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Mi vida cambio 6

Humanamente mi cuerpo necesitaba un respiro. Tras la maratón anterior, mi entrepierna quedó resentida y supersensible. Por suerte, las cosas se calmaron durante cuatro días. Don Humberto y mi cuñado andaban metidos de cabeza en el campo entregando hasta el último bulto de la cosecha de papa. Llegaban molidos, cenaban en silencio y se caían a la cama.
​Pero el morbo ya se me había metido en las venas me tocaba en la ducha esperando que entrara alguno , pero nada
Mi vida cambio 6

Durante esos últimos días en los que Maicol todavía estaba en la casa preparando su viaje, él andaba tan ocupado y estresado organizando los papeles que casi no me paraba bolas. Aprovechando su distracción, me volví mil veces más descarada. Empecé a andarle a la casa en faldas cortitas sin cucos, en camiseticas transparentes sin sostén que dejaban ver mis pezones erguidos cada vez 


trio
Cunado y suegro

que pasaba al lado del suegro o del cuñado. Me agachaba a recoger cosas al frente de ellos "sin querer", dejándoles ver todo el escote y el nacimiento de las nalgas. Les veía la cara: la vena del cuello se les brotaba y el pantalón se les abultaba de inmediato. El veneno ya estaba puesto.

putita

​La bomba terminó de estallar cuando Maicol finalmente salió para la capital a resolver sus negocios por 15 días enteros.
​—Amor, me toca irme solo porque eso por allá está muy peligroso para llevarte —me dijo Maicol dándome un beso en la frente antes de subirse al bus.
​Se fue mi esposo y la finca quedó sola para los tres. Ya no había temor de nada, solo un descaro absoluto.
​El primero en caer fue Don Humberto. Esa tarde, el viejo llegó al fin con las manos vacías y la cara sonriente: ya habían entregado todo el cultivo a los camiones.
​Suegro: (Gritando desde la entrada con cariño y entusiasmo, tirando las botas de caucho): ¡Camila, mi amor! ¡Venga para acá, mi corazón!

Cornudo

​Yo estaba en la  cocina vestida apenas con una camiseta  delgada y un cuquito blanco  diminuto que se me metía por la ranura del culo. El viejo se me acercó lleno de ternura y pasión, me agarró de la cintura con sus manos grandes y callosas y me pegó a su cuerpo. Olía a tabaco, a sudor de campo y a puro hombre dominando la casa.

esposa puta

​Suegro: (Respirándome en la boca, sobándome el culo con amor): ¡Uff, mi vida! Llevo días aguantándome las ganas porque llegaba vuelto mierda del trabajo... Pero ya entregamos todo el cultivo, mi cielo. De aquí en adelante solo es ir a dar vueltas de vez en cuando. ¡Tengo todo el día libre para consentirla y darle como se merece mi princesa!
​El viejo me llevo al  comedor. Me corrió la tela del cuquito a un lado y, mirándome fijamente a los ojos con la cara descompuesta de la excitación, me metió esa verga madura, venosa y caliente de frente, sintiendo todo mi calor.

Mi vida cambio 6

​Yo: ¡Aaaah, Don Humberto...! (Pegando un grito de placer que retumbó en las paredes).
​Suegro: (Embestiéndome de espaldas, escuchando mi voz de placer y besándome el cuello): ¿Le gusta, mi amor? ¿Le gusta sentir a su viejo consentidor otra vez? ¡Diga que es mía, mi corazón!
​Me culeó de espaldas sobre el comedor con un ritmo apasionado, rápido y pegajoso, mientras mis piernas temblaban . Yo sentía cada vena  de su miembro rozándome por dentro, sacándome un orgasmo prematuro que me hizo temblar el cuerpo.
​Pero Don Humberto no tenía suficiente. Lo saco derrepente , me agarró de la mano y me llevó casi a rastras para el cuarto. Me acomodó boca abajo sobre la cama, me levantó las nalgas con las dos manos y empezó a rozarme la punta dura de su verga por toda la ranura del culo, haciéndome jadear de la sola anticipación.

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​Suegro: (Susurrándome ronco y suplicante al oído, frotándome las nalgas): Mi amor... por favor déme el chiquito... Mire que ese culito desde que lo probé en el baño se me volvió mi nuevo vicio, mi cielo... No he dejado de pensar en esto en todo el día mientras trabajaba.
​Yo me volteé a mirarlo por encima del hombro, con los ojos entrecerrados y una mirada cargada de pura perversión y provocación:
​Yo: (Sonriéndole bien perra y coqueta): ¡Hágale de una, mi viejito lindo! ¡Si usted sabe que yo también lo quería sentir adentro! Démelo por ahí, hágame lo que quiera y lléneme de leche que soy toda suya...
​Al viejo se le encendió la mirada con mis palabras. Le puso bastante saliva a la punta, me abrió las nalgas y me encajó la verga centímetro a centímetro en el anito apretado. Sentí esa dilatación caliente y deliciosa

Cunado y suegro
putita

. El viejo me acarició la espalda y empezó a darnos un bombeo anal perfecto, profundo y rítmico hasta que los dos nos vinimos al tiempo: él llamándome su amor mientras me llenaba el culo de semen hirviendo, y yo convulsionando de puro placer sobre la cama.

Cornudo

​Al día siguiente le tocó al cuñado, pero él sí venía con toda la rabia y el morbo atragantado. Yo estaba en el patio lavando ropa a mano en un hilo dental transparente. El tipo salió, me vio chorreando agua y sudor, con las nalgas totalmente al aire, y perdió el control.
​Me acorraló contra el lavadero de cemento y 
Me puso en cuatro patas apoyada sobre el cemento frío. Me levantó la falda y me encajó su verga joven y dura en la vulva con una estocada seca y profunda.
 
esposa puta

​Cuñado: (Agarrándome de las caderas con fuerza, dándome azotes suaves pero secos en las nalgas): ¡Mamasota! ¡Usted no sabe el martirio que ha sido verla andar en bola por esta casa sin poder tocarla! ¡A ver, dígame! ¿Cuál verga le gusta más? ¿La de mi hermano o la mía? ¡Hable, perra!
​Yo me quedaba callada, mordiéndome los labios, haciéndome la digna y apretando los dientes para no darle el gusto de admitirlo, dejando que solo mis gemidos respondieran por mí.
Aghhhh mmmmm aggghh mmmmmm. aggggh
Viendo que no le contestaba, me volteó de lado, me pegó contra la pared de madera del patio y me levantó una pierna hasta la cintura, enganchándola en su cadera. Con la vulva completamente expuesta, volvió a meterse completo, bombeándome con una fuerza que me hacía jadear sin aire.

Mi vida cambio 6

​Cuñado: (Respirándome en la cara, clavándome la mirada): No se me haga la digna que a usted le fascina esto... ¡Contésteme, carajo! ¿Verdad que la mía le entra más sabroso? ¿Verdad que a Maicol ni le sale así?
​El placer que me estaba dando era una locura. Sentir su verga dura rozándome el punto exacto me estaba agobiando la cabeza. El morbo de la situación y la insistencia de sus embestidas terminaron por romper mi resistencia.
Me alzó por completo y me me puso frente a el  me also la pierna con una mano y con la otra apretó mi tracero  me abrió de par  en par y mela metió , dándome el polvo más sabroso, rápido y profundo. Las embestidas me tenían la mente derretida.
​Yo: (Agarrándole los brazos, agobiada de placer y cediendo al morbo): ¡Ay, sí, sí! ¡La suya, la suya! ¡Maicol no le llega ni a un cinco a usted! ¡Usted la tiene más grande y me da más sabroso!
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​En el fondo de mi alma yo sabía que era una mentira, porque Maicol era mi esposo y lo quería, pero decir esa mentira en pleno acto, sentir cómo el ego del cuñado se inflaba y cómo aumentaba el ritmo de sus embestidas por mi confesión, me disparó una descarga de morbo indescriptible.
​Yo: (Llorando de la excitación, abrazándolo fuerte con las piernas): ¡Échemela toda adentro! ¡Lléname la matriz de leche, cuñadito! ¡Démela toda a mí!
​El cuñado soltó un rugido de victoria, se me pegó por completo y me vació un chorro hirviente, abundante y espeso directo en el fondo de mi vulva, dejándome temblando y chorreando por las piernas.
​Al día siguiente, el desenfreno en la casa ya no tenía frenos. Mi cuñado me llevó para la cama matrimonial de Maicol buscando la rematada perfecta.
​Me acomodó en 4 en el centro del colchón, la metió lento sentí cada centímetro de ese pene
Yo solo gemia 
Aggghh mmmmmm cuñado mmmm 

Cunado y suegro

Después de. Unos minino me puso boca arriba me
abrió las piernas de par en par y se montó encima mío. Se me tiró encima con todo su peso, dejándome atrapada entre su cuerpo y el colchón. Yo le pasé los brazos por la espalda, abrazándolo con fuerza, sintiendo la sudoración de sus hombros y el choque violento de sus caderas contra las mías. Cada empujón que me daba desde arriba me entraba hasta el fondo, haciéndome jadear contra su cuello.

putita

​Yo: (Abrida de piernas, abrazándolo apretado y jadeando fuera de mí): ¡Eso, cuñadito...! ¡Así, mi amor, métemela toda...! ¡Sienta cómo estoy de mojada por usted...!
​En lo más sabroso de ese bombeo arriba mío, la puerta del cuarto principal se abrió de golpe.
​Ahí parado, recostado contra el marco con una sonrisa de puro morbo, mirándonos fijamente en esa posición tan descarada, estaba Don  Humberto
Cornudo



​Mi cuñado sintió la sombra y volteó la cara de inmediato. El impacto lo dejó congelado encima de mi cuerpo, tieso, sudando frío, con la verga todavía encajada adentro mío y los ojos pelados del puro pánico.
​Cuñado: (Pálido, apoyado en sus brazos sobre mí y balbuceando): ¡P-papá! ¡Oiga... espere! No... esto no es lo que parece, se lo juro que yo...
​Suegro: (Soltando una carcajada sabrosa, descarada y llena de orgullo): ¡Tranquilo, mijo! Sálgase despacio y vengan más bien los dos para la sala... Vamos a hablar de esto como la familia unida que somos.
​El cuñado se salió de mí despacio, dándome un apretón en la nalga mojada. Los tres salimos a la sala envueltos en una atmósfera de tensión y morbo puro. Yo andaba apenas con una camisetica corta y el cuquito hilo negro que no tapaba nada.
​Nos acomodamos en el sofá principal: yo me senté justo en el medio, quedando pegadita hombro a hombro entre Don Humberto y mi cuñado.
​Cuñado: (Mirando al suelo, nervioso y rascándose la cabeza): Papá... de verdad, qué pena con usted, pero es que tener a esa mujer debajo de uno lo vuelve loco a cualquiera... Yo no quería fallarle a mi hermano, pero ella es irresistible …
​Suegro: (Abrazándome por los hombros y dándome un beso cariñoso en la mejilla, riéndose a mandíbula batiente): ¡Deje el drama, pendejo! ¿Usted cree que yo soy bobo o qué? Si yo ya sabía que usted se la estaba follando hace rato... Yo mismo los vi la otra noche cuando usted se la estaba follando ahí mismo en la cama, al ladito de su hermano mientras Maicol dormía.
​El cuñado abrió los ojos de par en par, completamente helado, mirando al papá y luego mirándome a mí.
​Cuñado: (Sorprendido, balbuceando): ¿U-usted nos vio esa noche... ahí al lado de Maicol?
​Suegro: ¡Claro que los vi! Los escuché desde el pasillo y me asomé a ver cómo se la hundía calladito... Y no sea pendejo, si esta muchacha es mi adoración y yo llevo meses haciéndola feliz a ella también. Se la he metido por la boca, por la vulva y hasta le consentí ese culo delicioso en el baño.
​El cuñado se quedó mudo un segundo, asimilando la bomba, hasta que una sonrisa socarrona, caliente y descarada se le dibujó en la cara.
​Cuñado: (Mirándome el pecho descubierto y riéndose con morbo): ¡No me diga eso, papá! ¿En serio? ¿Usted también se está comiendo a la mujer de Maicol?
​Yo: (Acomodándome en medio de los dos, pasándole una mano por el muslo a mi cuñado y recostando la cabeza en el pecho del suegro): Pues claro, cuñadito... Si aquí su papá me atiende como a una reina... Y ya que están los dos confesados, no nos hagamos los pendejos. Maicol no va a estar en 15 días.
Le mandé la mano a esos dos penes jugosos y mientras les habla los pajiaba

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​Suegro: (Sobándome la pierna con deseo): Exacto, mijo. La casa es de nosotros tres y a mi amorcito le fascina estar bien atendida. ¿Entonces qué? ¿Nos la vamos a consentir y a follar juntos entre los dos o qué?
​Cuñado: (Perdiendo todo el pudor, agarrándome una teta por encima de la camiseta): ¡Pues de una, papá! ¡Si es así, hoy mismo empezamos!


Mi vida cambio 6

​La complicidad de los dos hombres me encendió la sangre a mil. Me levanté del sofá en medio de los dos, bamboleando el culo con una perversión descarada y mirándolos fijamente:
​Yo: Bueno... ya que están aquí mis dos hombres lindos de la casa, hoy los voy a atender como se merecen a los dos juntos en la cama... Pero eso sí, cuñadito... usted me tiene muy enojada por haberme dejado abandonada estos días... así que hoy el culito es entero para mi suegrito lindo, y a usted le toca conformarse con la cuquita y la boca. ¡Caminan para el cuarto ya!
​Los dos hombres se levantaron como perros de cacería y nos fuimos directo al cuarto principal.
​Al llegar a la cama, el cuñado me agarró suave del cabello por detrás, jalándomelo apenas lo suficiente para levantarme la cara y mirarme a los ojos con puro deseo.
​Cuñado: (Jalándome el pelo despacio, mirándome los labios): A ver, mi perrita... ¿así que me va a castigar? Venga para acá y empiece a atenderme esa boca como a usted le gusta.
​Me pegó a su cuerpo y me metió la verga directo en la boca. Me arrodillé en el colchón, atragantándome con el miembro de mi cuñado, sintiendo sus pelos púbicos ásperos contra mi nariz, oliendo su virilidad y saboreando el líquido preseminal que me inundaba la lengua.
​Mientras yo le chupaba la pija al hijo, Don Humberto se me acomodó por detrás. El viejo me abrió las nalgas con una ternura caliente, embadurnó su verga madura con bastante saliva y me la encajó de un solo viaje en el anito.


​Yo: ¡Mmmmmmmgh! (Gimiendo ahogada con la verga del cuñado atrancada en la garganta).
​Suegro: (Con voz ronca y cariñosa, sobándome la cintura mientras me bombeaba el culo): ¡Eso, mi vida! Sienta a su viejo consentidor adentro... A ver, mi reina, dígale a su cuñado si no le gusta que la atendamos entre los dos...
​El cuñado me sacó un momento la verga de la boca para dejarme hablar, manteniéndome agarrada del cabello con delicadeza pero con firmeza.
​Yo: (Jadeando fuera de mí, con la saliva chorreándome por la barbilla y sintiendo las embestidas del suegro por detrás): ¡Ay, sí, mi viejito lindo! ¡Me encanta! ¡Soy de ustedes dos, mis hombres lindos! ¡Hagan conmigo lo que quieran!

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​Cuñado: (Sonriendo con morbo, sobándome la mejilla mientras me jalaba el pelo hacia atrás): Eso, mi perrita linda... hable así de rico. Diga de quién es esa boquita y ese culito delicioso.
​Yo: (Mirando al cuñado a los ojos mientras el suegro me daba profundo por el culo): ¡De ustedes! ¡De mi suegro lindo y de mi cuñadito hermoso! ¡De nadie más!
​Suegro: (Besándome la espalda con adoración mientras aceleraba el ritmo anal): ¡Eso, mi cielo! ¡Mire cómo se traga esa verga, mijo! ¡Mire cómo me apreta el culo esta mamasota consentida!
​El cuñado me acomodó de espaldas en la cama, abriéndome las piernas de par en par. El viejo nunca se salió de mi culo; siguió culeándome por el chiquito con un bombeo firme y amoroso, mientras el cuñado se acomodaba enfrente, mirándome con fijación, y me encajaba su verga dura hasta el fondo de la vulva.

Cunado y suegro
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​Estaba totalmente atravesada por los dos. Dos vergas de la misma familia adentro mío al mismo tiempo.
​Cuñado: (Inclinándose sobre mí, agarrándome suavemente del pelo para pegarme a sus labios): A ver, mi perrita consentida... ¿qué es lo que más le gusta de tenernos a los dos metidos adentro?
​Yo: (Gritando descontrolada, sintiendo el choque interno de las dos vergas): ¡Ay, cuñadito! ¡Sentir cómo me abren toda por dentro! ¡Sentir la verga de mi suegro en el chiquito y la suya en la cuquita! ¡Me vuelve loca! ¡Quiero la leche de los dos! ¡Llénenme toda de semen, por favor!
​Suegro: (Respirándome en el cuello, dándome estocadas profundas por detrás): ¡Eso es, mi vida! Toda la leche de la casa es para usted, mi reina... Dígale a su cuñado cómo quiere que le dé...
​Yo: (Abrazando al cuñado por el cuello, enterrándole las uñas en la espalda): ¡Dame duro ahí, cuñadito hermoso! ¡Hazme tuya, métemela toda y vacíame todo ese semen adentro! ¡Quiero sentir la leche de los dos mezclándose en mi cuerpo!
​Cuñado: (Rociándome de besos en el cuello mientras me aceleraba las estocadas por la vulva y me jalaba el pelo suavemente): ¡Así va a ser, mi perrita! ¡Toda nuestra leche es para usted!
Cornudo
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Mi vida cambio 6


​El rozamiento interno de sus miembros a través de mis paredes vaginales y anales era un delirio de placer puro. Me embestían a un doble ritmo perfecto, cariñoso y morboso a la vez, que me hacía convulsionar en la cama soltando orgasmo tras orgasmo.
​El clímax fue una explosión. Don Humberto me agarró firme de las caderas, soltó un gemido lleno de amor y placer y me vació un chorro hirviente de semen directo en el fondo del culo.
​Suegro: (Gimiendo en mi oído): ¡Tome, mi reina hermosa! ¡Toda mi leche para mi consentida!
​Segundos después, el cuñado soltó un rugido de victoria, se salió de mi vulva y, agarrándome del cabello para mantener mi cara levantada, me bañó toda la cara, la boca y las tetas con una descarga espesa y abundante de su leche.
​Cuñado: (Respirando agitado, mirándome la cara llena de su semen): Eso, mi perrita linda... miren cómo quedó de hermosa bañada en leche...
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​Quedé tirada en la cama matrimonial, bañada en semen por fuera y llena de semen por dentro, respirando agitada. Don Humberto me acariciaba el pelo con ternura mientras el cuñado me limpiaba una gota de leche de los labios con el pulgar para dársela a probar. Los dos hombres me miraban sonrientes, consentidamente tratándome como a la reina de la casa. La maratón apenas comenzaba.

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