Video en: https://magic.ly/siempretanga69
Hola, cómo están? Espero que muy bien. Bueno, siéntense/acuéstense tranquilos, saquen sus pijas, y prepárense, porque les voy a contar esto con lujo y detalles, exactamente como me gusta a mí.
Todavía puedo sentir el calor en el cuerpo de lo que pasó el viernes. Se me hace agua la conchita y se me vuelve a abrir el orto de sólo recordar.
Sin más preámbulos, vamos.
Todo empezó entre comentarios en el gimnasio, decir "ya vamos a comer algo", "ya vamos a tomar algo", y un día de la nada me dijeron "boluda estás al pedo este viernes? Si querés nos podemos juntar". Así que así fue que el viernes, empecé tempranito a prepararme, vestido blanco apretado, no muy largo, sin corpiño, y con una linda tanguita negra con 2 diminutos triángulos atrás y adelante, además de una línea muy finita en el medio, tan finita que podía sentir mi concha comiéndola toda.
Llegué cerca de las 12 de la noche. El ambiente estaba ideal: luces bajas, un perfume a hombre que te volvía loca apenas entrabas y ellos dos, Nico y Mauro, esperándome con una sonrisa de esas que te dicen todo sin hablar. Empezamos en la mesa, muy tranquilos. Habían pedido algo liviano, un poco de sushi y unas picadas, pero el protagonista fue el vino blanco dulce, bien frío, bajaba como jugo y nos iba soltando la lengua.
La charla iba tranquila. Hablamos de todo un poco, de sus relaciones, de mi esposo, de mi hija. Pero podía sentir que no dejaban de mirarme con deseo. Me sentía una presa a punto de ser devorada, en un momento hubo un silencio largo, en el que me miraban de arriba a abajo, y para cortar un poquito ese silencio les hablé de mis rutinas en el gimnasio. Nico, que estaba al lado mío, empezó con los jueguitos; "Sí, se nota que estás haciendo bien las sentadillas", me dijo, y me apoyó la mano en el muslo, subiendo un poquito, apenas, lo suficiente para que yo sintiera la electricidad. Pude notar que le guiñó el ojo a Mauro, un poco más "tímido", y desde el otro lado, se sumó: "A ver esos brazos...", y me agarró un brazo para 'revisar' mis músculos, pero terminó recorriéndome los hombros y rozando con el pulgar el borde de mi escote.
Yo no me quedé atrás, ustedes saben que me encanta provocar. Me serví más vino, arqueé bien la espalda para que mis grandes tetas y pezones resaltaran contra el vestido y les dije, mirándolos fijo: "Ustedes también están más grandes, no? A ver, quiero tocar yo ahora". Les apreté los bíceps, les pasé las manos por el pecho y la tensión ya era insoportable. El aire estaba caliente de tanto deseo.
En un momento, me levanté para ir al living, "vengan" dije, y ellos me siguieron como dos sombras. Me agarraron entre los dos antes de llegar al sillón. Fue un beso compartido, una locura: mientras uno me devoraba la boca, el otro me besaba el cuello y me apretaba las gomas por encima de la tela, hasta que entre beso y beso me fueron sacando el vestido y quedé ahí, en tacos, con mis tetas al aire, y con mi hermosa tanguita, entregada.
Me puse de rodillas, porque me moría por probarlos de una vez. Les bajé los pantalones y fue como entrar al paraíso. Primero agarré a Mauro. Me tomé mi tiempo, chupé su rica pija con una calma que lo hacía gemir como un loco, disfrutando de sentir con mi lengua su mojada cabecita. Después pasé a Nico, que ya no aguantaba más, y le hice lo mismo, recorriendo cada vena, cada centímetro, saboreando el líquido preseminal que ya estaba brotando. Al final, los puse a los dos juntos, uno al lado del otro, y me metí ambas pijas en la boca.
Fue como estar en un tenedor libre; sentía las dos pijas en mi boquita, el olor de ellos, el calor, era una imagen que me ponía a mil, y lo sigue siendo hasta este momento que recuerdo mientras escribo.
Después me subieron al sillón. Me acostaron y Mauro se me puso entre las piernas. "Dios, hace cuánto te está comiendo así la concha esa tanga?" dijo antes de sacarla. Sentir su lengua en mi concha mientras Nico se me ponía arriba para cogerme la boca fue el cielo. Me volvía loca tener uno abajo chupándome la concha sin parar y al otro atorándome con su pija.
Después cambiamos, me pusieron en 4, Nico se puso atrás mío y Mauro vino a darme su hermosa pija en la boca. Empezó a cogerme con ganas, con mucho deseo, dándome unas embestidas que me hacían temblar, mientras yo trataba de no desconcentrarme haciendo disfrutar a Mauro de un hermoso pete.
En este momento saqué la pija de mi boca y les dije que no daba más de calentura, le dije a Mauro que se siente, se sentó en el sillón, me puse encima suyo, y empecé a montarlo, sintiendo su pija entrando y saliendo mientras no paraba de decirme "dios, qué hija de puta", chocando su cara con mis tetas, escupí mis dedos y los llevé a mi ano, metiendo 2 dedos como si nada de la misma calentura. Lo miré a Nico que no paraba de mirarnos pajeándose, y le dije "rompeme el orto". Él no lo podía creer. Yo tampoco. Ninguno de los 3.
Se puso detrás mío. Y ahí se dio lo que tanto quería; sentí a Nico empujando su pija en mi orto, hasta que sentí su cabeza entrar, de a poco hasta chocar completamente contra mi orto, sí, ya tenía toda su pija bien adentro de mi orto. Esa doble penetración fue lo más fuerte y glorioso que viví. Sentir a los dos adentro mío, uno por cada lado, rompiéndome, llenándome cada rincón, era una presión increíble que me hacía gritarles de todo. Me agarraban de las tetas, me las apretaban con fuerza mientras me cogían a un ritmo que me volvía loca.
El final fue para el recuerdo. Nico, que estaba atrás mío, me dio las últimas embestidas bien profundas, dió un fuerte grito, una última embestida hasta el fondo, y sentí clarito cómo me llenaba el orto de leche. Fue un calor interno que me recorrió toda la columna. Y justo ahí, Mauro me pidió que me arrodille rápido en el piso, lo hice lo más rápido posible, se paró, pegó su pija a mi cara y, con un gemido final, me llenó toda mi hermosa carita de leche. Sentía los chorros calientes en los ojos, en los cachetes, en los labios... una lluvia de leche espesa que me dejó extasiada.
Cuando terminaron, me quedé arrodillada como putita, pasando los dedos de una mano por mi cara y llevando la leche a mi boca, tragando cada resto, colando los deditos de la otra mano en mi concha y mi orto. Después de un rico gemido, agarré la pija de Nico mientras continuaba temblando y pasé la lengua por toda su cabecita, limpiándolo bien, saboreando cada última gota.
Así terminé la noche, rota, llena de leche.
Y con ganas de repetir, a pesar de los dolores posteriores, hasta llegué a pensar en lo lindo que sería una persona más en el acto.
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Video de la doble penetración en: https://magic.ly/siempretanga69
Hola, cómo están? Espero que muy bien. Bueno, siéntense/acuéstense tranquilos, saquen sus pijas, y prepárense, porque les voy a contar esto con lujo y detalles, exactamente como me gusta a mí.
Todavía puedo sentir el calor en el cuerpo de lo que pasó el viernes. Se me hace agua la conchita y se me vuelve a abrir el orto de sólo recordar.
Sin más preámbulos, vamos.
Todo empezó entre comentarios en el gimnasio, decir "ya vamos a comer algo", "ya vamos a tomar algo", y un día de la nada me dijeron "boluda estás al pedo este viernes? Si querés nos podemos juntar". Así que así fue que el viernes, empecé tempranito a prepararme, vestido blanco apretado, no muy largo, sin corpiño, y con una linda tanguita negra con 2 diminutos triángulos atrás y adelante, además de una línea muy finita en el medio, tan finita que podía sentir mi concha comiéndola toda.
Llegué cerca de las 12 de la noche. El ambiente estaba ideal: luces bajas, un perfume a hombre que te volvía loca apenas entrabas y ellos dos, Nico y Mauro, esperándome con una sonrisa de esas que te dicen todo sin hablar. Empezamos en la mesa, muy tranquilos. Habían pedido algo liviano, un poco de sushi y unas picadas, pero el protagonista fue el vino blanco dulce, bien frío, bajaba como jugo y nos iba soltando la lengua.
La charla iba tranquila. Hablamos de todo un poco, de sus relaciones, de mi esposo, de mi hija. Pero podía sentir que no dejaban de mirarme con deseo. Me sentía una presa a punto de ser devorada, en un momento hubo un silencio largo, en el que me miraban de arriba a abajo, y para cortar un poquito ese silencio les hablé de mis rutinas en el gimnasio. Nico, que estaba al lado mío, empezó con los jueguitos; "Sí, se nota que estás haciendo bien las sentadillas", me dijo, y me apoyó la mano en el muslo, subiendo un poquito, apenas, lo suficiente para que yo sintiera la electricidad. Pude notar que le guiñó el ojo a Mauro, un poco más "tímido", y desde el otro lado, se sumó: "A ver esos brazos...", y me agarró un brazo para 'revisar' mis músculos, pero terminó recorriéndome los hombros y rozando con el pulgar el borde de mi escote.
Yo no me quedé atrás, ustedes saben que me encanta provocar. Me serví más vino, arqueé bien la espalda para que mis grandes tetas y pezones resaltaran contra el vestido y les dije, mirándolos fijo: "Ustedes también están más grandes, no? A ver, quiero tocar yo ahora". Les apreté los bíceps, les pasé las manos por el pecho y la tensión ya era insoportable. El aire estaba caliente de tanto deseo.
En un momento, me levanté para ir al living, "vengan" dije, y ellos me siguieron como dos sombras. Me agarraron entre los dos antes de llegar al sillón. Fue un beso compartido, una locura: mientras uno me devoraba la boca, el otro me besaba el cuello y me apretaba las gomas por encima de la tela, hasta que entre beso y beso me fueron sacando el vestido y quedé ahí, en tacos, con mis tetas al aire, y con mi hermosa tanguita, entregada.
Me puse de rodillas, porque me moría por probarlos de una vez. Les bajé los pantalones y fue como entrar al paraíso. Primero agarré a Mauro. Me tomé mi tiempo, chupé su rica pija con una calma que lo hacía gemir como un loco, disfrutando de sentir con mi lengua su mojada cabecita. Después pasé a Nico, que ya no aguantaba más, y le hice lo mismo, recorriendo cada vena, cada centímetro, saboreando el líquido preseminal que ya estaba brotando. Al final, los puse a los dos juntos, uno al lado del otro, y me metí ambas pijas en la boca.
Fue como estar en un tenedor libre; sentía las dos pijas en mi boquita, el olor de ellos, el calor, era una imagen que me ponía a mil, y lo sigue siendo hasta este momento que recuerdo mientras escribo.
Después me subieron al sillón. Me acostaron y Mauro se me puso entre las piernas. "Dios, hace cuánto te está comiendo así la concha esa tanga?" dijo antes de sacarla. Sentir su lengua en mi concha mientras Nico se me ponía arriba para cogerme la boca fue el cielo. Me volvía loca tener uno abajo chupándome la concha sin parar y al otro atorándome con su pija.
Después cambiamos, me pusieron en 4, Nico se puso atrás mío y Mauro vino a darme su hermosa pija en la boca. Empezó a cogerme con ganas, con mucho deseo, dándome unas embestidas que me hacían temblar, mientras yo trataba de no desconcentrarme haciendo disfrutar a Mauro de un hermoso pete.
En este momento saqué la pija de mi boca y les dije que no daba más de calentura, le dije a Mauro que se siente, se sentó en el sillón, me puse encima suyo, y empecé a montarlo, sintiendo su pija entrando y saliendo mientras no paraba de decirme "dios, qué hija de puta", chocando su cara con mis tetas, escupí mis dedos y los llevé a mi ano, metiendo 2 dedos como si nada de la misma calentura. Lo miré a Nico que no paraba de mirarnos pajeándose, y le dije "rompeme el orto". Él no lo podía creer. Yo tampoco. Ninguno de los 3.
Se puso detrás mío. Y ahí se dio lo que tanto quería; sentí a Nico empujando su pija en mi orto, hasta que sentí su cabeza entrar, de a poco hasta chocar completamente contra mi orto, sí, ya tenía toda su pija bien adentro de mi orto. Esa doble penetración fue lo más fuerte y glorioso que viví. Sentir a los dos adentro mío, uno por cada lado, rompiéndome, llenándome cada rincón, era una presión increíble que me hacía gritarles de todo. Me agarraban de las tetas, me las apretaban con fuerza mientras me cogían a un ritmo que me volvía loca.
El final fue para el recuerdo. Nico, que estaba atrás mío, me dio las últimas embestidas bien profundas, dió un fuerte grito, una última embestida hasta el fondo, y sentí clarito cómo me llenaba el orto de leche. Fue un calor interno que me recorrió toda la columna. Y justo ahí, Mauro me pidió que me arrodille rápido en el piso, lo hice lo más rápido posible, se paró, pegó su pija a mi cara y, con un gemido final, me llenó toda mi hermosa carita de leche. Sentía los chorros calientes en los ojos, en los cachetes, en los labios... una lluvia de leche espesa que me dejó extasiada.
Cuando terminaron, me quedé arrodillada como putita, pasando los dedos de una mano por mi cara y llevando la leche a mi boca, tragando cada resto, colando los deditos de la otra mano en mi concha y mi orto. Después de un rico gemido, agarré la pija de Nico mientras continuaba temblando y pasé la lengua por toda su cabecita, limpiándolo bien, saboreando cada última gota.
Así terminé la noche, rota, llena de leche.
Y con ganas de repetir, a pesar de los dolores posteriores, hasta llegué a pensar en lo lindo que sería una persona más en el acto.
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Video de la doble penetración en: https://magic.ly/siempretanga69
1 comentarios - Me junté con 2 chicos del gym y me destrozaron (hay video)