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La primera vez de un chico "hetero"

Este relato es algo diferente, lo digo por si has leído los anteriores y ahora este te saca de onda jaja lo que pasa es que el chico a quien le ocurrió no sabe escribir una historia, normalmente cuando me pasan un relato solo le hago unos arreglos de dramática y ortografía, pero aquí me tocó escuchar la historia y tratar de pasarla a un texto, obviamente el nombre de la persona no es el real jeje espero que les guste, y recuerden que si tienen un relato real que les ocurrió y lo quieren dar a conocer, me pueden mandar mensaje :3 los dejo nenes, que lo disfruten
El Taxi de Medianoche
Mika salió del centro de convenciones con el corazón latiéndole a mil. Era la primera vez que se atrevía a salir vestido de chica en público. Toda su vida había sido el típico chico hetero delante del mundo: salía con amigos, hablaba de chicas y jugaba videojuegos como cualquiera. Pero en la intimidad de su cuarto era completamente diferente: una putita obsesionada con la verga. Fantaseaba con maduros grandes y peludos que lo usaran sin piedad. La curiosidad era tal que había comprado un pequeño dildo de 12 cm para descubrir si le gustaba, pero aún con miedo de romperse o lastimarse. Se lo metía despacio, se masturbaba al mismo tiempo y se corría gimiendo como una perra. También practicaba garganta profunda con él, imaginando que era una polla real.
Ese día, por primera vez, había salido así: un vestido negro con falda plisada, era corto y mostraba bien sus piernas, unas medias de red que llegaban casi hasta la falda pero dejando un pequeño espacio de esa piel clara libre. Por debajo llevaba unos cacheteros negros de encaje y un maquillaje suave que resaltaba su cara de niña, pero sin mostrar bien su cara por usar cubrebocas y dejando su cabello largo tapando un poco su cara. Con su 1.60 de estatura, caderas anchas, muslos gruesos, nalgas grandes y redondas, pasaba perfectamente por chica. Aun hablando causaba duda por tener una voz suave y femenina, aunque aún con ese tono más grave que vagamente recordaba a la voz de un chico joven. Aunque por debajo de esa falda y apretado en ese cachetero estaba su pene, el cual era la principal causa de que siguiera siendo virgen: una cosita de 8 cm y bien delgada que le provocaba la mayor vergüenza de su vida, razón por la que era su mayor secreto.
La primera vez de un chico "hetero"
hetero curioso

Saliendo de la convención pidió un taxi. Cuando llegó el coche, subió al asiento trasero y se quitó el cubrebocas.
Cuando entró al auto le llamó mucho la atención el taxista. Era exactamente el tipo de hombre que se imaginaba cuando fantaseaba: alto, gordo, peludo, con una gran barriga y barba espesa llena de canas.
—Buenas noches —dijo el hombre con voz grave—. ¿Al hotel Central?
—Sí, por favor… —respondió Mika con su voz suave y juvenil.
El taxista lo miró por el espejo retrovisor mientras arrancaba.
—¿Vienes del evento de caricaturas? Te vi salir. Estás preciosa. ¿Cómo te llamas?
—Mika… —contestó él, sonrojándose con una risita tímida—. Y sí, vengo de allá, es una convención de anime.
—Bonito nombre, yo me llamo Raúl. ¿Cuántos años tienes, Mika? Pareces muy joven.
—18, recién los cumplí la semana pasada.
Raúl sonrió.
—¿Y tan joven sales solo? ¿Tus papás o amigos saben que andas vestida así?
Mika negó con la cabeza. Vio que el taxista sabía que él era un chico, y que alguien lo supiera le movía algo por dentro.
—Es… la primera vez que salgo vestido de chica. Siempre lo hago escondido en mi cuarto y… nadie sabe nada.
El taxista levantó una ceja.
—¿Nadie? ¿Eres hetero de closet entonces? ¿O solo te gusta vestirte así?
—Pues… la verdad, nadie lo sabe. Ante todos soy hetero… —admitió Mika con voz temblorosa pero coqueta—. Pero en realidad... sí me llama la atención tener relaciones con otro hombre… hay algo que me gusta en eso.
Raúl soltó una pequeña risa
—¿Has estado con algún hombre ya?
—Nop… soy virgen total. Nunca he tocado a nadie ni nadie me ha tocado. Solo tengo un dildito pequeño de 12 cm que uso en casa.
—¿En serio? ¿Y qué tal? ¿Es lo que esperabas?
—Pues me gusta, tiene poco que empecé a usarlo. Lo hago despacio, me siento en él y subo y bajo, pero sí me gustaría más que fuera alguien quien me diera y no yo mismo.
El ambiente en el coche se volvió denso. Raúl respiraba más pesado. Y allí Mika se dio cuenta de que habló de más. Se había puesto caliente y empezó a contar cosas que, cuando reaccionó, le dio vergüenza.
—¿Y te gusta que te hablen sucio? ¿Que te humillen?
Mika soltó una risita nerviosa y morbosa, tapándose la boca.
—Sí… o eso creo… nunca lo he hecho, pero creo que sí me gustaría que me hablaran sucio o me humillaran, que me dijeran puta y esas cosas, tal vez cosas más fuertes?.
Raúl en eso vio un camino de tierra apartado y metió el coche. Apagó las luces.
—Ven aquí adelante, princesita. Siéntate en mi regazo —hablando con autoridad, y Mika lo sintió como una orden que siguió.
Mika pasó al asiento delantero, temblando de anticipación. Apenas se sentó sintió la enorme erección del taxista presionando contra su culo.
—Joder, qué cuerpo tan femenino tienes… —gruñó Raúl, pasando sus manos peludas por los muslos y nalgas de Mika—. Caderas anchas, culo grande… pareces una chica de verdad, pero vamos a ver cómo estás aquí abajo.
Metiendo su mano por debajo de la falda de Mika, acariciando por sobre el cachetero su pene que ya estaba duro. Pero cuando quiso sacarlo, Mika lo detuvo.
—Espera… solo quiero pedirte que no te burles, ¿vale? —dijo Mika con un nudo en la garganta.
—Aaahh, ¿lo tienes chiquito, perrita? ¿Qué tanto? Ponte de pie que quiero verlo.
Mika le hizo caso y se puso de pie por un lado, dudando si levantar su falda, pero fue Raúl quien lo hizo y, bajando su cachetero, fue la primera persona que conocía el mayor secreto de Mika.
—No mames, ya veo por qué te da vergüenza esa mentadita de madre que tienes.
El pene de Mika ya estaba durísimo, palpitaba igual de fuerte que su corazon, con unas gotas colgando de la punta. Mika no sabía ni qué decir en ese momento cuando Raúl empezó a chupar su pene con fuerza mientras apretaba sus nalgas con las manos. Mika sostenía la falda arriba mientras le temblaban las piernas y le daban escalofríos en la espalda baja, haciendo que echara sin querer la cadera hacia atrás. Eso lo notó Raúl y lo calentó más.
—¿Es la primera vez que te la chupan, verdad?
—Ss… sí, es la primera vez, pero se siente rico —dijo Mika con la voz cortada.
Raúl se la chupó unos minutos. Lo hacía muy bien y Mika, como primerizo, apenas podía aguantar esa nueva sensación tan fuerte.
—Ahora vas a chupármela tú. Quiero ver esa boquita de niña trabajando.
Mika se arrodilló entre las piernas del hombre. Cuando sacó la verga de ese taxista, se asombró y asustó un poco. Era gruesa, venosa y peluda. Soltó un gemido de sorpresa y morbo.
—No me lo creo… por fin voy a chupar una verga de verdad. Pero… es mucho más grande que mi dildo… —pensó Mika.
Empezó lamiendo con timidez, luego se la metió en la boca. Gracias a las prácticas de garganta profunda, logró bajarla bastante. Chupaba con ganas, babeando, gimiendo y mirando hacia arriba con ojos brillantes.
—Así, buena putita… trágatela entera —gruñó Raúl, agarrándole el pelo.
Mika lo hacía con tanta excitación. Era la primera verga de verdad que chupaba y ese sabor tan fuerte y el morbo de mamarle la verga a alguien lo tenían tan cachondo. Hasta que después de 5 minutos mamando, Raúl lo agarró, lo llevó a la parte de atrás, lo acostó en el asiento boca arriba, le quitó ese cachetero y le abrió las piernas. Mika temblaba de los nervios. Alguien lo estaba viendo en esa posición tan vulnerable y humillante. Sus piernas temblaban y su pene palpitaba estando durísimo. Raúl escupió más saliva en su verga que ya estaba lubricada con la baba que había dejado Mika, la apuntó en el ano virgen de Mika y empezó a empujar con firmeza y sin miedo a romperlo.
Mika soltó un grito agudo.
—¡Ahhh! ¡Es enorme! ¡Me estás partiendo!
Raúl empezó a cogerlo con toda la verga, empujando hasta el fondo.
—Toma verga, putito de closet. Este culito de supuesto hetero ya es mío.
Apenas diez segundos de tener esa verga adentro y Mika se corrió sin tocarse. Su pequeño pene empezó a soltar chorritos mientras gemía como una perra, sorprendiendo a los dos, pero más a Mika que no sabía que eso podía pasar.
Raúl se rio con morbo.
—¿Ya te corriste, zorrita? Qué patético eres, entiendo por qué nunca te has cogido a nadie.
Y Raúl, sin bajar el ritmo, siguió cogiendo ese culo apretado. A Mika le causaba un gran dolor, pero no quería que parara. Agarró su pene y se empezó a masturbar mientras era penetrado. Raúl lo sujetaba de la cintura y poco a poco iba subiendo el ritmo. Esas cosquillas y esa sensación tan rica se hacían adictivas. Quería pedir un respiro, pero a la vez quería que durara para siempre. Hasta que nuevamente de su pene volvió a salir semen a chorros cayendo sobre su vestido negro. Los ojos de Mika se cruzaban y gemía como perra en celo.
—Me encantas, sucia perra! Eres una completa puta de mierda.
Y a partir de aquí Raúl empezó a cogérselo ya a un ritmo endemoniado. Entraban los 19 cm de verga por completo hasta que su pelvis golpeaba a Mika. Pasó de agarrarlo de la cintura al cuello, apretando con fuerza mientras Mika se seguía masturbando su pequeño pene que apenas mantenía la erección después de 2 orgasmos.
Los gemidos de Mika se podían escuchar a lo lejos. Sus súplicas por más sonaban casi lo mismo que el sonido de las embestidas que recibía, esos aplausos húmedos y los insultos de Raúl.
Mika estaba dando las últimas, ya no aguantaba más. Empezó a pedir un descanso, pero Raúl no se lo daba. Mika dejó de masturbarse, pero en cuanto lo hizo recibió una fuerte cachetada y la orden de Raúl de no detenerse. Mika continuó jalándosela mientras le rompían el culo y recibía cachetadas. No pudo aguantar más y por tercera vez salía leche del pequeño pene de Mika. Esta vez terminando con su erección. Salió menos que las primeras 2 veces, y esta vez Raúl tuvo piedad de él.
Le dio un descanso, sacó la verga de su culo que se quedaba abierto y se agachó. Le chupó el pene con una experiencia que hacía que Mika se retorciera. Le hacía temblar las piernas mientras le metía las manos bajo el vestido y acariciaba su cintura, abdomen y pecho, apretando sus pezones y dándoles vuelta.
Después de unos 5 minutos, Mika, todavía jadeando, se la volvió a chupar con entusiasmo, usando toda su práctica de garganta profunda, quitándose la ropa para quedar al 100% desnudo allí en una calle de tierra, dejando solo sus medias de red y sus botas.
Raúl lo puso esta vez en cuatro y siguió cogiendolo con más fuerza, dándole nalgadas fuertes, tirándole del pelo y humillándolo:
—Putita, dices que eres hetero pero te encanta la verga… no eres más que una zorra… una perra de uso libre… con esa verga enana que tienes debes aceptar que este es tu lugar y aguantar la verga de un hombre de verdad.
Mika gemía mientras lloraba un poco, salían lágrimas de sus ojos escurriendo el sombreado de sus ojos, pidiendo más duro. No sabía medir sus límites. Su culo ya no podía más, pero él pedía que lo rompieran, sentía que se hacía adicto a ese dolor tan rico en su culo
Hasta que Raúl se la sacó de golpe, lo tomó de la cintura y como si no pesara nada lo sacó del auto y lo puso de rodillas. Mika rápido entendió qué quería y se puso a chupársela y jalársela a punto cuando soltó un enorme chorro de semen en su boca. Era muy fuerte el sabor. Se separó solo un poco, pero esa verga seguía como bomba a presión lanzando leche que le caía en la cara mientras se la continuaba jalando, hasta que por fin dejó de salir semen.
Pero esa verga no perdía la erección, y Raúl preguntó:
—¿Aguantas otra, putita?
Mika estaba derrotado, su culo posiblemente ya estaba roto, pero aún así dijo que sí. Raúl se sentó en el asiento del piloto y Mika se puso sobre él, de frente. Pisando donde podía, empezó a mover su culo arriba y abajo rápido desde el inicio. Raúl agarraba las nalgas de Mika y Mika pasaba sus brazos por detrás del cuello de Raúl.
Mika apenas si podía, le dolía bastante, pero no quería que lo supiera Raúl, aunque hacía caras y muecas, las piernas le quedaban y el culo le dolía.
Esta segunda ronda duró menos, afortunadamente para Mika que estaba montando con su culo ya roto. Gemía como niña mientras tenía semen en su carita fina y tierna. Fueron unos 10 minutos de usar su culo como exprimidor para esa verga gorda.
Mika sentía que se iba a volver a venir, dudaba si continuar o detenerse para no venirse de nuevo, pero cuando Raúl empezó a gemir con esa voz ronca. lo tomó del cuello a Mika y apretó con fuerza. Allí Mika apostó todo y continuó dejándose caer con fuerza destrozandose el mismo su culo cada vez que esa enorme verga le entraba entera. Y cuando del pene de Mika empezó a salir leche, también lo hizo el de Raúl. Ambos tuvieron un orgasmo al mismo tiempo, perfecto para terminar esa noche de morbo y fantasías entre gemidos de ambos
Después, acurrucado contra el pecho peludo y sudoroso del taxista, Mika susurró:
—Gracias… esto... esto era exactamente lo que tanto deseaba.
Raúl le acarició el pelo como su fuera un perro
—Cuando quieras que te use otra vez, solo llámame, princesita.

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