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El enemigo de mi papá 6

Estaba sentada en su cara y sentía como chupaba mi vagina y mi culito metiendo su lengua dentro de ellos. Yo seguía disfrutando hasta que también quería hacerlo disfrutar me recosté y empecé a mamar su verga mientras el chupaba mi vagina, estábamos en el suelo de la cocina disfrutando de nuestros cuerpos.
El enemigo de mi papá 6

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Estábamos disfrutando bastante sentía muy rico como chupaba mi vagina y yo también le compensaba mamando su verga lo más profundo que podía hasta meterla a mi garganta, me levantó sin mucho esfuerzo y me puso de pie recargada en la barra con la colita paradita y empezó a nalguear me muy fuerte a tal punto de que me hacía gemir de dolor, mi piel poco a poco se empezó a poner muy roja de tanta fuerza con la que me pegaba.
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- que ricas nalgas Hannia como quiero preñar te nena y hacerte mía disfrutas que te pegue y te maltrate
- si amor déjame marcada, déjame las nalgas rojas bb.
Después de tantas nalgadas que me había dado se agachó y abrió mis nalgas con mucha fuerza y
separó mis nalgas con sus dos manos grandes y fuertes. Sentí el aire frío en mi ano y en mi coño empapado. Me abrió completamente, exponiéndome sin vergüenza ante su mirada.

—Qué rico se ve tu culito apretado… y esta concha rosada chorreando con restos de mi semen—gruñó. Pasó un dedo grueso por toda mi raja, desde el clítoris hasta el ano, untándose de mis jugos—. Estás empapada como una perra en celo que rico.
Luego sentí su aliento caliente. Empezó a lamerme todo. Su lengua ancha y caliente recorrió mi coño de abajo hacia arriba, saboreándome, metiéndose entre mis labios. Subió y empezó a comerme el culo sin piedad: lamía mi ano en círculos, lo presionaba con la punta de la lengua, lo chupaba fuerte mientras sus manos me apretaban las nalgas.
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—Me encanta cómo me dominas… —gemí, empujando mi culo contra su cara—. Qué rico se siente… tomé su cabeza y lo jalaba contra mi para que su lengua entrara más adentro
Me tenía completamente entregada.
-Amor quiero que me rompas el culito y me dejes bien abierta, por favor cogeme por atrás
- en serio quieres Hannia? No te dolerá?
- si me va a doler y mucho pero tengo muchas ganas y quiero que me la metas
- está bien hermosa te voy a culear muy duro. Pero primero lubricala.
—Quiero chupártela —le dije mirándolo a los ojos.

Agarré esa verga gruesa y venosa con las dos manos. Estaba pesada, caliente y completamente dura. Primero saqué la lengua y empecé a lamerla desde los huevos hasta la cabeza, bien lento y baboso, saboreando cada centímetro. Era deliciosa: suave, caliente y con ese sabor a hombre que me volvía loca.

—Qué verga más rica… —gemí antes de abrir la boca y metérmela.

Empecé a chuparla como una experta. Bajaba la cabeza hasta donde podía, apretando los labios alrededor del tronco grueso, haciendo ruidos mojados y obscenos. La sacaba, le escupía encima con fuerza y volvía a tragármela, moviendo la cabeza en círculos mientras lo masturbaba con la mano.
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Juan soltó un gemido ronco y me agarró fuerte del pelo con las dos manos.
—Así, puta… chupa esa verga. Trágatela toda —gruñó, empujándome la cabeza hacia abajo.

Me tiró el pelo hacia atrás bruscamente, sacándome la verga de la boca. Me pasó la cabeza hinchada y babosa por los labios, golpeándome las mejillas y la lengua mientras yo sacaba la lengua como una perra.

—Escupe más —me ordenó.

Escupí un buen chorro de saliva sobre su verga y él mismo la frotó contra mi cara. Luego me la metí otra vez con ganas, chupando más profundo, haciendo garganta y dejando que la baba me chorreara por la barbilla y cayera sobre mis tetas.

—Joder, Hannia… qué boca tan puta tienes —gemía él, respirando agitado—. Eres una mamadora de vergas experta… qué rica eres. Esta verga es tuya ahora… pero tú eres mía, solo mía esta noche.

Sus gemidos se hacían cada vez más fuertes y roncos mientras yo seguía mamando sin parar: combinaba mamadas profundas, lamidas largas desde los huevos, y succionaba la cabeza con fuerza. Cuanto más gemía él, más me esforzaba yo, babeándola entera, mirándolo a los ojos con cara de puta mientras su verga gruesa me llenaba la boca.

—Así… no pares, mi puta… eres demasiado buena —repetía entre dientes, tirándome del pelo.

Después de tener su verga completamente babeada y brillante de mi saliva, me separé jadeando y le dije con voz cargada de deseo:

—Esta rica tu verga muy rica… quiero que me cojas ahora.
—Ponte en cuatro, ahora.

Obedecí inmediatamente, poniéndome a cuatro patas sobre el sillón, arqueando la espalda y sacando el culo lo más posible con mi espalda lo más inclinada posible.
Cabe resaltar que para ese entonces ya era noche eran como las 8 pm y no había llegado a mi casa ni había avisado por andar cogiendo y seguro ya tenía llamadas de mis papás pero había dejado el teléfono en la recámara y ahorita estaba disfrutando de mi cogida.

Él me dio varias nalgadas fuertes, haciendo que mis nalgas se pusieran mucho más rojas.

—Así… abre ese culo para mí —ordenó.

Separé más las rodillas y con las manos abrí mis nalgas, mostrándole mi ano todavía contraído. Juan se quedó mirando unos segundos, masturbándose lento.

—¿Qué pasa? —pregunté, mirándolo por encima del hombro.

Él tragó saliva y respondió con la voz cargada de lujuria:

—Quiero darte por el culo, se me antoja mucho nena… Sería el mayor privilegio para mí esta noche. ¿Me dejas?

Sentí un escalofrío de excitación y miedo mezclado, aunque ya le había dicho me excitaba que me peeguntara.

—Hazlo —respondí casi sin pensarlo pues ya le había dado permiso.
Juan se levantó rápidamente a un cajón de la cocina y trajo una botella de lubricante pequeña y sumado a ellos escupió generosamente sobre mi ano y frotó su verga gruesa y venosa contra él. Sentí la cabeza caliente y grande presionando contra mi agujerito. Empujó despacio pero firme.

—Ahhh… joder… —gemí. Sentí una gran presión y un gran dolor que intentaba abrir mi culito
La cabeza gruesa forzó mi ano, abriéndome poco a poco. Era una presión intensa, ardiente y muy estirada. Sentí cómo mi culo cedía lentamente, cómo esa verga tan gruesa me dilataba centímetro a centímetro. El ardor era fuerte, pero el morbo de estar dejándome follar el culo por ese hombre me ponía muchísimo más cachonda. Obviamente estaba jadeando y aguantando el dolor pero me hacía voltear a verlo para que el viera mi cara de dolor.
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—Qué culo tan apretado me aprieta mucho mi verga… relájate, puta… déjame entrar —gruñó él, empujando más, no pujes porque te va a doler más y te voy a lastimar.

La cabeza finalmente pasó el anillo muscular con un “plop” y entró. Solté un gemido largo y ronco de dolor y placer combinados. Sentía mi ano palpitando alrededor de su grosor, muy lleno, muy estirado. Juan se quedó quieto un momento, dejándome acostumbrarme, y luego empezó a meter más verga lentamente, abriéndome el interior del culo.

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—Dios… qué rico se siente… —jadeé, empujando un poco hacia atrás también yo ayudando a clavarme toda esa verga.
Juan empezó a moverse dentro de mi culo despacio, con embestidas cortas y profundas, dejándome sentir cada centímetro grueso y venoso abriéndome el ano. Yo tenía una mano entre mis piernas, frotándome el clítoris hinchado en círculos rápidos mientras gemía.

—Qué rico se te ve el culo con mi verga adentro… mira cómo te abre —gruñó, admirando cómo mi ano apretaba su polla gruesa—. Te voy a dar una culeada en ese ano como corresponde, puta.

Poco a poco fue aumentando el ritmo. Sus caderas chocaban cada vez más fuerte contra mis nalgas. Me agarró del pelo con una mano, tirando mi cabeza hacia atrás, y con la otra me daba nalgadas fuertes y sonoras.

— ¡Paf! ¡Paf! ¡Paf!

—Este culo es mío ahora… ¿me oíste? Tú eres mi puta esta noche. Viniste a que un te reviente el orto como una zorra.
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El enemigo de mi papá 6

Sus palabras sucias me excitaban muchísimo, exactamente lo que estaba buscando. El dolor del grosor en mi culo se mezclaba con un placer intenso y prohibido. Empezó a cogerme el culo muy duro, con embestidas brutales y rápidas. Su verga entraba y salía casi completa, abriéndome sin piedad y con mucha fuerza y rapidez.

— ¡Ahhh! ¡Joder! —gritaba yo. Me duele, me duele, que rico se siente sigue sigue romperme el culo quiero que me cojas más duro. Sentía como me rompia el culo y lo desgarraba y a la vez cada vez que llegaba al fondo sentía como taladraba mis intestinos dándome ganas de ir al baño pero aguantando.
El segundo orgasmo llegó como un tsunami. Me toqué el clítoris más rápido mientras él me partía el culo.

— ¡Me corrooo! ¡Otra vez! ¡Dios mío! —aullé.

Mi ano se contrajo violentamente alrededor de su verga, apretándola con fuerza. Todo mi cuerpo temblaba sin control, las piernas me fallaban y chorros de jugos me salían del coño, mojando el sillón. Fue un orgasmo aún más intenso que el primero, casi doloroso de lo rico que se sintió. Grité y gemí como loca mientras las olas de placer me recorrían.

Juan no paró. Siguió follándome el culo con fuerza animal hasta que gruñó:

— ¡Me voy a acabar! ¡Me vengo!

Apretó mis nalgas con ambas manos, clavando los dedos con fuerza, y sentí cómo su verga empezaba a palpitar violentamente dentro de mi ano. Se quedó quieto, enterrado hasta el fondo. Yo, todavía temblando, empecé a mover mi culo hacia atrás y adelante, ordeñándolo, sacándole hasta la última gota, sentía como su lechita empezaba a llenar mi culito y salía de el escurriendo por mis piernas hasta caer al sillón.

— ¡Qué puta más rica! ¡Toma toda mi leche, zorra! ¡Aprieta ese culo! ¡Joder… me estás exprimiendo! —gruñía soltando groserías mientras se corría.

Cuando terminó, sacó lentamente su verga del interior de mi culo, al salir chorros de semen salieron con el.

Se quedó mirándome exhausto pero con una sonrisa enorme.

—Qué rico… Gracias por esta experiencia, Hannia. De verdad. Nunca había cogido con una mujer semejante como tú. Pareces una modelo… y follas como una puta profesional. No me voy a olvidar de este culo en mi vida.

Nos quedamos un rato más en el sillón, recuperando el aliento. Él me acariciaba la espalda y el culo suavemente mientras yo todavía sentía las pulsaciones en mi ano. Estaba exhausta, adolorida y muy satisfecha. Sin darnos cuenta nos quedamos dormidos cuando despertamos eran las 12 am.
-Ya es hora de llevarte mi reina, tus papás deben estar preocupados, pero este fin quiero hacer algo especial, convence a tus papás de qué iras con amigas a quedarte el fin, te quiero llevar algún lado, quiero cogerte todo el fin de semana, te parece?

-Si, si me gusta la idea. Pero ya vámonos porque me van a regañar mis padres.

Ya era bastante tarde. Me levanté y empecé a vestirme. Me subí mi tanguita con cuidado, sintiendo cómo me ardía el culito con cada movimiento. Me puse la blusa y la chaqueta. Juan me miraba desde la cama con una sonrisa.

Nos subimos a su camioneta y me fue a dejar a mi casa durante todo el camino a casa no dejaba de recordar: cómo me había comido, cómo me había cogido duro, las nalgadas, sus palabras sucias al oído mientras me partía el culo… Mi fantasía se había cumplido completamente.

Llegué a casa, obviamente me dieron la regalizs de mi vida mis papás y les inventé que me había ido con amigas, me duché con cuidado y me metí a la cama todavía con el culito adolorido. Sonreí en la oscuridad con mi cuerpo súper usado por Juan.

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