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La Botarga y el Secreto

Hola hola chicos :3, nuevamente de nuevo por acá dejando un relatillo. Si bien son relatos realizados desde la fantasía, lo mas probable es que puedan estar basado en la realidad. En fin pronto se vienen mas relatos interesantes, no se olviden de puntear y comentar para saber que relato desean que tenga continuación. 


Lucía era una chica soltera de 24 años, blanca como laporcelana, con un culo grande y redondo que hacía que sus leggins de gimnasioparecieran a punto de explotar. Sus tetas eran regulares, firmes, perfectaspara su complexión atlética. Tenía piernas trabajadas por horas en el gym ypelo negro largo que caía como una cascada por su espalda. De día estudiabaEducación Inicial en la universidad y por las tardes se convertía en animadorade fiestas infantiles, metiéndose dentro de coloridas trajes y conjuntos, juntoa su compañero de shows: Mateo. Mateo era alumno de Derecho, medía 1.85,delgado pero alto, con cara común y corriente. No era un modelo, pero habíaalgo en él que la atraía. Habían actuado juntos decenas de veces. Ella siemprepensó que el interés de él era romántico, tierno. Hasta aquella tarde en que,dentro de la botarga, rozó con su mano accidentalmente su entrepierna y sintióun bulto grueso, pesado, que la dejó pensando el resto del día.
Un sábado por la tarde, después de un show, Mateo la invitóa su departamento. Pasaron el rato viendo series, comiendo pizza. En un momentoél fue al baño y ella le pidió:
Luci: ¿me prestas tu laptop? Quiero subir unas fotos aInstagram. Ella la abrió sin mala intención. Pero al mover el cursor, lacarpeta “Fiestas” se abrió sola. Fotos de ella. Muchas. Cambiándose de ropaentre shows, agachándose para recoger juguetes con ese culo enorme marcándoseen los pantalones cortos, fotos robadas de sus redes. Y entonces encontró elvideo. Mateo, sentado en la misma cama donde ella estaba ahora, con la pollafuera. No era una polla cualquiera. Medía unos 23 cm, gruesa como su muñeca,con venas marcadas que palpitaban mientras se masturbaba. La cabeza hinchada,brillante. Lucía se quedó congelada, respirando agitada. El video duraba variosminutos. Él gemía su nombre bajito: “Lucía… joder, ese culo…” y la foto de ella,la más sugerente que tenía (una de la playa en tanga negra y haciendo un zoom asu culaso). Cerró la carpeta de golpe justo cuando él salía del baño. Seinventó una excusa y se fue casi corriendo. Llegó a su casa temblando, tomo unpar de copas de vino, pero aun así no podía sacarse esa imagen de la cabeza. Setiró en la cama, y sin darse cuenta, metió la mano dentro de sus bragas yencontró su coño completamente empapado. Se sobó el clítoris con furia,metiendo dos dedos mientras recordaba esas venas gruesas. El orgasmo le llegótan fuerte que tuvo que taparse la boca con la almohada para no gritar. Susjugos le corrieron por los muslos. Al día, luego de pensar toda la noche su decisión,le escribió: “Necesitamos hablar. En tu casa. Ahora.”
 

La Botarga y el Secreto



Mateo abrió la puerta nervioso. Lucía entró hecha una furia,pero con las mejillas rojas y la respiración entrecortada.
 —¿Qué carajos esesto, Mateo? —le lanzó la pregunta, y le obligo abrir la laptop, buscando lacarpeta
—. ¡Tienes fotos mías cambiándome! ¡Agachada en las fiestas!¿Desde cuándo eres un puto pervertido? Él palideció.
—Lucía… yo… lo siento. No quería que vieras eso. Me gustasdesde hace mucho, pero no solo… románticamente. Te deseo. Cada vez que te metesen esa botarga y mueves ese culo enorme… me pongo como loco. Ella lo miró conlos ojos brillando de rabia y algo más oscuro.
—¿Y esto? —reprodujo el momento donde él eyaculaba gruesomientras gemía su nombre—. Esa polla… Dios mío, Mateo. Es… monstruosa. Se hizoun silencio pesado. Lucía se mordió el labio.
—No puedo dejar de pensarla —confesó casi en un susurro—. Metoqué pensando en ella anoche, confeso ella, Me corrí gritando. Mateo dio unpaso adelante, alto sobre ella.
—Entonces deja de hablar y haz algo al respecto. Lucía searrodilló lentamente, temblando. Le bajó los pantalones y esa verga gruesasaltó libre, golpeándole la cara. Las venas marcadas latían frente a sus ojos.La tomó con ambas manos, fascinada.
—Es más grande de cerca… —murmuró. Abrió la boca y la metió.Chupó con hambre, babosa, dejando hilos de saliva que caían al piso. Se lametió hasta la garganta, ahogándose, con lágrimas en los ojos, pero sin parar.Mateo la agarró del pelo negro y la folló la boca con fuerza.
—Así, puta… chúpamela como la zorra que eres —gruñó. Lucíagemía alrededor de la polla, masturbándose por encima del pantalón. Cuando élno aguantó más, sacó la verga y le descargó chorros espesos y calientes en todala cara: en los ojos, mejillas, labios y pelo. Lucía jadeaba, lamiendo lo quealcanzaba con la lengua.
—Esto no se queda así —dijo ella, limpiándose con los dedosy tragando.

botarga


 
El siguiente fin de semana tenían un show infantil grande.Durante toda la fiesta la tensión era insoportable. Cada vez que se rozaban, élle apretaba disimuladamente el culo. Ella se agachaba más de lo necesario,moviendo ese culote frente a él. Las miradas eran puro fuego. Terminó el show.Apenas se quitaron las cabezas de las botargas, Mateo la arrastró al pequeñovestidor privado del salón de fiestas. No había tiempo de sacarse los trajescompletos. Lucía se arrodilló de nuevo y le sacó la polla dura como piedra,chupándola con desesperación mientras él aún tenía parte del traje dedinosaurio. Le mamó la pija ruidosamente, babeando todo el piso. Luego él lapuso de perrito, bajándole solo la parte de abajo del traje. Le metió esa vergagruesa de un solo empujón. Lucía gritó de placer cuando sintió cómo le abría elcoño. La folló duro, golpeando su culo grande con las caderas. Después la sentóen vaquera invertida, rebotando sobre esa polla mientras él le apretaba lastetas por encima del traje.
La penetraba tan profundo que le golpeaba el fondo delcuello del útero con cada embestida. Lucía se corrió dos veces, chorros dejugos cayendo por los muslos de él. Mateo la levantó, le golpeó la cara variasveces con la polla babosa, la puso sobre su cara y la obligó a chuparle lo huevoscon la lengua mientras la humillaba:
—Eres mi puta animadora, ¿verdad? Dilo.
—Sí… soy tu puta… —gemía ella. La tiró en misionero sobreuna mesa, follándola con furia, mirándola a los ojos. Cuando estaba a punto,sacó la polla y le pintó todo el traje de animadora con chorros enormes desemen espeso, dejando el disfraz arruinado.
 
Al momento de regresar a casa, sintieron que la noche aun noestaba por acabar. Apenas subieron al coche de Mateo, Lucía se lanzó sobre subragueta como una posesa. Le bajó el cierre y se metió esa polla en la bocacomo si fuera una adicta. Chupaba con obsesión, lujuria pura, tragándoselahasta la garganta, babeando, gimiendo, lamiendo las venas marcadas. Era como siesa verga hubiera atrapado su boca, su garganta y su alma entera.


—Necesito tu semen… dámelo —suplicaba entre mamadas.

show


Follaron durante casi una hora dentro del carro estacionadoen un lugar oscuro. Ella se sentó encima, rebotando, gritando. Cambiaron deposiciones entre jadeos, sudor y cristales empañados. Él se corrió dentro deella dos veces, y ella se corrió tantas que perdió la cuenta. Entre embestida yembestida, algo cambió. Los gemidos se volvieron besos más profundos. Laspalabras sucias se mezclaron con “me gustas de verdad” y “no quiero que estotermine”. Esa noche floreció algo más que lujuria. Un amor intenso, casienfermizo, que poco a poco se convirtió en una relación donde las fantasías mássucias se volvían realidad una y otra vez: en vestidores, en el carro, enhoteles… y a veces, incluso, dentro de las botargas después de los shows. Lucíahabía encontrado la polla que la obsesionaba. Mateo había encontrado a laculona que lo volvía loco. Y juntos, ya no podían parar.
 

animadora

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