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La seda prohibida de mi tía

Déjame contártelo todo, porque no puedo guardar este secreto más tiempo; necesito que sepas lo sucio y delicioso que fue.Todo empezó una tarde en la que sabía que mi tía no estaba. El aire estaba cargado de una tensión eléctrica mientras me deslizaba por la ventana, sintiendo que el corazón me iba a saltar del pecho. Al entrar, el aroma a jazmín y polvos caros me envolvió, dejándome mareado de pura anticipación. Sabía que estaba haciendo algo prohibido, y eso era exactamente lo que me ponía el cuerpo en llamas.


La seda prohibida de mi tía


Me acerqué a su cómoda, con las manos temblando. Abrí el cajón de la lencería y me quedé sin aliento. Había un mar de seda y encajes, pero entonces lo vi: un conjunto de encaje blanco, tan puro, tan delicado... era perfecto.
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recopilacion—Oh, Dios... necesito ponérmelo ya —susurré, con la respiración agitada.Me desnudé frenéticamente, sintiendo el frío del aire contra mi piel delgada y femenina. Cuando deslicé las bragas blancas sobre mis caderas, el encaje apretó mis curvas de una manera que me hizo soltar un gemido. Me ajusté el sujetador, sintiéndome pequeña y vulnerable, y corrí hacia el espejo.
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Me quedé paralizada. Me veía hermosa. Una verdadera sissy, una cosita linda y pecaminosa disfrazada de mujer.—Mira qué sucia eres —me dije a mí misma, acariciando la tela sobre mi cintura—. Solo una pequeña sissy jugando con las cosas de su tía.
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Sentí un calor abrasador concentrarse entre mis piernas. Al tocarme, mi mente borró todo lo demás; ya no sentía un pene, sino un clítoris engorgado, palpitando con una necesidad voraz.—Mira cómo está... tan duro, tan sensible —gimí, mientras mis dedos empezaban a jugar con esa zona hipersensible.La excitación era insoportable. Me tiré en la cama de mi tía y me puse en cuatro patas, arrastrando un espejo para tener una vista espectacular de mi propio trasero enmarcado por ese encaje blanco. Verme así, tan expuesta y femenina, me volvió loca.

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—¡Ahhh! Puedo verlo todo... puedo ver lo mojada que estoy —gruñí, empezando a mover las caderas con un ritmo frenético.
sissyEmpecé a frotarme con desesperación, sintiendo cómo el encaje rozaba mi piel, creando chispas de placer eléctrico. Arqueé la espalda, soltando gemidos que llenaban la habitación silenciosa, mientras mis dedos trabajaban sin descanso.—¡Me voy a correr! ¡Voy a arruinarlo todo! —grité, con la voz quebrada por el placer.Aceleré el ritmo, entregándome totalmente a esa sensación femenina, hasta que la tensión llegó al límite. De repente, exploté. Un chorro espeso y caliente de semen salió disparado, manchando violentamente el encaje blanco y las sábanas color crema. Me estremecí violentamente, sintiendo cómo el orgasmo me sacudía en olas pesadas y profundas.
La seda prohibida de mi tía

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Me quedé ahí, jadeando, mirando la mancha translúcida y pegajosa que ahora adornaba la lencería de mi tía. Lo había hecho. Me había sentido como una mujer y había dejado mi marca en lo más prohibido.


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Gracias de corazón por detenerte a leer este relato, un fragmento muy íntimo y genuino de mi historia que hoy he querido compartir con ustedes; cada vez que lo recuerdo o lo traigo a la memoria, vuelvo a experimentar esa misma corriente de sensaciones intensas y excitantes que me envuelve por completo. Quedo a la espera de sus comentarios y opiniones sobre esta vivencia.

FIN

2 comentarios - La seda prohibida de mi tía

EscritorOculto +1
Hermoso post. Muy bello contado algo tan íntimo. Se siente la importancia del momento