Lucas cumplía 22 años esa noche. Sus amigos lo habían llevado a un departamento alquilado con la excusa de una “sorpresa especial”. Él solo esperaba cerveza. Lo que no imaginaba era abrir la puerta del living y encontrarse con dos figuras altas y espectaculares.
Valeria llevaba una minifalda negra tan corta que apenas cubría el borde de su culo. Cada paso dejaba ver el arranque de sus muslos y, cuando se giraba, el contorno grueso y pesado de su pija apretada contra la tela. Camila, en cambio, vestía un short de jean tan chiquito que se le marcaba todo: las bolas, el tronco grueso y la cabeza que ya empezaba a humedecer la costura. Ambas llevaban tops ajustados que apenas contenían sus pechos.
—Feliz cumpleaños, Lucas —dijo Valeria con voz grave y sedosa—. Tus amigos pagaron por un masaje… completo.
Lucas se quedó mirándolas, la verga ya endureciéndose dentro del pantalón. Era la primera vez que veia algo así.
Valeria se acercó primero, se subió la minifalda hasta la cintura y le mostró la verga gruesa y ya semidura.
—Primero te relajamos…
Lo empujaron al sillón. Camila se arrodilló entre sus piernas y le bajó el pantalón de un tirón. Su chota saltó libre, dura y venosa. Valeria se subió a horcajadas sobre su pecho, levantando la minifalda, y le restregó la verga contra los labios.
—Chúpala. Pero no te olvides de que después vas a metérnosla.
Lucas abrió la boca y se la tragó con ganas. Al mismo tiempo, Camila le chupaba la polla con una técnica sucia y profunda, mientras se frotaba el short contra su muslo. El tejido ya estaba empapado.
Cuando ambas estuvieron bien duras, se intercambiaron. Lucas se puso de pie, les dio la vuelta y las empujó contra el respaldo del sillón. Primero fue con Valeria: le levantó la minifalda, le separó las nalgas y le frotó la cabeza contra la entrada ya resbaladiza.
Empujó. Valeria gimió alto cuando la verga de Lucas la abrió de un solo golpe. Él no fue suave: la garchó fuerte, agarrándola de las caderas, sacudiéndole el culo mientras la minifalda le subía y bajaba con cada embestida. Camila se arrodilló al lado y le metió los dedos en la boca a Valeria, obligándola a chuparlos mientras recibía.
Después fue el turno de Camila. Lucas le bajó el short de un tirón (casi no hizo falta, tan corto estaba) y la penetró de frente, levantándole una pierna. La cogió profundo, mirándola a los ojos, dándole palmadas en el culo mientras ella gemía y se tocaba la pija.
—Así me gusta…
Las dos terminaron de rodillas frente a él. Lucas se las folló la boca una y otra vez, alternando entre la garganta de Valeria y la de Camila, hasta que se corrió con un gruñido, llenándoles la lengua y los labios. Ellas se lo pasaron de una a la otra en un beso sucio y largo.
Pero no había terminado. Valeria se recostó en el sillón, levantó la minifalda y se tocó el agujero todavía abierto y resbaladizo.
—Ahora nos toca.
Camila se colocó detrás de Lucas, le separó las nalgas y le empujó la polla gruesa hasta el fondo mientras Valeria le chupaba la verga otra vez. El vaivén era brutal: Camila embistiéndolo por detrás y Valeria tragándoselo por delante. Cuando Camila se corrió adentro de él, Lucas se la sacó, la empujó al lado de Valeria y se las cogió de nuevo, una detrás de la otra, hasta dejarlas temblando y goteando.
Al final, los tres quedaron tendidos en el sillón, jadeando. Valeria con la minifalda hecha un desastre y Camila con el short tirado en el piso. Lucas, todavía semierecto, les pasó una mano por el culo a cada una.
—Díganles a mis amigos que el regalo estuvo perfecto —murmuró, sonriendo—. Y que la próxima vez… que paguen la noche completa.
Valeria llevaba una minifalda negra tan corta que apenas cubría el borde de su culo. Cada paso dejaba ver el arranque de sus muslos y, cuando se giraba, el contorno grueso y pesado de su pija apretada contra la tela. Camila, en cambio, vestía un short de jean tan chiquito que se le marcaba todo: las bolas, el tronco grueso y la cabeza que ya empezaba a humedecer la costura. Ambas llevaban tops ajustados que apenas contenían sus pechos.
—Feliz cumpleaños, Lucas —dijo Valeria con voz grave y sedosa—. Tus amigos pagaron por un masaje… completo.
Lucas se quedó mirándolas, la verga ya endureciéndose dentro del pantalón. Era la primera vez que veia algo así.
Valeria se acercó primero, se subió la minifalda hasta la cintura y le mostró la verga gruesa y ya semidura.
—Primero te relajamos…
Lo empujaron al sillón. Camila se arrodilló entre sus piernas y le bajó el pantalón de un tirón. Su chota saltó libre, dura y venosa. Valeria se subió a horcajadas sobre su pecho, levantando la minifalda, y le restregó la verga contra los labios.
—Chúpala. Pero no te olvides de que después vas a metérnosla.
Lucas abrió la boca y se la tragó con ganas. Al mismo tiempo, Camila le chupaba la polla con una técnica sucia y profunda, mientras se frotaba el short contra su muslo. El tejido ya estaba empapado.
Cuando ambas estuvieron bien duras, se intercambiaron. Lucas se puso de pie, les dio la vuelta y las empujó contra el respaldo del sillón. Primero fue con Valeria: le levantó la minifalda, le separó las nalgas y le frotó la cabeza contra la entrada ya resbaladiza.
Empujó. Valeria gimió alto cuando la verga de Lucas la abrió de un solo golpe. Él no fue suave: la garchó fuerte, agarrándola de las caderas, sacudiéndole el culo mientras la minifalda le subía y bajaba con cada embestida. Camila se arrodilló al lado y le metió los dedos en la boca a Valeria, obligándola a chuparlos mientras recibía.
Después fue el turno de Camila. Lucas le bajó el short de un tirón (casi no hizo falta, tan corto estaba) y la penetró de frente, levantándole una pierna. La cogió profundo, mirándola a los ojos, dándole palmadas en el culo mientras ella gemía y se tocaba la pija.
—Así me gusta…
Las dos terminaron de rodillas frente a él. Lucas se las folló la boca una y otra vez, alternando entre la garganta de Valeria y la de Camila, hasta que se corrió con un gruñido, llenándoles la lengua y los labios. Ellas se lo pasaron de una a la otra en un beso sucio y largo.
Pero no había terminado. Valeria se recostó en el sillón, levantó la minifalda y se tocó el agujero todavía abierto y resbaladizo.
—Ahora nos toca.
Camila se colocó detrás de Lucas, le separó las nalgas y le empujó la polla gruesa hasta el fondo mientras Valeria le chupaba la verga otra vez. El vaivén era brutal: Camila embistiéndolo por detrás y Valeria tragándoselo por delante. Cuando Camila se corrió adentro de él, Lucas se la sacó, la empujó al lado de Valeria y se las cogió de nuevo, una detrás de la otra, hasta dejarlas temblando y goteando.
Al final, los tres quedaron tendidos en el sillón, jadeando. Valeria con la minifalda hecha un desastre y Camila con el short tirado en el piso. Lucas, todavía semierecto, les pasó una mano por el culo a cada una.
—Díganles a mis amigos que el regalo estuvo perfecto —murmuró, sonriendo—. Y que la próxima vez… que paguen la noche completa.
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