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Mí primera vez con una pareja

Mí primera vez con una pareja

Es algo casi imposible como se dieron las cosas... Cómo todo se desarrolló para que hoy esté acá, en un barrio que no conozco... Una casa extraña... Una cama que no es mía... Y una mujer casada, que ahora es mí puta.

Soy un hombre de 30 años correcto, o al menos siempre traté de serlo. Pero soy humano hecho de carne, y la carne necesita suplir sus deseos. Hacía mucho tiempo que estaba soltero, y en mis tiempos libres, aprovechaba a concretar alguna salida esporádica para concretar algun "garche". Trabajo en una estación de servicio, y muchos entenderán que los horarios suelen ser complicados, además de que tengo compañeras que están una más buena que otra... Si bien no es tanto un cogedero como suele pensarse, si pasa que de pintar onda, después del laburo nos vamos al telo. Al menos dentro de nuestro laburo, no pasan los encuentros ya que hay un control grande por parte del encargado, pero los roces y demás pasan y mucho. Sin embargo tengo mí política de "donde se trabaja no se caga" por lo que busco satisfacer mis necesidades por afuera de la órbita laboral.

Por lo general, siempre salía a bailar y ahí algo levantaba, tampoco soy exquisito, salvo cuando cobraba los primeros días del mes ... Con plata ahí podía aspirar a mayor levante y un lugar mucho más cómodo jajaja. Pero no siempre me pintaba ir a boliches, sobre todo por el cansancio del laburo. Entonces empecé a usar una famosa app de citas, y con un poco de tiempo y conocimiento, empezó una buena caza ahí, no puedo quejarme.

Es ahí cuando una noche, scrolleando y dando corazón o cruces, comenzaron a salirme parejas. Debo reconocer que no sé si tenía bien aplicado los filtros de búsqueda, pero creo que las parejas suelen poner que son mujeres (hoy puedo confirmar que sí, ya que buscan hombres). Al principio omití varias parejas, ya que buscaba definir por solitario, pero me llegó un mensaje VIP, de una pareja que le gustó mí perfil. Entre intriga y curiosidad, me metí a ver quién había gastado un VIP en mí. Al verlos, no pude evitar sentir un morbo grande por ella...

Mariana 43 y Diego 48. Ella era un bombón: morocha, pelo largo y negro, ojos que transmitían fuego y un cuerpo que quitaba el aliento. La foto principal era de una playa (parecía Brasil). Mariana llevaba un bikini verde y rosa que le quedaba espectacular. Las tetas grandes, redondas y firmes apenas contenidas por la tela, la cintura marcada y un tatuaje floral justo por encima de la línea del bikini. Diego al lado de ella parecía un tipo normal: anteojos, sonrisa tranquila, complexión promedio. No daba para semejante mujer, al menos esa fue mi primera impresión.
El mensaje decía:

"Hola, nos gustó mucho tu perfil. Somos una pareja de C.A.B.A. buscando un tercero para charlar y ver si hay buena onda. ¿Te animás?"

Respondí después de pensarlo un rato:

"Hola, todo bien. La verdad es que es la primera vez que me contacta una pareja. Estuve en tríos antes, pero nunca con un matrimonio más grande que yo. No sé bien cómo suelen manejarse pero el morbo puedo asegurarles que me lo prendieron jajaja"

Mariana contestó casi enseguida:

—Hola lindo 😊 Tranquilo, no hay apuro. Soy Mariana y Diego, mí marido. Llevamos un tiempo explorando esto y nos gusta ir despacio al principio. ¿Querés contarnos un poco de vos?

La charla arrancó bastante tranquila y cautelosa. Hablamos de edades, trabajos (les conté que laburo en una estación de servicio), horarios complicados, y por qué usábamos la app. Ellos me contaron que hacía casi dos años que habían abierto la relación, que al principio era solo fantasía de Diego y que poco a poco Mariana se había animado. Me gustó que fueran sinceros.
Después de un rato, Diego escribió:

—Para estar más seguros… ¿nos podrías mandar una foto actual tuya? Una selfie nomás, para confirmar que sos vos.
Dudé medio minuto, pero al final mandé una foto reciente que me había sacado en el espejo, sin remera, mostrando el torso.

Mariana tardó apenas unos segundos en responder:

—Uff… qué fuerte estás. Me gustás mucho. Tenés buen cuerpo.

A partir de ahí la conversación empezó a ganar temperatura de a poco.

Mariana: La verdad que nos prende la idea de estar con alguien más joven y con energía. Diego fantasea mucho con verme disfrutar… y a mí me calienta la idea de estar con un macho como vos delante de él.

Yo: Jaja me pone un poco nervioso ser el “más joven”, pero confieso que la foto tuya en la playa con ese bikini verde me dejó a full…

Mariana: ¿Te gustaron mis tetas? 😏 Son naturales… y muy sensibles.

Yo: Tenés un cuerpazo... No puedo creer la edad que tenés, estás bárbara.

Diego: ¿Viste lo que es pibe? A mí me prende verla contenta. Si sentís que hay química, podemos coordinar un encuentro para tomar algo primero, sin compromiso. Vos decinos cuando podrías y arreglamos de una. Te pasamos nuestro WhatsApp, escribinos ahí.

Dentro de este nuevo mundo, el deseo y el morbo me llevaron a decir "sí, dale" y los agendé. La verdad es que me volaba la cabeza la situación aunque no sabía cómo hacer... Después me enteré que a estas parejas les gusta decirse "cuckold". Pero en ese momento yo no tenía ni idea, para mí era un trío común, nosotros dos para darle a ella. Si es cierto que me hablaron de sus fantasías, pero no me imaginé lo que se venía.

Esa misma noche, ya más tarde, Mariana por Whatsapp me mandó otra foto más jugada: ella con la camiseta de la Selección (la de Messi) levantada, mostrando un corpiño negro y rosa que apenas contenía sus tetas y dejando ver el tatuaje de la panza. Solo escribió:

—Para que vayas conociendo lo que hay 🔥

Y ahí ya se soltó más el chat.

Mariana: ¿Te gustó la foto? 😏

Yo: Me gustó demasiado. Estás espectacular. Ese bikini verde de la playa ya me había dejado loco, pero esta está mejor todavía.

Mariana: Jajaja gracias. Me pone contenta que te guste.
En ese momento Diego todavía estaba despierto y participando.

Diego: Hola pibe, todo bien? Soy Diego. Me gusta que seas sincero con lo del morbo. Nosotros vamos con calma pero con ganas.

Yo: Todo bien. La verdad que es nuevo para mí esto de chatear con una pareja. Me genera bastante curiosidad y morbo.

Diego: Tranquilo. Lo importante es que haya buena onda entre los tres. Mariana es la que más entusiasmo tiene jajaja.

Mariana: Dale amor, no lo asustes 😂

Mariana: ¿Querés ver otra foto?

Me mandó una donde estaba de costado, levantando la camiseta y mostrando bien las tetas dentro del corpiño negro y rosa.

Yo: Uff… tenés un cuerpo increíble. No aparentás la edad para nada.

Mariana: 😊 Gracias lindo. Son naturales y muy sensibles. ¿Te imaginás tocándolas?

Yo: Me muero de ganas. Me encantaría tenerlas en la mano y en la boca.

Diego: A ella le prende mucho que le hablen así. Yo disfruto viéndola excitada.

Diego: Bueno chicos, yo me voy a dormir. Mañana madrugo. Diviértanse charlando. Mariana, portate bien 😉

Mariana: Dale amor, descansa 💋

Una vez que Diego se durmió, el chat cambió. Mariana se soltó bastante más.

Mariana: Ya se durmió. Ahora podemos hablar más tranquilos…

Mariana: La verdad es que me gustaste mucho desde que vi tu perfil. Me encanta la idea de estar con un chico más joven y fuerte delante de él.

Yo: A mí también me prende la idea. Nunca estuve con una pareja casada. Me pone nervioso pero muy caliente al mismo tiempo.

Mariana: ¿Estás duro ahora?

Yo: Sí, desde que me mandaste esa foto.

Le mandé una foto mía sin remera, mostrando el torso y los brazos.

Mariana: Dios… qué lindo cuerpo tenés 😈 Me dan ganas de pasarte las manos por todo eso.

Mariana: ¿Querés que te mande algo más atrevido?

Le dije que sí. Me mandó una foto casera: arrodillada en la cama, mirando a cámara con cara de traviesa, con el corpiño negro y rosa apenas conteniendo sus tetas.

Mariana: ¿Así te gusta más?

Yo: Me encanta. Me dan ganas de agarrarte del pelo y ponértela en la boca.

Mariana: Mmm… me mojé leyéndote. Me encanta que seas directo.

La charla siguió un buen rato más esa noche. Ella me contó algunas fantasías (que la miren, que la cojan fuerte, que Diego esté presente viéndolo todo) y yo le seguí el juego, cada vez más suelto.

Yo: Me pone muy caliente saber que estás mojada mientras Diego duerme al lado tuyo.

Mariana: Jajaja sí… estoy acostada al lado de él, con una mano entre las piernas pensando en vos.

Me mandó una foto casera tomada con flash bajo: ella acostada en la cama, la luz del celular iluminándole las tetas que se salían un poco del corpiño, y al fondo se veía apenas el hombro y la espalda de Diego durmiendo boca abajo.

Mariana: Mirá cómo estoy ahora…

Yo: Puta madre, Mariana… esa foto me dejó loco. Se te ven increíbles las tetas. Me dan ganas de sacarte ese corpiño a mordidas.

Mariana: 😈 Me gustaría que lo hagas. Tengo los pezones bien duros ahora.

Yo: ¿Qué estás haciendo con la mano? Contame.
Mariana: Me estoy tocando despacito por arriba de la tanga… estoy re mojada. Imagino que sos vos el que me está tocando.

Le mandé otra foto mía: esta vez más abajo, mostrando el bulto marcado en el bóxer.

Mariana: Ay Dios… se te ve grande. Quiero verla de verdad. Quiero probártela entera.

Yo: Cuando nos veamos te la voy a poner donde quieras. En la boca, en las tetas, adentro…

Mariana: Mmm sí… quiero que me uses delante de Diego. Que él vea cómo me cogés rico. Eso es lo que más me calienta.

La charla siguió casi una hora más. Ella me mandó otro audio bajito, casi susurrando para no despertar a Diego:

Mariana (audio): Escuchá cómo respiro… estoy toda excitada. Mañana cuando él no esté te mando algo más fuerte. ¿Vas a seguir pensando en mí cuando te pajeás?

Yo: Ya estoy pensando en vos ahora mismo.

Terminamos la charla pasadas las 3 de la mañana, los dos bastante calientes y con ganas de seguir al día siguiente.

Los días siguientes el chat se volvió adictivo. Hablábamos casi todas las tardes y muchas noches, cuando Diego ya se había dormido. Mariana me mandaba fotos cada vez más atrevidas: una arrodillada en tanga roja, otra tocándose las tetas en el espejo del baño, y varios audios cortos donde se la escuchaba excitada contándome cómo se tocaba pensando en mí. Yo le respondía con fotos y audios cada vez más sucios, describiéndole cómo me la iba a coger y cómo le iba a llenar la boca. Diego aparecía de vez en cuando para dar su aprobación: “Me encanta cómo la ponés, pibe”. Una noche, después de varios audios calientes, Mariana escribió directo: “Ya no quiero seguir solo por chat… ¿Te animás a vernos este viernes a la noche? Tenemos un departamento en Palermo que usamos para esto. Solo para tomar algo y conocernos en persona, sin presión”. Acepté casi sin pensarlo. Quedamos para el viernes a las 21 hs. El morbo y los nervios me tenían todo el día con la cabeza en otro lado.

Llegué al edificio en Palermo el viernes poco antes de las 21 hs. Tenía las manos transpiradas y un nudo en el estómago. Era la primera vez que iba a ver en persona a una pareja para algo así. Toqué el portero eléctrico y me atendió Diego con voz tranquila:

—Subí, es el 4to B.

Cuando se abrió la puerta del departamento, Diego me recibió con una sonrisa nerviosa pero amable. Me dio la mano y me hizo pasar.

—Pasá, todo bien. Mariana te está esperando.
El departamento era moderno, con luces bajas y una música suave de fondo. En el living estaba Mariana. Se veía aún mejor que en las fotos. Llevaba una musculosa blanca ajustada que marcaba sus tetas y una pollera de jean corta. Se acercó sonriendo, me dio un beso suave en la mejilla que duró un segundo más de lo normal y me miró a los ojos.

—Qué bueno que viniste… estás más lindo en persona.
Nos sentamos los tres en el living. Al principio el ambiente estuvo un poco tenso. Hablamos de pavadas: el tráfico, cómo había sido mi semana de laburo, el clima. Diego sirvió unas cervezas para aflojar. Mariana estaba sentada a mi lado en el sillón grande, mientras Diego se ubicó enfrente.

Poco a poco la charla se fue poniendo más cómoda. Mariana empezó a tocarme el brazo mientras hablaba, después me pasó la mano por la espalda. En un momento, mientras Diego iba a la cocina a buscar más hielo, ella se acercó a mi oído y me susurró bajito:

—Estoy muy nerviosa… pero tengo muchas ganas de besarte.

Cuando Diego volvió y se sentó, Mariana me miró, miró a su marido y, sin decir nada más, se inclinó hacia mí. Me dio un beso suave en los labios. Primero tímido, después más profundo. Sentí su lengua buscando la mía con ganas. Su mano bajó por mi pecho lentamente hasta apoyarse en mi muslo.

Cuando nos separamos, ella tenía las mejillas coloradas. Me miró sonriendo y después miró a Diego, que estaba observándonos en silencio, respirando más fuerte.

—¿Está todo bien, amor? —le preguntó ella con voz suave.
Diego solo asintió, con la voz un poco ronca:

—Seguí…

Mariana sonrió con picardía al escuchar a Diego y volvió a besarme, esta vez con más ganas. El beso se puso intenso rápido. Su boca era cálida y sabía levemente a la cerveza que habíamos tomado. Sentí su mano subiendo por mi muslo, pero sin llegar todavía a tocarme la pija. Yo le puse una mano en la cintura y la otra en la nuca, atrayéndola más hacia mí.

Ella soltó un gemidito bajito contra mis labios cuando le apreté suavemente la cintura. Se separó apenas para mirarme a los ojos, respirando agitada.

—Tenés linda boca… —susurró.

Miré de reojo a Diego. Seguía sentado en el sillón de enfrente, con las piernas cruzadas y la mirada clavada en nosotros. No decía nada, solo observaba. Tenía una mano apoyada en el muslo y se notaba que estaba excitado, aunque intentaba mantener la compostura.

Mariana no perdió tiempo. Empezó a besarme el cuello, bajando despacio mientras su mano me acariciaba el pecho por encima de la remera. Yo le pasé la mano por la espalda y bajé hasta agarrarle el culo por encima de la pollera. Estaba firme y grande, tal como se veía en las fotos.

—Qué rico culo tenés… —le dije al oído.

Ella soltó una risita y me mordió suavemente el lóbulo de la oreja.

—Me alegra que te guste… —respondió bajito—. Quiero que me toques todo lo que quieras.

Volvimos a besarnos con más intensidad. Esta vez mi mano subió por su muslo por debajo de la pollera. Sentí la piel caliente y suave. Ella abrió un poco las piernas, dándome permiso para seguir. Cuando mis dedos rozaron la tela de su tanga, noté que ya estaba húmeda.
Diego carraspeó suavemente desde el sillón. Mariana se separó un segundo, lo miró y le preguntó con voz juguetona:

—¿Te gusta vernos, amor?

Diego tragó saliva y asintió.

—Mucho… seguí.

Mariana sonrió y volvió a mí. Esta vez me levantó la remera y empezó a besarme el pecho y la panza, bajando lentamente. Su pelo negro me hacía cosquillas en la piel. Yo le acariciaba la espalda y el pelo, cada vez más prendido fuego.

Mariana siguió bajando con besos por mi panza mientras me levantaba la remera del todo. Sus labios eran suaves y calientes. Cuando llegó al borde del jean, levantó la vista y me miró con esos ojos llenos de deseo.

—¿Puedo? —preguntó bajito, aunque ya sabía la respuesta.
Asentí. Ella me desabrochó el botón del jean con dedos hábiles y bajó el cierre lentamente. Me bajó un poco el pantalón y el bóxer, dejando mi pija al aire. Ya estaba dura desde hacía rato.

—Qué linda verga… —susurró, casi para ella misma.
Miró de reojo a Diego, como buscando su aprobación, y después volvió a mí. Primero me dio besos suaves alrededor, después sacó la lengua y me lamió despacio desde abajo hasta la cabeza. Solté un gemido bajo cuando me la metió en la boca. Estaba caliente y húmeda. Empezó a chupar con ganas, moviendo la cabeza despacio al principio, después más profundo.

Yo le agarré el pelo con una mano, guiándola un poco. Con la otra le acariciaba la espalda. Cada tanto miraba a Diego. Él seguía sentado, ahora con la mano claramente sobre su propio pantalón, acariciándose por encima mientras nos miraba. Tenía la cara roja y la respiración pesada.
Mariana sacó mi pija de la boca un segundo, me miró y dijo con voz entrecortada:

—Me encanta cómo se siente… es más gruesa que la de Diego.

Después volvió a metérsela, esta vez más rápido, haciendo ruidos húmedos. Yo no podía creer lo que estaba pasando. Esa mujer casada, mucho más grande que yo, arrodillada chupándomela mientras su marido miraba.

Después de un rato, Mariana se levantó, se sacó la musculosa por arriba de la cabeza y quedó solo con el corpiño. Sus tetas se veían enormes y pesadas. Se sentó a horcajadas sobre mí en el sillón y empezó a restregarse contra mi pija dura por encima de la tanga.

—¿Querés tocarlas? —me preguntó, agarrándose las tetas con las dos manos.

No le contesté con palabras. Le bajé el corpiño y me metí una teta en la boca. Eran grandes, suaves y los pezones estaban durísimos. Las chupé y mordí suavemente mientras ella gemía y se movía contra mí.
Diego, desde el sillón, solo dijo con voz ronca:

—Así… disfrútalo, amor.

Mariana gemía bajito mientras yo le chupaba las tetas. Se movía despacio sobre mí, frotando su concha mojada (todavía tapada por la tanga) contra mi pija dura. Sentía el calor que emanaba de ella.

—Qué rico chupás… —susurró con la voz entrecortada.
Le bajé las manos por la espalda hasta agarrarle el culo con fuerza. Lo apreté y lo abrí un poco, sintiendo cómo se le escapaba un gemido más fuerte. Ella me besó de nuevo, esta vez con urgencia, mordiéndome el labio inferior.

De repente se levantó, me tomó de la mano y miró a Diego.
—Vamos a la habitación… estoy demasiado caliente ya.

Diego se levantó sin decir nada y nos siguió. La habitación era grande, con una cama king size y luces tenues. Mariana me empujó suavemente para que me sentara en el borde de la cama. Se paró frente a mí, se sacó la pollera y quedó solo con la tanga negra. Tenía el cuerpo espectacular: tetas grandes, cintura marcada, caderas anchas y ese tatuaje floral que tanto me gustaba.

Se acercó, se puso entre mis piernas y volvió a meterme la pija en la boca, esta vez más profundo y con más ganas. Hacía ruidos húmedos y me miraba a los ojos mientras chupaba. Yo le agarraba el pelo y le guiaba el ritmo.

Diego se sentó en una silla al lado de la cama, un poco más cerca ahora. Se había desabrochado el pantalón y se estaba pajeando lentamente mientras miraba a su mujer chupándome.

Mariana sacó mi pija de la boca, la miró brillante de saliva y me preguntó con una sonrisa puta:

—¿Querés cogerme ya?

Yo solo asentí. Ella se sacó la tanga, quedando completamente desnuda. Tenía la concha depilada, hinchada y brillando de lo mojada que estaba. Se subió a la cama, se puso en cuatro y me miró por encima del hombro.

—Vení… metémela despacio primero.

Me arrodillé detrás de ella. Le acaricié el culo y le pasé la cabeza de la pija por la entrada. Estaba empapada. Empecé a metérsela lentamente. Estaba estrecha y caliente. Mariana soltó un gemido largo cuando se la metí hasta el fondo.

—Ay Dios… qué rica se siente…

Empecé a moverme, primero despacio, después con más ritmo. Cada embestida hacía que sus tetas se movieran. Diego seguía en la silla, pajeándose más rápido ahora, con la mirada clavada en mi pija entrando y saliendo de su mujer.

Mariana gemía cada vez más fuerte:
—Más fuerte… cogeme más fuerte…

Seguí moviéndome dentro de ella, cada vez con más ritmo. Mariana gemía fuerte con cada embestida, empujando su culo contra mí.

—Así… bien profundo —jadeaba ella.

Yo todavía estaba un poco cortado, pero el calor del momento me estaba soltando. Le agarré las caderas con más fuerza y le dije, con la voz ronca:

—Estás tan mojada… me tomás toda la pija.

Mariana soltó un gemido más fuerte al escucharme.

—Sigue hablando… me encanta —me pidió.

Ganando confianza, seguí:

—Tenés una concha rica y apretada… mucho más rica que lo que imaginaba.

Diego, desde la silla, se acercó un poco más a la cama. Seguía pajeándose lento y le habló a su mujer con voz baja pero firme:

—¿Escuchaste lo que te dijo, amor? Te está gustando, ¿no?

—Sí… —gimió Mariana— Me encanta cómo me coge…
Diego me miró a mí y agregó:

—Dale más fuerte, pibe. A ella le gusta que la cojan con ganas. Agarrale el pelo.

Me animé con sus palabras. Le agarré el pelo negro con una mano y tiré suavemente hacia atrás mientras la penetraba más fuerte. Mariana soltó un gemido largo y gutural.

—Así… tirame el pelo —suplicó.

Empecé a hablarle más sucio, soltándome de a poco:
—Sos una puta casada… dejándote coger por otro delante de tu marido.

Mariana se volvió loca con eso. Empezó a mover el culo contra mí con más fuerza.
—Sí… soy tu puta esta noche —respondió entre gemidos—. Cógeme como quieras.

Diego se paró, se acercó al borde de la cama y le acarició la cara a Mariana mientras yo la cogía.

—Mirá cómo te está dando, amor… —le dijo con ternura sucia—. ¿Te gusta la verga del pibe?

—Mucho… es más gruesa —contestó ella, casi sin aire.

Diego me miró y me dijo con una sonrisa:
—Disfrutala todo lo que quieras. Podés hacer lo que se te antoje con ella.

Eso me terminó de soltar. Empecé a cogérmela más fuerte, dándole cachetadas suaves en el culo mientras la penetraba. Mariana gemía cada vez más alto, repitiendo entre jadeos:

—Más fuerte… no pares… usame…

Seguí cogiéndomela con fuerza desde atrás. Cada embestida hacía que Mariana se sacudiera y gimiera más fuerte. El sonido de mi pelvis chocando contra su culo llenaba la habitación.

De repente, Mariana extendió un brazo hacia Diego, que estaba parado al lado de la cama. Lo agarró de la pija y empezó a masturbarlo despacio, casi con cariño, mientras yo la penetraba.

—Vení amor… —le dijo con voz entrecortada.

Diego se acercó más. Mariana giró la cabeza como pudo y le dio un beso en la pija, después abrió la boca y se la metió apenas un poco, chupándola con dificultad porque estaba concentrada en el placer que le estaba dando yo.

Yo, ganando cada vez más confianza, le dije mientras la cogía:
—Mirá cómo chupás a tu marido mientras te estoy rompiendo la concha…

Mariana soltó un gemido ahogado alrededor de la pija de Diego y después la sacó un segundo para responder:
—Porque soy una puta… tu puta esta noche.

Volvió a metérsela a Diego un rato más, pero solo la cabeza, lamiéndola y masturbándolo con la mano. Se notaba que estaba demasiado concentrada en lo que yo le estaba haciendo. Cada vez que yo le daba fuerte, ella gemía con la boca llena y apretaba más la mano alrededor de la verga de su marido.

Diego le acariciaba el pelo con ternura y le hablaba bajito:
—Disfrutá, amor… dejate llevar.

Yo le di una cachetada más fuerte en el culo y aceleré el ritmo. Mariana tuvo que sacar la boca de la pija de Diego porque ya no podía concentrarse. Solo lo seguía masturbando con la mano, gimiendo cada vez más alto.
—Estoy por correrme… —avisó casi sin aliento.

Mariana estaba temblando. Su concha se apretaba alrededor de mi pija con cada embestida. Yo seguí cogiéndomela fuerte, agarrándola de las caderas, mientras ella seguía masturbando a Diego con la mano, aunque cada vez más distraída.

—Estoy por llegar… no pares —suplicó casi gritando.
Le metí más fuerte y profundo, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba. De repente soltó un gemido largo y agudo, corriéndose fuerte. Su concha se contrajo alrededor de mi pija, apretándome y mojándome todavía más. Todo su cuerpo temblaba.

No paré. Seguí cogiendola a través del orgasmo, más lento pero profundo, mientras ella gemía y jadeaba descontrolada. Diego la miraba con los ojos brillantes de excitación.

Cuando se calmó un poco, Mariana se dejó caer hacia adelante, apoyando la cara en la cama. Yo salí de ella lentamente. Tenía la pija brillante de sus jugos.
Ella, todavía recuperando el aliento, miró a Diego y después a mí con una sonrisa satisfecha y puta.
—Vení… —me dijo, tirándome del brazo para que me acostara en la cama.

Me acosté de espalda. Mariana se subió encima mío a horcajadas, agarró mi pija y se la metió ella misma, bajando despacio hasta el fondo. Soltó un gemido largo cuando la tuvo toda adentro.

Empezó a cabalgarme, moviendo las caderas en círculos primero, después subiendo y bajando. Sus tetas grandes rebotaban con cada movimiento. Yo se las agarré con las dos manos, apretándoselas y pellizcándole los pezones.
Diego se acercó más a la cama. Mariana se inclinó hacia él y volvió a chupársela un poco, alternando entre gemir con mi pija adentro y tener la boca llena con la de su marido.
Yo, ya mucho más suelto, le hablé mientras la miraba desde abajo:
—Que rico montas yegua… mostrale a tu marido cómo te gusta coger.

Mariana gimió más fuerte y aceleró el movimiento de sus caderas.
—Así me gusta… bien profundo —respondió.

Mariana seguía cabalgándome con ganas, moviendo las caderas de forma experta. Cada vez que bajaba, se clavaba toda mi pija y soltaba un gemidito de placer. Sus tetas rebotaban delante de mi cara y yo no paraba de apretárselas y chupárselas.

Diego estaba parado al lado de la cama, acariciándole el pelo mientras ella alternaba entre montarme a mí y chupársela a él. En un momento, Mariana se inclinó más hacia Diego, le agarró la pija con fuerza y se la chupó con más dedicación durante unos segundos, aunque seguía moviendo el culo sobre mí.

Yo le di un par de cachetadas suaves en el culo y le dije, ya bastante suelto:
—Mirá cómo te gusta tener dos vergas… Sos una puta insaciable.

Mariana sacó la boca de la pija de Diego, me miró con los ojos vidriosos de placer y me respondió entre gemidos:

—Sí… esta noche soy tu puta… y la de él. Cógeme todo lo que quieras.

Se incorporó de nuevo y empezó a cabalgarme más rápido y fuerte. Yo le agarré las caderas y empecé a subir la pelvis para encontrarme con sus movimientos. El sonido húmedo de su concha contra mi pija era cada vez más fuerte.
Diego se sentó en la cama al lado nuestro y le metió dos dedos en la boca a Mariana. Ella los chupó con ganas mientras seguía montandome.

—Estás hermosa así, amor —le dijo Diego con voz ronca—. Dejá que te dé todo.

Mariana empezó a temblar de nuevo. Su respiración se volvió más agitada.
—Estoy por acabar otra vez… —avisó casi sin aire.

Yo aceleré el ritmo desde abajo, cogiéndomela con fuerza. Ella se corrió por segunda vez, apretándome la pija con su concha y soltando un gemido largo y entrecortado. Todo su cuerpo se sacudió encima mío.

Cuando bajó un poco de la nube, se dejó caer sobre mi pecho, respirando agitada. Me besó el cuello y me susurró al oído:

—Todavía no terminaste vos… quiero que me llenes.

Mariana seguía encima mío, recuperando el aliento después del segundo orgasmo. Me miró con una sonrisa traviesa y susurró:

—Quiero que me llenes.

Asentí. Me había puesto un preservativo antes de empezar a penetrarla. Ella se levantó un poco, me sacó la pija y verificó que estuviera bien puesto. Después volvió a bajarse despacio, clavándosela hasta el fondo con un gemido largo.

Empezó a cabalgarme otra vez, más lento pero profundo. Yo le agarraba las tetas y le pellizcaba los pezones mientras ella se movía.

Diego, que estaba al lado nuestro en la cama, ya no aguantaba más. Ver a su mujer disfrutando tanto lo tenía al límite. Se pajeaba cada vez más rápido, mirando cómo Mariana me montaba.

—Estoy por acabar… —avisó con voz entrecortada.
Mariana se inclinó hacia él sin dejar de moverse sobre mí y le metió la pija en la boca. Apenas unas chupadas fuertes y Diego soltó un gemido ahogado, corriéndose en la boca de su mujer. Ella tragó todo sin problema, mirándolo con cariño y morbo al mismo tiempo.

—Buen chico… —le dijo bajito, limpiándole la pija con la lengua.

Eso pareció darle todavía más ganas a Mariana. Volvió a incorporarse y empezó a cabalgarme con más fuerza, apoyando las manos en mi pecho.

—Ahora te toca a vos… —me dijo—. Cogeme rico y acabá adentro mío.

Yo ya estaba al borde. Le agarré las caderas con fuerza y empecé a subir la pelvis, cogiéndola desde abajo con todo. El dirty talk me salió más natural ahora:
—Estás tan apretada… me voy a correr dentro de tu concha de putita.
Mariana gemía fuerte:
—Dale… llename pendejo desubicado. Quiero sentirte la lechita caliente.

Después de unas cuantas embestidas más fuertes, no aguanté más. Acabé con fuerza dentro del preservativo, gruñendo y apretándole las caderas mientras vaciaba todo. Mariana siguió moviéndose despacio encima mío, exprimiéndome hasta el último segundo.

Cuando terminé, se dejó caer sobre mi pecho, los dos respirando agitados. Diego nos miraba con una sonrisa satisfecha, todavía recuperándose de su propio orgasmo. Me quedé unos segundos dentro de ella, recuperando el aliento. Mariana me besó el pecho y el cuello con besos suaves, todavía sentada encima mío. Diego se acostó al lado nuestro en la cama, acariciándole la espalda a su mujer con ternura.

—Estuviste increíble… —le dijo Diego bajito.

Mariana sonrió, me miró a mí y después a él.
—Los dos estuvieron muy bien —respondió con voz satisfecha.

Se levantó despacio, me sacó el preservativo usado de mi pija con cuidado y fue al baño a limpiarse. Cuando volvió, se acostó entre los dos. Yo estaba en el medio de la cama, todavía procesando todo lo que había pasado.

Charlamos un rato más, desnudos y relajados. Mariana me acariciaba el pecho mientras hablábamos. Me contó que había disfrutado mucho, que le gustó mi energía y que esperaba que no fuera la última vez. Diego fue más callado, pero se lo veía contento y relajado. Me agradeció por haber sido respetuoso y por haber entrado en el juego.

Después de un rato, me vestí. Ellos me acompañaron hasta la puerta. Mariana me dio un beso largo en la boca y me dijo al oído:

—Mandame mensaje cuando llegués a casa. Quiero seguir charlando…

Diego me dio la mano con una sonrisa cómplice.
—Cuando quieras repetimos, pibe. La pasamos muy bien.

Salí del departamento con las piernas todavía flojas y la cabeza hecha un lío. Mientras volvía a casa en el auto, no podía dejar de sonreír. Había sido una experiencia intensa, rara y tremendamente excitante. Sabía que esto recién empezaba.

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