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Aceptarás la semilla

Las velasparpadeaban por toda la casa. La lluvia torrencial tamborileaba contra lasventanas. Ross vio a su padre y a su tío dirigirse a la puerta principal. Unrelámpago iluminó el interior de la casa. Ross se puso de pie. "¿Estásseguro de que no querés que vaya yo también?"
 
"Quedatecon las mujeres. Mantenelas a salvo." El padre de Ross miró su reloj depulsera. "Chris y yo ayudaremos a menos que el puente se derrumbe. Evacuaremosel centro de ancianos. Deberíamos estar en casa mañana por la mañana”. Miró asu cuñado. "¿Listo para ser héroes, Chris?"
 
Chris asintió yse subió el cierre del abrigo.
 
"Feliz AñoNuevo, cariño." Peggy se puso de puntillas y besó a su marido en lamejilla. "Cuidate."

Aceptarás la semilla

Clara se acercóa su marido, le dio una palmada en el culo, lo manoseó y lo empujó hacia lapuerta. "Andá por ellos, tigre." Hizo una garra con la mano y arañóel aire.
 
Peggy mirófijamente a su hermana gemela, intentando comprenderla sin éxito.
 
Los hombresrieron, se despidieron por última vez y se aventuraron a salir a la tormenta.El camión de Chris arrancó un minuto después, sus faros se movieron a través delas ventanas delanteras y luego las luces traseras rojas se apagaron.
 

"Estoapesta." Ross se dejó caer en un sillón.

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"No tepreocupes. Esta noche va a ser divertida." Clara sacó la lengua y fingiórockear. "Estás con las dos tías más copadas de la ciudad." Sesacudió el pelo en círculos, haciendo rebotar sus pechos grandes y sin corpiñobajo la camiseta.
 

"Oh,cielos." Peggy se arregló el vestido, asegurándose de que el corpiñoestuviera bien puesto. "Te dije que no le hablés así, Clara. Dios... estan vulgar."

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"Ya tenésdieciocho años", le dijo Clara a su sobrino. "Te gusta que tetratemos como a un adulto." Clara sacó un cigarrillo y lo hizo rebotar enla boca mientras buscaba un encendedor. "¿Crees que tu tía es una tía copada?"
 
Sinceramente,Ross no sabía qué pensar de su tía. Se parecía a su madre, pero actuaba comouna alborotadora. "Sos genial, tía Clara." Le sonrió radiante.
 
Un relámpagovolvió a brillar, seguido rápidamente por un trueno. Peggy se estremeció, Claradio un grito de alegría y Ross se hundió aún más en el sillón.
 
"Bueno, almenos estamos juntos". Peggy asintió con la cabeza como si estuvieradecidiendo algo. Miró el reloj. "Tenemos algunas horas hasta lamedianoche. Juguemos a algo para pasar el tiempo".
 

"Encontréun juego en el parque que se ve..." Ross miró a su tía,"...genial." Fue a su habitación, tomó la caja de cartón y volvió ala sala. La colocó en la mesa del centro mientras su madre servía una gaseosa,una copa de vino blanco y una cerveza a su hermana. Se sentaron en el sueloalrededor de la mesa del centro y estudiaron la caja.

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"Esto seve genial." Clara asintió con la cabeza y se frotó el mentón. Incapaz deencontrar un encendedor, tiró el cigarrillo y tomó un sorbo de cerveza.
 
"¿Vino coninstrucciones, cariño?" Peggy le sonrió a su hijo.
 
"No. Sololo que dice en la caja." Ross señaló el texto.
 
La Semilla esun juego sencillo de estrategia y azar. Tira los dados. Mueve tu ficha. Sacauna carta. Toma una decisión. Una vez que empieces, el juego continuará hastaque hayas plantado La Semilla.
 
"Bueno,eso no está muy claro, ¿verdad?" Peggy frunció el ceño al ver el juego.
 

Ross abrió lacaja y desempacó el juego. "Vino con estas cartas". Colocó pilas decartas boca abajo en los rectángulos designados del tablero. Estaban ordenadaspor color.

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"Megusta." Clara seleccionó una pieza, la colocó en la casilla de inicio ysacó un cuatro. Movió su pieza. "Saca una carta azul", leyó. Sacó unacarta azul del mazo y leyó en voz alta: "¿Quieres...?" Clara hizo unapausa, con el ceño fruncido.
 

"¿Quédice, tía Clara?" Ross se preguntó qué demonios podría hacer dudar aClara.

Aceptarás la semilla

"Dice:¿Quieres un bebé?" Clara se encogió de hombros. "Fácil. No. Chris yyo no queremos hijos." Puso los ojos en blanco, haciéndole saber a Rossque su juego le parecía maravillosamente extraño. Un pensamiento extraño levino a la mente. Se puso la mano en el vientre. ¿Quiero un bebé? Por algunarazón, no estaba tan segura de haber tomado la decisión correcta sobre formaruna familia.
 
"¿Estásbien, tía Clara? Te ves rara." Ross bebió un poco de gaseosa, sin apartarla vista de su tía.
 
"Estoybien. Sigamos, Peggy." Las mejillas de Clara se sonrojaron.
 
"Deacuerdo." Peggy colocó su ficha en la casilla de inicio, tiró los dados,se movió cinco casillas y sacó una carta roja. Leyó: "Qué fastidio,pierdes un turno y tu vestido". Peggy se puso de pie. "Eso es muyraro. No puedo creerlo... Voy a hacer esto". Se desabrochó el vestido y selo quitó lentamente por la cabeza. Rápidamente se volvió a sentar solo vestidacon corpiño y bombacha.
 

Ambas hermanasestaban ahora sonrojadas furiosamente.

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"¿Mamá?"Ross miró a su madre con los ojos muy abiertos.

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"Tal vezdeberíamos parar." Peggy cruzó los brazos sobre sus tetas cuandosorprendió a su hijo mirando su profundo escote.
 
"No puedoparar." Ross colocó su ficha en inicio, tiró los dados y se movió cuatrocasillas. Sacó una carta verde. La levantó para que las mujeres la vieran."Elige a un jugador para que tome La Semilla o retroceda doscasillas."
 
"¿Quésignifica eso?" Peggy miró alrededor del tablero, tratando de ver si se leescapaba algo. Había una piedra negra pulida con venas rojas brillantes. Latocó y sintió un calor que le recorría el brazo. Sus pupilas se dilataron y sumandíbula se relajó.
 
Ross no vio lareacción de su madre a la piedra. Seguía estudiando la carta. "No sé quésignifica." Retrocedió su ficha dos casillas.
 
Clararápidamente agarró los dados y los tiró. Movió su ficha por el camino. Sacó unacarta azul como se le indicó. "Solo dice: ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!Siempre quisiste probarlo. Ahora es tu oportunidad."
 
“¿Qué?”. Peggytomó la tarjeta y la leyó ella misma. “Esto es tan... extraño”.
 

“¡Radical!”. Claramiró con cariño a su hermana. “Vamos, Peggy”. Se puso de pie y ayudó a Peggy alevantarse. Se tomaron de la mano y entraron a la cocina, fuera de la vista dela sala.

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Ross se sentóen el suelo junto a la mesa de café, con la verga endurecida como el acero. Conel repiqueteo de la lluvia en el techo y las ventanas, no podía oír lo quesucedía en la cocina. Se sentó y esperó. Después de lo que pareció unaeternidad, miró el reloj. Habían pasado cinco minutos. "¿Mamá? ¿Estásbien?"

Aceptarás la semilla

"Bien...cariño." Unos segundos después, Peggy regresó a la sala. Su lápiz labialestaba corrido, sus ojos estaban aturdidos y su frente fruncida por lapreocupación. Uno de los tirantes de su corpiño se le había caído del hombro.Se apoyó contra la pared.

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"Mierda,qué locura." Clara volvió a entrar en la sala de estar tras su hermana.Ella también parecía aturdida.
 
"¿Entonces,es mi turno?" Peggy se sentó e intentó recomponerse. Un trueno sacudió lacasa. Hizo su movimiento y sacó una carta roja. "Dice: ¿Aceptarás LaSemilla ahora? Si es así, avanza diez puestos. Si no, otro jugador toma LaSemilla." Peggy negó con la cabeza, desconcertada.
 
Ross extendióla mano hacia la piedra negra. Estaba hipnotizado por las venas rojasbrillantes. Cuando su dedo tocó la superficie caliente y lisa, sintió unasacudida recorrer su cuerpo. Su verga de repente era demasiado grande para suspantalones. Estaba tan apretada que le dolía.
 
Clara se pusode pie, se quitó la camisa y se deslizó fuera de sus vaqueros.
 
“¡Dios mío!¿Qué estás haciendo, Clara?”. Peggy miró a su hermana, horrorizada.
 

"¿No vas aaceptar La Semilla, verdad?" Clara le sonrió a su hermana."Entonces... la carta decía que otro jugador tomaría La Semilla en sulugar. ¡Esa soy yo!" Saltó de emoción, sus tetas desafiando la gravedadpor un breve momento en el punto más alto de cada salto y volviendo a su pechocon cautivadores movimientos.

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“¿Qué?”. Rossretiró la mano de la piedra negra, finalmente volviendo su atención a lahabitación. “¿Tía Clara?”. Se quedó mirando las tetas desnudas que se movían alotro lado de la mesa de café.
 
“Por supuestoque no voy a aceptar La Semilla. Suena... vulgar”. Peggy agitó una mano parallamar la atención de su hijo. Parecía que los ojos se le iban a salir de lasórbitas. “Por favor, no la mires así, Ross. Es tu tía”.
 
“No le hagascaso, Rossy”. Clara rodeó la mesa y levantó a Ross. Ambas mujeres gritaron alver el bulto en sus pantalones. El grito de Peggy fue de horror, el de Clara,de deleite. “Mi buen y honrado sobrino”. Clara llevó a Ross a la cocina,mirando a su hermana. “No entrés si no querés ver qué pasa”.
 
"No loharé." Peggy cruzó los brazos y esperó. Todo lo que podía oír era elconstante tamborileo de la lluvia y el ocasional trueno. Esperó mucho tiempo aque volvieran. "¿Todo bien ahí adentro?"
 
"Sí...ugh... ugh, mamá." La voz de Ross sonaba tensa. "Estamos... genial."


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“¿Ross, cariño?”.Peggy se mordió el labio inferior. “Espero que no estés haciendo... lo que creoque estás haciendo”.
 
“Tomate...oooohhhhhhhhh… es increíble. Tomate na pastilla para relajarte... Peg." Lavoz de Clara era ronca y tensa. “Tu hijo... me está cogiendo”.
 

Peggy se sentóen silencio. Apenas podía oír los gruñidos de ambos por encima del zumbido dela lluvia. Ross hacía sonidos bajos y guturales. Clara sonaba como un pájarodemente drogado con cocaína. Finalmente, Peggy no pudo esperar más. Se puso depie y se dirigió lentamente hacia la cocina. Miró dentro y encontró exactamentelo que esperaba encontrar. A pesar de sus sospechas, aún así la dejó atónita.Su hermana y su hijo estaban desnudos. Clara estaba sentada en el borde de la mesada.Ross estaba entre sus piernas. Estaba de puntillas, empujando sus caderas condeterminación.

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Peggy no podíaver su verga, pero a juzgar por la longitud de cada embestida, era muy, muylarga. Lo miró con los ojos muy abiertos. Todavía podía sentir el calor deaquella extraña piedra. Metió la mano en su bombacha y encontró su vaginaempapada.
 

"TíaClara... Tía... Clara, se siente tan bien", susurró Ross al oído de sutía.

Aceptarás la semilla

Clara le arañóla espalda con las uñas. Miró y vio a su hermana en la puerta. "Ya notenés que susurrar. Tu mamá nos está vigilando."

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Ross miró ysonrió. "Mamá, mamá... esto es tan bueno. Este es el mejor... Año Nuevo...de la historia."

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"Dame lasemilla... dame la semilla." Las manos de Clara bajaron hasta el culo desu sobrino. Tiró de él, animándolo a moverse con más violencia.
 
"Oh...Dios mío..." Peggy nunca se había sentido tan perdida como en ese momento.Sus dedos encontraron su agitado clítoris y el placer la recorrió. Los tresestaban listos para llegar. "Ooohhhhhhhhhh… mi dulce... Ross, sos todo unhombre, mi hombre."
 
"Lasemilla, la semilla... la semilla..." El canto de Clara se hizo másfuerte.
"Estoy... listo." Rossenterró su rostro en los pechos gordos de su tía. Sus caderas se sacudieronerráticamente."Estoy llegando, Estoy llegando, tomá la semilla.¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhhhh!"

 

"¡Eeeeeeeeiiiiiiiiiiiiiiii!"Las hermanas gemelas cantaron su éxtasis en armonía.

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Diez minutosdespués, volvieron a sentarse alrededor de la mesa de café. Ross y Claraestaban desnudos. Peggy, todavía con el corpiño y la bombacha puestos, le diouna toalla a su hermana. "Póntela debajo. No quiero estropear laalfombra."

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Clara hizo loque le pidieron. Luego tiró los dados, movió su ficha y sacó una carta roja.Leyó la carta en silencio para sí misma, sonrió a su hermana y luego se la pasóa su sobrino.

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Ross leyó envoz alta: "Haz que el otro jugador tome La Semilla y se mueva aFinalizar".
 

"Noentiendo. Yo..." Peggy se sorprendió cuando su hermana le desabrochóbruscamente el corpiño y se lo quitó. Empujó a su hermana, que de repente sepuso agresiva. "¿Qué pasa?"

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A pesar detener el mismo ADN, Clara era la hermana más fuerte. Le sacó la bombacha aPeggy a la fuerza y, medio levantada, medio arrastrada, la puso sobre la mesade café.
 
“¿Estás...uuugghhhh... listo, Ross?”. Clara colocó a Peggy sobre sus manos y rodillasencima del tablero de juego, manipulándola con un firme agarre en su cabello.
 

“No lo sé”.Ross se quedó de pie detrás de su madre, mirando sus labios vaginales rosados​​y brillantes. La luz de las velas parpadeaba en sus redondas nalgas,proyectando sombras seductoras.

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"Tiene quetomar La Semilla." Clara suspiró aliviada. Su hermana había dejado deforcejear, así que soltó su cabello y se colocó detrás de ellos.
 
La mano dePeggy descansaba sobre la piedra negra. El calor irradiaba por su brazo hastasu interior. "Está... está bien, cariño." Miró el reloj. Era casimedianoche. "Recibamos el Año Nuevo con... La Semilla." Peggy sepreparó y apretó los dientes cuando sintió la gran cabeza de la verga de suhijo en su entrada. "Hacelo."
 

"Comoquieras, mamá." Ross empujó sus caderas hacia adelante, hundiéndose en sumadre.

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"Puede quesea un bicho raro, pero me encanta cómo se ve eso." Clara tenía una vistaprivilegiada para ver cómo la verga gorda y venosa de su sobrino se deslizabadentro de su hermana. "Ojalá pudieras ver esto, Peggy."
 
"Aaaaaaahhhhhhhhhhhhh,"dijo Peggy.
 

"Se veincreíble." Ross agarró las caderas de su madre, se echó hacia atrás y laembistió. Dio unas cuantas embestidas experimentales más y encontró un ritmo."Guau… mamá, tu culo se está moviendo."

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"Lo sé...lo sé... lo sé... cariño." Peggy arañó la mesa. No sabía si los destellosque veía eran relámpagos del exterior o fuegos artificiales de éxtasis en su mente."Está temblando... por vos… eeeeeiiiiiiiiiiii." Sus ojos se pusieronen blanco y tuvo su segundo orgasmo de la noche.
 
Clara enterrólos dedos en su concha y observó a su hermana y a su sobrino aparearse.
 
Madre e hijo seentregaron al placer en el nuevo año. Un poco después de la medianoche, Rossestaba listo. "Mierda... mamá, estás muy apretada... voy a..."
 

"LaSemilla, La Semilla... La Semilla..." Peggy y Clara corearon al unísono.

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Cuando Rossrugió al llegar al clímax, las mujeres gritaron de éxtasis juntas. Estaban enperfecta armonía. Cuando el placer disminuyó, Ross sacó la verga de su madre ylo apoyó en su culo. Eyaculó dos veces más, proyectando largas cuerdas de líquidoblanco y pegajoso por su espalda y su cabello. "Creo que terminamos eljuego", jadeó Ross.

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Por un momento,los tres guardaron silencio, escuchando su propia respiración agitada y el tamborileode la lluvia.

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Finalmente,Clara rompió el silencio. "Tenemos hasta la mañana. ¿Quieren jugar otravez?"
 

Peggy y Ross lamiraron sonriendo. "Sí", dijeron al unísono. Peggy se bajó de la mesade café y volvieron a colocar sus piezas en la casilla de inicio.

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