propone.
-Dale... Mientras, tomemos un café...- le propongo.
Vamos a la cocina, sirvo un par de tazas, y por un momento hablamos de pavadas, de temas intrascendentes, como queriéndonos desviar del real foco de atención. La verdad es que hasta ese momento no tenía decidido hacer nada, ni siquiera pretendía insinuarme, pero entonces recibo un mensaje de mi marido. El equipo del Ro llegó a la final del Campeonato, tienen un partido más. Empiezo a sacar cuentas mentalmente, ya solo con el viaje de vuelta tienen como 45 minutos, más el tiempo del partido y todo lo demás, por lo menos dos horas.
Le contesto a mi marido y entonces le digo al papá de Sofía:
-¿Cuando tú señora te dijo de pasar a buscar a Sofía por lo de una compañerita de colegio, sabías que la mamá era yo?-
Toma un sorbo de café, deja la taza sobre la mesada y responde:
-No estaba seguro pero... esperaba que lo fueras...-
-No creo que te acuerdes, pero en el cumple de Sofi, cuando nos chocamos en el pasillo...- le digo, dejando la frase en suspenso, para ver cómo reacciona.
-¡Claro que me acuerdo...!- me asegura.
-¿Fue idea mía o cómo que tenías ganas de algo más?- le pregunto, dejando también mi taza sobre la mesada.
-De algo como... ¿esto?- repone y acercándose me agarra de la cintura, me pega a su cuerpo, haciendo que mis pezones vuelvan a clavarse en su pecho, y me besa... Bueno, nos besamos, porque yo también abro la boca y muevo la lengua, aceptando gustosa aquello que habíamos dejado pendiente hace algún tiempo.
Yo misma me levanto la remera y el corpiño para que me coma las tetas.
-¡Me quedé con las ganas de cogerte...!- me dice en un susurro excitado, metiendo una mano por entre mis piernas.
Yo también me había quedado con ganas, pero antes debíamos tomar ciertas precauciones, considerando que no estábamos solos en casa.
Le pido que espere un momento, y casi en puntas de pie voy al cuarto de mi hija. Tanto ella como Sofía siguen durmiendo como angelitos. Vuelvo a la cocina del mismo modo, tratando de no hacer ruido. Cierro la puerta y me saco todo, hasta las sandalias.
-¿Me decías?- repongo, acercándome totalmente desnuda.
-Que te quiero coger...- insiste, poniéndose también en bolas.
La pija le salta imponente cuando se baja el pantalón. Sin demora alguna me pongo de rodillas delante suyo y se la manoteo, palpando entre los dedos esa presión infernal que le marca a fuego las venas.
Se la chupo con ganas, comiéndosela hasta dónde me entra, soltándole mucha saliva, para que fluya mejor por mi garganta.
En algún momento me detengo, y me lo quedo mirando desde abajo. Sabe lo que quiero, así que me agarra de la cabeza y me empieza a coger por la boca, hasta que siento que la tráquea ya no puede aguantar más topetazos.
Me levanto y volvemos a besarnos. Entonces agarra una silla y se sienta, yo hago lo mismo, sentándome encima suyo, de frente, las piernas a ambos lados de su cuerpo, ensartándome con premura en esa erección divina.
-¡Ahhhhhhhhhhhhh...!- suspiro emocionada al tenerlo todo adentro, arqueando la espalda, echando la cabeza hacia atrás, mientras él me sostiene de la cintura.
Cuando me chupa las tetas y me muerde los pezones, una corriente eléctrica me atraviesa todo el cuerpo.
Me empiezo a mover, abrazándolo, mi cuerpo pegado al suyo, restregando lentamente el clítoris por sobre su vientre. Esa posición, sentada sobre él, me permite no solo disfrutar de una penetración más profunda, sino también de tener el control, el dominio de los movimientos.
La pija se le agranda todavía más dentro de mí, así que me froto contra él cada vez más rápido y con más fuerza, sujetándolo del pelo y del cuello.
Entonces, manteniéndome bien sujeta, se levanta de la silla, camina unos pasos y me sienta sobre la isla de la cocina. En todo momento permanece en mi interior, así que al tenerme ahí, toda abierta y mojada, me empieza a garchar fuerte, profundo, provocando que mis tetas se sacudan ante cada embestida.
Suelto un gemido ahogado, agarrándome de sus hombros al sentir ahora el ritmo de sus movimientos.
El sonido de su pelvis chocando contra la mía se mezcla con nuestros gemidos, especialmente los míos, que son los más exaltados.
-Shhhhh... vas a despertar a las nenas...- me dice, aunque en vez de atenuar los empujones, los acentúa.
Eso me excita más todavía. Imaginar a nuestras hijas, a unos pocos metros, durmiendo como angelitos, mientras nosotros cogemos como demonios.
Me muerdo el labio casi hasta sangrar, para no romper en gritos y alaridos, arañándole la espalda, tratando de desfogar de alguna manera esa sensación de vértigo que me revuelve las entrañas.
Me encanta como fluye por todo mi interior, levantándome unos centímetros de la mesada cada vez que su cuerpo impacta contra el mío.
Ambos ya estamos a punto casi del orgasmo, lo sentimos, lo deseamos. Entonces nos miramos y aunque apenas nos conocemos, un solo gesto es suficiente para entendernos.
Acelera entonces el bombeo, precipitándose hacia lo que queremos y buscamos. Yo ya estoy al borde, pero lo espero, o al menos lo intento, porque enseguida ya no me puedo aguantar más y acabo, apretando los dientes, con mi sexo contrayéndose alrededor de su pijazo.
Unos segundos después él se me une, acabando entre gruñidos, soltando en mi interior unos potentísimos chorros de esperma que mezclado con mi propio flujo, me hace sentir llena, a punto de explotar.
Empujando la cadera, la pelvis, todo para adelante, lo rodeo con mis piernas, manteniéndome bien aferrada a su cuerpo, mientras nuestros orgasmos se funden en uno solo.
Se queda unos segundos dentro mío, palpitando. Después me la saca y entonces la guasca, el flujo, todo me sale de adentro como si fuera una cascada.
Presuroso agarra el rollo de papel toalla y me ayuda a limpiarme. Los dos nos reímos mientras tratamos de arreglar todo ese enchastre.
-Mirá que estabas cargado, eh...- bromeo.
Nos vestimos, nos arreglamos y volvemos al living como si nada. Mientras nos asomamos al cuarto para ver a nuestras hijas, Pedro me acaricia la cola, hundiéndome bien un dedo en la raya.
-Mi marido ya debe estar volviendo...- le digo, desarmando cualquier posible anhelo que pudiera tener respecto a una segunda vuelta.
-Sí...- asiente -La mamá de Sofi ya nos debe estar esperando en casa...-
Me saca la mano del culo y entra al cuarto para levantar a su hija, que se despierta por un segundo, lo mira y exclama feliz... ¡Papi!... y apoyando la cabecita en su hombro, sigue durmiendo.
Le alcanzo la mochilita y lo acompaño a la puerta.
Cuando llegó nos saludamos con un beso en la mejilla, ahora al despedirnos, con un beso en la boca.
Una vez que se fueron, voy al baño.
PLOP PLOP PLOP... se escucha como caen los grumos de semen en el agua del inodoro.
Me meto los dedos y presiono bien adentro para evacuar todo el resto. Cuando vuelvo al cuarto, Romi ya está despierta.
¡Mami...!, se emociona al verme, así que la levanto y vamos a la sala a esperar a mi marido y a mi hijo mientras jugamos.
Cuando llegan, abrazo al Ro y lo lleno de besos, ya que aunque no salieron campeones, su equipo hizo un buen torneo, llegando incluso hasta la final.
Como estuve "ocupada" atendiendo a Romi y su amiguita, no preparé nada para cenar, así que pedimos pizza. Los chicos felices...
2 comentarios - Mamis y papis...