Mi ex y tercera pieza habitual de nuestros juegos, se había distanciado. No queríamos forzar las cosas ni presionar su ausencia, así que mi esposa y yo decidimos canalizar esa energía acumulada hacia otros horizontes. En esos días de espera y tensión sexual, las fantasías no tardaron en desviarse hacia rostros nuevos.
Primero apareció ella: una tentación prohibida, un par de años menor, completamente legal pero lo suficientemente joven como para encender una chispa peligrosa. Yo sabía perfectamente qué resortes tocar con ella; compartimos el tiempo suficiente para saber qué botones oprimir y hacer que cayera de rodillas en nuestra cama si nos lo proponíamos. Sin embargo, mi esposa sentía el roce de la incomodidad con su juventud, intuyendo que mi dominio sobre esa chica sería absoluto y demasiado rápido.
Así que, buscando un equilibrio donde ambos tuviéramos el control, mi esposa tomó la iniciativa. Cogió mi teléfono con esa mirada decidida que tanto me excita y buscó a otra amiga de nuestro círculo. Bastaron un par de mensajes audaces, un juego de insinuaciones directas y la complicidad adecuada para que cayera en nuestra red. En cuestión de horas, se convirtió en nuestra segunda sumisa virtual. Ahora el teléfono arde con sus fotos explícitas, videos que nos quitan el aliento y videollamadas donde se toca para nosotros. La distancia física es el único freno temporal, ya que vive en otra ciudad, pero la tensión para el encuentro real ya se está cocinando a fuego lento.
Pero el verdadero clímax de esta semana no lo causó una pantalla, sino el orgullo herido.
Mi esposa, en un movimiento maestro de provocación, decidió confesarle a nuestra ex que ya teníamos a alguien más ocupando su lugar de devoción. La respuesta no se hizo esperar, cargada de un celo posesivo que me erizó la piel:
—¿Me están cambiando? —reclamó, herida en su orgullo de mujer dominada—. Tengo que ir a salvar ese hogar entonces.
Una sonrisa inevitable se dibuja en mi rostro mientras guardo el teléfono. Me fascina el poder, la complicidad de mi esposa y, sobre todo, la deliciosa certeza de saberme rodeado de mujeres dispuestas a todo por pertenecer a nuestra cama.

IMAGEN CREADA CON FOTOS QUE TENGO DE LAS 3 CHICAS MENCIONADAS EN EL RELATO, CLARO ESTÁ QUE LAS PASÉ POR UN AI PARA CAMBIAR CIERTOS DETALLES PORQUE NO QUIERO COMPROMETER A DICHAS PERSONAS.
PD: Si, son historias reales, y no, no tengo ningún interés en mostrarlas públicamente.
Primero apareció ella: una tentación prohibida, un par de años menor, completamente legal pero lo suficientemente joven como para encender una chispa peligrosa. Yo sabía perfectamente qué resortes tocar con ella; compartimos el tiempo suficiente para saber qué botones oprimir y hacer que cayera de rodillas en nuestra cama si nos lo proponíamos. Sin embargo, mi esposa sentía el roce de la incomodidad con su juventud, intuyendo que mi dominio sobre esa chica sería absoluto y demasiado rápido.
Así que, buscando un equilibrio donde ambos tuviéramos el control, mi esposa tomó la iniciativa. Cogió mi teléfono con esa mirada decidida que tanto me excita y buscó a otra amiga de nuestro círculo. Bastaron un par de mensajes audaces, un juego de insinuaciones directas y la complicidad adecuada para que cayera en nuestra red. En cuestión de horas, se convirtió en nuestra segunda sumisa virtual. Ahora el teléfono arde con sus fotos explícitas, videos que nos quitan el aliento y videollamadas donde se toca para nosotros. La distancia física es el único freno temporal, ya que vive en otra ciudad, pero la tensión para el encuentro real ya se está cocinando a fuego lento.
Pero el verdadero clímax de esta semana no lo causó una pantalla, sino el orgullo herido.
Mi esposa, en un movimiento maestro de provocación, decidió confesarle a nuestra ex que ya teníamos a alguien más ocupando su lugar de devoción. La respuesta no se hizo esperar, cargada de un celo posesivo que me erizó la piel:
—¿Me están cambiando? —reclamó, herida en su orgullo de mujer dominada—. Tengo que ir a salvar ese hogar entonces.
Una sonrisa inevitable se dibuja en mi rostro mientras guardo el teléfono. Me fascina el poder, la complicidad de mi esposa y, sobre todo, la deliciosa certeza de saberme rodeado de mujeres dispuestas a todo por pertenecer a nuestra cama.

IMAGEN CREADA CON FOTOS QUE TENGO DE LAS 3 CHICAS MENCIONADAS EN EL RELATO, CLARO ESTÁ QUE LAS PASÉ POR UN AI PARA CAMBIAR CIERTOS DETALLES PORQUE NO QUIERO COMPROMETER A DICHAS PERSONAS.
PD: Si, son historias reales, y no, no tengo ningún interés en mostrarlas públicamente.
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