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Me Confiesa Zarpada en Cumple. Me Animé y Supo mi Fantasia/5

Me Confiesa Zarpada en Cumple. Me Animé y Supo mi Fantasia/5
Las 3 horas que siguieron a mi último relato no creo que sea necesario contarlas con tanta precisión y minuciosidad como acostrumbro a manejarme ya que mi objetivo es lograr una detallada película que invite a ingresar en ella y vivirla lo más parecido a lo sucedido. ¿Por qué en este caso tomo esta decisión? Bien: Celeste descansó, se duchó, puso fuerte su mente, se visitió y fue a visitar a su novio, Gabriel, 4 dias después de que él fuera llevado a prisión -en una jugada que salió magistral- de Esteban, el flaco que no solo estaba obsesionado con ella hace 15 años. Aun conociendo de la existencia de Gabi, del amor que se profesaban, del respeto y confianza mutuo, su insistencia además de fastidiar a Cel, crispaba a su novio ya que tomaba esa actitud como un decidido e intencional modo de subestimar su presencia, hacerle sentir que para él -Esteban- que Gabriel fuera la pareja de su obsesión no era escollo ni ameritaba su respeto. Por eso Gabi lo había tachado con una cruz imaginaria usando términos que iban desde "desubicado", "provocador" llegando a definirlo como "su rival" y "el tipo que más odiaba". Insistiendo con mi explicación: Celeste y Gabriel charlaron... como tomando distancia. Ella, midiendo sus respuestas y excusas las que, mayoritariamente, eran inventos que él podía creer ciertos. Que salió de la ducha y él no estaba en el departamento. Que ella vió su celular sobre la mesa, asi que no tenía forma de comunicarse. Que se acostó cerca de las 3 am, todavía su malestar -habia estado vomitando- no cesaba. Se durmió por el cansancio de la fatídica noche del viernes que finalizó el sábado al amanecer. Reconoció que estaba molesta por no saber en que andaba su novio. Que despertó  cerca de la 7 am notando la ausencia de Gabriel, lo que mezcló sus dudas con preocupación reconociendo que también imaginó que tras las discusiones de toda la tarde -por los celos y la impertérrita presencia de Esteban en relatos, mensajes, charlas telefónicas- en un ataque impensado, Gabi se fue sin rumbo fijo. Y alguna que otra excusa más. Que recién se enteró el mismo dia (martes) por un llamado de Valeria que la puso en autos. Gabriel, conmovido aun por estar 4 dias sin saber nada de ella paranoico porque en el momento en el que la policía lo detenia y se lo llevaba desapareciendo por el ascensor, sabía que Esteban se quedaba en la puerta del departamento, con la puerta abierta, mientras Celeste se duchaba, ignorando lo que sucedía en el pasillo. Ante la insistente pregunta de Gabriel sobre Esteban, ella respondió siempre lo mismo: que tardó bastante en el baño, que temía salir por si aun la presencia policial continuaba amenazante. Le mintió diciéndole que tras ducharse, secarse y vestirse... aguardó cerca de una hora hasta que salió a hurtadillas, vió la puerta abierta, corrió a cerrarla y al regresar vió el celular de Gabi en la mesa y lo llamó sin recibir respuesta. Ustedes saben que ese relato está en las antípodas de la verdad. Gabriel consultó sobre la merca, que él escondió en un cajón de su mesa de luz y Celeste, veloz como pudo ya que los nervios por dar alguna pista inconsciente derrumbara su historia, le contestó que no sabía. "Quizás algún policía entró, la vió y por eso te arrestaron ¿no?" preguntó con timidez.  Gabriel recordó "Es que se que alguno de ellos dijo que no tenían orden de allanamiento, asi que no podían ingresar...". Celes, ya en el ejercicio de todo merquero, de encontrar excusas y mentiras rápidamente, le comenta "Es que tu detención es tan irregular, Gabi, que no te asombres si ante tu resistencia, la lucha arrojándote al piso para esposarte y la confusión... alguno entró sin que te dieras cuenta... y revisando en un escondite posible.... ¿no?". Gabi asintió. Varios "Te amo" y "Te extraño" de ambos sonaron en esos 45 minutos que duró el encuentro. Los de Gabriel eran tan reales como su angustia y confusión. Alguno de los de Cel llevaban una carga de morbo por la mentira: "¿extrañarlo?" ¿mientras se dejó manipular por Ban, gozando ser su puta, drogas, sexo, cigarrilllos, promesas de futuros y extremos encuentros a la vez que alababa su verga? "¿amarlo?" ¿al dia siguiente, embobada por el artista plástico César que la llevó de las narices, la convirtió en una estatua llena de arcilla mientras ella, asi, inmóvil, era taladrada por el culo? ¿Y Frank? Celeste decia una cosa con su voz pero en su mente pasaban distintas secuencias. Gabi le dijo que el abogado que lo defendía, el primo de Vale, le prometió que el viernes tras almorzar quedaría libre. Era martes, 19 horas. Celes no sentía frialdad o distancia o indiferencia. Ella lo amaba. Habían fornado una sociedad que marchaba en sincronismo dia a dia. Pero le resultaba imposible excitarse cuando su cabeza cayó en la cuenta que estaría libre casi tres dias. "No quiero hacerle daño. Lo amo, lo respeto. Nunca haría nada que lo dañe. Pero mis deseos de merca, whisky, cigarros, pijas me pone en medio de una balanza. Quisiera no desear. Pero deseo". El beso se despedida fue corto -el agente golpeó la reja de la celda con su cachiporra para señalar que los segundos románticos llegaron a su fin. "Mañana vuelvo, Gabi. Cuidate". Él soltó una lágrima.
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infiel
Camino a la salida de la comisaría, el agente nombrado le susurra "Hermosa. Sabés como es esto. Él puede quedar libre el viernes. 3 dias. Pero... si surge algo sospechoso... quien sabe si tiene que quedar guardado más tiempo. Te dejo mi celular. Comisario Oscar. Sabemos por el sobrino del Comisario General que sos una fiera y soy un experto en domar fieras. Si el viernes te enterás que finalmente no queda libre... llamame. Yo puedo hacerte feliz."
Estas situaciones ya no incomodabana Celeste como hasta unos dias. En parte porque su costado selectivo acostumbrado al descarte había disminuído su presencia mental considerablemente. Y concluyendo, una hembra que desde que necesitaba ya por necesidad ingerir sustancias las que a sabiendas la encendían con una voluntad imposible de contener que hombres la desearan era un elemento lógico en el ritual. La merca la llamaba. Ella asistía gustosa a su encuentro sabiendo que iba a despojarse de su autorepresión. Esto último integraba el porque de su ingesta asi que por lógica ser deseada empatizaba con su estado de hembra en celo.

Ya en la calle encendió un Marlboro. Le dió una larga pitada, como quién no oculta su apuro por fumar. Cuando el cigarrillo estaba por la mitad, vió que para ir a casa de Vale, según lo acordado, debía cruzar la avenida para que le coincida la mano que el Uber tomarí asi que se acercó a la vereda y quedó justo a la sombra de un escaparate de un viejo kiosco de chapa arrumbado pero a esa hora, anocheciendo y usándolo como encondrijo ayudaba a ocultarse. Se pegó a la parte menos alumbrada, tomó el alhajero, con la uña del meñique juntó un montoncito lo acercó a una de sus fosas y sintió esa oleada insuperable. Se había esforzado para estar limpia de merca y tabaco por su visita a Gabi, hacía 4 horas que nada. Su mente ya pedía. Cuando jaló el total, gimió mientras sentía mojarse. 19.18. Vale estaría camino a su casa. Entonces Celes, cruzada la avenida, caminó para donde indicaba la flecha. "Voy a hacer tiempo, asi le doy tiempo a Vale a llegar" pensó. Prendió otro cigarrillo a la vez que la cocaina la envolvía. "Con una jalada sola me parece que no hago nada" se advirtió a si misma.

cornudo
Con el tanque lleno, la plomada alineando lo pautado, pidió un coche, tiró la ubicación y aguardó parada en una esquina entre la avenida y el cruce de una calle. Ya conocemos a Celes. Con 2 jaladas, solo hay que tomarla de una mano y se deja llevar a una cama, una colchoneta, un catre, el piso de una obra... solo tiene que oler verga y sus piernas se abren impacientes. Esos 4 minutos que tardó su auto no menos de 25 hombres entre pendejos que puntuaban primeros en lista (6 ó 7), adultos de toda calaña (gordos petisos con lentes, pelados rapados y sin rapar, un par de trajeados serían cerca de 15 más) y no faltaron los recolectores de residuos que tirándose del camión para levantar las bolsas de basura de los contenedores al pasar a su lado, la rozaban hombro con hombro y la invitaban a pasear colgada de la tolva. Ella peleaba por centrarse en su destino: ir a lo de Vale. Pero no podía evitar tener la tanga llena de flujo. Los hermosos labios de su concha perfecta estaban hinchados. Luego de sus descubrimientos entre sábado y domingo entre cuatro paredes con un hombre solo, respecto de la interacción sexual con ambos luego de entonarse con merca ahora, en este nuevo entorno: al aire libre y expuesta completamente, cada vez se convencía más de lo fácil que se ponía falopeada.
Llegó su auto, subió frotándose la nariz con el dorso de una mano, cerró la puerta y arrancaron. El chofer le secó la concha: por más regalada que la sustancia la ponía ¡My Gosh! Esos cincuentones, flacuchos con panza, con 2 culos de botella de sidra como anteojos y que se dejan el cabello larguísimo de una de sus sienes para, con gomina, peinarse tapándose la pelada era demasiado. Pero al menos, Uberto -asi su nombre según la app le informó- era callado, si preguntas molestas o comentarios innecesarios. Ella notó que, muy de vez en cuando la miraba 2 segundos por el espejo retrovisor, pero nada baboso o buscando charla. Parecía más una observación cuidando que todo estuviese bien. 

Cel sacó su alhajero y el tubo dejando ambos objetos listos sobre su falda, para utilizarlos velozmente ante la posibilidad de que el pelado peinado a lengüetazos de burro desvíe su mirada. Pero la ansiedad de ella no iba paralela a la distracción del piloto. Cuando creyó que pasaría inadvertida subió tubo-dentro-de-alhajero pegó una jalada rápida y volvió a bajarlo sin tener en cuenta dos descuidos: el sonido de la esnifada que por lo veloz no fue silencioso lo que hizo mirarla al chofer más por curioso que otra cosa pero lo peor... una aureola blanca y delatora rodeaba la entrada de su fosa nasal izquierda lo que provocó una sonrisa  traviesa. Cel tomó su espejito percibiéndo que esa mueca tenía un porque y ahi supo que había quedado al descubierto.


merca

Nuestra protagonista ya se encontraba a pocas cuadras de la casa de su amiga. Allí, donde solo 4 dias atrás una serie de eventos concatenados produjeron que las incorrutibles placas tectónicas que sostenían la base y estructura con las que Celeste había construido no solo su manera de ser y elegir y en esa distinción brillaba orgullosa, luego del tsunami que inocentemente desató Valeria la vieja Cel dió paso, como la mariposa escapando de la oruga buscando su libertad. Miró la hora: 19:53. Vale le dijo que salía de la facu tipo 19 y volvía en su auto por lo que tardaría entre 30 y 40 minutos, asi que luego de limpiarse la nariz evaluó satisfecha su puntualidad. El pelado peinado de costado como un ridículo estacionó en la puerta de la casona de la familia de Vale y solo le habló para informarle el valor del viaje. $ 6.800. "Menos mal que estos tipos pararon la inflación" pensó con una mueca de desprecio. "Hace 4 meses hubiera pagado $ 4000". Le dió al chofer 7 billetes de mil "Quédese con el vuelto" expresó queriendo ser amable como para cubrir la aureola de merca que el conductor notó en su fosa nasal. El pelado recibió la plata y habló. "Gracias, flaca. Tomá" le extendió una tarjeta negra. "Soy Marcelo pero como dice la tarjeta todos mis clientes me conocen como "Chupete" ¿Ves?". Confundida Cel miró y empezó a comprender. 
novia infiel
 "No te digo las 24 hs...." hizo una pausa esperando su nombre "Celeste, Marcelo" contestó ella seriamente y sin mirar su cara. "Ahi va. Pero seguro me encontrás en horarios en los que no tenés a nadie. ¿Ok?". El tal Chupete, lejos de ofenderse porque una pasajera aspirara merca en su auto, le estaba diciendo que él... es transa. "Ah, y algo solo para vos. Te hago el mejor precio, vos siempre tenés yapa asi que espero un trato similar para tu mejor proveedor." y agrega quebrando toda distancia entre ambos "... y si andás sin plata, Cel, me llamás igual y vemos como me pagás ¿Me entendés?". Ahi su mente podrida empezó a emanar sus pensamientos más lascivos, turbios, pecaminosos, perversos... Si: ya tenía transa y la falopa se conseguía por garchar. Ella ahora si, lo miró provocativamente y susurró "Vas a estar mejor pago que con cualquier billete, Marce" le tiró un beso con la mano, le guiñó un ojo y cuando abrió la puerta para bajar se vuelve y avisa "Ya vas a saber de mi". Claramente le informaba que él sería su proveedor. A lo que Marcelo, simulando saludarla dándole la mano, aprovecha y le deja una bolsa de unos 2 gramos en la palma. "Esto a cuenta". Ella la mira, la guarda en su cartera, sonríe y le responde "Hecho".

Se baja al fin del Uber. Mira el celular: 20:07. Pero no ve el auto de Vale ni estacionado ni en la trotadora. "¿Ya lo guardó en el garage? Mhhh. Que raro". Camina pisando el césped del jardín que hacía de entrada y toca el portero con visor y ¡vaya sorpresa! en la pantalla aparece Carlos. Si, el padre de su amiga, el que la invitó, justamente esta semana, con intenciones claras. Ella recordó el estado en el que estaba, y sintió pudor al verlo. "Hola, Celes. Al fin viniste" la saluda Carlos. El dia de la hecatombe, luego de que él explícitamente le señalaba que luego de tantos años de amistad con su hija, tantas juntadas, tantas cenas, tantas noches en las que durmió en esa casa ¿cómo todavía no se habían acostado? Celeste, drogada, medio volada, con total desinhibición, al escuchar que el padre de Vale la apuraba obligándola a responder si esta semana vendría a coger con él, respondió provocativamente "SI" tres veces. Todo eso pasó por su cabeza antes de responder el cordial saludo. "¿Que hacés Carlos?" respondió con falsa naturalidad. "Ayer hablé con Vale, quedamos en que venía hoy a esta hora...". Escucha la chicharra del portero y empuja el portón de ingreso al caserón. Ya estaba dentro. Entre la entrada al predio y la casa debía caminar unos 25 metros de parque, flores, camino de pedregullo, farolas artesanales... todo cuidado, pasto cortado, era un lujo el jardín que rodeaba el chalet de 3 pisos que ocupaba una manzana entera. Pero Celes pensaba si Vale ya la esperaba. Sin dudas su chichoneo con Carlos, 4 dias atrás,  bajo los inesperados efectos protosexuales de la merca y el whisky la dejaban en una rara e incómoda posición. No había dado 5 pasos hacia la mansión cuando escucha la llegada de un mensaje. Toma el celular, inconscientemente, porque no tenía ganas de contestarle a nadie cuando ve con sorpresa que le había escrito Vale. 


1                                                                2
cocaina


"¿Viniste a pasear por el parque, Cel? ¡Vamos, que te estaba esperando!" la voz de Carlos, el padre de Vale la vuelve a su realidad. Empieza a caminar hacia la casa para devolver el saludo, para ser amable con un señor de más de 50 años quien hace casi 17 la atendió desde pequeña, cuando Celeste iba a hacer los deberes y a merendar "a lo de Vale" con otro grupo de compañeras las cuales estaban en 2do o 3er año, alguna tendría 14 cerca de los 15, otras -como Cel- ya los había cumplido... no eran nenitas, pero si preadolescentes ingenuas, con colitas, sin maquillarse, a veces con olor a transpiración propia de la revolución de testosterona de la edad pero en sus cabezas, si bien lo erótico estaba latente, el morbo o voracidad sexual ni había nacido. Don Carlos y su esposa, Doña Olivia actuaron como padres sirviendo la merienda, las tostadas, la mermelada cuando este grupo ruidoao, inocente, algo bobas de futuras adolescentes una o dos veces por semana se sentaban alrededor de la enorme mesa del comedor.

Cel lo miró sonriendo por su pregunta y notó que el papá de Vale tenía en su mano izquierda una enorme copa con vino tinto y su mano derecha, extendida hacia el interior de la casona con un claro gesto de "bienvenida, podés pasar" sostenía un habano que por lo largo, gordo, el brillo rojizo de su ceniza y el espeso humo debía ser de los que fuman los hombres de guita. Como Carlos.
Cel se paró al llegar a la puerta y con su mano derecha en el hombro izquierdo de Carlos lo saludó como de costumbre, con un beso en la mejilla "Hola, Carlos. Perdón. Justo me escribió tu hija.". El dueño de casa devolvió el beso pero con algunos dedos de la mano que sostenía la bebida la tomó de la cintura y sin pudor los deslizó casi hasta el comienzo de la parada nalga derecha, gesto similar aunque menos zarpado que el que el viernes, la noche del cumple de Vale, en esa misma puerta pero con Celes saliendo, con descaro invitaba susurrándole al oido que ya era tiempo de un encuentro a solas entre ambos al tiempo que directamente apretaba su cachete. Si. Mientras le preguntaba si "la semana siguiente" (¡esa misma semana!) ella accedía a un encuentro íntimo. "Solo decime SI" jugó Carlos en secreto. Celeste, remerqueada, borracha y con una necesidad de pija provocada por los efectos que en ella causó la cocaina que probó hacia un rato, invitada por Valeria, provocativamente en un juego que no midió consecuencias respondió "Si. Si. Si." sonriéndo pícaramente. Ella estaba sin control pues, lo dicho, no estaba preparada en lo mas minimo para defender con su mente la carga sexual que esa sustancia le generaría, por lo que todo hombre en esa casa latía en su cerebro, su corazón bombeando sangre a mil y los labios carnosos de su hermosa concha como si fueran pijas que ella estaba deseando sin poder resistirse.

Ya dentro del comedor, Carlos se sentó sonriente en su sillón favorito con su vino y su habano, al que le dió una calada larga y placentera. Cel, sentada tímidamente, con las rodillas juntas, tenía consciencia de la situación: el papá de Vale la miraba con una ilusión que, equívocamente, venía creciendo en su deseo desde ese "triple Si" por lo que estaba animoso por romper el hielo y arrancar con la noche a la que él invitó a Celeste y ella aceptó. Asi que, con el pudor rompiendole las sienes por escaparse y la clara necesidad de aclarar todo, la amiga de su hija se dispuso a como pudiera, como le saliera, comenzar a sincerarse.

"Carlos" empezó y carraspeó. "El viernes, la noche del cumple de tu hija, de mi gran amiga, pasaron cosas que se salieron de carril. Mejor dicho: me pasaron cosas que me sacaron de carril". El cincuentón se acomodó en su sillón, le dió un trago largo al tinto sin dejar de mirarla. "Esa noche" prosiguió "y a vos te lo puedo decir, por la confianza que nos da conocernos hace más de 15 años, fuiste y sos como un padre para mi". La definición de "padre" a Carlos le cayó como hielo en una verga caliente y parada. En principio, porque lo situaba en un lugar de parentesco en el que lo que él deseaba era delito y mal visto. Pero además, también le aclaraba la diferencia de edad entre ambos. "Repito. Esa noche "alguien" -no quiso vincular a la hija de Carlos- me dió como joda... una sustancia que yo jamás había probado... ¿entendés?". El tipo, sentado, se inclinó hacia adelante "¿Una sustancia?" quiso precisiones. Celeste, decidida, fue por toda la verdad. "A ver. Por primera vez tomé cocaína" -la verdad aclara todo, pero ciertos detalles pueden dejate expuesto/a y en mentes maliciosas conocer determinadas flaquezas o debilidades habitualmente suelen servir para propósitos perjudiciales... y la sinceridad de Cel la vulnerabilizó ante el tipo que tenía frente a ella, que esa noche armó todo para quedar ambos a solas y concretar su deseo sexual. "Quise, solo por curiosidad" continuó la amiga de Vale "probarla. Como quién se anima a una experiencia que probablemente jamás repetirá tan solo por el afán de... ver como es. Y con honestidad, Carlos, los efectos en mi fueron tan repentinos como inesperados. Perdón por lo que te voy a confesar, repito que sos el papá de mi mejor amiga, hay confianza". Carlos supo que lo que venía sonaba jugoso pero además saber manejarlo lo favorecería. Cel seguió, venciendo el pudor que le causaba relatar semejantes sensaciones. "Probé una linea y ya interpreté que ciertos miedos, recatos, dudas no se oponían. Asi que, animado por quien me inició, aspiré una segunda raya. Esa fue la que completó y expandió esas nuevas percepciones". Tragó saliva y sin pensar o avergonzarse largó todo.  "No estaba preparada ¿entendés? pero los efectos sobre mis inhibiciones fueron letales. Me sentí libre, completamente despreocupada... siendo directa: DESCARADA". Carlos pitaba y pitaba el puro, con el placer del que sabe que cada dato que almacenaba sería utilizado con un fin acorde a su objetivo. "Digamos, Carlos, que la cocaina me produce un estado de libertad sexual que no solo me es imposible de reprimir: no tengo ningún deseo de frenarlo. Por eso actué asi, con algunos de los chicos, con Esteban, al que Gabi mi novio detesta, con vos al salir de la casa al jardin... ahi volví a encontrarme con Gabi. Su ausencia durante lo que la merca me convertía hacía más fácil, rápido, aceptable el efecto sexual pero al volver a verlo pude buscar mi centro... te pido disculpas si actué como una atorranta. Repito: te considero como un 2do padre y me avergüenzo en este momento por mi comportamiento". Carlos se puso de pié, sonriendo. Una sonrisa de "padre" al que un hijo le dice la verdad. Pero esa mueca escondia el plan. "Querida. Que momento de lucha en tu mente ¿no?" analizó mientras caminaba hacia la bodega que se encontraba entre el comedor y la ruta hacia la habitación de abajo con baño privado. "Perder el control para alquien como vos, tan inteligente, analítica, pensante debe haberte causado mucha angustia" seguía detallando mientras en la cocina descolgaba una copa y abría una botella de vino blanco dulce. "Perdón" le expresa a distancia, con más volúmen en su voz. "Estaba tan atento a tu relato que no tuve la delicadeza de convidarte algo para beber. ¿Un rico blanco dulce espumante? ¿Te interesa?" le preguntó, tratando de situarse lejos de toda la secuencia que Celeste acababa de confesar. Ella suspiró dejando caer sus hombros hacia adelante, como quien se quita un peso de encima. "Dale, Carlos. Y gracias por escuchar y comprenderme". Mientras el papá de Valeria descorchaba una botella le avisa "Por si no te hace bien beber alcohol con el estómago vacío, en la heladera hay sushi. Lo trajeron 10 minutos antes de que llegues asi que está a punto. Traelo a la mesa". Celeste se paró, cómoda. Esa casa volvía a ser la que tanto conocía. No como la propia de adolescente, pero la incomodidad al entrar se estaba yendo. Llegó a la heladera, abrió su puerta y se encontró con una variedad de piezas de sushi que abrieron su panza. Pero... mientras desde la heladera la visión hacia Carlos era nula, éste tomó de una repisa una caja té de lata, metió la mano, removió unos saquitos hasta dar con algo de otra textura. Se volvió y aún Celeste estaba tapada sin verlo asi que quitó de la caja de té una bolsa con un polvillo blanco. Por su tamaño serían unos 3 gramos de cocaina. Esparció alrededor de un 30% en la copa aun vacía mientras cavilaba "¿Asi que la merca te pone puta? Gracias por el dato" dejando ver que su boca fabricaba una mueca de burla. Se guardó el resto de la sustancia en el bolsillo delantero de su camisa y derramó el vino blanco dentro de la gran copa. Con un palillo de madera revolvió la mezcla repetidas veces. Volvió su vista para notar que Celeste estaba de espaldas, quizas usando la mesada de la cocina, levantó la copa, la confrontó con la luz y mientras las burbujas giraban aun... ni rastros de la cocaina.

novia puta


"Aqui vengo, amiga" sonó amable dandole seguridad. Ella se dió vuelta con el plato de shushi que había preparado y al tiempo que iba al comedor con la cena vió a Carlos con la copa de vino blanco espumante en una mano y la botella en la otra. Se sentaron él en la cabecera y ella en un costado y brindaron mientras el timador Carlos hablaba de otros temas entre trago y trago ella sentía paz cuando le dió el primer sorbo a su bebida. "Mhhh" cuando saboreó "¡Que rico es!" expresó aliviada alejando la copa mirándola a distancia. "Sabía que sería de tu gusto" respondió Carlos viendo como Celeste daba un segundo trago bastante más largo que el primero. Claro: el vino era riquísimo, él tenía buen gusto y dinero para poblar su bodega de las mejores y más caras bebidas del mundo. Lo que lo hacía más placentero era el aditamento. La cocaína impide el sentimiento de rechazo. Por el contrario: alienta la aceptación, admisión, buena acogida sin remilgos, la total aprobación a toda instancia hedonista.

Ese segundo trago portaba más de merca que de vino. No por la cantidad, sino por los efectos. Cales ya había probado dos piezas de sushi. Un Nigri primero y luego un Gunkan por lo que sabía que estaba con algo de "base" para la ingesta del alcohol. Dió su tercer paladeo hasta casi terminar la copa. "Fue una gran elección, Carlos. Creo que en un ratito vas a tener que llenar mi copa nuevamente". Ambos rieron. Cuando las risas mermaron, ahi, en ese instante, Celes notó que su mente le mandaba indicaciones placenteras, algo juguetonas y lejísimo de extrañarse, las dejó actuar como se permitió disfrutar que su concha ya derramaba fluidos en su tanga. Carlos, buscando distraerla para volver a brindarle su mezcla le pregunta si había fumado habanos alguna vez.

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"No, la verdad que no. Es que fumaba tabaco y como a Gabi le molestaba... dejé el cigarrillo hace varios años" contestó. Carlos la mira sorprendido "Pero si por el visor del portero te vi fumando...". Ella, descubierta, baja la mirada "Si, volví hace unos dias, Carlos, debido a todo lo que te conté antes. Fumo poco, pero reconozco que me dejé llevar al recordar que placer me produce sentir el sabor del humo entrando en mi garganta". Él, distraídamente, le pregunta "¿Podés ir a la mesada de la bodega y fijarte si olvidé la guillotina con la que corto la punta del cigarro? No te vas si no te fumás uno". Sonrieron cómplices. Celes saltó de la silla con la agilidad que le brindaba su delgado y esbelto cuerpo. Sin dejar de lado que los efectos de casi un gramo de cocaína desparramado dentro de la copa más el vino que no solo disimulaba el polvillo, también la encendía, ya hicieron que se comportara extrovertidamente. Carlos, vigilándola de reojo, volcó más cantidad de cocaina en la copa que aun contenía restos de la primera vuelta de vino. Con uno de los palillos del sushi revolvió mezclando ambas sustancias. "Si no lo encontrás, no importa. Creo que arriba, en el cajón de mi mesa de luz tengo otro. Ya te serví más vino". Ella con su habitual incontinencia al hablar cuando tomaba merca, corre como una adolescente hacia la mesa, sin dar la vuelta (la bodega estaba a la derecha de Carlos mientras que el lugar en donde estaba sentada se situaba a la izquierda de él) apoya una mano en la mesa, extiénde su cuerpo hacia el costado opuesto para tomar la copa pasando sus tetas sin soutien frente al rostro del padre de su amiga y dice, suelta "¿Y por qué no vamos a buscar el otro cortador a tu mesa de luz asi me hacés probar uno de tus puros?". Celes le preguntó esto en la posición detallada. Estirada de lado a lado de la mesa, tomando la copa de vino/merca, con su cuerpo pasando frente al rostro del tipo que había planeado todo para garcharla, al fin, con sus tetas a la altura de su boca y al voltearse para hacerle la pregunta sus caras quedan frente a frente. Carlos, escapando de semejante situación libidinosa, se para con el obvio objetivo de cumplir con lo que ella sugirió y asi quedó su pija frente a la cara de esta hembra y Celeste comprobó que su anfitrión tenía parada la pija. Largó una risita entré cómplice y chancha y sin más deja escapar de su boca "Alguien la tiene dura. ¿Será del tamaño del habano? Jijijiji" rió casi con inocencia. 
Carlos esperó que se acomode y le de un buen trago a su vino especial, sabiendo que las compuertas hacia su "fase puta" estaban casi abiertas, invitando a dar el paso o a punto de darlo ella. Ni bien tragó su largo sorbo y la cocaína la transformaba de tal manera que hasta el padre de su amiga notó los cambios en sus ojos, su boca, su lenguaje corporal, su repentina sudoración entre el labio superior y su nariz y la respiración agitada, como cuando un ser humano, en su faceta más animal, jadea deseooso, recién ahi contestó. "Si tu necesidad es conocer el tamaño de ambos objetos voy a dejar que seas vos la que los midas" y sin dejarla reaccionar, la tomó de una mano y casi corriendo juntos subieron las escaleras hasta el 2do piso de los 3 que poseía semejante caserón. Esa escalera era la que Celeste bajó el viernes, luego de tomar merca, whisky y antes de bajarla, se encontró con Esteban aceptandole un Marlboro. En el 2do piso, sin soltar su mano, Carlos dice fuerte, como si ambos fueran jóvenes corriendo en un juego "Falta un piso más. Celes ¿trajiste el centímetro?" ella se ríe... se detiene, frenando a Carlos quien la llevaba agarrada y con los piés se quita ambas zapatillas pisando los talones. "Asi, descalza estoy más cómoda" le aclara a lo que el dueño de casa sin soltarla le sugiere "¿Te saco las medias, también?". Ella se ruboriza "Capaz que tienen olor a pata" radvierte con una risita vergonzosa. Antes de visitar a Gabi a la comisaría se había duchado y puesto rompa limpia. Pero de eso ya habían pasado como 4 o 5 horas y caminar acalorada las zapatillas tienen eso, sumarte baranda en los piés. Él, decidido, se arrodilla delante de ella, le mira el cierre de su tan ajustado jean que no solo torneaba los cachetes de su hermoso culo, permitía ver el tajo de su concha por lo que antes de quitarle las medias Carlos le mira la entrepierna unos segundos y levantando la mirada hacia el rostro algo ruborizado de Celeste, visiblemente excitada y caliente le sentencia, ganador. "Alguien la tiene dura. Muy. Pero también alguien la tiene totalmente mojada que ni la tela del jean pudo parar el torrente". Con dos dedos le recorre por encima del cierre el tajo de su concha mostrándole a ella las yemas húmedas... luego toma un pie, lo coloca en su rodilla y le quita la media y sin más, la huele, profundamente, gimiendo y disfrutando de su aroma. Es decir: si, tenía un morboso olor a pata de hembra ultracogible. "Ahhh... ¿todos tus olores son tan calientes?" pregunta ya sin vueltas y ella siente que se está lubricando cada vez más. Se guarda la media con el perfume de los pies transpirados de Celeste y cambia de pierna. "Ahora, la izquierda" avisa Carlos. Por algún motivo, dada la actitud pasiva y de disfrute de la amiga de su hija, el cincuentón se percata que se está haciendo fácil el camino hacia su treta por lo que decide blanquear su posesión de cocaina cuando estén en la habitación. "MMMhhhh... ¿me seducirá el olor de tu concha tanto como el de tus medias sudadas? Te aviso Celes: si, tenés un irresistible olor a patas" y se guarda esa otra media. Ella tiene una repentina lucidez. Esto no era lo que habia propuesto cuando habló sinceramente ni bien llegó a la casa. Pero ahora era distinto. "¿Quedaré mal ante Carlos si saco mi alhajero y me aspiro unas rayas?" piensa pero su anfitrión no le permite responderse su propia duda. De un tirón, vuelve el juego de la corrida y suben veloz hacia el píso en el cual se encontraba la lujosa habitación matrimonial. Entran ambos como chicos jugando y él da el primer paso. Abre el cajoncito de su mesita de luz, saca una caja de madera con tapa sin candado la apoya cerrada sobre el inmenso sommier y al abrirla Celes ve una tremenda cantidad de cocaina, como nunca había visto. "Eh... eh... Car... los..." balbucea. "¿Cuánto hay ahi?" grita asombrada. Sin responderle, él toma un billete de 100 dólares, lo enrolla haciendo un tubo y le dice sonriendo a la vez que lleva su rostro hacia la inmensa cantidad de merca "A la vieja usanza: con un billete yankee" y asi, sin armar rayas, hunde el billete, jala, gime... la mira, repite la acción y gime con más pacer: "Ahhh... Ahhh... Celes. Que bueno compartir esto contigo". Y le da el billete. Ella percibe, vagamente, que la situación no es normal, que ella habló claro, que ese tipo era Carlos, el padre de Vale, su amiga. Pero, lo mismo como el primer dia: cuando ya cedía dejando que la merca domine su mente, volviéndola sucia, perversa, llena de morbo ordenandole a su concha que cada hombre, sin importar nada, era una sabrosa pija y mucho más cuando Cele se sabía deseada, cada hombre...  la iba a hacer suya. Con el billete en una de sus fosas por torpeza lo metió demasiado hondo en el montón blanco asi que al aspirar con cierta incomodidad por encontrarse delante de Carlos, una gran cantidad de falopa recorrió la ruta cerebro-sangre-corazón-latiendo-al-doble-sangre-derecho-a-su-concha-empaparse-de-tanto-fluido-rogar-por-una-verga-urgente. Si. Había aspirado una porción zarpada y asi fue como le pegó. Se desnudó, bah,  se quitó el jean, la camisa sin soutien y la tanga empapada, diciendole al tipo que no iba a cojerse "No doy más, Car. Necesito tu chota dentro mio cuanto antes". 
Carlos, que la esperaba con un habano encendido, observando como un espectador de lujo el cuerpo fantástico de una de las amigas de su hija, la que empezó a destacarse del resto a los 17, 18 años siendo la más deseada no solo por él. Otros padres, los que se animaban a confesarlo, opinaban lo mismo incluso amigos, empleados y socios de Carlos que veían a las compañeras de Vale no tan seguido, le hicieron saber lo hembra que se convertía año a año. Cara, bonita y de estética simétrica, con una boca de labios carnosos. Alta, 1,76mts, lo que con su delgadez le daba un toque de modelo. En el frente, le habían crecido dos tetas que no daban a escala de su delgadez pero si de su altura. Su culo, dos gajos de mandarina parados y redondos. Al ser alta, sus piernas que pese a ser muy flaca estaban musculosamente justas, daban lugar a todo tipo de fantasías: eran las vias que te llevaban a la estación final. Una concha hermosa, de labios rosados y de tamaño ideal, tal vez algo más pequeña de lo que cuadraba.

Cel, desnuda y chorreando, se sentó en el piso, se puso semejante cigarro en la boca y aspiró profundo. El sabor la invadió. Fuerte, ponía a prueba tu aguante. Miró a Carlos y se dió cuenta como él la observaba: semejante hembra, drogada, medio borracha, sentada en el piso toda desnuda y chorreando como la cascada de Adorni, fumando por vez primera un puro largo y gordo, que pegaba de una manera que cualquier flojito no aguantaría... Él se acercó extendiéndole un vaso con 2 medidas de whisky que cuando Cel la tuvo en su otra mano a la del puro, Carlos le dijo:"Jamás imaginé ser tan afortunado para presenciar tal flash tan artístico como hedonista, tan hedonista como sexual" la aduló el primer cincuentón, casi sexagenario con el que Celes iba a tener sexo. 

Mi novia toma cocaina
 Carlos, quien vestía un finísimo pantalón seguramente importado, se baja el cierre, lo desabotona y lo deja caer por la fuerza de gravedad. Tomando un imponente trago de whisky, Celeste se maravilló por el boxer que sostenía su poronga y sus bolas: el cual debía costar una fortuna. Tenía buen gusto el cincuentón, padre de su amiga Vale, con el que se tomó el tiempo debido para explicarle y disculparse por el malentendido sucedido dias antes lo que forzó a que él crea que ella estaba acciediendo a cojer con él. Y Carlos no estaba equivocado, flaca. ¿Para que hablás de más? Ya es otro hombre más que sabe que te da cocaina y te volvés la puta más fácil y necesitada. Esteban. César. Marcelo, el del Uber. Y Carlos.

Celes le dió otro chupón al whisky y entonada fue gateando mientras el anfitrión se quitaba su camisa, llegó hasta que su cabeza coincidiera con la altura de su pija, le quitó suavemente esos boxers que no hablaban rioplatense y vió respingarse el miembro normal de un señor de cincuenta largos, casi sesenta. Tamaño y grosor normal. Cabeza más ancha que no hacía juego con el resto de la verga. Lo miró y sintiendo como su espalda se empapaba, se la metió en la boca. Tenía sabor a jabón, como recién lavada mezclado con perfume, rico perfume. También su lengua sintió unas gotas de presemen. Toda la intro tomando vino, riendo, comiendo sushi lo habían calentado según parecía.  

Mi novia sumisa con mi enemigo
Carlos con su pija en la boca de Celes se quitó la camisa y caminando mientras ella no dejaba de mamar y lo seguía gateando, se puso de espaldas al sommier, se sentó en el borde, tomó a su joven amante de las axilas para que al tirarse de espaldas sus manos acompañen el cuerpo femenino sin impedir que siguiera con su tarea y ahi notó que ella no se depilaba debajo de los brazos. Estando acostado con ella arrodillada en el colchón meta chuparle su chota, de las muñecas, levantó sus extremidades corroborando lo pensado. Le dijo: "Cuando yo era adolescente, más joven incluso que vos ahora, fui a Francia una vez y excitado por descubrir que las francesas además de ser hermosas, putas y cojer como ninguna no se depilaban las axilas... volví 2 veces más. Te hace más puta y salvaje los pelos ahi". Que Carlos no solo acepte de buen gusto sus axilas peludas sino que le regale semejante comparación, recuerdos de su adolescencia, extremó la calentura y estado de PUTEZ que Cel ya iba exhudando.

Padre de amiga se la folla

Carlos la acuesta dejando que sus rodillas permitan que sus pies toquen el piso, le da el habano que ella disfruta como la novedad hedonista de esta experiencia, le abre las piernas enamorándose de tan hermosa cajeta la que empieza a besar, lamer, escupir, chupar, mientras Celes entre pitada y pitada, gime sus "Ahh... si... si... asi... asi... Car.... Dale... más..." lo que lo ponía más excitado todavía. Por supuesto que el padre de su amiga Vale no podía creer que lo que estuvo a punto de escaparse estaba ahi, desnuda, gozando, entregada a él... perdonen que lo repita. Celeste era una yegua increíble. 

Mientras Carlos, de 58 años le chupaba la concha Cele gemía, pedía más y fumaba el habano.
Me Confiesa Zarpada en Cumple. Me Animé y Supo mi Fantasia/5

Carlos también pispeaba el reloj: le había dejado indicaciones a su hermana que demorara a Vale, buscando algún papel importante. "Que tu sobrina no se vaya de tu casa antes de las 23, ok?" cosa de tener tiempo de disfrutar semejante manjar. Mientras le chupaba esa deliciosa vagina y pensaba escuchó el gemir de una acabada, que él relamió sin dudarlo. Siguió sacando cuentas: Ella entró a las 20:15 aproximadamente, entre su confesión y disculpa, el sushi y el engaño del vimo mezclado con merca, la subida al 3er piso, los jueguitos etc. ya el reloj indicaba 21:50. Tenía como una hora y media para seguir comiendose semejante hembra. La subió al sommier la abrió toda y se la fue metiendo, sin forro, lo que lo convertía en el campeón de los casi sexagenarios. Celes, gemia y fumaba el cigarro. Carlos con su verga adentro estaba en el paraíso...

infiel

Si bien la edad no jugaba a su favor un médico amigo le pasó unos medicamentos para estar erguido más que lo habitual a sus cincuenta y pico, para no estar agotado y resistir fisicamente, y todo eso Celeste lo estaba disfrutando. El habano en su boca, la chota de Carlos en su concha solo faltaba un par de saques más. Sin dejar de bombear en sincro con él, ella arrimó la caja que rebasaba de falopa, encontró una foto de Carlos y su esposa en una de las mesitas de luz y en claro gesto de "tu esposa me chupa la concha" la corto al medio dejando a Carlos hizo un rollo y sin parar de garchar, asi, de costado, se jaló una profunda cantidad de cocaina. "Ahhh. Diooos" gimió mientras escupía su 2do orgasmo. "Dame verga, Carlos. Soy tu PUTA, sabés?". "Si, pendeja. Claro que lo se ahora que manejo tu secreto" pensó mientras lo sucio del morbo fue de tal calentura que solo atinó a decirle "Tomá... ahh... Cel... sentí mi leche como te llena..." y el tramposo del padre de Vale, la mejor amiga de Celeste se había hechado aquella acabada, mandando su guasca hasta el fondo de su concha. "Ahhh... que caliente es tu leche... Car" gimió la PUTA al sentir su cueva bañada.

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Estos relatos pertenecen a la 2da parte de 

"Confiesa que hizo en fiesta y me animó a pedirle fantasia",

11 capítulos que podés buscar en mi perfil: 
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