Había estado bailando con unas amigas y había estado tomando. Bueno, la fiesta terminó y me regresé a mi casa. En eso, veo que una moto se detiene afuera de mi casa, justo cuando yo estaba entrando. El tipo era negro de esos de cepa y estaba en una moto con una chica.
De repente, veo que empiezan como a discutir. Bueno, no les puse mucho asunto; la verdad, estaba más enfocado en cerrar la puerta de mi casa y entrar a descansar. Cuando subí a mi departamento, que queda en un segundo piso, empecé a escuchar que seguían discutiendo. Entonces, la chica pareció enojarse. Parecía que eran pareja y que ella se había molestado. También parecía que tenían un desperfecto en la moto.
Me ganó la curiosidad, así que empecé a observar por la ventana qué pasaba. Parece que venían también de algún lado, pero ella quería volver a una fiesta o algo así, pero él creo que se la quería coger. El caso es que se terminan peleando y ella se va porque estaba apurada. Veo que ella coge el teléfono, llama a alguien, y a los diez minutos llegó un carro, la chica se subió y se fue. Nuestro amigo se quedó ahí con la moto, parecía que no tenía combustible, no sé, pero estuvo ahí solo, llamaba por teléfono a alguien, pero parecía que no tenía solución su problema.
Para entonces yo tenía por ahí un par de líneas y pensé en consumirlas, hacerme una paja e irme a dormir. Mientras escuchaba la pelea me metí esas dos líneas y quedé completamente relajado, entonado, por decirlo de alguna manera. También me sentía un poco desinhibido por el efecto de esa vaina.
La verdad, en ningún momento pensé en coger. Lo que realmente me importaba era ayudarlo. Yo también soy biker y sé lo que se siente quedarse botado en la carretera, especialmente a esas horas de la madrugada.
Así que salí a la calle, me acerqué y le dije:
—Amigo, ¿qué más? ¿Cómo estás? ¿Qué pasó con tu moto?
Él me respondió:
—Nada, parece que me quedé sin combustible.
Por el acento, que ya había escuchado antes mientras discutía con la chica, noté que sonaba colombiano y supuse que no era de la ciudad.
Entonces le dije:
—Si quieres, te puedo regalar un poco de gasolina.
Yo había llenado el tanque de mi moto apenas dos días antes, así que no tenía inconveniente en darle medio litro o llenar una botella con combustible.
—Ah, listo, parcero. Muchas gracias, me salvaste —me respondió.
—Dale, no pasa nada. Para eso estamos los bikers, para ayudarnos entre nosotros —le contesté.
Después le pedí que metiera la moto al patio de mi casa. Aunque el barrio donde vivo no es peligroso, a esas horas de la madrugada cualquier lugar puede volverse riesgoso. Mientras él esperaba sentado en una pequeña vereda que hay dentro del patio, yo fui a sacar un poco de combustible de mi moto para ayudarlo.
En eso, el tipo empezó a contarme que la chica era su novia y que él quería llevársela para coger, justo lo que yo había imaginado. Sin embargo, ella quería seguir bailando, quedarse con unos amigos y continuar la fiesta. Él, en cambio, ya no quería permanecer allí.
Cuando lo vi de cerca me fijé mejor en él. Parecía jugador de fútbol: era sumamente acuerpado y robusto, fácilmente medía alrededor de 1,80 metros. Tenía unos brazos enormes, era musculoso y su contextura era la de alguien que pasaba mucho tiempo en el gimnasio.
Entonces le dije:
—Chuta, o sea que te quedaste con las ganas de culear.
Él respondió:
—Sisas parce.
En ese momento, no sé si lo dijo en serio o con alguna intención, pero añadió:
—Ahorita yo me cojo lo que sea.
—¿En serio, lo que sea? —le pregunté.
—Sí —respondió.
No quería sonar lanzado, pero tampoco interpreté ese comentario como si me estuviera tirando los perros. Pensé que simplemente lo había dicho sin intención.
Le dije:
—Mira, aquí tengo la botella con el combustible para tu moto.
Nos acercamos a su moto y él abrió el tanque. Mientras yo sostenía la botella para echarle la gasolina, sentí que se colocó detrás de mí. De repente me apretó el culo con su mano.
Me sorprendí, pero lo primero que le dije fue:
—¿Y tu novia?
—¿Qué tiene? No pasa nada.
- seguro?
—Parece que no me equivoqué.
—¿Equivocarte en qué? —pregunté.
—En que parece que te gusta la joda; coger y que también te gusta que te cojan.
—Tal vez —contesté.
Mientras colocaba la gasolina, él seguía acariciándome. Las cosas comenzaron a darse de manera natural. Como estábamos en el patio de mi casa y era de noche, desde la calle prácticamente no se veía nada. Además, no había nadie más en la casa.
Yo tampoco perdí el tiempo y le pasé la mano por encima del pantalón. Lo que sentí me sorprendió y, al mismo tiempo, me intimidó. Aun sin estar completamente excitado, daba la impresión de que tenía un tamaño considerable.
Entonces le dije:
—Bueno, entonces, ¿qué hacemos? jejej
Él respondió que estaba listo para seguir.
—De una.
—Está bien, pero con preservativo —le aclaré.
—Sí, no hay problema.
—Entonces vamos, subamos a mi cuarto.
Como todavía estaba bajo el efecto de las dos líneas que me había metido, la verdad es que no sentía muchos nervios. Aun así, tenía cierta inquietud porque era la primera vez que iba a estar con un hombre negro y conocía el estereotipo de que suelen tener una vergota. Estaba a punto de comprobar si era verdad.
Llegamos al cuarto. De inmediato, el tipo se quitó los zapatos y el pantalón, quedándose únicamente en bóxer. Yo tampoco perdí el tiempo e hice lo mismo, aunque terminé completamente desnudo.
Entonces me dijo:
—Espérame un rato, voy al baño.
—Bueno, listo —le respondí.
Antes de entrar, me preguntó:
—¿Tienes jabón?
—Sí. ¿Te vas a duchar?
—Sí, para estar más fresco y más aseado. Si vos quieres, también puedes ducharte.
Le respondí que yo ya me había duchado apenas llegué a la casa, aunque no me molestaba la idea de volver a hacerlo. De todas formas, prefería que primero entrara él.
Entró a la ducha y se dio un buen baño. Como dejó la puerta entreabierta, alcancé a verlo de reojo mientras se lavaba cuidadosamente la verga con bastante jabón.
Entonces le dije, en tono de broma:
—Ah, le estás sacando brillo.
Él se rio y respondió:
—Es que a mí me gusta que me la mamen. Como me imagino que vos sí lo vas a hacer, no quiero que huela mal por haber ido al baño o por cualquier otra cosa.
—Ah, listo. No pasa nada —le respondí.
Después de eso preferí hacerme el desentendido y me fui a la cama. Como ya me había quitado toda la ropa, me acosté boca abajo mientras lo esperaba.
Al poco rato salió del baño. Su presencia imponía bastante y, por un momento, pensé que aquella experiencia iba a ser muy intensa. Al verlo completamente desnudo pude notar que tenía un físico muy trabajado y que su pene era bastante grueso; no diría que descomunal, pero sí de un grosor considerable. Lo que más llamaba la atención era el largo: incluso en reposo parecía medir alrededor de quince o dieciséis centímetros.
Al verlo, no pude evitar pensar para mis adentros:
—Ya valí mierda.
El tipo salió de la ducha y me preguntó:
—¿Tienes una toalla?
Le presté una toalla limpia.
—Sécate con esta —le dije.
Se secó mientras yo me sentaba en la cama. Entonces vi que empezó a acercarse lentamente hacia mí. De pronto tomó su pene con la mano y lo puso frente a mi cara.
—Hágale, pues, parcero —me dijo con ese acento colombiano que, la verdad, me resultaba muy excitante.
No perdí el tiempo. Lo tomé con la mano y comencé a estimularlo poco a poco.
En ese momento todavía estaba completamente flácido. Yo había pensado que, por el tamaño que ya tenía en reposo, estaría algo erecto, pero no era así.
Mientras lo hacía, no pude evitar pensar: "Por favor, no crezcas tanto". Ya me había pasado antes que algunos penes, aunque parecían pequeños en reposo, aumentaban mucho de tamaño al excitarse. Por eso imaginé que este podía crecer bastante más.
Sin embargo, no fue así. Aumentó solo unos pocos centímetros y terminó alcanzando un tamaño aproximado de diecinueve centímetros en erección, lo cual no es poco. Continué estimulándolo con calma. Ya tenía cierta experiencia, así que procuraba hacerlo de la forma que sabía que podía resultar más placentera. Empezé a meterla en mi boca de a poco, chupando esa cabeza con todo el gusto del mundo, lamiendo de arriba a abajo, succionando como becerro y tratando de metermela toda pero no me cabía.
En un momento le pregunté:
—¿Te gusta?
Él respondió que sí.
Después me preguntó:
—¿Has tomado?
—Sí, un poco enfiestado.
Él sonrió y dijo:
—Hágale, parcero.
Seguí con lo que estaba haciendo mientras yo permanecía sentado en la cama y él de pie frente a mí. Poco a poco fui ganando más confianza. Su pene tenía una curvatura hacia abajo y, ya completamente erecto, seguía llamándome la atención por su tamaño.
Después de un rato le dije:
—Me avisas cuando quieras metérmela.
Él respondió:
—No, usted siga. Cuando usted quiera, me pide mondá y yo se la meto.
—Bueno, está bien —le respondí.
Después seguí mamándole la verga, sentado mientras él permanecía de pie frente a mí. Luego le dije que se sentara en la cama. Yo me arrodillé y continué mamándosela. Para ese momento ya me estaba volviendo loco por esa verga completamente negra y cabezona. El tipo parecía Mandingo, solo que con la verga un poco menos gruesa. Aun así, tranquilamente medía unos 19 centímetros, y yo sentía que me iban a partir.
Debí de habérsela mamado siquiera unos diez minutos. Después me levanté. Él también intentó hacerlo, pero no lo dejé. En ese momento estaba bien perra, incluso un poco dominante.
—Quédate así acostado —le dije.
Simplemente le cogí las piernas, las cerré y empecé a sentarme poco a poco, mientras frotaba la cabeza de su verga contra mi culo.
Él me dijo:
—Uy, qué rico, qué rico culo que tienes. Tienes un hermoso culo. Te voy a partir ese culo.
Le respondí:
—Cálmate, porque si me haces doler, se acaba la fiesta.
Él se rio y me dijo:
—No, tranquilo, que yo soy bueno dilatando culos.
Ya no me aguantaba la arrechera, así que fui al cajón, saqué un poco de lubricante y un preservativo. Le agarré la verga de nuevo y otra vez se la chupé. Luego cogí el condón y se lo puse. Era tan grande que prácticamente se gastó todo el preservativo al desenrollarlo.
Entonces me senté encima de él, dándole la espalda mientras permanecía sentado al filo de la cama. Poco a poco fui metiéndome esa verga. Al comienzo no entraba, pero con el lubricante empezó a pasar la cabeza. Como no era excesivamente gruesa, entraba, aunque solo hasta la mitad. La sacaba y volvía a intentarlo. Otra vez llegaba hasta la mitad y volvía a sacarla, porque no sabía si iba a aguantar los 19 centímetros completos.
Ya un poco más valiente, empecé a bajar más y más hasta que sentí que aquello me removió las tripas, pero finalmente había logrado meterme toda la verga del tipo.
Me quedé un momento quieto mientras él me agarraba de las caderas y me masajeaba el culo. Luego empecé a moverme de arriba abajo, rebotando sobre esa enorme verga negra. La curvatura que tenía hacia abajo me masajeaba completamente la próstata y la sensación era demasiado rica.
Le habré cabalgado siquiera unos tres o cuatro minutos cuando sentí que me agarró de la cintura y se levantó sin sacársela. Pensé que me iba a acostar sobre la cama, pero no. Me llevó hasta una pared y me arrimó allí.
—Agáchate.
Me agaché y le saqué el culo lo más que pude. Ahí empezó a meterla despacio y luego comenzó a darme. Se movía hacia atrás y hacia adelante, cada vez con más ritmo. Me sacaba toda la verga y volvía a metérmela por completo. Como ya estaba bien lubricado, entraba completamente y ya no me dolía.
En ese momento noté que empezó a darme como a bombo en fiesta. Cada vez iba más rápido. No era especialmente brusco, pero sí llevaba un ritmo muy intenso. Como no me dolía, simplemente me aferraba a la pared lo mejor que podía, procurando no golpearme la cabeza, mientras semejante semental negro me embestía por detrás como si fuera una puta de un video porno.
El hijo de puta seguía dándome y me decía:
—Qué rico culo que tienes.
Yo le pregunté:
—¿En serio te gusta papi?
—Sí, me encanta. Aprietas riquísimo. Y estas nalgas redonditas, uffff.
Entonces empezó a nalguearme. Me dejaba las nalgas completamente rojas. También me agarraba de la cintura, luego de las caderas, me pellizcaba los pezones y hasta me jaló un poco del pelo, aunque lo hizo con sutileza; no me dolió ni me molestó.
Seguía dándome y dándome hasta que, de repente, se sacó la verga. Yo pensé que había terminado.
Entonces me preguntó:
—¿Tienes otro condón?
—Sí. ¿Por qué?
—¿Será que podemos usarlo?
—¿Qué pasó? ¿Se rompió o se salió?
—No. Lo que quiero es que me la mames de nuevo.
—Bueno, dale. No hay problema, pero pásate un pañito primero.
—Listo, listo.
El tipo seguía bien arrecho y quería que se la mamara otra vez. Y bueno, ¿cómo no iba a complacerlo si tenía semejante vergota y era semejante semental?
Fui al cajón y saqué otro condón. El tipo fue al baño, se pasó un pañito y se lavó un poco la verga para quitar el olor a látex. Luego se acostó en la cama y me dijo:
—Venga parcero. Quiero que vengas desde abajo, gateando, desde el filo de la cama hasta acá.
Le obedecí. Empecé a avanzar de rodillas hacia él hasta llegar a su verga y comencé a mamársela de nuevo. Al principio todavía tenía un ligero sabor a látex, a pesar de que se había lavado y pasado un pañito húmedo. Sin embargo, después de un rato ese sabor desapareció por completo y solo quedó ese olor a verga que tanto me excitaba. Eso sí, el tipo era muy aseado.
Mientras le mamaba la verga, le acariciaba el pecho. Tenía un pecho enorme, unos brazos riquísimos y olía a macho como no tienen idea. Yo estaba completamente excitado, como una puta en celo. Solo quería meterme esa verga en la boca lo más que pudiera.
Mientras tanto, él repetía:
—Qué rico te la chupas. Uy, parcero, qué rico me la chupas. Uy, usted mama el huevo una chimba.
La verdad, yo no sabía exactamente qué quería decir con esa expresión. Lo que sí noté fue que siempre me trató como hombre. Nunca me dijo cosas como "qué puta" o "qué perrita". Siempre me decía "parcero", "brother". Pero yo em sentía como una completa puta.
Yo seguía mamándole la verga. Se la lamía, se la masturbaba y le chupaba la cabeza de arriba abajo. Después le agarré las bolas y empecé a chupárselas mientras seguía masturbándolo. Él simplemente suspiraba de placer.
Debí de estar así otros diez minutos. La verdad, podía haber pasado horas haciéndolo.
Pero llegó un momento en que ya no aguantó más y me dijo que quería metérmela otra vez.
—¿Ya no quieres que te la chupe? —le pregunté.
—Uy, no, parce. Usted chupa riquísimo la verga, pero la verdad es que ya quiero darle otra vez por ese culo.
—Dale. ¿Cómo me pongo?
—¿Cómo te gusta?
—A mí sí me gusta en cuatro.
—Dale, pues.
Entonces él se puso de pie junto a la cama y yo hice lo mismo. Después me acomodé en cuatro, dándole el culo, y empecé a menearme mientras con las manos me abría las dos nalgas para facilitarle la entrada.
Él agarró su verga y empezó a darme pequeños golpes en las nalgas con ella. Después comenzó a masajearme el culo con la punta del pene.
Antes de metérmela, volvió a acercarse a mi cara y, otra vez, me puso la verga en la boca. Me hizo mamársela mientras yo seguía en cuatro y él permanecía de pie al filo de la cama.
Yo simplemente seguía mamándosela y chupándosela. Él empezó a culearme la boca. Se movía lentamente y me metía casi toda la verga, hasta donde yo alcanzaba a aguantar.
Mientras lo hacía, decía:
—Uy, qué rico, parce. Qué rico. ¿Te gusta mi verga?
—Sí, me encanta. Me encanta tu verga, papi. Está enorme.
Por momentos daba la impresión de que estaba celebrando que la novia se hubiera ido, porque parecía estar disfrutando conmigo tanto como, según él, habría disfrutado con ella.
Después de un rato dejó de culiarme la boca y volvió a colocarse detrás de mí mientras yo seguía en cuatro.
Continuará parte 2.....
De repente, veo que empiezan como a discutir. Bueno, no les puse mucho asunto; la verdad, estaba más enfocado en cerrar la puerta de mi casa y entrar a descansar. Cuando subí a mi departamento, que queda en un segundo piso, empecé a escuchar que seguían discutiendo. Entonces, la chica pareció enojarse. Parecía que eran pareja y que ella se había molestado. También parecía que tenían un desperfecto en la moto.
Me ganó la curiosidad, así que empecé a observar por la ventana qué pasaba. Parece que venían también de algún lado, pero ella quería volver a una fiesta o algo así, pero él creo que se la quería coger. El caso es que se terminan peleando y ella se va porque estaba apurada. Veo que ella coge el teléfono, llama a alguien, y a los diez minutos llegó un carro, la chica se subió y se fue. Nuestro amigo se quedó ahí con la moto, parecía que no tenía combustible, no sé, pero estuvo ahí solo, llamaba por teléfono a alguien, pero parecía que no tenía solución su problema.
Para entonces yo tenía por ahí un par de líneas y pensé en consumirlas, hacerme una paja e irme a dormir. Mientras escuchaba la pelea me metí esas dos líneas y quedé completamente relajado, entonado, por decirlo de alguna manera. También me sentía un poco desinhibido por el efecto de esa vaina.
La verdad, en ningún momento pensé en coger. Lo que realmente me importaba era ayudarlo. Yo también soy biker y sé lo que se siente quedarse botado en la carretera, especialmente a esas horas de la madrugada.
Así que salí a la calle, me acerqué y le dije:
—Amigo, ¿qué más? ¿Cómo estás? ¿Qué pasó con tu moto?
Él me respondió:
—Nada, parece que me quedé sin combustible.
Por el acento, que ya había escuchado antes mientras discutía con la chica, noté que sonaba colombiano y supuse que no era de la ciudad.
Entonces le dije:
—Si quieres, te puedo regalar un poco de gasolina.
Yo había llenado el tanque de mi moto apenas dos días antes, así que no tenía inconveniente en darle medio litro o llenar una botella con combustible.
—Ah, listo, parcero. Muchas gracias, me salvaste —me respondió.
—Dale, no pasa nada. Para eso estamos los bikers, para ayudarnos entre nosotros —le contesté.
Después le pedí que metiera la moto al patio de mi casa. Aunque el barrio donde vivo no es peligroso, a esas horas de la madrugada cualquier lugar puede volverse riesgoso. Mientras él esperaba sentado en una pequeña vereda que hay dentro del patio, yo fui a sacar un poco de combustible de mi moto para ayudarlo.
En eso, el tipo empezó a contarme que la chica era su novia y que él quería llevársela para coger, justo lo que yo había imaginado. Sin embargo, ella quería seguir bailando, quedarse con unos amigos y continuar la fiesta. Él, en cambio, ya no quería permanecer allí.
Cuando lo vi de cerca me fijé mejor en él. Parecía jugador de fútbol: era sumamente acuerpado y robusto, fácilmente medía alrededor de 1,80 metros. Tenía unos brazos enormes, era musculoso y su contextura era la de alguien que pasaba mucho tiempo en el gimnasio.
Entonces le dije:
—Chuta, o sea que te quedaste con las ganas de culear.
Él respondió:
—Sisas parce.
En ese momento, no sé si lo dijo en serio o con alguna intención, pero añadió:
—Ahorita yo me cojo lo que sea.
—¿En serio, lo que sea? —le pregunté.
—Sí —respondió.
No quería sonar lanzado, pero tampoco interpreté ese comentario como si me estuviera tirando los perros. Pensé que simplemente lo había dicho sin intención.
Le dije:
—Mira, aquí tengo la botella con el combustible para tu moto.
Nos acercamos a su moto y él abrió el tanque. Mientras yo sostenía la botella para echarle la gasolina, sentí que se colocó detrás de mí. De repente me apretó el culo con su mano.
Me sorprendí, pero lo primero que le dije fue:
—¿Y tu novia?
—¿Qué tiene? No pasa nada.
- seguro?
—Parece que no me equivoqué.
—¿Equivocarte en qué? —pregunté.
—En que parece que te gusta la joda; coger y que también te gusta que te cojan.
—Tal vez —contesté.
Mientras colocaba la gasolina, él seguía acariciándome. Las cosas comenzaron a darse de manera natural. Como estábamos en el patio de mi casa y era de noche, desde la calle prácticamente no se veía nada. Además, no había nadie más en la casa.
Yo tampoco perdí el tiempo y le pasé la mano por encima del pantalón. Lo que sentí me sorprendió y, al mismo tiempo, me intimidó. Aun sin estar completamente excitado, daba la impresión de que tenía un tamaño considerable.
Entonces le dije:
—Bueno, entonces, ¿qué hacemos? jejej
Él respondió que estaba listo para seguir.
—De una.
—Está bien, pero con preservativo —le aclaré.
—Sí, no hay problema.
—Entonces vamos, subamos a mi cuarto.
Como todavía estaba bajo el efecto de las dos líneas que me había metido, la verdad es que no sentía muchos nervios. Aun así, tenía cierta inquietud porque era la primera vez que iba a estar con un hombre negro y conocía el estereotipo de que suelen tener una vergota. Estaba a punto de comprobar si era verdad.
Llegamos al cuarto. De inmediato, el tipo se quitó los zapatos y el pantalón, quedándose únicamente en bóxer. Yo tampoco perdí el tiempo e hice lo mismo, aunque terminé completamente desnudo.
Entonces me dijo:
—Espérame un rato, voy al baño.
—Bueno, listo —le respondí.
Antes de entrar, me preguntó:
—¿Tienes jabón?
—Sí. ¿Te vas a duchar?
—Sí, para estar más fresco y más aseado. Si vos quieres, también puedes ducharte.
Le respondí que yo ya me había duchado apenas llegué a la casa, aunque no me molestaba la idea de volver a hacerlo. De todas formas, prefería que primero entrara él.
Entró a la ducha y se dio un buen baño. Como dejó la puerta entreabierta, alcancé a verlo de reojo mientras se lavaba cuidadosamente la verga con bastante jabón.
Entonces le dije, en tono de broma:
—Ah, le estás sacando brillo.
Él se rio y respondió:
—Es que a mí me gusta que me la mamen. Como me imagino que vos sí lo vas a hacer, no quiero que huela mal por haber ido al baño o por cualquier otra cosa.
—Ah, listo. No pasa nada —le respondí.
Después de eso preferí hacerme el desentendido y me fui a la cama. Como ya me había quitado toda la ropa, me acosté boca abajo mientras lo esperaba.
Al poco rato salió del baño. Su presencia imponía bastante y, por un momento, pensé que aquella experiencia iba a ser muy intensa. Al verlo completamente desnudo pude notar que tenía un físico muy trabajado y que su pene era bastante grueso; no diría que descomunal, pero sí de un grosor considerable. Lo que más llamaba la atención era el largo: incluso en reposo parecía medir alrededor de quince o dieciséis centímetros.
Al verlo, no pude evitar pensar para mis adentros:
—Ya valí mierda.
El tipo salió de la ducha y me preguntó:
—¿Tienes una toalla?
Le presté una toalla limpia.
—Sécate con esta —le dije.
Se secó mientras yo me sentaba en la cama. Entonces vi que empezó a acercarse lentamente hacia mí. De pronto tomó su pene con la mano y lo puso frente a mi cara.
—Hágale, pues, parcero —me dijo con ese acento colombiano que, la verdad, me resultaba muy excitante.
No perdí el tiempo. Lo tomé con la mano y comencé a estimularlo poco a poco.
En ese momento todavía estaba completamente flácido. Yo había pensado que, por el tamaño que ya tenía en reposo, estaría algo erecto, pero no era así.
Mientras lo hacía, no pude evitar pensar: "Por favor, no crezcas tanto". Ya me había pasado antes que algunos penes, aunque parecían pequeños en reposo, aumentaban mucho de tamaño al excitarse. Por eso imaginé que este podía crecer bastante más.
Sin embargo, no fue así. Aumentó solo unos pocos centímetros y terminó alcanzando un tamaño aproximado de diecinueve centímetros en erección, lo cual no es poco. Continué estimulándolo con calma. Ya tenía cierta experiencia, así que procuraba hacerlo de la forma que sabía que podía resultar más placentera. Empezé a meterla en mi boca de a poco, chupando esa cabeza con todo el gusto del mundo, lamiendo de arriba a abajo, succionando como becerro y tratando de metermela toda pero no me cabía.
En un momento le pregunté:
—¿Te gusta?
Él respondió que sí.
Después me preguntó:
—¿Has tomado?
—Sí, un poco enfiestado.
Él sonrió y dijo:
—Hágale, parcero.
Seguí con lo que estaba haciendo mientras yo permanecía sentado en la cama y él de pie frente a mí. Poco a poco fui ganando más confianza. Su pene tenía una curvatura hacia abajo y, ya completamente erecto, seguía llamándome la atención por su tamaño.
Después de un rato le dije:
—Me avisas cuando quieras metérmela.
Él respondió:
—No, usted siga. Cuando usted quiera, me pide mondá y yo se la meto.
—Bueno, está bien —le respondí.
Después seguí mamándole la verga, sentado mientras él permanecía de pie frente a mí. Luego le dije que se sentara en la cama. Yo me arrodillé y continué mamándosela. Para ese momento ya me estaba volviendo loco por esa verga completamente negra y cabezona. El tipo parecía Mandingo, solo que con la verga un poco menos gruesa. Aun así, tranquilamente medía unos 19 centímetros, y yo sentía que me iban a partir.
Debí de habérsela mamado siquiera unos diez minutos. Después me levanté. Él también intentó hacerlo, pero no lo dejé. En ese momento estaba bien perra, incluso un poco dominante.
—Quédate así acostado —le dije.
Simplemente le cogí las piernas, las cerré y empecé a sentarme poco a poco, mientras frotaba la cabeza de su verga contra mi culo.
Él me dijo:
—Uy, qué rico, qué rico culo que tienes. Tienes un hermoso culo. Te voy a partir ese culo.
Le respondí:
—Cálmate, porque si me haces doler, se acaba la fiesta.
Él se rio y me dijo:
—No, tranquilo, que yo soy bueno dilatando culos.
Ya no me aguantaba la arrechera, así que fui al cajón, saqué un poco de lubricante y un preservativo. Le agarré la verga de nuevo y otra vez se la chupé. Luego cogí el condón y se lo puse. Era tan grande que prácticamente se gastó todo el preservativo al desenrollarlo.
Entonces me senté encima de él, dándole la espalda mientras permanecía sentado al filo de la cama. Poco a poco fui metiéndome esa verga. Al comienzo no entraba, pero con el lubricante empezó a pasar la cabeza. Como no era excesivamente gruesa, entraba, aunque solo hasta la mitad. La sacaba y volvía a intentarlo. Otra vez llegaba hasta la mitad y volvía a sacarla, porque no sabía si iba a aguantar los 19 centímetros completos.
Ya un poco más valiente, empecé a bajar más y más hasta que sentí que aquello me removió las tripas, pero finalmente había logrado meterme toda la verga del tipo.
Me quedé un momento quieto mientras él me agarraba de las caderas y me masajeaba el culo. Luego empecé a moverme de arriba abajo, rebotando sobre esa enorme verga negra. La curvatura que tenía hacia abajo me masajeaba completamente la próstata y la sensación era demasiado rica.
Le habré cabalgado siquiera unos tres o cuatro minutos cuando sentí que me agarró de la cintura y se levantó sin sacársela. Pensé que me iba a acostar sobre la cama, pero no. Me llevó hasta una pared y me arrimó allí.
—Agáchate.
Me agaché y le saqué el culo lo más que pude. Ahí empezó a meterla despacio y luego comenzó a darme. Se movía hacia atrás y hacia adelante, cada vez con más ritmo. Me sacaba toda la verga y volvía a metérmela por completo. Como ya estaba bien lubricado, entraba completamente y ya no me dolía.
En ese momento noté que empezó a darme como a bombo en fiesta. Cada vez iba más rápido. No era especialmente brusco, pero sí llevaba un ritmo muy intenso. Como no me dolía, simplemente me aferraba a la pared lo mejor que podía, procurando no golpearme la cabeza, mientras semejante semental negro me embestía por detrás como si fuera una puta de un video porno.
El hijo de puta seguía dándome y me decía:
—Qué rico culo que tienes.
Yo le pregunté:
—¿En serio te gusta papi?
—Sí, me encanta. Aprietas riquísimo. Y estas nalgas redonditas, uffff.
Entonces empezó a nalguearme. Me dejaba las nalgas completamente rojas. También me agarraba de la cintura, luego de las caderas, me pellizcaba los pezones y hasta me jaló un poco del pelo, aunque lo hizo con sutileza; no me dolió ni me molestó.
Seguía dándome y dándome hasta que, de repente, se sacó la verga. Yo pensé que había terminado.
Entonces me preguntó:
—¿Tienes otro condón?
—Sí. ¿Por qué?
—¿Será que podemos usarlo?
—¿Qué pasó? ¿Se rompió o se salió?
—No. Lo que quiero es que me la mames de nuevo.
—Bueno, dale. No hay problema, pero pásate un pañito primero.
—Listo, listo.
El tipo seguía bien arrecho y quería que se la mamara otra vez. Y bueno, ¿cómo no iba a complacerlo si tenía semejante vergota y era semejante semental?
Fui al cajón y saqué otro condón. El tipo fue al baño, se pasó un pañito y se lavó un poco la verga para quitar el olor a látex. Luego se acostó en la cama y me dijo:
—Venga parcero. Quiero que vengas desde abajo, gateando, desde el filo de la cama hasta acá.
Le obedecí. Empecé a avanzar de rodillas hacia él hasta llegar a su verga y comencé a mamársela de nuevo. Al principio todavía tenía un ligero sabor a látex, a pesar de que se había lavado y pasado un pañito húmedo. Sin embargo, después de un rato ese sabor desapareció por completo y solo quedó ese olor a verga que tanto me excitaba. Eso sí, el tipo era muy aseado.
Mientras le mamaba la verga, le acariciaba el pecho. Tenía un pecho enorme, unos brazos riquísimos y olía a macho como no tienen idea. Yo estaba completamente excitado, como una puta en celo. Solo quería meterme esa verga en la boca lo más que pudiera.
Mientras tanto, él repetía:
—Qué rico te la chupas. Uy, parcero, qué rico me la chupas. Uy, usted mama el huevo una chimba.
La verdad, yo no sabía exactamente qué quería decir con esa expresión. Lo que sí noté fue que siempre me trató como hombre. Nunca me dijo cosas como "qué puta" o "qué perrita". Siempre me decía "parcero", "brother". Pero yo em sentía como una completa puta.
Yo seguía mamándole la verga. Se la lamía, se la masturbaba y le chupaba la cabeza de arriba abajo. Después le agarré las bolas y empecé a chupárselas mientras seguía masturbándolo. Él simplemente suspiraba de placer.
Debí de estar así otros diez minutos. La verdad, podía haber pasado horas haciéndolo.
Pero llegó un momento en que ya no aguantó más y me dijo que quería metérmela otra vez.
—¿Ya no quieres que te la chupe? —le pregunté.
—Uy, no, parce. Usted chupa riquísimo la verga, pero la verdad es que ya quiero darle otra vez por ese culo.
—Dale. ¿Cómo me pongo?
—¿Cómo te gusta?
—A mí sí me gusta en cuatro.
—Dale, pues.
Entonces él se puso de pie junto a la cama y yo hice lo mismo. Después me acomodé en cuatro, dándole el culo, y empecé a menearme mientras con las manos me abría las dos nalgas para facilitarle la entrada.
Él agarró su verga y empezó a darme pequeños golpes en las nalgas con ella. Después comenzó a masajearme el culo con la punta del pene.
Antes de metérmela, volvió a acercarse a mi cara y, otra vez, me puso la verga en la boca. Me hizo mamársela mientras yo seguía en cuatro y él permanecía de pie al filo de la cama.
Yo simplemente seguía mamándosela y chupándosela. Él empezó a culearme la boca. Se movía lentamente y me metía casi toda la verga, hasta donde yo alcanzaba a aguantar.
Mientras lo hacía, decía:
—Uy, qué rico, parce. Qué rico. ¿Te gusta mi verga?
—Sí, me encanta. Me encanta tu verga, papi. Está enorme.
Por momentos daba la impresión de que estaba celebrando que la novia se hubiera ido, porque parecía estar disfrutando conmigo tanto como, según él, habría disfrutado con ella.
Después de un rato dejó de culiarme la boca y volvió a colocarse detrás de mí mientras yo seguía en cuatro.
Continuará parte 2.....
0 comentarios - Mi primera vez con un negro (25 años y 19cm) Parte 1