You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

El plan perfecto 5

La prueba de embarazo en el lavamanos dio positivo. Dos rayas rojas bien marcadas
sentí por dentro fue un corrientazo de morbo que me recorrió desde el vientre hasta las piernas. Salí del baño con la bata abierta y le tiré el plástico en las piernas a Gerardo. Él estaba sentado en el borde de la cama, mirando al piso.
Claudia "Ahí tiene. El plan nos funcionó funcionó. Que semental tan rico es ese hombre."
Gerardo agarró la prueba, la apretó con fuerza en la mano y suspiró hondo. Tenía esa cara de satisfacción pero al mismo tiempo vi cómo se le dilataron las pupilas al imaginar al viejo habiéndome llenado por dentro.
Gerardo "Mi papá si es mucho animal..."
Claudia (Con una sonrisa helada, acercándome a él hasta pegarle la entrepierna a la cara) "Animal su para es un buen reproductor . Su papá me agarra como a él le da la gana, Gerardo. Me llena completa. Usted al lado de él parecía un novato aprendiendo. Ahora que el heredero de la sangre de ustedes dos viene en camino, la regla cambia: su papá ya se fue

Gerardo : y que pasa
Claudia : que voy a entrar esa vergota
Gerardo : mmm quedó enamorada del suegro
Claudia : la verdad si amor , mucha cosota tiene ese hombre
Gerardo : jejeje golosa , en otro contexto pueda que sintiera celos , pero es mi papá , y la verdad disfrute verte llena por esa verga
Claudia : jejejeje entonces
Gerardo : pues nada , cada que venga mi papá o vallamos , te lo puedes follar , yo sé que el viejo también va a querer , y mejor que el Amante de mi esposa quede en familia
Días después, Don Gerardo llegó al apartamento en la capital con el cuento de un examen médico, dejando a la vieja en el pueblo. El ambiente en la habitación matrimonial estaba cargado, denso, oliendo a ese perfume barato de hombre de campo y a mi sudor.
El viejo no perdió tiempo. Me subió la falda de un tirón, me volteó de espaldas contra el borde del colchón y me abrió de piernas con esa brusquedad de siempre. Gerardo estaba en el marco de la puerta, pero esta vez no tenía la mano metida en el pantalón; tenía los puños cerrados y la respiración agitada.
El contacto del viejo fue brutal desde el primer segundo.
Plak, plak, plak, plak.
Claudia (Pensando mientras apoyaba las manos en el colchón y sentía los embates del viejo) "Dios mío... este viejo me va a reventar la matriz. Siento cómo me empuja hasta el fondo... qué delicia de hombre, qué manera de someter a una mujer."
El plan perfecto 5

Don Gerardo se reía con esa risa gruesa que le salía del pecho, agarrándome duro de las caderas y dejándome las marcas rojas de sus dedos.
Don Gerardo (Gritando con la voz ronca, chorreando sudor) "¡Mire cómo se abre esta perra, Gerardo! ¡Cómo la extrañé nuerita !"
Gerardo no aguantó más. Vi por el rabillo del ojo cómo se desabrochó la correa con rabia, soltando el metal con un chasquido violento. Avanzó hacia la cama, empujó la mesita de noche tirando un vaso de agua y se subió al colchón, acomodándose de frente a mí.
Gerardo (Agarrándome del pelo con fuerza, obligándome a mirarlo). Mmm quirico como se la folla mi padre , te gusta sentir la verga de tu suegro cierto mi amorcito
Claudia : HHAAAA SI ME ENCANTA , ME LLENA MAS QUE LA TUYA

Gerardo no pidió permiso. Con el viejo embistiéndome por detrás sin frenar el ritmo (plak, plak, plak), Gerardo se acomodó con agresividad y me penetró de golpe por el culo, por ese lado que él nunca en la vida se había atrevido ni a tocar.
Cornudo feliz

El grito que pegué se escuchó en todo el apartamento. Fue un tirón seco, un dolor punzante que me dejó sin aire por dos segundos, pero cuando los dos hombres empezaron a coordinar las embestidas, la cabeza se me volvió mierda.
Plak, plak, plak, plak, plak.

El sonido era ensordecedor. El choque de los cuerpos de padre e hijo contra mis nalgas y mis muslos sonaba como una paliza rítmica. La cama de madera chillaba como si se fuera a romper.
Con suegro y esposo

Claudia (Pensando, sofocada, con la vista nublada por la sobrecarga) "¡San Antonio Santo! Me están partiendo en dos... el viejo por un lado destrozándome la concha y el hijo metido hasta el fondo por el culo... los dos al mismo tiempo, los dos sudando encima mío. Gerardo se volvió una bestia... esto es lo que yo quería, tener a los dos machos de la casa teniéndome como su puta personal."
Gerardo (Con los dientes apretados, clavándome las uñas en los hombros) "¡Sienta quiénes la llenan, Claudia! ¡Sienta quiénes son sus dueños!"
Claudia (Gimiendo descontrolada, moviendo las caderas para apretar a los dos) "¡Los dos!... ¡Ahhh!... ¡Los dos, mis machos... síganme dando así, me van a matar!"
Don Gerardo (Soltando una carcajada salvaje) "¡Eso, mijo, hágale duro que esta yegua aguanta por los dos lados!"
Nos venimos casi juntos en una explosión de gemidos, saliva y sudor que nos dejó tirados a los tres sobre la cobija manchada. Yo quedé en la mitad, respirando como un animal atropellado, sintiendo los fluidos chorreándome por las piernas y la entrepierna ardiendo. Gerardo estaba tirado a mi izquierda, jadeando con la frente pegada a mi cuello; el viejo a la derecha, dándome palmaditas en la nalga.
Claudia (Pensando, mirando el techo con el corazón latiéndome a mil) "Ya no hay marcha atrás. Gerardo cruzó el límite y se volvió igual o más enfermo que el papá. Ahora la fiesta es de tres."
Dos semanas después nos fuimos para la finca. El embarazo ya se me empezaba a notar con una barriguita dura, y la excusa perfecta era que el aire del campo me hacía bien. Pero el verdadero morbo era estar bajo el mismo techo que mi suegra. Saber que la viejita estaba en la sala rezándole a la Virgen de la Salud mientras nosotros tres nos acomodábamos en la habitación principal le daba un picante que me mantenía mojada todo el día.
Era casi medianoche. La vieja había apagado las luces de la sala y se había ido a su cuarto al fondo del corredor. Nosotros dejamos la puerta de la habitación matrimonial apenas entornada, con la luz de la lámpara de noche iluminando la cama.
Yo estaba en cuatro en el centro del colchón, desnuda, con la barriga colgando un poco. Gerardo me tenía agarrada por las caderas metiéndomelo por detrás, mientras Don Gerardo estaba parado de frente, agarrándome del pelo y metiéndome el miembro en la boca hasta hacerme ahogar.
cuckold

El alboroto en la habitación era brutal. El colchón sonaba duro contra la pared de madera.
Plak, plak, plak, plak.
Yo no disimulaba los gemidos. Me gustaba que la madera de la finca amplificara el sonido del choque de las carnes.
De repente, escuché el crujido del piso de baldosa en el pasillo.
El pomo de la puerta giró despacio. Mi suegra, que venía caminando en chancletas con un vaso de agua y un rosario de madera en la mano para ver si necesitábamos algo, empujó la puerta.
La luz de la lámpara le dio de lleno en la cara. Nos vio a los tres: a su esposo con el miembro en mi boca, a su hijo encima de mis nalgas dándome golpes secos, y a mí disfrutando con los ojos abiertos.
El vaso de vidrio se le resbaló de las manos temblorosas y se reventó contra el piso con un sonido sordo que paró la sesión en seco

0 comentarios - El plan perfecto 5