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Experiencia con una madura en Bahía Blanca (I)

Hoy me decido a contar un poco sobre algunas cosas que había comentado en el chat por privado y que me pasaron ya hace casi 25 años. A pesar de ser antiguas, no me dejan de parecer calientes y marcaron bastante mi vida posterior.
Pongo un poco de contexto (perdón que sea un poco largo, pero sino no se entiende; además, los que conocen los lugares que voy a mencionar pueden ubicarse mejor). En el año 2002 estaba en Bahía Blanca y hacia poco tiempo me había recibido en la Universidad. Había ido desde una ciudad de la zona a estudiar y, una vez recibido, decidí quedarme un poco para ver si pegaba algún trabajo. Tiempos muy complicados, después del quilombo del 2001 estaba todo muerto, pero había llegado a un arreglo con mis viejos para que me ayudaran unos meses más (sobre todo con el alquiler). Tuve suerte de lograr una pasantía de trabajo administrativo (muy comunes en esos años y con sueldos miserables, pero no había mucho más) en un instituto científico que estaba dentro de la Universidad Nacional del Sur y vinculado a uno de sus departamentos (esta universidad no tiene un régimen de facultades como la UBA, sino de departamentos, como Ingeniería, Geología, Química e Ingeniería Química, Humanidades, etc.). Para los que conocen Bahía y un poco la universidad, el trabajo era en una oficina en el subsuelo del edificio central de la avenida Alem, sede de varios departamentos. No voy a dar muchos detalles más, sólo decir que en un piso superior estaba la secretaría de uno de esos departamentos, donde trabajaba Mónica (nombre cambiado, obviamente),una mina normal, de pelo castaño, con tetas y culo “normales”, pero que tenía, a sus cuarenta y tantos, muchas cosas a favor: elegante siempre, entre formal y sugerente, tenía una linda cara y algo especial en su forma de ser, entre intelectual(usaba anteojos, lo que fue un detalle que me calentó siempre) y mina con calle. Usaba siempre un perfume muy sutil que era delicioso. Tenía una muy linda sonrisa y, sin ser despampanante, sus facciones eran armoniosas.  A fuerza de ir y venir a las oficinas de la secretaría y hacer trámites con ella (en una época en que aún la mayor parte se hacían sobre papel y copias por duplicado)me fui enterando de sus cosas: profesional universitaria, casada, con dos pibes de (en ese momento) 14 y 16, con un marido ingeniero y fanática de hacerse “escapadas” a Monte Hermoso (que queda cerca de Bahía Blanca), donde el marido tenía un departamento. Con el pasar de las semanas la fui mirando cada vez más y con mayor interés; me gustaba mucho cómo le quedaban las camisas blancas que usaba habitualmente: entalladas, le marcaban una muy buena cintura (quizás de esos detalles que más me gustaban) y sus tetas, sin ser grandes, se destacaban muy bien. Usaba jeans, a veces un poco más sueltos y otros más ajustados. Pero el día que cambió todo fue cuando, estando en su sector de la oficina, le pido las copias de unos remitos que necesitaba archivar. Al agacharse para poner unas hojas en la copiadora no pude evitar ver cómo se le bajaba un poco el pantalón tiro bajo que estaba usando y dejaba a la vista la parte superior de una hermosa tanguita negra. Fue un bombazo que abrió las puertas de mi calentura: ver una mujer madura usando esa lencería me volvió loco. No me juramenté cogerla, pero si de alguna manera buscar la forma de hacerlo. Pasaron las semanas con una rutina similar, que se completaba con algunos encuentros en la máquina de café, que estaba en uno de los pasillos y, si bien era a la vista de docentes y alumnos, nos permitía charlar un poco de otras cosas, más de la cotidiana y de cosas por fuera de nuestro laburo. Teníamos muy buena onda y eso aumentaba más mi calentura. Verla relajada mientras hablábamos de cualquier cosa me resultaba excitante, además que me permitía mirar mejor los detalles de su cuerpo y forma de vestir.
Fue en uno de esos encuentros en que todo giró 180°. Estaba poniendo la moneda para la máquina de café y me saluda una piba que conocía de la universidad por amigos en común y alguna salida compartida. Ella todavía estaba estudiando y en algún momento habíamos estado con algún “chichoneo”, como decimos los viejos. Charlamos dos boludeces y nos despedimos porque estaba entrando a cursar. No pude evitar mirarla al irse: tenía un culo divino y el jean que tenía puesto lo mejoraba más. Me la quedé mirando sin darme cuenta de que Mónica se había puesto atrás mío también para buscar un café y notando queme había perdido en ese culo me dice: ¿tu novia? (pregunta medio rara, porque sabía que hacía unos meses había cortado con la piba con la que andaba). Con cierto rubor (y una inocencia pelotuda) le expliqué vagamente que era una conocida y que, en realidad, estaba buscando otra cosa. ¿Ah, si?, me dice, ¿y qué buscás? Mi instinto de rendidor de finales se despertó automáticamente en ese momento: frente a la presión de la pregunta tenía que aflorar la respuesta segura: “algo mejor”, le dije, “con más experiencia”. Ella me miró fijo y, en ese instante, abrí la boca para decir  las palabras de mi condena a muerte: “algo como vos”. Fué, pensé. Ya está: mi pasantía se termina en unos meses, me vuelvo a mi pueblo y si te he visto no me acuerdo. Para mi sorpresa, en el medio del pasillo semivacío, con pibes y algún profesor caminando rápido para entrar a clases y el café esperando en la máquina me retruca “¿Por qué como yo? Los nervios me comían. “Porque me pareces hermosa, inteligente, elegante y creo que tenés algo especial que todavía no conozco pero quiero conocer”. Años de chamuyo barato en el Club Universitario habían aflorado, dándome cuenta de que sólo me había puesto al borde del precipicio :había abierto las puertas para la vergüenza o la aceptación. Ella dejó de mirarme, giró su cabeza hacia atrás y a ambos lados, confirmando que no había nadie cerca. “Anotá”, me dijo, y me empezó a dictar un número telefónico: 45190…“llamá a las tres y cuarto. Si atiendo y te digo número equivocado colgás, lo mismo si te atiende mi marido. Si no pasa nada, charlamos”. Con una actitud y elegancia que no puedo sacarme de la memoria agarró su café, dos sobrecitos de azúcar y se fue a su oficina. Me quedé como un idiota ahí parado, sin atinar a decir nada, solo tratando de que la transpiración no me borre el número que me había escrito en la mano. Tenía un mazazo tras otro en el corazón, casi temblaba delos nervios y la ansiedad. La mañana y las primeras horas de la tarde no terminaban más y ni almorcé. A la una terminé mi horario de pasantía y me fui al departamentito que alquilaba, esperando se haga la hora. A las tres y cinco bajé hasta el teléfono público de la esquina. Y cuarto llamé puntual. Sonó una, dos, tres, cuatro veces. Descolgaron el teléfono. Apenas dije hola ella me dijo directamente: a las cuatro esperame en la esquina de Sportiva. Cuando me veas pasar, dejás que haga unos metros y me seguís. Nos vemos”. Y colgó. Creí adivinar que iba a pasar, pero no me imaginé lo que realmente pasó.
 
Si interesa lo sigo. Perdón de nuevo por toda la intro, pero al escribirlo me acuerdo de detalles que me parecen interesantes, sobre todo para los que conocen los lugares.

7 comentarios - Experiencia con una madura en Bahía Blanca (I)

maxi34
soy d bahia,metele que pinta buena la historia,,van puntos
SeleneCorvinusV
Parecida a Irina Vega la de la miniatura

Experiencia con una madura en Bahía Blanca (I)
SeleneCorvinusV
universidad
Verdirrojo
Gracias por el comentario! Solo aclarar que la imagen de avatar es ilustrativa. En esa época ni soñabamos con el celular con cámara ni fotos digitales, así que no tengo ninguna imágen de ella. Pero es un aire así, por eso la puse
kokiCD
Pinta muy linda la historia, siga siga 😉
+ 10
Nilo1973
Huu tremenda historia... soy de bahía y ya estoy maquinando a ver si es Conocida jaja
cuyuyuacos
número de una putita de bahia 2914377934