Un año después de haber parido al hijo de este maldito, mi vida se había convertido en un infierno de prostitución, miseria y humillación constante. Braian me había obligado a abrir una cuenta de OnlyFans para grabarnos cogiendonos sin parar, aunque él se quedaba con el 99% de las ganancias y a mí solo me tiraba un peso miserable por cada cogida. Para juntar algo de plata y poder comprarle las cosas básicas al nene, el hijo de puta me tenía que coger cien veces por cada cien pesos, encerrándome en maratones salvajes que duraban de una a tres horas seguidas.
Esa mañana cayó a casa armado de traje y corbata, pero con la cabeza rota de tanto alcohol y una furia ciega acumulada. Yo estaba temblando en la cocina, vestida con el disfraz de mucama ultra puta que me había obligado a comprar: un vestidito negro diminuto, escotado y con volados que apenas me tapaba las nalgas.
— ¡Ponete de rodillas en el piso de la cocina, pedazo de trola, que vine con la pija dura y quiero desayunar leche antes de irme! Me gritó Braian con rabia, sacándose el cinturón con una mano mientras se acomodaba el saco.
— S-sí, Braian... lo que quieras... Le dije arrastrándome al suelo frío de baldosas, acomodándome el disfraz de mucama con las manos temblando de miedo y asco.
— ¿Viste lo bien que te queda el traje de mucama que te hice comprar con tus monedas? Así tenés que estar siempre, lista para atender al patrón, perra de mierda. Me humilló él, agarrándome fuerte del pelo para tirarme la cabeza hacia atrás.
— M-me queda bien... lo que digas para complacerte... Le mentí con una voz falsa, empalagosa y sumisa, fingiendo estar desesperada por su verga mientras por dentro lo mataba con el pensamiento.
— Más vale que te apures a hacérmela parar, porque hoy te tengo que coger mil veces si querés cobrar tu peso para comprarle leche al pibe, ¿escuchaste? Me amenazó el chabón, sacándose la verga caliente y dura directo contra mi cara.
— S-sí, mi amor... vení, dejámela acá que te la chupo toda... Te lo ruego, haceme tu puta... Le suplicaba con falsos gemidos y una sumisión repulsiva, usando todos mis trucos sucios para calentarlo rápido, aunque sabía que igual me iba a tener horas sufriendo abajo suyo.
— Miren a la madre del año cómo se traga la leche con una carita de golosa insaciable... Sos una puta de cuarta, pero para esto servís perfecto. Se burló él, empujándome la verga hondo en la garganta.
— Mmmgh... aahh... ¡Sí, dame más, papi! Le dije ahogándome a propósito, arqueando la espalda en el disfraz de mucama para que sintiera el apretón caliente de mi boca.
El muy maldito me cogía la cabeza con violencia, metiéndome y sacándome sus 23 centímetros de la boca sin piedad mientras se reía de cómo me ahogaba y se la tragaba entera. Mi garganta ardía, el olor a su sudor mezclado con la colonia barata me mareaba, y las náuseas me querían hacer vomitar, pero yo seguía moviendo la cabeza con ritmo de puta profesional, rogándole con palabras obscenas que me use más y más.
— ¡Tragátela toda, trola, no desperdicies ni una sola gota de mi semen! Me ordenó con los ojos inyectados en bronca, dándome latigazos suaves con el cinturón en la espalda.
— ¡Me la trago toda, mi amor! ¡Guau, qué rica está tu leche, haceme tuya! Le gemí falsamente, mientras mis ojos se llenaban de lágrimas de puro odio y repulsión.
De repente, con una sacudida brutal, el chabón se vino adentro de mi boca, llenándome toda la lengua y la garganta con su chorro espeso y caliente. Me obligó a tragarme hasta la última gota sin dejarme respirar, mientras yo ponía cara de placer fingido para mantenerlo contento por el bien de nuestro hijo.
— ¡Agh... hmph! Le pasé la lengua por los labios, limpiándole los restos como una verdadera prostituta callejera.
— Bueno, mucama de cuarta, ahora levantate de ese piso mugriento y haceme el desayuno, que tengo hambre. Me ordenó él, acomodándose el pantalón con desprecio.
— S-sí, ya te preparo el café y las tostadas... Le respondí con la voz quebrada, sintiendo el cuerpo destrozado por la paliza nocturna.
— Y acordate: no gastes de más en comida para una boca de mierda como la tuya, a mí me agradecés que te mantengo viva con mi semen y con las monedas que te gano en el OnlyFans. Me soltó con una sonrisa macabra desde la puerta.
Mientras me ponía a tostar el pan y a calentar el agua para su café, sentí una opresión insoportable en el pecho. Pensé en cómo lo detestaba con cada célula de mi cuerpo, en cómo era mi violador, mi bully y el padre de mi hijo al mismo tiempo. Pero sus palabras resonaron en mi cabeza con una lógica tan cruel que me dolió admitirlo: tenía razón. Yo no era nadie, dependía enteramente de su plata y de su verga.
— G-gracias por el desayuno, Braian... y gracias por darme de comer tu semen... Le dije en un hilo de voz, agachando la cabeza frente a la mesa con el disfraz de mucama puesto, mientras él se sentaba a comer y se reía de mí en mi propia cara.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
El sonido de la puerta al abrirse de golpe me hizo dar un salto desde la cocina. Braian venía de la calle, apestando a alcohol, con los ojos inyectados en sangre, furioso, estresado y con la bragueta del pantalón ya abierta. Apenas entró a la casa, se dejó caer pesadamente en el sillón y me vio vestida con el uniforme de mucama que me había obligado a comprar y usar exclusivamente para él: un vestido corto de encaje negro, con cofia y completamente cavado para dejarme expuesta.
— ¡Mirá cómo te vestiste, pedazo de trola, vení acá y hacé tu trabajo de mucama puta! Me gritó Braian con la voz ronca de borracho, agarrándome del delantal y tironeándome hacia abajo hasta hacerme caer de rodillas frente a sus rodillas.
— S-sí, mi amor... ya voy, ya te atiendo... Le dije con la voz melosa, forzando una sonrisa patética y fingiendo una sumisión extrema mientras el asco me quemaba la garganta.
— Sacate la careta de sufrida y ponete las pilas, que hoy estoy de recontra mal humor y te voy a romper todo el orto. Me insultó él, dándome un cachetazo suave en la mejilla mientras se bajaba el pantalón hasta los tobillos.
Dejó su verga al aire, grande, dura y a pocos centímetros de mi cara, exhalando ese olor fuerte a sudor y encierro. Por dentro lo detestaba con cada célula de mi cuerpo; sabía que era mi bully, el maldito que me arruinó la vida, que me dejó un hijo y que ahora me pagaba un miserable peso por cogida, robándome además el 99% de lo que ganaba con el OnlyFans pornográfico que me obligó a abrir. Pero por mi hijo, por juntar las monedas para darle de comer, tenía que actuar como la prostituta más sumisa del mundo.
— Mmmh... mirá esa hermosura de verga que tenés, mi amor... por favor, haceme tuya, te lo suplico... Comencé a gemir con voz de ninfómana, acercando los labios a su miembro mientras por dentro se me revolvía el estómago.
— Jajaja, mirá la carita de desesperada que ponés, perra. ¿Así que ya te querés comer toda mi leche? Se burló Braian, riéndose a carcajadas de mi reacción exagerada mientras me agarraba de la cabeza.
— S-sí, te lo ruego, Braian... quiero que me cojas todo el día, que me rompas la vagina y el culo sin piedad... Murmuré contra sus pelos, pasándole la lengua con desesperación para hacer que se le pusiera todavía más dura.
— Qué buena puta sos cuando querés, ¿no? Te encanta que te trate como a una basura y te coja hasta dejarte sin aire. Me escupió él con desprecio, disfrutando verme arrastrada.
— Me encanta... por favor, haceme tuya, pagame mi peso y usame hasta que te cases de mí... Le suplicaba con los ojos llorosos, fingiendo un placer que era pura tortura.
Conocía todos los trucos para intentar que se corriera rápido y aliviar un poco las horas interminables de abuso, pero era inútil: cada cogida suya duraba entre una y tres horas seguidas, metiéndome los 23 centímetros a pura fuerza en la vagina o en el ano, tratándome como a una bolsa de carne mientras yo tenía que gemir y fingir que me encantaba para mantenerlo caliente y asegurar las visitas diarias que necesitaba para cobrar.
— ¡Dale, chupámela más fuerte, trola, que me calienta verte disfrazada de mucama mientras me suplicás verga! Me ordenó con furia, empujándome la cara con más fuerza.
— Mmmh... mmmf... ¡Sí, mi amor, metémela toda, haceme tu perra por plata! Le gemí en la boca, tragándome el asco y el orgullo, dispuesta a soportar las cien mil cogidas del mes con tal de sobrevivir.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
El hijo de puta de Braian entró a la pieza pateando la puerta, borracho, transpirado, con los ojos inyectados en sangre y una calentura violenta acumulada que solo se le iba a pasar destruyéndome el cuerpo. Yo ya sabía exactamente cómo tenía que actuar: cuando él no estaba, el odio me quemaba las entrañas y lloraba de rabia mirando las fotos de nuestro hijo, maldiciendo el momento en que me había convertido en su juguete. Pero apenas pisaba la casa, mi cara cambiaba, tragándome toda la dignidad para convertirme en la puta sumisa que él exigía, dispuesta a lo que fuera con tal de sumar mis pesos y mantener a la criatura.
— Sacate todo la ropa y ponete en cuatro en el medio de la cama, perra de mierda, que hoy te voy a reventar el orto sin piedad. Me ordenó Braian con la voz ronca por el alcohol, sacándose el pantalón a los tirones.
— S-sí, mi amor... lo que quieras, vení a hacerme mierda, ya me puse en cuatro para vos... Le dije con una falsa voz melosa y desesperada, obligándome a gemir de mentira para prenderlo más rápido.
— No me hables así, pedazo de trola asquerosa, hacé lo que te digo y callate la boca. Me gritó furioso, dándome un cachetazo seco en la mejilla que me dejó la cara ardiendo.
— Perdón, perdón, tratame como a la puta barata que soy... vení a cogerme el culo, por favor te lo suplico, no aguanto más sin tu verga... Le rogué con lágrimas falsas en los ojos, humillándome al máximo para acelerarle la erección.
— Qué patética que sos, cómo te gusta ser mi basurero personal, ¿no? Mirá cómo abrís ese orto para mí, sabiendo que te pago un miserable peso por cada cogida. Se burló él, arrastrándose a la cama con los 23 centímetros durísimos y palpitando de caliente.
— Sí, soy tu puta... pagame lo que quieras pero rompeme todo, necesito que me uses mil veces al mes para juntar plata para el nene... Le dije hiperventilando, fingiendo un placer que me daba náuseas.
— A mí me importa un carajo el pibe, vine porque te tengo que coger hasta que te desmayes. Y ni se te ocurra fingir que te gusta, aunque sé que te encanta que te rompa la cola. Me escupió con desprecio, escupiendo saliva sobre mi entrada anal sin lubricante.
— Por favor, Braian... rompeme el culo, metémela toda de un golpe... Te lo imploro, haceme tuya... Grité arqueando la espalda, mientras por dentro lo detestaba con cada fibra de mi alma y solo pensaba en que necesitaba cumplir la cuota para poder comprarle la leche a mi hijo.
— ¡Callate la boca, zorra! Me rugió el maldito, y sin darnos tiempo a respirar, me clavó sus 23 cm de un solo viaje salvaje directo en el recto.
— ¡¡¡AAAAHHHHHH! ¡DIOS MÍO, ME MATÁS, ME ROMPÉS EL ORTO! Aullé de dolor real, sintiendo que la carne se me partía al medio por la brutalidad de la embestida.
— ¿Te duele, perra? ¡Tomá por putita! ¿Querías plata para el nene? ¡Ganáte el peso sufriendo como la basura que sos! Me gritó alterado, borracho y descontrolado, empezando a bombearme el culo a una velocidad demencial.
— S-sí... más duro... rompeme el culo... aaaaah... Gemí fingiendo desesperación y orgasmos falsos con trucos patéticos para que se corriera más rápido, aunque sabía perfectamente que conmigo las sesiones duraban entre una y tres horas seguidas de puro tormento anal.
— No finjas los gemidos, trola de mierda, que te conozco bien. Si querés que me corra rápido vas a tener que aguantar y apretarme bien con ese orto roto. Me insultó él, agarrándome violentamente de los pelos para tirarme la cabeza contra el colchón.
— Te lo juro que no finjo... me encanta que me violes el culo, Braian... haceme tu puta para siempre... Le supliqué llorando de verdad por el dolor insoportable, tragándome el orgullo y arrastrándome en la miseria.
— Sos una maldita obsesionada con mi verga, mira cómo tiemblas y cómo te chorrean las piernas. Me humilló el chabón riéndose a carcajadas, mientras me daba contra la pared de la cama con una fuerza animal.
— ¡Aiaaaah! ¡Sí, hacedme mierda, cógeme el culo, no pares por favor! Le seguí rogando, usando todas mis fuerzas para intentar estimularlo, aunque mis piernas ya no respondían y sentía calambres en todo el cuerpo.
— Para cobrar tus 100 pesos vas a tener que aguantar 100 embestidas más de estas, y después a seguir grabando para el OnlyFans que me da el 99% de la plata, perra. Me recordó con sadismo, hundiéndome la verga todavía más profundo en las entrañas.
— Lo que mandes... lo que quieras... yo te grabo todo el porno que me pidas... pero seguí rompiéndome el culo... Le dije con la voz rota, sintiendo que me desmayaba del agotamiento.
— Mira cómo me apretás con el esfínter, me estás volviendo loco, sos mi perra de 1 peso, mi prostituta barata que parió a mi hijo. Gritó él perdiendo el control, acelerando todavía más las estocadas anales.
— S-sí... soy tu puta de un peso... metémela toda... reventame el culo... Le suplicaba con la respiración cortada, aferrándome a las sábanas empapadas de sudor y lágrimas.
— ¡Agarrate bien de la sábana, trola, porque hoy no te voy a dar tregua en el orto! Me vociferó el muy hijo de puta, castigándome sin piedad en una violación anal continua que parecía no tener fin.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
Había dejado al nene con mis padres para que no viera esta mierda, pero apenas se fueron, el hijo de puta de Braian entró a la casa. Venía borracho, con los ojos inyectados en sangre, alterado, estresado y con una calentura descontrolada. Me arrancó la ropa y me dejó únicamente con una tanga diminuta mientras él se bajaba los pantalones y se quedaba en bóxer, sacando el celular para empezar a grabar otro video más para el OnlyFans que me había obligado a abrir, el mismo donde él se quedaba con el 99% de las ganancias y a mí me pagaba esa miseria de un peso por cogida.
— Ponete contra la mesa, perra, que hoy vamos a grabar cómo se viola a una trola como vos para la plataforma. Me ordenó Braian con una voz ronca y pesada, empujándome de golpe contra el borde de madera fría.
— B-braian... por favor, esperá un segundo que me acomode... Le dije tartamudeando, sintiendo el pánico y el asco mezclados en la garganta.
— ¡A mí no me esperás nada, puta de mierda! Te aguantás y ponés la jeta para la cámara mientras te hago mierda. Me gritó, pegándome una palmada seca en el culo.
Puse las manos apoyadas sobre la mesa, temblando de rabia y humillación, mientras enfocaba la cámara del celular para capturar el abuso. Lo odiaba con toda mi alma, lo detestaba cada segundo que respiraba cerca de mí, pero era el padre de mi hijo y mi bully; si no lo complacía, no juntaba las 100 mil cogidas al mes necesarias para comprarle leche o pañales.
Sin una pizca de piedad, sin lubricación y con los 23 centímetros duros como una piedra, el maldito me clavó la verga de un solo golpe seco en la vagina, arrancándome un grito ahogado.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡H-hijo de puta, me desgarrás... por favor... Aullé deshecha contra la mesa, sintiendo el fuego del estiramiento.
— ¡Mirá cómo apretás, conchuda! Te encanta que te viole así contra los muebles, hacete la que te gusta para el video. Me escupió él al oído, empezando a darme embestidas salvajes y brutales.
— S-sí... ahh... m-más duro, papi... ¡haceme tu puta... me encanta que me rompas toda! Fingué con voz de golosa frente a la cámara, tragándome las lágrimas y el asco puro para encenderlo más y hacer que se corriera rápido.
— ¡Claro que te gusta, pedazo de trola! Mirá cómo gemís como la puta que sos. Me insultaba Braian, agarrándome del pelo y tirándome la cabeza hacia atrás mientras me cogía sin frenos.
— ¡Ay, por favor, no pares... seguí violándome... necesito tu verga adentro... te lo ruego! Le supliqué con una obsesión falsa, rogándole que me usara más y más para sumar pesos a mi miseria.
— ¿Querés más verga, perra? Tomá, te voy a dejar el coño reventado para que aprendas a obedecer. Me dijo el chabón, alterado y borracho, metiéndome las embestidas con una violencia descontrolada que me hacía ver estrellas.
Intenté aplicar todos los trucos sucios para que eyaculara rápido y terminara el suplicio: apretar las paredes de la concha, gemirle cerca del cuello, suplicarle que me llenara de leche; pero con Braian era inútil. Mis intentos por apurarlo fracasaban siempre, porque cuando se ponía así de loco, me cogía de una a tres horas seguidas sin parar ni un minuto.
— P-por favor... mi amor... correte adentro... llename de leche... Le mentí con una sumisión asquerosa, obligando a mi cuerpo a arquearse para darle placer a mi peor enemigo.
— ¡Cerrá el orto y recibí toda la leche, perra barata! Me gritó, dándome un empujón de cadera brutal que me hizo golpear el pecho contra la madera.
— ¡S-sí, rompeme la concha... soy tuya... tu prostituta personal... hacedme lo que quieras! Grité exagerando el placer, sintiendo que por dentro me moría de la vergüenza y el dolor.
— Mirá cómo me rogás que te coja, sos una enferma de porquería, pero para esto servís nada más. Se burlaba él, sudando y oliendo a alcohol mientras me castigaba sin piedad.
— Te lo suplico... violame el culo también... haceme mierda por tu hijo... le rogaba yo, cayendo en el papel de puta obsesionada que él exigía para seguir firmando el contrato de miseria.
— ¡Ahí te va el orto entonces, trola! Me bramó de golpe.
Sin sacármela de la vagina, me manoteó las caderas con fuerza bruta, me sacó de un tirón y me la hundió de inmediato en el ano, haciéndome aullar de un dolor agudo que me paralizó el cuerpo.
— ¡¡¡AAAAAHHHH, EL CULO NO... ME MATÁS... POR FAVOR, PARÁ... AHHH! Grité de verdad, perdiendo la actuación por el desgarro anal.
— ¡Callate la boca y aguantá, que esto sale para el OnlyFans! Me gritó furioso, cogiéndome el culo a pura estocada brava, sudoroso, pesado y sin importarle que yo estuviera llorando de dolor real.
— S-sí... rompeme el orto... s-soy tu perra... g-gracias por cogerme... Tartamudeé entre sollozos, volviendo a fingir el placer para calmar a la bestia.
— Así me gusta, que me supliques que te destruya. Sos la peor madre y la mejor puta del mundo. Me humillaba él, golpeándome las nalgas con la mano abierta.
— Por favor, seguí... no te detengas... dame más verga... Le seguí rogando con una falsa desesperación que me quemaba las entrañas.
— Preparate que me voy a venir adentro de este orto roto, perra. Me avisó con la respiración entrecortada.
— ¡Sí, llename de leche... haceme tuya... te amo, Braian... Le mentí con el estómago revuelto de odio y náuseas.
Con una última embestida salvaje, el maldito apretó mis caderas, se metió hasta el fondo y se corrió con todo, inundándome el ano con su semen caliente mientras su verga palpitaba sin parar.
— Tomá, perra, ahí tenés tu paga de hoy. Me dijo tirándome un billete arrugado al piso apenas se bajó de mí y apagó la cámara del celular.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
El hijo de puta entró a la pieza completamente borracho, alterado y oliendo a sudor y alcohol barato, con los ojos inyectados en sangre y la respiración pesada por el estrés de la calle. Venía con la verga dura y con ganas de destruirme una vez más para sacar toda su bronca, exigiendo que cumpliera con mi cuota de putería diaria para juntar las monedas que nos faltaban para mantener a nuestro hijo.
— ¿Qué hacés ahí parada, conchuda? Ponete en cuatro contra el espejo de una vez, que hoy te tengo que coger mil veces para pagarte la miseria de la leche. Me ladró Braian con voz ronca, pegándome una patada en la pierna para que me apure.
— S-sí, mi amor... ya me pongo como querés, perdoname, vení a usarme y a romperme todo que necesito que me pagues el peso para el nene... Le dije cambiando la voz al instante, fingiendo una sumisión extrema y una desesperación caliente que me daban ganas de vomitar.
— ¡Apurate, trola de mierda! ¿Te creés que tengo todo el día para aguantarte las mañas? Sacate esa ropa y apoyá las tetas y las manos contra el vidrio para verte bien el orto. Me gritó furioso, manoteándome del pelo para doblarme la espalda a la fuerza.
Me arrastré como una perra hasta el espejo grande del ropero, apoyando las manos y arqueando la columna tal como le gustaba. Al levantar la cabeza, me vi reflejada de cuatro: una piba totalmente rota, con las piernas abiertas, la cola expuesta y una cara de desesperación falsa que me revolvía las tripas. Pensé en el infierno en el que me había convertido, vendiendo mi cuerpo en OnlyFans por monedas de las cuales él se quedaba el 99%, tragándome el asco y el odio más profundo solo para que este monstruo, el mismo bully que me arruinó la vida, siguiera viniendo a cogerme y dejarnos algo de comer.
— ¡Mirate la cara de calentona que ponés en el espejo, pedazo de puta! ¿Así te gusta que te rompa el culo por un peso? Se burló él, arrimando su entrepierna sudada a mis nalgas.
— Sí, Braian... me encanta... haceme tuya, destruime el orto y la concha todas las horas que quieras, soy tu perra obsesionada con tu verga... Le supliqué con falsos gemidos y voz de ninfómana, actuando una calentura que en realidad era puro dolor y repulsión.
Sin un segundo de piedad, sin lubricación y con una violencia ciega, me clavó sus 23 centímetros de un solo golpe seco directo en el ano.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡DIOS MÍO, SÍ, MÁS FUEDE, ROMPÉME EL CULO! ¡AYUDAME A GANAR LA PLATA PARA EL NENE! Le aullé fingiendo un placer desbocado, mientras las lágrimas reales se me caían por las mejillas al ver en el espejo cómo su cuerpo sudado me cosificaba y me reventaba por dentro.
— ¡Mirá cómo apretás ese orto de perra! ¡A vos te encanta que te viole de esta manera, sucia de mierda! Me gritaba él al oído, enloquecido por la borrachera y por verme actuar como su prostituta personal.
— ¡Ay, m-mi amor... sí... c-correte adentro, llename de leche, cogeme mil veces más! Le rogaba con falsos espasmos y temblores exagerados, usando todos mis trucos de puta barata para acelerarle el ritmo y hacer que se viniera rápido, aunque sabía de sobra que estas sesiones de violación duraban entre una y tres horas seguidas de puro martirio.
— ¡Gritá más fuerte, puta! ¡Hacé de cuenta que te morís por mi verga! Me exigía cada vez peor, tratándome con un desprecio absoluto mientras me agarraba de las caderas con fuerza brutal y me empotraba contra el espejo sin piedad, haciéndome sufrir cada segundo mientras yo fingía gozar en el reflejo.
Esa mañana cayó a casa armado de traje y corbata, pero con la cabeza rota de tanto alcohol y una furia ciega acumulada. Yo estaba temblando en la cocina, vestida con el disfraz de mucama ultra puta que me había obligado a comprar: un vestidito negro diminuto, escotado y con volados que apenas me tapaba las nalgas.
— ¡Ponete de rodillas en el piso de la cocina, pedazo de trola, que vine con la pija dura y quiero desayunar leche antes de irme! Me gritó Braian con rabia, sacándose el cinturón con una mano mientras se acomodaba el saco.
— S-sí, Braian... lo que quieras... Le dije arrastrándome al suelo frío de baldosas, acomodándome el disfraz de mucama con las manos temblando de miedo y asco.
— ¿Viste lo bien que te queda el traje de mucama que te hice comprar con tus monedas? Así tenés que estar siempre, lista para atender al patrón, perra de mierda. Me humilló él, agarrándome fuerte del pelo para tirarme la cabeza hacia atrás.
— M-me queda bien... lo que digas para complacerte... Le mentí con una voz falsa, empalagosa y sumisa, fingiendo estar desesperada por su verga mientras por dentro lo mataba con el pensamiento.
— Más vale que te apures a hacérmela parar, porque hoy te tengo que coger mil veces si querés cobrar tu peso para comprarle leche al pibe, ¿escuchaste? Me amenazó el chabón, sacándose la verga caliente y dura directo contra mi cara.
— S-sí, mi amor... vení, dejámela acá que te la chupo toda... Te lo ruego, haceme tu puta... Le suplicaba con falsos gemidos y una sumisión repulsiva, usando todos mis trucos sucios para calentarlo rápido, aunque sabía que igual me iba a tener horas sufriendo abajo suyo.
— Miren a la madre del año cómo se traga la leche con una carita de golosa insaciable... Sos una puta de cuarta, pero para esto servís perfecto. Se burló él, empujándome la verga hondo en la garganta.
— Mmmgh... aahh... ¡Sí, dame más, papi! Le dije ahogándome a propósito, arqueando la espalda en el disfraz de mucama para que sintiera el apretón caliente de mi boca.
El muy maldito me cogía la cabeza con violencia, metiéndome y sacándome sus 23 centímetros de la boca sin piedad mientras se reía de cómo me ahogaba y se la tragaba entera. Mi garganta ardía, el olor a su sudor mezclado con la colonia barata me mareaba, y las náuseas me querían hacer vomitar, pero yo seguía moviendo la cabeza con ritmo de puta profesional, rogándole con palabras obscenas que me use más y más.
— ¡Tragátela toda, trola, no desperdicies ni una sola gota de mi semen! Me ordenó con los ojos inyectados en bronca, dándome latigazos suaves con el cinturón en la espalda.
— ¡Me la trago toda, mi amor! ¡Guau, qué rica está tu leche, haceme tuya! Le gemí falsamente, mientras mis ojos se llenaban de lágrimas de puro odio y repulsión.
De repente, con una sacudida brutal, el chabón se vino adentro de mi boca, llenándome toda la lengua y la garganta con su chorro espeso y caliente. Me obligó a tragarme hasta la última gota sin dejarme respirar, mientras yo ponía cara de placer fingido para mantenerlo contento por el bien de nuestro hijo.
— ¡Agh... hmph! Le pasé la lengua por los labios, limpiándole los restos como una verdadera prostituta callejera.
— Bueno, mucama de cuarta, ahora levantate de ese piso mugriento y haceme el desayuno, que tengo hambre. Me ordenó él, acomodándose el pantalón con desprecio.
— S-sí, ya te preparo el café y las tostadas... Le respondí con la voz quebrada, sintiendo el cuerpo destrozado por la paliza nocturna.
— Y acordate: no gastes de más en comida para una boca de mierda como la tuya, a mí me agradecés que te mantengo viva con mi semen y con las monedas que te gano en el OnlyFans. Me soltó con una sonrisa macabra desde la puerta.
Mientras me ponía a tostar el pan y a calentar el agua para su café, sentí una opresión insoportable en el pecho. Pensé en cómo lo detestaba con cada célula de mi cuerpo, en cómo era mi violador, mi bully y el padre de mi hijo al mismo tiempo. Pero sus palabras resonaron en mi cabeza con una lógica tan cruel que me dolió admitirlo: tenía razón. Yo no era nadie, dependía enteramente de su plata y de su verga.
— G-gracias por el desayuno, Braian... y gracias por darme de comer tu semen... Le dije en un hilo de voz, agachando la cabeza frente a la mesa con el disfraz de mucama puesto, mientras él se sentaba a comer y se reía de mí en mi propia cara.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
El sonido de la puerta al abrirse de golpe me hizo dar un salto desde la cocina. Braian venía de la calle, apestando a alcohol, con los ojos inyectados en sangre, furioso, estresado y con la bragueta del pantalón ya abierta. Apenas entró a la casa, se dejó caer pesadamente en el sillón y me vio vestida con el uniforme de mucama que me había obligado a comprar y usar exclusivamente para él: un vestido corto de encaje negro, con cofia y completamente cavado para dejarme expuesta.
— ¡Mirá cómo te vestiste, pedazo de trola, vení acá y hacé tu trabajo de mucama puta! Me gritó Braian con la voz ronca de borracho, agarrándome del delantal y tironeándome hacia abajo hasta hacerme caer de rodillas frente a sus rodillas.
— S-sí, mi amor... ya voy, ya te atiendo... Le dije con la voz melosa, forzando una sonrisa patética y fingiendo una sumisión extrema mientras el asco me quemaba la garganta.
— Sacate la careta de sufrida y ponete las pilas, que hoy estoy de recontra mal humor y te voy a romper todo el orto. Me insultó él, dándome un cachetazo suave en la mejilla mientras se bajaba el pantalón hasta los tobillos.
Dejó su verga al aire, grande, dura y a pocos centímetros de mi cara, exhalando ese olor fuerte a sudor y encierro. Por dentro lo detestaba con cada célula de mi cuerpo; sabía que era mi bully, el maldito que me arruinó la vida, que me dejó un hijo y que ahora me pagaba un miserable peso por cogida, robándome además el 99% de lo que ganaba con el OnlyFans pornográfico que me obligó a abrir. Pero por mi hijo, por juntar las monedas para darle de comer, tenía que actuar como la prostituta más sumisa del mundo.
— Mmmh... mirá esa hermosura de verga que tenés, mi amor... por favor, haceme tuya, te lo suplico... Comencé a gemir con voz de ninfómana, acercando los labios a su miembro mientras por dentro se me revolvía el estómago.
— Jajaja, mirá la carita de desesperada que ponés, perra. ¿Así que ya te querés comer toda mi leche? Se burló Braian, riéndose a carcajadas de mi reacción exagerada mientras me agarraba de la cabeza.
— S-sí, te lo ruego, Braian... quiero que me cojas todo el día, que me rompas la vagina y el culo sin piedad... Murmuré contra sus pelos, pasándole la lengua con desesperación para hacer que se le pusiera todavía más dura.
— Qué buena puta sos cuando querés, ¿no? Te encanta que te trate como a una basura y te coja hasta dejarte sin aire. Me escupió él con desprecio, disfrutando verme arrastrada.
— Me encanta... por favor, haceme tuya, pagame mi peso y usame hasta que te cases de mí... Le suplicaba con los ojos llorosos, fingiendo un placer que era pura tortura.
Conocía todos los trucos para intentar que se corriera rápido y aliviar un poco las horas interminables de abuso, pero era inútil: cada cogida suya duraba entre una y tres horas seguidas, metiéndome los 23 centímetros a pura fuerza en la vagina o en el ano, tratándome como a una bolsa de carne mientras yo tenía que gemir y fingir que me encantaba para mantenerlo caliente y asegurar las visitas diarias que necesitaba para cobrar.
— ¡Dale, chupámela más fuerte, trola, que me calienta verte disfrazada de mucama mientras me suplicás verga! Me ordenó con furia, empujándome la cara con más fuerza.
— Mmmh... mmmf... ¡Sí, mi amor, metémela toda, haceme tu perra por plata! Le gemí en la boca, tragándome el asco y el orgullo, dispuesta a soportar las cien mil cogidas del mes con tal de sobrevivir.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
El hijo de puta de Braian entró a la pieza pateando la puerta, borracho, transpirado, con los ojos inyectados en sangre y una calentura violenta acumulada que solo se le iba a pasar destruyéndome el cuerpo. Yo ya sabía exactamente cómo tenía que actuar: cuando él no estaba, el odio me quemaba las entrañas y lloraba de rabia mirando las fotos de nuestro hijo, maldiciendo el momento en que me había convertido en su juguete. Pero apenas pisaba la casa, mi cara cambiaba, tragándome toda la dignidad para convertirme en la puta sumisa que él exigía, dispuesta a lo que fuera con tal de sumar mis pesos y mantener a la criatura.
— Sacate todo la ropa y ponete en cuatro en el medio de la cama, perra de mierda, que hoy te voy a reventar el orto sin piedad. Me ordenó Braian con la voz ronca por el alcohol, sacándose el pantalón a los tirones.
— S-sí, mi amor... lo que quieras, vení a hacerme mierda, ya me puse en cuatro para vos... Le dije con una falsa voz melosa y desesperada, obligándome a gemir de mentira para prenderlo más rápido.
— No me hables así, pedazo de trola asquerosa, hacé lo que te digo y callate la boca. Me gritó furioso, dándome un cachetazo seco en la mejilla que me dejó la cara ardiendo.
— Perdón, perdón, tratame como a la puta barata que soy... vení a cogerme el culo, por favor te lo suplico, no aguanto más sin tu verga... Le rogué con lágrimas falsas en los ojos, humillándome al máximo para acelerarle la erección.
— Qué patética que sos, cómo te gusta ser mi basurero personal, ¿no? Mirá cómo abrís ese orto para mí, sabiendo que te pago un miserable peso por cada cogida. Se burló él, arrastrándose a la cama con los 23 centímetros durísimos y palpitando de caliente.
— Sí, soy tu puta... pagame lo que quieras pero rompeme todo, necesito que me uses mil veces al mes para juntar plata para el nene... Le dije hiperventilando, fingiendo un placer que me daba náuseas.
— A mí me importa un carajo el pibe, vine porque te tengo que coger hasta que te desmayes. Y ni se te ocurra fingir que te gusta, aunque sé que te encanta que te rompa la cola. Me escupió con desprecio, escupiendo saliva sobre mi entrada anal sin lubricante.
— Por favor, Braian... rompeme el culo, metémela toda de un golpe... Te lo imploro, haceme tuya... Grité arqueando la espalda, mientras por dentro lo detestaba con cada fibra de mi alma y solo pensaba en que necesitaba cumplir la cuota para poder comprarle la leche a mi hijo.
— ¡Callate la boca, zorra! Me rugió el maldito, y sin darnos tiempo a respirar, me clavó sus 23 cm de un solo viaje salvaje directo en el recto.
— ¡¡¡AAAAHHHHHH! ¡DIOS MÍO, ME MATÁS, ME ROMPÉS EL ORTO! Aullé de dolor real, sintiendo que la carne se me partía al medio por la brutalidad de la embestida.
— ¿Te duele, perra? ¡Tomá por putita! ¿Querías plata para el nene? ¡Ganáte el peso sufriendo como la basura que sos! Me gritó alterado, borracho y descontrolado, empezando a bombearme el culo a una velocidad demencial.
— S-sí... más duro... rompeme el culo... aaaaah... Gemí fingiendo desesperación y orgasmos falsos con trucos patéticos para que se corriera más rápido, aunque sabía perfectamente que conmigo las sesiones duraban entre una y tres horas seguidas de puro tormento anal.
— No finjas los gemidos, trola de mierda, que te conozco bien. Si querés que me corra rápido vas a tener que aguantar y apretarme bien con ese orto roto. Me insultó él, agarrándome violentamente de los pelos para tirarme la cabeza contra el colchón.
— Te lo juro que no finjo... me encanta que me violes el culo, Braian... haceme tu puta para siempre... Le supliqué llorando de verdad por el dolor insoportable, tragándome el orgullo y arrastrándome en la miseria.
— Sos una maldita obsesionada con mi verga, mira cómo tiemblas y cómo te chorrean las piernas. Me humilló el chabón riéndose a carcajadas, mientras me daba contra la pared de la cama con una fuerza animal.
— ¡Aiaaaah! ¡Sí, hacedme mierda, cógeme el culo, no pares por favor! Le seguí rogando, usando todas mis fuerzas para intentar estimularlo, aunque mis piernas ya no respondían y sentía calambres en todo el cuerpo.
— Para cobrar tus 100 pesos vas a tener que aguantar 100 embestidas más de estas, y después a seguir grabando para el OnlyFans que me da el 99% de la plata, perra. Me recordó con sadismo, hundiéndome la verga todavía más profundo en las entrañas.
— Lo que mandes... lo que quieras... yo te grabo todo el porno que me pidas... pero seguí rompiéndome el culo... Le dije con la voz rota, sintiendo que me desmayaba del agotamiento.
— Mira cómo me apretás con el esfínter, me estás volviendo loco, sos mi perra de 1 peso, mi prostituta barata que parió a mi hijo. Gritó él perdiendo el control, acelerando todavía más las estocadas anales.
— S-sí... soy tu puta de un peso... metémela toda... reventame el culo... Le suplicaba con la respiración cortada, aferrándome a las sábanas empapadas de sudor y lágrimas.
— ¡Agarrate bien de la sábana, trola, porque hoy no te voy a dar tregua en el orto! Me vociferó el muy hijo de puta, castigándome sin piedad en una violación anal continua que parecía no tener fin.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
Había dejado al nene con mis padres para que no viera esta mierda, pero apenas se fueron, el hijo de puta de Braian entró a la casa. Venía borracho, con los ojos inyectados en sangre, alterado, estresado y con una calentura descontrolada. Me arrancó la ropa y me dejó únicamente con una tanga diminuta mientras él se bajaba los pantalones y se quedaba en bóxer, sacando el celular para empezar a grabar otro video más para el OnlyFans que me había obligado a abrir, el mismo donde él se quedaba con el 99% de las ganancias y a mí me pagaba esa miseria de un peso por cogida.
— Ponete contra la mesa, perra, que hoy vamos a grabar cómo se viola a una trola como vos para la plataforma. Me ordenó Braian con una voz ronca y pesada, empujándome de golpe contra el borde de madera fría.
— B-braian... por favor, esperá un segundo que me acomode... Le dije tartamudeando, sintiendo el pánico y el asco mezclados en la garganta.
— ¡A mí no me esperás nada, puta de mierda! Te aguantás y ponés la jeta para la cámara mientras te hago mierda. Me gritó, pegándome una palmada seca en el culo.
Puse las manos apoyadas sobre la mesa, temblando de rabia y humillación, mientras enfocaba la cámara del celular para capturar el abuso. Lo odiaba con toda mi alma, lo detestaba cada segundo que respiraba cerca de mí, pero era el padre de mi hijo y mi bully; si no lo complacía, no juntaba las 100 mil cogidas al mes necesarias para comprarle leche o pañales.
Sin una pizca de piedad, sin lubricación y con los 23 centímetros duros como una piedra, el maldito me clavó la verga de un solo golpe seco en la vagina, arrancándome un grito ahogado.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡H-hijo de puta, me desgarrás... por favor... Aullé deshecha contra la mesa, sintiendo el fuego del estiramiento.
— ¡Mirá cómo apretás, conchuda! Te encanta que te viole así contra los muebles, hacete la que te gusta para el video. Me escupió él al oído, empezando a darme embestidas salvajes y brutales.
— S-sí... ahh... m-más duro, papi... ¡haceme tu puta... me encanta que me rompas toda! Fingué con voz de golosa frente a la cámara, tragándome las lágrimas y el asco puro para encenderlo más y hacer que se corriera rápido.
— ¡Claro que te gusta, pedazo de trola! Mirá cómo gemís como la puta que sos. Me insultaba Braian, agarrándome del pelo y tirándome la cabeza hacia atrás mientras me cogía sin frenos.
— ¡Ay, por favor, no pares... seguí violándome... necesito tu verga adentro... te lo ruego! Le supliqué con una obsesión falsa, rogándole que me usara más y más para sumar pesos a mi miseria.
— ¿Querés más verga, perra? Tomá, te voy a dejar el coño reventado para que aprendas a obedecer. Me dijo el chabón, alterado y borracho, metiéndome las embestidas con una violencia descontrolada que me hacía ver estrellas.
Intenté aplicar todos los trucos sucios para que eyaculara rápido y terminara el suplicio: apretar las paredes de la concha, gemirle cerca del cuello, suplicarle que me llenara de leche; pero con Braian era inútil. Mis intentos por apurarlo fracasaban siempre, porque cuando se ponía así de loco, me cogía de una a tres horas seguidas sin parar ni un minuto.
— P-por favor... mi amor... correte adentro... llename de leche... Le mentí con una sumisión asquerosa, obligando a mi cuerpo a arquearse para darle placer a mi peor enemigo.
— ¡Cerrá el orto y recibí toda la leche, perra barata! Me gritó, dándome un empujón de cadera brutal que me hizo golpear el pecho contra la madera.
— ¡S-sí, rompeme la concha... soy tuya... tu prostituta personal... hacedme lo que quieras! Grité exagerando el placer, sintiendo que por dentro me moría de la vergüenza y el dolor.
— Mirá cómo me rogás que te coja, sos una enferma de porquería, pero para esto servís nada más. Se burlaba él, sudando y oliendo a alcohol mientras me castigaba sin piedad.
— Te lo suplico... violame el culo también... haceme mierda por tu hijo... le rogaba yo, cayendo en el papel de puta obsesionada que él exigía para seguir firmando el contrato de miseria.
— ¡Ahí te va el orto entonces, trola! Me bramó de golpe.
Sin sacármela de la vagina, me manoteó las caderas con fuerza bruta, me sacó de un tirón y me la hundió de inmediato en el ano, haciéndome aullar de un dolor agudo que me paralizó el cuerpo.
— ¡¡¡AAAAAHHHH, EL CULO NO... ME MATÁS... POR FAVOR, PARÁ... AHHH! Grité de verdad, perdiendo la actuación por el desgarro anal.
— ¡Callate la boca y aguantá, que esto sale para el OnlyFans! Me gritó furioso, cogiéndome el culo a pura estocada brava, sudoroso, pesado y sin importarle que yo estuviera llorando de dolor real.
— S-sí... rompeme el orto... s-soy tu perra... g-gracias por cogerme... Tartamudeé entre sollozos, volviendo a fingir el placer para calmar a la bestia.
— Así me gusta, que me supliques que te destruya. Sos la peor madre y la mejor puta del mundo. Me humillaba él, golpeándome las nalgas con la mano abierta.
— Por favor, seguí... no te detengas... dame más verga... Le seguí rogando con una falsa desesperación que me quemaba las entrañas.
— Preparate que me voy a venir adentro de este orto roto, perra. Me avisó con la respiración entrecortada.
— ¡Sí, llename de leche... haceme tuya... te amo, Braian... Le mentí con el estómago revuelto de odio y náuseas.
Con una última embestida salvaje, el maldito apretó mis caderas, se metió hasta el fondo y se corrió con todo, inundándome el ano con su semen caliente mientras su verga palpitaba sin parar.
— Tomá, perra, ahí tenés tu paga de hoy. Me dijo tirándome un billete arrugado al piso apenas se bajó de mí y apagó la cámara del celular.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
El hijo de puta entró a la pieza completamente borracho, alterado y oliendo a sudor y alcohol barato, con los ojos inyectados en sangre y la respiración pesada por el estrés de la calle. Venía con la verga dura y con ganas de destruirme una vez más para sacar toda su bronca, exigiendo que cumpliera con mi cuota de putería diaria para juntar las monedas que nos faltaban para mantener a nuestro hijo.
— ¿Qué hacés ahí parada, conchuda? Ponete en cuatro contra el espejo de una vez, que hoy te tengo que coger mil veces para pagarte la miseria de la leche. Me ladró Braian con voz ronca, pegándome una patada en la pierna para que me apure.
— S-sí, mi amor... ya me pongo como querés, perdoname, vení a usarme y a romperme todo que necesito que me pagues el peso para el nene... Le dije cambiando la voz al instante, fingiendo una sumisión extrema y una desesperación caliente que me daban ganas de vomitar.
— ¡Apurate, trola de mierda! ¿Te creés que tengo todo el día para aguantarte las mañas? Sacate esa ropa y apoyá las tetas y las manos contra el vidrio para verte bien el orto. Me gritó furioso, manoteándome del pelo para doblarme la espalda a la fuerza.
Me arrastré como una perra hasta el espejo grande del ropero, apoyando las manos y arqueando la columna tal como le gustaba. Al levantar la cabeza, me vi reflejada de cuatro: una piba totalmente rota, con las piernas abiertas, la cola expuesta y una cara de desesperación falsa que me revolvía las tripas. Pensé en el infierno en el que me había convertido, vendiendo mi cuerpo en OnlyFans por monedas de las cuales él se quedaba el 99%, tragándome el asco y el odio más profundo solo para que este monstruo, el mismo bully que me arruinó la vida, siguiera viniendo a cogerme y dejarnos algo de comer.
— ¡Mirate la cara de calentona que ponés en el espejo, pedazo de puta! ¿Así te gusta que te rompa el culo por un peso? Se burló él, arrimando su entrepierna sudada a mis nalgas.
— Sí, Braian... me encanta... haceme tuya, destruime el orto y la concha todas las horas que quieras, soy tu perra obsesionada con tu verga... Le supliqué con falsos gemidos y voz de ninfómana, actuando una calentura que en realidad era puro dolor y repulsión.
Sin un segundo de piedad, sin lubricación y con una violencia ciega, me clavó sus 23 centímetros de un solo golpe seco directo en el ano.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡DIOS MÍO, SÍ, MÁS FUEDE, ROMPÉME EL CULO! ¡AYUDAME A GANAR LA PLATA PARA EL NENE! Le aullé fingiendo un placer desbocado, mientras las lágrimas reales se me caían por las mejillas al ver en el espejo cómo su cuerpo sudado me cosificaba y me reventaba por dentro.
— ¡Mirá cómo apretás ese orto de perra! ¡A vos te encanta que te viole de esta manera, sucia de mierda! Me gritaba él al oído, enloquecido por la borrachera y por verme actuar como su prostituta personal.
— ¡Ay, m-mi amor... sí... c-correte adentro, llename de leche, cogeme mil veces más! Le rogaba con falsos espasmos y temblores exagerados, usando todos mis trucos de puta barata para acelerarle el ritmo y hacer que se viniera rápido, aunque sabía de sobra que estas sesiones de violación duraban entre una y tres horas seguidas de puro martirio.
— ¡Gritá más fuerte, puta! ¡Hacé de cuenta que te morís por mi verga! Me exigía cada vez peor, tratándome con un desprecio absoluto mientras me agarraba de las caderas con fuerza brutal y me empotraba contra el espejo sin piedad, haciéndome sufrir cada segundo mientras yo fingía gozar en el reflejo.
0 comentarios - La Prostituta De Mi Bully 6