Era un verano radiante en Ibiza, de esos que te derriten la piel y te llenan la cabeza de ganas de todo. Domi Faena caminaba por las calles empedradas del centro viejo, con el sol pegándole fuerte cerca de las 12:30 del mediodía. Vestía un vestido cortito que le marcaba las piernas bronceadas y unas sandalias que dejaban ver sus pies cuidados. El pelo suelto le caía sobre los hombros y llevaba unos lentes de sol. Había venido sola a desconectar, a disfrutar del verano europeo y a dejar atrás un poco el quilombo de Buenos Aires.

Tenía hambre y sed. Vio un bar chiquito pero con onda, con mesas en la vereda y una barra que se veía fresca adentro.
Detrás de la barra estaba Franco, un argentino de 32 años que se había mudado a Ibiza hacía ya cinco años. Alto, con barba prolija, tatuajes en los brazos y esa pinta de tipo que labura en la noche pero sabe disfrutar el día. Cuando levantó la vista y la vio entrar, se quedó helado.
- Che… ¿esa es Domi? - murmuró para sí mismo, pero cuando ella se acercó a la barra, no pudo contenerse.
Domi se apoyó en la madera con una sonrisa, sacándose los lentes. - Hola, ¿Cómo va? ¿Me das la carta o algo para comer? Estoy muerta de hambre. -
Franco la miró fijo, con esa sonrisa pícara que no podía disimular. - Boluda, vos sos Domi Faena, ¿no? Te sigo en TikTok hace rato. No puedo creer que estés acá. -
Domi soltó una carcajada genuina, reconociendo el acento porteño al instante. - Sí, soy yo. ¿Y vos sos argentino también? Se te nota un montón en la voz. -
- Soy de Capital, pero vivo acá hace unos años. Me llamo Franco. Bienvenida a Ibiza. -
Ella se rio y se acomodó mejor en la banqueta, cruzando las piernas. - Gracias. Dame algo rico para comer, lo que recomiendes. Una ensalada con pescado o lo que tengas fresco. Y una cerveza bien fría. -
Franco le preparó todo rápido, sin dejar de charlar. Le sirvió la cerveza y, mientras esperaba la comida, le dijo: - Mirá, cortesía de la casa -, y le puso un trago largo, un gin tonic bien cargadito con rodaja de limón.
Domi levantó una ceja, divertida. - Uy, qué atento. Gracias, Franco. No era necesario. -
- Dale, por la sorpresa del día. ¿Qué andás haciendo por acá sola? -
Ella tomó un sorbo, mirándolo por encima del vaso. - Vacaciones, nada más. Vine sola a desconectar. Quería conocer Ibiza en verano, que me dijeron que es lo mejor. Playa, fiesta, relax… todo junto. -
Franco asintió mientras le servía el plato. - Tenés razón. En verano es una locura linda. Yo me mudé hace unos años y no me arrepiento. Es otro ritmo, otra vida. Aunque laburar en temporada es heavy, vale la pena. -
La comida llegó y Domi empezó a comer con ganas. Franco seguía del otro lado de la barra, charlando entre cliente y cliente.
- ¿Y hoy qué tenés pensado para la tarde? - le preguntó de repente, con naturalidad pero con una mirada que ya buscaba más.
Domi notó la rapidez del chabón y sonrió para adentro. Le gustaba esa iniciativa. - Tenía ganas de ir a la playa. No sé, tirarme un rato al sol. -
Franco se apoyó en la barra, acercándose un poco. - Conozco unas playas re buenas, no tan llenas de turistas. Mi turno termina como a las 2. Si querés, te puedo llevar. Total, si estás sola… capaz no te viene mal un poco de compañía. -
Domi lo miró un segundo, pensándolo. El tipo era lindo, simpático y le generaba buena vibra. Se mordió el labio inferior un instante. - Está bien… ¿por qué no? Capaz no me hace mal tener compañía hoy. Dale. -
Franco no podía creerlo. Sonrió grande. - Genial. Dejame tu número y la dirección del hotel donde estás. Te paso a buscar. -
Domi sacó el celu, le dictó el número y el nombre del hotel. - Te espero a las 5 en la puerta. No llegués tarde, eh - le dijo guiñándole un ojo.
Pagó la cuenta, dejó una buena propina y le agradeció el trago. - Gracias por todo, Franco. Nos vemos más tarde. -
Él se quedó mirando cómo salía, todavía procesando. - No puedo creer que me dijo que sí… —murmuró solo, sonriendo como un boludo. -
A las 5 en punto de la tarde, Franco estacionó frente al hotel. Estaba nervioso pero excitado, con una remera suelta, un short de baño y unas ojotas. Apenas apagó el motor vio a Domi esperando en la puerta, y se le secó la boca.
La influencer estaba espectacular. Llevaba un bikini marrón chiquitito que apenas le cubría las tetas firmes y redondas, dejando a la vista gran parte de su escote bronceado. Encima, una bata negra translúcida que no tapaba nada: se le marcaban perfectamente los pezones y la forma de sus pechos. Abajo, un mini short blanco ajustadísimo que le apretaba el culo de manera brutal. Lentes de sol grandes, el pelo suelto y una sonrisa pícara.

- Che, llegaste puntual - dijo Domi acercándose al auto. - Me gusta. -
Franco bajó rápido para abrirle la puerta, tratando de no comérsela con la mirada. - Obvio, no iba a hacerte esperar. Estás… increíble, boluda. -
Ella se rio y se subió al auto. Cuando se sentó, la bata se abrió un poco más y Franco pudo ver claramente cómo se le movían las tetas con el movimiento. Arrancó el motor y salieron rumbo a la playa que él conocía.
Durante los primeros minutos hablaron de la vida. Domi le contó un poco de Buenos Aires, de lo loco que era laburar en redes y de lo bien que le estaba haciendo desconectar en Ibiza. Franco le hablaba de cómo había sido mudarse solo, de los veranos eternos y de lo diferente que era todo.
Pero él no podía concentrarse del todo. De reojo, cada vez que podía, le miraba las tetas. La bata negra era tan fina y translúcida que era como si estuviera topless al lado suyo. Cada vez que Domi respiraba o se reía, se le movían de una forma hipnótica.
- Mirá… con ese bikini y esa bata, vas a volver locos a todos en la playa - dijo Franco con una sonrisa, usando un tono con doble sentido pero sin pasarse.
Domi soltó una carcajada fuerte y lo miró de costado. - Jajaja, boludo… ¿ya empezamos con los comentarios? - respondió riendo, pero sin ofenderse. - Sos rápido vos, eh. -
Ella se rio y siguió charlando como si nada, pero inconscientemente se movía en el asiento. Cruzaba y descruzaba las piernas, se acomodaba la bata y, sin darse cuenta, apretaba los brazos contra sus pechos, haciendo que se le marcaran aún más. Franco sentía cómo se le empezaba a endurecer la pija dentro del short. Tuvo que acomodarse disimuladamente en el asiento, respirando más profundo.
Llegaron a la playa después de un rato. Era un lugar lindo, con arena clara, agua turquesa y un poco más apartado que las zonas principales, aunque todavía había algunas familias y parejas dispersas.
Franco bajó primero y empezó a armar la sombrilla, clavándola bien en la arena. Domi se bajó del auto y, sin decir nada, se sacó la bata negra lentamente. La tela se deslizó por sus hombros y cayó, dejando al descubierto su cuerpo casi desnudo bajo el bikini marrón. Franco intentó disimular, pero le fue imposible. Sus ojos se clavaron en ella.
Después, Domi se bajó el mini short blanco ajustado. Lo hizo despacio, inclinándose un poco hacia adelante. El short bajó por sus caderas y reveló ese culo redondo, firme y bronceado que apenas quedaba cubierto por la tanga del bikini. Las nalgas se movieron con el movimiento, perfectas.
- Listo - dijo ella con naturalidad, doblando la ropa y guardándola en la bolsa.
Franco estaba con la pija completamente dura debajo del short. Sentía el pulso latiéndole ahí, apretado contra la tela. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para actuar normal, como si no estuviera a punto de reventar.
- Buen lugar, ¿no? - comentó él, con la voz un poco más ronca de lo normal, mientras terminaba de acomodar las toallas.
- Sí, está buenísimo - respondió Domi sonriendo, sabiendo perfectamente el efecto que estaba causando. - Gracias por traerme. -
Se acomodaron bajo la sombrilla que Franco había clavado firme en la arena. El sol de Ibiza pegaba fuerte, pero la brisa del mar hacía que se estuviera de maravilla. Franco había venido preparado como un caballero: una heladerita con bebidas frías, cervezas, un poco de vino blanco, snacks, fruta y hasta una botellita de gin para armar tragos improvisados. Domi se sintió realmente consentida al ver todo eso.
- Boludo, trajiste todo un banquete - dijo ella riendo mientras se sentaba en la toalla grande que habían extendido. - Me estás malacostumbrando, eh. -
Franco sonrió, sentándose a su lado, aunque su mirada no paraba de recorrer el cuerpo de ella. Ese bikini marrón se le clavaba entre las nalgas, marcando perfectamente la forma de su culo redondo y firme.
- Quería que estuvieras cómoda. ¿Querés algo para tomar? -
- Después. Primero… ¿trajiste protector solar? - preguntó Domi con una voz suave, mirándolo a los ojos.
- Sí, obvio - respondió él, revolviendo en la bolsa.
Domi se puso de pie y empezó a aplicarse el protector por todo el cuerpo. Se untó las piernas lentamente, subiendo desde los tobillos hasta los muslos, masajeando la crema blanca que contrastaba con su piel bronceada. Franco la miraba sin disimulo ahora, sentado en la toalla. Ella se pasó las manos por la panza plana, por los costados y luego por el escote. Sus tetas se movían con cada movimiento, el bikini apenas conteniéndolas. Se dio vuelta y se untó los brazos, arqueando un poco la espalda.
Solo le faltaba la espalda. Domi se giró hacia él con una sonrisa seductora, mordiéndose el labio inferior.
- Franco… ¿me podés pasar protector por la espalda? No llego bien - dijo con voz baja y juguetona, casi ronroneando.
Él tragó saliva. La pija ya le latía dentro del short desde hacía rato.
- Claro, dale - respondió, poniéndose de pie rápidamente.
Domi se acostó boca abajo sobre la toalla grande, cruzando los brazos bajo la cabeza. Al tirarse, su culo se movió como gelatina, las nalgas perfectas rebotando suavemente con el impacto. La tanga del bikini marrón desaparecía casi por completo entre esas dos montañas redondas y bronceadas.

Franco se arrodilló a su lado, con la vista clavada en ese culo increíble. - La puta madre, ese culo es una obra de arte -, pensó para sí mismo, sintiendo cómo se le ponía dura como piedra.
Empezó a aplicarle la crema. Sus manos grandes se deslizaron por los hombros de Domi, bajando por la espalda con movimientos firmes pero lentos. La piel de ella era suave, caliente por el sol. Bajó hasta la cintura, masajeando los costados. Domi soltó un gemidito suave de placer.
- Mmm… qué manos tenés, boludo. Hacelo más fuerte - murmuró ella, moviendo ligeramente las caderas.
Franco sintió que se le endurecía más la pija. Sus dedos llegaron al borde de la tanga, justo donde empezaba ese culo espectacular. Estaba tentado de agarrar esas nalgas con fuerza, apretarlas, separarlas y ver lo que había debajo. Pero se contuvo, respirando agitado. Siguió bajando, untando la crema por los costados de las tetas que se aplastaban contra la toalla y por la parte baja de la espalda. Cada vez que pasaba cerca del culo, Domi arqueaba un poquito la espalda, haciendo que las nalgas se levantaran tentadoramente.
- Listo… - dijo Franco con la voz ronca, retirando las manos a regañadientes.
- Gracias, Fran - respondió Domi girando la cabeza y mirándolo con una sonrisa pícara. Ella había notado perfectamente cómo la miraba, cómo respiraba. Estaba disfrutando del juego.
Se incorporó un poco y le devolvió la pregunta: - ¿Querés que te ponga yo a vos? -
Franco se sentó frente a ella, con las piernas cruzadas. - Dale, sí. -
Domi se arrodilló detrás de él. Se acercó tanto que sus tetas firmes se apoyaron directamente contra la nuca y los hombros de Franco. Él sintió el calor de esa carne suave y pesada presionando su piel. La crema estaba fría, pero las manos de ella eran calientes. Domi empezó a untarle los hombros, bajando por la espalda con movimientos circulares. Sus tetas se movían contra él con cada pasada, rozándole el cuello.
- Estás re duro de espalda… - susurró ella cerca de su oído, mientras sus manos bajaban por los costados del torso de Franco.
Llegó hasta el pecho. Sus dedos se deslizaron por los pectorales, bajando lentamente hacia el abdomen. Franco tenía la pija completamente dura, marcándose brutalmente debajo del short de baño. Domi lo notó perfectamente. Sus manos pasaron muy cerca del borde del short, rozando casi el comienzo del pubis. Sintió el calor que salía de ahí y sonrió para sí misma, pero no dijo nada. Siguió bajando un poco más, tentándolo.
Terminó y se puso de pie. Franco seguía sentado. Cuando ella caminó hacia adelante para guardar el protector en la bolsa, pasó justo por delante de él. Su culo quedó a la altura exacta de la cara de Franco. Las nalgas se movían con cada paso, redondas, firmes, bronceadas. Él no pudo evitar seguirlas con la mirada.
Domi se dio cuenta y movió las caderas un poquito más, provocándolo sutilmente.
La tarde pasó entre risas, charlas y tragos. Se conocieron más. Domi le contó anécdotas de sus streams en Luzu, de lo loco que era TikTok y de cómo a veces la ansiedad la comía viva. Franco le habló de su vida en Ibiza, de las noches de fiesta y de lo bien que se vivía ahí. Comieron fruta, snacks y armaron unos gin tonics bien frescos.
Pero Domi no paraba de jugar. Se acomodaba las tetas “sin querer”, se estiraba arqueando la espalda, se pasaba crema otra vez en las piernas abriéndolas un poco. En un momento, mientras charlaban sentados uno al lado del otro, ella cruzó las piernas y su pie rozó “accidentalmente” el bulto duro de Franco. Él se tensó pero no dijo nada.
- Este lugar es hermoso… - dijo Domi mirando el mar, pero con la mano apoyada cerca del muslo de él.
La playa se iba vaciando de a poco. Las familias recogían sus cosas y se retiraban. El sol empezaba a bajar lento, pintando todo de tonos naranjas y dorados. Franco agarró su celular.
- Mirá qué lindo está el paisaje - dijo como excusa, poniéndose de pie. - Quedate ahí que saco una foto. -
Domi sonrió, se puso en cuatro patas sobre la toalla, mirando hacia la cámara. Los lentes de sol puestos, el pelo cayéndole sobre los hombros, una copa de gin tonic en la mano. El culo levantado, las tetas casi saliéndose del bikini por la posición. La tanga se le marcaba entre las nalgas. Era una imagen brutalmente sexual.
- Así está bien? - preguntó ella, arqueando más la espalda y moviendo el culo levemente.
- Perfecta… - respondió Franco, sacando varias fotos. La pija le dolía de lo dura que estaba.

Domi se rio bajito, sabiendo exactamente lo que estaba haciendo. El juego seguía subiendo de tono, pero todavía sutil, bajo el sol que ya se despedía.
La playa se había vaciado casi por completo. Solo quedaban algunas parejas lejanas y un par de grupos que recogían sus cosas con lentitud. Domi y Franco seguían bajo la sombrilla, el aire cargado de esa tensión sexual que había ido creciendo toda la tarde como una ola que no paraba de subir.
Domi tomó la botella de gin y preparó dos copas más, bien cargadas, con hielo que tintineaba contra el vidrio. Se acercó a Franco gateando un poco sobre la toalla, sus tetas bamboleándose dentro del bikini marrón diminuto. Le extendió una copa con una sonrisa que prometía todo.
- Tomá, Fran - dijo con voz suave y ronca, mirándolo a los ojos. - Quiero brindar por esta tarde tan maravillosa que me hiciste pasar. En serio, boludo… hacía rato que no me sentía tan consentida y tan a gusto con alguien. Gracias por todo. -
Franco agarró la copa, todavía con la pija dura como una roca debajo del short. El bulto era más que evidente, pero ya no le importaba disimular tanto. - Gracias a vos por coparte, Domi. No sabés lo que es tener a la mina que sigo hace meses sentada al lado mío en la playa, riéndote de mis boludeces y dejándome mirarte como un tarado. Sos… un sueño, che. -
Ambos chocaron las copas con un “chin-chin” suave y tomaron un sorbo largo. El alcohol calentaba la garganta y el cuerpo. Domi se lamió los labios lentamente, saboreando el gin, y miró directamente al bulto entre las piernas de Franco.
Franco se movió, empezando a juntar algunas cosas como si quisiera guardar todo.
- Esperá… - lo frenó Domi de repente, poniéndole una mano en el pecho y empujándolo suavemente de vuelta a la toalla. - No tan rápido. Tengo algo para vos antes de que empecemos a guardar todo. -
Franco la miró confundido pero excitado, el corazón latiéndole fuerte. - ¿Algo para mí? -
Domi sonrió con picardía, mordiéndose el labio inferior. Miró hacia ambos lados de la playa. Había gente a lo lejos, sí, pero estaban lo suficientemente apartados como para que no importara. El riesgo la ponía más caliente.
- Decime una cosa… - susurró acercándose más, su aliento cálido contra la oreja de él. - Esa pija dura que tenés desde hace rato… ¿es por mí? -
Franco se puso un poco colorado, pero sonrió avergonzado y excitado. - Sí… es por vos, Domi. Desde que te subiste al auto no paro de pensar en tu cuerpo. Estás demasiado buena, boluda. Me tenés loco. -
Domi soltó una risita baja y sexy. Tomó una toalla grande y se la tiró sobre las piernas de Franco. - Tapate con esto. No quiero que nos vean… -
Franco obedeció rápido, cubriéndose el regazo. Domi se acercó más, arrodillándose a su lado. Con una mano experta deslizó los dedos por debajo de la toalla y del short de baño. Sus uñas rozaron el pubis y luego envolvieron la pija caliente y dura de Franco.
- Uy, la puta madre… - murmuró él con voz ahogada cuando sintió la mano de ella cerrándose alrededor de su pija.
Domi sacó la pija completa por debajo del short, manteniéndola oculta bajo la toalla. Era gruesa, venosa, con la cabeza hinchada y brillante. La empuñó con fuerza desde la base y empezó a mover la mano arriba y abajo, lenta pero firme. La piel se deslizaba suave sobre la carne dura.
- Mmm… mirá lo dura que la tenés - susurró Domi mirándolo a los ojos, sonriente, mientras su mano aceleraba un poco el ritmo. - Toda la tarde sufriendo por mi culo y mis tetas, ¿no? Pobre Fran… -
Franco echó la cabeza hacia atrás, respirando agitado. Sus caderas se movían levemente hacia arriba, buscando más fricción. - Dios, Domi… tu mano es una maravilla. Me estás matando… -
Ella no paraba. Movía la mano con maestría: apretaba en la base, subía lento hasta la cabeza, giraba la muñeca en la punta sensible y bajaba otra vez. Con la otra mano le acariciaba los huevos, masajeándolos suavemente. La toalla se movía al ritmo de sus pajas expertas. Franco gemía bajito, mordiéndose el labio para no hacer ruido.
- Mirame - le ordenó ella suavemente. - Quiero verte la cara mientras te pajeo. -
Franco abrió los ojos y la miró. Domi estaba ahí, con el bikini todavía puesto, las tetas casi saliéndose, el pelo alborotado por el viento y esa sonrisa traviesa. Aceleró el ritmo, haciendo que la pija entrara y saliera de su puño cerrado.
- Sos una diosa… - jadeó él. - Me voy a correr… estoy re cerca, Domi. -
- Hacélo - le dijo ella sin dejar de pajearlo, más rápido ahora. - Acabá en mi mano, Fran. Quiero sentir cómo te corrés por mí. -
Franco apretó los dientes, todo el cuerpo tenso. Con un gemido ahogado, empezó a correrse fuerte. Chorros calientes y espesos de semen salieron disparados contra la mano de Domi, llenándole la palma y los dedos. Uno, dos, tres, cuatro pulsos fuertes. Ella siguió moviendo la mano suavemente, ordeñándolo hasta la última gota, exprimiendo todo.
Cuando terminó, Domi sacó la mano de debajo de la toalla. Estaba llena de semen blanco y espeso. Mirándolo fijamente a los ojos, se la llevó a la boca. Primero lamió un dedo lentamente, saboreándolo, luego metió dos dedos completos y chupó con gusto. Tragó todo, abriendo la boca para mostrarle que no quedaba nada.
- Mmm… rico - susurró sonriendo, lamiéndose los labios. - Tenías muchas ganas guardadas, ¿eh? -
Franco estaba exhausto, respirando pesado, todavía procesando lo que acababa de pasar en plena playa.
- Boluda… sos una loca. Me acabás de hacer el mejor regalo de mi vida. -
Domi se rio bajito y se limpió la mano con la toalla. Se acercó y le dio un beso corto en los labios. - ¿Querés ir a mi hotel? - le preguntó con voz seductora.
Franco negó con la cabeza, todavía recuperándose. - Mejor vamos a la casa que estoy alquilando. Está un poco más lejos, pero vamos a tener toda la privacidad del mundo. Podemos hacer ruido tranquilos, sin que nadie nos moleste. -
Domi sonrió, excitada por la idea. - Dale. Me encanta. -
Se levantó y se colocó de nuevo la bata negra translúcida sobre el bikini. Franco se acomodó el short como pudo y empezaron a guardar todo rápido.
Domi caminaba delante hacia el auto, tomándolo de la mano. Sus caderas se movían provocativas. Franco no resistió y le levantó la bata por detrás con la mano libre, dejando al descubierto ese culo espectacular. Lo apretó, lo acarició, separó un poco las nalgas para ver la tanga enterrada entre ellas.
- Mirá este culo… - gruñó bajito.
Domi miró por encima del hombro, mordiéndose el labio inferior con fuerza, los ojos llenos de deseo. - Te gusta, ¿no? Esperá a que lleguemos… vas a poder hacer lo que quieras con él. -
Ya en el auto, con la noche cayendo sobre Ibiza y las luces de la carretera iluminando el interior, Domi se acomodó en el asiento del acompañante. Franco arrancó el motor, todavía con la pija medio dura después de la corrida en la playa. El ambiente dentro del auto estaba cargado, denso de deseo.
Domi giró la cabeza hacia él con una sonrisa traviesa, apoyando una mano en su muslo. - ¿Te gustó la paja que te hice en la playa, Fran? - preguntó con voz baja y seductora.
Franco soltó una risa nerviosa pero excitada, agarrando el volante con fuerza mientras salían del estacionamiento. - Boluda, me encantó. Fue una de las mejores que me hicieron en la vida. Tu mano es mágica… apretabas justo donde tenía que apretar. Todavía tengo la pija sensible. -
Domi se rio bajito y deslizó la mano más arriba por su pierna. - ¿Y te imaginás cómo sería una chupada mía? - preguntó directamente, mirándolo de reojo.
Franco tragó saliva, sintiendo cómo se le empezaba a endurecer de nuevo solo con la idea. - No puedo ni imaginármelo… seguro que me volvés loco. Esa boquita que tenés… con esos labios carnosos. Me muero por sentirla. -
Domi miró el GPS en el celular de él. - ¿Cuánto falta para llegar a tu casa? -
- Como media hora aproximadamente, dependiendo del tránsito. Está un poco alejada, pero vale la pena por la privacidad. -
Ella sonrió con picardía, mordiéndose el labio inferior. - Media hora es bastante tiempo… Podemos ir calentando para cuando lleguemos. No quiero que llegues con las bolas llenas otra vez. -
Sin esperar respuesta, Domi se inclinó hacia él y con una mano experta le bajó el short de baño lo suficiente para sacar la pija de Franco. Ya estaba semi-dura, gruesa y venosa. La envolvió con sus dedos y empezó a pajearlo lentamente, sintiendo cómo crecía y latía en su mano.
- Uy, mirá cómo se pone dura de nuevo… - susurró ella, acelerando un poco el movimiento. - Toda caliente y gruesa. Me encanta sentirla así. -
Franco soltó un gemido bajo, tratando de concentrarse en la carretera. El auto iba a velocidad moderada por la costa. - Domi… me vas a hacer chocar. Pero no pares, por favor. -
Mientras conducía con una mano, Franco estiró la otra hacia ella y le metió la mano por debajo de la bata. Sus dedos encontraron las tetas firmes y pesadas de Domi, apretándolas con ganas. Las masajeaba, las pellizcaba suavemente por encima del bikini marrón, sintiendo cómo se le endurecían los pezones.
- Qué tetas de tenés… - gruñó él, apretando más fuerte una de ellas, haciendo que la carne se desbordara entre sus dedos. - Son perfectas, grandes pero firmes. Me vuelven loco. -
Domi soltó una risita entrecortada por el placer, sin dejar de mover la mano arriba y abajo por la pija de él. - ¿Te gustan mis tetas, Fran? Decime cuánto te gustan - le pidió ella, apretando más la base de su verga.
- Me encantan, boluda. Son las mejores que vi en mi vida. Quiero chupártelas, morderlas, cogértelas… todo. -
Domi aceleró el ritmo de la paja, girando la muñeca en la cabeza hinchada cada vez que subía. Franco gemía más fuerte, apretando las tetas de ella con más fuerza, tironeando suavemente de los pezones. El auto se llenaba de los sonidos húmedos de la mano de Domi contra la pija dura.
- Mirá cómo late… - susurró ella, bajando la cabeza un momento para escupir saliva directamente sobre la cabeza de la pija, lubricándola más. - Toda mía para jugar. -
Pasaron varios minutos así. Franco conducía como podía, alternando la vista entre la ruta y las tetas de Domi que se movían con cada apretón. Ella no paraba: pajeaba rápido, luego lento, apretaba los huevos con la otra mano, los masajeaba. En un momento se inclinó y le dio una lamida rápida a la punta, saboreándolo.
- Sabés rico… - murmuró ella.
Franco estaba al borde. El camino se hacía eterno.
Ya a unos 15 minutos de llegar, Franco no aguantó más. El placer era demasiado. - Domi… no puedo esperar hasta la casa. Me estás matando. Por favor… -
Domi sonrió con deseo puro en los ojos. - Entonces no te hago esperar. -
Se agachó todo lo que pudo en el asiento, inclinándose sobre la consola central. Le sacó la pija completamente y la metió en su boca caliente y húmeda. Empezó a chupar con ganas, bajando la cabeza hasta donde podía en esa posición incómoda.
- Ahhh, la puta madre… - gruñó Franco, empujando suavemente la cabeza de ella hacia abajo con una mano, mientras con la otra sostenía el volante.
Domi se ahogaba un poco con la grosura, pero no se detenía. Babeaba abundantemente, la saliva le corría por la barbilla y por la pija. Chupaba con ruido, succionando fuerte la cabeza y bajando todo lo que podía por el tronco venoso. Su lengua giraba alrededor, lamiendo cada vena.
- Chupámela así… eso, boluda. Sos una diosa - jadeaba Franco, empujándole la cabeza con más insistencia.
Domi gemía alrededor de la pija, vibrando con la garganta. Sacaba la verga un segundo para respirar. - Corréte en mi boca, Fran. Quiero sentir la leche caliente en mi garganta. -
Volvió a meterla profunda, chupando más rápido, moviendo la cabeza arriba y abajo con ritmo constante. Franco le agarraba el pelo con fuerza. El auto olía a sexo, a saliva y a deseo.
- Estoy cerca… me voy a correr - avisó él con la voz ronca, apretando el acelerador sin querer.
Domi no se separó. Chupó más fuerte, apretando con la mano la base, masturbándolo al mismo tiempo que chupaba.
Con un gemido gutural, Franco se corrió violentamente en su boca. Chorros espesos y calientes de semen le llenaron la garganta. Domi tragó todo sin derramar una gota, gimiendo de placer mientras lo hacía. Siguió chupando suave hasta que dejó de pulsar, limpiando cada resto con la lengua.
Se incorporó lentamente, lamiéndose los labios y mirándolo con ojos llenos de lujuria. - Todo tragado… ¿Cómo estuvo? -
Franco respiraba agitado, todavía recuperándose. - Increíble… sos una hija de puta. No veo la hora de llegar para cogerte como corresponde. -
El auto se detuvo frente a la casa alquilada de Franco, una villa moderna pero discreta en las afueras de Ibiza, rodeada de un pequeño jardín y con vistas al mar en la distancia. La noche ya había caído por completo, y solo las luces tenues del porche iluminaban la entrada. Franco apagó el motor con las manos temblando de excitación. Domi, con los labios todavía hinchados de haberle chupado la pija durante todo el camino, lo miró con ojos cargados de puro fuego.
Apenas bajaron, Franco la tomó de la mano y casi la arrastró hacia la puerta. No hubo tiempo para formalidades. En cuanto la llave giró en la cerradura y entraron al living amplio y fresco, la puerta se cerró de un portazo detrás de ellos. Domi se lanzó sobre él como una fiera. Sus bocas se encontraron en un beso desesperado, hambriento, lleno de lengua y saliva. Los labios de ella, carnosos y suaves, se apretaban contra los de Franco con urgencia. Sus lenguas se enredaron, bailando salvajemente, chupándose mutuamente mientras gemían dentro de la boca del otro.
- Por fin te tengo acá - gruñó Franco contra sus labios, mordiéndole el inferior con ganas mientras sus manos bajaban directo a ese culo que lo había vuelto loco toda la tarde. Lo apretó fuerte con las dos manos, clavando los dedos en la carne firme y redonda, separando las nalgas por encima de la bata translúcida.
Domi soltó un gemido ahogado en el beso, frotando su cuerpo contra el de él. Sentía la pija de Franco ya dura otra vez, presionando contra su panza.
- Besame más fuerte, boludo… quiero sentirte todo - jadeó ella, metiendo las manos debajo de la remera de él y arañándole la espalda.
El beso se volvió más brutal. Lenguas lamiéndose, dientes chocando, saliva corriendo por las barbillas. Franco la empujó contra la pared cercana, acorralándola con su cuerpo más grande. Domi sintió la fría pared en la espalda y eso solo la calentó más. Sus tetas se aplastaban contra el pecho de él, los pezones duros como piedras rozando la tela.
Ella se separa del beso, se arrodilló y le bajó el short de baño de un tirón. La pija de Franco, gruesa, venosa y completamente empalmada, saltó libre y rebotó pesadamente contra la cara de ella. El impacto hizo que la cabeza hinchada le golpeara la mejilla y los labios, dejando un rastro de precum brillante.
- Uy, la puta madre… mirá esta pija hermosa - susurró Domi. Sus ojos brillaban de deseo mientras la miraba de cerca.
No perdió tiempo. Abrió la boca y la metió de un saque, tragando casi la mitad de una sola vez. El gemido de Franco fue gutural. - Ahhh, sí… chupámela, Domi. Esa boquita que tenés es perfecta. -
Domi empezó a chupársele con hambre voraz. Subía y bajaba la cabeza con ritmo rápido, ahogándose cuando la punta le tocaba el fondo de la garganta. Babeaba abundantemente; hilos espesos de saliva le corrían por la barbilla, caían sobre sus tetas y goteaban al piso. El sonido era obsceno: gluck, gluck, gluck, mientras chupaba con fuerza, succionando y lamiendo cada centímetro.
- Grrrl… me encanta tu pija, Fran - dijo ella sacándola un segundo, jadeando y con la voz ronca, mientras la pajeaba rápido con la mano llena de saliva. - Es tan gruesa… tan caliente… quiero sentirla adentro mío después. Quiero que me rompas el concha con esta verga. -
Volvió a metérsela, más profundo esta vez. Se ahogaba adrede, dejando que las arcadas le hicieran lagrimear un poco, pero sin parar. La lengua giraba alrededor del tronco, lamiendo las venas, bajando a chuparle los huevos uno por uno, metiéndoselos en la boca y masajeándolos con la lengua. Luego volvía a la cabeza, succionando fuerte como si quisiera sacarle el alma.
Franco no aguantó más el control. Le agarró el pelo con las dos manos, enredando los dedos en esos mechones oscuros, y empezó a empujar las caderas hacia adelante. La estaba follando la boca contra la pared. Domi quedó acorralada, la nuca contra el muro, mientras Franco le metía la pija hasta el fondo una y otra vez.
- Tomala toda, boluda. Eso… tragátela entera - gruñía él, empujando con fuerza pero controlando para no lastimarla. La pija entraba y salía de su garganta, haciendo bultos visibles en el cuello de Domi. La saliva salía a borbotones, empapándole la cara, el pecho y el bikini.
Domi gemía alrededor de la verga, vibrando con la garganta. Sus ojos llorosos miraban hacia arriba, buscando la mirada de él, mientras babeaba sin control. Con una mano se tocaba las tetas por encima del bikini, pellizcándose los pezones, y con la otra le apretaba los huevos a Franco, tironeándolos suavemente.
- Así, mamita… sos una diosa chupando pija - jadeaba Franco, acelerando el ritmo. Le cogía la boca con estocadas profundas y constantes. El sonido húmedo llenaba el living. Cada vez que sacaba la pija, Domi tosía y jadeaba, pero inmediatamente abría la boca pidiendo más.
- Dame más… metémela toda - suplicaba ella con voz quebrada, la cara toda mojada de saliva y lágrimas de placer. - Me encanta cómo me llenás la boca. Quiero que me uses como una puta. -
Franco la jaló del pelo con más fuerza, sacándola de la posición de rodillas. La puso de pie de un tirón, todavía agarrándola del pelo. Domi quedó pegada a él, con la cara roja y brillante. Sin darle tiempo, la besó desesperadamente otra vez. Un beso sucio, lleno de saliva mezclada, lenguas enredadas con furia. Podía saborear su propio semen en la boca de ella.
Mientras se besaban como animales, Domi no dejó de masturbarlo. Su mano derecha bajó y envolvió la pija mojada de saliva, pajeándola rápido y fuerte, girando en la cabeza hinchada. Arriba y abajo, apretando justo en el punto donde sabía que más placer le daba.
- Seguí besándome mientras te pajeo - murmuró ella entre beso y beso, mordiéndole el labio. - Quiero que sientas lo mojada que estoy por vos. -
Franco gruñó en su boca, bajando una mano para tocarle el concha por encima del bikini. Los dedos rozaron la tela ya empapada.
- Estás chorreando, boluda… - dijo él, metiendo los dedos debajo de la tela y sintiendo los labios hinchados y resbaladizos.
El beso continuó interminable: lenguas lamiéndose, succionándose, mordiéndose. Domi aceleraba la paja, sintiendo cómo la pija latía en su mano, cada vez más dura, más caliente. Franco la tenía acorralada contra la pared, dominándola con su cuerpo, jalándole el pelo para inclinarle la cabeza y besarla más profundo.
- Quiero que me cojas ya. Ahora. - jadeó ella, la voz ronca de tanto chupar.
Se separó apenas lo suficiente para quitarse la bata negra translúcida de un tirón y tirarla al piso. Después, con movimientos rápidos y desesperados, se desató el bikini marrón. Primero el top: sus tetas grandes, firmes y bronceadas saltaron libres, rebotando pesadamente. Los pezones rosados y duros como piedras apuntaban hacia él. Franco gruñó al verlas.
- Qué tetas que tenes, Domi… - murmuró, agarrándolas con las dos manos y apretándolas fuerte, hundiendo los dedos en esa carne suave y caliente.
Domi gimió y se bajó la tanga del bikini de un solo movimiento. Su concha quedó completamente expuesta: depilada, hinchada, los labios mayores gruesos y brillantes de tanto estar mojada. Un hilito de jugos le corría por el interior del muslo.
- Mirame - le dijo ella, abriendo un poco las piernas. - Vení y metémela de una vez. -
Franco no esperó. La levantó en el aire como si no pesara nada, apretándole el culo con fuerza. Domi envolvió las piernas alrededor de su cintura. La punta gruesa de su pija rozó la entrada empapada de la concha de ella.
- Metémela, Fran… rompeme - suplicó Domi, mordiéndole el cuello.
Con un empujón fuerte y profundo, Franco la empaló contra la pared. La pija gruesa entró de una sola vez hasta el fondo, abriéndole las paredes calientes y resbaladizas.
- Ahhhhhh, ¡sí! - gritó Domi, clavándole las uñas en la espalda. - Qué gruesa… me estás llenando toda, boludo. Movete, cogeme fuerte. -
Franco empezó a bombear como un animal. Estocadas profundas y rápidas, golpeando contra su culo con cada embestida. El sonido de piel contra piel resonaba: clap, clap, clap. Las tetas de Domi saltaban salvajemente entre sus cuerpos.
- Tu concha es un vicio… está apretadísima y chorreando - gruñía él, mordiéndole el cuello y las tetas. - Tomala toda, puta. Sentí cómo te parto al medio. -
Domi gemía sin control, la cabeza echada hacia atrás contra la pared. - Más fuerte… tirame del pelo, Fran. Quiero que me trates como una puta. -
Franco enredó una mano en su pelo y tiró fuerte hacia atrás, arqueándole el cuello mientras seguía cogiéndola contra la pared. Con la otra mano le cacheteaba el culo con fuerza, dejando marcas rojas en esa nalga perfecta.
- Así, ¿te gusta? - preguntaba él entre embestidas brutales.
- S-sí… más fuerte, nalgueame más. Me encanta que me pegues mientras me cogés - respondía Domi entre gemidos ahogados.
Cambió de posición sin sacarla. La bajó al piso, la tiró sobre la alfombra grande del living y se puso arriba en misionero. Le abrió las piernas al máximo y volvió a metérsela de un golpe seco.
- Mirame a los ojos mientras te cojo - le ordenó.
Domi lo miró, la cara contorsionada de placer. Franco la penetraba profundo, girando las caderas para rozarle el punto G. Cada vez que entraba hasta el fondo, ella soltaba un gritito agudo.
- Besame, boludo… meteme la lengua mientras me rompes - pidió ella.
Franco se inclinó y la besó con violencia, lenguas enredadas, saliva corriendo. Sus caderas no paraban: estocadas rápidas, fuertes, haciendo que las tetas de Domi rebotaran contra su pecho.
- Tu pija me está destrozando… me encanta - gemía ella contra su boca. - No pares, seguí cogiéndome así. -
Franco le agarró las muñecas y se las puso por encima de la cabeza, dominándola completamente. Bajó la boca a sus tetas y chupó fuerte un pezón, mordiéndolo mientras aceleraba el ritmo.
- Quiero que me nalguees más… dame vuelta - suplicó Domi.
Franco la dio vuelta en un movimiento rápido, poniéndola en cuatro patas. Ese culo increíble quedó levantado frente a él, las nalgas separadas y la concha hinchada goteando. Le escupió directo en el agujero y metió la pija de una sola embestida brutal.
- Dios… mirá este culo - gruñó, agarrándola de las caderas y tirándola contra él. El impacto hacía que las nalgas rebotaran.
Domi gritó de placer. - Me encanta, tirame el pelo, Fran. Fuerte. Cacheteame mientras me cogés en perrito. -
Él le envolvió el pelo en la mano y tiró hacia atrás, arqueándole la espalda. Con la otra mano empezó a darle cachetadas fuertes en el culo, alternando lados. Cada nalgada resonaba y dejaba la piel roja.
- Así, ¿te gusta que te trate como una puta? - preguntaba él, cogiéndola cada vez más rápido.
- S-sí… soy tu puta hoy. Cogeme más duro, rompéme el concha - respondía Domi entre gemidos y gritos. - Quiero que me dejes el culo marcado. -
Franco obedecía, dándole palmadas cada vez más fuertes mientras la penetraba sin piedad. La pija entraba y salía completa, brillando con los jugos de ella. El sonido era completamente obsceno.
Después de varios minutos en perrito, Domi tomó el control. Lo empujó hacia atrás hasta que Franco quedó sentado en el sofá. Ella se subió arriba, a horcajadas, y se clavó la pija lentamente, bajando hasta el fondo.
- Ahora me vas a ver rebotar - dijo con una sonrisa sucia.
Empezó a cabalgarlo como una diosa. Subía y bajaba con fuerza, haciendo que sus tetas saltaran en la cara de Franco. Él las agarraba, las chupaba, las mordía.
- Montame, Domi… mové ese culo rico - gemía él, dándole nalgadas desde abajo.
Domi aceleró, girando las caderas en círculos mientras subía y bajaba. Su concha apretaba la pija con cada movimiento. - Besame mientras te monto - pidió ella.
Franco la besó profundo, tirándole el pelo y apretándole las tetas. Domi gemía en su boca, cabalgando cada vez más salvaje.
- Estoy cerca… seguí así - avisó él.
- No te corras todavía. Quiero más posiciones - respondió ella, bajándose de repente.
Lo llevó contra otra pared, dándose vuelta y apoyando las manos en ella. Franco la penetró desde atrás de nuevo, cogiéndola de pie.
- Decime cosas sucias - suplicó Domi.
- Sos una puta caliente… tu concha está hecha para mi pija. Te voy a llenar toda de leche - gruñía él, embistiendo como un toro.
Volvieron al piso. Franco la puso en misionero otra vez, pero con las piernas de ella sobre sus hombros. La penetración era más profunda que nunca.
- Ahhhhh, ahí… me estás tocando el fondo - gritaba Domi. - No pares, cogeme, haceme acabar. -
Franco aceleró al máximo, sudando, los cuerpos chocando ruidosamente. Le pellizcaba los pezones, le daba cachetadas suaves en la cara por pedido de ella y la besaba cada tanto.
Domi empezó a temblar. - Me vengo… me vengo, Fran. No pares… ¡síííí! -
Su orgasmo fue explosivo. El concha se contrajo alrededor de la pija, chorros de jugos le salpicaron la panza a Franco. Gritaba sin control, el cuerpo convulsionando.
Franco no aguantó más. Con unas últimas estocadas brutales se corrió dentro de ella, inundándole el concha con chorros calientes y espesos de semen.
- Tomá toda mi leche, puta… - gruñó mientras se vaciaba.
Ambos quedaron exhaustos, jadeando, sudados y pegoteados. Franco se derrumbó sobre ella, todavía dentro, besándola suave ahora. Domi le acariciaba la espalda, sonriendo satisfecha.
- Boluda… sos una bestia en la cama - murmuró él con una sonrisa, pasándole los dedos por la columna vertebral hasta llegar a la curva de su culo. - Nunca me cogieron así. Me dejaste seco. -
Domi giró la cabeza hacia él, con el pelo alborotado y una sonrisa pícara. Su mano bajó lentamente y envolvió la pija de Franco, empezando a masturbarla con movimientos suaves y perezosos, sintiendo cómo volvía a endurecerse entre sus dedos.
- Mmm… y vos me rompiste toda, Fran. Tengo la concha palpitando todavía. Mirá cómo me dejaste llena de tu leche - dijo ella con voz ronca, apretando suavemente la base de la verga.
Franco soltó un gemido bajo cuando ella lo pajeó un poco más fuerte. - ¿Qué te parece si pedimos algo para comer y seguimos en la piscina? Tengo una pileta privada atrás, con luces y todo. Podemos cenar, tomar algo y seguir cogiendo bajo el agua. ¿Te copa la idea? -
Domi apretó la pija con más ganas, masturbándolo mientras lo miraba a los ojos con deseo renovado. - Obvio que sí, boludo. Me encanta. Sushi, algo rico para tomar y vos adentro mío otra vez… suena perfecto. Pero primero seguí tocándome un poco. -
Franco sonrió y le dio un cachetazo fuerte en el culo. El sonido resonó en la habitación: ¡PLAF! La nalga de Domi rebotó y se puso más roja.
- Ahhh… ¡sí! - gimió ella fuerte, arqueando la espalda y empujando el culo hacia la mano de él. - Me encanta que me nalguees así. Dame otro. -
Franco le dio otro cachetazo fuerte en la otra nalga, luego otro más, alternando. Cada golpe hacía que Domi gimiera y apretara más la pija en su mano.
- Sos una puta adicta a los cachetazos - dijo él riendo, pero con la voz cargada de lujuria. - Mirá cómo te mojás de nuevo solo con eso. -
Domi se mordió el labio y siguió pajándolo más rápido. - Pedí sushi entonces, Fran. Y algo para tomar… vino blanco frío o gin, lo que sea. Yo quiero seguir sintiéndote duro. -
Franco agarró el celular de la mesita de luz sin levantarse. Mientras Domi seguía masturbándolo con movimientos lentos y provocadores, él hizo el pedido: rolls variados, sashimi, edamame, una botella de vino blanco bien frío y algunas cervezas.
- Ya está. Llegan en unos 25 minutos - dijo él, dejando el teléfono y volviendo a concentrarse en ella.
Domi se rio bajito y se puso de rodillas sobre la cama, todavía boca abajo pero con el culo bien levantado hacia él. Siguió tocándole la pija, ahora con las dos manos: una en el tronco, la otra masajeando los huevos.
- Mientras esperamos… ¿por qué no me tocás la concha un poco? - pidió ella, moviendo las caderas en círculos.
Franco se acercó por detrás y metió dos dedos gruesos en su concha empapada, sintiendo cómo estaba llena de su propio semen. Empezó a moverlos adentro y afuera, haciendo ruidos húmedos.
- Está llena de mi leche… mirá cómo chorrea - gruñó él, agregando un tercer dedo. - Te gusta estar marcada, ¿no? -
- S-sí… me encanta sentir tu semen adentro - gemía Domi, empujando contra sus dedos. - Movelos más rápido… tocame el clítoris también. -
Franco obedeció, frotándole el clítoris hinchado con el pulgar mientras los dedos entraban y salían. Domi gemía cada vez más fuerte, moviendose en círculos contra su mano.
- Así, Fran… haceme acabar otra vez antes de que llegue la comida - suplicaba ella.
Él aceleró, curvando los dedos para tocarle el punto G. Domi temblaba, apretando las sábanas. - Estoy cerca… no pares… ¡ahhh, me vengo! -
Su segundo orgasmo fue más líquido. Chorros de jugos le salpicaron la mano a Franco mientras gritaba de placer. Cuando terminó, se derrumbó un poco sobre la cama, pero sin soltar la pija de él.
- Boludo… sos un máquina - dijo riendo, todavía jadeando.
Franco le dio otro cachetazo fuerte en el culo. - Levantate. Vamos a ponernos algo mínimo antes de que llegue el delivery. -
Él se puso un short negro suelto que apenas disimulaba el bulto de su pija semi-dura. Domi, con una sonrisa, se colocó de nuevo el bikini marrón chiquitito. Las tetas apenas entraban en el top, y la tanga se le enterraba entre las nalgas todavía marcadas.
Salieron al patio trasero. La piscina era hermosa: iluminada con luces LED azules bajo el agua, rodeada de reposeras y palmeras. El aire nocturno de Ibiza era cálido y perfumado.


Mientras esperaban la cena, ambos se metieron en la pileta. El agua estaba a la temperatura perfecta. Franco se acercó por detrás a Domi y la abrazó, apretando su pija contra ese culo increíble por debajo del agua.
- ¿Ya estás duro otra vez? - susurró ella, moviendo las caderas y frotándose contra él. - ¿No te cansás nunca, boludo? -
Franco le besó el cuello y metió una mano por delante del bikini, tocándole la concha por debajo del agua.
- No cuando te tengo a vos así, casi desnuda y chorreando - respondió él, metiendo dos dedos otra vez mientras le apretaba una teta con la otra mano. - Tu cuerpo es adictivo. -
Domi gimió bajito, apoyando la cabeza hacia atrás en el hombro de él. - Seguí tocándome… -
Franco la masturbaba con ritmo lento pero firme, mientras le mordía el lóbulo de la oreja. - Sos tan puta… gemís tan rico - le decía al oído.
Domi movía las caderas contra su mano, gimiendo más fuerte. El agua chapoteaba suavemente. -Más rápido, Fran… tocame así… sí… ahhh… -
Estaban en medio de eso cuando sonó el timbre de la casa.
- Puta, ya llegaron - dijo Franco riendo, pero sin sacar los dedos todavía.
- Andá a buscarla rápido - respondió Domi, jadeando y sonriendo. - Yo te espero acá en el agua… no tardes. -
Franco le dio un último apretón a su teta y salió de la pileta, chorreando agua, con la pija marcándose claramente debajo del short mojado.
Franco volvió con las bolsas en la mano. Preparó todo rápido en la mesita baja al lado de la reposera: los rolls de sushi variados, salsa de soja, wasabi y la botella de vino blanco bien fría. Sirvió dos copas grandes y se sacó el short sin vergüenza.
Se sentó en la reposera grande, con las piernas abiertas, la pija latiendo al aire libre bajo las luces azules de la piscina. Tomó un sorbo de vino y esperó.
Domi salió del agua lentamente, como una diosa. El bikini marrón chiquito estaba empapado y se le transparentaba todo. Las tetas se le marcaban perfectamente, pezones duros, y la tanga se le enterraba entre las nalgas. Al ver a Franco completamente desnudo, con esa pija gruesa y dura esperándola, sonrió con hambre.
- Uy, la puta madre… mirá cómo te tenés de nuevo - dijo ella caminando hacia él, el agua chorreándole por el cuerpo.
Se acercó gateando sensualmente a la reposera, moviendo las caderas y el culo como una gata en celo. Sus tetas colgaban y se bamboleaban con cada movimiento. Llegó hasta Franco y se arrodilló entre sus piernas, mirando la pija de cerca.

- ¿Querés seguir cogiendo o comemos primero? - preguntó Domi con voz seductora, pasando un dedo por la base de la verga y subiendo hasta la cabeza, recogiendo el precum y llevándoselo a la boca para chuparlo.
Franco soltó un gemido bajo y tomó otro sorbo de vino. - Podemos hacer las dos cosas al mismo tiempo, princesa. Sentate arriba mío y comamos mientras me montás. Quiero sentir ese concha apretado alrededor de mi pija mientras comemos sushi. -
Domi soltó una risa ronca y sexy. - Me encanta cómo pensás, Fran. Dale. -
Se puso de pie, se desató el top del bikini y dejó que sus tetas grandes y firmes saltaran libres. Después se bajó la tanga despacio. Se subió a horcajadas sobre él, agarró la pija gruesa con una mano y la frotó contra su rajita mojada varias veces, lubricándola con sus jugos.
- Mmm… está re dura y caliente - susurró mientras bajaba lentamente, clavándose centímetro a centímetro.
Franco gruñó fuerte cuando ella se sentó completamente, la pija desapareciendo dentro de su concha apretado y caliente. - Qué concha de mierda tenés, Domi… apretás perfecto. Movete despacio primero mientras comemos. -
Domi empezó a cabalgarlo lento, subiendo y bajando con movimientos circulares de caderas. Agarró un roll de salmon con los palitos y se lo llevó a la boca, gimiendo alrededor del sushi mientras la pija le rozaba profundo.
- Está rico el sushi… pero tu pija está más rica adentro mío - dijo con la boca llena, moviendo el culo en círculos. - Comé vos también, boludo. No pares de tocarme las tetas. -
Franco tomó un sashimi y lo comió mientras con las dos manos le apretaba las tetas con fuerza, pellizcándole los pezones y tironeándolos. Domi aceleró un poco el ritmo, rebotando más fuerte. El sonido húmedo de su concha subiendo y bajando por la pija se mezclaba con los gemidos y el chapoteo del agua que todavía les caía del pelo.
- Más fuerte, Domi… montame como la puta que sos - gruñó Franco, dándole un cachetazo en el culo que resonó fuerte.
- Ahhh, sí… nalgueame mientras como - respondió ella, agarrando otro roll y metiéndoselo en la boca. Siguió cabalgando más rápido, las tetas saltando en la cara de Franco. Él las chupaba, las mordía y las apretaba mientras comía con la otra mano.
- Sos increíble… mirá cómo me apretás la pija con cada rebote - decía él entre bocados, dándole otro cachetazo más fuerte en la otra nalga.
Domi gemía con la boca llena de sushi, acelerando el galope. Su culo rebotaba contra los muslos de Franco, haciendo un sonido obsceno y constante: clap-clap-clap. Ella agarraba más piezas de sushi y se las daba en la boca a él, besándolo entre bocado y bocado, lenguas enredadas con sabor a soja y wasabi.
- Comé y cogeme al mismo tiempo… me encanta esto - jadeaba ella. - Sentí cómo te mojo toda la pija. ¿Te gusta sentir tu semen viejo adentro mío mientras te monto? -
- Me vuelve loco - respondía Franco, metiendo dos dedos en la boca de ella mientras seguía apretándole las tetas. - Sos mi puta favorita. Seguí rebotando así… quiero que me ordeñes mientras terminamos el sushi. -
Comieron casi todo de esa forma: Domi cabalgando salvajemente, Franco comiendo y tocándola por todos lados. En un momento ella se inclinó hacia adelante, apoyando las tetas en la cara de él mientras seguía moviéndose. Franco chupaba los pezones con fuerza, mordiéndolos y dejando marcas.
- Más rápido, Domi… haceme sentir ese culo rebotando - pedía él.
Domi obedeció, saltando arriba y abajo con furia. El concha tragaba la pija completa cada vez, apretándola con las paredes internas. Los jugos le corrían por los huevos a Franco y goteaban a la reposera.
- Estoy comiendo sushi y cogiendo al mismo tiempo… esto es lo mejor de Ibiza - reía ella entre gemidos. - Tu pija me llega al fondo cada vez. -
Franco bajó una mano y le frotó el clítoris hinchado mientras ella seguía cabalgando. Domi temblaba, acelerando más. - Ahhh… me voy a venir otra vez… no pares de tocarme - gritaba.
- Corréte en mi pija, boluda. Mojame todo mientras comés el último roll - ordenaba él.
Domi agarró la última pieza y se lo metió en la boca mientras su orgasmo explotaba. La concha se contrajo violentamente alrededor de la pija, chorros de jugos salpicando. Gritó con la boca llena, el cuerpo convulsionando, pero sin dejar de rebotar.
- S-síííí… me vengo… tomá mi corrida, Fran. -
Terminaron todo el sushi. Domi bajó despacio de la pija, que salió brillante y cubierta de jugos. Se arrodilló frente a él en la reposera, con las tetas pesadas y los labios hinchados.
- Ahora te voy a mimar yo - dijo con una sonrisa sucia. - Quiero que te corras en mis tetas y en mi cara. -
Agarró la pija mojada con las dos manos y la metió entre sus tetas grandes y suaves. Empezó a masturbarlo con ellas: subía y bajaba el pecho, apretando la verga entre medio mientras le lamía la cabeza cada vez que subía.
- Mirá cómo te cogen mis tetas… ¿te gustan? - preguntaba ella, lamiendo la punta y girando la lengua alrededor.
- Están perfectas… seguí así, Domi. Chupala y apretala más - gemía Franco, agarrándole el pelo.
Domi obedecía: lamía, escupía saliva entre las tetas para lubricar mejor y aceleraba el movimiento. Sus tetas se movían rápido, envolviendo completamente la pija gruesa.
- Quiero tu leche caliente… correte en mi cara y en las tetas - suplicaba ella entre lamidas. - Soy tu puta, Fran. Dámela toda. -
Franco gruñía, empujando las caderas hacia arriba, cogiéndole las tetas de Domi. - Estoy cerca… abrí la boca, boluda. -
Domi sacó la lengua y siguió masturbándolo con las tetas más rápido. Franco explotó con un gemido fuerte. El primer chorro potente le cayó directo en la cara, cruzándole la mejilla y llegando a los labios. El segundo y tercero en las tetas, pintándolas de blanco espeso. Varios chorros más cubrieron sus pechos y cuello. Domi gemía, lamiendo lo que podía, tragando lo que le caía en la boca.
- Mmm… qué rica tu leche… seguí corriéndote - decía ella, ordeñándolo con las tetas hasta la última gota.
Cuando terminó, Franco la miró exhausto pero feliz. Domi se subió encima de él, todavía con la cara y las tetas llenas de semen, y lo besó profundo. Un beso largo, sucio, compartiendo el sabor de su propia corrida. Lenguas enredadas, semen pasando de boca en boca.

- Qué noche increíble, boludo… - susurró ella contra sus labios, sonriendo.
- La mejor que tuve en Ibiza - respondió Franco, acariciándole el culo y besándola otra vez. - Quedate todo lo que quieras. -
Se quedaron besándose despacio bajo las luces de la piscina, cuerpos pegoteados, exhaustos pero satisfechos. La noche en Ibiza había sido exactamente lo que Domi necesitaba: placer salvaje, compañía argentina y recuerdos que no iba a olvidar.

Tenía hambre y sed. Vio un bar chiquito pero con onda, con mesas en la vereda y una barra que se veía fresca adentro.
Detrás de la barra estaba Franco, un argentino de 32 años que se había mudado a Ibiza hacía ya cinco años. Alto, con barba prolija, tatuajes en los brazos y esa pinta de tipo que labura en la noche pero sabe disfrutar el día. Cuando levantó la vista y la vio entrar, se quedó helado.
- Che… ¿esa es Domi? - murmuró para sí mismo, pero cuando ella se acercó a la barra, no pudo contenerse.
Domi se apoyó en la madera con una sonrisa, sacándose los lentes. - Hola, ¿Cómo va? ¿Me das la carta o algo para comer? Estoy muerta de hambre. -
Franco la miró fijo, con esa sonrisa pícara que no podía disimular. - Boluda, vos sos Domi Faena, ¿no? Te sigo en TikTok hace rato. No puedo creer que estés acá. -
Domi soltó una carcajada genuina, reconociendo el acento porteño al instante. - Sí, soy yo. ¿Y vos sos argentino también? Se te nota un montón en la voz. -
- Soy de Capital, pero vivo acá hace unos años. Me llamo Franco. Bienvenida a Ibiza. -
Ella se rio y se acomodó mejor en la banqueta, cruzando las piernas. - Gracias. Dame algo rico para comer, lo que recomiendes. Una ensalada con pescado o lo que tengas fresco. Y una cerveza bien fría. -
Franco le preparó todo rápido, sin dejar de charlar. Le sirvió la cerveza y, mientras esperaba la comida, le dijo: - Mirá, cortesía de la casa -, y le puso un trago largo, un gin tonic bien cargadito con rodaja de limón.
Domi levantó una ceja, divertida. - Uy, qué atento. Gracias, Franco. No era necesario. -
- Dale, por la sorpresa del día. ¿Qué andás haciendo por acá sola? -
Ella tomó un sorbo, mirándolo por encima del vaso. - Vacaciones, nada más. Vine sola a desconectar. Quería conocer Ibiza en verano, que me dijeron que es lo mejor. Playa, fiesta, relax… todo junto. -
Franco asintió mientras le servía el plato. - Tenés razón. En verano es una locura linda. Yo me mudé hace unos años y no me arrepiento. Es otro ritmo, otra vida. Aunque laburar en temporada es heavy, vale la pena. -
La comida llegó y Domi empezó a comer con ganas. Franco seguía del otro lado de la barra, charlando entre cliente y cliente.
- ¿Y hoy qué tenés pensado para la tarde? - le preguntó de repente, con naturalidad pero con una mirada que ya buscaba más.
Domi notó la rapidez del chabón y sonrió para adentro. Le gustaba esa iniciativa. - Tenía ganas de ir a la playa. No sé, tirarme un rato al sol. -
Franco se apoyó en la barra, acercándose un poco. - Conozco unas playas re buenas, no tan llenas de turistas. Mi turno termina como a las 2. Si querés, te puedo llevar. Total, si estás sola… capaz no te viene mal un poco de compañía. -
Domi lo miró un segundo, pensándolo. El tipo era lindo, simpático y le generaba buena vibra. Se mordió el labio inferior un instante. - Está bien… ¿por qué no? Capaz no me hace mal tener compañía hoy. Dale. -
Franco no podía creerlo. Sonrió grande. - Genial. Dejame tu número y la dirección del hotel donde estás. Te paso a buscar. -
Domi sacó el celu, le dictó el número y el nombre del hotel. - Te espero a las 5 en la puerta. No llegués tarde, eh - le dijo guiñándole un ojo.
Pagó la cuenta, dejó una buena propina y le agradeció el trago. - Gracias por todo, Franco. Nos vemos más tarde. -
Él se quedó mirando cómo salía, todavía procesando. - No puedo creer que me dijo que sí… —murmuró solo, sonriendo como un boludo. -
A las 5 en punto de la tarde, Franco estacionó frente al hotel. Estaba nervioso pero excitado, con una remera suelta, un short de baño y unas ojotas. Apenas apagó el motor vio a Domi esperando en la puerta, y se le secó la boca.
La influencer estaba espectacular. Llevaba un bikini marrón chiquitito que apenas le cubría las tetas firmes y redondas, dejando a la vista gran parte de su escote bronceado. Encima, una bata negra translúcida que no tapaba nada: se le marcaban perfectamente los pezones y la forma de sus pechos. Abajo, un mini short blanco ajustadísimo que le apretaba el culo de manera brutal. Lentes de sol grandes, el pelo suelto y una sonrisa pícara.

- Che, llegaste puntual - dijo Domi acercándose al auto. - Me gusta. -
Franco bajó rápido para abrirle la puerta, tratando de no comérsela con la mirada. - Obvio, no iba a hacerte esperar. Estás… increíble, boluda. -
Ella se rio y se subió al auto. Cuando se sentó, la bata se abrió un poco más y Franco pudo ver claramente cómo se le movían las tetas con el movimiento. Arrancó el motor y salieron rumbo a la playa que él conocía.
Durante los primeros minutos hablaron de la vida. Domi le contó un poco de Buenos Aires, de lo loco que era laburar en redes y de lo bien que le estaba haciendo desconectar en Ibiza. Franco le hablaba de cómo había sido mudarse solo, de los veranos eternos y de lo diferente que era todo.
Pero él no podía concentrarse del todo. De reojo, cada vez que podía, le miraba las tetas. La bata negra era tan fina y translúcida que era como si estuviera topless al lado suyo. Cada vez que Domi respiraba o se reía, se le movían de una forma hipnótica.
- Mirá… con ese bikini y esa bata, vas a volver locos a todos en la playa - dijo Franco con una sonrisa, usando un tono con doble sentido pero sin pasarse.
Domi soltó una carcajada fuerte y lo miró de costado. - Jajaja, boludo… ¿ya empezamos con los comentarios? - respondió riendo, pero sin ofenderse. - Sos rápido vos, eh. -
Ella se rio y siguió charlando como si nada, pero inconscientemente se movía en el asiento. Cruzaba y descruzaba las piernas, se acomodaba la bata y, sin darse cuenta, apretaba los brazos contra sus pechos, haciendo que se le marcaran aún más. Franco sentía cómo se le empezaba a endurecer la pija dentro del short. Tuvo que acomodarse disimuladamente en el asiento, respirando más profundo.
Llegaron a la playa después de un rato. Era un lugar lindo, con arena clara, agua turquesa y un poco más apartado que las zonas principales, aunque todavía había algunas familias y parejas dispersas.
Franco bajó primero y empezó a armar la sombrilla, clavándola bien en la arena. Domi se bajó del auto y, sin decir nada, se sacó la bata negra lentamente. La tela se deslizó por sus hombros y cayó, dejando al descubierto su cuerpo casi desnudo bajo el bikini marrón. Franco intentó disimular, pero le fue imposible. Sus ojos se clavaron en ella.
Después, Domi se bajó el mini short blanco ajustado. Lo hizo despacio, inclinándose un poco hacia adelante. El short bajó por sus caderas y reveló ese culo redondo, firme y bronceado que apenas quedaba cubierto por la tanga del bikini. Las nalgas se movieron con el movimiento, perfectas.
- Listo - dijo ella con naturalidad, doblando la ropa y guardándola en la bolsa.
Franco estaba con la pija completamente dura debajo del short. Sentía el pulso latiéndole ahí, apretado contra la tela. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para actuar normal, como si no estuviera a punto de reventar.
- Buen lugar, ¿no? - comentó él, con la voz un poco más ronca de lo normal, mientras terminaba de acomodar las toallas.
- Sí, está buenísimo - respondió Domi sonriendo, sabiendo perfectamente el efecto que estaba causando. - Gracias por traerme. -
Se acomodaron bajo la sombrilla que Franco había clavado firme en la arena. El sol de Ibiza pegaba fuerte, pero la brisa del mar hacía que se estuviera de maravilla. Franco había venido preparado como un caballero: una heladerita con bebidas frías, cervezas, un poco de vino blanco, snacks, fruta y hasta una botellita de gin para armar tragos improvisados. Domi se sintió realmente consentida al ver todo eso.
- Boludo, trajiste todo un banquete - dijo ella riendo mientras se sentaba en la toalla grande que habían extendido. - Me estás malacostumbrando, eh. -
Franco sonrió, sentándose a su lado, aunque su mirada no paraba de recorrer el cuerpo de ella. Ese bikini marrón se le clavaba entre las nalgas, marcando perfectamente la forma de su culo redondo y firme.
- Quería que estuvieras cómoda. ¿Querés algo para tomar? -
- Después. Primero… ¿trajiste protector solar? - preguntó Domi con una voz suave, mirándolo a los ojos.
- Sí, obvio - respondió él, revolviendo en la bolsa.
Domi se puso de pie y empezó a aplicarse el protector por todo el cuerpo. Se untó las piernas lentamente, subiendo desde los tobillos hasta los muslos, masajeando la crema blanca que contrastaba con su piel bronceada. Franco la miraba sin disimulo ahora, sentado en la toalla. Ella se pasó las manos por la panza plana, por los costados y luego por el escote. Sus tetas se movían con cada movimiento, el bikini apenas conteniéndolas. Se dio vuelta y se untó los brazos, arqueando un poco la espalda.
Solo le faltaba la espalda. Domi se giró hacia él con una sonrisa seductora, mordiéndose el labio inferior.
- Franco… ¿me podés pasar protector por la espalda? No llego bien - dijo con voz baja y juguetona, casi ronroneando.
Él tragó saliva. La pija ya le latía dentro del short desde hacía rato.
- Claro, dale - respondió, poniéndose de pie rápidamente.
Domi se acostó boca abajo sobre la toalla grande, cruzando los brazos bajo la cabeza. Al tirarse, su culo se movió como gelatina, las nalgas perfectas rebotando suavemente con el impacto. La tanga del bikini marrón desaparecía casi por completo entre esas dos montañas redondas y bronceadas.

Franco se arrodilló a su lado, con la vista clavada en ese culo increíble. - La puta madre, ese culo es una obra de arte -, pensó para sí mismo, sintiendo cómo se le ponía dura como piedra.
Empezó a aplicarle la crema. Sus manos grandes se deslizaron por los hombros de Domi, bajando por la espalda con movimientos firmes pero lentos. La piel de ella era suave, caliente por el sol. Bajó hasta la cintura, masajeando los costados. Domi soltó un gemidito suave de placer.
- Mmm… qué manos tenés, boludo. Hacelo más fuerte - murmuró ella, moviendo ligeramente las caderas.
Franco sintió que se le endurecía más la pija. Sus dedos llegaron al borde de la tanga, justo donde empezaba ese culo espectacular. Estaba tentado de agarrar esas nalgas con fuerza, apretarlas, separarlas y ver lo que había debajo. Pero se contuvo, respirando agitado. Siguió bajando, untando la crema por los costados de las tetas que se aplastaban contra la toalla y por la parte baja de la espalda. Cada vez que pasaba cerca del culo, Domi arqueaba un poquito la espalda, haciendo que las nalgas se levantaran tentadoramente.
- Listo… - dijo Franco con la voz ronca, retirando las manos a regañadientes.
- Gracias, Fran - respondió Domi girando la cabeza y mirándolo con una sonrisa pícara. Ella había notado perfectamente cómo la miraba, cómo respiraba. Estaba disfrutando del juego.
Se incorporó un poco y le devolvió la pregunta: - ¿Querés que te ponga yo a vos? -
Franco se sentó frente a ella, con las piernas cruzadas. - Dale, sí. -
Domi se arrodilló detrás de él. Se acercó tanto que sus tetas firmes se apoyaron directamente contra la nuca y los hombros de Franco. Él sintió el calor de esa carne suave y pesada presionando su piel. La crema estaba fría, pero las manos de ella eran calientes. Domi empezó a untarle los hombros, bajando por la espalda con movimientos circulares. Sus tetas se movían contra él con cada pasada, rozándole el cuello.
- Estás re duro de espalda… - susurró ella cerca de su oído, mientras sus manos bajaban por los costados del torso de Franco.
Llegó hasta el pecho. Sus dedos se deslizaron por los pectorales, bajando lentamente hacia el abdomen. Franco tenía la pija completamente dura, marcándose brutalmente debajo del short de baño. Domi lo notó perfectamente. Sus manos pasaron muy cerca del borde del short, rozando casi el comienzo del pubis. Sintió el calor que salía de ahí y sonrió para sí misma, pero no dijo nada. Siguió bajando un poco más, tentándolo.
Terminó y se puso de pie. Franco seguía sentado. Cuando ella caminó hacia adelante para guardar el protector en la bolsa, pasó justo por delante de él. Su culo quedó a la altura exacta de la cara de Franco. Las nalgas se movían con cada paso, redondas, firmes, bronceadas. Él no pudo evitar seguirlas con la mirada.
Domi se dio cuenta y movió las caderas un poquito más, provocándolo sutilmente.
La tarde pasó entre risas, charlas y tragos. Se conocieron más. Domi le contó anécdotas de sus streams en Luzu, de lo loco que era TikTok y de cómo a veces la ansiedad la comía viva. Franco le habló de su vida en Ibiza, de las noches de fiesta y de lo bien que se vivía ahí. Comieron fruta, snacks y armaron unos gin tonics bien frescos.
Pero Domi no paraba de jugar. Se acomodaba las tetas “sin querer”, se estiraba arqueando la espalda, se pasaba crema otra vez en las piernas abriéndolas un poco. En un momento, mientras charlaban sentados uno al lado del otro, ella cruzó las piernas y su pie rozó “accidentalmente” el bulto duro de Franco. Él se tensó pero no dijo nada.
- Este lugar es hermoso… - dijo Domi mirando el mar, pero con la mano apoyada cerca del muslo de él.
La playa se iba vaciando de a poco. Las familias recogían sus cosas y se retiraban. El sol empezaba a bajar lento, pintando todo de tonos naranjas y dorados. Franco agarró su celular.
- Mirá qué lindo está el paisaje - dijo como excusa, poniéndose de pie. - Quedate ahí que saco una foto. -
Domi sonrió, se puso en cuatro patas sobre la toalla, mirando hacia la cámara. Los lentes de sol puestos, el pelo cayéndole sobre los hombros, una copa de gin tonic en la mano. El culo levantado, las tetas casi saliéndose del bikini por la posición. La tanga se le marcaba entre las nalgas. Era una imagen brutalmente sexual.
- Así está bien? - preguntó ella, arqueando más la espalda y moviendo el culo levemente.
- Perfecta… - respondió Franco, sacando varias fotos. La pija le dolía de lo dura que estaba.

Domi se rio bajito, sabiendo exactamente lo que estaba haciendo. El juego seguía subiendo de tono, pero todavía sutil, bajo el sol que ya se despedía.
La playa se había vaciado casi por completo. Solo quedaban algunas parejas lejanas y un par de grupos que recogían sus cosas con lentitud. Domi y Franco seguían bajo la sombrilla, el aire cargado de esa tensión sexual que había ido creciendo toda la tarde como una ola que no paraba de subir.
Domi tomó la botella de gin y preparó dos copas más, bien cargadas, con hielo que tintineaba contra el vidrio. Se acercó a Franco gateando un poco sobre la toalla, sus tetas bamboleándose dentro del bikini marrón diminuto. Le extendió una copa con una sonrisa que prometía todo.
- Tomá, Fran - dijo con voz suave y ronca, mirándolo a los ojos. - Quiero brindar por esta tarde tan maravillosa que me hiciste pasar. En serio, boludo… hacía rato que no me sentía tan consentida y tan a gusto con alguien. Gracias por todo. -
Franco agarró la copa, todavía con la pija dura como una roca debajo del short. El bulto era más que evidente, pero ya no le importaba disimular tanto. - Gracias a vos por coparte, Domi. No sabés lo que es tener a la mina que sigo hace meses sentada al lado mío en la playa, riéndote de mis boludeces y dejándome mirarte como un tarado. Sos… un sueño, che. -
Ambos chocaron las copas con un “chin-chin” suave y tomaron un sorbo largo. El alcohol calentaba la garganta y el cuerpo. Domi se lamió los labios lentamente, saboreando el gin, y miró directamente al bulto entre las piernas de Franco.
Franco se movió, empezando a juntar algunas cosas como si quisiera guardar todo.
- Esperá… - lo frenó Domi de repente, poniéndole una mano en el pecho y empujándolo suavemente de vuelta a la toalla. - No tan rápido. Tengo algo para vos antes de que empecemos a guardar todo. -
Franco la miró confundido pero excitado, el corazón latiéndole fuerte. - ¿Algo para mí? -
Domi sonrió con picardía, mordiéndose el labio inferior. Miró hacia ambos lados de la playa. Había gente a lo lejos, sí, pero estaban lo suficientemente apartados como para que no importara. El riesgo la ponía más caliente.
- Decime una cosa… - susurró acercándose más, su aliento cálido contra la oreja de él. - Esa pija dura que tenés desde hace rato… ¿es por mí? -
Franco se puso un poco colorado, pero sonrió avergonzado y excitado. - Sí… es por vos, Domi. Desde que te subiste al auto no paro de pensar en tu cuerpo. Estás demasiado buena, boluda. Me tenés loco. -
Domi soltó una risita baja y sexy. Tomó una toalla grande y se la tiró sobre las piernas de Franco. - Tapate con esto. No quiero que nos vean… -
Franco obedeció rápido, cubriéndose el regazo. Domi se acercó más, arrodillándose a su lado. Con una mano experta deslizó los dedos por debajo de la toalla y del short de baño. Sus uñas rozaron el pubis y luego envolvieron la pija caliente y dura de Franco.
- Uy, la puta madre… - murmuró él con voz ahogada cuando sintió la mano de ella cerrándose alrededor de su pija.
Domi sacó la pija completa por debajo del short, manteniéndola oculta bajo la toalla. Era gruesa, venosa, con la cabeza hinchada y brillante. La empuñó con fuerza desde la base y empezó a mover la mano arriba y abajo, lenta pero firme. La piel se deslizaba suave sobre la carne dura.
- Mmm… mirá lo dura que la tenés - susurró Domi mirándolo a los ojos, sonriente, mientras su mano aceleraba un poco el ritmo. - Toda la tarde sufriendo por mi culo y mis tetas, ¿no? Pobre Fran… -
Franco echó la cabeza hacia atrás, respirando agitado. Sus caderas se movían levemente hacia arriba, buscando más fricción. - Dios, Domi… tu mano es una maravilla. Me estás matando… -
Ella no paraba. Movía la mano con maestría: apretaba en la base, subía lento hasta la cabeza, giraba la muñeca en la punta sensible y bajaba otra vez. Con la otra mano le acariciaba los huevos, masajeándolos suavemente. La toalla se movía al ritmo de sus pajas expertas. Franco gemía bajito, mordiéndose el labio para no hacer ruido.
- Mirame - le ordenó ella suavemente. - Quiero verte la cara mientras te pajeo. -
Franco abrió los ojos y la miró. Domi estaba ahí, con el bikini todavía puesto, las tetas casi saliéndose, el pelo alborotado por el viento y esa sonrisa traviesa. Aceleró el ritmo, haciendo que la pija entrara y saliera de su puño cerrado.
- Sos una diosa… - jadeó él. - Me voy a correr… estoy re cerca, Domi. -
- Hacélo - le dijo ella sin dejar de pajearlo, más rápido ahora. - Acabá en mi mano, Fran. Quiero sentir cómo te corrés por mí. -
Franco apretó los dientes, todo el cuerpo tenso. Con un gemido ahogado, empezó a correrse fuerte. Chorros calientes y espesos de semen salieron disparados contra la mano de Domi, llenándole la palma y los dedos. Uno, dos, tres, cuatro pulsos fuertes. Ella siguió moviendo la mano suavemente, ordeñándolo hasta la última gota, exprimiendo todo.
Cuando terminó, Domi sacó la mano de debajo de la toalla. Estaba llena de semen blanco y espeso. Mirándolo fijamente a los ojos, se la llevó a la boca. Primero lamió un dedo lentamente, saboreándolo, luego metió dos dedos completos y chupó con gusto. Tragó todo, abriendo la boca para mostrarle que no quedaba nada.
- Mmm… rico - susurró sonriendo, lamiéndose los labios. - Tenías muchas ganas guardadas, ¿eh? -
Franco estaba exhausto, respirando pesado, todavía procesando lo que acababa de pasar en plena playa.
- Boluda… sos una loca. Me acabás de hacer el mejor regalo de mi vida. -
Domi se rio bajito y se limpió la mano con la toalla. Se acercó y le dio un beso corto en los labios. - ¿Querés ir a mi hotel? - le preguntó con voz seductora.
Franco negó con la cabeza, todavía recuperándose. - Mejor vamos a la casa que estoy alquilando. Está un poco más lejos, pero vamos a tener toda la privacidad del mundo. Podemos hacer ruido tranquilos, sin que nadie nos moleste. -
Domi sonrió, excitada por la idea. - Dale. Me encanta. -
Se levantó y se colocó de nuevo la bata negra translúcida sobre el bikini. Franco se acomodó el short como pudo y empezaron a guardar todo rápido.
Domi caminaba delante hacia el auto, tomándolo de la mano. Sus caderas se movían provocativas. Franco no resistió y le levantó la bata por detrás con la mano libre, dejando al descubierto ese culo espectacular. Lo apretó, lo acarició, separó un poco las nalgas para ver la tanga enterrada entre ellas.
- Mirá este culo… - gruñó bajito.
Domi miró por encima del hombro, mordiéndose el labio inferior con fuerza, los ojos llenos de deseo. - Te gusta, ¿no? Esperá a que lleguemos… vas a poder hacer lo que quieras con él. -
Ya en el auto, con la noche cayendo sobre Ibiza y las luces de la carretera iluminando el interior, Domi se acomodó en el asiento del acompañante. Franco arrancó el motor, todavía con la pija medio dura después de la corrida en la playa. El ambiente dentro del auto estaba cargado, denso de deseo.
Domi giró la cabeza hacia él con una sonrisa traviesa, apoyando una mano en su muslo. - ¿Te gustó la paja que te hice en la playa, Fran? - preguntó con voz baja y seductora.
Franco soltó una risa nerviosa pero excitada, agarrando el volante con fuerza mientras salían del estacionamiento. - Boluda, me encantó. Fue una de las mejores que me hicieron en la vida. Tu mano es mágica… apretabas justo donde tenía que apretar. Todavía tengo la pija sensible. -
Domi se rio bajito y deslizó la mano más arriba por su pierna. - ¿Y te imaginás cómo sería una chupada mía? - preguntó directamente, mirándolo de reojo.
Franco tragó saliva, sintiendo cómo se le empezaba a endurecer de nuevo solo con la idea. - No puedo ni imaginármelo… seguro que me volvés loco. Esa boquita que tenés… con esos labios carnosos. Me muero por sentirla. -
Domi miró el GPS en el celular de él. - ¿Cuánto falta para llegar a tu casa? -
- Como media hora aproximadamente, dependiendo del tránsito. Está un poco alejada, pero vale la pena por la privacidad. -
Ella sonrió con picardía, mordiéndose el labio inferior. - Media hora es bastante tiempo… Podemos ir calentando para cuando lleguemos. No quiero que llegues con las bolas llenas otra vez. -
Sin esperar respuesta, Domi se inclinó hacia él y con una mano experta le bajó el short de baño lo suficiente para sacar la pija de Franco. Ya estaba semi-dura, gruesa y venosa. La envolvió con sus dedos y empezó a pajearlo lentamente, sintiendo cómo crecía y latía en su mano.
- Uy, mirá cómo se pone dura de nuevo… - susurró ella, acelerando un poco el movimiento. - Toda caliente y gruesa. Me encanta sentirla así. -
Franco soltó un gemido bajo, tratando de concentrarse en la carretera. El auto iba a velocidad moderada por la costa. - Domi… me vas a hacer chocar. Pero no pares, por favor. -
Mientras conducía con una mano, Franco estiró la otra hacia ella y le metió la mano por debajo de la bata. Sus dedos encontraron las tetas firmes y pesadas de Domi, apretándolas con ganas. Las masajeaba, las pellizcaba suavemente por encima del bikini marrón, sintiendo cómo se le endurecían los pezones.
- Qué tetas de tenés… - gruñó él, apretando más fuerte una de ellas, haciendo que la carne se desbordara entre sus dedos. - Son perfectas, grandes pero firmes. Me vuelven loco. -
Domi soltó una risita entrecortada por el placer, sin dejar de mover la mano arriba y abajo por la pija de él. - ¿Te gustan mis tetas, Fran? Decime cuánto te gustan - le pidió ella, apretando más la base de su verga.
- Me encantan, boluda. Son las mejores que vi en mi vida. Quiero chupártelas, morderlas, cogértelas… todo. -
Domi aceleró el ritmo de la paja, girando la muñeca en la cabeza hinchada cada vez que subía. Franco gemía más fuerte, apretando las tetas de ella con más fuerza, tironeando suavemente de los pezones. El auto se llenaba de los sonidos húmedos de la mano de Domi contra la pija dura.
- Mirá cómo late… - susurró ella, bajando la cabeza un momento para escupir saliva directamente sobre la cabeza de la pija, lubricándola más. - Toda mía para jugar. -
Pasaron varios minutos así. Franco conducía como podía, alternando la vista entre la ruta y las tetas de Domi que se movían con cada apretón. Ella no paraba: pajeaba rápido, luego lento, apretaba los huevos con la otra mano, los masajeaba. En un momento se inclinó y le dio una lamida rápida a la punta, saboreándolo.
- Sabés rico… - murmuró ella.
Franco estaba al borde. El camino se hacía eterno.
Ya a unos 15 minutos de llegar, Franco no aguantó más. El placer era demasiado. - Domi… no puedo esperar hasta la casa. Me estás matando. Por favor… -
Domi sonrió con deseo puro en los ojos. - Entonces no te hago esperar. -
Se agachó todo lo que pudo en el asiento, inclinándose sobre la consola central. Le sacó la pija completamente y la metió en su boca caliente y húmeda. Empezó a chupar con ganas, bajando la cabeza hasta donde podía en esa posición incómoda.
- Ahhh, la puta madre… - gruñó Franco, empujando suavemente la cabeza de ella hacia abajo con una mano, mientras con la otra sostenía el volante.
Domi se ahogaba un poco con la grosura, pero no se detenía. Babeaba abundantemente, la saliva le corría por la barbilla y por la pija. Chupaba con ruido, succionando fuerte la cabeza y bajando todo lo que podía por el tronco venoso. Su lengua giraba alrededor, lamiendo cada vena.
- Chupámela así… eso, boluda. Sos una diosa - jadeaba Franco, empujándole la cabeza con más insistencia.
Domi gemía alrededor de la pija, vibrando con la garganta. Sacaba la verga un segundo para respirar. - Corréte en mi boca, Fran. Quiero sentir la leche caliente en mi garganta. -
Volvió a meterla profunda, chupando más rápido, moviendo la cabeza arriba y abajo con ritmo constante. Franco le agarraba el pelo con fuerza. El auto olía a sexo, a saliva y a deseo.
- Estoy cerca… me voy a correr - avisó él con la voz ronca, apretando el acelerador sin querer.
Domi no se separó. Chupó más fuerte, apretando con la mano la base, masturbándolo al mismo tiempo que chupaba.
Con un gemido gutural, Franco se corrió violentamente en su boca. Chorros espesos y calientes de semen le llenaron la garganta. Domi tragó todo sin derramar una gota, gimiendo de placer mientras lo hacía. Siguió chupando suave hasta que dejó de pulsar, limpiando cada resto con la lengua.
Se incorporó lentamente, lamiéndose los labios y mirándolo con ojos llenos de lujuria. - Todo tragado… ¿Cómo estuvo? -
Franco respiraba agitado, todavía recuperándose. - Increíble… sos una hija de puta. No veo la hora de llegar para cogerte como corresponde. -
El auto se detuvo frente a la casa alquilada de Franco, una villa moderna pero discreta en las afueras de Ibiza, rodeada de un pequeño jardín y con vistas al mar en la distancia. La noche ya había caído por completo, y solo las luces tenues del porche iluminaban la entrada. Franco apagó el motor con las manos temblando de excitación. Domi, con los labios todavía hinchados de haberle chupado la pija durante todo el camino, lo miró con ojos cargados de puro fuego.
Apenas bajaron, Franco la tomó de la mano y casi la arrastró hacia la puerta. No hubo tiempo para formalidades. En cuanto la llave giró en la cerradura y entraron al living amplio y fresco, la puerta se cerró de un portazo detrás de ellos. Domi se lanzó sobre él como una fiera. Sus bocas se encontraron en un beso desesperado, hambriento, lleno de lengua y saliva. Los labios de ella, carnosos y suaves, se apretaban contra los de Franco con urgencia. Sus lenguas se enredaron, bailando salvajemente, chupándose mutuamente mientras gemían dentro de la boca del otro.
- Por fin te tengo acá - gruñó Franco contra sus labios, mordiéndole el inferior con ganas mientras sus manos bajaban directo a ese culo que lo había vuelto loco toda la tarde. Lo apretó fuerte con las dos manos, clavando los dedos en la carne firme y redonda, separando las nalgas por encima de la bata translúcida.
Domi soltó un gemido ahogado en el beso, frotando su cuerpo contra el de él. Sentía la pija de Franco ya dura otra vez, presionando contra su panza.
- Besame más fuerte, boludo… quiero sentirte todo - jadeó ella, metiendo las manos debajo de la remera de él y arañándole la espalda.
El beso se volvió más brutal. Lenguas lamiéndose, dientes chocando, saliva corriendo por las barbillas. Franco la empujó contra la pared cercana, acorralándola con su cuerpo más grande. Domi sintió la fría pared en la espalda y eso solo la calentó más. Sus tetas se aplastaban contra el pecho de él, los pezones duros como piedras rozando la tela.
Ella se separa del beso, se arrodilló y le bajó el short de baño de un tirón. La pija de Franco, gruesa, venosa y completamente empalmada, saltó libre y rebotó pesadamente contra la cara de ella. El impacto hizo que la cabeza hinchada le golpeara la mejilla y los labios, dejando un rastro de precum brillante.
- Uy, la puta madre… mirá esta pija hermosa - susurró Domi. Sus ojos brillaban de deseo mientras la miraba de cerca.
No perdió tiempo. Abrió la boca y la metió de un saque, tragando casi la mitad de una sola vez. El gemido de Franco fue gutural. - Ahhh, sí… chupámela, Domi. Esa boquita que tenés es perfecta. -
Domi empezó a chupársele con hambre voraz. Subía y bajaba la cabeza con ritmo rápido, ahogándose cuando la punta le tocaba el fondo de la garganta. Babeaba abundantemente; hilos espesos de saliva le corrían por la barbilla, caían sobre sus tetas y goteaban al piso. El sonido era obsceno: gluck, gluck, gluck, mientras chupaba con fuerza, succionando y lamiendo cada centímetro.
- Grrrl… me encanta tu pija, Fran - dijo ella sacándola un segundo, jadeando y con la voz ronca, mientras la pajeaba rápido con la mano llena de saliva. - Es tan gruesa… tan caliente… quiero sentirla adentro mío después. Quiero que me rompas el concha con esta verga. -
Volvió a metérsela, más profundo esta vez. Se ahogaba adrede, dejando que las arcadas le hicieran lagrimear un poco, pero sin parar. La lengua giraba alrededor del tronco, lamiendo las venas, bajando a chuparle los huevos uno por uno, metiéndoselos en la boca y masajeándolos con la lengua. Luego volvía a la cabeza, succionando fuerte como si quisiera sacarle el alma.
Franco no aguantó más el control. Le agarró el pelo con las dos manos, enredando los dedos en esos mechones oscuros, y empezó a empujar las caderas hacia adelante. La estaba follando la boca contra la pared. Domi quedó acorralada, la nuca contra el muro, mientras Franco le metía la pija hasta el fondo una y otra vez.
- Tomala toda, boluda. Eso… tragátela entera - gruñía él, empujando con fuerza pero controlando para no lastimarla. La pija entraba y salía de su garganta, haciendo bultos visibles en el cuello de Domi. La saliva salía a borbotones, empapándole la cara, el pecho y el bikini.
Domi gemía alrededor de la verga, vibrando con la garganta. Sus ojos llorosos miraban hacia arriba, buscando la mirada de él, mientras babeaba sin control. Con una mano se tocaba las tetas por encima del bikini, pellizcándose los pezones, y con la otra le apretaba los huevos a Franco, tironeándolos suavemente.
- Así, mamita… sos una diosa chupando pija - jadeaba Franco, acelerando el ritmo. Le cogía la boca con estocadas profundas y constantes. El sonido húmedo llenaba el living. Cada vez que sacaba la pija, Domi tosía y jadeaba, pero inmediatamente abría la boca pidiendo más.
- Dame más… metémela toda - suplicaba ella con voz quebrada, la cara toda mojada de saliva y lágrimas de placer. - Me encanta cómo me llenás la boca. Quiero que me uses como una puta. -
Franco la jaló del pelo con más fuerza, sacándola de la posición de rodillas. La puso de pie de un tirón, todavía agarrándola del pelo. Domi quedó pegada a él, con la cara roja y brillante. Sin darle tiempo, la besó desesperadamente otra vez. Un beso sucio, lleno de saliva mezclada, lenguas enredadas con furia. Podía saborear su propio semen en la boca de ella.
Mientras se besaban como animales, Domi no dejó de masturbarlo. Su mano derecha bajó y envolvió la pija mojada de saliva, pajeándola rápido y fuerte, girando en la cabeza hinchada. Arriba y abajo, apretando justo en el punto donde sabía que más placer le daba.
- Seguí besándome mientras te pajeo - murmuró ella entre beso y beso, mordiéndole el labio. - Quiero que sientas lo mojada que estoy por vos. -
Franco gruñó en su boca, bajando una mano para tocarle el concha por encima del bikini. Los dedos rozaron la tela ya empapada.
- Estás chorreando, boluda… - dijo él, metiendo los dedos debajo de la tela y sintiendo los labios hinchados y resbaladizos.
El beso continuó interminable: lenguas lamiéndose, succionándose, mordiéndose. Domi aceleraba la paja, sintiendo cómo la pija latía en su mano, cada vez más dura, más caliente. Franco la tenía acorralada contra la pared, dominándola con su cuerpo, jalándole el pelo para inclinarle la cabeza y besarla más profundo.
- Quiero que me cojas ya. Ahora. - jadeó ella, la voz ronca de tanto chupar.
Se separó apenas lo suficiente para quitarse la bata negra translúcida de un tirón y tirarla al piso. Después, con movimientos rápidos y desesperados, se desató el bikini marrón. Primero el top: sus tetas grandes, firmes y bronceadas saltaron libres, rebotando pesadamente. Los pezones rosados y duros como piedras apuntaban hacia él. Franco gruñó al verlas.
- Qué tetas que tenes, Domi… - murmuró, agarrándolas con las dos manos y apretándolas fuerte, hundiendo los dedos en esa carne suave y caliente.
Domi gimió y se bajó la tanga del bikini de un solo movimiento. Su concha quedó completamente expuesta: depilada, hinchada, los labios mayores gruesos y brillantes de tanto estar mojada. Un hilito de jugos le corría por el interior del muslo.
- Mirame - le dijo ella, abriendo un poco las piernas. - Vení y metémela de una vez. -
Franco no esperó. La levantó en el aire como si no pesara nada, apretándole el culo con fuerza. Domi envolvió las piernas alrededor de su cintura. La punta gruesa de su pija rozó la entrada empapada de la concha de ella.
- Metémela, Fran… rompeme - suplicó Domi, mordiéndole el cuello.
Con un empujón fuerte y profundo, Franco la empaló contra la pared. La pija gruesa entró de una sola vez hasta el fondo, abriéndole las paredes calientes y resbaladizas.
- Ahhhhhh, ¡sí! - gritó Domi, clavándole las uñas en la espalda. - Qué gruesa… me estás llenando toda, boludo. Movete, cogeme fuerte. -
Franco empezó a bombear como un animal. Estocadas profundas y rápidas, golpeando contra su culo con cada embestida. El sonido de piel contra piel resonaba: clap, clap, clap. Las tetas de Domi saltaban salvajemente entre sus cuerpos.
- Tu concha es un vicio… está apretadísima y chorreando - gruñía él, mordiéndole el cuello y las tetas. - Tomala toda, puta. Sentí cómo te parto al medio. -
Domi gemía sin control, la cabeza echada hacia atrás contra la pared. - Más fuerte… tirame del pelo, Fran. Quiero que me trates como una puta. -
Franco enredó una mano en su pelo y tiró fuerte hacia atrás, arqueándole el cuello mientras seguía cogiéndola contra la pared. Con la otra mano le cacheteaba el culo con fuerza, dejando marcas rojas en esa nalga perfecta.
- Así, ¿te gusta? - preguntaba él entre embestidas brutales.
- S-sí… más fuerte, nalgueame más. Me encanta que me pegues mientras me cogés - respondía Domi entre gemidos ahogados.
Cambió de posición sin sacarla. La bajó al piso, la tiró sobre la alfombra grande del living y se puso arriba en misionero. Le abrió las piernas al máximo y volvió a metérsela de un golpe seco.
- Mirame a los ojos mientras te cojo - le ordenó.
Domi lo miró, la cara contorsionada de placer. Franco la penetraba profundo, girando las caderas para rozarle el punto G. Cada vez que entraba hasta el fondo, ella soltaba un gritito agudo.
- Besame, boludo… meteme la lengua mientras me rompes - pidió ella.
Franco se inclinó y la besó con violencia, lenguas enredadas, saliva corriendo. Sus caderas no paraban: estocadas rápidas, fuertes, haciendo que las tetas de Domi rebotaran contra su pecho.
- Tu pija me está destrozando… me encanta - gemía ella contra su boca. - No pares, seguí cogiéndome así. -
Franco le agarró las muñecas y se las puso por encima de la cabeza, dominándola completamente. Bajó la boca a sus tetas y chupó fuerte un pezón, mordiéndolo mientras aceleraba el ritmo.
- Quiero que me nalguees más… dame vuelta - suplicó Domi.
Franco la dio vuelta en un movimiento rápido, poniéndola en cuatro patas. Ese culo increíble quedó levantado frente a él, las nalgas separadas y la concha hinchada goteando. Le escupió directo en el agujero y metió la pija de una sola embestida brutal.
- Dios… mirá este culo - gruñó, agarrándola de las caderas y tirándola contra él. El impacto hacía que las nalgas rebotaran.
Domi gritó de placer. - Me encanta, tirame el pelo, Fran. Fuerte. Cacheteame mientras me cogés en perrito. -
Él le envolvió el pelo en la mano y tiró hacia atrás, arqueándole la espalda. Con la otra mano empezó a darle cachetadas fuertes en el culo, alternando lados. Cada nalgada resonaba y dejaba la piel roja.
- Así, ¿te gusta que te trate como una puta? - preguntaba él, cogiéndola cada vez más rápido.
- S-sí… soy tu puta hoy. Cogeme más duro, rompéme el concha - respondía Domi entre gemidos y gritos. - Quiero que me dejes el culo marcado. -
Franco obedecía, dándole palmadas cada vez más fuertes mientras la penetraba sin piedad. La pija entraba y salía completa, brillando con los jugos de ella. El sonido era completamente obsceno.
Después de varios minutos en perrito, Domi tomó el control. Lo empujó hacia atrás hasta que Franco quedó sentado en el sofá. Ella se subió arriba, a horcajadas, y se clavó la pija lentamente, bajando hasta el fondo.
- Ahora me vas a ver rebotar - dijo con una sonrisa sucia.
Empezó a cabalgarlo como una diosa. Subía y bajaba con fuerza, haciendo que sus tetas saltaran en la cara de Franco. Él las agarraba, las chupaba, las mordía.
- Montame, Domi… mové ese culo rico - gemía él, dándole nalgadas desde abajo.
Domi aceleró, girando las caderas en círculos mientras subía y bajaba. Su concha apretaba la pija con cada movimiento. - Besame mientras te monto - pidió ella.
Franco la besó profundo, tirándole el pelo y apretándole las tetas. Domi gemía en su boca, cabalgando cada vez más salvaje.
- Estoy cerca… seguí así - avisó él.
- No te corras todavía. Quiero más posiciones - respondió ella, bajándose de repente.
Lo llevó contra otra pared, dándose vuelta y apoyando las manos en ella. Franco la penetró desde atrás de nuevo, cogiéndola de pie.
- Decime cosas sucias - suplicó Domi.
- Sos una puta caliente… tu concha está hecha para mi pija. Te voy a llenar toda de leche - gruñía él, embistiendo como un toro.
Volvieron al piso. Franco la puso en misionero otra vez, pero con las piernas de ella sobre sus hombros. La penetración era más profunda que nunca.
- Ahhhhh, ahí… me estás tocando el fondo - gritaba Domi. - No pares, cogeme, haceme acabar. -
Franco aceleró al máximo, sudando, los cuerpos chocando ruidosamente. Le pellizcaba los pezones, le daba cachetadas suaves en la cara por pedido de ella y la besaba cada tanto.
Domi empezó a temblar. - Me vengo… me vengo, Fran. No pares… ¡síííí! -
Su orgasmo fue explosivo. El concha se contrajo alrededor de la pija, chorros de jugos le salpicaron la panza a Franco. Gritaba sin control, el cuerpo convulsionando.
Franco no aguantó más. Con unas últimas estocadas brutales se corrió dentro de ella, inundándole el concha con chorros calientes y espesos de semen.
- Tomá toda mi leche, puta… - gruñó mientras se vaciaba.
Ambos quedaron exhaustos, jadeando, sudados y pegoteados. Franco se derrumbó sobre ella, todavía dentro, besándola suave ahora. Domi le acariciaba la espalda, sonriendo satisfecha.
- Boluda… sos una bestia en la cama - murmuró él con una sonrisa, pasándole los dedos por la columna vertebral hasta llegar a la curva de su culo. - Nunca me cogieron así. Me dejaste seco. -
Domi giró la cabeza hacia él, con el pelo alborotado y una sonrisa pícara. Su mano bajó lentamente y envolvió la pija de Franco, empezando a masturbarla con movimientos suaves y perezosos, sintiendo cómo volvía a endurecerse entre sus dedos.
- Mmm… y vos me rompiste toda, Fran. Tengo la concha palpitando todavía. Mirá cómo me dejaste llena de tu leche - dijo ella con voz ronca, apretando suavemente la base de la verga.
Franco soltó un gemido bajo cuando ella lo pajeó un poco más fuerte. - ¿Qué te parece si pedimos algo para comer y seguimos en la piscina? Tengo una pileta privada atrás, con luces y todo. Podemos cenar, tomar algo y seguir cogiendo bajo el agua. ¿Te copa la idea? -
Domi apretó la pija con más ganas, masturbándolo mientras lo miraba a los ojos con deseo renovado. - Obvio que sí, boludo. Me encanta. Sushi, algo rico para tomar y vos adentro mío otra vez… suena perfecto. Pero primero seguí tocándome un poco. -
Franco sonrió y le dio un cachetazo fuerte en el culo. El sonido resonó en la habitación: ¡PLAF! La nalga de Domi rebotó y se puso más roja.
- Ahhh… ¡sí! - gimió ella fuerte, arqueando la espalda y empujando el culo hacia la mano de él. - Me encanta que me nalguees así. Dame otro. -
Franco le dio otro cachetazo fuerte en la otra nalga, luego otro más, alternando. Cada golpe hacía que Domi gimiera y apretara más la pija en su mano.
- Sos una puta adicta a los cachetazos - dijo él riendo, pero con la voz cargada de lujuria. - Mirá cómo te mojás de nuevo solo con eso. -
Domi se mordió el labio y siguió pajándolo más rápido. - Pedí sushi entonces, Fran. Y algo para tomar… vino blanco frío o gin, lo que sea. Yo quiero seguir sintiéndote duro. -
Franco agarró el celular de la mesita de luz sin levantarse. Mientras Domi seguía masturbándolo con movimientos lentos y provocadores, él hizo el pedido: rolls variados, sashimi, edamame, una botella de vino blanco bien frío y algunas cervezas.
- Ya está. Llegan en unos 25 minutos - dijo él, dejando el teléfono y volviendo a concentrarse en ella.
Domi se rio bajito y se puso de rodillas sobre la cama, todavía boca abajo pero con el culo bien levantado hacia él. Siguió tocándole la pija, ahora con las dos manos: una en el tronco, la otra masajeando los huevos.
- Mientras esperamos… ¿por qué no me tocás la concha un poco? - pidió ella, moviendo las caderas en círculos.
Franco se acercó por detrás y metió dos dedos gruesos en su concha empapada, sintiendo cómo estaba llena de su propio semen. Empezó a moverlos adentro y afuera, haciendo ruidos húmedos.
- Está llena de mi leche… mirá cómo chorrea - gruñó él, agregando un tercer dedo. - Te gusta estar marcada, ¿no? -
- S-sí… me encanta sentir tu semen adentro - gemía Domi, empujando contra sus dedos. - Movelos más rápido… tocame el clítoris también. -
Franco obedeció, frotándole el clítoris hinchado con el pulgar mientras los dedos entraban y salían. Domi gemía cada vez más fuerte, moviendose en círculos contra su mano.
- Así, Fran… haceme acabar otra vez antes de que llegue la comida - suplicaba ella.
Él aceleró, curvando los dedos para tocarle el punto G. Domi temblaba, apretando las sábanas. - Estoy cerca… no pares… ¡ahhh, me vengo! -
Su segundo orgasmo fue más líquido. Chorros de jugos le salpicaron la mano a Franco mientras gritaba de placer. Cuando terminó, se derrumbó un poco sobre la cama, pero sin soltar la pija de él.
- Boludo… sos un máquina - dijo riendo, todavía jadeando.
Franco le dio otro cachetazo fuerte en el culo. - Levantate. Vamos a ponernos algo mínimo antes de que llegue el delivery. -
Él se puso un short negro suelto que apenas disimulaba el bulto de su pija semi-dura. Domi, con una sonrisa, se colocó de nuevo el bikini marrón chiquitito. Las tetas apenas entraban en el top, y la tanga se le enterraba entre las nalgas todavía marcadas.
Salieron al patio trasero. La piscina era hermosa: iluminada con luces LED azules bajo el agua, rodeada de reposeras y palmeras. El aire nocturno de Ibiza era cálido y perfumado.


Mientras esperaban la cena, ambos se metieron en la pileta. El agua estaba a la temperatura perfecta. Franco se acercó por detrás a Domi y la abrazó, apretando su pija contra ese culo increíble por debajo del agua.
- ¿Ya estás duro otra vez? - susurró ella, moviendo las caderas y frotándose contra él. - ¿No te cansás nunca, boludo? -
Franco le besó el cuello y metió una mano por delante del bikini, tocándole la concha por debajo del agua.
- No cuando te tengo a vos así, casi desnuda y chorreando - respondió él, metiendo dos dedos otra vez mientras le apretaba una teta con la otra mano. - Tu cuerpo es adictivo. -
Domi gimió bajito, apoyando la cabeza hacia atrás en el hombro de él. - Seguí tocándome… -
Franco la masturbaba con ritmo lento pero firme, mientras le mordía el lóbulo de la oreja. - Sos tan puta… gemís tan rico - le decía al oído.
Domi movía las caderas contra su mano, gimiendo más fuerte. El agua chapoteaba suavemente. -Más rápido, Fran… tocame así… sí… ahhh… -
Estaban en medio de eso cuando sonó el timbre de la casa.
- Puta, ya llegaron - dijo Franco riendo, pero sin sacar los dedos todavía.
- Andá a buscarla rápido - respondió Domi, jadeando y sonriendo. - Yo te espero acá en el agua… no tardes. -
Franco le dio un último apretón a su teta y salió de la pileta, chorreando agua, con la pija marcándose claramente debajo del short mojado.
Franco volvió con las bolsas en la mano. Preparó todo rápido en la mesita baja al lado de la reposera: los rolls de sushi variados, salsa de soja, wasabi y la botella de vino blanco bien fría. Sirvió dos copas grandes y se sacó el short sin vergüenza.
Se sentó en la reposera grande, con las piernas abiertas, la pija latiendo al aire libre bajo las luces azules de la piscina. Tomó un sorbo de vino y esperó.
Domi salió del agua lentamente, como una diosa. El bikini marrón chiquito estaba empapado y se le transparentaba todo. Las tetas se le marcaban perfectamente, pezones duros, y la tanga se le enterraba entre las nalgas. Al ver a Franco completamente desnudo, con esa pija gruesa y dura esperándola, sonrió con hambre.
- Uy, la puta madre… mirá cómo te tenés de nuevo - dijo ella caminando hacia él, el agua chorreándole por el cuerpo.
Se acercó gateando sensualmente a la reposera, moviendo las caderas y el culo como una gata en celo. Sus tetas colgaban y se bamboleaban con cada movimiento. Llegó hasta Franco y se arrodilló entre sus piernas, mirando la pija de cerca.

- ¿Querés seguir cogiendo o comemos primero? - preguntó Domi con voz seductora, pasando un dedo por la base de la verga y subiendo hasta la cabeza, recogiendo el precum y llevándoselo a la boca para chuparlo.
Franco soltó un gemido bajo y tomó otro sorbo de vino. - Podemos hacer las dos cosas al mismo tiempo, princesa. Sentate arriba mío y comamos mientras me montás. Quiero sentir ese concha apretado alrededor de mi pija mientras comemos sushi. -
Domi soltó una risa ronca y sexy. - Me encanta cómo pensás, Fran. Dale. -
Se puso de pie, se desató el top del bikini y dejó que sus tetas grandes y firmes saltaran libres. Después se bajó la tanga despacio. Se subió a horcajadas sobre él, agarró la pija gruesa con una mano y la frotó contra su rajita mojada varias veces, lubricándola con sus jugos.
- Mmm… está re dura y caliente - susurró mientras bajaba lentamente, clavándose centímetro a centímetro.
Franco gruñó fuerte cuando ella se sentó completamente, la pija desapareciendo dentro de su concha apretado y caliente. - Qué concha de mierda tenés, Domi… apretás perfecto. Movete despacio primero mientras comemos. -
Domi empezó a cabalgarlo lento, subiendo y bajando con movimientos circulares de caderas. Agarró un roll de salmon con los palitos y se lo llevó a la boca, gimiendo alrededor del sushi mientras la pija le rozaba profundo.
- Está rico el sushi… pero tu pija está más rica adentro mío - dijo con la boca llena, moviendo el culo en círculos. - Comé vos también, boludo. No pares de tocarme las tetas. -
Franco tomó un sashimi y lo comió mientras con las dos manos le apretaba las tetas con fuerza, pellizcándole los pezones y tironeándolos. Domi aceleró un poco el ritmo, rebotando más fuerte. El sonido húmedo de su concha subiendo y bajando por la pija se mezclaba con los gemidos y el chapoteo del agua que todavía les caía del pelo.
- Más fuerte, Domi… montame como la puta que sos - gruñó Franco, dándole un cachetazo en el culo que resonó fuerte.
- Ahhh, sí… nalgueame mientras como - respondió ella, agarrando otro roll y metiéndoselo en la boca. Siguió cabalgando más rápido, las tetas saltando en la cara de Franco. Él las chupaba, las mordía y las apretaba mientras comía con la otra mano.
- Sos increíble… mirá cómo me apretás la pija con cada rebote - decía él entre bocados, dándole otro cachetazo más fuerte en la otra nalga.
Domi gemía con la boca llena de sushi, acelerando el galope. Su culo rebotaba contra los muslos de Franco, haciendo un sonido obsceno y constante: clap-clap-clap. Ella agarraba más piezas de sushi y se las daba en la boca a él, besándolo entre bocado y bocado, lenguas enredadas con sabor a soja y wasabi.
- Comé y cogeme al mismo tiempo… me encanta esto - jadeaba ella. - Sentí cómo te mojo toda la pija. ¿Te gusta sentir tu semen viejo adentro mío mientras te monto? -
- Me vuelve loco - respondía Franco, metiendo dos dedos en la boca de ella mientras seguía apretándole las tetas. - Sos mi puta favorita. Seguí rebotando así… quiero que me ordeñes mientras terminamos el sushi. -
Comieron casi todo de esa forma: Domi cabalgando salvajemente, Franco comiendo y tocándola por todos lados. En un momento ella se inclinó hacia adelante, apoyando las tetas en la cara de él mientras seguía moviéndose. Franco chupaba los pezones con fuerza, mordiéndolos y dejando marcas.
- Más rápido, Domi… haceme sentir ese culo rebotando - pedía él.
Domi obedeció, saltando arriba y abajo con furia. El concha tragaba la pija completa cada vez, apretándola con las paredes internas. Los jugos le corrían por los huevos a Franco y goteaban a la reposera.
- Estoy comiendo sushi y cogiendo al mismo tiempo… esto es lo mejor de Ibiza - reía ella entre gemidos. - Tu pija me llega al fondo cada vez. -
Franco bajó una mano y le frotó el clítoris hinchado mientras ella seguía cabalgando. Domi temblaba, acelerando más. - Ahhh… me voy a venir otra vez… no pares de tocarme - gritaba.
- Corréte en mi pija, boluda. Mojame todo mientras comés el último roll - ordenaba él.
Domi agarró la última pieza y se lo metió en la boca mientras su orgasmo explotaba. La concha se contrajo violentamente alrededor de la pija, chorros de jugos salpicando. Gritó con la boca llena, el cuerpo convulsionando, pero sin dejar de rebotar.
- S-síííí… me vengo… tomá mi corrida, Fran. -
Terminaron todo el sushi. Domi bajó despacio de la pija, que salió brillante y cubierta de jugos. Se arrodilló frente a él en la reposera, con las tetas pesadas y los labios hinchados.
- Ahora te voy a mimar yo - dijo con una sonrisa sucia. - Quiero que te corras en mis tetas y en mi cara. -
Agarró la pija mojada con las dos manos y la metió entre sus tetas grandes y suaves. Empezó a masturbarlo con ellas: subía y bajaba el pecho, apretando la verga entre medio mientras le lamía la cabeza cada vez que subía.
- Mirá cómo te cogen mis tetas… ¿te gustan? - preguntaba ella, lamiendo la punta y girando la lengua alrededor.
- Están perfectas… seguí así, Domi. Chupala y apretala más - gemía Franco, agarrándole el pelo.
Domi obedecía: lamía, escupía saliva entre las tetas para lubricar mejor y aceleraba el movimiento. Sus tetas se movían rápido, envolviendo completamente la pija gruesa.
- Quiero tu leche caliente… correte en mi cara y en las tetas - suplicaba ella entre lamidas. - Soy tu puta, Fran. Dámela toda. -
Franco gruñía, empujando las caderas hacia arriba, cogiéndole las tetas de Domi. - Estoy cerca… abrí la boca, boluda. -
Domi sacó la lengua y siguió masturbándolo con las tetas más rápido. Franco explotó con un gemido fuerte. El primer chorro potente le cayó directo en la cara, cruzándole la mejilla y llegando a los labios. El segundo y tercero en las tetas, pintándolas de blanco espeso. Varios chorros más cubrieron sus pechos y cuello. Domi gemía, lamiendo lo que podía, tragando lo que le caía en la boca.
- Mmm… qué rica tu leche… seguí corriéndote - decía ella, ordeñándolo con las tetas hasta la última gota.
Cuando terminó, Franco la miró exhausto pero feliz. Domi se subió encima de él, todavía con la cara y las tetas llenas de semen, y lo besó profundo. Un beso largo, sucio, compartiendo el sabor de su propia corrida. Lenguas enredadas, semen pasando de boca en boca.

- Qué noche increíble, boludo… - susurró ella contra sus labios, sonriendo.
- La mejor que tuve en Ibiza - respondió Franco, acariciándole el culo y besándola otra vez. - Quedate todo lo que quieras. -
Se quedaron besándose despacio bajo las luces de la piscina, cuerpos pegoteados, exhaustos pero satisfechos. La noche en Ibiza había sido exactamente lo que Domi necesitaba: placer salvaje, compañía argentina y recuerdos que no iba a olvidar.
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