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Jugando con la cuñada...

Jugando con la cuñada...
Hola hermosa comunidad poringuera, hoybles traigo una nueva confesión que mandaron por privado. Ya saben que si quieren que su confesión sea compartida por aca de maneea anónima deben enviarmela por privado.

Tengo 25 años, soy morocha, pelo negro largo y lacio, piel que se broncea fácil y un cuerpo que siempre me hizo sentir un poco incómoda por lo curvilínea que soy.
Mis viejos se habían ido a Mar del Plata por el fin de semana y mi hermano también se mandó a Córdoba con los pibes. Quedé sola en la casa. A la tarde sonó el timbre: era la novia de mi hermano. Tiene 24, es alta, delgada pero con unas tetas que se notan aunque se vista simple, pelo castaño claro y una forma de mirar que siempre me descolocaba. Venía a buscar unas cosas que mi hermano le había dicho que estaban en su pieza.
Le abrí y le dije que pasara. Fuimos hasta el cuarto de mi hermano, buscamos lo que necesitaba y después nos quedamos charlando en el living. Un mate llevó a otro. La tele estaba prendida pero ninguna prestaba atención. En un momento nos quedamos calladas. Yo estaba recostada en el brazo del sillón y ella sentada en el piso, con la espalda apoyada contra mis piernas. Me miró de reojo, sonrió, y en un segundo ya nos estábamos besando.
Nos paramos sin dejar de besarnos y caminamos hasta mi cuarto, la puerta al final del pasillo. Cerré con llave, aunque sabíamos que estábamos solas. Nos sacamos la ropa entre risas nerviosas y jadeos. Yo le saqué la remera, le bajé el corpiño y le metí la boca en las tetas. Ella me desabrochó el short y me metió la mano adentro de las bombachas, tocándome donde ya estaba completamente mojada. Me acosté en la cama y ella se subió encima, besándome el cuello, bajando por las tetas, mordiéndome los pezones.
Me abrió las piernas y me empezó a lamer despacio, probando, aprendiendo. Nunca había estado con una mujer pero en ese momento no dudé. Le pedí que me metiera los dedos y lo hizo, dos adentro, moviéndolos mientras me chupaba el clítoris. Acabé mordiéndome la mano, temblando, sin poder creer lo que estaba pasando.
Después me cambié de lugar. La puse boca arriba, le abrí las piernas y le empecé a comer la concha con ganas. Ella mordía la almohada para no gemir fuerte. Acabó una vez, después otra, apretándome la cabeza con los muslos. Cuando ya no aguantábamos más, me puse encima suyo, nos abrimos las piernas y nos frotamos las conchas una contra la otra. Todo estaba mojado, resbaladizo, caliente. Nos movíamos despacio al principio y después más rápido, nuestras tetas rozándose, besándonos con lengua, ahogando los gemidos contra la boca de la otra. Acabé otra vez así, sintiendo cómo ella también se corrió encima mío.
Nos quedamos un rato así, transpiradas, respirando fuerte, besándonos despacio. Después nos vestimos en silencio, nos miramos y nos reímos nerviosas. Ella se fue después de un rato. Nunca más pasó nada, es más ni hablamos de ello. Todavía es la novia de mi hermano .
Fue la primera y única vez que estuve con una mujer y todavía me mojo cuando me acuerdo de cómo se movía encima mío, de cómo nos corríamos calladitas sabiendo que estábamos solas en la casa.
Esa fue la cogida más intensa y prohibida de mi vida.
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