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Cornudo en el cine (esposa compartida)

Esto me paso una noche de verano con mi esposa.

Esa noche de domingo decidimos salir al cine como cualquier pareja normal. Sofía estaba hermosa con su vestido negro cortito, ajustado en las tetas y las caderas, pero nada provocador. Solo queríamos ver la película y volver a casa. Ella caminaba a mi lado, agarrada de mi brazo, sonriendo con esa dulzura de siempre. Su pelo negro ondulado le caía suelto por la espalda, y sus ojos verdes brillaban bajo las luces del complejo. Sus tetas grandes se movían suavemente con cada paso, y ese culo relleno se marcaba apenas contra la tela.
Era mi morocha perfecta.Entramos a la sala casi vacía y nos sentamos en el medio de una fila del fondo. Sofía se acomodó a mi derecha, cruzó sus piernas gruesas y apoyó la cabeza un segundo en mi hombro.
—Qué rico plan tranquilo —susurró, besándome la mejilla.
La película empezó y las luces se apagaron. A los quince minutos, un tipo alto y robusto entró y se sentó justo al lado de ella. No le dimos importancia.
Al principio solo fue una mano apoyada “por accidente” en su muslo. Sofía se tensó y me miró con cara de sorpresa, pero no dijo nada. Yo sentí ese calor familiar subiendo por mi estómago y la pija empezando a endurecerse.
La mano del desconocido subió despacio, metiéndose debajo del vestido. Sofía apretó los muslos, nerviosa, pero él insistió. Sus dedos gruesos corrieron la tanguita a un lado y rozaron su concha.
—Amor… —me susurró ella bajito, con voz temblorosa e inocente, como pidiendo ayuda, los ojos verdes bien abiertos.No le respondí. Solo miré.
El tipo metió un dedo, después dos, y empezó a moverlos lento dentro de ella. Sofía respiraba agitada, mordiéndose el labio, las mejillas coloradas de vergüenza. Su carita de buena chica estaba empezando a romperse.
De repente el tipo la agarró fuerte de la nuca con una mano, enredando los dedos en su pelo negro ondulado, y le susurró al oído:
—Arrodillate trolita. Quiero esa boca en mi verga.
Sofía me miró asustada, con los ojos muy abiertos y las pupilas dilatadas.
—Amor… hace algo… acá no… —murmuró, casi sin voz.
Pero yo tenía la verga dura como piedra y solo asentí levemente, para que siga.
Ella tragó saliva, dudó un segundo… y se deslizó del asiento. Se arrodilló en el piso sucio entre las piernas del desconocido, su culo enorme entangado bien visible por el vestido subido hasta la cintura.
El tipo se bajó el cierre y sacó una pija gruesa, venosa y larga. Agarró a Sofía del pelo y le empujó la cara contra ella.
—Chupá, morocha.
Sofía abrió la boca con timidez al principio, solo lamiendo la cabeza brillante con la puntita de la lengua. Su carita era una mezcla perfecta de inocencia y vergüenza: ojos verdes llorosos mirando hacia arriba, cejas fruncidas, mejillas coloradas y los labios carnosos estirados alrededor de esa verga ajena. Empezó a meterla más adentro, despacio. Los ojos se le pusieron vidriosos, las lágrimas empezaron a correrle por las mejillas mientras la arcada le hacía hinchar la garganta. Era mucha verga. Tenía la cara roja, babosa, con hilos de saliva colgando de la barbilla y cayéndole sobre las tetas grandes y esos deliciosos pesones marrones .
—Más profundo, puta —gruñó él, empujándole la cabeza.
Sofía gimió alrededor de la verga, los ojos cerrados con fuerza un segundo, después volviendo a mirarlo con esa carita destruida de placer y humillación. Las lágrimas le corrían negras por el rímel, tenía los labios hinchados y brillantes, la boca bien abierta, babeando sin control mientras subía y bajaba la cabeza. Cada vez que se la tragaba hasta el fondo, se le hinchaba la garganta y se le fruncía la carita en una mueca de esfuerzo y excitación.
—¿Te gusta ver cómo tu mujer me la chupa, cornudo? —me dijo el tipo con sorna
.Yo solo pude apretarme la pija por encima del pantalón, pensando: “Mirá su carita… mi Sofía tan inocente arrodillada como una puta cualquiera. Esos ojos verdes llenos de lágrimas, la boca estirada, babeando toda… y le encanta. Mi morocha es una guarra y me pone loco”.
Sofía sacó la pija un segundo, jadeando, con la cara completamente destruida: labios hinchados, mejillas mojadas de lágrimas y saliva, ojos rojos y vidriosos.
—Amor… está muy grande… —susurró con voz rota, antes de volver a metérsela con más ganas, succionando fuerte, girando la lengua, haciendo ruidos húmedos y obscenos.El tipo empezó a gruñir.
—voy a acabar… abrí bien la boca puta!
Sofía se quedó quieta, solo con la cabeza gruesa dentro de la boca, mirándolo con esa carita inocente ahora completamente pervertida. Él soltó un gemido bajo y descargó. Chorros espesos y calientes de leche le llenaron la boca. Ella tragó una vez, dos, tres… la garganta moviéndose visiblemente mientras se lo tragaba todo sin derramar casi nada. Cuando terminó, tenía los ojos entrecerrados, la cara roja y brillante de baba, y un hilito de semen escapando por la comisura de los labios.Se pasó la lengua lentamente, tragando lo último, y me miró con esos ojos verdes todavía llorosos pero llenos de lujuria.
—Todo tragadito, amor… —susurró con voz ronca.

El muchacho se limpio un poco la chota con la cara de mi esposa y sin decir mas, se fue.

Yo saque mi pija y le dije a Sofi que me la chupe, no se negó. Pero fue una chupada tranca, mas de cariño. Claramente el climax había pasado.

4 comentarios - Cornudo en el cine (esposa compartida)

kike_tartaglia
arrodilla como una puta cualquieraa... jajajja porDiosss